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Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, ha publicado un informe, sobre el asesinato de Rasputín, que aun se mantiene la duda:¿Quién asesinó a Rasputín? Lo cierto que el célebre místico fue asesinado el 29 de diciembre del 1916, en un complot monárquico.
Estos son los tres supuestos asesinos
del místico ruso. De izquierda a derecha son Vladimir Purishkevich,
diputado de la Duma; el príncipe Félix Yusúpov y el Gran Duque Dimitri
Pávlovich.
Foto: Album.- Sin embaro, hay historiadores que desmiente toda la información y lanzan la tesis, que fueron agentes del Servicio Secreto Británico, quienes lo asesinaron.
El célebre místico ruso fue asesinado el 29
de diciembre de 1916 en el curso de un complot monárquico que pudo
contar con ayuda británica
Los supuestos asesinos de Rasputín
Estos son los tres supuestos asesinos
del místico ruso. De izquierda a derecha son Vladimir Purishkevich,
diputado de la Duma; el príncipe Félix Yusúpov y el Gran Duque Dimitri
Pávlovich.
Foto: Album
Un tiro en la frente
Foto del cadáver de Rasputín tras ser
recuperado del río en la que se puede apreciar claramente el impacto de
una bala en medio de la frente.
Foto: UIG / Album
El patio por donde huyó
En su intento por escapar de los asesinos Rasputín cruzó malherido este patio nevado.
Foto: Bridgeman
La habitación donde fue envenenado
Esta es la habitación del palacio Yusúpov donde Rasputín fue envenenado y tiroteado.
Foto: AKG
El cadáver extraído del río
Una vez extraído del río los restos de Rasputín fueron enterrados en los cimientod de una capilla en Tsárskoye Tseló.
Foto: Bridgeman / ACI
La pistola con la que mataron a Rasputín
Este es un revólver Mark V Webley
fabricado alrededor de 1901. Este tipo de arma eran las utilizadas
habitualmente por los agentes del Servicio Secreto Británico, el BSIS.
Foto: Bridgeman / ACI
La bendición de Rasputín
En esta fotografía tomada en 1912
vemos al famoso místico de los zares impartiendo su bendición. Cuatro
años más tarde murió asesinado brutalmente.
Nacido en el seno de una familia campesina de Pokrovskoie, en Siberia, Grigori Yefímovich Rasputín se convirtió en una de las personas más influyentes de principios de siglo XX.
Sus éxitos al aliviar el sufrimiento que padecía por culpa de la
hemofilia el heredero al trono ruso, Alexei, le otorgaron un poder
extraordinario sobre su madre, Alejandra y sobre Nicolás II, soberano
del mayor imperio del planeta.
Para los zares, Rasputín consiguió salvar a su hijo in extremis, lo que hizo que la emperatriz dependiera emocionalmente del místico. Pocos meses más tarde el zar marchó al frente de la Primera Guerra Mundial y los destinos de Rusia quedaron en manos de la zarina Alejandra, aconsejada por Rasputín y Anna Vyrubova.
Sin embargo no todos confiaban en Rasputín ni creían en la bondad sus
recomendaciones. Según el propio relato de Félix Yusúpov, él mismo
atrajo a Rasputín a su palacio engañado. Una vez allí, en el sótano, le
envenenaron con pasteles con cianuro, pero como el veneno no le afectó,
Félix le disparó con el revólver Browning de Dimitri Pávlovich,
primo de Nicolás. Creían que había muerto, pero se levantó y huyó por
el patio trasero del palacio. Sin embargo, el diputado ultraderechista
de la Duma, Vladimir Purishkevich, le alcanzó con su pistola dos veces y
lo mató. Trasladaron el cuerpo en un choche y lo lanzaron al río por un
agujero que había en el hielo.
Muchos dudan del relato de Félix y para el historiador ruso Oleg Shishkin y los británicos Andrew Cook y Richard Cullen el asesinato de Rasputín fue organizado y llevado a cabo por el Servicio Secreto de Inteligencia Británico (BSIS, por sus siglas en inglés). Estos son los indicios que les llevaron a esta conclusión:
Los agentes de Petrogrado
En 1916, el Foreign Office británico envió al teniente coronel Samuel
Hoare para dirigir la misión de Petrogrado (nombre que había adoptado
la ciudad de San Petersburgo en 1914, al comienzo de la Gran Guerra). En
la capital rusa se encontraban los agentes Stephen Alley, John Scale y
Oswald Rayner, un abogado que era amigo de Félix Yusúpov desde que ambos
habían estudiado en Oxford y que hablaba ruso con fluidez. Según el
diario de William Compton, chófer inglés de Petrogrado, Rayner acudió al
palacio Yusúpov hasta seis veces entre mediados de octubre y finales de
noviembre de 1916, los meses previos al asesinato de Rasputín, hecho
que avalaría la tesis de la implicación del BSIS. En cuanto a Scale, su
hija Muriel diría que “sabía que mi padre estuvo con quienes planearon su muerte”, en referencia al final de Rasputín.
Un telegrama y muchas preguntas
Rayner visitó a Félix la mañana siguiente del asesinato y permaneció a
su lado las 24 horas siguientes, lo que sería un indicio del papel del
BSIS en el crimen, implícito en el telegrama enviado el 7 de enero de
1917 por Stephen Alley a John Scale desde San Petersburgo. En él se decía: “Aunque las cosas aquí no han sucedido enteramente según lo planeado, nuestro objetivo ha sido claramente alcanzado.
La reacción a la desaparición de las Fuerzas Oscuras (en alusión a
Rasputín) ha sido bien recibida, aunque ya se han hecho algunas
preguntas incómodas sobre una participación más amplia. Rayner está
trabajando en los cabos sueltos y sin duda te informará cuando vuelvas”.
El mensaje advierte la positiva reacción de los rusos que trabajaban con el BSIS,
e indica también que otros rusos se preguntaban sobre el papel de este
servicio secreto, como el propio zar, quien el 19 de diciembre mencionó
al embajador británico George Buchanan los rumores que implicaban a dos
“oficiales ingleses” en el asesinato, a lo que Buchanan adujo que
derivaban de la antigua amistad de Rayner y Yusúpov.
El arma del crimen
La autopsia de Rasputín desapareció tras la Revolución, excepto
algunas fotografías, pero su autor, el doctor Kosorotov, refirió los
datos más importantes en una entrevista de 1917. De las heridas por arma
de fuego en el cadáver, la del pecho y la del costado habrían provocado
la muerte en 20 minutos; otra, en la frente, la causó un arma que no
debía de estar a más de 23 cm, ya que se hallaron residuos de pólvora en el cuerpo, y se infligió cuando Rasputín yacía en el suelo. En 2004, el patólogo forense británico Derrick Pounder concluyó que esa herida la provocó una bala salida de un Webley calibre .455, arma usada solamente por el BSIS
–lo que, según Andrew Cook, probaría que fue Rayner quien disparó–.
Pero se ha considerado que este dato no es concluyente por basarse sólo
en las fotografías.
Derechos de autor de la imagenAFPImage captionEl último zar de Rusia, Nicolás II, fue ejecutado junto a su familia en 1918. Pero Antón Bakov sueña con devolverle el trono a sus herederos.
En algún momento lo intentó en su Ekaterimburgo natal. También en Macedonia. Y cuando eso tampoco funcionó apostó por el Pacífico Sur, siempre sin éxito.
Y esta semana fue el gobierno de Gambia el que volvió a reventar la burbuja del Imperio Romanov, la micronación fundada en 2011 por el empresario y político ruso Antón Bakov.
Por el momento, el reino solo existe virtualmente. Pero el presidente del Partido Monárquico de Rusia lleva varios años tratando de conseguir un territorio para que sea gobernado por los supuestos descendientes del último zar, Nicolás II, quien fue ejecutado junto a su familia en 1918.
A inicios de mes Bakov había anunciado la firma de un acuerdo con el gobierno del país africano para construir una serie de islas artificiales donde instalar el microestado con todo y su capital, San Nicolás.
Image captionAntón Bakov en la conferencia de prensa en la que anunció el acuerdo entre Gambia y el Imperio Romanov. (Foto: BBC/YouTube)
"Al menos un Estado en este planeta ya reconoce al Imperio Romanov y reconoce que el príncipe (Karl Emil) de Leiningen no es un simple ciudadano alemán, sino el emperador Nicolás III", presumió en ese momento Bakov.
"Hoy, después de un hiato de 100 años, la dinastía Romanov ha sido restaurada", proclamó orgulloso, mientras le mostraba a la prensa las tres páginas del documento.
El único problema: el supuesto Memorándum de Entendimiento presumido por Bakov fue denunciado días después por la misma presidencia de Gambia como "una falsificación".
Image caption¿Un Imperio Ruso tropical? Así se imagina Imperio Romanov a las islas Atlantis, donde estaría ubicada su capital: la ciudad inteligente de San Nicolás. (Foto: Imperio Romanov)
El gobierno africano reconoció en un comunicado que el empresario ruso se reunió con el presidente, a quien le manifestó su interés de invertir en turismo, y eventualmente ofreció US$60 millones a cambio del permiso para crear una isla artificial de diez kilómetros cuadrados.
Tras considerar su propuesta fue rechazada, entre otras cosas porque "Imperio Romanov no es un verdadero Estado", explicaron las autoridades gambianas.
"Antón Bakov está tratando de recrear el imperio ruso en otra parte del mundo. Su deseo es adquirir o alquilar tierra para propósitos personales", se advierte también en el comunicado presidencial.
Por lo pronto, Bakov —un hijo de ingenieros de Sverdlovsk, la actual Ekaterimburgo— no está reclamando el trono de los Romanov para sí, sino para el príncipe Karl Emil de Leiningen.
El príncipe, de 65 años, es el bisnieto mayor del Gran duque Cirilo Vladímirovich de Rusia —un primo del zar Nicolás II— y como tal descendiente directo del zar Alejandro II, "emperador y autócrata de todas las Rusias".
Derechos de autor de la imagenAFPImage captionSegún Bakov, muchos en Rusia sueñan con el regreso de la monarquía.
El noble alemán no es el único que asegura ser el legítimo heredero del trono ruso, pero luego de su conversión al cristianismo ortodoxo, en 2013, el Partido Monárquico —que Bakov había fundado un año antes— lo reconoció como tal.
Y un año después, el extravagante empresario también consiguió que el príncipe, rebautizado como Nikolai Kirillovich Leiningen-Romanov, aceptara el trono de lo que en ese entonces se llamaba Estado Soberano Sede Imperial, así como el título de emperador, bajo el nombre de Nicolás III.
Bakov, por su parte, asumió el rango de Archicanciller y Primer Ministro del microestado, además del título de "príncipe serenísimo" (knyaz), lo que le valió el derecho a ser saludado como "su alteza serenísima".
Nada mal para un hombre de 52 años que empezó a hacer fortuna en la Rusia de finales de los 80 con una agencia de viajes, que luego transformó en una exitosa empresa de transporte de carga y manejo de aeropuertos.
Image captionBakov discutiendo "asuntos imperiales" con el príncipe Karl Emil de Leiningen. (Foto: Antón Bakov/Wikimedia Commons)
Bakov, sin embargo, vendió su parte de East Line —la actual administradora del aeropuerto internacional Domodedovo de Moscú— en 1994, cuando también ingresó al mundo de la política.
Ese mismo año fue electo por primera vez al Parlamento local, al que ha regresado varias veces. También fue candidato a alcalde de Ekaterimburgo y a la gubernatura de la región de Sverdlovsk, desempeñándose además como jefe de campaña de la Unión de Fuerzas de Derecha de 2004 a 2007.
Y según su compañero en ese proyecto político, Leonid Gozman, la idea de resucitar el Imperio Ruso es una que Bakov ha estado considerando durante mucho tiempo, incluso antes de la fundación del Partido Monárquico en 2012.
"Hablamos del tema en varias ocasiones. Yo no comparto su idea, en eso tenemos posiciones divergentes", le dijo Gozman a BBC Rusia en enero de este año, "pero sé que ha estado trabajando en eso durante mucho tiempo y que de verdad cree en todo eso".
Negativas y fracasos
Para ese entonces, Bakov estaba en las noticias porque el gobierno de Kiribatiestaba considerando su propuesta de invertir US$350 millones en tres islas deshabitadas de la pequeña república del Pacífico Sur.
Su intención declarada era crear ahí una especie de parque turístico temático. Pero el empresario también pretendía la soberanía de las islas Malden, Starbuck y Millennium para poder ubicar ahí a su Imperio Romanov.
Image captionEn su momento, Bakov se reunió con el presidente de Kiribati, Taneti Mamau. (Foto: Antón Bakov/Wikimedia Commons)
"El deseo (de restaurar el imperio) no está solo en el corazón del heredero del trono, Nicolás III, sino también en el de muchos patriotas rusos que están descontentos con el régimen de (Vladimir) Putin", afirmaba, en ese entonces, su esposa, Marina Bakova.
Pero la nación insular eventualmente le dijo no a los millones del ruso, quien siempre ha defendido la dimensión comercial de su proyecto argumentando que el reino necesita ser autosostenible.
El fracaso, sin embargo, no detuvo a Bakov, que ya antes también había visto cómo Putin rechazaba una solicitud de Nicolás III para que le cediera tierra en Ekaterimburgo —la ciudad donde fue ejecutado el último zar— para instalar ahí la capital imperial.
Poco después, el empresario tampoco vio prosperar sus planes para construir en Macedonia un palacio para el emperador.
Cada revés, sin embargo, solo parece haber hecho a Bakov más ambicioso.
Así, sus planes para Gambia describen a Imperio Romanov como "un nuevo hogar para innovadores, entusiastas de los negocios y la tecnología, y pensadores con mente abierta de todo el planeta".
Derechos de autor de la imagenAFPImage captionVladimir Putin le dijo no a una solicitud del príncipe de Leiningen para establecer su capital imperial en Ekaterimburgo.
En la página web de la micronación se afirma además que "es el Estado más joven y avanzado (del mundo)", así como "la mejor plataforma legal para negocios, tecnologías modernas e inversión internacional".
"Es el primer Estado basado en los principios de tolerancia a la religión, nacionalidad y raza, donde toda discriminación por motivos de género, edad y orientación sexual está prohibida", se lee también ahí, junto a la promesa de construir una "ciudad inteligente".
Y el proyecto incluye además la construcción del "mayor centro de exhibiciones de África occidental", apartamentos, hoteles de lujo y "complejos de apuestas y entretenimiento en una zona económica especial".
Aunque claro, esa es la misma página en la que se puede encontrar una copia del Memorándum de Entendimiento denunciado como falso por el gobierno de Gambia, así como un video con la conferencia de prensa de Balkov.
BBC Mundo se puso en contacto con Imperio Romanov para conocer su versión de los hechos y planes futuros, sin éxito.
Image captionFragmento del organigrama de Imperio Romanov tal y como aparece en su página web.
Por lo pronto, la micronación que dice ya tener 4.000 habitantes —incluyendo, tal vez sin que él lo sepa, a Edward Snowden, a quien Bakov afirma haber hecho ciudadano de Imperio Romanov en 2013— parece condenada a seguir existiendo únicamente de forma virtual.
Aunque todo también parece indicar que Bakov —que ya había dicho que además de Gambia estaba negociando con otros cinco países, no identificados— difícilmente se dará por vencido.
"Nunca pongo todos mis huevos en la misma canasta", dijo el empresario y político ruso en la ya mencionada conferencia de prensa, en la que tampoco quiso desmentir ni confirmar su candidatura a la presidencia de Rusia.
Lo que sugiere que seguramente todavía volveremos a oír hablar de él y de su Imperio Romanov.
https://es.wikipedia.org/wiki/Vlad%C3%ADmir_Putin Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionPedro I, quien ascendió al trono a fines del siglo XVII, es considerado el más grande de los monarcas Romanov.
El presidente ruso, Vladimir Putin, no oculta su admiración por Pedro el Grande, uno de los zares más poderosos y famosos de la dinastía Romanov.
Es más: la historia de esta casa real es esencial para entender cómo es y cómo se gobierna Rusia hoy, le dice a BBC Mundo el historiador británico Simon Sebag Montefiore.
En su bestseller "Los Romanov", Montefiore asegura que esta dinastía fue la más exitosa de los tiempos modernos: reinó durante 300 años (de 1613 a 1917) y creó uno de los imperios más vastos de la historia, que creció sin cesar a un ritmo de 142 metros cuadrados al día y llegó a ocupar un sexto de la superficie de la Tierra.
Pero los Romanov -dice el autor- también fueron autócratas despiadados, crueles y traicioneros: no dudaron en torturar o matar a sus propios hijos, cónyuges o padres en medio de sus constantes pujas de poder. Ninguno de sus 20 monarcas pudo dormir tranquilo y fueron pocos los que murieron por causas naturales.
Y varios de ellos se entregaron a la lujuria, la embriaguez y el sadismo depravado, cuenta Montefiore. Por ejemplo, Catalina la Grande coleccionaba amantes y Pedro el Grande, enanos.
Derechos de autor de la imagenSHAUN CURRYImage captionMontefiore también es autor de "Catalina la Grande y Potemkin" y "El joven Stalin".
El dominio de los Romanov se cortó abruptamente con la Revolución Rusa, de la que este año se cumple un siglo.
En julio de 1918 el último de los zares, Nicolás II, su esposa Alejandra, sus cinco hijos y algunos sirvientes fueron fusilados por un pelotón de bolcheviques bajo las órdenes de un tal Vladimir Lenin.
En una entrevista con BBC Mundo, Montefiore, quien esta semana participa en el Hay Festival de Querétaro, en México, revela algunos de los aspectos menos conocidos de esta dinastía que llegó a la cima del poder global y lo perdió todo de un día para otro, y explica por qué su legado perdura hasta nuestros días.
¿Cómo se interesó personalmente en la historia de los Romanov? Quiero decir, su libro es tan detallado…
Me di cuenta que todo el mundo conocía a Pedro el Grande, Catalina la Grande y Nicolás II, pero nadie había escrito un libro sobre los otros Romanov.
Esta dinastía tuvo más de 20 monarcas y regentes, y cuando me propuse aprender y entender la historia de Rusia hasta nuestros días, incluso hasta el presidente Putin, no encontré ninguna obra tan abarcadora.
Así que decidí escribir un libro sobre toda la dinastía Romanov, que en realidad son 300 años de historia rusa, una manera de ver la evolución del poder político de esta nación hasta la actualidad. Y acabó siendo una excitante saga de poder.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage captionA Iván el Terrible (1547-1584) se le atribuye la creación del Imperio Ruso.
En su obra usted afirma que "era duro ser un zar" y que por eso los monarcas rusos recurrieron a la tiranía y la crueldad. Pero imagino que podría haber habido otras formas de gobernar un imperio tan vasto y complejo…
Seguro. Ha habido grandes imperios que han sido bien gobernados por la democracia; claro que hay otras maneras.
Es cierto que los Romanov eran autoritarios y despiadados en su afán por mantener el poder y expandir su imperio, pero en realidad no fueron nada en comparación con los comunistas que vinieron después, que llegaron a un grado de opresión y crueldad mayor en la era soviética.
Uno no debe perder la perspectiva en este tema.
Los Romanov eran autoritarios y despiadados (...) pero en realidad no fueron nada en comparación con los comunistas que vinieron después"
Pero en el caso de los Romanov las disputas y los asesinatos por la sucesión parecen una constante. ¿Por qué?
En realidad, eso ocurre en toda autocracia en la que el poder es personal y las decisiones se toman de forma secreta. Hoy vemos el mismo tipo de luchas intestinas y sanguinarias sin que haya una monarquía, por ejemplo en la Rusia y la China actuales.
Cuando el poder está tan concentrado en un individuo y su séquito, la batalla por el control se libra en todos lados, desde la barbería hasta la corte y los amantes. Todo tiene que ver con al acceso al soberano. Era así con los zares y con Stalin, y tal vez con los tiranos latinoamericanos.
Y algo similar ocurre hoy, aunque en otro nivel, con el gobierno de Putin y la Casa Blanca de Donald Trump.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage captionSegún Montefiore, las tendencias autoritarias de Putin tienen su antecedente en los Romanov.
¿Está diciendo que Putin y Trump son autócratas?
Lo que digo es que en el caso de Putin la concentración de poder en una sola persona es evidente.
Y Trump es un personaje interesante porque la razón por la que siente simpatía por Putin es que él anhela detentar ese tipo de poder; quiere ser, tal vez, el primer zar estadounidense. Pero afortunadamente el sistema tiene muchos check and balances [separación de poderes y controles] que, de hecho, están funcionando sorpresivamente bien.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage captionDonald Trump ha expresado su simpatía por Putin: ¿es también él un zar de nuestro tiempo?
Decía usted que se publicaron muchos libros sobre los zares con grandes personalidades como Pedro y Catalina. Pero también es muy interesante la historia de Miguel I, quien con sólo 16 años se convirtió en el primer soberano de la dinastía Romanov. ¿Por qué sabemos tan poco de él?
La razón es que él era una especie de "no entidad". Probablemente no era muy sano, ni muy inteligente; era débil, analfabeto.
Pero fue el líder perfecto para el momento. Cuando fue elegido zar, era un niño y Rusia estaba en un proceso de desintegración: había sido invadida por varios países desde distintos frentes; por ejemplo, los polacos habían ocupado Moscú. Él fue escogido por su inocencia, su buena estirpe y su conexión con la familia dominante. Así que era un poco una fachada.
Sin embargo, bajo su reinado se restauró la autocracia que había iniciado en el siglo XVI Iván el Terrible -el creador del Imperio Ruso-, se formaron ejércitos que expulsaron a los invasores extranjeros y se establecieron las bases para que el zar fuera un comandante militar y su corte actuara como un cuartel castrense.
Esto se mantuvo durante todo el dominio de los Romanov, siguió con Stalin y puede verse en la actualidad. De modo que Miguel fue muy importante. Fue una "no entidad", sí, pero una muy útil.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage captionMiguel I (1613-1645) fue el iniciador de la dinastía Romanov.
En su libro usted cuenta que el hijo de Miguel, Alexis (otro semidesconocido), consolidó la autocracia zarista al introducir un nuevo concepto: el "deber de denunciar". ¿Fue un modo de institucionalizar el miedo, el terror?
Sí, era una forma de supervisión, una manera de ejercer el poder de policía en un Estado que prácticamente no contaba con una fuerza de seguridad. Había una guardia de palacio, y el zar y su séquito tenían sus fuentes de inteligencia personales.
Pero el "deber de denunciar" permitía obtener información de la gente común y ayudaba a propagar el temor de que el zar estaba escuchando, y esto era importante en un imperio tan grande con un control tan débil.
En realidad Alexis fue uno los zares más importantes y poco se sabe de él más allá de que fue el padre de Pedro el Grande.
El 'deber de denunciar' permitía obtener información de la gente común y ayudaba a propagar el temor de que el zar estaba escuchando
Hablando de Pedro el Grande, él hizo un gran esfuerzo por modernizar el imperio; la ciudad de San Petersburgo es testimonio de ello. Pero usted también cuenta que era sanguinario con sus enemigos reales e imaginarios, que torturó a su propio hijo hasta la muerte y que protagonizó grandes borracheras y orgías. Uno no puede dejar de preguntarse si era tan "grande" como su mote sugiere...
Pedro el Grande era mitad monstruo, mitad héroe. Era una figura gigante, un gran modernizador. Pero su modernización llegó hasta cierto punto. Se limitó a la modernización de las fuerzas armadas valiéndose de tecnología occidental. Así es como quería convertir a Rusia en una gran potencia, en un gran poder europeo. Y lo consiguió.
Pero lo logró valiéndose de una tiranía brutal. Era brillante, fascinante, un gran personaje sobre el cual escribir, pero también era un individuo verdaderamente aterrador.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage captionSan Petersburgo, testimonio del pasado imperial.
Y puso la vara muy alta para los zares del futuro. De hecho, cada gobernante de Rusia después de él ha querido ser Pedro el Grande. Los Romanov que le siguieron trataron de ser Pedro el Grande y ninguno de ellos lo logró.
Stalin anhelaba ser Pedro el Grande y el presidente Putin desea ser, ante todo, Pedro el Grande.
Pero también está Catalina II. Ella también es considerada una de las grandes, ya que logró poner fin a la violencia brutal, se anexionó Ucrania, Crimea, Bielorrusia y Lituania, y fue una gran promotora de la cultura (incluso mantuvo correspondencia con Voltaire). ¿No fue en realidad Catalina la gobernante más grande de los Romanov?
Pienso que ella y Pedro merecen el título de "grandes" porque ambos, a su manera, fueron políticos extraordinarios.
Catalina, quien en realidad había nacido en Prusia, era muy humana y culta de una manera que Pedro no lo era. Era encantadora, una personalidad atractiva, muy interesada en la cultura occidental.
Pero amaba el poder y lo persiguió sin distracciones. Fue una usurpadora del trono. Protagonizó un golpe de palacio que acabó con el asesinato de su propio marido, el emperador Pedro III.
Y como no era una emperatriz legítima, no pudo desafiar a la nobleza como lo hizo Pedro el Grande y debió actuar con mucha cautela.
Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGESImage captionCon Catalina II (1762-1796) los Romanov pasaron a ser alemanes.
Por eso, se concentró en expandir el imperio ruso y lo hizo de forma eficiente y despiadada. Parte de su genialidad fue elegir a ayudantes y ministros brillantes que fueron capaces de lograrlo. El más sobresaliente fue príncipe Gregorio Potemkin, probablemente el estadista y militar más sobresaliente en los tres siglos de dominio Romanov.
Potemkin y Catalina eran amantes y su asociación fue clave para expandir el imperio. Fue posiblemente el vínculo más exitoso y deslumbrante entre una mujer y un hombre en toda la historia.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage captionLa sociedad de Catalina con Potemkin llevó a una fuerte expansión del Imperio Ruso.
Alejandro I es otro de los zares que usted rescata. Fue el que ayudó a vencer a Napoleón y tuvo la oportunidad de acercar a Rusia aún más a Europa, donde era amado, pero al final se echó atrás, algo que ha tenido consecuencias hasta nuestros días. ¿Por qué?
Él es precisamente uno de los zares más subestimados de los Romanov. Y era ciertamente un personaje muy inteligente.
En su juventud enfrentó grandes humillaciones. Primero porque estuvo involucrado en el asesinato de su propio padre y luego por las constantes derrotas ante Napoleón.
Sin embargo, luego de la quema de Moscú durante la invasión napoleónica, logró recuperarse de forma asombrosa y liderar la coalición que destruyó a Bonaparte, y luchó todo el camino desde Rusia hasta París. De modo que era una figura extraordinaria.
También quiso ser más progresista. Aunque al final cayó en la cuenta de que o debía importar la Ilustración y el liberalismo occidental, lo que acabaría destruyendo la autocracia de los Romanov, o bien debía defender su monarquía. Y eligió esto último.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage captionNapoleón Bonaparte, un formidable enemigo de los Romanov.
¿Siempre ha habido siempre una lucha interna en Rusia entre acercarse o no a Europa? Esta ha sido, precisamente, una de las razones de la reciente guerra entre Rusia y Ucrania...
Sí, esa lucha se volvió aún más intensa a mediados del siglo XIX y no ha cesado desde entonces.
Puede resumirse así: ¿es Rusia una civilización excepcional por sí misma, con un sistema político distintivo, con su propia naturaleza eslava ortodoxa y con la misión de civilizar el mundo?, ¿o debería ser modernizada y occidentalizada para volverse una sociedad más liberal, un país europeo más?
Ha sido uno de los grandes debates en la historia de Rusia, es una fuente de tensión constante y sigue presente hoy con Putin.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage captionLa guerra en Ucrania es, según Montefiore, una manifestación más de una tensión que empezó con los Romanov.
Volviendo a los zares, la historia de Alejandro II también es interesante. Su época se caracterizó por la presencia de grupos rebeldes que atacaban a la realeza (él mismo murió en un atentado con bomba) y por la creación de la Okhrana, una suerte de policía secreta.
Alejandro II era uno de los Romanov más atractivos y entrañables. Era un hombre encantador, tolerante, decente y para nada cruel.
No era un intelecto brillante ni una fuerza de la naturaleza, como Catalina o Pedro. Pero se dio cuenta de que debía modernizar el imperio y liberalizarlo, e hizo eso, lo cual fue un gran logro.
Pero al mismo tiempo intentó preservar la autocracia, lo que causó una gran decepción y llevó al surgimiento de un movimiento rebelde que buscaba asesinar a miembros de la monarquía y al emperador mismo.
Como consecuencia, Alejandro II creó una policía secreta. Era un grupo diminuto manejado por nobles y generales del ejército. Pero eran tan incompetentes y entendían tan poco a su enemigo que no lograron evitar la muerte del zar.
Sin embargo, la tragedia más famosa es la de Nicolás II, quien no pareció comprender los cambios que ocurrían a su alrededor y terminó siendo derrocado y fusilado por los bolcheviques. ¿Pudo esto ser evitado de alguna manera?
Yo creo que sí, nada es inevitable: la monarquía tendría que haber evolucionado y ampliado su base política. Pero era improbable que cambiara en este sentido, porque al hacerlo habría perdido su naturaleza, es decir, las conexiones especiales entre sus dos pilares, la nobleza y el ejército, que habían sido tan exitosas en el transcurso de la historia.
Era algo muy difícil de lograr y quizás ninguno de los Romanov lo hubiese podido conseguir, ni siquiera Pedro el Grande o Catalina la Grande.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage captionNicolás II, el último de los zares, fue fusilado en 1918 junto a su familia.
Pero fue desafortunado que Nicolás II fuera el menos capaz y el más débil y cobarde de todos los emperadores. Él sí vio los cambios a su alrededor, pero los quiso resistir; pensó que podía lograrlo y que ese era su deber.
De hecho, todo lo que hizo es comprensible si se tiene en cuenta que él realmente creía que la autocracia era sagrada, al punto de excluir todo lo demás de manera rígida. Sin embargo, este concepto de una monarquía absoluta, basada en la comunión mística entre el monarca y el pueblo ruso, era una idea anticuada incluso en aquel momento.
Hay tantos libros sobre Nicolás II, pero muchos de ellos son tan malos, infantiles y sentimentales. En realidad él y su esposa, Alejandra, eran prejuiciosos, de mente estrecha, profundamente antisemitas, brutales cuando juzgaban que era necesario y vengativos. Y no escucharon los buenos consejos.
Sí, eran buenos padres de sus hijos, que tenían hemofilia, pero uno como historiador tiene que tratarlos como adultos, no como figuras románticas. Y el hecho es que fueron catastróficos desde el punto de vista político.
Uno como historiador tiene que tratarlos como adultos, no como figuras románticas. Y el hecho es que fueron catastróficos desde el punto de vista político
¿Qué hubiera pasado con el Imperio ruso y los Romanov si no hubiera ocurrido la Revolución Rusa?
Pudo haberse desarrollado como un sistema híbrido: una monarquía fuerte con una legislatura electa.
De hecho, estuvo cerca de ocurrir a partir de 1905, cuando Nicolás II le dio al país una Constitución con un Parlamento electo o Duma. Pero él mismo socavó tanto esta iniciativa que es difícil pensar que funcionaría con él como zar. Tal vez con otro Romanov hubiese prosperado.
Sin embargo, lo que era más probable era la caída de la monarquía, que se había vuelto en extremo rígida, y eso es lo que finalmente pasó.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage captionVladimir Lenin lideró la revolución bolchevique que acabó con los Romanov.
Y lo que era menos probable era la revolución bolchevique, porque las posibilidades de que Lenin pudiera liderar este levantamiento desde San Petersburgo eran reducidas. Que esa facción acabara tomando el poder fue una historia muy improbable.
Y, desde luego, si no lo hubiera logrado, Nicolás y Alejandra no habrían sido ejecutados junto al resto de su familia y no hubiera existido la Unión Soviética.
Cuando uno termina de leer su libro se queda con la idea negativa del legado de los Romanov: una mezcla de autoritarismo, brutalidad, intrigas, asesinatos, libertinaje y grotesco. ¿Hay algo positivo para destacar?
En realidad fueron la dinastía más exitosa desde los tiempos de Gengis Kan y no dejaron de expandir su imperio hasta el último minuto en que rigieron. Unieron a Rusia, la convirtieron en una potencia y proyectaron grandeza, además de promover la religión ortodoxa y la cultura eslava.
Pero sí, también fueron trágicos. Era una dinastía salvaje, homicida, decadente, y esa es la historia que cuenta mi libro, que es una saga de horror y crueldad dinástica.
Después de todo, Pedro el Grande mató a su propio hijo, Catalina la Grande mató a su propio esposo y Alejandro I mató a su propio padre.
Pero Putin y su entorno han expresado admiración por los zares más poderosos de los Romanov...
Para la Rusia contemporánea los Romanov son muy importantes. El presidente Putin no ve la historia de forma episódica: la dinastía de los Romanov, el comunismo de Stalin... Más bien la ve desde la perspectiva de quién fue el gobernante más exitoso de Rusia.
Y desde luego los Romanov tuvieron algunos de los soberanos más grandes de Rusia. Ya sabe, Pedro el Grande, Alexis, Alejandro I, Catalina la Grande. Y el gobierno comunista proveyó quizás al más exitoso de todos: Stalin.
Derechos de autor de la imagenGETTYImage captionSegún Montefiore, el gobierno de Stalin tuvo elementos de los Romanov.
Estas son las figuras que la Rusia actual y su líder admiran y desean emular. Son las luminarias de un pasado que quieren reeditar en el presente.
Putin es un poco un emperador Romanov y un poco un secretario general estalinista, obviamente adaptado a la época actual.
Por eso, si uno quiere entender mejor la Rusia hoy, lo que sucede en el Kremlin e incluso en Ucrania, tiene que conocer la peculiar historia de los Romanov.
Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Querétaro, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad mexicana entre el 7 y el 10 de septiembre.
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