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Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geograohic, nos entrega un reportaje sobre los hallazgos de un grupo de arqueólogos de Alta Montaña; quienes localizaron pinturas prehistóricas de mayor altitud de la Península Ibérica, ubicadas en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.
ARQUEÓLOGOS HALLAN ARTE RUPESTRE PREHISTÓRICO EN EL MACIZO DE MONTE PERDIDO
Investigadores del Grupo de Arqueología de Alta Montaña localizan las pinturas prehistóricas de mayor altitud de la Península Ibérica, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.Los resultados de estas y otras investigaciones serán presentadosen Boltañaen el marco de las IV Jornadas de Arqueología de Sobrarbe: Prehistoria y arqueología del territorio, los días 22, 23 y 24 de marzo.Boltaña. 21 de marzo de 2019.Desde el año 2015 arqueólogos del Grupo de Arqueología de Alta Montaña (GAAM) han efectuado trabajos de prospección arqueológica en el interior del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido prestando una atención especial al valle de Góriz, en la vertiente sur del Monte Perdido. Estas investigaciones, realizadas bajo la dirección de Javier Rey (Gobierno deAragón), Ignacio Clemente (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y Ermengol Gassiot (Universidad Autónoma de Barcelona),han permitido documentar numerosos yacimientos arqueológicosde diversas cronologíasinéditos hasta la fecha.La campaña de prospecciones del verano de 2018 haproporcionado un hallazgo sorprendente: la localización de diversos paneles de arte rupestre en dos abrigos en el valle de Góriz, en el camino de acceso al Monte Perdido, a casi 2200 m de altitud. Concretamente, se tratan de pinturas de arte prehistórico denominado por los especialistas como “arte esquemático”. Este tipo de pinturas habitualmente se vinculan al período Neolítico.En los últimos años ya se había localizado arte pictórico prehistórico en el interior del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. El mismo GAAM en 2015 documentó un panel de arte levantino cerca del pueblo de Fanlo, a 1650 m. de altitud. El hallazgo actual sorprende fundamentalmente por el lugar dónde se ha realizado y por su altitud. Aporta, además, otra prueba de la frecuentación por parte de poblaciones de las zonas más altas del Pirineo ya en épocas antiguas de la prehistoria.Este nuevo hallazgo se relaciona conel conjuntode arte rupestre de diversosyacimientos de Sobrarbe, Aragón y el resto del levante español,queconforman el Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial por la UNESCO.Las investigaciones se han llevado a cabo dentrodel Proyecto“Arqueología del Pastoralismo”, enmarcado en el programa de Estudio y difusión del pastoralismoen el bien Pirineos Monte Perdido Patrimonio Mundial, promovidoporla Comarca de Sobrarbe/Geoparque Mundial UNESCO Sobrarbe-Pirineosy financiado principalmente por el Ministerio de Cultura.En 2018, los trabajos consistieron en la realización de prospecciones arqueológicas en el valle de Góriz y de una nueva campaña de excavaciones arqueológicas en el yacimiento de Coro Trasito (Tella).Ambas actuaciones han arrojado interesantísimos resultados que serán expuestos con detalle, junto con los los estudiosrealizados por otros equipos de arqueólogos en Sobrarbe, enlas IV Jornadas de Arqueología de Sobrarbe: Prehistoria y arqueología del territorioque van a tener lugar en Boltaña los días 22 a 24 de marzo, El viernes 22de marzo alas 11:30h tendrá lugaren la sala de prensa de la Diputación Provincial de Huesca, la presentación de las jornadas en rueda de prensaa cargo del Presidente de la Comarca de Sobrarbe, Enrique Campo Sanz, y de los tres directores del proyecto Ignacio Clemente, Ermengol Gassiot yJavier Rey.
Para más información:
“Arqueología del pastoralismo en el bien Pirineos Monte Perdido, Patrimonio Mundial”-Codirectores del proyecto:
•Ignacio Clemente:649918841
•Ermengol Gassiot:662287757
•Javier Rey:607283508
-Servicio de Patrimonio de la Comarca de Sobrarbe:
"A fecha de hoy estas son las pinturas
rupestres descubiertas a mayor altitud en la península Ibérica y
posiblemente en Europa. En los Alpes, por ejemplo, hay menos arte
rupestre y, el que se conoce, se encuentra en sus sierras exteriores, en
cotas más bajas", explica el arqueólogo Ermengol Gassiot a National
Geographic España
Arquero
Pintura del arte prehistórico esquemático que representa a un arquero. Imagen sin tratar.
Foto: GAAM
Figura de un arquero
La imagen tratada con infrarrojos.
Foto: GAAM
Monte Perdido
Vista de la ladera sur del Monte Perdido, donde se localizan las pinturas descubiertas en 2018.
Foto: GAAM
Círculo megalítico
Otro hallazgo prehistórico realizado
en el valle de Góriz durante el Proyecto Arqueología del Pastoralismo,
enmarcado en el programa de estudio y difusión del pastoralismo en el
bien conocido como Pirineos Monte Perdido Patrimonio Mundial, promovido
por la Comarca de Sobrarbe/Geoparque Mundial UNESCO Sobrarbe-Pirineos y
financiado principalmente por el Ministerio de Cultura.
Foto: GAAM
Refugios para el pastor y para su ganado
Una de las mallatas donde se ha
descubierto arte rupestre prehistórico. Los muros indican que se ha
utilizado reiteradamente hasta el siglo XIX o XX.
Foto: GAAM
Figura antropomorfa con puntos
Imagen sin tratar en la que aparecen una figura antropomorfa y varios puntos.
Foto: GAAM
Imagen antropomorfa y varios puntos
Imagen tratada con infrarrojos.
Foto: GAAM
Animal cuadrúpedo
Imagen sin tratar.
Foto: GAAM
Cuadrúpedo
Imagen tratada con infrarrojos.
Foto: GAAM
Imagen de una cierva
Pintura prehistórica sin tratar que representa a una cierva, del arte levantino.
Foto: GAAM
Cierva
Imagen tratada con infrarrojos.
Foto: GAAM
Arte esquemático y arte levantino
Mapa que muestra la localización de
las pinturas rupestres prehistóricas en el Parque Nacional de Ordesa y
Monte Perdido y en las inmediaciones. Círculos: arte esquemático;
triángulos: arte levantino.
Imagen: GAAM
Alec Forssmann
Las pinturas rupestres más altas de la península Ibérica están en el Pirineo aragonés
Numerosos yacimientos arqueológicos de diversas cronologías, inéditos hasta la fecha,
han sido investigados desde el año 2015 por los arqueólogos del Grupo
de Arqueología de Alta Montaña (GAAM) en el Parque Nacional de Ordesa y
Monte Perdido (comarca del Sobrarbe, Pirineo oscense), concretamente en
el valle del Refugio de Góriz, en la vertiente sur del Monte Perdido: la
campaña del verano de 2018 permitió localizar diversos paneles de arte rupestre en dos abrigos de este valle, en el camino de acceso al Monte Perdido, a casi 2.200 metros de altitud. Son pinturas del arte rupestre esquemático (figuras tan esquemáticas que rozan la abstracción) del Neolítico y, según aseguró el GAAM la semana pasada en una nota de prensa, son las pinturas prehistóricas de mayor altitud de la península Ibérica. "A fecha de hoy estas son las pinturas rupestres descubiertas a mayor altitud en la península Ibérica y posiblemente en Europa.
En los Alpes, por ejemplo, hay menos arte rupestre y, el que se conoce,
se encuentra en sus sierras exteriores, en cotas más bajas", explica a National Geographic España
el arqueólogo Ermengol Gassiot, de la Universitat Autònoma de
Barcelona, quien dirige las investigaciones junto con Javier Rey, del
Gobierno de Aragón, e Ignacio Clemente, del Consejo Superior de
Investigaciones Científicas.
"En la Cueva Lucía hay un mínimo de tres paneles distribuidos en dos
cavidades, el resto se encuentra en la mallata [una majada, un lugar de
refugio para el pastor y para su ganado] de Puértolas. El color que
utilizaron es el rojo, que es el habitual en este tipo de pinturas, y
los motivos son figuras con formas esquemáticas poco naturalistas,
entre las que destacan las siguientes: un arquero, un cuadrúpedo que
representa algún animal, otro cuadrúpedo con una figura antropomorfa
asociada, posiblemente solapada, una figura antropomorfa sobre unos
puntos que son impresiones realizadas con los dedos y diversas figuras
realizadas con líneas rectas entrecruzadas. Todas las figuras tenían un significado conceptual que actualmente resulta difícil de comprender",
afirma Gassiot. "Estos hallazgos, que no se habían visto antes, se
encuentran en lugares de fácil acceso y asociados a salidas de agua. En
Góriz, por ejemplo, se encuentran en cavidades que se han aprovechado
hasta tiempos actuales, por lo que la posible existencia de restos
prehistóricos queda muchas veces enmascarada por vestigios más
recientes", añade.
Hay figuras esquemáticas antropomorfas y cuadrúpedos que representan animales
En los últimos años ya se había localizado arte pictórico
prehistórico en el interior del Parque Nacional de Ordesa y Monte
Perdido. El mismo GAAM documentó en 2015 un panel de arte levantino, que
incluía dos figuras de cierva, cerca del pueblo de Fanlo, a 1.650
metros de altitud. "El hallazgo actual sorprende fundamentalmente por el lugar donde se ha realizado y por su altitud.
Aporta, además, otra prueba de frecuentación de las zonas más altas del
Pirineo por parte de poblaciones y ya en épocas antiguas de la
prehistoria", señala la nota de prensa.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, ha elaborado un amplio reportajes sobre la vida de Julio Verne, que gracias a muchas de sus obras como Ciencia Ficción, se adelantaron a la fecha y constituyeron el avance de la tecnología. El autor francés reflejó en sus
popularísimas novelas de aventuras las dos grandes aspiraciones del
siglo XIX: la exploración del mundo y el progreso tecnológico.
National geograhic., narra ; "En sus años de educación secundaria, en los que ganó un premio de geografía, prendió su afición a coleccionar revistas científicas. También devoró libros de aventuras, desde Robinson Crusoe a Ivanhoe, y dedicó poemas a su primer amor, mademoiselle Caroline. El rechazo de la joven, comprometida con un vizconde, frenó su vena artística y, desilusionado, aceptó el consejo paterno de ir a estudiar Derecho a París. Ese viaje lo realizó en dos medios de transporte que le fascinaron y adoptó para sus novelas: el piróscafo, o barco de vapor, y el ferrocarril.
Fue así como Julio Verne llegó en 1847 a una ciudad en vísperas de la revolución liberal que derrocó al rey Luis Felipe, en cuyo lugar se proclamó una república democrática. No obstante la agitación política, Verne se limitó a frecuentar a la bohemia del Barrio Latino que, en pleno romanticismo, admiraba a Balzac, Víctor Hugo y Musset. Por esta vía se introdujo en la tertulia literaria del salón de madame Barrère, donde entró en contacto con Alexandre Dumas hijo, que lo aconsejó. A raíz de este apoyo, escribió obras teatrales, relatos cortos y libretos de ópera, y renunció a ejercer como jurista, en contra del criterio paterno...."
El autor francés reflejó en sus
popularísimas novelas de aventuras las dos grandes aspiraciones del
siglo XIX: la exploración del mundo y el progreso tecnológico
Julio Verne, Ciencia y ficción
Julio Verne encontró, a través de sus
Viajes Extraordinarios, la manera de combinar el entretenimiento con la
difusión de los conocimientos de su época. Lector obsesivo de revistas
científicas y geográficas, él sostenía que cada dato contenido en sus
obras «ha sido examinado al detalle y es rigurosamente exacto». En la
imagen, aparece en una foto de 1880 coloreada.
FOTO: AKG / Album
Máquinas increibles
En sus obras, Verne imaginó ingenios
que se anticiparon a su tiempo, como el submarino, los viajes
espaciales o las máquinas voladoras. Entre los diferentes aparatos que
poblaron sus obras, se encuentra El Espanto, aparecido en la novela El dueño del mundo, que viajaba por tierra, mar y aire. Sobre estas líneas aparece volando con las alas desplegadas.
FOTO: Leemage / Prisma Archivo
Amistades culturales y bohemias
Julio Verne llegó a París en 1847.
Allí frecuentó a la bohemia del Barrio Latino y los círculos literarios,
donde conoció, entre otros, a Alexandre Dumas hijo. También entabló
amistad con Nadar (en la imagen), pionero de la fotografía aérea, que
contagió a Verne la pasión por el vuelo aerostático.
FOTO: Atelier de Nadar / RMN-Grand Palais
Primeras fotografías aéreas de París
En 1862, Georges Nadar hizo los
primeros retratos de París desde un globo. La imagen de arriba
corresponde a una de esas estampas y fue realizada, probablemente hacia
1868, pese a que la fecha que aparece en ella es 1858.
FOTO: Bridgeman / ACI
Ediciones de lujo
El editor de Julio Verne cuidaba con
mimo la estética de los Viajes Extraordinarios para adaptarla a los
gustos del público. Así surgió la idea de las portadas diseñadas
mediante la técnica del cartonaje, encuadernando los libros con
una cubierta de cartón forrada de tela ricamente decorada. La imagen
pertenece a una portada original de la novela Víctor Sevardac (1877).
FOTO: Leemage / Prisma Archivo
El retiro tranquilo
A inicios de la década de 1880, el
escritor se instaló en Amiens, buscando la tranquilidad para
escribir al ritmo frenético de dos libros anuales. Verne se integró
plenamente en la vida social de la ciudad, de la que llegó a
ser concejal de Educación, Museos y Fiestas. Entre sus logros se cuenta
la construcción de un circo, en la imagen, donde entre otros
espectáculos, se representaban adaptaciones de sus obras.
FOTO: Alamy / ACI
La Casa de la Torre de Amiens
Los últimos 18 años de su vida, Julio
Verne los pasó en la llamada Casa de la Torre, en Amiens. Su
arquitectura de hierro y cristal es similar a la de las exposiciones
universales de finales del siglo XIX. En la imagen la fachada de la
entrada, que se hacía a través de un jardín de invierno donde recibía a
sus visitantes. Hoy la mansión se ha convertido en un museo dedicado al
autor.
FOTO: Alamy / ACI
Adaptaciones teatrales
Muchos de los Viajes Extraordinarios
de Julio Verne fueron adaptados al teatro con gran éxito y reportaron
beneficios extraordinarios al autor. La caricatura aparecida en el
semanario L'Eclipse en 1874 se hace eco del estreno de la adaptación
teatral de La vuelta al mundo en 80 días.
FOTO: Bridgeman / ACI
Revolución tecnológica
Julio Verne era un lector compulsivo
de revistas científicas y estaba al tanto de las últimas innovaciones
tecnológicas, que aparecían en sus obras. Por ejemplo, el telégrafo, que
conectó el mundo en tiempo real, era muy usado por Phileas Fogg para
dar cuenta de sus avances en La vuelta al mundo en 80 días. En la imagen, una réplica del telégrafo sin hilos de Marconi.
FOTO: Bridgeman / ACI
Lugares lejanos y exóticos
A través de los libros de Verne, los
lectores europeos se trasladaban a lugares lejanos y exóticos del resto
de continentes. En la imagen, el templo de Kali en Calcuta, ciudad a la
que llegó Phileas Fogg en La vuelta al mundo en 80 días tras atravesar la India desde Bombay.
FOTO: John Warburton-Lee / Alamy / ACI
El lado oscuro del escritor
En la última etapa de su vida, las
obras de Julio Verne transmitieron su pesimismo respecto al mal uso que
la humanidad podía hacer de los avances tecnológicos. Sobre estas
líneas, una portada moderna de Los 500 millones de la Begún
(1879), en la que advertía del peligro de poner la tecnología al
servicio del imperialismo imperante en la época. En esta obra, el
escritor avanzó el uso del gas tóxico y los misiles aéreos, armas
utilizadas 35 años después en el gran conflicto nacionalista que fue
la Primera Guerra Mundial.
FOTO: Rue des Archives / Album
Un hombre poco viajero
Al contrario que los personajes de
sus libros, Julio Verne apenas salió de Francia. Recorrió la costa
atlántica y mediterránea con alguno de sus tres barcos y sus viajes
pueden contarse con los dedos de una mano: visitó Escocia, Inglaterra y
Escandinavia, e hizo un crucero a Nueva York, donde visitó las
cataratas del Niágara (sobre estas líneas en un óleo del siglo XIX) que
lo impresionaron. Años más tarde afirmaba no poder "hablar de ello sin
emoción".
FOTO: Bridgeman / ACI
Pedro García Martín
Julio Verne, el escritor visionario
Julio Verne fue uno de los autores más prolíficos
y leídos de la historia. La fórmula de su éxito se debió a la
combinación de dos elementos que apasionaban a la sociedad europea de
finales del siglo XIX y principios del XX: las aventuras de los exploradores
que se adentraban en territorios desconocidos hasta entonces –como los
polos, el África tropical o las profundidades submarinas–, y los avances científicos y tecnológicos que plasmaba en sus obras. Esto último le otorgó un aura de escritor visionario, al ir un paso por delante de la realidad
de su época (máquinas voladoras, submarinos, viajes espaciales...),
aunque él siempre defendió que sus predicciones estaban basadas en la aplicación lógica de la tecnología existente en la época.
Jules Verne nació en el seno de una familia burguesa de Nantes el 8 de febrero de 1828. Su padre, Pierre Verne, era notario y descendiente de todo un linaje de abogados.
Su madre, Sophie Allotte, pertenecía a una casta de militares. La casa
de la familia se encontraba en un exclusivo barrio de la ciudad del
Loira, donde la mayoría de las lujosas mansiones eran propiedad de armadores de barcos que, enriquecidos por el "oro negro" de la trata de esclavos, vivieron su época de esplendor en el siglo XVIII.
No en balde el puerto fue escala de los buques negreros que se dirigían a Estados Unidos. Todavía hoy puede verse la decoración favorita de esos tratantes: mascarones esculpidos en sus fachadas,
cuyas caras representaban seres mitológicos, indios, negros e incluso a
familiares de los comerciantes. El novelista saldó esta mancha cívica
de su ciudad natal en Un capitán de quince años, donde condenó "el abominable tráfico de cargamento de ébano".
Las biografías de Julio Verne cuentan unaanécdota, probablemente apócrifa, sobre su precocidad aventurera. Dicen que a los once años se escapó de casa para enrolarse como grumete en el mercante Coralie y que su padre le bajó del barco cuando éste iba a zarpar rumbo a la India. Pero lo que en verdad despertó la pasión literaria de Verne fueron las historias que le contaba su maestra de escuela,
esposa de marino, así como la vista del muelle desde su ventana. Aquel
bosque de mástiles, las banderas de colores y el trajín de la carga y
descarga le hicieron soñar con echarse a la mar inexplorada.
Julio Verne era descendiente de un linaje de abogados de Nantes, ciudad enriquecida gracias al comercio de esclavos
En sus años de educación secundaria, en los que ganó un premio de geografía, prendió su afición a coleccionar revistas científicas. También devoró libros de aventuras, desde Robinson Crusoe a Ivanhoe, y dedicó poemas a su primer amor, mademoiselle Caroline. El rechazo de la joven, comprometida con un vizconde, frenó su vena artística y, desilusionado, aceptó el consejo paterno de ir a estudiar Derecho a París. Ese viaje lo realizó en dos medios de transporte que le fascinaron y adoptó para sus novelas: el piróscafo, o barco de vapor, y el ferrocarril.
Fue así como Julio Verne llegó en 1847 a una ciudad en vísperas de la revolución liberal que derrocó al rey Luis Felipe, en cuyo lugar se proclamó una república democrática. No obstante la agitación política, Verne se limitó a frecuentar a la bohemia del Barrio Latino que, en pleno romanticismo, admiraba a Balzac, Víctor Hugo y Musset. Por esta vía se introdujo en la tertulia literaria del salón de madame Barrère, donde entró en contacto con Alexandre Dumas hijo, que lo aconsejó. A raíz de este apoyo, escribió obras teatrales, relatos cortos y libretos de ópera, y renunció a ejercer como jurista, en contra del criterio paterno.
También entabló amistad con Nadar en el Club de Prensa Científica. Este fotógrafo aeronauta –que en 1862 haría los primeros retratos de la Ciudad de la Luz desde un globo– contagió a Verne la pasión por el vuelo aerostático. Fueron años de hambre, lo que le provocó trastornos digestivos crónicos, pero también de frenesí lector. Lo mismo leía sobre matemáticas y astronomía que descubría La incomparable aventura de un tal Hans Pfaall, de Edgar Allan Poe, sobre un viaje a la Luna en globo. Tras un empleo como secretario del Teatro Lírico, trabajó como agente de Bolsa, hasta que a los 24 años entró en la redacción de la revista literaria El museo de las familias para ocuparse de su sección científica.
El joven Verne frecuentó los ambientes literarios de París, donde
conoció a Balzac y Víctor Hugo y entabló amistad con Alexandre Dumas
hijo
Más tarde conoció a Honorine Deviane, una viuda de Amiens que tenía dos hijas, con la que se casó en 1857. El matrimonio no le proporcionó la estabilidad que esperaba. Más bien sintió que le encarcelaba, por lo que viajó a Escocia, Noruega y Dinamarca huyendo de la monotonía del hogar. La pareja tuvo un hijo,
Michel, que resultó un quebradero de cabeza, pues, aunque llegó a ser
un escritor aceptable, no dejó de dar disgustos a sus padres y los
escandalizó por sus amoríos con actrices y por tener un hijo ilegítimo.
Escritor encuentra editor
En 1862 se produjo un encuentro decisivo. Julio Verne entregó al editor Pierre-Jules Hetzel un manuscrito que combinaba la literatura con la divulgación científica. Se trataba de Cinco semanas en globo, trasunto de los vuelos de su amigo Nadar, que se convirtió en un éxito de ventas sin precedentes. El propio Verne lo habría descrito con estas palabras: "Acabo de escribir una novela con una forma nueva, una idea propia.
Si tiene éxito, constituirá, estoy seguro, un filón abierto". Hetzel
lo vio de la misma manera. Cuando el escritor le llevó un manuscrito
futurista, titulado París en el siglo XX, el editor lo rechazó por parecerle pesimista
y muy técnico. "Daría la impresión de que el globo fue una feliz
casualidad", le dijo, y conminó a Verne a volver al estilo original.
El astuto Hetzel le ofreció un contrato suculento, pero que en su letra pequeña camuflaba unas condiciones leoninas. Verne se comprometía a escribir dos novelas al año
para la casa editorial durante los siguientes veinte años a cambio de
20.000 francos anuales por derechos de autor. Una suma elevada, pero que
condenó al autor a una producción literaria a destajo durante el resto de su vida.
Su editor le ofreció un contrato envenenado que le obligó a escribir os novelas al año a cambio de 20.000 francos
En busca de la tranquilidad para escribir al ritmo frenético que le imponía el contrato con Hetzel, el autor se instaló en Amiens, lejos del "ruido insoportable" y la "agitación estéril" de París. En la quietud de su despacho escribía desde las cinco de la madrugada hasta las once de la mañana.
Su casa estaba cerca de la estación, lo que le permitía viajar tanto a
la capital como al puerto de Le Crotoy, donde amarraba su barco (llegó
a tener tres, de nombre Saint Michel) para salir a navegar, su gran pasión. Verne se integró plenamente en la vida social de la ciudad, de la que fue concejal de Educación, Museos y Fiestas. Entre sus logros se cuenta la construcción de un circo, encargado al arquitecto Émile Ricquier, alumno de Eiffel. Esta afición circense la reflejó en la novela César Cascabel (1890), que muestra el periplo de una familia de saltimbanquis que viaja en carreta a través del Oeste de Estados Unidos y de Siberia para regresar a Francia, atravesando durante el trayecto paisajes vírgenes y desiertos de hielo.
En la calma de Amiens, Verne concibió la mayoría de las obras agrupadas bajo el nombre de Viajes extraordinarios. El autor escribió estas famosas novelas de aventuras hasta el año de su muerte, en 1905. En el prólogo a Las aventuras del capitán Hatteras (1864-1865), Hetzel proclamó que el objetivo de la colección consistía en "resumir todos los conocimientos geográficos, geológicos, físicos y astronómicos acumulados por la ciencia moderna y rehacer, bajo la atractiva forma que le es propia, la historia del universo".
Viajes extraordinarios y progreso
Los primeros títulos, de pequeño formato, se publicaron por entregas en el Magasin d’Education et de Récréation. Pero Hetzel pronto se percató de que también tenían buena salida comercial en un tamaño mayor y con una cubierta ilustrada. Así surgió la idea de las famosas portadas de los Viajes extraordinarios, diseñadas mediante la técnica del cartonaje, que consistía en encuadernar los libros con una cubierta de cartón forrada de tela ricamente decorada.
La popularidad que alcanzaron las novelas de Verne llevó al editor a
mimar la estética de los libros y renovarla según los gustos del
público.
Los Viajes Extraordinarios tenían como objetivo resumir los
conocimientos "acumulados por la ciencia moderna" y darlos a conocer de
una forma "atractiva"
Esas entregas iniciales de los Viajes extraordinarios son un canto a la felicidad que el progreso traería para el hombre.
El medio para alcanzar este logro social sería la ciencia y su
divulgación a través de las novelas. Ahora bien, el escritor mezclaba en ellas las lecturas románticas de su juventud con ideas del socialismo utópico y del positivismo basado en la razón. Las historias de Verne aparecieron en un momento de optimismo colectivo, propiciado por la Revolución Industrial en Francia y la estabilidad política del régimen de Napoleón III. De ahí que los protagonistas de estos viajes sean exploradores de buen talante y las máquinas mejoren la vida de los hombres.
En Cinco semanas en globo, el sabio inglés Samuel Fergusson, en compañía de un criado y un amigo, recorre el continente africano a bordo de un globo hinchado con hidrógeno. En Veinte mil leguas de viaje submarino (1869), el biólogo francés Pierre Aronnax, embarcado en el buque Abraham Lincoln, es arrojado al mar y va a parar al submarino Nautilus del legendario capitán Nemo. Viaje al centro de la tierra (1864) narra la expedición de un profesor de mineralogía, el doctor alemán Otto Lidenbrock, hasta el núcleo del planeta desde un volcán en Islandia. Y en La isla misteriosa (1874), los tripulantes de un globo caen en una isla bajo la que se esconde el reino acuático del capitán Nemo.
Con el paso del tiempo, sin embargo, los libros de Verne se vuelven más pesimistas. A finales de siglo, las potencias europeas rivalizaban por la expansión de sus respectivos imperios coloniales, y la ciencia y la tecnología se ponían al servicio de la industria y el capital. Verne sintió flaquear su feen el progreso
y desplazó a sus personajes desde los descubrimientos geográficos
hasta mundos más reconocibles. Tal es el caso de la novela El rayo verde (1882), en la que un impulso romántico lleva a los protagonistas hasta las costas de Escocia para contemplar este fenómeno atmosférico. O El castillo de los Cárpatos (1892), novela de ecos góticos y vampíricos ambientada en Transilvania. En el prólogo a esta última, Julio Verne se lamenta de que al final del "pragmático siglo XIX" ya no hay nadie que invente leyendas, ni siquiera en los países más mágicos.
El padre de la ciencia ficción
La Europa de Julio Verne vivió una revolución industrial. Las fábricas, la tecnología, la máquina de vapor, el telégrafo y las comunicaciones transformaron el mundo y lo empequeñecieron: la apertura del canal de Suez, el ferrocarril del Pacífico en Estados Unidos o el Transiberiano
en Asia acortaron las distancias. Los nuevos medios de comunicación de
masas dieron noticias puntuales de estos progresos. Éste era el caldo
de cultivo idóneo para que el escritor francés vaticinase avances tecnológicos del siglo XX. De este modo, junto con H. G. Wells, Verne se erigió en uno de los padres de la ciencia ficción. Ahora bien, esta adoración por la ciencia del futuro no fue premeditada y se debía a su afán divulgador: "Yo simplemente he hecho ficción de aquello que posteriormente se convertiría en un hecho, y mi objetivo no era profetizar, sino difundir el conocimiento de la geografía entre la juventud", afirmó en una entrevista de 1902.
Verne vaticinó avances que lo han convertido a ojos de muchos en uno de los padres de la ciencia ficción junto a H.G. Wells
Los inventos que imaginó Verne se anticiparon a su tiempo. Unos se cumplieron: el submarino, los cohetes a la Luna, las capitales superpobladas, el teléfono,
las guerras bacteriológicas y las videoconferencias. Otros no
cuajaron: los periódicos hablados, los tubos neumáticos a través de
los mares y los transformadores solares que uniforman las estaciones.
Pero todos fueron impulsados por una imaginación prodigiosa y una fe ciega en el progreso: "Mi lema ha sido siempre el amor al bien y a la ciencia", decía. La obra de Julio Verne también contribuyó a arrojar una nueva mirada sobre el paisaje,
cuya percepción experimentó cambios revolucionarios en el siglo XIX.
Desde la Antigüedad, la visión tradicional del espacio había sido
frontal; y de frente atisbaba el horizonte el correo del zar, Miguel
Strogoff, durante su misión por los dilatados espacios que separaban Moscú de Irkutsk. Sin embargo, el ferrocarril trajo consigo una percepción lateral del espacio,
pues los viajeros miraban el paisaje desde una ventanilla, lo que
anticipaba dos nuevos lenguajes: el cine y el cómic. Gracias a la
velocidad del nuevo medio de transporte, Phileas Fogg y su inseparable mayordomo Passepartout cubrieron en tren la mayor parte de La vuelta al mundo en ochenta días (1872).
Ahora bien, los ojos de los hombres de la Belle Époque también se alzaron hacia el cielo. En Cinco semanas en globo, los exploradores observan la tierra a vista de pájaro. En De la Tierra a la Luna (1865), y en su adaptación al cine por Méliès, los astronautas contemplan panorámicas similares a las del cohete Apolo VIII. Esa misma mirada también se dirigió al mundo subterráneo en Viaje al centro de la Tierra, y a las profundidades insondables en Veinte mil leguas de viaje submarino, donde el capitán Nemo recorría el lecho marino a bordo del Nautilus, descubriendo un mundo nuevo con criaturas desconocidas y legendarias. Los lectores habían pasado a tener una percepción vertical del paisaje y las novelas de Julio Verne reflejan esa revolución visual de los tiempos modernos.
Por amor a los mapas
La vida sedentaria de Julio Verne no le impidió recorrer los planetas con el pensamiento en De la Tierra a la Luna y otras obras. En 1894, Mary A. Belloc, una redactora de la revista The Strand Magazine, hizo una entrevista al escritor. Preguntado acerca de su proceso creativo, y en concreto por el origen de sus ideas científicas, Verne respondió: "El secreto está en que me ha apasionado siempre el estudio de la geografía.
Creo que mi interés por los mapas y por los grandes exploradores del
mundo me indujo a escribir mis novelas". Tal vez por eso, en su casa de
Amiens, llama la atención un globo terráqueo posado sobre su escritorio, cuya esfera está picada por las incisiones de compás que el escritor hacía para medir las distancias.
Para saber más
Jules Verne. Herbert Lottman. Editorial Anagrama. Barcelona, 1998.
La tierra de Jules Verne. Eduardo Martínez de Pisón. Fórcola ediciones, Madrid, 2014.
Jules Verne, ese desconocido. Miguel Salabert. Alianza Editorial, Madrid, 2005.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos trae un reportaje de la Ciudad de México, sobre el sacrificio de una loba, que se ofrecía como ofrenda que sucedió hace 500 años atrás, que practicaron los Aztecas en el Templo Mayor, cuyo objetivo era pronosticar el desenlace de las batallas
National Gegorphic.- narra : "En el centro del Cuauhxicalco, y en línea con la capilla de Huitzilopochtli del Templo Mayor, han descubierto dos nuevos espacios cuadrangulares, que contienen ricas y misteriosas ofrendas de los aztecas: el espacio más grande contenía el esqueleto de un jaguar adulto del sexo femenino,
engalanado como un guerrero; y el espacio más pequeño contenía miles de
conchas y caracoles, además de barras de copal, una resina aromática
que se usaba como incienso. Y, al este de las ofrendas del lobo y del
jaguar, ambos ataviados como guerreros, han hallado un depósito
cilíndrico que contenía los restos de un niño vestido como
Huitzilopochtli, "con alas hechas de huesos de gavilán y adheridas a sus hombros", detalla David Alire García, el autor de esta exclusiva, publicada ayer en Reuters. "Este es el segundo niño que hemos hallado dedicado al dios de la guerra. Según las fuentes históricas españolas, los sacrificaban para pronosticar el desenlace de las batallas", explica López Luján...."
El animal, de unos ocho meses de edad, fue
sacrificado y cuidadosamente depositado en un espacio de piedra cuadrado
junto al Templo Mayor, en la Ciudad de México
"No sabemos si bajo la ofrenda del jaguar hay una tumba real, la cual seguimos buscando", explica Leonardo López Luján, el director del Proyecto Templo Mayor, a National Geographic España. También han encontrado un depósito cilíndrico que contenía los restos de un niño vestido como Huitzilopochtli, "con alas hechas de huesos de gavilán y adheridas a sus hombros"
Ofrenda de una loba
Loba de la Ofrenda 174, vestida como
una guerrera. La nueva ofrenda, correspondiente a una hembra de jaguar,
ha sido excavada a unos pocos metros al oeste de la ofrenda de la loba,
en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor
Excavación de la Ofrenda 177
Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor
Ofrenda 178: Tomás Cruz realizando la primera inspección
Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor
Ofrenda 178: espinas y cráneo de pez globo
Foto: Miguel Báez, cortesía del Proyecto Templo Mayor
Exploración de la Ofrenda 178
Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor
Exploración de la Ofrenda 179
Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor
Excavación de la Ofrenda 179
Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor
Alec Forssmann
Hallada una ofrenda azteca de un jaguar junto al Templo Mayor, en México
Exactamente a cinco metros de profundidad, en el cruce de las
calles República de Guatemala y República de Argentina, en el Centro
Histórico de la Ciudad de México.
Al pie de la mitad sur del Templo Mayor de México-Tenochtitlán, la
gloriosa capital del . Ahí está excavando un
equipo de 25 especialistas del Proyecto Templo Mayor, del Instituto
Nacional de Antropología e Historia (INAH), dirigido por Leonardo López
Luján.
El Templo Mayor era la pirámide principal del Imperio mexica, su centro ceremonial,
y estaba coronada por dos capillas: la norte, dedicada a Tláloc, el
dios de la lluvia y de la tierra; y la sur, dedicada a Huitzilopochtli,
el dios del sol y de la guerra. Los arqueólogos trabajan actualmente
frente a la capilla de Huitzilopochtli, excavando en el centro de una
plataforma circular de poco más de 16 metros de diámetro: el
Cuauhxicalco. "Y ahora estamos explorando exactamente el centro de ese círculo, a unos pocos metros al oeste de donde hallamos un espacio cuadrado de piedra que contenía los restos de un lobo sacrificado con piezas de oro purísimo", revela López Luján a National Geographic España.
En el centro del Cuauhxicalco, y en línea con la capilla de Huitzilopochtli del Templo Mayor, han descubierto dos nuevos espacios cuadrangulares, que contienen ricas y misteriosas ofrendas de los aztecas: el espacio más grande contenía el esqueleto de un jaguar adulto del sexo femenino,
engalanado como un guerrero; y el espacio más pequeño contenía miles de
conchas y caracoles, además de barras de copal, una resina aromática
que se usaba como incienso. Y, al este de las ofrendas del lobo y del
jaguar, ambos ataviados como guerreros, han hallado un depósito
cilíndrico que contenía los restos de un niño vestido como
Huitzilopochtli, "con alas hechas de huesos de gavilán y adheridas a sus hombros", detalla David Alire García, el autor de esta exclusiva, publicada ayer en Reuters. "Este es el segundo niño que hemos hallado dedicado al dios de la guerra. Según las fuentes históricas españolas, los sacrificaban para pronosticar el desenlace de las batallas", explica López Luján.
Primero fue la ofrenda de un lobo, ahora la de un jaguar, ambos ataviados como guerreros
"El jaguar estaba vestido como un guerrero, con un
aro de madera sobre la espalda, el anáhuatl, el símbolo de los dioses
guerreros, y armado con un dardo y un lanzadardos, también de madera. El
animal fue cubierto con una capa de corales de cuatro especies
diferentes, además de conchas, caracoles pequeños, peces globo y
numerosas estrellas marinas de la especie Pentaceraster cumingi,
que son de color rojo y que viven en el océano Pacífico, a 300
kilómetros de distancia de Tenochtitlán-Ciudad de México. También hay
dos esqueletos de ibis espatulado, un ave de plumaje rojizo asociada a los reyes y a los guerreros muertos en la guerra",
describe López Luján. Este contexto arqueológico recientemente hallado
corresponde a la sexta etapa constructiva del Templo Mayor, promovida
por el gobernante Ahuízotl (1487-1502 d.C.), cuya tumba, buscada por el
INAH, aún no ha sido descubierta.
A la búsqueda de la tumba real azteca
"No sabemos si bajo la ofrenda del jaguar hay una tumba real, la cual
seguimos buscando. Las fuentes históricas indígenas y españolas del
siglo XVI dicen que tres hermanos que se sucedieron en el trono
(Axayácatl, Tízoc y Ahuítzotl) fueron cremados al pie del Templo Mayor y sus cenizas fueron enterradas dentro o a un lado del Cuauhxicalco",
declara el director del Proyecto Templo Mayor. La excavación del
Cuauhxicalco podría deparar unos hallazgos arqueológicos
extraordinarios. Los arqueólogos cada vez están más cerca...
Un lobo sacrificado hace 500 años por los aztecas y adornado con piezas de oro purísimo
El animal, de unos ocho meses de edad, fue sacrificado y cuidadosamente
depositado en un espacio de piedra cuadrado junto al Templo Mayor, en
la Ciudad de México
Enterrado con mucho oro en una tumba cuadrada
El cadáver del lobo fue
cuidadosamente depositado hace cientos de años en un espacio de piedra
cuadrado junto con otras piezas del metal precioso y cuchillos de
pedernal.
Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor
Oro y conchas
Piezas de oro purísimo y conchas del océano Atlántico procedentes del entierro.
Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor
Entierro inalterado
El entierro ha permanecido inalterado
durante más de 500 años; únicamente quedó afectado en 1900, durante la
construcción de la red de alcantarillado.
Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor
Criatura divina
"Los aztecas se ocupaban elaborada y
simbólicamente de las criaturas porque creían que la presencia de su
dios debía de ser venerada", expresa el arqueólogo Leonardo López Luján.
Foto: Mirsa Islas, cortesía del Proyecto Templo Mayor
Alec Forssmann
Un lobo sacrificado hace 500 años por los aztecas y adornado con piezas de oro purísimo
Entre 1486 y 1502, durante el reinado de Ahuítzotl y el descubrimiento de América por Cristóbal Colón, un lobo de unos ocho meses de edad fue sacrificado por los aztecas
(o mexicas) y su cuerpo adornado con piezas de oro purísimo y con un
cinturón de conchas del océano Atlántico. A continuación fue
cuidadosamente depositado en un espacio de piedra cuadrado junto con
otras piezas del metal precioso y cuchillos de pedernal. El entierro,
cercano al Zócalo, la plaza principal de la Ciudad de México,
donde antaño se erigió el Templo Mayor, permaneció inalterado varios
siglos; únicamente quedó afectado en 1900, durante la construcción de la
red de alcantarillado. El entierro sacrificial ha sido descubierto más de 500 años después,
gracias a unas excavaciones dirigidas por el arqueólogo Leonardo López
Luján, según reveló el viernes pasado David Alire García, de Reuters.
El lobo debía ayudar a los guerreros caídos a cruzar el río del inframundo
La cantidad y calidad de los ornamentos del entierro es excepcional, incluye 22 piezas completas de oro fino, entre ellas pendientes, una argolla nasal y un pectoral en forma de disco. El lobo representaba a Huitzilopochtli,
la principal deidad de los mexicas, el dios del sol y de la guerra,
pues se suponía que ayudaría a los guerreros caídos a cruzar el río del
inframundo. El animal fue enterrado durante el reinado de Ahuítzotl, un
comandante temido y sanguinario que llevó a cabo una política exterior
expansionista, dominando prácticamente todo el centro y sur de México,
Guatemala incluida. López Luján, el director del Proyecto Templo Mayor
del Instituto Nacional de Antropología e Historia, ha explicado a Reuters que será necesario realizar pruebas en las costillas del animal para comprobar la teoría según la cual se extraía el corazón de la víctima como parte del sacrificio.
"Los aztecas se ocupaban elaborada y simbólicamente de las criaturas
porque creían que la presencia de su dios debía de ser venerada",
expresa.
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