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jueves, 9 de diciembre de 2021

Historia de la Independencia Política del Perú : Batalla de Ayacucho 9 de diciembre del 1,824. - Capitulación de Ayacucho.

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., un día como hoy el 9 de diciembre de 1,824, se llevó a cabo la Batalla de Ayacucho, donde se definió la independencia política del Perú y América...El Ejército Unido Libertador estuvo al mando de Antonio José de Sucre; mientras que los realistas estuvieron comandados por el virrey del Perú José de La Serna.• La batalla de Ayacucho se inició a las 9 de la mañana del 9 de diciembre de 1824. Aquí se enfrentaron las fuerzas del virrey José de La Serna (9000 realistas) contra los patriotas (5700) al mando de Antonio José de Sucre. Los españoles iniciaron el ataque desde el cerro Condorcunca. La división peruana que comandaba José de La Mar luchó por contenerlos y con la ayuda de los montoneros de Marcelino Carreño los obligaron a replegarse............. Un nuevo ataque realista fue rechazado por la división de José María Córdoba. Entonces, el mismo virrey La Serna, entró al combate con sus tropas, pero en el violento choque cayó herido y fue hecho prisionero. Esto desmoralizó a los españoles, haciendo que muchos emprendan la huida. El general José de Canterac intentó reagruparlos, pero fueron desbaratados por los hombres de Jacinto Lara y Guillermo Miller.• Al ver el desastre, Canterac aceptó negociar con Sucre y firmó la
Capitulación de Ayacucho, documento que selló la Independencia del Perú y Sudamérica, en el cual obligaban a los realistas a claudicar y a ceder las plazas que conservaban en la zona, a cambio de permitir su retorno a España y de respetar las propiedades españolas...."
Información de : 

IMÁGENES DE LA BATALLA DE AYACUCHO


Batalla de Ayacucho by Martín Tovar y Tovar (1827 - 1902)
https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Ayacucho


Armas reales de España (1761-1843) - Versión con leones utilizada con frecuencia en banderas militares



Mapa animado de los procesos de emancipación hispanoamericanos (1808-1826):     Territorios bajo control realista.     Territorios bajo control de movimientos de emancipación.     Territorios bajo control de la Gran Colombia.     España bajo ocupación francesa.     España durante la revolución liberal.     Zonas sin un gobierno claro.


José de la Serna e Hinojosa, último virrey del Perú (1821-1824).
https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Ayacucho


Antonio José de Sucre, el Gran Mariscal de Ayacucho.
https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Ayacucho


República del Perú.


Gran Colombia.


Pintura que representa la Batalla de Ayacucho.
https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Ayacucho


Croquis de la batalla de Ayacucho.49​A. Posiciones realistas en la noche del 8 al 9 B. Maniobra preparatoria para el ataque realista C. Marcha de los batallones al mando del coronel Rubín de Celis D. Maniobra y ataque de la división Monet E. Ataque de la vanguardia de Valdés sobre la casa ocupada por los independentistas F. Carga de la caballería realista M. Avance y dispersión de los batallones de Gerona parte de la reserva realista K. Batallón Fernando VII, última reserva realista


La capitulación de Ayacucho (óleo de Daniel Hernández).


La Batalla de Ayacucho descrita por Nelson E. Pereyra Chávez


La batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824): 
Cultura y memoria de un acontecimiento

Nelson E. Pereyra Chávez 
Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga
nelsonernesto@hotmail.com 

Resumen 
La Batalla de Ayacucho, librada el 9 de diciembre de 1824, constituye un acontecimiento trascendental en la historia contemporánea del Perú y de las naciones latinoamericanas, que fue conmemorado desde inicios de la República. Sin embargo, poco se sabe de los aspectos culturales y de memoria relacionados con el acontecimiento. Siguiendo el método del historiador francés George Duby y a partir de las fuentes elaboradas por los mismos participantes del hecho y de los primeros textos historiográficos, el presente trabajo pretende realizar una “etnografía” de la batalla para luego analizar el marco cultural y simbólico en el que se inscribe el hecho. Asimismo, busca estudiar la construcción de la memoria sobre la batalla y la forma de cómo el encuentro fue transformado en un hecho histórico. Propone que la batalla de Ayacucho fue una performance guerrera que se ajusta a las características y estrategias de las guerras napoleónicas de los siglos xviii y xix. Además, el combate fue historizado en las narrativas de los oficiales que participaron en él y de los historiadores del siglo xix, quienes lo transformaron en un hecho histórico de vital importancia. Palabras clave: Batalla de Ayacucho, guerra de la Independencia, historia militar, ejércitos.

Introducción 
La batalla de Ayacucho es hoy en día un acontecimiento de evocación anual en las naciones hispanoamericanas. En Lima, la capital del Perú, la conmemoración no pasa de una simple acotación en algún medio de comunicación; pero en Ayacucho alcanza los ribetes de una gran celebración popular, con escenificación de la batalla incluida, en la que participan entusiastas escolares de los colegios de la ciudad y una masiva concurrencia que atiborra el lugar donde se llevó a cabo el hecho. La batalla, que se realizó el 9 de diciembre de 1824, enfrentó al poderoso ejército español con las modestas tropas del Ejército Unido Libertador. Al caer la tarde y pese a su aplastante superioridad numérica, los realistas fueron derrotados, sus generales capturados y el territorio del antiguo virreinato peruano entregado a los patriotas gracias a una capitulación pactada entre vencedores y vencidos. 

A menudo, la batalla ha sido entendida como una puesta en escena con negociación final, en la que el vencido devino en vencedor y viceversa (Roel, 1981). Incluso, algunos autores dudan de la existencia fáctica del encuentro, basados en la desigualdad numérica de los contrincantes y en la poca cantidad de muertos y heridos1 . Sin embargo, ambas posturas son anacrónicas, porque estudian la batalla en el contexto de las guerras contemporáneas (como los dos conflictos bélicos mundiales del siglo xx) que buscaban aniquilar del todo al enemigo, incluido la reserva civil de hombres, alimentos y armamentos2 . Al contrario, se debe analizar la batalla de Ayacucho en relación con la circunstancia bélica en la que ocurrió. ¿Y cuál es dicha circunstancia? ¿Acaso la de las guerras napoleónicas de inicios del siglo xix?

 Asimismo, en la experiencia peruana la batalla forma parte del conflictivo proceso de formación del Estado republicano. Después del acontecimiento, los vencedores tuvieron que enfrentar a las demás fuerzas realistas que se hallaban en Alto Perú (Olañeta) y Callao (Rodil)3 . Posteriormente, se desencadenaron la guerra contra la Gran Colombia (1828-1829), los conflictos caudillistas temprano-republicanos y la guerra de la Confederación Peruano-Boliviana (1836-1839). Ante tal coyuntura, cabe preguntarse por el momento y proceso de transformación.............. 
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1 César A. Límaco sostiene que el 9 de diciembre de 1824 se realizó un “simulacro de batalla” y se pactó una capitulación halagüeña para los españoles, a partir de una errada lectura de las memorias de José Antonio López. Cfr. Límaco, 1975, p. 160. 
2 El historiador británico Eric Hobsbawm señala que en la primera y la segunda guerras mundiales se persiguieron la destrucción total de enemigo para lograr una rendición incondicional. Cfr. Hobsbawm, 1995, p. 38. 
3 Las fuerzas de Olañeta resistieron hasta abril de 1825, cuando sus soldados se sublevaron y mataron a su jefe en Tumusla. Los patriotas entonces pudieron ingresar sin problemas al Alto Perú y declarar la independencia. Por su lado, Rodil retuvo la fortaleza del Real Felipe hasta enero de 1826, cuando fue derrotado por la hambruna y el escorbuto.
Revista del Archivo General de la Nación 2017, N° 32, 271-283

..........de la batalla de Ayacucho en hecho histórico4 . ¿Cómo y cuándo fue historizada y quiénes la transformaron en hecho histórico? 

El presente trabajo intenta estudiar la batalla de Ayacucho como un acontecimiento que revela la cultura guerrera de la era de la Independencia5 . Además, busca examinar las repercusiones culturales del encuentro, a partir de la exploración de la información periodística e historiográfica que contribuyó a su transformación en hecho histórico. Siguiendo las recomendaciones del historiador francés George Duby, se pretende retomar el clásico relato del acontecimiento para indagar la cultura de sus protagonistas; es decir, seguir la huella del sistema ideológico construido a partir del hecho y estudiar los códigos y convenciones de la época, que explican las disposiciones de ánimo (Duby, 1988). 

La batalla de Ayacucho en el contexto de las guerras napoleónicas 

El trabajo de investigación formula dos hipótesis: a) La batalla de Ayacucho se acomoda al contexto de la guerra napoleónica; por lo tanto, es una performance guerrera que tiene etapas y en la que debe primar el trato caballeresco entre los combatientes; y b) La batalla de Ayacucho fue historizada desde los días posteriores al acontecimiento, en las narrativas de los oficiales combatientes. Después fue convertida en hecho histórico por los historiadores peruanos y españoles del siglo xix. 

Para probar la primera hipótesis, se realizó una etnografía de la campaña militar previa y de la batalla, que probó que la estrategia y tácticas de los militares en Ayacucho fueron tomadas de las máximas napoleónicas sobre el arte de la guerra. Bolívar llegó al Perú en setiembre de 1823, en medio de un caos político ocasionado por el enfrentamiento entre el Congreso y el presidente Riva Agüero, y recibió poderes absolutos para remediar la situación y combatir a los realistas. Puesto que estos recuperaron el control de la fortaleza del Real Felipe del Callao y ocuparon nuevamente la capital en febrero de 1824, el libertador decidió trasladarse a Trujillo para preparar la campaña final. Ahí, dispuso la unificación de las tropas dispersas en el norte, bajo su mando, y el reclutamiento de nuevos soldados. Al mismo tiempo, recorrió los pueblos de la Costa y Sierra septentrional con el propósito de supervisar personalmente el abastecimiento de armas, cabalgadura, vestimenta y vituallas para el ejército libertador6 . 

Al ocuparse personalmente de la organización del ejército, Bolívar se hizo cargo del comando y aplicó una de las máximas de Napoleón: “No hay nada más importante en la guerra .................
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4 El concepto de hecho histórico alude a un acontecimiento seleccionado por el historiador como de capital importancia o como hito en el devenir histórico. Cfr. Carr, 1978, p. 15. 
5 La definición de cultura que se emplea en el presente trabajo es la definición general, que asocia a la cultura con el conocimiento, las creencias, las leyes, las costumbres y otras actitudes y hábitos adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad. Cfr. Marzal, 1997, p. 135. 
6 En Huamachuco, Conchucos y Cajamarca se confeccionaron los pantalones y capotes de los soldados; en Lambayeque, zapatos, sillas de montar y cordobanes; en Trujillo se fabricaron cantimploras, lanzas, municiones, clavos, suelas y se prepararon las herraduras de los caballos; en Yungay y Carhuaz, herraduras, clavos, sillas y correas; y en Huaraz, espuelas con hierro viejo. Y en Pativilca dispuso el Libertador que se recojan los mejores caballos para los soldados patriotas.
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...............que la unidad en el mando. Así, cuando solo se hace la guerra contra una sola potencia, solo debe de haber un solo ejército, operando sobre una sola línea y conducido por un solo jefe” (Bonaparte, 1881, p. 36). De este modo, pudo formar una fuerza de 10 000 soldados que se reunió en la sierra central, donde el Libertador dirigió el 2 de agosto de 1824 aquella famosa arenga con la que exhortaba a los soldados a triunfar: “¡Soldados! Los enemigos que vais a destruir se jactan de catorce años de triunfos; ellos, pues, serán dignos de medir sus armas con las vuestras que han brillado en mil combates”. Nuevamente, aplicó otra de las máximas del corso francés relacionada con la moral de las tropas: “Si las arengas y los raciocinios son útiles, solo lo son en el curso de una campaña, para desvanecer las insinuaciones y falsedades, conservar la moral en el campo y sugerir material a las pláticas del vivac”7 . Cuatro días después de esta proclama, la caballería patriota venció a la caballería realista en la batalla de Junín. La derrota generó desconfianza entre los realistas8 . 

En la batalla de Junín, Bolívar aplicó un plan simple: golpear una parte del enemigo para amenazar su línea de comunicación, basándose en otro postulado de Napoleón: “la primera condición de todas las buenas maniobras es la sencillez”9 . Luego de vencer en Junín, desarrolló una guerra relámpago contra los españoles al alargar su línea de operaciones y penetrar en la ruta Huamanga-Andahuaylas-Abancay. Lo hizo en el momento oportuno, cuando el Virrey partió su ejército en dos para aplastar la disidencia de Olañeta en el Alto Perú, disipando hombres y recursos. 

Durante la guerra relámpago, fue preocupación de Bolívar mantener la amalgama del ejército, pues penetraba en una zona cercana al teatro de operaciones del enemigo (Cuzco). A través de su ministro Tomás Heres, advirtió a Sucre que mantuviera la unidad de las tropas y en lo posible evitase enfrentamiento alguno, a la espera de refuerzos: “[…] S.E. me manda hacer a U.S. las siguientes observaciones o indicaciones: 1°. Que no divida U.S. nunca el ejército. 2°. Que procure U.S. conservarlo a todo trance. Dividiendo U.S. el ejército se exponía U.S. a un riesgo conocido y exponía los grandes intereses de la América por un bien comparativamente pequeño”10. Así, Bolívar y Sucre llevaron a la práctica otra máxima de Napoleón, quien en el trascurso de la guerra franco-hispana le dijo a su hermano José: “Tu ejército se encuentra excesivamente disperso; debe marchar de forma que pueda reunirse en un solo día sobre el campo de batalla”11. 

El Virrey reunió las tropas de Canterac y Valdés y marchó hacia Abancay-Andahuaylas para rodear a los patriotas, atacarlos por la retaguardia y cortar su línea de comunicación con la Costa central. Ante tal situación, los patriotas se replegaron hacia Huamanga, siguiendo nuevamente los consejos de Bonaparte: “Con un ejército inferior en número, inferior en caballería y en artillería, hay que evitar una batalla general, suplir al número con la rapidez de las marchas, a la falta de artillería con la naturaleza de las maniobras, a la inferioridad de la caballería con la elección de las posiciones”12. En pocas semanas, patriotas y realistas recorrieron más de 300........................

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7 Ibídem, p. 33. 
8 carrera, 1974, p. 12. 
9 Ibídem. 
10 Citado en paz, 1919, p. 69. 
11 carrera, 1974, p. 12.
12 bonaparte, 1881, pp. 6-7.
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.........................kilómetros, cruzando las quebradas de los ríos Apurímac y Pampas y ejecutando otra de las máximas de Napoleón: “La fuerza de un ejército, como la cantidad de los movimientos en la mecánica, se valúa por la masa multiplicada por la velocidad. Una marcha rápida aumenta la moral del ejército, y sus medios para obtener la victoria”13. Después de un primer encuentro en la quebrada de Colpahuaycco, ambas tropas llegaron a Huamanga. Los realistas continuaron avanzando por las alturas de Huamanguilla hasta posesionarse del cerro Condorcunca. Por su parte, los patriotas pasaron a Acos Vinchos y se instalaron en la llanura colindante al pueblo de Quinua. Aquellos contaban con 9 310 soldados, mientras que estos últimos sumaban 5 780 efectivos. 

Antes de las nueve de la mañana del 9 de diciembre de 1824, los combatientes de ambos ejércitos se trasladaron a las faldas del cerro para presenciar un abrazo de despedida entre los hermanos, parientes y amigos que se hallaban del lado realista y del lado patriota. Luego, las divisiones ocuparon sus posiciones estratégicas, mientras que Sucre arengaba a sus soldados. El combate empezó cuando la división de Valdez atacó el flanco derecho del ejército patriota. Sin embargo, este ataque fue repelido por los soldados peruanos que combatían bajo las órdenes de La Mar y especialmente por las fuerzas guerrilleras de Marcelino Carreño, quien murió en plena arremetida. En el lado realista, el coronel Rubén de Celis perdió la paciencia y de forma precipitada atacó con su batallón. Sucre dispuso que Córdova respondiera por los costados del cerro, con el refuerzo de la caballería de Miller que iría por el centro. Ambas fuerzas cargaron con ímpetu y desintegraron la formación realista. 

Rápidamente, los patriotas contuvieron el ataque de la caballería española, se hicieron dueños del lado derecho del campo de batalla, arrollaron a la división de Monet que intentó preservar el centro realista, empujaron a los soldados de Valdés hacia las alturas y lograron capturar al virrey La Serna. Entonces, los soldados españoles quedaron confundidos y aprovecharon el momento para desobedecer a sus oficiales y replegarse en desorden. Consumada la victoria patriota, a los realistas no les quedó otra opción que aceptar la caballerosa capitulación que Sucre les ofrecía. La batalla de Ayacucho contiene actos y ritos caracterizados por la primacía de la caballerosidad y del trato cortés entre los combatientes. Para entender este aspecto cultural del encuentro, es necesario remontarse al contexto de las guerras napoleónicas, donde se produjo el encuentro final que recuerda una de las batallas más célebres de Europa. 

Austerlitz y Ayacucho Luego de coronarse como emperador francés, Napoleón Bonaparte se vio obligado a enfrentar una poderosa coalición formada por Austria, Suecia y Rusia. Las tropas francesas, compuestas por 73 000 hombres y 150 cañones, marcharon al este europeo y se encontraron con el ejército aliado de 85 000 hombres cerca de la ciudad checa de Brno. Napoleón ubicó sus hombres en una llanura, debilitando intencionalmente su flanco derecho, mientras que el ejército de la coalición, bajo el mando del zar ruso Alejandro i y del emperador austriaco Francisco i, se situó en la meseta de Praztem, en posición ventajosa.

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13 Ibídem, p. 6.
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En la mañana del 2 de diciembre de 1805, el ejército aliado atacó el flanco derecho francés, que era apoyado por el centro del ejército napoleónico. Aprovechando la niebla, Napoleón dio la orden de contratacar por la vanguardia y retaguardia. Los franceses treparon la meseta y con la bayoneta y artillería desorganizaron las fuerzas aliadas y provocaron la huida de los enemigos. Al culminar la batalla se contaron 27 000 muertos y prisioneros del lado austriaco-ruso y 9 000 muertos y heridos del lado francés. Después del encuentro, el Zar pactó una capitulación con Napoleón, que puso fin a la tercera coalición y se convirtió en aliado del imperio francés. Sin lugar a dudas, Austerlitz fue la mayor victoria del emperador francés y su estrategia fue alabada y propalada como una de las más efectivas de la historia militar14. 

Una estrategia similar fue aplicada en el otro lado del mundo el 9 de diciembre de 1824, en un escenario de más de un kilómetro y medio limitado por el cerro Condorcunca, por dos quebradas ubicadas al Norte y Sur del llano y cortada por una cañada perpendicular al barranco del Norte. Para el combate final, el virrey La Serna ideó un plan de ataque frontal con el empleo del máximo de tropas que debían buscar el choque brutal de masas, con dos fases bien marcadas: a) El ataque al flanco izquierdo de los patriotas, a fin de que las demás fuerzas descendieran del cerro sobre seguro y formaran adecuadamente en el llano; b) el ataque frontal de todas las tropas con el apoyo de la caballería, una vez logrado el primer objetivo15. 

Según Dellepiani, Sucre no tuvo estrategia alguna y siempre procuró cumplir la orden de Bolívar de mantener la unidad del ejército libertador y contener el ataque realista16. De la Barra señala que, al observar en medio del combate que el batallón de Rubín de Celis alteraba con su precipitada embestida el plan del Virrey, decidió oportunamente que las fuerzas de Córdova atacaran el centro realista con el apoyo de la caballería de Miller y que la división Lara reforzara el ala izquierda de los patriotas con el respaldo de los batallones Vencedor y Vargas (De la Barra, 1974, p. 192). Sin embargo, el Libertador también le dio la más amplia autorización para disponer del ejército del modo que lo creyese conveniente (Paz, 1919, p. 81). Con base en tales facultades, diseñó un plan de batalla que consistió simplemente en atraer al enemigo hacia su campo para luego empujarlo y batirlo en las hondonadas y elevaciones de la pampa, aprovechando la imprudencia de Rubín de Celis y antes que la caballería e infantería realistas pudieran desplegarse en todo su poderío17. 

Tal como ocurrió en Austerlirz, Sucre percibió que los españoles no tenían todas las de ganar pese a que contaban con una posición estratégica en el cerro Condorcunca y con el doble de efectivos y artillería. Advirtió, además, que el grueso del ejército realista tendría problemas para organizarse en el llano y pasar a la segunda fase del plan de ataque porque no previó la cañada que corta la pampa y obstaculizaba el avance de las tropas. Por ello, dejó que los batallones de Valdés atacaran su flanco izquierdo para luego contener el avance de las tropas enemigas movilizando primero a la división de La Mar y luego al Batallón Vargas y a la caballería. Inmediatamente después, ordenó la maniobra de la Infantería de Córdova y quebró la vanguardia..................

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14 Cfr. Laffin, 2008. 
15 Cfr. de la barra, 1974, p. 190; Dellepiani, 1977, p. 210. En la primera parte de la batalla el Virrey pretendió desarrollar aquella máxima de Bonaparte, que dice que se debe maniobrar sobre los flancos del enemigo para lograr la victoria. Cfr. Bonaparte, 1881, p. 14. 
16 dellepiani, 1977, pp. 218-219. 
17 Señala Paz Soldán que el Jefe de Estado Mayor del ejército patriota, general Agustín Gamarra, escogió el campo de batalla y Sucre lo aprobó. Ibídem, p. 94.
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..........enemiga18. A continuación, hizo que los hombres de Córdova y Lara trepasen el cerro para buscar el choque masivo y el enfrentamiento cuerpo a cuerpo con el empleo de la bayoneta. De este modo, aplicó la táctica napoleónica de abarcar todo el campo enemigo, buscar la cercanía del oponente, combatir en toda la línea y chocar con la masa de combatientes para quebrar las filas del oponente, agotar sus reservas, ocasionar el desbande definitivo y la persecución implacable19. Al respecto, Miller refiere en sus memorias lo siguiente: 

"Los españoles se mantuvieron firmes y llenos de una visible confianza; el Virrey, Monet y Villalobos se veían a la cabeza de las divisiones, presenciando y dirigiendo la formación de sus columnas a proporción que descendían al llano. Al fin los patriotas llegaron, cruzaron sus bayonetas con sus enemigos, se mezclaron con ellos y por tres o cuatro minutos lidiaron al arma blanca, y con tal furia de una y otra parte, que estaba aún indeciso quien ganaría, no la palma del valor que ambos merecían, sino los favores de la fortuna y la victoria del día, cuando cargó la caballería colombiana mandada por el coronel Silva […] los realistas perdieron terreno, fueron arrojados a las alturas de Condorkanki [sic] con gran mortandad y el Virrey fue herido y hecho prisionero. Mientras los realistas iban trepando a las alturas, los patriotas desde el pie de ellas los cazaban a su salvo y muchos de ellos se vieron rodar, hasta que algún matorral o barranco los detenía20."

 ¿Cómo pudo Sucre estar al tanto de las estrategias napoleónicas del otro lado del mundo? No debe olvidarse que muchos de los oficiales de la guerra de la Independencia fueron veteranos combatientes de la guerra franco-hispana de 1809-1815, o iniciaron su experiencia militar emulando las estrategias y tácticas del emperador francés. En el bando realista, La Serna, Canterac y Valdés militaron en la resistencia española contra los franceses antes de pasar a Perú, mientras que patriotas como La Mar también iniciaron su carrera militar luchando contra los franceses en la península. Bolívar presenció de cerca la coronación de Napoleón y su campaña de 1805 contra los rusos y austriacos21. Es lógico pensar que el libertador entrenó a sus oficiales (entre ellos Sucre) en las tácticas y estrategias de los franceses para derrotar a sus contrincantes en la guerra de la Independencia. 

La memoria sobre la batalla de Ayacucho 
Para probar la segunda hipótesis de la investigación, se han revisado los escritos de los oficiales (patriotas y realistas) que participaron en la batalla de Ayacucho y las narrativas de los historiadores del siglo xix. Ambos tuvieron la intención de convertir la batalla en un hecho histórico. 
La historización de la batalla de Ayacucho empezó inmediatamente después del combate, cuando el mismo Sucre en el parte oficial de la batalla del 11 de diciembre de 1824 define la importancia de tan espléndida victoria para el futuro del Perú y de Hispanoamérica: “La campaña del Perú está terminada, su independencia y la paz de América se han firmado en este campo de batalla. El ejército unido quiere que sus trofeos en la victoria de Ayacucho sean una oferta ................

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18 Al ordenar la acometida de la vanguardia de sus ejércitos, Sucre y La Serna siguieron una de las máximas de Napoleón: “El deber de la vanguardia no consiste en avanzar o retroceder, sino en maniobrar. Debe ser formada de caballería ligera, sostenida por una reserva de caballería de línea y de batallones de infantería que tengan también baterías para su sostén”. bonaparte, 1881, p. 16. 
19 Cfr. lefebvre, 1979, p. 217. 
20 miller, 1910, p. 176. 
21 Cf. belaunde, 1988, pp. 20-21.
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................... digna de la aceptación del Libertador de Colombia”22. Tras leer el mensaje, Bolívar resolvió elevar simbólicamente el acontecimiento a la categoría de hecho histórico. Dijo el Libertador a los soldados: “Habéis dado la libertad a la América Meridional y una cuarta parte del mundo es el monumento de vuestra gloria ¿Dónde no habéis vencido? La América del Sur está cubierta de los trofeos de vuestro valor; pero Ayacucho, semejante al Chimborazo, levanta su cabeza erguida sobre todos”23. Este encumbramiento quedó públicamente reconocido con la circulación de la glosa “Gran Victoria, triunfo decisivo” de la Gaceta del Gobierno del 18 de diciembre de 1824 y con el apoteósico recibimiento y la corona de oro, brillantes y perlas que el Cuzco (paradójicamente, la última sede del gobierno virreinal peruano) le dio a Bolívar en 182524. 

Estas notas laudatorias fueron el punto de partida para la creación de un marco social de la memoria, con conceptos y representaciones de la batalla socialmente compartidos, que en los siguientes años servirá para construir la memoria de un hecho histórico cada vez más lejano en el tiempo25. Dicho marco social condensó, además, los testimonios que los oficiales de la batalla escribieron con el propósito de magnificar el hecho y decantar su participación en él, como vencedores o vencidos. De este modo, el acontecimiento quedó confirmado como hecho histórico; es decir, seleccionado como de capital importancia. 

Uno de aquellos oficiales fue el coronel santafesino José María Aguirre, quien llegó al Perú con la Expedición Libertadora del Sur y luego estuvo en la campaña bolivariana. En 1825 publicó en Buenos Aires su Compendio de las campañas del Ejército de los Andes, donde refiere lo siguiente sobre la batalla de Ayacucho: 

Las masas de la infantería siguieron por las cumbres de los Andes para estrellarse con todo el poder de los españoles reunidos en Ayacucho. Esta fue la última y la más asombrosa batalla que coronó la independencia de América Latina. Las armas libertadoras eran en menor número, pero les sobraba coraje. Desplegaron con un fuego destructor; calaron la bayoneta en avance y el campo quedó cubierto de cadáveres. Los españoles huyeron a las alturas, imploraron perdón, capitularon y se rindieron dejando libre todo el Perú y el continente americano26 (cdip, 1971: xxvi, vol. 4, 171). 

Casi al mismo tiempo, el británico Guillermo Miller, quien llegó al Perú con San Martín y luego fue jefe de la caballería del ejército bolivariano, publicó en Londres sus memorias por intermedio de su hermano John, donde dice lo siguiente sobre el 9 de diciembre de 1824: 

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22 Gaceta del Gobierno (1 de enero, 1825). Lima, 1(viii), p. 8. 
23 Ibídem. 
24 La mencionada glosa dice lo siguiente: “El 9 de diciembre de 1824 se ha completado el día que amaneció en Junín. Al empezar este año, los españoles amenazaban reconquistar la América con ese ejército que ya no existe. Los campos de Guamanguilla [sic] han sido testigos de la victoria que ha terminado la guerra de la independencia en el continente de Colón. Allí se ha decidido la cuestión que divide la Europa, que interesa inmediatamente a la América, que es trascendental a todo el género humano y cuyo influjo alcanzará sin duda a mil de mil generaciones que se sucedan […]”. Citado en Dammert y Cusmán, 1976, p. 202. 
25 El concepto de marco social de la memoria alude a los puntos de referencia usados por el individuo para encontrar y transmitir los recuerdos a los demás. El marco social puede ser temporal y espacial: temporal porque está asociado con las fechas de las festividades, nacimientos, defunciones, aniversarios, etc., que funcionan como hitos para la configuración de una biografía congruente de personas y grupos; y espacial porque concentra lugares, construcciones y objetos donde se han depositado los recuerdos. Cfr. Halbwachs, 2002, pp. 8-10. 
26 colección documental de la independencia del perú (en adelante, cdic), 1971, xxvi, p. 171.
Revista del Archivo General de la Nación 2017, N° 32, 271-283

La batalla de Ayacucho fue la más brillante que se dio en la América del Sur; las tropas de ambas partes se hallaban en un estado de disciplina que hubiese hecho honor a los mejores ejércitos europeos; los generales y jefes más hábiles de cada partido se hallaban presentes; ambos ejércitos ansiaban el combate […] Lo que en número faltaba a los patriotas, lo suplía su entusiasmo y el íntimo convencimiento de que si eran batidos era imposible retirarse. Así, pues, no fue una victoria debida al azar sino el resultado del arrojo y un ataque irresistible concebido y ejecutado al propio tiempo27.

 Posteriormente, apareció en Bogotá las memorias del coronel colombiano Manuel Antonio López, otro de los protagonistas de la batalla de Ayacucho. Al confrontar este encuentro con la victoria que el Duque de Wellington obtuvo en Waterloo, señala que “significa un horroroso elogio de la disciplina y denuedo de los ejércitos de Sucre y La Serna que, sin artillería que hiciese mayor daño y aumentase en 25 hombres por pieza el verdadero valor de su fuerza, dejaron en un cuarto de hora un tercio de ella en el campo”28. 

Para los oficiales realistas, las circunstancias posteriores al encuentro fueron más difíciles y complejas. Firmada la capitulación, se embarcaron a la península, donde fueron duramente criticados por su actuación en la guerra de la Independencia hispanoamericana, por la insubordinación de Olañeta y por su aparente ideología liberal, y nominados como Los Ayacuchos durante la Regencia de Baldomero Espartero (1840-1843). Uno de los más criticados fue el general Jerónimo Valdés, quien fue acusado en un escrito inédito del capitán José Sepúlveda (exteniente de Olañeta) por su pasividad en el transcurso de la batalla y por haber buscado la rendición en la mitad del combate. El oficial respondió a estos descargos con una Refutación escrita desde 1827 y publicada en Madrid en 1894. También el general Andrés García Camba escribió una historia de la guerra de la Independencia en Hispanoamérica, desde las Juntas de Gobierno hasta la batalla de Ayacucho, a partir de sus recuerdos y de los puntos de vista de Los Ayacuchos. En un preliminar balance sobre esta batalla, García Camba refiere lo siguiente: 

La idea de pretender que el nombre de esta batalla, desgraciada para las armas españolas, pase al catálogo de los nombres de proscripción es en extremo singular y acaso sin ejemplo fuera de España. Como quiera en Ayacucho perdieron los vencedores por su propia confesión sobre 1.000 hombres entre muertos y heridos, y además es de notar que cuando se libró el 9 de diciembre de 1824, hacía precisamente dos años que solo el Perú y la provincia de Chiloé eran los únicos restos del dominio español en América, donde la lealtad más acrisolada, abandonada á sus propios y exclusivos recursos no vendía, como en un arrebato de pasión se permitió decir cierto general el 1843, sino que resistía la ominosa rebelión de Olañeta y hacía frente á la revolución armada y triunfante de todos los Estados de la América Meridional, incluso Colombia. Una reseña cronológica y fidedigna, aunque sensible, de las pérdidas que contaba entonces la España en el Nuevo Mundo bastará para comprobar nuestro aserto29.

 Al mismo tiempo, el madrileño liberal Mariano Torrente escribió una Historia de la revolución hispano-americana para reivindicar su nacionalidad hispana, cuestionada por el absolutismo español, con los datos proporcionados por sus amigos americanos y por algunos oficiales rea.............

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27 miller, 1910, pp. 179-180. 
28 lópez, 1971, p. 567. 
29 garcía, 1916, p. 18.
Revista del Archivo General de la Nación 2017, N° 32, 271-283

............ listas, como el citado Sepúlveda. Torrente intenta explicar las causas de la derrota del ejército español. Luego de revisar el parte oficial de Sucre, las memorias de Miller y los testimonios de los vencidos, considera que la debacle realista ocurrió por el precipitado ataque del batallón de Rubén de Celis y de la caballería, por el imprudente movimiento de la reserva y por la tardía aproximación de la artillería. No obstante, cree que el factor más importante fue la “mala calidad de las tropas”, formadas con reclutas movilizados contra su voluntad y sin ánimo de defender el pendón realista, a tal punto que en un momento del encuentro dejaron de pelear y empuñaron sus armas contra sus superiores. Relata que estos últimos procuraban dirigir sus tropas contra los enemigos: 

Los esfuerzos de estos [oficiales realistas] sin embargo fueron generalmente insignificantes. El capitán Salas fue muerto por los mismos soldados que había tratado de reunir; el brigadier Somocurcio y otros estuvieron expuestos a sufrir igual suerte. No deberá parecer extraña esta conducta de parte de aquellas tropas: formadas de los prisioneros de las anteriores batallas o de indios y cholos arrancados de sus hogares, trataban los primeros de volver a sus filas y los segundos de regresar al seno de sus familias. Sólo el prestigio de la victoria y el mágico ascendente del nombre español pudieron conservarlos en la obediencia de los realistas en medio de su mayor predisposición a secundar la causa de la independencia. Si se hubiese ganado la batalla de Ayacucho habrían sido los más ardientes sostenedores del partido español; se perdió y todos ellos abandonaron a sus respetables jefes30. 

Estos escritos fueron profusamente difundidos en el siglo xix, tanto en la península ibérica como en el territorio sudamericano. En el Perú, sustentaron un marco social para la elaboración de memorias sobre la batalla, que contribuyese con la fragua de una idea de nación, poniendo en relieve la lucha del pueblo oprimido contra la metrópoli. A la vez, sirvieron para que el nuevo Estado republicano encumbre a los militares como héroes de la Independencia y de la patria31. Asimismo, dichos escritos fueron la materia prima de los primeros textos de historia que trazan una visión procesual del pasado mediato de las guerras de la Independencia, como la Historia del Perú Independiente de Mariano Felipe Paz Soldán. A partir del parte de batalla de Sucre, este jurista y funcionario público peruano hizo el siguiente balance sobre la batalla de Ayacucho en su obra editada a partir de 1868: 

Así quedó sellada para siempre la libertad de Sud América y abatido el orgullo español, que se había hecho sentir por muchos años. La victoria se debió a la bravura de los combatientes, al saber de los jefes y a la excelente posición escogida para el combate, calculada de tal modo que el frente de batalla podía ser igualado al del enemigo, a pesar de la diferencia numérica de los combatientes […] es indudable que en Ayacucho brilló el saber y tino de todos los jefes y oficiales del ejército patriota. En esta batalla ambos ejércitos desplegaron sus columnas y maniobraron con tanta serenidad como si fuera un simulacro o campo de instrucción32. 

Las anotaciones de Paz Soldán fueron recogidas por los autores de la siguiente centuria (como Nemesio Vargas y su hijo Rubén Vargas Ugarte) y consolidaron la transformación de la batalla en un hecho histórico a conmemorar. Asimismo, al celebrarse el primer centenario de la batalla,.................... 

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30  cdip, t. xxvi, vol. 3, pp. 304-305. 
31  Cfr. cassalino, 2008, p. 138; Sobrevilla, 2010, p. 2. 
32  paz, 1919, pp. 93-94,
Revista del Archivo General de la Nación 2017, N° 32, 271-283

.................. escritores ayacuchanos como Fidel Olivas Escudero o Pío Max Medina reivindicaron la batalla y la transformaron en un hito histórico local y fuente de identidad y nacionalismo33.

 Conclusiones 

La batalla de Ayacucho fue un acontecimiento de capital importancia, puesto que coronó los esfuerzos de los patriotas y consolidó la Independencia hispanoamericana. El triunfo de las armas libertarias fue posible por la detención oportuna del ataque de Valdés por parte de la división de La Mar; el imprudente adelanto del batallón de Rubín de Celis, que fue tácticamente aprovechado por los patriotas para embestir y desbandar a los soldados españoles; y la renuencia de estos para combatir. 

Pero la victoria de Ayacucho también fue factible por la estrategia diseñada por Bolívar para la marcha entre Junín y Abancay y por el plan de respuesta de Sucre para el encuentro final. Ambas estrategias fueron tomadas de las máximas de Napoleón Bonaparte sobre el arte de la guerra y fueron exitosas antes y durante la batalla, pues hicieron que los patriotas sortearan con relativo aplomo las dificultades de la campaña final y lograran la victoria el 9 de diciembre de 1824, pese a las desventajas numéricas y tácticas que tenía en relación con las tropas enemigas. Por todo ello, la batalla de Ayacucho se asemeja a un encuentro de la campaña militar del corso francés y pertenece al ciclo de las guerras nacionales, cuando los nacientes estados luchaban por defender los territorios de una comunidad nacional imaginada. 

A poco tiempo del acontecimiento, el parte de Sucre, las noticias sobre la victoria patriota y los festejos oficiales y populares le proporcionaron a la batalla el carácter de hecho histórico y trascendental. Inmediatamente después, los militares testigos del encuentro y los historiadores decimonónicos crearon con sus memorias y escritos un marco social para la conmemoración permanente del hecho. Dicho marco sirvió, además, para fraguar una idea de nación, decantando la lucha de patriotas oprimidos versus españoles opresores, y para encumbrar a los militares como los artífices y héroes de la Independencia. 

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33  Fidel Olivas Escudero, aunque de origen ancashino, fue el Obispo de Ayacucho entre 1900 y 1935 y presidente del comité local de celebración del primer centenario de la batalla de Ayacucho. En 1924 publicó un texto titulado Apuntes para la historia de Huamanga o Ayacucho. Pío Max Medina, abogado, senador por el departamento y Ministro de Fomento en el Oncenio de Augusto B. Leguía, publicó el mismo año su Monografía de Ayacucho. Ambas obras narran la batalla de Ayacucho. Olivas y Medina fueron integrantes de una intelligentsia local que se dedicó a producir conocimiento científico sobre la arqueología, historia y folclor de la región, elaborando una imagen contrastada de la historia local mediata e inmediata. Para ella, la Colonia constituía la etapa histórica paradigmática en Ayacucho, en contraposición con la República, que había ocasionado la involución de sus actividades productivas. Asimismo, esta intelligentsia evocó el pasado colonial para formular un mensaje reivindicativo de la historia lejana, y silencio el pasado inmediato republicano, a excepción de aquellos acontecimientos que eran provisores de identidad o nacionalismo, como la batalla de Ayacucho. Cfr. Caro, 2007, pp. 835-842.
Revista del Archivo General de la Nación 2017, N° 32, 271-283

Referencias 

Fuentes Primarias 
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Gaceta del Gobierno, 1825, t. viii, 1. 

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Revista del Archivo General de la Nación 2017, N° 32, 271-283

Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

3 comentarios:

Maximo R Jimenez Abad dijo...

Igualito quedo la misma religion a enganar y mentir pal diezmo ganando sueldos de ministros y los capellanes bendicen las armas para matar y el mandamiento de adorno

Peruano defraudado dijo...

La Batalla de Ayacucho, es un símbolo del fin de la dominación y usurpación española en el Perú; lo ideal hubiese sido que peruanos sin injerencia extranjera hubiesen proclamado la independencia; pero, no teníamos un ejército formado y la clase pensante ni siquiera estaban seguros de la independencia por que no la sentían como tal.. Simón Bolivar en el Perú, significó destrozar los territorios que fueron nuestros Guayaquil en el norte y el Alto Perú, que lo creo con su nombre de Bolivia..... nuestra independencia nació mal.. de la que no podemos superar 200 años, seguimos siendo un país pobre, dividido y sin horizonte para donde vamos.....

Charo Sanchez dijo...

Oh Perú ................