Blog dedicado a cuentos, notas de interés, actividades políticas , sociales, historia, artes culinarias, fiestas patronales, astronomía, ciencia ficción, temas del Medio Ambiente ,y del acontecer Peruano y Mundial desde otro punto de vista muy personal y diferente!!!!!
********** Blog Fundado el 03 de Enero del 2008 **********
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., este Blog, nació como uno de sus objetivos enfocar todos los esfuerzos para salvar el medio ambiente, mediante la publicación de los emprendedores tales como el biólogo Rinzin Phunjok Lama, quien en Nepal, promueve iniciativas locales para conservar la biodiversidad, este científico caminó por áreas extensas que no son protegidas, donde aún subsisten especies en vías de extinción como: el Leopardo de las nieves, el Lobo del Himalaya o el Oso tibetano. Rinzin Phunjok Lama pertenece a una nueva generación de conservacionistas nepalíes que reemplazaron a sus 23 predecesores fallecidos en un fatídico accidente de aviación. El biólogo explora a diario este vasto y agreste territorio situado a 5.000 metros de altitud y apunta las especies que ve y cualquier incidencia relevante. También controla que las cámaras trampa estén en buen estado y que la nieve no obture el objetivo....... siga leyendo
El conservacionista nepalí Rinzin Phunjok Lama camina por las remotas tierras de su Humla natal, con las cimas del Annapurna I y II como telón de fondo. Esta vasta área de 6.000 kilómetros cuadrados es el territorio no protegido más grande de Nepal. Aquí viven algunas de las especies más amenazadas del mundo, como el leopardo de las nieves, el lobo del Himalaya o el oso tibetano.
Sucedió en el distrito nepalí de Taplejung el 23 de septiembre de 2006. Era sábado, llovía, y un helicóptero cruzaba el cielo con 24 personas a bordo, entre ellas destacados expertos conservacionistas nepalíes y representantes gubernamentales. El grupo regresaba de una ceremonia en la que el Gobierno de Nepal había cedido a una coalición de comunidades locales la gestión del Área de Conservación Kangchenjunga, una zona protegida del Himalaya situada en el este del país, cerca de la frontera con la India. Fue un evento que llenó de optimismo y esperanza a los habitantes del lugar. Para ellos representaba una oportunidad de futuro: manejar de forma sostenible su territorio natural les permitiría mejorar sus economías de subsistencia. Sin embargo, la alegría quedó truncada a las pocas horas, cuando corrió la noticia de que el helicóptero se había estrellado sin dejar supervivientes.
FOTO: @ROLEX/MARK LATZEL
Rinzin Phunjok Lama pertenece a una nueva generación de conservacionistas nepalíes que reemplazaron a sus 23 predecesores fallecidos en un fatídico accidente de aviación. El biólogo explora a diario este vasto y agreste territorio situado a 5.000 metros de altitud y apunta las especies que ve y cualquier incidencia relevante. También controla que las cámaras trampa estén en buen estado y que la nieve no obture el objetivo.
La catástrofe hizo que de un plumazo desaparecieran de la escena gran parte de los líderes de la conservación de Nepal. ¿Cómo iba a reponerse el país de tamaña pérdida de experiencia y capacidad de trabajo? Pronto se hizo patente que Nepal necesitaba con urgencia que una nueva generación tomara el relevo y siguiera con la labor de quienes habían perdido la vida de forma tan trágica. Se requerían nuevos talentos al servicio de la conservación de estos hábitats montañosos donde se yerguen algunas de las cimas más altas de la Tierra.
Aunque entonces aún era demasiado joven para saberlo, un muchacho de 14 años llamado Rinzin Phunjok Lama fue una de las personas que pronto tomaría el testigo. Miembro de la comunidad budista tibetana de Nyinba, una pequeña aldea del distrito de Humla, situado en la provincia de Karnali, en el noroeste de Nepal, Rinzin se convertiría en uno de los líderes de la nueva hornada de conservacionistas de su país y en un biólogo de renombre internacional cuya trayectoria le granjearía en 2021 el Premio Rolex a la Iniciativa,unos galardones que la prestigiosa firma relojera otorga desde hace más de cuatro décadas para apoyar la labor de personas excepcionales con proyectos que pueden cambiar el mundo y mejorar la vida en el planeta. Hombres y mujeres que, como Rinzin, demuestran tener el coraje y la convicción necesarios para asumir grandes desafíos.
Nepal necesitaba con urgencia que una nueva generación tomara el relevo en el mundo de la conservación.
En el caso de este joven nepalí, dedicar su vida a preservar el ecosistema transhimalayo, donde habitan especies tan emblemáticas como el esquivo leopardo de las nieves (Panthera uncia), por el que siente especial fascinación, pero también el lobo del Himalaya (Canis himalayensis), el oso tibetano (Ursus thibetanus), el yak salvaje (Bos mutus), el argalí (Ovis ammon), el kiang (Equus kiang), el ciervo almizclero (Moschus leucogaster) y otras especies de la fauna salvaje nepalí de gran altitud.
FOTO: THOMAS SBAMPATO/IMAGEBROKER/AGE FOTOSTOCK
Los leopardos de las nieves están adaptados a sobrevivir en ecosistemas alpinos extremos y son sumamente esquivos. La mejor temporada para avistarlos es el invierno, aunque son muy difíciles de ver.
EDITOR Y PERIODISTA ESPECIALIZADO EN CIENCIA Y NATURALEZA
Desde el otro lado de un barranco, el fotógrafo Anand Nambiar observó cómo este leopardo de las nieves maniobraba cuesta arriba cargando sobre una manada de cabras montesas del Himalaya . Se adaptaba perfectamente al medio ambiente, a diferencia de Anand, que siguió un régimen de acondicionamiento físico en preparación para la gran altitud y las bajas temperaturas.
Los leopardos de las nieves viven en algunos de los hábitats más extremos del mundo y están clasificados como especies vulnerables a la extinción. Las amenazas que enfrentan incluyen el cambio climático, la minería y la caza tanto de los leopardos de las nieves como de sus presas.
El detonante que hizo que Rinzin emprendiera su camino como conservacionista se produjo cuando tenía 17 años. Nunca lo olvidará, pues fue la primera vez que vio un leopardo de las nieves. «Bueno, en realidad fueron dos», apunta. Acababa de regresar de Katmandú, donde había terminado los estudios de secundaria porque, tras estallar la guerra civil, en 1996, sus padres consideraron que allí estaría más seguro que en su Humla natal.
«Estaba caminando por la montaña cuando de repente vi una pareja de leopardos de las nieves. Entonces apenas sabía nada de ellos. Para mí eran simplemente dos gatos enormes y me asusté tanto que hasta cogí una piedra por si tenía que defenderme. No se la tiré, ¡lo prometo! –cuenta, riendo–. Solo chillé para ahuyentarlos. Pero aquel encuentro me marcó. Fue tan inspirador que, gracias a eso, hoy soy un biólogo dedicado a la preservación de este magnífico felino, una misión a la que quiero dedicar toda mi vida».
Sin duda es un objetivo loable, porque la población de este «gato grande» ha caído un 20 % en los últimos 20 años. Las causas de su declive son la caza ilegal y la pérdida de hábitat. La primera, a manos de los furtivos que comercian con su piel y sus huesos, muy demandados en la medicina tradicional asiática, o a manos de los ganaderos, que los abaten para que no ataquen a su ganado. La segunda, a consecuencia del cambio climático, la deforestación, los incendios forestales, la ganadería y la construcción de nuevas infraestructuras. En libertad hoy subsisten alrededor de 4.000 ejemplares, repartidos por las altas montañas de 12 países de Asia, sobre todo en Nepal, Bután, China, India, Pakistán, Afganistán, Rusia y Mongolia.
En este lugar remoto y de naturaleza extrema, el objetivo de Rinzin Phunjok Lama es que la preservación de la fauna redunde en un mejor futuro para toda la comunidad.
Después de aquel encuentro impactante, Rinzin Phunjok Lama decidió formarse como conservacionista y se graduó en el Instituto Forestal de Pokhara, situado a 200 kilómetros al oeste de Katmandú. Luego, becado por World Conservation Network (WCN), organización dedicada a la preservación de la vida salvaje, se fue a estudiar a Alemania. «Y regresé a Nepal convertido en el primer graduado en Ciencias Ambientales de Humla», afirma, con una sonrisa de satisfacción. Por el camino conoció a un hombre al que admiraba muchísimo: el biólogo Rodney Jackson, natural de Zimbabwe y uno de los mayores expertos en el leopardo de las nieves, quien llegaría a ser su mentor. Jackson había ganado un Premio Rolex en 1981 que le permitió iniciar el mayor estudio jamás realizado sobre esta especie misteriosa y míticaNational Geographicun exhaustivo seguimiento de la especie durante dos década
, una de las más esquivas y amenazadas del mundo. Colocó radiocollares a algunos ejemplares –la hazaña fue objeto de la portada de
en junio de 1986–, lo que le permitió hacer
s. «La esperanza para el leopardo de las nieves reside en gente joven como Rinzin Phunjok Lama», declaró Jackson en 2018 durante la celebración del encuentro anual de WCN.
Rinzin Phunjok Lama charla en el interior de una tienda con un grupo de pastores locales, a los que anima a involucrarse en la preservación de la fauna de este rico ecosistema.
De nuevo en su querida Humla, según él «uno de los parajes más remotos, ricos y bellos en lo que respecta a biodiversidad, un lugar inspirado en la filosofía budista que promueve la compasión, la coexistencia y una relación equilibrada entre humanos y naturaleza», Rinzin logró una proeza: aprendió a fotografiar al enigmático felino con cámaras trampa, una difícil tarea que consiguió por primera vez un 28 de julio. «¡Justo el día de mi cumpleaños!», recuerda. Poco a poco su proyecto para proteger al leopardo, y en general a todas las especies del ecosistema transhimalayo, fue tomando forma. El primer paso fue ganarse la confianza de las comunidades locales, en especial la de los pastores. Para ellos, el leopardo de las nieves representa al asesino que causa estragos en los rebaños de yaks, su principal fuente de sustento. Acostumbrados a pacer en el mismo lugar que otra de las presas favoritas del leopardo, la cabra azul del Himalaya (Pseudois nayaur), los rumiantes se juntan siempre en las mismas zonas, algo que sabe muy bien «el fantasma de las montañas» cuando sale de caza en las horas crepusculares. ¿Cómo podía resolver ese conflicto?, se preguntó Rinzin, convencido de que tenía que encontrar un planteamiento integrador que protegiera a la vez al ganado y al depredador. Se le ocurrieron dos sistemas: por una parte, colocar una luz de carga solar que emite haces de colores en los lugares donde descansan los yaks. El leopardo asocia esos dispositivos luminosos a la presencia humana y no osa acercarse. Eso, además de disuadir a los felinos, lleva parejo otro beneficio: los pastores duermen mucho más relajados. Y por otra parte, construir corrales de piedra a prueba de depredadores.
"Debemos asegurarnos de que nuestra labor beneficie a las comunidades locales. Deben sentirse empoderadas para participar. Yo comparto su cultura y su religión"
Pero el fundamento de su misión es contar con la confianza y la implicación de los pastores. «Hablo mucho con ellos, ya que son los primeros que pueden beneficiarse de la preservación del leopardo de las nieves. Sin duda, la especie tiene un gran potencial para atraer turismo de naturaleza y, en consecuencia, para generar riqueza en el territorio», explica. Por eso anima a las gentes de Humla a establecer pequeños negocios que ofrezcan desde productos ecológicos locales o piezas de indumentaria tradicional hasta actividades de senderismo y ecoturismo. «Debemos asegurarnos de que nuestra labor beneficie a las comunidades locales. Deben sentirse empoderadas para participar. Yo comparto su cultura y su religión. Eso ayuda mucho», afirma.
Otra línea de trabajo que desarrolla permanentemente es la educación ambiental. Rinzin acude con frecuencia a las escuelas para explicar a los niños y niñas los secretos del elusivo leopardo. «Mi objetivo es despertar su interés por la conservación de la vida salvaje y motivarlos a convertirse en los conservacionistas del futuro en sus comunidades», dice el científico. Pero no quiere que sus acciones se constriñan al ámbito natural del leopardo de las nieves: el mensaje debe llegar a cuanta más gente mejor. Por eso ha lanzado un programa de radio en Nepal que difunde temas de conservación que los pastores de Humla escuchan a través de pequeñas radios portátiles.
"Queremos identificar las áreas prioritarias tanto para proteger las especies que hay como para recuperar las que se hallan en declive"
«Aparte de todas estas iniciativas dirigidas a la población, hemos de seguir adelante con la investigación e implementar las medidas más efectivas para salvaguardar a las especies de este ecosistema». Para ello, junto con su equipo, formado por jóvenes conservacionistas locales, exploran y documentan toda la biodiversidad de la zona. «Queremos identificar las áreas prioritarias tanto para proteger las especies que hay como para recuperar las que se hallan en declive», afirma Rinzin. Sabe que tiene trabajo para rato y eso le hace feliz. «En la vida se necesita pasión y un sentimiento de aventura. Eso es precisamente lo que mi trabajo me ofrece cada día».
El biólogo y conservacionista nepalí Rinzin Phunjok Lama fue Laureado con los Premios Rolex a la Iniciativa en la edición de 2021. Este artículo ha contado con el apoyo de Rolex, que colabora con National Geographic para arrojar luz, mediante la ciencia, la exploración y la divulgación, sobre los retos que afrontan los sistemas más cruciales que sustentan la vida en la Tierra. Más información en www.rolex.org/es/rolex-awards.
Este artículo pertenece al número de Enero de 2023 de la revista National Geographic.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos informa en un amplio reportaje que incluye más de 22 imágenes, de la primera vez que se escaló el Monte Everest, en la Cordillera del Himalaya; hecho histórico que fue efectuado por el sherpa nepalí Sardar Tenzing
Norgay, y el neozelandés Edmund Percival Hillary, el 29 de mayo de 1953, subieron a la cima de 8,848 metros de altitud, siendo la montaña más alta de La Tierra.
National Geographic.- narra : "Corría en año 1852 cuando entre los estudiosos de la geología se llegó a la conclusión de que el pico XV de la cordillera del Himalaya
podría ser la montaña más alta de nuestro planeta. Desde entonces, la
ansiada cima, bautizada en honor a Sir George Everest, coronel,
topógrafo y geógrafo galés al servicio de la corona británica y miembro
de Royal Society, suscitó los deseos de los mas aventureros de grabar su
nombre en la historia del alpinismo....."
Este 15 de mayo de 2019, en plena
efervescencia de la temporada primaveral en los ochomiles, Kami Rita
volvía a poner el pie sobre la mágica altitud de 8.848 metros, logrando
su vigésimo tercera cima del Everest.
Hasta un gigante como el Everest
cambia. El fuerte terremoto que azotó a la zona en abril de 2015 causó
cambios en la Tierra y, en menor medida, en la cumbre del Everest.
Puedes leer aquí cuánto ha menguado la montaña.
Foto: Gtres
Proyecto Summits of My Life
Este ascenso forma parte del proyecto Summits of My Life,
que el deportista catalán inició en 2012 y que le ha llevado a viajar
por todo el mundo intentando establecer récords de ascenso a las
montañas más importantes del mundo.
Foto: Summits of my life
Kilian Jornet, una mirada puesta en las cimas
El deportista de la Cerdanya ha
pasado a la historia tras completar la ascensión más rápida al Everest
sin cuerdas ni oxígeno y de una sola tirada.
Foto: Summits of my life
Edmund P. Hillary y Tenzing Norgay
Foto: AP
Parque Nacional Sagarmatha, Nepal
Abarcando el punto más alto de la Tierra, la cima del Monte Everest a
8. 848 metros de altura, el Parque Nacional de Sagarmatha está
catalogado como Patrimonio Mundial por la excepcional belleza natural de
sus paisajes de montaña, profundos valles y glaciares. Sagarmatha es el
hogar de la vibrante cultura sherpa que combina las prácticas agrícolas tradicionales con un profundo respeto por la naturaleza. Los diversos ecosistemas del parque ofrecen refugio a especies en peligro de extinción como la pantera de las nieves (Panthera uncia) o el panda rojo (Ailurus fulgens).
Foto: AP Photo
Los primero en alcanzar la cima del Everest
El sherpa nepalí Sardar Tenzing
Norgay, a la derecha, y el neozelandés Edmund P. Hillary, a la izquierda,
fueron los primeros seres humanos en pisar la cima del Everest, el
monte más alto del planeta. El turismo de montaña es una importante
fuente de ingresos en Nepal y cientos de personas trabajan como sherpas o
porteadores de los miles de turistas que acuden al país cada año.
Foto: Gtres
Vuelos para ver el Everest de cerca
Desde Kathmandú, la capital de Nepal
se pueden realizar vuelos de poco más de una hora que permiten
visualizar la mayoría de los picos de más de 8.000 metros del mundo. Una
de las grandes preocupaciones a medio plazo del pueblo nepalí tras el
terremoto era precisamente que disminuyese la cantidad de turistas, uno
de los motores de la economía en Nepal.
Atardecer en el Everest
Los últimos rayos del sol del atardecer alumbran débilmente la cima del pico más alto del mundo, el monte Everest, con 8.848 metros de altura sobre el nivel del mar. Una imagen de postal que atrae a miles de alpinistas cada año.
El Everest desde Tíbet
Así de espectacular se observa el
monte más alto del mundo, el Everest, desde la vertiente tibetana, en
China. La fotografía está tomada 48 horas antes del terremoto que afectó
principalmente a Nepal.
Foto: Sergio Calvo
¿Una mera cuestión de medida?
Como explican los propios
científicos, “no queremos saber simplemente si el Everest ha crecido o
menguado, sino comprender qué ha ocurrido con el planeta entero y
esclarecer la dimensión científica del seísmo”.
Foto: Gtres
El Escalón de Hillary
El tráfico de alpinistas congestiona
el Escalón de Hillary el 19 de mayo de 2012. Algunos escaladores
estuvieron hasta dos horas en esta pared rocosa de 12 metros al pie de
la cima, perdiendo calor corporal. Así y todo, ese día hicieron cumbre
234 personas. Cuatro murieron.
Foto: Subin Thakuri, Utmost Adventure Trekking
Lhotse
Una multitud de escaladores asciende
por la cara del Lhotse en dirección al Campo IV, última parada antes de
la cima. La laxitud de la normativa y el auge de las expediciones
comerciales en los últimos 20 años han hecho del Everest un destino
mucho más accesible, tanto para expertos como para principiantes.
Foto: Andy Bardon
La cascada de hielo del Khumbu
Hilaree O’Neill salva una grieta de
la cascada de hielo del Khumbu a través de un puente que se ha tendido
uniendo escalas de aluminio. La cascada de hielo, considerada uno de los
escollos más traicioneros del Everest, es un laberinto cambiante de
bloques sueltos e irregulares.
Foto: Andy Bardon
Shriya Shah-Klorfine
Unos alpinistas dejan atrás el
cadáver de la canadiense de origen nepalí Shriya Shah-Klorfine,
fallecida el 19 de mayo a los 33 años al sufrir un colapso mientras
descendía tras hacer cumbre.
Foto: Kristoffer Erickson
Cimas contaminadas
Las basuras se amontonan en el Campo
IV, dejadas durante años por los cerca de 4.000 alpinistas que han
pasado por allí en los últimos 60 años. Aunque los esfuerzos por
controlar la contaminación y retirar los desechos han dado sus frutos en
el Campo Base, en las cotas más altas siguen acumulándose tiendas
abandonadas, restos de comida, botellas de oxígeno vacías y otros
desperdicios. El Campo IV se encuentra a 7.906 metros de altura.
Foto: Mark Jenkins
Riesgos innecesarios
La escarcha cubre a los alpinistas
que ascienden por el Escalón de Hillary a las 5.30 de la madrugada del
20 de mayo de 2012, un día después de que cuatro personas perdieran la
vida en las inmediaciones. A pesar del viento, la nieve y el frío, el
grupo hizo cima y descendió sano y salvo.
Foto: Garrett Madison
Ofrenda a la montaña
Antes del alba en el Campo Base,
Danuru Sherpa quema unas ramitas de enebro a modo de ofrenda.
Profesional experimentado, coronó el Everest por primera vez con 18
años. En la actualidad tiene 33 y ha hecho cumbre 12 veces. ¿Por qué
sigue subiendo? Danuru, que tiene dos hijas en la escuela en Katmandu,
le dijo al autor del reportaje Mark Jenkins: «Porque necesito el
dinero».
Foto: Andy Bardon
Everest para turistas
Un grupo de sherpas desciende por el
Collado Sur después de dejar provisiones en el Campo IV. Las
expediciones comerciales dependen sobre todo de los sherpas, no solo
para transportar materiales, sino para instalar las cuerdas fijas que
utiliza la mayoría de los alpinistas para ascender, independientemente
de su experiencia. Según un guía veterano, «es como si hubiera una
cuerda desde el Campo Base hasta la cima».
Foto: Kristoffer Erickson
Palomitas de maiz
Los alpinistas descienden por la
cascada de hielo del Khumbu tras pasar un período de aclimatación en la
montaña a mayor altitud. Esta parte de la cascada se conoce como Popcorn
Section -Palomitas de Maíz- en alusión al aspecto del lugar: un
revoltijo de bloques de hielo irregulares.
Foto: Andy Bardon
Escalada de lujo
Cientos de escaladores convergen en
el Campo Base de la cara nepalí del Everest. Esta miniciudad colorida y
abarrotada ofrece improvisadas duchas calientes, acceso a Internet y pan
recién horneado.
Foto: Anjin Herndon
El hombre contra el hombre
Las linternas frontales dibujan el
camino a la cima horas antes del amanecer. Mientras no se implante una
normativa de seguridad más estricta, los alpinistas seguirán expuestos a
otros peligros además de la altitud y los elementos. «Tu mayor peligro
en el Everest son las demás personas que intentan escalarlo», dice un
guía.
32 años después de que partiera la primera
expedición con la intención de coronar el monte Everest, el hombre
alcanzaba el punto de mayor altitud en la Tierra
Edmund P. Hillary y Tenzing Norgay
Foto: AP
El 29 de mayo de 1953, Edmund Hillary y Tenzing Norgay se convirtieron en los primeros alpinistas en hacer cumbre en el monte Everest, con 8.848 metros de altitud la montaña más alta de la Tierra.
Corría en año 1852 cuando entre los estudiosos de la geología se llegó a la conclusión de que el pico XV de la cordillera del Himalaya podría ser la montaña más alta de nuestro planeta. Desde entonces, la ansiada cima, bautizada en honor a Sir George Everest, coronel, topógrafo y geógrafo galés al servicio de la corona británica y miembro de Royal Society, suscitó los deseos de los mas aventureros de grabar su nombre en la historia del alpinismo.
De este modo se pondría en marcha en el año 1921, la primera expedición británica en intentar conquistar la indómita cumbre.
Que tal empresa hubiera llegado a buen puerto en un primer intento,
desconocida la orografía y la arrollante personalidad de tamaña
formación geológica, ciertamente habría sido un golpe de suerte que no
se dio.
Todavía serían necesarias dos tempranas expediciones más en los años
1922 y 1924, con la desaparición de los montañeros británicos Andrew Irvine y George Mallory en la segunda, para que el hombre acopiara la humildad necesaria para darse cuenta de la gesta que se tenía entre manos.
Irvine y Mallory desaparecieron en junio de ese año en algún lugar de
la arista norte de la montaña mientras intentaban realizar aquella
primera ascensión. La pareja fue vista por última vez a unos
cientos de metros de la cima y aún a día de hoy persisten las dudas de
si se quedaron a medio camino o perecieron a la vuelta de encumbrar
aquel vértice supremo.
En ello quedo su fortuna. Lo cierto es que hubo, tras otros cuantos varios intentos, que esperar aún 32 años hasta que Edmund Percival Hillary, un montañero, piloto y explorador neozelandés, y el sherpa nepalí Tenzing Norgay llegarán a la cima a las 11:30 del 29 de mayo de 1953, y regresaran con vida para contar la hazaña.
El hombre había llegado, al fin, a la cima del mundo.
Edmund Hillary, el conquistador del techo del mundo
Famoso por alcanzar la cima del mundo en 1953, el alpinista
neozelandés Edmund Hillary pasó de ser un modesto apicultor a un
legendario escalador que sólo admitió haber sido el primero en pisar la
cumbre del pico más alto del mundo tras la muerte de su compañero, el
sherpa Tenzing Norgay.
Foto: AP
Convertido en leyenda tras coronar la cima del mundo, Edmund Hillary, "el
legendario montañista, aventurero, y filántropo es el más conocido
neozelandés de la historia. Pero por sobre todas las cosas era la
esencia de un kiwi". Éstas fueron las palabras pronunciadas por la primera ministra neozelandesa, Helen Clark, al conocerse que Sir Ed, como era conocido el alpinista por sus amigos, moría de una ataque al corazón el 11 de enero de 2008.
Un deseo convertido en realidad
Confirmada una
expedición francesa para 1954 y otra suiza para 1955, el Alpine Club de
Londres y la Royal Geographical Society quisieron adelantarse e
invitaron a John Hunt, un coronel del Ejército británico, a comandar una
expedición que les llevara a la cima del mundo: el monte Everest,
el pico más alto de la cordillera del Himalaya. La expedición, que
partiría en febrero de 1953, estaba formada por unas 400 personas, entre
expedicionarios, porteadores y sherpas. Entre los miembros se encontraba el neozenlandés Edmund Hillary. Junto a Hillary, participaba asimismo en la expedición el experimentado sherpa
nepalí Tenzing Norgay, quien a la postre sería, junto al escalador
neozelandés, el otro afortunado miembro de la expedición en coronar la
cima. Hillary seguramente nunca pensó que pudiera participar en una
empresa de ese calibre cuando de joven tenía que caminar dos horas para
llegar a la escuela, mientras devoraba un libro tras otro. El joven
sintió por primera vez el hechizo de la escalada el día en que participó
en una excursión al volcán Ruapehu, uno de los más activos de Nueva
Zelanda.
El joven Hillary sintió por primera vez el
hechizo de la escalada el día en que participó en una excursión al
volcán Ruapehu, uno de los más activos de Nueva Zelanda.
Entre
el 10 y el 11 de marzo de 1953, la expedición partió rumbo a la base
sur del Everest donde sus miembros pasaron 15 días aclimatándose a la
altura. El Chomo Lungma, el nombre que recibía el monte Everest
–que es el mismo de la diosa madre de las nieves para los nepalíes–,
tomaría su nombre más universal del geómetra y coronel inglés John
Everest, quien no consiguió aproximarse a la montaña a causa la
prohibición que existía en esos momentos para los extranjeros de entrar
en el país. A través de triangulaciones efectuadas desde la
India, John Everest pudo, sin embargo, establecer con bastante exactitud
la altitud del gigante rocoso.
Tras el período de aclimatación, el
grupo estableció el campamento base en el glaciar de Khumbu, a 5.364
metros de altitud, desde donde procedió a la instalación de los
sucesivos campamentos de altura hasta el noveno, situado a 8.504 metros.
Fue un trabajo laborioso y muy duro: los porteadores transportaban una carga de 25 kilos mientras los escaladores y los sherpas cargaban víveres, equipos de oxígeno y material de escalada. El 21 de mayo, Hillary y Tenzing, seguidos de Charles Wyle y catorce sherpas, alcanzaron el paso sur, previo a la cima. Para
el ascenso final, se dividió a los miembros de la expedición en parejas
que se irían instalando en sucesivos campos base a lo largo de todo el
ascenso. La pareja elegida por el coronel Hunt para alcanzar la cima fue la compuesta por Tom Bourdillon y Charles Evans. El 26 de mayo llegaron al penúltimo campo base, a cien metros de la cima. Pero ambos hombres se hallaban exhaustos y no tenían suficiente oxígeno, por lo que tuvieron que regresar. La siguiente pareja en iniciar el ascenso final fue la formada por Edmund Hillary y Tenzing Norgay. Acompañados de Alfred Gregory, George Lowe y un sherpa
hasta el campo base nueve, Hillary y Tenzing establecieron el último
campamento en el mismo lugar escogido por una expedición suiza que
intentó el ascenso en el año 1952. Por fin, el 29 de mayo, Hillary y Tenzing,
tras haber retrasado la partida para descongelar las botas del
escalador neozelandés –Tenzing había sido más precavido y había dormido
con ellas puestas–, partieron para alcanzar la cima del mundo.
Por
fin, el 29 de mayo, Hillary y Tenzing, tras haber retrasado la partida
para descongelar las botas del escalador neozelandés –Tenzing había sido
más precavido y había dormido con ellas puestas–, partieron para
alcanzar la cima del mundo.
La conquista del "bastardo" nevado
En
un laborioso ascenso, y ayudados por los equipos de oxígeno, los
escaladores se fueron turnando para abrir camino y tallar escalones en
el hielo de la montaña para poder acceder a la cima. Tras
superar un muro de rocas en un estrecho paso de unos 50 metros antes de
la cima sur, hoy conocido como escalón Hillary, tuvieron que sortear una
pronunciada pendiente cubierta de nieve que les conduciría hasta la
cúspide del monte Everest. Por fin, a las 11,30 de la mañana, Edmund Hillary y Tenzing Norgay lograban llegar a la meta y pasar a la historia por ser los primeros hombres en conquistar la cima del mundo. Durante
los quince minutos que pasaron arriba, Hillary y Tenzing hicieron
fotos, comieron pasteles y colocaron cuatro pequeñas banderas
de la ONU, Reino Unido, Nepal e India. Tenzing, que era un devoto
budista, enterró unos pocos víveres como ofrenda a los dioses que
habitan en lo alto de la helada cumbre.
Tras superar un muro de rocas en un estrecho paso de unos 50 metros
antes de la cima sur y sortear una pronunciada pendiente cubierta de
nieve que les conduciría hasta la cúspide del monte Everest, a las 11,30
de la mañana, Edmund Hillary y Tenzing Norgay lograban llegar a la
meta.
"¿Has visto, George? Hemos derrotado a este
bastardo". Con aquella frase, Hillary resumió el cansancio, las dudas,
el miedo y la satisfacción de haber subido al punto más alto de la
Tierra. No se la dijo a su fiel compañero en aquella escalada, el sherpa
Tenzing, sino que la pronunció en recuerdo de George Mallory, el
alpinista inglés que desapareció en junio de 1924, junto con su
compañero Andrew Irvine, mientras intentaba alcanzar la cumbre. En
declaraciones realizadas muchos años más tarde, el alpinista
neozelandés afirmaría: "Sentí una emoción fuera de lo común. Algo
parecido a lo que debió experimentar Neil Armstrong cuando puso el pie
en la Luna".
¿Quien fue el primero?
Tras el descenso, la discusión sobre quién había sido el primero en llegar a la cumbre fue inevitable. Los
medios nepalíes afirmaron que fue Tenzing. Para zanjar la controversia,
el 22 de junio, Hillary y Tenzing, tras una reunión con Hunt, emitieron
un comunicado conjunto en el que defendían aquella conquista como una
proeza colectiva. El lenguaje expresamente ambiguo que emplearon no
aclaró la cuestión, pero tanto Hillary como Tenzing defendieron hasta
sus muertes que eso era un detalle menor. De lo que no parecía caber duda es de que fueron ellos los primeros en coronar la cima más alta del mundo. Alguien dijo que la gloria fue para Hillary, pero que la leyenda sería para Tenzing. Años mas tarde, en su autobiografía El tigre de las nieves, el sherpa
nepalí contaría que fue Hillary quien dio el primer paso, pero, a pesar
de esta afirmación, el éxito de la empresa sigue siendo mérito de ambos
hombres.
Tras el descenso, la discusión sobre quién
había sido el primero en llegar a la cumbre fue inevitable. Para los
medios nepalíes fue Tenzing y para el coronel Hunt había sido Hillary.
A
pesar del éxito obtenido por Hillary y Tenzing, todavía se alzan voces
que aseguran que fueron Andrew Irivine y George Mallory, desaparecidos
en algún lugar de la arista norte, los que lograron el primer ascenso a
la cima del mundo. Aunque la pareja fue vista por última vez a
unos cientos de metros de la cumbre, a día de hoy persisten las dudas
sobre si se quedaron a medio camino o perecieron de regreso tras lograr
alcanzar su objetivo. Pero esa es otra historia.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos informa mediante un amplio reportaje sobre las costumbres religiosas de Nepal, un país tradicionalmente budista, donde niñas son elegidas "Diosas vivientes", conocidas como Kumaris; mediante una selección secreta, muy arraigado en el valle de Katmandú, cuya niñas pertenecen al grupo étnico Newar ...
National Geographic.- narra : "...Unika Vajracharya podría estar a un paso de la divinidad, a punto de convertirse en una de las figuras más célebres de Nepal. Tiene seis años y hoy es una simple colegiala. Pese a su timidez, en sus ojos se enciende la luz de la curiosidad. No está acostumbrada a recibir a extraños. Una sonrisa dibuja hoyuelos en sus mejillas cuando le pregunto qué hará si dentro de unas horas resulta elegida kumari, o diosa viviente, un estatus que inducirá a la gente a postrarse ante ella. "Estar callada –responde–. No podré ir al colegio. Estudiaré en casa y vendrán a adorarme todos los días".
National Geographic.- agrega .." Las kumaris son reverenciadas en la comunidad newar. Se les atribuyen poderes premonitorios y la capacidad de curar enfermos, hacer realidad deseos concretos e impartir bendiciones de protección y prosperidad. Y por encima de todo se las considera un puente inmediato entre este mundo y el divino, capaz de generar en sus devotos el maitri bhavana, un ánimo de bondad benevolente hacia todo y hacia todos....La tradición se remonta al siglo X como mínimo, cuando en todo el sur de Asia niños y niñas hacían de agentes de adivinación en rituales hinduistas y budistas. La conexión con lo divino y la facultad de predecir el futuro que se les atribuía despertaban especial interés en los gobernantes de Asia. Siglos más tarde la tradición fue adoptada por los pueblos de la periferia del subcontinente indio –Cachemira, Assam, Bengala, Tamil Nadu y Nepal–, seguidores de religiones subversivas que hacían hincapié en el poder femenino (el shakti) y la posesión tántrica, un estado inducido por invocaciones y rituales mágicos en el cual los humanos supuestamente alcanzan la posibilidad de transformarse en divinidades dotadas de poderes sobrenaturales. Solo en el remoto corazón montañoso de Nepal la práctica de glorificar a las niñas prepúberes (en nepalí, "kumari" significa "niña virgen") como diosas vivientes durante varios años llegó a convertirse en un culto profundamente arraigado, y solo en Nepal sigue manteniéndose la tradición con la misma fuerza. Los budistas newar ven en la kumari la encarnación de la deidad femenina suprema Vajradevi. Para los hindúes la kumari encarna a la gran diosa Taleju, una versión de Durga......."
En el valle de Katmandú, algunas niñas newar -las llamadas kumaris- son adoradas como deidades omnipotentes
El rojo, un signo de energía creativa
La kumari de Tokha –Dangol, de nueve años– se convirtió en diosa viviente siendo un bebé. Se cree que los ojos de la kumari tienden un puente entre quien la mira y lo divino. En las fiestas religiosas se le pinta la frente de rojo, un signo de energía creativa.
Foto: Stephanie Sinclair
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Llevada en brazos por su padre
Con sumo cuidado para no contaminarse tocando el suelo en un día en que se ha invocado el poder de la diosa, Dangol es llevada en brazos por su padre hasta un palanquín que la elevará por encima de la multitud durante la fiesta de Bisket Jatra.
Foto: Stephanie Sinclair
Entronizada en su primer día
Unika Vajracharya, de seis años, es entronizada en su primer día como la kumari de Patan. Sus pies reposan sobre una bandeja de ofrendas, y una deidad ofídica protege su cabeza.
Foto: Stephanie Sinclair
Se niega a comer
Aun siendo una diosa, Resuka, la kumari de Kilagal, de dos años de edad, se niega a comer. Según la creencia, si Resuka y la kumari real de Katmandú, que vive cerca, llegan a verse algún día, sus almas abandonarán sus cuerpos.
Foto: Stephanie Sinclair
¿Una escolar más?
Dangol, de nueve años, ha de vestir de rojo; la corbata escolar es la única prenda con la que se salta esta convención. En otros aspectos es una escolar más, excepto porque sus maestros y compañeros se dirigen a ella llamándola Dya Maiju: Diosa Infantil.
Foto: Stephanie Sinclair
Unika juega con su hermano
En la sala de estar de su casa, Unika juega con su hermano menor mientras sus padres ponderan si presentarla a la elección de kumari. La kumari saliente ha sido destituida al alcanzar la menarquia.
Foto: Stephanie Sinclair
Maquillaje especial para las festividades
Como otras kumaris, Dangol luce un maquillaje especial en las festividades. Pero no es solo el maquillaje lo que varía en las grandes ocasiones. Antiguas kumaris han declarado sentirse más fuertes y haber irradiado calor por la frente.
Foto: Stephanie Sinclair
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Ajustando un collar de plata
En una tienda de Lagankhel y sentada en su trono, a Unika le ajustan un collar de plata al que se le atribuye la capacidad de imbuirla de poder divino. La primera misión de la nueva kumari es presenciar el baño ritual de la imagen de un dios de la lluvia.
Foto: Stephanie Sinclair
Templo móvil de 255 años de antigüedad
Cuidadores, sacerdotes tántricos y otros asistentes arropan a la kumari real de Katmandú, Matina Shakya, mientras la diosa viviente recorre la capital en un templo móvil de oro de 255 años de antigüedad durante la fiesta anual de Indra Jatra.
Foto: Stephanie Sinclair
Jamás se la regaña
En su tiempo libre, Unika se comporta como cualquier niña de su edad, pero jamás se la regaña. Cuando juega con su hermano pequeño y su hermana mayor, siempre manda ella. Nadie se arriesga a enojar a una diosa viviente.
Foto: Stephanie Sinclair
11 de septiembre de 2015
Kumaris, las diosas vivientes de Nepal
Unika Vajracharya podría estar a un paso de la divinidad, a punto de convertirse en una de las figuras más célebres de Nepal. Tiene seis años y hoy es una simple colegiala. Pese a su timidez, en sus ojos se enciende la luz de la curiosidad. No está acostumbrada a recibir a extraños. Una sonrisa dibuja hoyuelos en sus mejillas cuando le pregunto qué hará si dentro de unas horas resulta elegida kumari, o diosa viviente, un estatus que inducirá a la gente a postrarse ante ella. "Estar callada –responde–. No podré ir al colegio. Estudiaré en casa y vendrán a adorarme todos los días".
Unika es nepalí del grupo étnico newar, un pueblo tibetanobirmano de Nepal. Vive en Patan, ciudad conocida oficialmente como Lalitpur, de 230.000 habitantes, mayoría budista y ubicada en el fértil valle de Katmandú, en las estribaciones del Himalaya. Los newar se enorgullecen de ser custodios de la cultura del valle, y una de sus más antiguas e importantes tradiciones es la adoración de niñas como diosas vivientes.
El proceso de selección entraña un ritual secreto que estará vedado incluso a los propios padres de Unika. Le pregunto si está nerviosa. "No –contesta alegremente–. Solo impaciente". Cuando salimos de su casa –un viejo edificio de ladrillo y madera, de techos bajos, situado en el barrio de Thabu– Unika va saltando por las callejuelas, tirando de la mano de su madre, Sabita, y de su hermana mayor, Biphasa. No hay que andar mucho para llegar al Hakha Bahal, el patio en torno al cual residen desde hace siglos miembros de su extensa familia, donde se congregan para celebrar los ritos y festividades religiosas y donde tendrá lugar la primera parte de la selección. Unika lleva su sudadera favorita: con capucha, amarilla y con un Snoopy en la espalda. Si es elegida, esta será una de las últimas veces que podrá ponérsela. Las diosas vivientes solo pueden vestir de rojo, el color de la energía creativa, por lo general reservado a las mujeres casadas.
El rojo es el color de la energía creativa, generalmente reservado a las mujeres casadas
Las kumaris son reverenciadas en la comunidad newar. Se les atribuyen poderes premonitorios y la capacidad de curar enfermos, hacer realidad deseos concretos e impartir bendiciones de protección y prosperidad. Y por encima de todo se las considera un puente inmediato entre este mundo y el divino, capaz de generar en sus devotos el maitri bhavana, un ánimo de bondad benevolente hacia todo y hacia todos.
La tradición se remonta al siglo X como mínimo, cuando en todo el sur de Asia niños y niñas hacían de agentes de adivinación en rituales hinduistas y budistas. La conexión con lo divino y la facultad de predecir el futuro que se les atribuía despertaban especial interés en los gobernantes de Asia. Siglos más tarde la tradición fue adoptada por los pueblos de la periferia del subcontinente indio –Cachemira, Assam, Bengala, Tamil Nadu y Nepal–, seguidores de religiones subversivas que hacían hincapié en el poder femenino (el shakti) y la posesión tántrica, un estado inducido por invocaciones y rituales mágicos en el cual los humanos supuestamente alcanzan la posibilidad de transformarse en divinidades dotadas de poderes sobrenaturales.
Solo en el remoto corazón montañoso de Nepal la práctica de glorificar a las niñas prepúberes (en nepalí, "kumari" significa "niña virgen") como diosas vivientes durante varios años llegó a convertirse en un culto profundamente arraigado, y solo en Nepal sigue manteniéndose la tradición con la misma fuerza. Los budistas newar ven en la kumari la encarnación de la deidad femenina suprema Vajradevi. Para los hindúes la kumari encarna a la gran diosa Taleju, una versión de Durga.
10 kumaris en todo Nepal
Hoy solo hay diez kumaris en todo Nepal, nueve de ellas en el valle de Katmandú. Siguen eligiéndose en el seno de familias vinculadas a determinados bahals, un tipo de patio en torno al cual residen familias newar tradicionales, y todos sus antepasados tienen que proceder de una casta elevada. Ser elegida para el puesto se considera el honor supremo, que puede traducirse en innumerables bendiciones para la familia de la kumari. Ello explica que, pese a la carga financiera y los enormes sacrificios personales que implica mantener a una niña dándole consideración de diosa viviente en el mundo moderno, y pese a los problemas de readaptación que tendrá la kumari cuando alcance la pubertad y deba retomar su vida normal, ciertas familias sigan estando más que dispuestas a presentar a sus hijas como candidatas.
Unika se presenta a kumari por segunda vez. La primera tenía dos años, demasiado pequeña para recordar los rituales esotéricos del proceso de selección. Si su familia se ha prestado a presentarla de nuevo es en parte por la ilusión que le hace a la propia Unika. Está deseando poder vestirse de kumari, con el cabello recogido en un moño alto, los ojos perfilados con gruesas rayas de kohl hasta las sienes y, los días festivos, una tika carmesí pintada en la frente con un agni chakchuu –el tercer ojo, conocido como el ojo de fuego– plateado mirando fijamente desde el centro. El deseo de vestir las galas de kumari se considera en sí algo especial, un signo de que tal vez el destino –o karma– la está llamando.
Masinu, abuela de Unika, teme que la niña se lleve una desilusión si esta vez tampoco la eligen. "Espero que sí. No quiero verla triste". El padre de Unika, Ramesh, dueño de una pequeña zapatería, tiene otras inquietudes. "Me preocupa el gasto –me dice–. Y las exigencias de pureza que se le impondrán a toda la familia".
Una kumari es una responsabilidad onerosa para todos, una responsabilidad que en primer lugar recae sobre Ramesh, quien mantiene a la familia. La kumari debe engalanarse a diario con ropas y maquillajes especiales y, como mínimo dos veces al año, hay que confeccionarle nuevos trajes de fiesta con tejidos caros. En la casa hay que reservar una habitación –un lujo inestimable en una ciudad superpoblada– para convertirla en sala de la puja (o adoración) y equiparla con un trono desde el que la diosa pueda recibir a sus devotos. Todas las mañanas la familia ha de celebrar ante ella las nitya puja, o rituales diarios de adoración. La kumari no puede salir de casa si no es para asistir a los festivales y ceremonias religiosas, y siempre tiene que ser transportada en brazos o en un palanquín para que en ningún momento toque el suelo con los pies. Solo puede comer ciertos alimentos, de los que se excluyen los prohibidos, como el pollo o los huevos de gallina. Todo cuanto contenga la vivienda ha de mantenerse puro conforme a los rituales pertinentes. Nadie que tenga contacto con ella puede llevar algo de cuero. Y sobre todo, la kumari no puede sangrar. Según la creencia, el espíritu de la diosa –el shakti– que entra en el cuerpo de la niña cuando se convierte en kumari la abandonaría en caso de hemorragia. Hasta el arañazo más superficial podría poner fin a su reinado. La diosa viviente es invariablemente destronada en cuanto tiene la primera menstruación.
La diosa viviente es destronada cuando tiene la primera menstruación
A Ramesh también le preocupa el futuro de su hija si es elegida. Al término de su reinado se esperará de ella que retome la vida normal, pero después de años de agasajos y reclusión la transición de diosa a simple mortal no siempre es fácil. Además están los inquietantes rumores sobre las perspectivas matrimoniales de las que han sido diosas vivientes. "Los hombres tienen recelos supersticiosos de casarse con exkumaris –explica Ramesh–. Creen que sufrirán accidentes terribles si piden su mano". Se dice que el espíritu de la diosa puede seguir viviendo en la antigua kumari, incluso después de los ritos de limpieza a los que se somete cuando deja de serlo. Hay quien cree que de la vagina de una exkumari sale una serpiente que devora al desventurado que tenga relaciones sexuales con ella. En Patan, solo las niñas pertenecientes al linaje budista de la familia que vive en el complejo del Hakha Bahal pueden llegar a ser kumaris.
Y ha sido el poder de persuasión de los ancianos del bahal y el deseo de mantener viva la tradición lo que ha llevado a la candidatura de Unika. "Debemos perpetuar las costumbres de nuestros antepasados –me dice Sabita–. Es nuestro deber aportar una diosa viviente de nuestra comunidad". En el valle de Katmandú la gente siente una gran veneración por el pasado, un sentimiento de que en tiempos pretéritos existía una conexión más íntima con los dioses y que por esa razón deben seguirse las antiguas tradiciones, a pesar de que en pleno siglo XXI esas tradiciones ya no se comprendan.
Tradiciones que desaparecen
En la Edad Media casi todas las poblaciones del valle de Katmandú tenían su propia kumari. En las ciudades de Katmandú, Bhaktapur y Patan había una prácticamente en cada vecindad, además de una kumari "real" especial, venerada por los antiguos reyes hindúes. Desde entonces muchas tradiciones han desaparecido, algunas en las últimas décadas. En el Mu Bahal, a cinco minutos a pie al norte de la plaza Durbar de Katmandú, los devotos adoran un trono vacío desde que en 1972 se retiró su última kumari. La kumari de Patan es una kumari real y representa una de las tradiciones de diosas vivientes del valle. En los últimos años la tradición ha sido criticada por defensores de los derechos humanos que ven en ella una forma de maltrato infantil que frustra la libertad y la educación de las niñas, en especial de las kumaris reales de Katmandú y Patan, las cuales deben respetar unas normas de pureza y segregación muy severas. Sin embargo en 2008 el tribunal supremo de Nepal rechazó la petición de una mujer newar de que se prohibiese la tradición, apelando a su significado cultural y religioso. Cuatro kumaris –en Katmandú, Patan, Bhaktapur y Nuwakot, una fortaleza situada en la ruta comercial que une el Tibet con el valle– reciben apoyo del Gobierno en forma de un estipendio mensual mientras ejercen como tales y una pensión vitalicia desde el momento en que se retiran. No obstante, la subvención apenas cubre el gasto de indumentaria y material para el culto.
El Hakha Bahal, con sus imponentes pagodas, sus plataformas de madera para el descanso y su altar de bronce repujado en honor al buda Akshobhya (hoy encerrado en una antiestética jaula metálica antirrobo), es un hervidero de gente cuando llego acompañando a Unika, Sabita y Biphasa. Entre la muchedumbre de espectadores y partidarios está Anjila Vajracharya, la otra candidata a kumari junto con Unika; tiene tres años y, quizás en un alarde de optimismo, se ha vestido para la ocasión de color rojo, como una kumari. Ananta Jwalananda Rajopadhyaya, el principal sacerdote del templo de Taleju (contiguo al antiguo palacio real donde los reyes de Patan adoraban a la kumari real, en quien veían a la diosa de su linaje, Taleju), aguarda en el patio. Es la primera vez, me dice con tristeza el sacerdote de 77 años, que solo hay dos candidatas a la elección final. Tener tres habría sido más alentador. Achaca a la planificación familiar que cada vez haya menos niñas entre las que elegir y añade que los padres son cada vez más reticentes. "Hoy la gente no está acostumbrada a seguir las disciplinas religiosas. Se distraen con otras cosas". Rajopadhyaya lamenta que pocos de los hoy presentes sepan identificar los 32 lakshina, o signos de perfección. Dicta la tradición que los sacerdotes deben examinar a las candidatas para identificar dichos signos (muslos de ciervo, pecho de león, cuello de caracola, cuerpo de baniano, tez dorada, suave voz de pato, etcétera), indicios de que están ante un bodhisattva, o ser iluminado. "Hoy nos limitamos a pedir a los padres que se aseguren de que sus hijas están sanas y no tienen defectos o marcas de nacimiento –dice–. Luego revisamos su horóscopo".
Los sacerdotes examinan a las candidatas para detectar los signos de perfección
Cada newar tiene su horóscopo, trazado en el nacimiento por un astrólogo. El horóscopo, un rollo de complejos cuadros y diagramas pintados a mano que se custodia en una caja fuerte en el cuarto que la familia dedica a la adoración, consigna el nombre privado de la persona y los signos astrológicos que se cree determinarán su vida. El de la candidata no debe revelar augurios poco propicios. El signo más favorable de la kumari es el pavo real, símbolo de la diosa.
Rajopadhyaya se lleva a ambas niñas a un cuarto cerrado en una esquina del patio para proceder en privado al primer paso de la selección. La finalidad es reducir a tres el número de las candidatas, pero al haber solo dos, se convierte en un mero trámite liquidado en un par de minutos. La elección final es competencia de su esposa Maiya, y tiene lugar en la casa del matrimonio, un edificio de hormigón a medio construir en el barrio del Pim Bahal, al norte del Hakha Bahal. A la cuarentena de personas que nos desplazamos hasta allí en procesión –curiosos y partidarios de cada niña a la zaga del sacerdote, las dos candidatas a kumari y sus familias– nos lleva diez minutos llegar, esquivando el tráfico por la avenida principal de Patan.
Preparada tras haber meditado, Maiya espera en un cuarto vacío del piso de arriba con la parafernalia ritual –lámpara, recipiente de agua, guirnaldas de flores, bandejas de puja, cuencos de cuajada, arroz roto (llamado baji) servido en hojas, entre otras cosas– dispuesta en una zona del suelo de hormigón previamente untado con una mezcla purificante de arcilla roja y excremento de vaca. A las niñas, separadas de sus madres, se las sienta en sendos cojines rojos ante Maiya. La pequeña Anjila está emocionada y no deja de saltar de su cojín al de Unika una y otra vez. Unika está absolutamente inmóvil, pero su mirada recorre la estancia a la velocidad del rayo. Todos los espectadores, entre ellos las madres de las candidatas, reciben la orden de salir. Solo Maiya y una nuera suya que hace las veces de ayudante se quedan con las candidatas.
Desde fuera, apretujados en unas escaleras que empiezan a estar en penumbra a medida que se acerca la noche, percibimos el murmullo de los mantras, el tintineo de una campanilla y el aroma a incienso procedentes del cuarto cerrado. Instantes después oímos que Anjila se pone a gemir. Cuando se abre la puerta, está histérica y corre a los brazos de su madre. Unika continúa en perfecta compostura sobre el cojín. Se respira un aire de liberación después de tan agónico suspense. Con creciente aplomo, la kumari electa empieza a recibir las ofrendas de sus devotos, que, uno por uno, se arrodillan e inclinan la cabeza hasta sus pies. A partir de ahora nadie la llamará Unika, sino Dya Maiju: Diosa Infantil. No solo su actitud serena confirma a los fieles que la diosa reside en ella: para enorme placer del sacerdote, el horóscopo de la elegida, revisado momentos antes de que comenzara el ritual, contiene el portentoso signo del pavo real.
Samita Vajracharya, la kumari saliente, brilló por su ausencia durante la elección en el Hakha Bahal. Su casa da al mismo patio, pero estaba tan afectada por el fin de su reinado, que se produjo cinco semanas antes al haber tenido la primera menstruación, que no fue capaz de asistir.
Meses después me entrevisto con Samita, de 12 años, en la casa de su amiga Chanira Vajracharya en la transitada avenida principal, a unos metros del Hakha Bahal. Chanira había sido kumari de Patan antes que Samita. Sus familias siempre habían tenido amistad, pero compartir la experiencia de haber sido diosas vivientes ha estrechado aún más el lazo entre las niñas. Nos sentamos juntas en el suelo sobre unos cojines planos, rodeadas de fotografías de antiguas kumaris enmarcadas en las paredes. Con mallas negras y una camiseta naranja, Samita, virtuosa del sarod –un tipo de laúd– viene de clase de música. La ha llevado (como siempre) su madre, pues no se atreve a enfrentarse sola al gentío, el tráfico, el transporte público, el ruido, el suelo irregular. Los extraños también la inquietan. Aunque recibe mis preguntas con una sonrisa, no despega los labios.
Samita recibe mis preguntas con una sonrisa, pero no despega los labios
"Cuando eres kumari nunca hablas con extraños –explica Chanira mientras Samita se empeña en bajar la mirada–. Yo tardé cerca de un año en poder conversar con un desconocido. Incluso hoy, estando en la universidad, me cuesta exponer los trabajos delante de toda la clase". Chanira tiene 19 años y está estudiando en la Universidad de Katmandú administración de empresas. Instruida en casa por profesores particulares que ofrecían gratis sus servicios mientras ella fue kumari, obtuvo el graduado escolar con matrícula de honor. Inteligente, expresiva, con un impresionante dominio del inglés, resulta difícil imaginar que en algún momento haya tenido dificultades para hablar con nadie. "Yo tuve la menstruación a los 15 años, así que para entonces ya me la esperaba –dice Chanira–, pero a Samita le llegó a los 12 y el choque fue más brusco. Es un momento de muchas emociones. Cuando cedes las galas y el trono de diosa, te sientes como si alguien hubiese muerto. Estás de luto". ¿Cómo lo vivió Samita?, pregunto. Chanira repite la pregunta en newari bajando la voz y traduce concienzudamente las respuestas que musita su amiga.
Para Samita, las primeras semanas tras la elección de su sucesora fueron muy dolorosas. Lo ideal es que la kumari viva junto a su bahal ancestral. La familia de Unika estuvo un mes alojada en casa de Samita mientras acondicionaban la vivienda contigua. Todos los días Samita veía a los devotos esperando su turno en la sala de estar de su propia casa mientras otra niña ocupaba el trono en la que fuera su antigua sala de la puja. Ahora Unika y su familia –y con ellos el trono de kumari– están instalados en la casa de al lado. Samita está escolarizada y avanza a buen ritmo. Tiene amigas, algunas de las cuales la visitaban en los tres años y medio que fue kumari. Pero aún sueña a veces que sigue siéndolo, y al despertar siente una punzada de añoranza.
¿Qué quiere ser ella cuando termine los estudios?, pregunto. Chanira traduce la respuesta murmurada por Samita. "Dedicarse a la música". Y el matrimonio, ¿queda descartado, verdad?, pregunto, recordando lo que Ramesh había relatado sobre los terribles accidentes que sufren los maridos de las exkumaris. "Esos rumores de que te mueres si te casas con una exkumari son falsos –responde Chanira–. Es un mito que siempre repite la prensa". En realidad casi todas las exkumaris en edad de contraer matrimonio, tanto en Patan como en Katmandú y en el resto del valle, están casadas. "Ser kumari es un don. Soy afortunada de que me eligieran –añade Chanira–. Pero habría que aumentar la subvención oficial de las kumaris para costear los gastos de los rituales y la educación. Y brindarles ayuda psicológica para explicarles cómo les cambiará la vida cuando dejen de ser kumaris. Me gustaría que hubiese una red de exkumaris que apoyase a las que acaban de retirarse. Me preocupa que, si no se hacen esos cambios, la tradición desaparezca".
"Son falsos los rumores de que te mueres si te casas con una exkumari", dice Chanira
Más tarde Chanira me lleva ante la nueva diosa viviente de Patan. A la kumari se le iluminan los ojos cuando entro en la sala de puja. Está en el trono dorado, con un cetro de plata a cada lado y un dosel de cobras de oro protegiéndola. En el rostro que tengo delante reconozco a Unika, pero me resulta difícil creer que sea la misma niña que conocí hace cinco meses de camino al proceso de selección. Me traspasa con la mirada, envuelta en un aura imperial que me hace sentir como si la niña fuese yo. Al cuello lleva un amuleto de plata. Los pies, adornados con ajorcas de cascabeles de plata y tintados de bermellón, reposan sobre una bandeja de ofrendas de bronce, entre arroz y pétalos de flores. Arrodillada ante ella, le ofrezco un cuaderno de colorear, ceras y una modesta donación en rupias nepalíes. Con destreza ella mete los dedos en un plato que tiene a su lado para mojarlos con pasta de bermellón, y yo alargo el cuello para ofrecerle la frente y recibir su bendición.
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