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domingo, 2 de septiembre de 2018

NATURALEZA : MEDIO AMBIENTE.- CALENTAMIENTO GLOBAL .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- CAMBIO CLIMÁTICO.- Nos quedamos sin el Ártico por el calentamiento global ........... 11 formas de ver cómo el Cambio Climático amenaza el Ártico

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la capa del hielo marino del Océano Ártico, se derrite, y lamentablemente es cada vez más delgada y tal vez ya llega a los mínimos históricos, con el deshielo constante, siendo la causa principal el cambio climático originado por el calentamiento global.
La Revista National Geographic, ha elaborado su último reportaje de los muchos que nos ofrece sobre el Océano Ártico, con la diferencia que esta está hay información alarmante del adelgazamiento de las capas de hielo marino del Ártico, que ellos lo califican como: "Nos quedamos sin el Ártico por el calentamiento global". Esta investigación ha sido posible gracias a la utilización de un viejo buque noruego de investigación llamado : Lance.
National Geographic. - dice : "Los noruegos ya habían hecho esto hace más de un siglo, cuando el explorador polar Fridtjof Nansen quedó tres años atrapado en la banquisa a bordo del Fram durante un in­tento fallido de llegar al polo Norte. Pero el Ártico de hoy es un océano diferente. A lo largo del siglo pasado el aire de esta región se ha calentado un promedio de 3 °C, más del doble que la media global. La superficie del océano que está cubierta de hielo se ha reducido, y ese hielo es en buena parte estacional y más delgado, mientras que los témpanos viejos y gruesos van desa­pareciendo. Se ha producido un círculo vicioso con consecuencias de gran calado: a medida que el hielo es sustituido en verano por agua marina, esta, al ser más oscura, absorbe más radiación solar, y tanto el agua como el aire se calientan más, lo que acelera el actual deshielo..."
National Geographic .- agrega : "En 2007, el grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por su acrónimo en inglés) de la ONU advirtió de que los efectos del cambio climático en el Ártico a lo largo del próximo siglo «superarán los efectos previstos para muchas otras regiones y producirán una retroalimentación que tendrá consecuencias significativas en todo el planeta». Casi una década después, la funesta predicción ya se está cumpliendo. Probablemente ninguna re­gión esté más afectada por el cambio climático que el Ártico. El permafrost se está derritiendo y la tierra está reverdeciendo: los límites de la vegetación arbórea avanzan hacia el norte y arbustos y hierbas invaden la tundra. Ciertas poblaciones de osos polares, morsas y caribúes están experimentando mermas considerables. Según el oceanógrafo de la NOAA James Overland, «el Ártico es como el canario de la mina que nos indica que el cambio climático es real»....
National Geographic.- añade : "Todo un ecosistema se está derritiendo. La pérdida del hielo marino podría hacer estragos entre algunos de los organismos fotosintéticos que están en la base de la cadena trófica marina, esas algas unicelulares que viven bajo el hielo y proliferan en primavera, cuando regresa la luz. Los cambios en la magnitud y periodicidad de esta proliferación de algas, determinados por una retirada del hielo invernal más rápida y temprana, podrían interferir en los ciclos vitales de los copépodos, un tipo de zooplancton que se alimenta de las algas y que a su vez es el alimento del bacalao ártico, las aves marinas y las ballenas de Groenlandia. Para mamíferos marinos como el oso polar, la morsa del Pacífico y la foca anillada, la pérdida de cientos de miles de kilómetros cuadrados de banquisa ya ha tenido consecuencias desastrosas..."
https://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/grandes-reportajes/nos-quedamos-sin-artico-por-calentamiento-global_10094
https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/actualidad/formas-ver-como-cambio-climatico-amenaza-artico_11272/1
La capa de hielo marino que cubre el océano Ártico está menguando, y alcanza mínimos históricos desde que se tienen registros cada año que pasa. ¿Cuánto tiempo tardará en derretirse completamente? ¿Podemos frenar el proceso?

A la deriva
Para hacer un seguimiento de los cambios en la banquisa, el buque de investigación noruego Lance viajó a la deriva durante cinco meses en un insólito viaje desde el invierno ártico hasta la primavera. A finales de febrero ya se intuía la llegada del sol.
 
Vida bajo el témpano de hielo
El biólogo Piotr Kukliński se sumerge bajo la gruesa capa de hielo perenne para observar la fauna y la flora que habitan bajo la superficie. El témpano de hielo y la capa de nieve que lo cubre, de unos 40 centímetros de grosor, reflejan la mayor parte de la luz solar, manteniendo el océano en la oscuridad.
Peter Leopold, NPI

Surcando el hielo
Siguiendo la estela de un rompehielos de la Guardia Costera de Noruega, que iba buscando canales navegables entre el hielo, el Lance logró alcanzar los 83 grados de latitud norte. Buena parte del grueso hielo perenne del Ártico ha dado paso a témpanos más finos que se forman y se derriten en el mismo año.

Bacalaos entre las grietas
Unos bacalaos árticos se esconden en una grieta del hielo. Los cambios en la magnitud y periodicidad de la proliferación de las algas que viven bajo la superficie congelada, determinados por una retirada del hielo invernal más rápida y temprana, podrían interferir en los ciclos vitales de los copépodos, un tipo de zooplancton que se alimenta de las algas y que a su vez es el alimento del bacalao ártico.
Foto: Peter Leopold, NPI

Una extensa cadena alimentaria
Una de las especies de zooplancton que se alimenta de las algas del Ártico es el anfípodo Eusirus holmi, de entre unos 2 y 5 centímetros de longitud. Las algas que proliferan debajo del hielo y a menudo también en su interior, en canales de agua salada que ha quedado atrapada, son la base de una extensa cadena alimentaria que llega hasta las focas y los osos polares.
Foto: Peter Leopold NPI

Medusa iridiscente
Junto con los pterópodos, las medusas iridiscentes como Beroe cucumis se cuentan entre las pocas especies que siguen siendo abundantes incluso en las oscuras aguas cubiertas de hielo propias del invierno ártico.
Foto: Piotr Kukliński, NPI

Vida submarina
Otra pieza importante de la cadena alimentaria del océano Ártico es el pterópodo Clione limacina. Aunque no dispone de caparazón, se alimenta de otros pterópodos que sí tienen y es depredado por el bacalao ártico y otros peces.
Foto: Peter Leopold, NPI
 
Listos para explorar
A finales de abril, los biólogos Piotr Kuklinski, Pedro Duarte y Haakon Hop (de izquierda a derecha) se preparan para sumergirse a través de un orificio practicado en el hielo y acceder a un mundo que acaba de despertar con el sol de primavera.

Analizando el hielo
Este trozo de hielo se congeló rápidamente en una noche fría y tranquila; la luz polarizada que atraviesa esta lámina delgada revela unas columnas de cristales muy apretadas.

Globo de investigación
Aprovechando que el polo va camino de convertirse en un destino turístico navegable, por lo menos en verano, los científicos del Lance estudian las consecuencias medioambientales de la pérdida de hielo. Entre sus herramientas figura este globo, cargado de instrumentos científicos.

Trabajo de campo
A principios de marzo, después de retirar un metro de nieve, los científicos del Lance derriten un agujero a través del hielo para recoger muestras de agua y de plancton. En el Ártico, la mayor parte del trabajo de campo se realiza entre primavera y otoño.

Siguiendo los pasos del Fram
En la década de 1890, el barco noruego Fram pasó tres años a la deriva en el hielo del Ártico intentando alcanzar el polo Norte.

Tiempo extremo
En el canal situado tras la popa del Lance, el vapor de agua entra en contacto con el aire gélido y se congela en una especie de niebla. A medida que el agua sustituye al hielo, el océano Ártico absorbe más calor en verano y lo libera en otoño e invierno, lo que quizás afecte al tiempo atmosférico en otros lugares.

Un puzle de hielo
Arrastradas por los vientos y las corrientes, las piezas que componen el puzle de hielo marino del Ártico están en constante movimiento. En la imagen, un témpano se ha fracturado y las aguas abiertas se están congelando a lo largo de una cresta de presión formada por una colisión anterior entre dos témpanos.
Redacción
1 de septiembre de 2018 Polo Ártico

Nos quedamos sin el Ártico por el calentamiento global
La capa de hielo marino que cubre el océano Ártico no es el manto blanco y de una pieza que se dibuja en los mapas. Es un puzle de témpanos móviles que están colisionando constantemente, deformándose y fracturándose a causa del viento y las corrientes oceánicas. El pasado mes de febrero me encontraba en la cubierta del Lance, un viejo buque de investigación noruego, mientras se abría paso a través de un laberinto de canales navegables. Una estéril llanura blanca de hielo y nieve se extendía hasta el horizonte en todas las direcciones. El casco de acero se estremecía y chirriaba al surcar los fragmentos flotantes de hielo irregular. El Lance buscaba una superficie sólida de hielo a la que amarrarse para seguir su deriva a través de aquel mar helado y cartografiar el destino de la banquisa del Ártico.

Los noruegos ya habían hecho esto hace más de un siglo, cuando el explorador polar Fridtjof Nansen quedó tres años atrapado en la banquisa a bordo del Fram durante un in­tento fallido de llegar al polo Norte. Pero el Ártico de hoy es un océano diferente. A lo largo del siglo pasado el aire de esta región se ha calentado un promedio de 3 °C, más del doble que la media global. La superficie del océano que está cubierta de hielo se ha reducido, y ese hielo es en buena parte estacional y más delgado, mientras que los témpanos viejos y gruesos van desa­pareciendo. Se ha producido un círculo vicioso con consecuencias de gran calado: a medida que el hielo es sustituido en verano por agua marina, esta, al ser más oscura, absorbe más radiación solar, y tanto el agua como el aire se calientan más, lo que acelera el actual deshielo.
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«El Ártico se calienta antes, más y más deprisa», explica Kim Holmén, director internacional del Instituto Polar Noruego (IPN), la entidad que opera el Lance. Los modelos climáticos predicen que hacia 2040 se podrá navegar en verano por aguas abiertas hasta el polo Norte.

La banquisa del Ártico contribuye a enfriar el planeta porque refleja la radiación solar y la devuelve al espacio. Por eso su pérdida afectará al clima y a las condiciones atmosféricas más allá de esta región; lo que no está claro es cómo. Para mejorar las predicciones hay que recabar más datos acerca de la banquisa y su distribución irregular y cambiante. «La mayoría de las campañas científicas en el Ártico se realizan en verano, la época de la que tenemos más información –dice Gunnar Spreen, físico del IPN a quien conocí en el Lance–. Los continuos cambios que se producen desde el invierno hasta la prima­vera son una laguna en nuestro conocimiento.»

Durante los cinco meses que duraría la misión del Lance, su tripulación rotatoria compuesta por científicos de varios países investigaría las causas y los efectos de la desaparición del hielo haciendo un seguimiento de la banquisa a lo largo de todo su ciclo estacional, desde que se forma en invierno hasta que se derrite en verano.
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Al cabo de unos días de que el fotógrafo Nick Cobbing y yo llegáramos al buque a bordo de un rompehielos y un helicóptero desde Longyear­byen, en la isla de Spitsbergen (la base del IPN para las expediciones árticas), el Lance avanzó hasta los 83 grados de latitud norte, al oeste del territorio ruso. Los científicos eligieron un témpano de medio kilómetro de ancho formado principalmente por hielo estacional para estudiarlo. La tripulación amarró el buque al témpano, con cabos de nailon atados a unas robustas estacas metálicas hincadas en el hielo, y apagó el motor principal. Aislados y en la semioscuridad de la noche polar, iniciamos la caprichosa deriva y nuestro turno de un mes por el desierto de hielo.

Los científicos montaron campamentos sobre el témpano, instalaron tiendas y tendieron cables eléctricos. Los físicos, como Spreen, hicieron un levantamiento topográfico con dispositivos láser y midieron el grosor y la temperatura de la nieve superficial; los oceanógrafos perforaron el hielo para recoger datos sobre el agua y las corrientes; los meteorólogos erigieron postes con instrumentos para recabar datos atmosféricos y medir los gases de efecto invernadero, y los biólogos fueron en busca de algas que viven en la cara inferior de los témpanos y en los canales de agua salada que se forman cuando el hielo nuevo expulsa la sal. En unas pocas semanas, cuando regresara el sol para acabar con la noche polar y empezara a filtrarse a través del témpano, los científicos verían el despertar del ecosistema.

Las temperaturas caían regularmente hasta los 30 grados bajo cero. Los científicos tenían que lidiar con la congelación de los dedos, las roturas de cables, las averías en los instrumentos electrónicos y el peligro de los osos polares. «Esto es investigación extrema», decía uno.
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En 2007, el grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por su acrónimo en inglés) de la ONU advirtió de que los efectos del cambio climático en el Ártico a lo largo del próximo siglo «superarán los efectos previstos para muchas otras regiones y producirán una retroalimentación que tendrá consecuencias significativas en todo el planeta». Casi una década después, la funesta predicción ya se está cumpliendo. Probablemente ninguna re­gión esté más afectada por el cambio climático que el Ártico. El permafrost se está derritiendo y la tierra está reverdeciendo: los límites de la vegetación arbórea avanzan hacia el norte y arbustos y hierbas invaden la tundra. Ciertas poblaciones de osos polares, morsas y caribúes están experimentando mermas considerables. Según el oceanógrafo de la NOAA James Overland, «el Ártico es como el canario de la mina que nos indica que el cambio climático es real».

Desde 1979, cuando comenzaron los registros por satélite, el Ártico ha perdido más de la mitad de su volumen de hielo, que ha menguado tanto en extensión total como en grosor. La superficie congelada se reduce hasta su mínimo anual en septiembre, al final del verano. Pues en septiembre de 2012 su extensión fue solo la mitad de la media registrada durante las décadas de 1980 y 1990. La extensión máxima de la banquisa en invierno, que normalmente se alcanza en marzo, también está disminuyendo, aunque a un ritmo más lento; su grosor medio se ha reducido a la mitad. Lo que antes era una capa de témpanos de entre tres y cuatro metros de grosor que perduraban durante años –el hielo perenne– ha dado paso ahora a grandes tramos de hielo más fino y menos reflectante que se forma y se derrite en el mismo año. La capa de hielo marino siempre ha fluctuado de forma natural, pero entre la co­munidad científica existen pocas dudas de que los gases de efecto invernadero de origen antrópico están acelerando su declive. «La antigua y gruesa banquisa era una reserva mundial de frío, pero eso está cambiando», advierte Overland.
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Todo un ecosistema se está derritiendo. La pérdida del hielo marino podría hacer estragos entre algunos de los organismos fotosintéticos que están en la base de la cadena trófica marina, esas algas unicelulares que viven bajo el hielo y proliferan en primavera, cuando regresa la luz. Los cambios en la magnitud y periodicidad de esta proliferación de algas, determinados por una retirada del hielo invernal más rápida y temprana, podrían interferir en los ciclos vitales de los copépodos, un tipo de zooplancton que se alimenta de las algas y que a su vez es el alimento del bacalao ártico, las aves marinas y las ballenas de Groenlandia. Para mamíferos marinos como el oso polar, la morsa del Pacífico y la foca anillada, la pérdida de cientos de miles de kilómetros cuadrados de banquisa ya ha tenido consecuencias desastrosas.

La previsión es que, sin campo en el que jugar, este mismo siglo perderán toda su ventaja competitiva. Por ejemplo, es probable que las orcas reemplacen a los osos polares como principales depredadores marinos a medida que estos se va­­yan retirando a los menguantes restos de hielo estival. Aunque los osos polares pasan tempora­das en tierra firme, donde últimamente algunos se han hibridado con grizzlies, Ian Stirling, de la Universidad de Alberta, descarta cualquier posibilidad de que a la larga puedan sobrevivir allí. La ausencia de hielo podría atraer a otros compe­tidores –zooplancton (quizá menos graso y nu­tritivo), peces y focas– de aguas más templadas.

La pérdida de hielo también está haciendo que el Ártico sea más vulnerable a la acidificación oceánica, otra consecuencia del aumento de dióxido de carbono en la atmósfera. El agua fría absorbe más CO2 que el agua templada, y ahora hay más agua fría en contacto con al aire. A medida que el agua se acidifica, pierde carbonatos. En los próximos 15 años puede que ya no contenga la cantidad suficiente para que animales como los gasterópodos marinos construyan y mantengan sus conchas de carbonato cálcico. Stirling expone a las claras cuál será el resultado de todo esto: «El ecosistema marino del Ártico, tal y como lo conocemos hoy, dejará de existir».
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Se prevé que el aire cálido situado sobre la cuenca oceánica tendrá un impacto sobre las costas circundantes de Rusia, Alaska y Canadá, y que sus efectos de retroalimentación se notarán hasta 1.400 kilómetros tierra adentro; entre ellos, una fusión acelerada del manto de hielo de Groenlandia y un aumento de las emisiones de CO2 y de metano generadas por el deshielo de la tundra. Los modelos del IPCC predicen que la pérdida total del hielo marino estival podría causar por sí sola un tercio del calentamiento del hemisferio Norte y un 14 % del calentamiento global total hacia finales de este siglo. Lo que no está claro es cómo influirá el rápido calentamiento del Ártico en el tiempo atmosférico del resto del hemisferio. Los meteorólogos Jennifer Francis, de la Universidad Rutgers, y Steve Vavrus, de la de Wisconsin, han sugerido que los estadounidenses quizá ya estén experi­mentando los efectos de la fusión de la banquisa del Ártico, sobre todo durante los dos últimos inviernos en la costa Este, donde «vórtice polar» ha acabado siendo un término corriente.

El vórtice polar ártico es la masa de aire frío que normalmente está confinada sobre el polo Norte por la corriente en chorro polar, un flujo de aire que circula a gran altitud y a gran velocidad alrededor del polo, de oeste a este. La corriente en chorro adquiere la mayor parte de su fuerza del contraste de temperatura y de presión entre el aire frío del norte y el aire más cálido del sur. A medida que la pérdida de la capa de hielo marino intensifica el calentamiento del Ártico –según la teoría de Francis–, ese contraste se reduce, lo cual debilita los vientos del oeste que conforman la corriente en chorro. Esta se torna más lenta y sinuosa, con grandes meandros similares a los de un río que se extienden más al sur y más al norte. Como esos meandros avanzan lentamente a lo largo del mapa, cualesquiera que sean las condiciones atmosféricas que traigan durarán más tiempo. Durante los dos últimos inviernos, este patrón más ondulante provocó que el aire ártico y las nevadas se ensañaran con Nueva Inglaterra y que la sequía se instalase en California. El deshielo del Ártico podría estar afectando también al tiempo atmosférico de otros lugares. Unos investigadores coreanos han vinculado los duros inviernos que está padeciendo Asia oriental con los cambios en la circulación atmosférica causados específicamente por la pérdida de hielo en los mares de Barents y Kara.
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Es una teoría bien fundada, pero tiene algunos puntos débiles, reconoce Francis. Y tampoco convence a muchos investigadores que estudian las dinámicas atmosféricas. Una explicación más plausible sobre la causa de que la corriente en chorro sea más ondulante y que se produzcan esas incursiones del vórtice polar hacia el sur, argumentan algunos, es la influencia del Pacífico tropical, una fuente de calor mucho más potente que el Ártico. Para zanjar el debate habrá que dedicar años a recopilar y procesar datos.

En cualquier caso, mientras el calentamiento del planeta continúa, las olas de frío de todo tipo serán cada vez menos frecuentes. Aunque se establezcan estrictos límites a las emisiones de gases de efecto invernadero durante los próximos 20 años, el hielo marino seguirá menguando durante décadas. «Es un viaje sin retorno», dice Overland. El aumento de otros 4 °C en el Ártico está casi garantizado para mediados de este siglo, afirma, suficiente para que el océano esté sin hielo durante por lo menos dos meses al año, suficiente para que se alteren las estaciones en la región, «suficiente para que afecte a todo».

A finales de junio, durante la fase final de la campaña, los científicos que iban a bordo del Lance se despertaron con la noticia de que el último témpano al que se habían amarrado también se estaba desintegrando. Salieron todos en desbandada para salvar los equipos antes de que acabaran en el mar. Para entonces el buque había pasado 111 días en el hielo, anclado a diferentes témpanos durante varias semanas cada vez, y había recorrido en total unas 4.000 millas náuticas por el Ártico. En su camino se habían cruzado con osos polares, que a veces se paraban a jugar con los extraños aparatos de los científicos. Las tormentas habían empujado enormes bloques de hielo contra el buque, elevándolo por encima de la superficie. Durante los próximos dos años los 68 investigadores participantes es­tarán metidos en sus laboratorios climatizados interpretando toda la información recabada.
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Una mañana de marzo acompañé a Gunnar Spreen y a Anja Rösel, otra investigadora del IPN, en una de sus expediciones periódicas para medir los cambios en el grosor del hielo. Vestíamos los tres ropa aislante: mono, pasamontañas, gafas, guantes y manoplas por encima de los guantes. Los científicos llevaban una sonda para medir la profundidad de la nieve, un dispositivo GPS y un trineo de plástico cargado con el instrumento para medir el grosor del hielo. Yo, una pistola de bengalas y un rifle, por si los osos… Seguimos un sendero de un kilómetro, caminando sobre dunas de nieve y crestas de presión (aristas de hielo formadas al chocar dos témpanos) que parecían muros derruidos. Más o me­nos a cada metro, Spreen clavaba la sonda en la nieve, hasta que un pitido indicaba que la medición se había realizado.

Aquel día, la idea del calentamiento del Ártico parecía un concepto abstracto –yo no sentía los dedos de los pies–, pero Spreen veía pruebas del cambio. «Esta cantidad de nieve no es normal», comentó. Bajo nuestras botas había medio metro, el doble de un año normal. Un dato no señala una tendencia, pero ese en concreto casaba con los modelos de predicción: a medida que la banquisa mengua, la cantidad extra de calor y vapor emitida a la baja atmósfera por las aguas abiertas generará más precipitaciones.

El hecho de que caiga más nieve sobre un glaciar debería ser algo bueno, porque así es como los glaciares crecen, acumulando capas de nieve tan gruesas que los niveles inferiores se comprimen y se transforman en hielo. Pero la banquisa se forma cuando el aire frío congela el agua del mar, y la nieve que cae encima actúa como una manta aislante que ralentiza el crecimiento del hielo. Dos semanas después de mi paseo con Spreen, el Centro Nacional de Datos sobre el Hielo y la Nieve de Colorado anunció que la capa de hielo marino del Ártico había alcanzado su extensión máxima invernal a finales de febrero, mucho antes de lo habitual. Los satélites nunca habían registrado un máximo tan reducido.
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
ayabaca@gmail.com
ayabaca@hotmail.com
ayabaca@yahoo.com
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viernes, 8 de junio de 2018

OCÉANOS : DÍA MUNDIAL DE LOS OCÉANOS .- ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS - ONU , .- Día Mundial de los Océanos, 8 de junio .............. El maná del océano: sorprendentes criaturas ...... Cinco Océanos del Mundo.

Hola amigos:  A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., hoy 08 de junio del 2018;  celebramos el Día Mundial de los Océanos. En virtud de su resolución 63/111 Documento PDF, de fecha 5 de diciembre de 2008, la Asamblea General decidió que a partir de 2009, las Naciones Unidas designen el 8 de junio: Día Mundial de los Océanos. Damos la información de todas las acciones y recursos que invierte la ONU, por la limpieza y libre de plásticos de los océanos.
La Revista National Geographic, en un amplio reportaje nos muestra la riqueza, lo que ellos llaman: Maná del Océano con una gama de imágenes de criaturas que supervivien en la superficie y en el fondo de los océanos como : los exocétidos,  braquiuros, cnidoblastos, moluscos gasterópodos, ctenóforos y otras especies, que una expedición científica. tuvo como meta : Dar la vuelta al mundo con el fin de evaluar el impacto del cambio global en el océano y explorar su biodiversidad.
«Este ha sido, grosso modo, el propósito de la Expedición Malaspina desarrollada entre di­­ciembre de 2010 y julio de 2011», dice el oceanó­grafo Carlos Duarte, director de la expedición. Gracias a ella, más de 400 científicos marinos pertenecientes a una cincuentena de instituciones españolas y extranjeras han podido trabajar de forma conjunta durante el viaje de circunnavegación que ha recorrido buena parte de los grandes mares del planeta para estudiar el ecosis­tema del océano y los organismos que alberga..."
La Enciclopedia Wikipedia, con sus acostumbrados reportajes nos muestra cada uno de los cinco océanos que existen en el mundo: Océano Pacífico, Océano Atlántico, Océano Índico, Océano Ártico y Océano Antártico,



Día Mundial de los Océanos, 8 de junio 2018

http://www.un.org/es/events/oceansday/

http://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/grandes-reportajes/mana-oceano-sorprendentes-criaturas_6033

Los cenotes son espectaculares sistemas de agua subterránea que los Mayas consideraban sagrados, y a la vez una entrada al inframundo. En este pequeño lago, hay una zona cubierta por una hermosa planta de agua que es verde en la superficie, pero rosadas cuando se observa desde abajo. Foto del primer finalista en la categoría paisajes marinos subacuáticos - Concurso de fotografía del Día Mundial de los océanos/Pietro Cremone.

Mensaje del Secretario General

Los océanos hacen que este planeta azul en el que vivimos sea único en el sistema solar, y no solo por su apariencia. Los océanos ayudan a regular el clima mundial y son la principal fuente del agua que sustenta todas las formas de vida en la Tierra, de los arrecifes de coral a las montañas de cumbres nevadas, de las selvas tropicales a los ríos caudalosos e incluso a los desiertos. No obstante, el cambio climático, la contaminación y el uso insostenible de los océanos amenazan los servicios esenciales que estos brindan.
En este Día Mundial de los Océanos queremos resaltar el problema de la contaminación por plástico. El 80% de la contaminación de los mares se origina en tierra, y esto incluye unos 8 millones de toneladas de desechos de plástico por año. Los desechos de plástico obstruyen las vías fluviales, perjudican a las comunidades que dependen de la pesca y el turismo, matan a tortugas y aves, ballenas y delfines, y llegan a las zonas más alejadas del planeta y a todos los eslabones de la cadena alimentaria de la que dependemos en última instancia. A menos que invirtamos la tendencia, dentro de poco podría haber más desechos de plástico que peces en los océanos.
Debemos esforzarnos, cada quien por su parte, pero también en conjunto, para prevenir esta tragedia, que es totalmente prevenible, y reducir significativamente la contaminación marina de todo tipo, en particular por plástico. El cambio empieza por cada cual, y vale más que mil palabras. Las Naciones Unidas pretenden predicar con el ejemplo, y más de 30 de nuestros organismos ya están trabajando para acabar con el uso de productos de plástico desechables.
Aun así, cada cual tiene que hacer lo suyo. Tú puedes cambiar las cosas, hoy y todos los días, con gestos sencillos, como salir con tu propia botella de agua, taza de café o bolsa de la compra, reciclar los productos de plástico que compras, no comprar productos que contengan microplásticos y ofrecerte de voluntario para limpiar tu comunidad.
Si cada cual pone su granito de arena, podemos lograr muchísimo. En este Día Mundial de los Océanos, insto a los Gobiernos, a las comunidades y a cada uno de ustedes por igual a celebrar nuestros océanos ayudando a descontaminarlos y a mantenerlos vivos para las generaciones venideras.António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas
 
 
Las criaturas marinas son fascinantes y merecen ser protegidas, como el hermoso pez cofre amarillo (Ostracion cubicus), de Nueva Gales del Sur, en Australia.
Foto ganadora en la categoría joven del Concurso de fotografía del Día Mundial de los Océanos/Jack McKee.

«Aun así, cada cual tiene que hacer lo suyo. Tú puedes cambiar las cosas, hoy y todos los días, con gestos sencillos, como salir con tu propia botella de agua, taza de café o bolsa de la compra, reciclar los productos de plástico que compras, no comprar productos que contengan microplásticos y ofrecerte de voluntario para limpiar tu comunidad.» — António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas
 

Limpiemos nuestros océanos

Celebramos el Día Mundial de los Océanos para recordar a todo el mundo el gran papel que los océanos juegan en nuestras vidas. Son los pulmones de nuestro planeta, que generan la mayoría del oxígeno que respiramos. Asimismo, sirve para concienciar a la opinión pública sobre las consecuencias que la actividad humana tiene para los océanos y para poner en marcha un movimiento mundial ciudadano a favor de los océanos. Este día quiere movilizar y unir a la población mundial entorno al objetivo de la gestión sostenible de los océanos, que son una fuente importante de alimentos y medicinas y una parte esencial de la biosfera. En deninitiva, esta celebración es un buen motivo para celebrar juntos la belleza, la riqueza y el potencial de los océanos.
Este año, bajo el lema «Limpiemos nuestros océanos», la celebración gira en torno a iniciativas para prevenir la contaminación por plástico y proponer soluciones para unos océanos más limpios.
La polución por plástico está causando enormes daños a nuestros recursos marinos; entre otros:
  • El 80 % de la contaminación en los océanos está causada por los seres humanos.
  • 8 millones de toneladas de plástico al año acaba en nuestros océanos, causando estragos en la vida silvestre, la pesca y el turismo.
  • La contaminación por plástico está costando a nuestros océanos la vida de un millón de aves marinas y de 100 000 mamíferos marinos al año.
  • Los peces comen el plástico de los océanos y nosotros nos comemos después estos peces.
  • El plástico genera gastos de 8000 millones de dólares en daños a nuestro ecosistema marino, cada año.
 Salvemos nuestros océanos
Muchas son las cosas que podemos hacer nosotros mismos como individuos, en nuestro día a día, para reducir el consumo de plástico.
Recuerda: Usa menos plástico y recicla siempre el plástico que tengas que utilizar.
Interactúa en las redes sociales para ayudar a limpiar nuestros océanos con las etiquetas: #Salvemoslosoceanos, #diadelosoceanos.
Cada año se celebra un concurso de fotografía sobre los océanos; en este enlace Disponible en inglés puedes ver las fotografías premiadas de la pasada edición. Además, encontrarás información sobre cómo participar en el concurso.

Los océanos y los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Entre el 5 y 9 de junio de 2017 se celebró la Conferencia de los Océanos, la primera conferencia de las Naciones Unidas sobre este asunto. Representó una oportunidad única e inestimable para que el mundo reviertiera el deterioro de la salud de los océanos y los mares con soluciones concretas. La Conferencia sirvió, además, para promover el avance del objetivo 14, que es parte de la Agenda 2030 adoptada por los 193 estados miembros de la ONU en 2015. El objetivo hace un llamamiento para conservar y usar de forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos.
 
 
La tortuga marina verde (Chelonia mydas) habita sobre todo en aguas tropicales y, en menor medida, subtropicales. Esta es una tortuga verde hawaiana, genéticamente distinta de otras poblaciones de esta especie, que consta como especie en peligro de extinción. Foto Día Mundial de los Océanos/Bernard Spragg.

Los océanos en su contexto

En virtud de su resolución 63/111 Documento PDF, de fecha 5 de diciembre de 2008, la Asamblea General decidió que a partir de 2009, las Naciones Unidas designen el 8 de junio Día Mundial de los Océanos.
El concepto de un «Día Mundial de los Océanos» fue propuesto por primera vez en 1992 en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro como una manera de celebrar los océanos que comparten los países de mundo y nuestra relación personal con el mar, así como para crear conciencia sobre el papel crucial que los océanos desempeñan en nuestras vidas y las distintas maneras en que las personas pueden ayudar a protegerlos.
La Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) patrocina la Red Océano Mundial, que desde el 2002 desempeña un papel fundamental en la organización de eventos para sensibilizar al público sobre la importancia del océano el 8 de junio.
Los océanos ayudan a regular el clima y el tiempo y proporcionan oxígeno y alimentos, así como otros efectos beneficiosos para el medio ambiente y para la sociedad y la economía en general.
Los océanos actúan como pulmones del plantea. Proporcionan la mayor parte del oxígeno que respiramos. También son fuente de alimento y medicinas y parte fundamental de la biosfera. La «economía azul» del océano es eje central de nuestras vidas: los productos del mar son la principal fuente de proteínas para al menos una de cada cuatro personas en le mundo.

Datos y cifras

  • Los océanos cubren más de 70% de la superficie del globo. Solo el 1% de la superficie oceánica está protegida.
  • Entre un 50 y un 80% de la vida en la Tierra se encuentra bajo la superficie del océano, que constituye 90% del espacio habitable del planeta. Menos de 10% de este espacio ha sido explorado hasta ahora por el Hombre.
  • Un conjunto de organismos marinos minúsculos llamados fitoplancton producen la mitad del oxígeno de la atmósfera mediante la fotosíntesis.
  • Los océanos contienen 96% de todo el agua de la Tierra. El resto es agua dulce que se encuentra en forma de ríos, lagos y hielo.
  • El océano absorbe anualmente cerca del 25% del CO2 que se agrega a la atmósfera debido a la actividad humana, reduciendo así el impacto de este gas con efecto de invernadero en el clima.
  • El conjunto de los ecosistemas costeros que actúan como sumideros de carbono, como los manglares, las marismas salinas y las praderas submarinas pueden contener una cantidad de carbono cinco veces superior a la de los bosques tropicales.
 
La vida bajo el mar puede ser mágica. Estas estrellas de mar y este pequeño molusco, un cauri, nos recuerda la importancia de mantener limpios nuestros océanos de plásticos.
Foto ganadora del segundo premio en la categoría Vida bajo el mar del Concurso de Fotografías, del Día Mundial de los Océanos/Dragos Dumitrescu.
                         

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO)

Documentos

Los enlaces siguientes le dirigirán al Sistema de Información Bibliográfica de las Naciones Unidas. Para obtener el documento deseado, pulse sobre el enlace «Español».

Declaraciones y Convenciones

 
Este día se celebra por una iniciativa canadiense, y su celebración es relativamente reciente. Los océanos cubren dos terceras partes de la superficie de la Tierra, y a través de sus interacciones con la atmósfera, litosfera y la biósfera, juegan un papel relevante en la conformación de las condiciones que hacen posible las distintas formas de vida del planeta. Además de servir como hábitat de una vastísima colección de plantas y animales, los océanos proporcionan alimento, energía y múltiples recursos a los seres humanos. En 1994, la comunidad internacional dio un paso muy importante para la protección de los océanos al haber entrado en vigor la Convención de las Naciones Unidas sobre la Ley para los Océanos. Una de las principales tareas de la campaña en favor de la flora y la fauna marinas es la preservación del atún, el tiburón, el pez espada y las poblaciones de merlín. En 1997 la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el año 1998 como el Año Internacional de los Océanos.
 
 
El maná del océano: sorprendentes criaturas

Son los organismos planctónicos de las capas más superficiales del océano: un ejército de miles de millones de criaturas esenciales para la cadena alimentaria marina.

Cnidarios
Existen más de 10.000 especies de cnidarios, unos animales acuáticos que presentan células urticantes llamadas cnidocitos en sus tentáculos, también conocidos como cnidoblastos.
Foto: Joan Costa

Larvas de pulpo
Las larvas de los pulpos nacen midiendo unos pocos milímetros, pero crecen rápidamente y de forma exponencial, de tal modo que doblan su peso cada semana.
Foto: Joan Costa

Larvas de cangrejo
Larva de un cangrejo del grupo de los braquiuros.
Foto: Joan Costa

Prosobranquios
Los prosobranquios son moluscos gasterópodos que incluyen miles de especies de caracoles, la mayoría de ellos marinos.
Foto: Joan Costa

Physalia physalis
Ejemplar juvenil de carabela portuguesa (Physalia physalis).
Foto: Joan Costa

Physalia physalis
La carabela portuguesa (Physalia physalis), un hidrozoo sifonóforo abundante en las aguas tropicales y subtropicales del planeta, es capaz de paralizar peces grandes con sus tentáculos urticantes. Su picadura es muy dolorosa y peligrosa también para el ser humano.
Foto: Joan Costa

Ctenóforos
Los animales gelatinosos están constituidos en más de un 90 % de agua y han sido objeto de estudio durante la Expedición Malaspina 2010.  Un ctenóforo del género Pleurobrachia.
Foto: Joan Costa

Ctenóforos
Los ctenóforos son organismos planctónicos gelatinosos cuya medida oscila entre los pocos milímetros a los 10 centímetros de longitud. Su nombre significa "portadores de peines", en referencia a largos cilios que baten sincrónicamente para desplazarse. Generalmente son transparentes, aunque algunas especies, las que viven a mayor profundidad, pueden ser bioluminiscentes.
Foto: Joan Costa

Terebélidos
Larva de anélido poliqueto del grupo de los terebélidos.
Foto: Joan Costa

Porpita porpita.
Cnidario hidrozoo de la especie Porpita porpita.
Foto: Joan Costa

Velella
Cnidario sifonóforo del género Velella.
Foto: Joan Costa

Spirula spirula
El esqueleto interno del cefalópodo Spirula spirula forma una espiral translúcida de calcio. Este molusco es en la actualidad la única especie viviente del orden de los espirúlidos. Similar a una sepia, este pequeño animal pelágico mide entre tres y cuatro centímetros de largo.
Foto: Joan Costa

Atolla
Medusa coronada del género Atolla.
Foto: Joan Costa

Atlanta
Molusco heterópodo del género Atlanta.
Foto: Joan Costa

Atlanta
Como la mayoría de los organismos planctónicos, este molusco heterópodo del genero Atlanta es totalmente transparente. Este grupo incluye tanto organismos provistos de concha como desnudos, y su nombre deriva del carácter asimétrico del pie natatorio. Su tamaño oscila entre los pocos milímetros a escasos centímetros de longitud.
Foto: Joan Costa

Cavolinia
 Los animales gelatinosos, como los que se muestran en estas páginas, están constituidos en más de un 90 % de agua y han sido objeto de estudio durante la Expedición Malaspina 2010. Una larva de molusco pterópodo del género Cavolinia.
Foto: Joan Costa
 
Pontéllidos
El color azul de esta hembra de copépodo marino de la familia de los pontéllidos le sirve de protección tanto de la radiación ultravioleta, como de las aves depredadoras Los copépodos son crustáceos planctónicos cuyo tamaño llega a 1 centímetro. Son, probablemente, los animales pluricelulares más abundantes del planeta, incluso más que los insectos.
Foto: Joan Costa

Mictófidos
Los peces linterna o mictófidos son una familia de pequeños peces que habitan hasta 1.000 metros de profundidad, donde existe una tenue luz que pueden detectar gracias a sus grandes ojos. Los fotóforos, esos puntos ubicados en su costado y alrededor de la boca, son órganos especiales emisores de una luz que les sirve tanto para atraer a sus presas como para identificar a su pareja en un mundo de oscuridad permanente.
Foto: Joan Costa

Fotóforos
Los peces linterna, o linternillas, poseen unos órganos llamados fotóforos, pequeños puntos luminosos que les sirven para comunicarse y atraer a las presas en las oscuras aguas de los fondos abisales. Aunque viven a gran profundidad, por la noche ascienden a la superficie para alimentarse del plancton.
Foto: Joan Costa

Pez volador
Pez volador juvenil de la familia de los exocétidos.
Foto: Joan Costa

Pez volador
Pez volador juvenil de la familia de los exocétidos.
Foto: Joan Costa

El patín de Neuston
Esta especie de catamarán, llamado patín de neuston, es utilizado por los científicos marinos desde los años sesenta. En el centro lleva una fina malla destinada a rebañar la superficie del océano para recolectar organismos zooplanctónicos como los que ilustran este reportaje.
Foto: Joan Costa

El Hespérides
El Hespérides, buque oceanográfico insignia de nuestro país, surca las aguas del Pacífico durante la Expedición Malaspina 2010. En sus más de 20 años de existencia ha recorrido todos los océanos del globo, y en él han navegado miles de científicos de todo el mundo.
Foto: Joan Costa
25 de mayo de 2012

El maná del océano: sorprendentes criaturas
Dar la vuelta al mundo con el fin de evaluar el impacto del cambio global en el océano y explorar su biodiversidad.
«Este ha sido, grosso modo, el propósito de la Expedición Malaspina desarrollada entre di­­ciembre de 2010 y julio de 2011», dice el oceanó­grafo Carlos Duarte, director de la expedición. Gracias a ella, más de 400 científicos marinos pertenecientes a una cincuentena de instituciones españolas y extranjeras han podido trabajar de forma conjunta durante el viaje de circunnavegación que ha recorrido buena parte de los grandes mares del planeta para estudiar el ecosis­tema del océano y los organismos que alberga.
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Fotografías
La iniciativa, financiada por el programa Consolider del Ministerio de Ciencia e Innovación y gestionada por el CSIC con el apoyo de la Armada Española, ha hecho posible que una importante representación de la comunidad científica especializada en ciencias marinas haya participado en una toma de muestras a gran escala realizada en centenares de estaciones ubicadas en mar abierto. ¿El objetivo? «Medir distintos parámetros referentes al agua, el aire y la biodiversidad marina que aportarán una información muy valiosa del que es el ecosistema más desconocido de la Tierra: el océano», explica el investigador, adscrito al Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados, centro mixto del CSIC y la Universidad de las Islas Baleares.
La expedición rememora al marino Alejandro Malaspina, quien por encargo del monarca Carlos IV protagonizó entre 1788 y 1794 el primer viaje científico español de circunnavegación. Mientras que el explorador de origen italiano hizo su proeza a bordo de las corbetas Atrevida y Descubierta (así llamadas por los navíos Resolution y Discovery, que acompañaron a James Cook en su último viaje), la odisea contemporánea se ha realizado a bordo de dos buques oceanográficos. Uno, propiedad de la Armada Española, es el famoso Hespérides, construido y botado en 1990 y que ha recorrido ya más de 300.000 millas náuticas a lo largo de su vida; para esta expedición ha dado una vuelta completa al mundo en el transcurso de siete meses. El otro, el Sarmiento de Gamboa, del CSIC, completó una derrota que lo llevó desde Vigo, su base de operaciones, hasta las islas Canarias, y de allí a Santo Domingo, donde durante tres meses se centró en el estudio del océano Atlántico. La navegación de los dos buques da un total de 42.000 millas náuticas, o lo que es lo mismo, 77.784 kilómetros. No está nada mal.
Un largo recorrido que ha permitido a los expedicionarios reunir un inmenso tesoro científico que ahora hay que inventariar y estudiar. «Hemos almacenado unos 6.000 gigabytes de datos y 120.000 muestras de agua, aire y plancton», explica Duarte. De entre todas esas muestras destacan las que componen la colección de genoma del plancton del océano profundo más completa recolectada hasta este momento, que fue trasladada en ultracongeladores a bordo del Hespérides a una temperatura de -80 °C.
Unas 20.000 muestras conformarán un banco sellado durante décadas. Una especie de “cápsula del tiempo” a disposición de los científicos para evaluar los cambios acaecidos en el océano.
«Es una colección amplia que comprende desde virus y bacterias hasta medusas y larvas de peces –puntualiza el investigador–. Sabemos ya, tras analizar las muestras que fueron enviadas a España desde puertos intermedios durante la expedición, que contamos con la cantidad suficiente de ácidos nucleicos para completar un catálogo global de genómica marina.»
El análisis de tanta información requerirá años de trabajo, pero aportará nuevos y valiosos datos sobre la compleja biodiversidad del océano. «Sin duda, algunos propiciarán importantes descubrimientos que tendrán múltiples aplicaciones en el campo de la biotecnología», añade.
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Entre las miles de muestras que los científicos deberán estudiar se hallan los espectaculares organismos que ilustran estas páginas, recogidos desde el Hespérides durante el trayecto comprendido entre Sydney (Australia), Auckland (Nueva Zelanda) y Honolulu (Hawai), un maravilloso catálogo del zooplancton presente en esa área del Pacífico. En concreto del neuston y el pleuston, que son los grupos de organismos, microscópicos los primeros y de varios centímetros de longitud los segundos, que se acumulan y viven en la capa más superficial del océano. Mientras que algunos viven totalmente sumergidos, otros lo hacen posados sobre la película superficial. Muchos de ellos flotan en el agua, algunos porque en su interior albergan aire; otros, porque contienen en su cuerpo pequeñas gotas de grasa, como es el caso de las larvas y de los huevos de ciertos animales, que utilizan esos lípidos para alimentarse durante su desarrollo. En estos grupos de organismos conviven, entre otros, mi­­croalgas, bacterias, moluscos, crustáceos, medusas, insectos y pequeños peces que pasan varios meses, incluso un año, flotando y desplazándose por el océano a merced de las corrientes y del viento superficial, y que a veces llegan a recorrer miles de kilómetros sin gastar apenas energía.
«Estas comunidades son relativamente desconocidas para los biólogos –dice Juan Ignacio González-Gordillo, profesor de la Universidad de Cádiz y responsable de la toma de muestras durante la expedición–. Aunque en general ya hace más de un siglo que se recolecta y estudia el zooplancton, las primeras redes para capturar específicamente neuston y pleuston se utilizaron por primera vez en los años cincuenta.» En la Expedición Malaspina 2010 los científicos han usado para tal fin el denominado patín de neuston, una especie de catamarán que en la parte central lleva una red diseñada para rebañar la superficie del agua. «El programa de actividades científicas llevado a cabo durante la expedición era muy apretado. La toma de muestras con el patín se iniciaba cada día a las 14 horas y duraba 15 minutos. Pero el día de Navidad de 2010 empezamos más tarde de lo normal y acabamos izando el patín por la noche –recuerda Duarte–. Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando vimos que la red rebosaba no solo de neuston y pleuston, sino también de una gran cantidad de animales de mayor tamaño que habían ascendido a la superficie para alimentarse de estos organismos aprovechando la oscuridad nocturna para pasar desapercibidos ante los depredadores.»
Entre ellos se encontraba un sorprendente pez linterna, de la familia de los mictófidos. «Este ejemplar en concreto me­­día unos cuatro centímetros. Recubierto de unos puntos bioluminiscentes que se asemejan a gotas de agua, el pez linterna vive a una profundidad de entre 500 y 1.000 metros, pero por la noche asciende a la superficie para ingerir esta especie de maná marino», explica el oceanógrafo. A partir de ese momento empezaron a recolectar muestras dos veces por jornada, una durante el día y otra durante la noche.
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Fotografías
«Es curioso observar cómo, a pesar de estar durante meses a la deriva, los organismos neustónicos acaban siempre congregándose en las áreas donde viven sus congéneres, lo que resulta esencial para la renovación de las poblaciones», dice González-Gordillo. Eso sucede porque la derrota vital de estas pequeñas criaturas está determinada por las corrientes marinas y por la meteorología de la cuenca marina donde se desarrollan, parámetros que marcan su devenir conjunto por la superficie del mar. «Al acumularse en la superficie, forman agregados tan densamente poblados que incluso pueden influir en los procesos físicos y químicos que se dan entre el agua y el aire en los primeros milímetros de la columna de agua», añade.
Esenciales en la cadena trófica marina, estos representantes más diminutos del plancton han desarrollado adaptaciones concretas para sobrevivir en la capa más superficial del mar, que a menudo presenta condiciones estresantes. «Es la parte del océano que más radiación ultravioleta recibe, además de estar sometida frecuentemente a fuertes vientos y corrientes», dice el investigador. Tales circunstancias determinan el hecho de que hayan desplegado estrategias para mejorar su flotabilidad y adaptaciones cromáticas (como la aparición de pigmentación en el dorso de larvas y juveniles de peces y crustáceos) para protegerse de la intensidad lumínica y de la radiación ultravioleta. «Ciertas especies incluso modifican su comportamiento con objeto de evitar la sobreexposición solar –añade–; es el caso de los organismos neustónicos que se mantienen a mayor profundidad durante el día y ascienden a la superficie solo por la noche.»
Ahora, los científicos abordan la ingente labor de analizar el material recolectado, lo que les lle­vará no menos de diez años. «Las muestras están distribuidas en los laboratorios de las universidades de Cádiz y Oviedo y en tres centros del CSIC: el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados, en Mallorca, el Institut de Ciències del Mar y el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua, los dos últimos en Barcelona», dice Carlos Duarte. De las 120.000 muestras obtenidas, unas 100.000 ya están siendo estudiadas. «El resto, un 15 %, se ha destinado a la denominada Colección Malaspina –añade–. Unas 20.000 muestras ambientales y biológicas que conformarán un banco sellado durante décadas. Una especie de “cápsula del tiempo” a disposición de la comunidad científica que permita evaluar los cambios acaecidos en el océano, quizá con tecnologías que hoy aún no están desarrolladas.»
Quién sabe. Tal vez algunas de las fascinantes criaturas de estas fotografías revelen secretos todavía ignorados por la ciencia. Habrá que esperar para saberlo. De momento ya nos han dejado entrever un mundo minúsculo in­­mensamente hermoso y desconocido. Un universo de seres mínimos, intangibles, casi etéreos, de cuya vida nos queda casi todo por saber.
NATIONAL GEOGRAPHIC

OCÉANO PACÍFICO
Océano Pacífico
Pacific Ocean-ES.png
Ubicación geográfica y administrativa
ContinenteAsia, Oceanía, América.

Cuerpo de agua
SubdivisionesPacífico norte
Pacífico sur
Islas interioresAnexo:Islas del Pacífico
Dimensiones
Superficie155 557 000 km²[1]​
Volumen714 839 310 km³
ProfundidadMedia: 4280 m
Máxima: 10 924 m (Abismo Challenger en la Fosa de las Marianas)[1]​
Mapa(s) de localización
Coordenadas0°N 160°O / 0, -160Coordenadas: 0°N 160°O / 0, -160 (mapa)
El océano Pacífico es el mayor océano de la Tierra. Ocupa la tercera parte de su superficie y se extiende aproximadamente 15 000 kilómetros desde el mar de Bering limitando con el Ártico por el norte, hasta los márgenes congelados del mar de Ross y limitando por el sur con la Antártida. Alcanza su mayor anchura (del orden de 19 800 km) aproximadamente a 5 grados de latitud norte, extendiéndose desde Indonesia hasta la costa de Colombia. Se entiende que el límite occidental del océano está en el estrecho de Malaca.
El Pacífico contiene aproximadamente 25 000 islas (más que todos los demás océanos del mundo juntos), casi todas las cuales están ubicadas al sur de la línea ecuatorial. Cubre un área de 155 557 000 km².[1]​ El punto más bajo de la superficie de la corteza terrestre, la fosa de las Marianas, se encuentra en el Pacífico.
El océano Pacífico solo se comunica con el océano Atlántico a través de tres conexiones: los pasos naturales en el extremo austral americano, el estrecho de Magallanes y el pasaje de Drake, y una conexión artificial, el canal de Panamá.
El primer europeo en ver el océano Pacífico desde la orilla americana fue el hidalgo y explorador español Vasco Núñez de Balboa, quien, tras cruzar el istmo de Panamá, tomó posesión de sus aguas en nombre de los reyes de España el día 25 de septiembre de 1513, y le otorgó el nombre de mar del Sur.
Unos años más tarde, el navegante portugués Fernando de Magallanes durante su expedición a Filipinas y las Molucas al servicio de la Corona de España, le dio el nombre de Pacífico por encontrarse aguas tranquilas durante la mayor parte de su viaje desde el estrecho de Magallanes. Sin embargo, el Pacífico no siempre hace honor a su nombre, pues a menudo los tifones, los huracanes y la actividad sísmica y volcánica golpean las islas de este océano y los litorales continentales.
https://es.wikipedia.org/wiki/Oc%C3%A9ano_Pac%C3%ADfico
WIKIPEDIA

OCÉANO ATLÁNTICO
Océano Atlántico
Océano o mar de la IHO (n.º id.: 23 y 32)
Oceano Atlantico.png
Ubicación geográfica y administrativa
ContinenteAmérica, África y Europa

País(es)Países atlánticos
Cuerpo de agua
SubdivisionesOcéano Atlántico Norte (n.º id. 23)
Océano Atlántico Sur (n.º id. 32)
Mares Báltico, Caribe, de Groenlandia, Mediterráneo, Negro, del Norte, de Noruega, Cantábrico y golfos de México, Venezuela, Argentino, Scotia y San Lorenzo
Islas interioresIslas del Atlántico
Ciudades costerasPuertos atlánticos
Ríos drenadosRíos de la vertiente atlántica
Dimensiones
Longitud14.700 km (N-S)
Anchura máxima4.870 km (media)
11.800 km (máx., golfo de México-Mar Negro)
Superficie81 760 000 km²[1]​[nota 1]​ (total: 106 460 000) [2]​[3]​
Volumen354.700 000 km³
Separación mínima2.848 km (Brasil-Liberia)
Longitud costa111 866 km[1]​
ProfundidadMedia: 3 646 m[1]​
Máxima: 8 605 m (fosa de Puerto Rico)[1]​
Accidentes geográficos
Golfos y bahíasGolfos y bahías del océano Atlántico
CabosCabos del océano Atlántico
EstrechosEstrechos del océano Atlántico
Otros datos
Salinidad12 g.L-1
Mapa(s) de localización
Coordenadas0°N 30°O / 0, -30Coordenadas: 0°N 30°O / 0, -30 (mapa)

El océano Atlántico es el océano que separa América, al oeste de Europa y África, al este. Se extiende desde el océano Ártico, en el norte, hasta el océano Antártico, en el sur. Es el segundo océano más extenso de la Tierra tras el océano Pacífico. Ocupa el 20 % de la superficie del planeta, y el 26 % del total de tierras sumergidas. Es además el océano más joven del planeta, formado hace 200 millones de años[4]​ por la división del supercontinente Pangea.
El océano Atlántico es un agente de importancia global en lo referente al clima, ya que de sus corrientes depende en buena medida el clima de los continentes ribereños. A lo largo de la historia ha supuesto una barrera cultural que ha separado los llamados Viejo y Nuevo Mundo, hasta la llegada de la Era de los Descubrimientos lo que supuso para el océano convertirse en un punto de intercambio comercial y cultural. No ha perdido su importancia geoestratégica convirtiéndose en escenario de grandes batallas desde el siglo XIX hasta ser escenario de conflictos en la Guerra Fría.
El ecuador terrestre lo divide artificialmente en dos partes, Atlántico Norte y Atlántico Sur. Su nombre procede del griego Atlas, uno de los titanes de la mitología griega. Alcanza su máxima profundidad en la fosa de Puerto Rico.
Se comunica artificialmente con el océano Pacífico a través del canal de Panamá, de forma natural a través del estrecho de Magallanes y el pasaje de Drake, y con el océano Índico a través del canal de Suez.
https://es.wikipedia.org/wiki/Oc%C3%A9ano_Atl%C3%A1ntico
WIKIPEDIA.

OCÉANO ÍNDICO
Océano Índico
Océano o mar de la IHO (n.º id.: 45)
Indianocean.PNG
Ubicación geográfica y administrativa
ContinenteÁfrica, Asia y Oceanía

País(es)39 países y 7 territorios (Ver: Países y territorios ribereños)
Cuerpo de agua
SubdivisionesÍndico Oriental, Occidental e Índico Sur
(incluye los mares de Andamán, Arabia, Balí, Flores, Java, Laquedivas, Rojo, Savu y Timor, el canal de Mozambique y los golfos de Adén, Aqaba, Bengala, Omán y Pérsico y la Gran Bahía Australiana)
Islas interioresAnexo:Islas del Índico
Ríos drenados
Dimensiones
Anchura máximaca. 10 000 km
Superficie68 556 000 km²[1]​
Volumen292 131 000 km³
Longitud costa66 526 km[1]​
ProfundidadMedia: -3 741 m[1]​
Máxima: -7 258 m (f. Java)[1]​
Mapa(s) de localización
Coordenadas20°S 80°E / -20, 80Coordenadas: 20°S 80°E / -20, 80 (mapa)
El océano Índico es uno de los océanos de la Tierra, el tercero más grande por superficie, baña las costas de África del Este, Oriente Medio, Asia del Sur, y Australia.
El Índico cubre aproximadamente el 20 % de la superficie del planeta. Delimita con el océano Atlántico por el meridiano 20º este (cabo de las Agujas), con el Pacífico por el meridiano 147º este y con el Antártico por el paralelo 60º sur. El punto más al norte del océano Índico está aproximadamente a 30º norte de latitud en el golfo Pérsico. El océano mide aproximadamente 10 000 km de ancho entre las puntas sur de África y Australia; su área es 68 556 000 km², incluyendo el mar Rojo y el golfo Pérsico.[1]​ El volumen del océano se estima en 292 131 000 km³.[2]​ Pequeñas islas salpican los bordes continentales. Se le considera el océano más contaminado del mundo.[cita requerida]
Las naciones insulares del océano son Madagascar (4ª isla más grande del mundo), Comores, Seychelles, Maldivas, Mauricio, y Sri Lanka; Indonesia lo bordea. Sirve como una ruta de tránsito entre Asia y África lo que lo ha convertido en un foco de conflictos. De todas maneras, ninguna nación lo ha dominado con éxito hasta los inicios del siglo XIX cuando los ingleses colonizaron la mayoría de la tierra perimetral. El Índico fue llamado así porque baña las costas de la India.
https://es.wikipedia.org/wiki/Oc%C3%A9ano_%C3%8Dndico
WIKIPEDIA

OCÉANO ÁRTICO
Océano Ártico
Océano o mar de la IHO (n.º id.: 17)
Mapa del Océano Ártico.png
Ubicación geográfica y administrativa
ContinenteAmérica, Europa y Asia

Cuerpo de agua
Islas interioresAnexo:Islas del Ártico
Dimensiones
Longitud costa45 389 km[1]​
ProfundidadMedia: 1205 m[1]​
Máxima: 5607 m (abismo Molloy)[1]​
Mapa(s) de localización
Coordenadas90°N 0°E / 90, 0Coordenadas: 90°N 0°E / 90, 0 (mapa)
El océano Ártico u océano Glacial Ártico[2]​ es el más pequeño y más septentrional de los océanos del planeta. Se encuentra principalmente al norte del círculo polar ártico, ocupando el área entre Europa, Asia y América del Norte.[1]​ Abarca unos 14 056 000 km² de extensión[1]​ y sus profundidades oscilan entre los 2000 m y 4000 m en la región central, y los 100 m en la plataforma continental. Su profundidad media es de 1205 m bajo el nivel del mar.[1]​
Este océano limita con la parte norte del Atlántico, recibiendo grandes masas de agua a través del estrecho de Fram y el mar de Barents. Está limitado por el estrecho de Bering, entre Chukotka (Rusia) y Alaska (EE. UU.), que lo separa del Pacífico; por la costa norte de Alaska y Canadá. También limita con el litoral septentrional de Europa y Asia.
Grandes masas de hielo protegen durante todo el año a este océano de las influencias atmosféricas. En su parte central pueden encontrarse casquetes de hielo de hasta cuatro metros de espesor. Las grandes capas de hielo suelen formarse por el deslizamiento de grandes paquetes de hielo uno sobre otro.
Las temperaturas en invierno suelen rondar los −50 °C debido a los fuertes vientos provenientes de Siberia (Rusia); mientras que en el verano y apenas pueden superar el 0 °C; en tanto que en la plataforma continental pueden darse temperaturas de hasta 30 °C.
https://es.wikipedia.org/wiki/Oc%C3%A9ano_%C3%81rtico
WIKIPEDIA

OCÉANO ANTÁRTICO
Océano Antártico
Mapa del Océano Antártico.png
Ubicación geográfica y administrativa
ContinenteAntártida

Cuerpo de agua
Islas interioresCategoría:Islas de la Antártida
Dimensiones
Superficie20 327 000 km²[1]​
Longitud costa17 968 km[1]​
ProfundidadMedia: 3270 m[1]​
Máxima: 7235 m (Fosa de las Sandwich del Sur)[1]​
Mapa(s) de localización
Coordenadas70°S 150°O / -70, -150Coordenadas: 70°S 150°O / -70, -150 (mapa)
El océano Antártico, también denominado océano Meridional u océano Austral (en inglés Southern Ocean), océano Glacial Antártico o mar Glacial Antártico, es una extensión oceánica cuya existencia como océano es disputada. En general se reconoce su existencia desde las costas de la Antártida hasta los 60° Sur,[2]​ límite convencional con el océano Atlántico, el océano Pacífico y el océano Índico. Es el penúltimo océano en extensión, siendo sólo el océano Ártico aún más pequeño. La Organización Hidrográfica Internacional definió su extensión y existencia en 2000, coincidiendo con los límites de aplicación del Tratado Antártico, pero la decisión no fue ratificada.
El océano Antártico rodea completamente a la Antártida, y junto al Ártico son los únicos en circundar el mundo de forma completa. Tiene una superficie de 20 327 000 km²,[1]​ una cifra que comprende a los mares periféricos, que en sentido horario son: parte del pasaje de Drake (o mar de Hoces), parte del mar del Scotia, mar de Weddell, mar del Rey Haakon VII, mar de Lázarev, mar de Riiser Larsen, mar de los Cosmonautas, mar de la Cooperación, mar de Davis, mar de Mawson, mar de Urville, mar de Somov, mar de Ross, mar de Amundsen, y el mar de Bellingshausen. La tierra firme es visible sobre el océano con 17 968 km de costa.
https://es.wikipedia.org/wiki/Oc%C3%A9ano_Ant%C3%A1rtico
WIKIPEDIA.

Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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