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Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos informa del hallazgo de un anillo de compromiso de oro, con una extraña inscripción amorosa, la pieza de compromiso fue encontrada al norte de Utrecht, en los Países Bajos; los anillos de compromiso fueron comunes en la Edad Media en Inglaterra y Francia.
National Geographic .- narra : "...Este precioso anillo dorado y reluciente es de la Baja Edad Media, ha sido fechado entre el 1375 y el 1500. Su diseño exterior es bonito pero bastante común; en su interior, en cambio, esconde un enigma... "Nunca antes se había encontrado un anillo así en los Países Bajos", explica en un comunicado
reciente la organización Landschap Erfgoed Utrecht, dedicada tanto al
paisaje como al patrimonio, destacando que el hallazgo fue realizado en
Utrecht, en el centro de los Países Bajos,..."
Estos anillos de oro, como este hallado al
norte de Utrecht, tienen una breve inscripción de tema amoroso y fueron
muy populares en Inglaterra y en Francia como anillos de compromiso y de
matrimonio; este tiene una particularidad...
Anillo de finales de la Edad Media
Foto: Landschap Erfgoed Utrecht
Descubierto en una turbera agrícola
Foto: Landschap Erfgoed Utrecht
Decoraciones exteriores e inscripción interior
Foto: Landschap Erfgoed Utrecht
Un tipo de anillo que fue popular en Inglaterra y en Francia
Foto: Landschap Erfgoed Utrecht
Dorado y reluciente
Foto: Landschap Erfgoed Utrecht
Un regalo para la persona amada
Foto: Landschap Erfgoed Utrecht
Inscripción en francés con letras góticas
Foto: Landschap Erfgoed Utrecht
¿Una pantera del amor o un perro?
Foto: Landschap Erfgoed Utrecht
Alec Forssmann
Países Bajos: un anillo medieval con una inscripción amorosa... y misteriosa
Este precioso anillo dorado y reluciente es de la Baja Edad Media, ha sido fechado entre el 1375 y el 1500. Su diseño exterior es bonito pero bastante común; en su interior, en cambio, esconde un enigma... "Nunca antes se había encontrado un anillo así en los Países Bajos", explica en un comunicado
reciente la organización Landschap Erfgoed Utrecht, dedicada tanto al
paisaje como al patrimonio, destacando que el hallazgo fue realizado en
Utrecht, en el centro de los Países Bajos, pero sin revelar la ubicación exacta "a petición del buscador anónimo". National Geographic España
ha contactado con el arqueólogo Anton Cruysheer, quien ha estudiado el
anillo: "El anillo ha sido hallado entre Utrecht y Ámsterdam, más
concretamente al norte de Utrecht, en una turbera agrícola que en siglos
pasados recibió basura urbana. La pieza seguramente viajó con esa
basura procedente de la ciudad de Utrecht". Estos anillos de oro se
conocen en inglés como posie rings: en la superficie tienen
una breve inscripción de tema amoroso y fueron muy populares en
Inglaterra y en Francia como anillos de compromiso y de matrimonio. Pero este tiene una particularidad...
"Aunque algunos de estos anillos fueron elaborados en Francia, la
mayoría procede de Inglaterra y, por tanto, creemos que el anillo fue
producido en este último país", comenta Cruysheer. El interior está
grabado con letras góticas en francés que dicen lo siguiente: "Amours portent mon cuer à mon ami". La traducción, según dicha organización, sería: "El amor lleva mi corazón a mi amado". Es decir, el amor se dirigía a un hombre y no a una mujer,
que era lo común, pues estos anillos eran entregados por un hombre a
una mujer, por ejemplo como un anillo de boda. ¿Significa que este
anillo particular fue entregado por una mujer a un hombre o, tal vez,
por un hombre a un hombre? Otra incógnita: ¿qué animal es ese que
aparece representado? "La investigadora Janet van der Meulen y yo
proponemos dos explicaciones: es una pantera del amor, conocida por ser un símbolo cristiano o religioso, o un perro, un galgo con manchas, percibido como un símbolo de la fidelidad o lealtad matrimonial; creemos que la explicación del perro es la más probable", concluye Cruysheer.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., creo que por fin se está tomando en serio el llamado "reciclaje de los residuos plásticos"; y justamente ha sido un país desarrollado como Holanda o Países Bajos, que ha construido el primer parque con plástico reciclado.
Es una fantástica iniciativa, ha sido posible en la Ciudad de Rotterdam, que consiste en una plataforma flotante, construida con residuos plásticos, recogidos del mar y canales fluviales.
National Geographic.- dice : "En la ciudad de Rotterdam acaba de abrir sus puertas el primer parque fabricado íntegramente con plástico reciclado. Se trata de una plataforma flotante sobre las aguas del canal Nuevo Mosa elaborada íntegramente a partir de residuos plásticos recogidos en el mar y canales fluviales.
National Geographic.- agrega: "...Plataforma flotante : La estructura modular permite conectar fácilmente distintos bloques para crear una gran plataforma flotante, una idea que aporta un valor extra al parque, ya que, además de ser una zona verde, ayuda a mejorar el ecosistema subacuático, pues en la parte inferior de la estructura pueden adherirse algas y plantas que mejoren el hábitat de las especies acuáticas. Además, la versatilidad de la instalación permite asimismo recolocar las plataformas a placer, pudiendo diseñar un nuevo espacio urbano capaz de albergar eventos de todo tipo, como por ejemplo festivales...."
Los módulos hexagonales anexos a una especie de cobertura polivalente semejante a un invernadero donde también se clasifican y reciclan los residuos recogidos en el agua para darles un nuevo uso.
En la parte inferior de la estructura pueden adherirse algas y plantas que mejoren el hábitat de las especies acuáticas.
Imagen 3D: Whim Architecture
Redacción
9 de julio de 2018
El primer parque fabricado con plástico reciclado
En la ciudad de Rotterdam acaba de abrir sus puertas el primer parque fabricado íntegramente con plástico reciclado. Se trata de una plataforma flotante sobre las aguas del canal Nuevo Mosa elaborada íntegramente a partir de residuos plásticos recogidos en el mar y canales fluviales.
La construcción, de 140 metros cuadrados, ha sido idea del arquitecto Ramon Knoeste. ingeniero de Whim Architects, con apoyo de la fundación Recicled Island. Su objetivo es múltiple: por una parte, persigue aportar su granito de arena para solucionar el acuciante problema del exceso de residuos plásticos en las aguas de la ciudad. Además, satisface la necesidad de construir una zona verde en un área urbana e industrial. Por otro lado, ayuda a mantener los ecosistemas acuáticos, favoreciendo el hábitat de la ictiofanuna del canal.
El parque incluye zonas verdes flotantes formadas por unos módulos hexagonales anexos a una especie de cobertura polivalente semejante a un invernaderodonde también se clasifican y reciclan los residuos recogidos en el agua paradarles un nuevo uso.
Plataforma flotante
La estructura modular permite conectar fácilmente distintos bloques para crear una gran plataforma flotante, una idea que aporta un valor extra al parque, ya que, además de ser una zona verde, ayuda a mejorar el ecosistema subacuático, pues en la parte inferior de la estructura pueden adherirse algas y plantas que mejoren el hábitat de las especies acuáticas. Además, la versatilidad de la instalación permite asimismo recolocar las plataformas a placer, pudiendo diseñar un nuevo espacio urbano capaz de albergar eventos de todo tipo, como por ejemplo festivales.
Los visitantes del parque podrán, entre otras cosas, tomarse un café en los bancos instalados en los módulos junto a las zonas verdes o incluso asistir a un concierto en un marco natural en medio de esta ciudad portuaria.
Una vez inaugurado el primer parque, Knoeste tiene previsto repetir el proyecto en otras ciudades, como Amsterdam, Charleroi (Bruselas) y hasta Yakarta (Indonesia), una metrópolis fuertemente diezmada por los abundantes desechos plásticos que flotan en sus aguas.
Las micropartículas de plástico son perjudiciales para la vida marina, incluido el pescado y el marisco que comemos. ¿Son perjudiciales para el ser humano?
Pulga de mar
Los microplásticos ingeridos por esta pulga de mar de tres milímetros de largo son visibles por su brillo verdoso. En un laboratorio, las pulgas fueron expuestas a esferas y fragmentos irregulares en cantidades superiores a las presentes en la naturaleza. Los trozos irregulares entrañan más peligro porque pueden atascarse en el intestino.
Foto: Martin Ogonowski y Christoph Schür, Departamento de Ciencias Medioambientales y Química Analítica (ACES) Universidad de Estocolmo
Ecosistema contaminado
Los peces capturados por los niños cerca de una piscifactoría de la bahía de Manila, en Filipinas, viven en un ecosistema contaminado por los residuos domésticos, plásticos y otras basuras. Se ignora si los microplásticos ingeridos por los peces afectan a los humanos que los consumen, pero los científicos buscan las respuestas.
Foto: Randy Olson
Elizabeth Royte
21 de junio de 2018
¿Es el plástico una amenaza para nuestra salud?
En un laboratorio del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Universidad Columbia, en Palisades, Nueva York, Debra Lee Magadini coloca un portaobjetos en el microscopio y enciende una lámpara ultravioleta. Al escudriñar al milímetro el tracto digestivo licuado de una gamba que ha adquirido en una lonja, exclama: «¡Esta gamba es pura fibra!». En el interior del intestino brillan siete filamentos de plástico, teñidos con rojo Nilo.
En todo el planeta, investigadores como Magadini se sientan ante el microscopio y detectan partículas minúsculas de plástico –fibras, fragmentos o microperlas– que han llegado al interior de especies de agua dulce y salada, tanto salvajes como de acuicultura. Los científicos han hallado microplásticos en 114 especies acuáticas, y más de la mitad de ellas son habituales en nuestra dieta. Ahora están intentando determinar si tiene alguna consecuencia para la salud humana.
Hasta la fecha no existen pruebas científicas de que los microplásticos –fragmentos de menos de cinco milímetros– estén afectando a la ictiofauna a nivel de poblaciones. Nuestra fuente de alimento no parece correr peligro, al menos que sepamos. Pero lo que sí ha quedado suficientemente demostrado es que el pescado y el marisco que degustamos no es inmune a la omnipresencia del plástico. Cada año entre cinco y 13 millones de toneladas de plástico llegan a nuestros mares desde el litoral. El sol, el viento, el oleaje y el calor descomponen ese material en pedazos más pequeños, que el plancton, los bivalvos, los peces y hasta las ballenas confunden con comida.
Los experimentos muestran que los microplásticos causan daños a la fauna acuática, así como a tortugas y aves: causan obstrucciones intestinales y merman sus ganas de comer, lo cual recorta su crecimiento y rendimiento reproductivo. Con el estómago lleno de plástico, algunas especies dejan de alimentarse y mueren.
A los efectos mecánicos de los microplásticos se suma su impacto químico, porque los contaminantes que son arrastrados desde la tierra al mar –como policlorobifenilos (PCB), hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) y metales pesados– tienden a adherirse a su superficie.
Chelsea Rochman, profesora de ecología de la Universidad de Toronto, sumergió polietileno pulverizado –material con el que se fabrican algunas bolsas de plástico– durante tres meses en la bahía de San Francisco. A continuación ofreció este plástico contaminado, durante dos meses y junto con una dieta de laboratorio, a unos medakas japoneses, unos pececillos comúnmente utilizados en investigación.
Los que ingirieron este plástico sufrieron un mayor daño hepático que los que consumieron plástico sin contaminar. (A los peces que tienen el funcionamiento del hígado comprometido les cuesta más metabolizar fármacos, pesticidas y otros contaminantes del agua). Otro experimento demostró que las ostras expuestas a micropartículas de poliestireno –el material de los recipientes de comida para llevar– producen menos huevos y un esperma menos móvil. La lista de organismos de agua dulce y marina perjudicados por los plásticos incluye a centenares de especies.
Un experimento demostró que las ostras expuestas a micropartículas de poliestireno –el material de los recipientes de comida para llevar– producen menos huevos y un esperma menos móvil.
Es difícil determinar si como consumidores de pescado y marisco nos afectan los microplásticos, porque este material está por doquier: el aire que respiramos, el agua que bebemos –del grifo y embotellada–, la comida que ingerimos y la ropa que vestimos. Además, el plástico no es un material único: existe en muchas formas y contiene una amplia gama de aditivos –pigmentos, estabilizadores UV, factores hidrofugantes, ignifugantes, endurecedores como el bisfenol A (BPA) y plastificantes como los ftalatos– que pueden filtrarse al entorno.
Problemas hormonales
Algunas de estas sustancias se consideran disruptores endocrinos, es decir, compuestos que interfieren en el sistema hormonal. Los ignifugantes pueden interferir en el desarrollo cerebral de fetos y niños; otros compuestos que se adhieren a los plásticos pueden causar cáncer o malformaciones congénitas. Un principio básico de la toxicología es que la toxicidad depende de la dosis, pero muchas de estas sustancias parecen perjudicar a los animales de laboratorio a niveles que algunos países consideran seguros para los humanos.
Estudiar el impacto de los microplásticos marinos sobre la salud humana es complicado, porque no puede pedirse a nadie que ingiera plástico a modo de experimento, porque los plásticos y sus aditivos actúan de forma distinta según las circunstancias físicas y químicas, y porque sus características pueden variar conforme los seres a lo largo de la cadena trófica los ingieren, metabolizan o excretan. Apenas sabemos nada de lo que ocurre con la toxicidad de los plásticos contenidos en los organismos acuáticos cuando los cocinamos o procesamos, ni qué nivel de contaminación podría dañarnos.
Apenas sabemos nada de lo que ocurre con la toxicidad de los plásticos contenidos en los organismos acuáticos cuando los cocinamos o procesamos, ni qué nivel de contaminación podría dañarnos.
La buena noticia es que parece que la mayoría de los microplásticos se quedan en el intestino de los peces y no migran al tejido muscular, que es lo que nosotros nos comemos. En un informe sobre este asunto, la FAO concluye que los humanos probablemente solo ingerimos cantidades ínfimas de microplásticos, incluso quienes consumen gran cantidad de mejillones y ostras. También nos recuerda que comer pescado es beneficioso: reduce el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y contiene altos niveles de nutrientes difíciles de encontrar en otros alimentos.
Aun así, los científicos siguen preocupados por los posibles efectos de los plásticos marinos sobre nuestra salud, porque, como se ha dicho, son omnipresentes, y porque tarde o temprano se degradan y fragmentan generando nanoplásticos que miden menos de la cienmilmillonésima parte de un metro, es decir, son invisibles. Lo alarmante es que estos plásticos microscópicos sí pueden penetrar en las células y migrar a tejidos y órganos, pero como los investigadores carecen de métodos analíticos para identificar su presencia en los alimentos, no disponen de datos sobre su absorción y aparición en el organismo humano.
«Nos consta que los plásticos tienen efectos sobre los animales en casi todos los niveles de organización biológica –dice Rochman–. Lo que sabemos basta para que actuemos y reduzcamos la contaminación por plástico que llega a océanos, lagos y ríos». Las autoridades pueden prohibir ciertos tipos de plástico; los ingenieros químicos pueden formular polímeros biodegradables; los consumidores pueden rechazar los plásticos de usar y tirar, y el sector industrial y los Gobiernos pueden invertir en infraestructuras que capten y reciclen estos materiales antes de que lleguen al agua.
Lo que sabemos basta para que actuemos y reduzcamos la contaminación por plástico que llega a océanos, lagos y ríos.
Cerca del laboratorio de Magadini, en las estanterías metálicas de un sótano polvoriento, descansan los tarros que contienen alrededor de 10.000 especímenes de Fundulus heteroclitus y Fundulus diaphanous, recogidos de los pantanos vecinos en el curso de siete años. Examinar los pececillos uno por uno en busca de microplásticos es una tarea ímproba, pero Magadini y sus colegas están empeñados en descubrir cómo han cambiado con el tiempo los niveles de exposición. Otros científicos desentrañarán cómo las microperlas, las fibras y los fragmentos de plástico afectan a este pez, a los peces de mayor tamaño que depredan sobre él y, en última instancia, a nosotros mismos. «Creo que en cinco o diez años tendremos las respuestas», afirma Magadini. Para entonces otros 25 millones de toneladas de plástico, o más, habrán llegado a nuestros mares.
Derechos de autor de la imagenGetty ImagesImage caption El país está acostumbrado a lidiar con el agua desde hace casi un milenio, la diferencia es que ahora el acento está en los problemas del agua propiciados por el calentamiento global.
Cada mes, delegados de ciudades tan diversas como Nueva Orleans, Buenos Aires, Ho Chi Min o Ciudad de México viajan a Holanda para ver, con sus propios ojos, cómo esta nación europea le hace frente a las amenazas del cambio climático.
El interés se centra en particular en el manejo del agua, una de las áreas más afectadas por el calentamiento global.
Y es que los holandeses son expertos en lidiar con el agua.
Desde hace un milenio el país le viene ganando tierras al mar, y hoy día cuenta con el sistema de diques y de organización de los recursos hídricos más sofisticado del mundo.
"La diferencia es que, ahora, el foco está puesto en la adaptación a los efectos del cambio climático", le explica a BBC Mundo Arnoud Molenaar, director del programa de protección contra el cambio climático de Rotterdam.
Derechos de autor de la imagenMunicipalidad de RotterdamImage caption Estas plazas son espacios de esparcimiento, pero tienen la capacidad de juntar agua y evitar que la ciudad se inunde cuando caen lluvias copiosas.
Esta ciudad de más de 600.000 habitantes -segunda en importancia del país y mayor puerto de Europa- se ha convertido en un punto de referencia para el resto del mundo por las estrategias para proteger a sus habitantes del aumento del nivel del mar, las lluvias copiosas cada vez más frecuentes, así como los períodos de sequía.
Con un 80% de la urbe bajo el nivel del mar, la adaptación no es una opción, es la única salida que las autoridades han sabido transformar en una oportunidad.
Filosofía de vida
La solución no es meramente técnica en el sentido de adaptar la infraestructura, sino, fundamentalmente, filosófica.
Desde el punto de vista del diseño la estrategia es simple: en vez de luchar contra el agua, la idea es dejarla entrar.
Derechos de autor de la imagenMunicipalidad of RotterdamImage caption El gobierno ofrece subsidios para transformar los techos en espacios verdes.
La ciudad cuenta con varias estructuras que en días normales brindan un servicio a la comunidad pero, en situaciones críticas, pueden acumular miles de litros de agua.
"Hemos rediseñado una plaza que puede ser usada como pista de patinaje o como teatro, pero que también puede recolectar agua de lluvia. Es una solución multifuncional", cuenta Molenaar.
Derechos de autor de la imagenEveline BronsdijkImage caption Los ciudadanos están involucrados en el desarrollo de la ciudad.
"En vez de invertir millones de euros en ampliar las cloacas, que es un proyecto complicado y muy costoso, invertimos en mejorar el espacio público".
Además de la plaza, hay un estacionamiento público con capacidad para albergar hasta 10.000 metros cúbicos de agua de lluvia.
Diseño innovador
Aceptar la entrada del agua significa también aprender a vivir sobre ella.
En la zona vieja del puerto, por ejemplo, hay una pabellón flotante.
Esta instalación conformada por tres esferas transparentes es un centro de exhibiciones y congresos, pero el objetivo final es demostrar el potencial de la arquitectura flotante para crear viviendas y centros comerciales o comunitarios sobre el agua.
Derechos de autor de la imagenGetty ImagesImage caption Rotterdam quiere mostrar con este pabellón de exhibiciones en el puerto el potencial de la arquitectura flotante. "Un emprendedor está ahora desarrollando una granja flotante. Puede que no sea necesaria aquí en Rotterdam, pero puede construirse en Bangladesh o Filipinas", comenta Molenaar.
Otra iniciativa ha sido la de transformar los techos de los edificios en espacios verdes. Estos funcionan como esponja para absorber agua, a la vez que constituyen un espacio natural.
"Contamos con subsidios para crear techos verdes. Hoy tenemos 240 metros cuadrados de ellos en la ciudad", dice Molenaar.
"Y también estamos promoviendo levantar el pavimento en la ciudad para crear más espacios verdes".
Esta visión común y de largo plazo se desarrolla en conjunto con los ciudadanos. Y, en la medida en que estos están involucrados, funciona.
Enseñanzas
La clave es que se trata de una aproximación holística, le explica a BBC Mundo Henk Ovink, embajador del Agua de los Países Bajos y experto mundial en gestión hídrica.
Ovink viaja por el mundo para compartir la experiencia de su país con naciones vulnerables.
Derechos de autor de la imagenMunicipalidad de RotterdamImage caption Una plaza para recoger agua no es la solución, es sólo parte de ella, dice Ovink.
"La razón por la que Rotterdam es una ciudad tan resistente ante el cambio climático es porque ha puesto todas estas medidas (mencionadas antes) en práctica".
"Tiene plazas para juntar agua pero también un programa especial por estar sobre un delta, presas, diques y un sistema de gobernanza del agua.... Todo eso es necesario".
"El problema es que la gente quiere una solución simple para un problema complejo, y no la hay".
Y esta forma de entender el problema es la que Ovink cree que puede ayudar a ciudades en América Latina.
"Cada lugar es especial, tiene sus propias especificidades. Pero nosotros podemos compartir nuestra experiencia sobre cómo comenzamos a organizar nuestro país alrededor del agua, cómo desarrollar un sistema de gobernanza alrededor de ella".
Derechos de autor de la imagenGetty ImagesImage caption Holanda tiene desde hace por lo menos 900 años autoridades encargadas de manejar el agua.
"Holanda es una democracia del agua desde su existencia. Teníamos autoridades regionales del agua incluso en 1.100, antes de ser un país".
"Holanda puede también compartir su experiencia sobre las innovaciones que no han funcionado y aquellas que han resultado un éxito".
El trabajo, dice, ya ha empezado.
Ovink está trabajando con distintas ciudades en nuestro continente: Cancún, Ciudad de México y Quintana Roo en México, Buenos Aires en Argentina, Piura y Lima en Perú y otras urbes en Colombia, Panamá y Chile, entre otros países.
Los proyectos ya están rodando. En el futuro se pondrá en evidencia en qué medida América Latina está preparada para incorporar este modo de entender la relación con el medio ambiente que, para los holandeses, es un estilo de vida.
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