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jueves, 10 de febrero de 2022

MISTERIOS Y CURIOSIDADES DEL ANTIGUO EGIPTO: Los secretos de la magnífica estatua sedente del faraón Kefrén

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la estatua sedente del Faraón Kefrén, es una obra de arte de 4,500 años de antigüedad del Antiguo Egipto, este faraón fue hijo de Keops, que junto a Micerino comparten las tres pirámides de Giza en Egipto. La estatua fue hecha para no ser vista, hoy en día su belleza sigue fascinando a los viajeros que la visitan en El Cairo. La estatua, que con su media sonrisa parece contemplar desde el abismo de los milenios al asombrado visitante que la ve por primera vez, fue descubierta en 1860 por el francés Auguste Mariette, por entonces jefe del Servicio de Antigüedades de Egipto, durante unas excavaciones en Giza. El egiptólogo se hallaba excavando el complejo funerario de Kefrén, concretamente el templo del valle del monarca (que él mismo había descubierto en 1852), un recinto donde tuvieron lugar las ceremonias de purificación de la momia del soberano antes de que esta fuera llevada hasta el templo alto, situado junto a la pirámide, a través de una larga calzada ceremonial...."  ...siga leyendo..............

Esta espléndida obra de arte de 4.500 años, que representa al faraón Kefrén, hijo de Keops, en la cúspide de su poder, está considerada una obra maestra de la estatuaria egipcia. Aunque fue hecha para no ser vista, hoy en día su belleza sigue fascinando a los viajeros que la visitan en El Cairo.


Vista lateral de la estatua sedente del faraón Kefrén. Museo Egipcio, El Cairo.

Foto: Cordon Press

Carme Mayans
Carme Mayans

Redactora

Durante décadas, y antes de su sustitución por el monumental edificio del Nuevo Museo Egipcio que se alza junto a las pirámides de Giza, el viejo museo egipcio de la plaza Tahrir, en El Cairo, ha sido el museo de antigüedades faraónicas más importante del mundo, un lugar mágico donde podían contemplarse algunas de las obras de arte más increíbles del antiguo Egipto. Estatuas de piedra, sarcófagos, ajuares funerarios, tesoros como el de Tanis o el de Tutankhamón... Una visita a este lugar era un maravilloso viaje en el tiempo, pasear por sus salas era establecer un poderoso vínculo con una civilización desaparecida hace mucho, mucho tiempo, pero que a pesar de ello nos ha dejado innumerables vestigios de su existencia. En una de sus salas, en la planta baja, dedicada al Reino Antiguo (2543-2120 a.C.), se ubicaba, tal vez, una de las obras de arte más bellas y fascinantes que ha dado el arte egipcio. Estamos hablando de la estatua sedente del faraón Kefrén, tallada en un único bloque de diorita.

Vista completa de la estatua sedente de Kefrén. Se aprecia el detalle del trono, decorado con la unión del loto y el papiro.

Foto: Cordon Press

UN DESCUBRIMIENTO SORPRENDENTE

La estatua, que con su media sonrisa parece contemplar desde el abismo de los milenios al asombrado visitante que la ve por primera vez, fue descubierta en 1860 por el francés Auguste Mariette, por entonces jefe del Servicio de Antigüedades de Egipto, durante unas excavaciones en Giza. El egiptólogo se hallaba excavando el complejo funerario de Kefrén, concretamente el templo del valle del monarca (que él mismo había descubierto en 1852), un recinto donde tuvieron lugar las ceremonias de purificación de la momia del soberano antes de que esta fuera llevada hasta el templo alto, situado junto a la pirámide, a través de una larga calzada ceremonial.



Templo del valle de Kefrén en Giza, donde en 1860 Mariette halló la estatua enterrada en una fosa.

Foto: iStock

La estatua de Kefrén fue descubierta en 1860 por el francés Auguste Mariette, por entonces jefe del Servicio de Antigüedades de Egipto, durante unas excavaciones en el templo del valle del monarca, en Giza.

El templo del valle de Kefrén está a 500 metros de su pirámide y se sitúa cerca de la Gran Esfinge. El edificio es de planta cuadrada y sus muros (que no muestran ningún tipo de decoración) están recubiertos de losas de granito rojo y el pavimento es de caliza blanca. En él, los antiguos egipcios dispusieron un ambicioso programa iconográfico compuesto por un conjunto de 23 estatuas que representaban a Kefrén. Todas ellas tenían un significado religioso. Debían servir como receptáculo del ka o fuerza vital del faraón difunto. Mucho después, algunas de estas estatuas fueron enterradas en un pozo que se cubrió con losas de piedra, y fue allí donde, siglos después, las descubrió Mariette. El egiptólogo escribió en su diario: "Se trata de siete estatuas que representan al rey Kefrén. Cinco de ellas se encuentran mutiladas, pero las otras dos están completas. Una de ellas presenta un estado de conservación tal que podría pensarse que salió ayer mismo de manos del escultor".

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EL PODER DEL FARAÓN EN PIEDRA
Esta obra de arte, realizada para ser vista frontalmente, mide 1,68 metros de alto, 57 centímetros de ancho y 96 centímetros de largo. Representa a Kefrén, faraón de la dinastía IV y artífice de la segunda pirámide más grande de Giza (la mayor es la construida por su padre Keops), un monumento que aún conserva en su cúspide parte del revestimiento original de piedra caliza. La estatua muestra a Kefrén como un hombre joven con un físico perfecto, atlético, vestido solamente con un faldellín, tocado con el pañuelo nemes ceremonial y con la barba postiza característica de su cargo (que está rota). Su rostro esboza una tenue sonrisa y su mirada se pierde en el infinito.


Vista frontal de la estatua de Kefrén, descubierta por Mariette en el templo del valle del faraón.

Foto: Cordon Press

La estatua muestra a Kefrén como un hombre joven con un físico perfecto, atlético, vestido solamente con un faldellín, tocado con el pañuelo nemes ceremonial y con la barba postiza característica de su cargo.

Tras el faraón, un halcón, representación del dios Horus, divinidad con la cual se identificaba el monarca en vida, extiende sus alas alrededor de la cabeza de Kefrén, brindándole su protección. Los brazos del rey están pegados al cuerpo y posa su mano izquierda extendida sobre su rodilla. La mano derecha, también sobre la rodilla, está cerrada en un puño y parece sujetar un rollo de papiro, símbolo de su poder. Por su parte, el trono sobre el que está sentado Kefrén está rematado por patas en forma de garras de león y sus laterales están decorados con el símbolo del sematauylas plantas del loto y el papiro entrelazadas, que representan la unión del Alto y del Bajo Egipto.


Pirámide de Kefrén en Giza. Conserva parte del revestimiento de piedra caliza en su parte superior.

Foto: iStock

Kefrén

SFGP / GTRES

Las tres pirámides de Gizeh, con sus más de cuatro milenios de historia, sobreviven amenazadas por la expansión urbana de El Cairo y la masificación del turismo. La presencia constante de turistas obligó, precisamente, a cerrar la pirámide de Kefrén durante tres años con el fin de restaurarla y habilitarla al público. El pasado 11 de octubre, la pirámide del faraón Kefrén volvió a recibir visitantes una vez concluidas las labores de restauración, mantenimiento, y ventilación interna de los pasadizos y la cámara funeraria. Además, el gobierno egipcio abrió por primera vez al público seis tumbas de altos cargos faraónicos, entre ellas, la de Merensakh III, nieta del faraón Keops y esposa de Kefrén. El 20 de septiembre, Egipto también reabrió el Serapeum de Saqqara, la necrópolis subterránea donde fueron enterrados los toros sagrados que representaban al dios Apis.

La pirámide de Kefrén, casi tan grande como la de su padre Keops

La pirámide de Kefrén se yergue majestuosa entre las otras dos pirámides de la meseta de Gizeh. Parece la mayor debido a su situación en un saliente de la meseta y a que conserva parte del revestimiento original de caliza de Tura (localidad situada cerca de la antigua Menfis) en su cúspide. La pirámide que contuvo el cuerpo de Kefrén posee unas dimensiones tan impresionantes (215 metros de base cuadrada por 143 de altura) que durante milenios la convirtieron en la segunda construcción más grande del mundo, pero por detrás de la de Keops, la Gran Pirámide. Para erigirla se usaron bloques de piedra de tres toneladas, mayores incluso que los utilizados en la construcción de la pirámide de Keops. Sin embargo, sus estancias interiores son infinitamente más sencillas que las que hay dentro de la Gran Pirámide.


La pirámide posee dos entradas en la cara norte. La primera de ellas se sitúa a nivel del suelo y da acceso a un pasaje descendente al que le sigue un pasaje horizontal para de nuevo volver a ascender y llegar a la cámara funeraria.

UN NUEVO HOGAR

Pero no muchos saben que esa maravillosa obra de arte estuvo a punto de no quedarse en Egipto. Debido a la falta de fondos, la campaña de excavaciones emprendida por Mariette entre los años 1853 y 1854 sufrió un importante parón y Francia no pudo hacerse con la pieza. "Unos cientos de francos más y la estatua estaría hoy en el Louvre", escribió Mariette en su diario.



Detalle del dios halcón Horus abrazando la cabeza del faraón. Museo Egipcio, El Cairo.

Foto: Cordon Press

En septiembre de 2017, la estatua de Kefrén fue cuidadosamente embalada para ser trasladada a su nueva ubicación, el Gran Museo Egipcio que se alza junto a las pirámides de Giza.

La estatua de Kefrén recaló primero en el Museo de Bulaq, antecedente del Museo Egipcio de El Cairo, para después ser trasladada al museo que se habilitó en la plaza Tahrir, donde se ha exhibido hasta ahora. En septiembre de 2017, la estatua de Kefrén, que hasta entonces había sido la estrella de una de las salas de la planta baja del museo, fue cuidadosamente embalada, junto a otras piezas de gran tamaño, como ella, e introducida en una caja con sensores. Con sumo cuidado fue colocada en una furgoneta especialmente preparada con dispositivos especiales para evitar las vibraciones propias del transporte, y fue trasladada a su nuevo hogar, el GEM, cerca de su pirámide, donde fue descargada, junto a sus compañeras, y conducida al interior de su nuevo emplazamiento mediante vehículos montacargas, en una operación delicada y no exenta de peligros. Allí, una de las piezas más bellas y tal vez más emblemáticas de la cultura faraónica disfrutará de un lugar de honor y muy pronto, cuando el Gran Museo Egipcio abra sus puertas, volverá a ser admirada por millones de visitantes.



NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

miércoles, 7 de julio de 2021

MISTERIOS Y CURIOSIDADES DEL ANTIGUO EGIPTO: William Vyse y la arqueología de la pólvora en Egipto

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., con consternación comparto este relato de la arqueología en Egipto, que mediante el uso de la pólvora se dinamitó reliquias históricas para encontrar dizque las cámaras funerarias de los faraones; el atacante fue un inglés llamado Richard William Howard Vyse, que empezó, con esta labor depredadora en 1,836 a pesar que hizo importantes descubrimiento, sus métodos nada científicos destruyeron parte las pirámides de Giza.................

En 1836, un militar británico llamado William Howard Vyse exploró las pirámides de Giza. A pesar de que hizo importantes descubrimientos, los métodos que utilizó, que incluían el uso indiscriminado de la pólvora para llevar a cabo explosiones controladas, serían impensables para los arqueólogos actuales.







Imagen de las tres grandes pirámides de la dinastía IV que se alzan en la llanura de Giza, en Egipto. 
Foto: iStock.

En 1835, un militar inglés visitó Egipto y quedó fascinado por la grandiosidad de sus monumentos, sobre todo de las grandes pirámides que se alzan en la llanura de Giza. Estaba absolutamente seguro de que tenían mucho que ver con la llegada a Egipto del patriarca bíblico José. Este hombre se llamaba Richard William Howard Vyse, y ese mismo año se instaló en el país. Al año siguiente, 1836, inició sus primeras excavaciones en compañía del aventurero y explorador genovés Giovanni Battista Caviglia, a quien había conocido en Alejandría. Pero esta asociación no duraría mucho, y en 1837 Vyse, quien acababa de ser ascendido a coronel, empezó una fructífera colaboración con el ingeniero británico John Shae Perring con el objetivo de explorar las pirámides.

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Giovanni Belzoni en Abu Simbel

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En 1836, Vyse inició sus primeras excavaciones en Egipto en compañía del aventurero y explorador genovés Giovanni Battista Caviglia, a quien había conocido en Alejandría.

Los dos hombres montaron un campamento junto a la necrópolis oriental de Giza, reclutaron un equipo de obreros y trabajaron día y noche en diversos yacimientos cercanos. Perring dibujó mapas, planos y perfiles de pirámides, no sólo en Giza, sino también en Abusir, Saqqara y Dashur, que serían publicados en su obra Las pirámides de Gizeh. Vyse aprovechó los dibujos de su colega para incorporarlos asimismo a su obra Operaciones realizadas en la pirámide de Giza en 1837.


CAMPAMENTO ANTE LAS PIRÁMIDES DE GIZA. GRABADO. 1886.

Foto: iStock.

EXPLOSIONES SIN PARAR

A pesar de su admiración por tan inmortales monumentos, Vyse no tuvo, sin embargo, reparos en utilizar para su exploración métodos que hoy en día serían totalmente impensables. Por ejemplo, empleó la pólvora a discreción para volar los tapones de granito que obstruían la entrada inferior de la pirámide de Kefrén. También usó taladros para buscar cámaras ocultas y recurrió a las voladuras para abrirse paso y sortear los obstáculos con los que se iba topando. Es el caso de una de las pequeñas pirámides perteneciente a una de las reinas del faraón Micerino, el artífice de la pirámide más pequeña de Giza. En referencia a la exploración de una de estas pirámides menores, Vyse dijo: "Estaba preparado para taladrar eliminando las piedras de la parte superior, porque esperaba encontrar la cámara sepulcral penetrando a través de ella".


LA PIRÁMIDE DE KEFRÉN, QUE AÚN CONSERVA PARTE DE SU REVESTIMIENTO DE PIEDRA CALIZA.

Foto: iStock.

Vyse empleó la pólvora a discreción para volar los tapones de granito que obstruían la entrada inferior de la pirámide de Kefrén. También usó taladros para buscar cámaras ocultas y recurrió a las voladuras para abrirse paso.

Ni siquiera la Esfinge se libró de las ansias taladradoras de Vyse. Creyendo que podía haber una cámara secreta en el interior del monumento, el explorador ordenó a los obreros taladrarla desde arriba en su parte posterior. Pero los taladros, compuestos por varas perforadoras, se encallaron al llegar a los ocho metros de profundidad, por lo que Vyse, sin dudar, mandó usar una vez más la pólvora para liberarlos. Aunque al final, afortunadamente, se lo pensó mejor ya que "por no desear desfigurar este monumento venerable, la excavación se abandonó y se dejaron allí varios metros de varas perforadoras", según sus propias palabras. Los agujeros que causó esta intervención son aún visibles en la actualidad.

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LA ESFINGE DE GIZA VISTA DESDE SU PARTE POSTERIOR. EN ESTA ZONA TALADRÓ VYSE EL MONUMENTO.

Foto: iStock

EN LA CÁMARA FUNERARIA DE MICERINO

Pero el interés de Vyse se centraba sobre todo las tres grandes pirámides que se alzaban en la llanura de Giza. La más pequeña, la de Micerino, está cruzada por una enorme grieta que fue practicada por el hijo de Saladino en 1196. Vyse aprovechó la grieta para penetrar en el edificio, y para ello empleó, otra vez, la pólvora. Junto al eje central de la pirámide hizo girar el túnel hacia abajo y lo forzó hasta la base de la pirámide a base de explosiones, aunque no encontró ningún pasaje nuevo. Al final, logró localizar la entrada y tras despejarla penetró en la cámara funeraria (que estaba llena de inscripciones en árabe) acompañado por el artista Edward Andrews.


VISTA AÉREA DEL COMPLEJO FUNERARIO DE MICERINO EN GIZA. EN LA PIRÁMIDE SE APRECIA LA GRAN GRIETA HECHA POR EL HIJO DE SALADINO.

Foto: iStock.

En la cámara funeraria de Micerino, Vyse encontró fragmentos de la tapa del sarcófago desperdigados por el suelo, huesos humanos, envoltorios de lino y restos de un ataúd de madera.

En la cámara funeraria de Micerino se alzaba el enorme sarcófago de granito del faraón, que fue extraído con enormes dificultades por los hombres de Vyse. Embarcado para su traslado a Inglaterra, el Beatrice, el barco que lo transportaba, naufragó a causa de una tormenta a la altura de Cartagena (España) y el sarcófago desde entonces descansa en el fondo del Mediterráneo. En la cámara funeraria de Micerino, Vyse también encontró fragmentos de la tapa del sarcófago desperdigados por el suelo, huesos humanos, envoltorios de lino y restos de un ataúd de madera en el que podía leerse una inscripición: "Osiris Micerino, que vivirá para siempre, nacido del cielo, la divinidad celestial Nut sobre ti...". Sorprendentemente el ataúd no pertenecía a la época en que murió este rey de la dinastía IV (2543-2436 a.C.), sino que su estilo remitía a muchos siglos después, en época de la dinastía XXVI (664-525 a.C.); además los huesos hallados en la cámara tampoco eran del faraón, sino que databan del período cristiano.


LA ESFINGE Y LAS PIRÁMIDES EN UN GRABADO DE 1890.

Foto: iStock.

CÁMARAS DE DESCARGA Y GRAFITOS

Pero en realidad Vyse puso casi todos sus esfuerzos en "investigar" la pirámide de Keops. Cargado con su inseparable pólvora, Vyse se dirigió a la cara sur de la pirámide donde pensaba abrir una segunda entrada a la misma altura que la entrada norte. Pero tras varios intentos (y un enorme agujero) desistió. A pesar de todo, el 9 de mayo de 1897 Vyse hizo, gracias a la pólvora de nuevo, un importante descubrimiento en el interior de la Gran Pirámide: cuatro cámaras reductoras de carga o cámaras de descarga (una primera cámara de descarga ya había sido descubierta en 1765 por Nathaniel Davison) con techo, suelo y paredes de granito, excepto la superior, que estaba revestida con piedra caliza para que el peso de la estructura no presionara sobre las cámaras inferiores. El explorador bautizó a estas cámaras con el nombre de allegados y conocidos suyos como el duque de Wellington, el almirante Nelson, lady Ann Arbuthnot y el coronel Campbell, cónsul británico en El Cairo.


LA GRAN PIRÁMIDE DE GIZA, LA ÚNICA DE LAS SIETE MARAVILLAS DEL MUNDO ANTIGUO QUE AÚN SIGUE EN PIE.

Foto: iStock.

El 9 de mayo de 1897 Vyse hizo, gracias a la pólvora, un importante descubrimiento en el interior de la Gran Pirámide: cuatro cámaras reductoras de carga.

Vyse también localizó numerosos grafitos en las paredes de estas cámaras, hechos con pintura roja, que representaban líneas de nivel, marcadores de ejes y anotaciones varias, entre ellas los nombres de las cuadrillas de obreros que participaron en la construcción del monumento, algunas de las cuales llevaban nombres tan sugestivos como "¡Cuán poderosa es la gran Corona Blanca de Khum Khuf (que significa el divino creador Khnum protege a Khufu)!". Justamente en el techo de la cámara Campbell aparece inscrito el nombre del rey: Khufu (Keops), formando parte del nombre de una cuadrilla, "los compañeros de Khufu". Todo ello ha permitido a los egiptólogos atribuir sin dudas la pirámide a este faraón (aunque no faltan tampoco quienes acusan a Vyse de falsificar las inscripciones para atribuirse tan importante hallazgo).

para saber más






CÁMARA DEL REY Y CÁMARAS DE DESCARGA DENTRO DE LA GRAN PIRÁMIDE DE GUIZA.

Foto: CC.

Vyse regresó a Inglaterra junto a su esposa y sus ocho hijos, donde falleció el 8 de junio de 1853. Durante las décadas siguientes, los sistemas de excavación que Vyse y sus contemporáneos emplearon con tanta frecuencia fueron dejándose de lado poco a poco para dejar paso a métodos mucho más científicos. Pero la pólvora continuó siendo utilizada en algunas ocasiones por parte de algunos egiptólogos como el mismísimo Auguste Mariette, que fue jefe de Antigüedades de Egipto desde 1858 hasta 1880. El reputado egiptólogo empleó este más que discutible método en sus excavaciones en el Serapeo de Saqqara. Afortunadamente, los tiempos, y la arqueología, han cambiado sustancialmente.


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