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jueves, 30 de enero de 2020

FOTOGRAFÍAS : FOTOS DE ANIMALES .- FOTOS ESPECTACULARES .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- Las mejores fotos de viajes de 2019

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la revista National Geographic, que auspicia los viajes alrededor del planeta, nos alcanza, ahora sobre los resultados del concurso anual, que lo realiza:  Travel Photographer of the Year , y para 2019, de entre 20,000 imágenes presentadas por fotógrafos de 144 países, ha sido la primera vez que una española  Kate Gómez Catalina, doctora en ciencias veterinarias y fotógrafa aficionada, la que se ha alzado con el gran premio del certamen internacional Travel Photographer of the Year.
NATIONAL GEOGRAPHIC.- narra : " Entre más de 20.000 imágenes presentadas por fotógrafos de 144 países, ha sido por primera vez una española, Kate Gómez Catalina, doctora en ciencias veterinarias y fotógrafa aficionada, la que se ha alzado con el gran premio del certamen internacional Travel Photographer of the Year.  El concurso, el cual vio la luz en el año 2013 y durante sus primeras ediciones se organizó desde vivienda de sus creadores, nació con el objetivo de mostrar que la fotografía de viajes era mucho más que fotos de vacaciones y postales bonitas. A día de hoy ya cuenta con 17 citas a sus espaldas y se ha convertido en uno de los certámenes de fotografía más prestigiosos del mundo en la materia..................."

https://www.nationalgeographic.com.es/fotografia/mejores-fotos-viajes-2019_15155

La fotografía de viaje lo abarca casi todo. Por eso las imágenes del Travel Photographer of the Year son tan variadas como espectaculares. Conoce a los ganadores y finalistas de la última edición del certamen.

Entre más de 20.000 imágenes presentadas por fotógrafos de 144 países, ha sido por primera vez una española, Kate Gómez Catalina, doctora en ciencias veterinarias y fotógrafa aficionada, la que se ha alzado con el gran premio del certamen internacional Travel Photographer of the Year.  El concurso, el cual vio la luz en el año 2013 y durante sus primeras ediciones se organizó desde vivienda de sus creadores, nació con el objetivo de mostrar que la fotografía de viajes era mucho más que fotos de vacaciones y postales bonitas. A día de hoy ya cuenta con 17 citas a sus espaldas y se ha convertido en uno de los certámenes de fotografía más prestigiosos del mundo en la materia. 
La fotografía de viajes abarca una amplia gama de géneros y temas, desde paisajes hasta costumbres, pasando por la arquitectura y las personas, hasta los reportajes más íntimos sobre vida salvaje. Los fotógrafos de viajes deben tener múltiples habilidades, ser polifacéticos en sus miradas y jugar con la luz de miles de maneras diferentes. Todo esta variedad puede apreciarse en las fotografías de este año, las cuales han mostrado una calidad excelente en un concurso en que en cada nueva edición el nivel de exigencia es mayor. En esta galería podréis contemplar la selección realizada por National Geographic entre las fotografías finalistas y ganadoras. Tanto estas, así como el resto de fotografías que han llegado a la fase final del concurso pueden visitarse en la página oficial del certamen:

 
Lake Mutanda, Uganda
Travel Photographer of the Year 2019 / Ganador absoluto
En 1991 los pigmeos Batwa fueron expulsados de sus territorios ancestrales y ahora viven bajo el yugo de la miseria, perdidos en un ambiente no entienden y al que le es difícil adaptarse.
Canon EOS 5D Mark II, 24- 105mm lens, f5.6, 1/160s, ISO 200
Foto: Katy Gomez Catalina / www.tpoty.com

Avenue of the Baobabs, Morondava, Madagascar
Travel Photographer of the Year 2019 / Ganador absoluto
La silueta de los ancestrales baobabs se recortan contra la puesta de sol cerca de Morondava en Madagascar. Pasear aquí en bicicleta aquí se convierte en una postal del paraíso.
Fujifilm XT-1, 10-24mm lens, f11, 1/210s, ISO 200
Foto: Katy Gomez Catalina / www.tpoty.com

 
Near Monrondava, Madagascar
Travel Photographer of the Year 2019 / Ganador absoluto
Madagascar es uno de los países más pobres del mundo pero está lleno de personas dignas. En este país los relojes que no funcionan marcan el ritmos de los juegos.
Fujifilm XT-1, 18-55mm lens, f8, 1/500s, ISO 1000
Foto: Katy Gomez Catalina / www.tpoty.com

Kinabatangan River, Borneo, Malaysia
Ganador en la categoría: Young Travel Photographer of the Year
Una cría mono narigudo dirige su mirada a la cámara mientras apoya las manos sobre sus rodillas.
Sony A9, 400mm, lens, f/4, 1/1250s, ISO 6400
Foto: Ankit Kumar / www.tpoty.com

Danum Valley, Borneo, Malaysia
Ganador en la categoría: Young Travel Photographer of the Year
Las nubes se retuercen entre de los árboles en Danum Valley, en Borneo.
Sony A9, 100-400mm lens, f/8, 1/640s, ISO 2000
Foto: Ankit Kumar / www.tpoty.com

 
Malang, Indonesia - A colourful city
Mención de honor en la categoría: Young Travel Photographer of the Year 2019 / 15-18 años
Canon EOS 60D, 18-55mm lens, f8, 1/200s, ISO 100
Foto: Patria Prasasya / www.tpoty.com

Kollam, Kerala. India
Ganador en la categoría: Young Travel Photographer of the Year 2019 / Menores de 14 años
Los humildes pescadores de Kerala fueron los verdaderos héroes de la misión de rescate durante las inundaciones que tuvieron lugar en la localidad durante el 2018.
Nikon D5600, 18-105mm lens, f/6.3, 1/1,250s, ISO 100
Foto: Daniel Kurian / www.tpoty.com

Hoi An, Vietnam
Ganador en la Categoría Travel Art
El sol naciente bañó la red de pesca en un color cálido, lo que ayudó a crear este diseño abstracto. La ubicación es la ciudad turística muy popular de Hoi An, en el centro de Vietnam.
Canon EOS 5D MkII, 70- 300mm lens, f10, 1/640s, ISO 400
Foto: Paul Sansome / www.tpoty.com

Reykjavik, Iceland
Ganador en la Categoría Travel Art
La fascinante arquitectura moderna de la sala de conciertos Harpa en Reykjavik, Islandia ofrece infinitas oportunidades de fotografía tanto desde dentro como desde fuera.
Canon EOS 6D MkII, 15mm F2.8 fisheye lens, f10, 1/60s, ISO 800
Foto: Paul Sansome / www.tpoty.com

Ouarzazate, Morocco
Ganador en la Categoría Travel Art
Ya me sentía atrapado por los patrones intrincados que las hierbas y sus reflejos cuando de repente una garza gris voló sobre la escena. la fotografía fue tomada en un embalse cerca de Ouarzazate, en las montañas del Alto Atlas de Marruecos.
Canon EOS 5D MkII, 500mm lens, f10, 1/200s, ISO 50
Foto: Paul Sansome / www.tpoty.com

Lençóis Maranhenses, Brasil
Segundo premio en la categoría: Travel Art
Perspectiva aérea del río Negro tomada en el Parque Nacional de Lençóis Maranhenses, en Brasil
Nikon D850, 70-200mm lens, f8, 1/800s, ISO 400
Foto: Ignacio Palacios / www.tpoty.com

Gobi Desert, Mongolia
Segundo premio en la categoría: Travel Art
Amanecer en las dunas del desierto de Gobi, en Mongolia
Nikon D810, 70-200mm ens, f11, 1/80s, ISO 400
Foto: Ignacio Palacios / www.tpoty.com

Serengeti, Tanzania
Mención de honor en la categoría: Travel Art
Al amanecer de nuestro segundo día de safari, este guepardo se subió a esta gran roca masiva para tratar de otear a su próxima víctima.
Nikon D800, 150-500mm lens, f5, 1/1000s, ISO 8000
Foto: Ted Lau / www.tpoty.com

Jinka, Omo Valley, Ethiopia.
Mención de honor en la categoría: Art of Travel
Un chico de la calle de la tribu Ari: sus ojos azules son probablemente una mutación genética.
Nikon D850, 70-200mm lens, f2.8, 1/250s, ISO 640
Foto: Trevor Cole/ www.tpoty.com


Terekeka, South Sudan
Mención de honor en la categoría: Art of Travel
Recolectando el estiércol en un campamento de ganado Mundari. El estiércol es laboriosamente recogido y amontonado por las mañanas. Luego se usa como combustible en fogatas para mantener alejados a los insectos y también para crear cenizas utilizadas para el ganado y la tribu.
Nikon D810, 70-200mm lens, f2.8, 1/125s, ISO 800
Foto: Trevor Cole/ www.tpoty.com

Massenya, Chad
Mención de honor en la categoría: Art of Travel
Los Wodaabe bailan como pavos reales machos u otras aves similares que exhiben su plumaje para atraer a las hembras. El ideal de belleza masculina del Wodaabe enfatiza la altura, los ojos y los dientes blancos.
Nikon D850, 70-200mm lens, f8, 1/60s, ISO 400
Foto: Trevor Cole/ www.tpoty.com

Massenya, Chad
Mención de honor en la categoría: Art of Travel
Un viejo miembro de la tribu Wodaabe. Los ancianos de la tribu vienen al Gerewol para socializar, discutir y deliberar.
Nikon D810, 85mm lens, f2, 1/1000s, ISO 125
Foto: Trevor Cole/ www.tpoty.com

Meerdaal Forest, Oud-Heverlee, Belgium
Mención de honor en la categoría: Art of Travel
Me llamó la atención el nudo en esta haya. Una rama muerta sobresalía del árbol. y yo decidí hacer una exposición múltiple para y para cada una de las 8 exposiciones de esta foto, gire la cámara una fracción.
Nikon D850, lens 70-200 mm, f2.8, 1 / 125s, IS
Foto: Ingrid Vekemans / www.tpoty.com

Sibolangit, SOCP Quarantine Centre, Northern Sumatra, Indonesia
Ganador en la categoría: Endangered Planet
Brenda, una orangután hembra de 3 meses de edad, fue confiscada a un aldeano en Aceh. Su húmero izquierdo estaba completamente partido en dos. Yenny, la veterinaria del SOCP, está de pie junto a la radiografía de Brenda que muestra el hueso roto.
Fujifilm X-Pro2, 18mm lens, f2.8, 1/200s, ISO 1600
Foto: Alain Schroeder / www.tpoty.com

Antarctic Peninsula
Segundo premio en la categoría: Endangered Planet
Cientos de focas cangrejeras son fotografiadas desde arriba mientras se alimentan de krill al borde del hielo roto. Las focas cangrejeras dependen del hielo para alimentarse, descansar y dar a luz.
DJI PHANTOM 4 PRO, 24 mm, f4.5, 1 / 200s, ISO 400
Foto: Florian Ledoux / www.tpoty.com

Torres Dell Paine, Patagonia, Chile
Mención de honor en la categoría: Endangered Planet
Los cuatro jóvenes cachorros de una puma llamada Rupestre, de unos 4 meses.
Canon EOS-1D X Mark II, 200-400mm lens, f8, 1/800s, ISO 320
Foto: Amit Eshel / www.tpoty.com

Chobe National Park, Botswana
Ganador en la categoría: Endangered Planet
Los restos carbonizados de un elefante africano torturado, descansan junto a una carretera en el norte de Botswana. Originalmente fue sacrificado para carne pero los cazadores furtivos fueron descubiertos antes de que pudieran desmembrar el cadáver.
Nikon D3S, lens 24-70 mm, f8, 1 / 40s, ISO 400
Foto: Jason Edwards/ www.tpoty.com

Oulu province
Mención de honor en la categoría: Endangered Planet
Después de una larga espera, mis esfuerzos dieron sus frutos y tuve el privilegio de presenciar a esta hermosa familia de osos pardos salvajes euroasiáticos saliendo del bosque y jugando en estos hermosos escenarios.
Canon EOS-1D X Mark II, 200-400mm lens, f4, 1/640s, ISO 800
Foto: Amit Eshel/ www.tpoty.com

Queensland, Australia
Mención de honor en la categoría: Endangered Planet
Un árbol solitario crece y sobrevive en medio de una mina de carbón en Queensland, Australia.
Nikon D810, lens 80-400 mm, f5.6, 1 / 1600s, ISO 1000
Foto: Ignacio Palacios/ www.tpoty.com

Iquitos, Peru
Mención de honor en la categoría: Endangered Planet
El Uakari Calvo es un primate en peligro de extinción de los bosques de la cuenca del Amazonas. Este hombre fue confiscado a cazadores furtivos y ahora reside con una familia india. Dado que no fue criado por su madre y no aprendió las habilidades necesarias para sobrevivir solo, no puede ser devuelto a la naturaleza.
Pentax K7, lens 80-200 mm, f4, 1 / 250s, ISO 400
Foto: Jason Edwards/ www.tpoty.com

Palau
Mención de honor en la categoría: Endangered Planet
Esta es una de las almejas gigantes de Palau. Estas almejas vienen en una increíble variedad de colores y existen varias especies. Pueden pesar más de 200 kilogramos, medir hasta 120 cm de ancho y vivir en la naturaleza un promedio de más de 100 años.
Olympus TG-5, 4.5-18mm lens, f2.8, 1/125s, ISO 200
Foto: Erin Donalson / www.tpoty.com

Mundari, Terekeka county, South Sudan
Ganador en la categoría: People & Cultures
Guardián de las bestias. El trabajo comienza a una edad temprana y este niño juega su papel en el cuidado del ganado. Estaba recogiendo cenizas para ayudar a secar el estiércol que es laboriosamente recogido y amontonado por las mañanas. Luego se seca como combustible. Un ciclo sin fin.
Nikon D850, 70-20mm lens, f4.5, 1/640s, ISO 500
Foto: Trevor Cole/ www.tpoty.com

Mundari, Terekeka county, South Sudan
Ganador en la categoría: People & Cultures
Adornado con ceniza. La ceniza se usa a diario para cubrirse y ayuda a proteger contra los insectos. También se masajea en el ganado con el mismo objetivo. Su ganado es su riqueza.
Nikon D850, 70- 200mm lens, f6.3, 1/800s, ISO 500
Foto: Trevor Cole/ www.tpoty.com

Kyoto, Japan
Mención de honor en la categoría: People & Cultures
La Maiko Tomitchie saliendo de la casa de té. Todas las Geishas tienen un nombre auspicioso para traer buena suerte y prosperidad a la casa de té.
Canon 5D Mk3, lens 50 mm, f1.2, 1 / 125s, ISO 100
Foto: Robin Yong, Malaysia/ www.tpoty.com

Wodaabe, Massenya, Chad
Mención de honor en la categoría: People & Cultures
Cada año, la tribu Wodaabe se reúne para un concurso de belleza masculino conocido como Gerewol.
Nikon D850, lens 70-200 mm, f2.8, 1 / 640s, ISO 500
Foto: Trevor Cole / www.tpoty.com

Benin, Ouidha, Africa
Mención de honor en la categoría: People & Cultures
Un sacerdote serpiente en su templo. Las pitones son adoradas en Benin principalmente por los seguidores del vudú. Su rostro muestra las marcas tatuadas de las serpientes.
Sony 7RII, lens 24 mm, f7, 1 / 200s, ISO 4000
Foto: Harry Fisch / www.tpoty.com

Sahara Desert, Tamanrasset Province, Algeria
Ganador en la categoría: Dusk to Dawn
En un viaje por el Sahara argelino, tuve la suerte de conocer a Sappel Mochtar, un nómada tuareg de 73 años
Canon EOS R, 35 mm 1, lens macro .8, f2.2, 1 / 30s, ISO 3200
Foto: Johnny Haglund / www.tpoty.com

Blue Pond, Biei, Hokkaido, Japan
Mención de honor en la categoría: Dusk to Dawn
Los alerces y los abedules plateados dentro del estanque alguna vez vivieron, pero ya no existen: el estanque en sí mismo se formó artificialmente hace años como resultado de la creación de una presa para proteger de los efectos del volcán cercano en el monte. Tokachi El sitio está iluminado por la noche, y la tranquilidad en esta tarde fría me permitió tener tiempo para observar y fotografiar la belleza del estanque.
Canon EOS 5D Mark III, lens 35 mm, 2.8, 2.5 seg, 800
Foto: Lance McMillan / www.tpoty.com

Saintes Maries de la Mere, Camargue, France
Segundo puesto en la categoría: Thrills & Adventures
Cada noviembre se celebra el Festival de Abrivado en la Camarga, Francia. Participan más de 2000 "guardianes" (vaqueros) y 1000 caballos de toda la Provenza.
Canon 5d Mark III, lents14-24 mm, f8, 1 / 1250s, ISO 100
Foto: Beniamino Pisati / www.tpoty.com

Pipa, Brasil
Mención de honor en la categoría: Oceans, Seas, Rivers, Lakes
Las sillas y sombrillas de plástico y los restos flotantes en la arena, son todo lo que queda en la playa después de una larga noche de festividades de Año Nuevo.
Canon 5D III, lens EF 24-105 mm, f14, 1 / 125s, ISO 100
Foto: Brian Hodges / www.tpoty.com

Nanuk,Hudson Bay. Canadá
Mención de honor en la categoría: Thrills & Adventures
Una reunión de dos depredadores superiores. Este lobo se acercó al oso, parecía ser la hembra alfa. Después de esta cautelosa reunión de aparente respeto, cada uno continuó con sus asuntos, tolerante con el otro. En otras ocasiones, cada uno podría matar a los jóvenes del otro.
Canon 1Dx2, lente de 200-400 mm, f11, 1 / 640s, ISO 4000
Foto: Russell Millner / www.tpoty.com

Pankham village, Myanmar
Mención de honor en la categoría: SmartShot iTravelled
Las casas aquí son muy simples y consisten en una habitación principal, centrada alrededor de una chimenea y un dormitorio separado. Esta señora es la mayor y por lo tanto tenía derecho a dormir junto a la chimenea. Por la noche hacía bastante frío, así que la primera tarea de la mañana es encender el fuego y preparar el té.
Teléfono Pixel 3, f1.8, 1 / 50s, ISO 678
Foto: Lukas Bezila / www.tpoty.com

Lake Logipi, Kenya
Mención de honor en la categoría: Oceans, Seas, Rivers, Lakes
Hice esta foto desde una avioneta con las puertas abiertas. Muestra una gran agrupación de flamencos de pie y alimentándose en el lago de aguas poco profundas.
Canon 1DX MK 2, lens 100-400 mm, f5, 1 / 8000s, ISO 200
Foto: Paul McKenzie / www.tpoty.com
Héctor Rodríguez

Las mejores fotos de viajes de 2019

NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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domingo, 10 de marzo de 2019

ALASKA : NORTEAMÉRICA .- PAISAJES .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- Alaska, la última frontera de América del Norte............. Alaska indómita

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos alcanza una amplia información de la Indómita Alaska, un estado de Los Estados Unidos, que es separado por Canadá; el territorio de Alaska está lleno de glaciares, lagos, fiordos y paisajes naturales que nunca son vistos en otras partes del mundo, tiene como capital a la Ciudad de Juneau, única ciudad que solo se accesible por avión.
Alaska, está llena de parques nacionales, que ofrecen al visitante paisajes de la fauna y la flora, como el hábitat de los osos pardos más grandes del mundo que habitan la Isla de Kodiak, en todo el archipiélago habitan más de 3,500.
Alaska, tiene el monte más alto de todos Los Estados Unidos, llamado como : Monte Denali, antes se llamó MacKinley, con 6,190 metros de altura.
National Geographic.- narra : "En 1880 Richard Harris y Joseph Juneau descubrieron oro en una zona de bosques e islas que pronto comenzó a ser habitada. Igual que otras ciudades de Alaska, Juneau nació de la mano de mineros que buscaban fortuna y fama eterna. La población llevó otros nombres hasta que el propio Joseph Juneau reclamó que fuera el suyo el que perdurara para la posteridad; el hallazgo había sido histórico y la comunidad accedió. Aquel descubrimiento fue el preámbulo de la Fiebre del Oro, que estallaría dos décadas después en el interior de Alaska, la región estadounidense que se estira hacia el norte desgajada del resto del país. Como curiosidad queda el dato del verano de 1897, cuando la ciudad de Juneau se colapsó de viajeros que hacían escala en su aventura en pos del oro del río Yukón..."

https://www.nationalgeographic.com.es/viajes/grandes-reportajes/alaska-indomita_9666

La travesía entre Juneau y Anchorage se adentra en un territorio de glaciares y bosques interminables

https://www.nationalgeographic.com.es/viajes/grandes-reportajes/alaska-ultima-frontera-america-norte_13184/1

Juneau es la capital de Alaska y, debido a su aislamiento, también el mejor comienzo de un viaje a estas latitudes

Monte Denali
Alaska es un territorio de suaves ondulaciones heladas que se dejan ver desde la distancia. Como los 6.190 metros del Denali –en 2015 recuperó su nombre tradicional indio, "el Grande", en sustitución del de MacKinley–, visibles desde Anchorage. Es el pico más alto de Norteamérica.
Gust Robijns / AGE Fotostock

El paisaje interior
Las islas e islotes de la costa sur forman un conjunto de canales que, entre mayo y septiembre, frecuentan orcas y ballenas jorobadas como la de esta foto. Glacier Bay puede explorarse en embarcaciones más pequeñas que parten de la cercana población de Gustavus, accesible desde Juneau tras un breve vuelo en avioneta.
Alexey Suloev / Shutterstock

Águila calva en el Chilkat Bald Eagle Reserve
Creada en 1982, esta reserva vela por la conservación del hábitat natural de las águilas calvas. Los ríos Chilkat, Kleheni y Tsirku, que confluyen en la reserva, son también el hábitat de los salmones naturales, un espacio protegido por la misma reserva.
Age Fotostock

Ketchikan
Esta población situada al sur de Juneau es uno de los mejores accesos a la extensa masa boscosa del Tongass National Forest. 
SimpleByDesign Studios / AGE Fotostock

Glaciar Matanuska
Con 43 kilómetros de largo y 4,6 de ancho, se localiza a solo 2 horas en coche de Anchorage. Es uno de los glaciares más accesibles del territorio de Alaska. Tras acceder al Parque Nacional que lo protege, el visitante podrá descubrirlo por su propio pie. 
Lynn Wegener / Age Fotostock

Gruta en el glaciar Mendenhall, en las afueras de Juneau
Además de su fácil acceso por tierra, una de sus mayores particularidades son los túneles que surcan su interior. Los tonos azulados de las cuevas ofrecen un espectáculo a las órdenes de una luz de otro mundo, y el goteo del agua resuena en el silencio mientras caminamos bajo sus bóvedas rugosas.
Foto: Pete Wongkongkathep

Parque Nacional Fiordos de Kenai
Sus 2.460 km2 abarcan una zona de fiordos y glaciares que desaguan en el golfo de Alaska. La península de Kenai, accesible desde Anchorage por la Sterling Highway, se descuelga frente a la isla de Kodiak. En la fotografía se distingue el glaciar Exit.
Bernd Römmelt / Fototeca 9x12

Casa Totem
Tótems: historias indias grabadas en madera
Cuenta una leyenda tlingit que el pájaro-trueno luchó contra la malvada ballena, la sacó del agua y la venció. Esta historia es una de las que recogen los totems del Totem Bight State Park, en Ketchikan, una reserva de bosques al borde del mar que preserva 14 de estos postes tallados y la Clan House, una casa comunal en la que vivían entre 30 y 50 personas. Los totems se instalaban a la entrada del poblado y servían para explicar mitos sobre el origen del clan, para homenajear a miembros de la tribu, recordar eventos (fiestas, enlaces, muertes...) o como testimonio de agravios. Elaborados con cedro rojo, de una sola pieza, solo se pintaban los detalles. Se utilizaban 4 colores (negro, rojo, azul turquesa y blanco), extraídos de minerales y de conchas, que se emulsionaban con aceite de huevas de salmón.
AGE Fotostock



Parque Nacional Denali
El pico más alto de Norteamérica es el corazón de esta reserva de 20.000 km2. Se puede avistar a lo largo de diversos itinerarios.
cboswell / AGE Fotostock
Diego Cobo

Alaska, la última frontera de América del Norte

Encajada entre las aguas y la cordillera costera, Juneau es una de esas extrañas urbes a las que no se llega por tierra, como si quisiera proteger sus misterios. Gracias a que la isla Douglas la defiende de las gélidas corrientes del océano, la fría monotonía del invierno se hace más llevadera para las 30.000 personas que viven aquí todo el año. Caminar por sus callejuelas de coloridas casas de madera y edificios firmes produce la extraña sensación de haber viajado a otro tiempo, una mezcla de presente y de los días de euforia exploradora.
En 1880 Richard Harris y Joseph Juneau descubrieron oro en una zona de bosques e islas que pronto comenzó a ser habitada. Igual que otras ciudades de Alaska, Juneau nació de la mano de mineros que buscaban fortuna y fama eterna. La población llevó otros nombres hasta que el propio Joseph Juneau reclamó que fuera el suyo el que perdurara para la posteridad; el hallazgo había sido histórico y la comunidad accedió. Aquel descubrimiento fue el preámbulo de la Fiebre del Oro, que estallaría dos décadas después en el interior de Alaska, la región estadounidense que se estira hacia el norte desgajada del resto del país. Como curiosidad queda el dato del verano de 1897, cuando la ciudad de Juneau se colapsó de viajeros que hacían escala en su aventura en pos del oro del río Yukón.
Igual que otras ciudades de Alaska, Juneau nació de la mano de mineros que buscaban fortuna y fama eterna
El aspecto actual de la capital de Alaska poco tiene que ver con las viejas escenas de buscadores y animales de carga por sus calles. Aún así, me recuerda aquella época el desfile de turistas que descienden de los cruceros que navegan por el golfo de Alaska. Bajan del barco sobre todo para comprar, pues Juneau ofrece un gran surtido de comercios donde adquirir pieles y artesanías de los indios haida y tlingit, los habitantes originales de estas tierras. El explorador Alejandro Malaspina, que surcó estas aguas a finales del siglo XVIII, describía a los nativos como "altos, membrudos, sanos y ágiles, bien sea para la pesca, la caza o la guerra". Los descendientes de aquellos indios siguen habitando en Juneau.

Bosques como países enteros

La ciudad se localiza en el corazón del Tongass National Forest, cuyo nombre alude a un clan de los tlingit. El bosque, en el que destacan el cedro rojo, la tsuga del Pacífico y la picea de Sitka, es en realidad una selva inabarcable de casi 70.000 km2 –el tamaño de Irlanda– que se desparrama por todo el sudeste de Alaska a lo largo del archipiélago Alexander. Desde la localidad de Ketchikan –uno de los accesos más comunes– hasta Yakutak, el Tongass National Forest abarca un sinfín de poblaciones costeras repartidas en 19 áreas.
Los tonos azulados de las cuevas del Glaciar Mendenhall ofrecen un espectáculo a las órdenes de una luz de otro mundo
A partir de abril, cuando el invierno ya toca a su fin, el bosque estalla en colores y el conjunto de glaciares, mares de hielo, bosques y fauna atrapa al viajero anunciando la riqueza natural que contemplará durante todo el viaje: esto es un universo apenas tocado por la zarpa humana. Cerca de Juneau, a escasos 20 kilómetros por una carretera asfaltada, llegamos al Glaciar Mendenhall, cuya particularidad no es solo su fácil acceso por tierra, sino los túneles que surcan su interior. Los tonos azulados de las cuevas ofrecen un espectáculo a las órdenes de una luz de otro mundo, y el goteo del agua resuena en el silencio mientras caminamos bajo sus bóvedas rugosas. Esta escultura móvil sobrecoge casi tanto como angustian las explicaciones de los guías acerca del lento pero continuo retroceso de la masa helada. El glaciar se deshace y deja escenas curiosas, como los árboles en el interior de las cuevas que desnuda el deshielo, dando fe de que en otro tiempo el glaciar se extendía por las llanuras. Un sendero sencillo alcanza las cataratas Nuggets, un enclave fascinante por el estruendo que causan los largos cabellos de agua al desplomarse desde algo más de 100 metros de altura.
El sur de Alaska comenzó a ser colonizado por navegantes rusos en el siglo XVIII, cuando recorrían el Inside Passage o Pasaje Interior. Este paso estrecho labrado por antiguos glaciares se abre paralelo a la costa, a lo largo de 800 kilómetros y entre cientos de islas hasta alcanzar la población de Skagway.
Antes de abandonar el Pasaje Interior los cruceros suelen desviarse hacia el Parque Nacional de la Bahía de los Glaciares (Glacier Bay). A partir de mayo y hasta septiembre, las ballenas jorobadas nadan y se alimentan en sus aguas antes de regresar, con el frío, hacia las islas Hawái, donde se aparearán. El británico George Vancouver no pudo entrar en Glacier Bay porque chocó contra un bloque de hielo que cubría la entrada. Casi un siglo después, en 1870, el naturalista John Muir pudo acceder gracias a que el glaciar había retrocedido 80 kilómetros. Los rangers del parque explican preocupados que, según las últimas informaciones, la lengua de hielo mide otros 100 kilómetros menos.
Glacier Bay es una planicie de aguas metálicas custodiada por elevadas paredes montañosas donde flotan inmensos glaciares. El barco se abre hueco silencioso hasta detenerse ante el Grand Pacific Glacier y el Margerie Glacier. Los crujidos y el eco de los desprendimientos se pierden en la inmensidad, retumbando en el cinturón de picos de alrededor. Nosotros imaginamos lo que no vemos bajo el agua: ballenas, leones marinos y otras criaturas que respiran y resoplan. Mientras, en el cielo, quizá distingamos el elegante vuelo del águila calva, el emblema nacional de Estados Unidos, que a punto estuvo de extinguirse en la década de los 70. También es posible ver frailecillos, esas aves de pico colorido y amantes de las aguas más frías del hemisferio norte, y ánades tan curiosos como el negrón costero.
La bahía puede explorarse en embarcaciones más pequeñas que parten de la cercana población de Gustavus, accesible desde Juneau tras un breve vuelo en avioneta. Quienes prefieren dormir dentro del parque natural pueden avanzar 15 kilómetros hasta el centro de visitantes de Bartlett Cove, que está rodeado por una amplia red de senderos.

Hacia el oeste

La siguiente etapa de nuestro viaje es Anchorage, la ciudad más grande de Alaska, con 300.000 habitantes, un pequeño cogollo de edificios de vidrio y la naturaleza salvaje acariciando sus límites. A los pies de modernas construcciones hay una cabaña de troncos trenzados que acoge el Centro de Información para Visitantes. En la memoria de Anchorage está grabado el terremoto de 1964, que afectó gravemente incontables infraestructuras y levantó olas inmensas. Como el tsunami que, más de 400 kilómetros al sur, inundó el archipiélago de Kodiak y dejó decenas de barcos pesqueros encallados en tierra.
La isla de Kodiak ha superado erupciones volcánicas, tsunamis, enfrentamientos tribales y colonizaciones
Habitada históricamente por las tribus sugpiat y aluitiiq, la isla de Kodiak ha superado erupciones volcánicas, tsunamis, enfrentamientos tribales y colonizaciones. El Museo Alutiiq realiza un extenso recorrido por la historia más remota de la isla hasta que los primeros navegantes rusos se dejaron caer por estas latitudes hacia 1733. Su colección expone más de 250.000 objetos de uso diario, vestidos y abalorios que rememoran la vida de los pobladores nativos.
Bajo el imperio ruso, Alaska se situó como una potencia en el comercio de pieles de nutrias, pero tras acabar con los animales y ser vendida a Estados Unidos por siete millones de dólares en 1867, se fomentó la industria pesquera. Hoy en día numerosas empresas ofrecen salidas de pesca con caña en barco en busca de alguna de las cinco especies de salmón que habitan sus aguas.
Kodiak es una isla tapizada de vegetación cuya ciudad principal está resguardada por brazos de tierra cubiertos de árboles. Su apariencia es casi mágica, como alargadas hileras que brotan del mar, algunas con formas que recuerdan el perfil de una ballena. En toda la isla predomina el color verde brillante que le ha valido el apelativo de Isla Esmeralda, aunque lo que más fama le ha dado son los osos pardos que habitan el archipiélago. Rondan los 3.500 y el estado de Alaska permite su caza para regular la población. Es muy posible ver algún ejemplar mientras se camina por la isla, así que no resulta extraño que los lugareños recomienden cargar con un rifle durante la excursión. A pesar de las advertencias, nuestra única defensa es un espray de pimienta y un cascabel que hacemos sonar en los senderos más solitarios para no sorprender a ningún oso.
El silencio envuelve una visita donde solo nos cruzamos con alguna de las 250 especies de aves de la isla. Nada más
Uno de esos paseos nos conduce al extremo nordeste, donde el Fuerte Abercrombie vigila el lago Gertrude y el mar, mientras el viento helado nos corta la cara. Este cascarón agrietado, construido en 1941 para responder a un eventual ataque japonés, ahora acoge la sede del Kodiak Alaska State Parks. La senda está rodeada de vegetación baja y pinos con largos mechones de musgo frente a acantilados. El silencio envuelve una visita donde solo nos cruzamos con alguna de las 250 especies de aves de la isla. Nada más.

Frente al golfo de Alaska

La península de Kenai, accesible desde Anchorage por la Sterling Highway, se descuelga frente a la isla de Kodiak. Esta preciosa ruta bordea la costa y conduce hasta Soldotna, cerca de la desembocadura del río Kenai. En verano la ciudad de igual nombre rebosa de pescadores que ansían capturar un salmón de 40 kg. Los botes se acumulan pocas millas río arriba, en la unión de las aguas saladas y dulces, donde los salmones que remontan la corriente pican con facilidad. Kenai ofrece también una alternativa a los amantes de los ríos que prefieren clavar los remos y no la caña en el agua: la Swan Canoe Route, una ruta que une la hilera de 30 lagos hasta el río Moose. Durante una semana y 100 kilómetros seguidos, se pueden hacer recorridos por el vientre de una península que, desde el cielo, parece una telaraña de ríos y lagos.
Alaska es un territorio de suaves ondulaciones heladas que se dejan ver desde la distancia. Como los 6.190 metros del Denali –en 2015 recuperó su nombre tradicional indio, "el Grande", en sustitución del de MacKinley–, visibles desde Anchorage. Recorremos los 350 kilómetros que separan la ciudad más grande de Alaska y el Parque Nacional Denali por la George Parks Highway para comprobar que la montaña más alta de Norteamérica no es un espejismo.
En la entrada de la reserva, dos alces beben agua en un charco formado en este verano lluvioso. No se inmutan ante nuestra presencia. Subimos al autobús que recorre la carretera de tierra del parque –los vehículos privados solo pueden acceder a los primeros 50 kilómetros– mientras las nubes van descorchando, poco a poco, el inmenso Denali. La carretera serpentea por pequeños cerros y llanea por esta verde alfombra que es la tundra hasta llegar al kilómetro 110, donde se encuentra el Centro de Visitantes Eielson. Es entonces cuando el pico más alto del país brota abrupto y escalonado: las verdes praderas primero, los macizos ocres después. Y, trepando con la mirada, las paredes blancas que llevan hasta la cumbre envuelta en nubes. Hoy el cielo se ha abierto unos instantes y las nubes parapetan delicadamente el Denali.
No es extraño que sea en este punto donde muchas personas pasen el día o se adentren para caminar durante días o semanas en la inmensidad de los 20.000 km2 del parque. El monte de nieves perpetuas es una brújula que domina los cielos mientras el verano hace estallar la vida natural hasta octubre. Entonces comenzará el repliegue hasta la próxima primavera y Alaska se sumirá de nuevo en su largo y bello sueño blanco.

Alaska indómita 

La travesía entre Juneau y Anchorage se adentra en un territorio de glaciares y bosques interminables

El Monte Mckinley
La carretera por el interior del Parque Nacional de Denali lleva hasta Wonder Lake y su zona de acampada, quizá el enclave ideal para admirar el majestuoso pico.
JENNIFER & THOMAS BRÜHLMANN



El Glaciar Mendenhall
Su fácil acceso lo ha convertido en la excursión más popular desde la ciudad de Juneau.
MARK KELLEY / AGE FOTOSTOCK



Glacier Bay
Doce de los dieciséis glaciares de este Parque Nacional al que se accede en barco o avioneta desembocan en el océano.
RON NIEBRUGGE / WILDNATUREIMAGE



Territorio salvaje
Observar animales en libertad es fácil, además de uno de los grandes alicientes de un viaje por Alaska.
GETTY IMAGES



La fiebre del oro
El poblado de Crow Creek, entre Whittier y Anchorage, permite rememorar el ambiente de finales del siglo XIX.
RICHARD SMITH


 
Lagos
Alaska cuenta con unos tres millones de lagos. En el Bear Lake, al norte de Seward, existe la posibilidad de observar osos.
PATRICK ENDRES / AGE FOTOSTOCK



Cultura tlingit
Una casa comunal de los indios tlingit (isla de Wrangell), museo de tótems al aire libre en la isla de Ketchikan y dos niñas de la tribu tlingit.
ACI


Reserva de vida animal
Un alce en la orilla de Wonder Lake, en el Parque Nacional de Denali. Al fondo, la cordillera de Alaska.
MICHAEL DEYOUNG / GETTY IMAGES



Isla Kodiak
Los osos pardos de esta isla al sur de la península de Kenai son los mayores del mundo y forman una subespecie de la que existen unos 3.500 ejemplares. Al fondo, la isla Ugak vista desde Pasagshak Point.
RAY BULSON / WILDERNESS VISIONS

Entre el mar y el techo de Norteamérica
1 Juneau. Su abrigado puerto es la entrada a un mundo de glaciares.
2 Parque Nacional Denali. Para admirar el pico más alto de Norteamérica y la abundante fauna que habita en las montañas y llanuras que lo rodean.
3 Anchorage. La mitad de la población vive en esta moderna ciudad, bien comunicada y rodeada de naturaleza por los cuatro puntos cardinales.
4 Península de Kenai. Ofrece un vasto paraje de recreo con su glaciares, fiordos, montañas, senderos de trekking y ríos repletos de salmones.
5 Isla Kodiak. Habitada por inuits, acoge los osos pardos más grandes del mundo. La temporada ideal para verlos va de julio a septiembre.
Mapa: BLAUSET
Redacción

Alaska indómita

A Juneau, capital de Alaska, no se llega por carretera. El ferry avanza entre los canales y el agua quieta rompe en la proa con un suave roce. Las gaviotas y los cormoranes conviven en las grandes playas. Cientos de islas selváticas forman un laberinto en el que ballenas y orcas levantan sus lomos del agua gris-azulada. Respiro hondo, y el aire puro del Pasaje Interior impregna cada célula de mi cuerpo.
Juneau se halla en la Tongass National Forest, la mayor reserva forestal de Estados Unidos, si bien la palabra rainforest («selva lluviosa») refleja mejor la naturaleza y el clima del lugar. Por doquier, gigantescas coníferas y cedros rojos descienden hasta la orilla del agua.

Malaspina escribió que «el perfil de la costa parecería, por su frondosidad, cercano al trópico, a no ser por la nieve que corona las montañas»
¿Qué debió sentir Alejandro Malaspina al explorar esta costa con sus dos corbetas en 1791? Los glaciares serían aún más imponentes; quizá la tripulación se asombraría ante los grupos de ballenas, los leones marinos que descansaban sobre las rocas o las nutrias de mar que jugaban sobre el tapiz de agua, mientras los indios haida, tlingit y tsimshian se desplazaban silenciosos en sus canoas de cedro. No lo sabremos nunca, si bien el propio Malaspina escribió que «el perfil de la costa parecería, por su frondosidad, cercano al trópico, a no ser por la nieve que corona las montañas».
Y así sigue siendo mientras recorro el puerto de Juneau, entre turistas que bajan en grandes grupos de los cruceros. La ciudad sigue arropada por un paisaje espectacular, inmersa en el canal que la resguarda de las aguas abiertas del océano Pacífico y el vasto campo de hielo de las montañas del interior. De esa blanca extensión afloran 40 glaciares que avanzan por los valles. Uno de ellos, el Mendenhall, es el gran hito natural de Juneau. De la ciudad parten a su vez los cruceros y las avionetas que llevan al Parque Nacional de Glacier Bay, un laberinto de témpanos flotantes convertido en paraíso de piragüistas.

Un valioso hallazgo

En 1880, tras hallar pepitas «del tamaño de guisantes y judías» en los alrededores, Joe Juneau y Richard Harris regresaron con media tonelada de oro a Sitka, la capital de Alaska cuando pertenecía a Rusia. De la noche a la mañana aparecieron decenas de barcos cargados de aventureros. Para ellos se montaron almacenes, mercados de animales, pensiones, casas de empeño, bancos, garitos de juego, bares, teatros, prostíbulos... Juneau fue en ese tiempo una de las ciudades más vivas y ricas de Norteamérica. La nueva oleada llegó en 1897, al descubrirse oro en el Klondike, un afluente del Yukón.
Así surgió la ciudad de Skagway, 170 kilómetros más al norte. Los mineros desembarcaban allí para adentrarse en el continente. Pero como los pioneros en la helada meseta del Yukón vivieron una gran hambruna en el primer invierno, la policía montada del Canadá supervisaba en lo alto del Chilkoot Pass que cada buscador llevase lo necesario. Eso incluía víveres para sobrevivir un año y el material para construir una balsa con la que bajar el Yukón y para desempeñar las tareas mineras. Los buscadores subían así el Chil­koot Pass decenas de veces hasta trasladar la tonelada de equipamiento requerido.
Uno de esos aventureros era Jack London. En la cabaña en la que vivió junto al Klondike, enfermo a causa de las privaciones, aún puede leerse grabado a navaja: «Jack London, minero, escritor». Regresar con las manos vacías le llevó a vender a algunas revistas relatos inspirados en las vivencias de aquel invierno. Con ellos el mundo pudo conocer la audacia de aquellos hombres expuestos a condiciones de vida extremas.
Los 55 kilómetros del Chilkoot Trail entre Skag­way y el lago Bennett, ya en Canadá, son hoy uno de los trekkings clásicos de Alaska. Aquí y allá aparecen ruedas oxidadas bajo los matorrales y cabañas medio derruidas.
Valles abiertos y cúmulos blancos sobre el cielo azul, ríos de cauces anchos y rápidos, bosques de coníferas hasta donde alcanza la vista, y la nieve coronando las montañas
En Skagway, un espectacular vuelo sobre fiordos, montañas y nieves eternas me lleva a Anchorage. Enseguida tomo un confortable tren hacia el Parque Nacional de Denali, nombre que los indios atabascos daban al McKinley (6.194 m), el pico más alto de Norteamérica. Dentro del parque solo es posible desplazarse en los autobuses que recorren la carretera de 150 kilómetros que se adentra en él.
En cuanto aparecen animales el chófer se detiene para que los admiremos. El paisaje es inmenso. Valles abiertos y cúmulos blancos sobre el cielo azul, ríos de cauces anchos y rápidos, bosques de coníferas hasta donde alcanza la vista, y la nieve coronando las montañas. Evoco a McCandless, aquel muchacho que acaba su vida en un autobús varado en la inmensidad de Denali, protagonista de la película Hacia rutas salvajes (2007).

La fauna en Alaska

La carretera se vuelve pista y los bosques dejan ver caribús y ciervos. Águilas doradas vigilan nuestro paso. Salimos a caminar, siempre con cautela. De pronto, al otro lado del río, vemos una osa tan grande como dos hombres. Come arándanos y se mueve relajada con dos oseznos que no se separan de ella. Al olernos se queda inmóvil y su pelo alfombrado se le eriza en la nuca. «Ninguna broma con mis crías», parece decir. Permanecemos como estatuas mientras decide qué hacer. Opta por bajar tranquilamente el río en unos maravillosos cinco minutos. También vemos alces, marmotas y muflones de Dall. Pero nos queda algo pendiente. Entonces comienza a abrirse un enorme agujero azul entre las nubes y aparece la silueta del McKinley, el gran señor del lugar.
De vuelta a Anchorage no sé si explorar en kayak la península de Kenai o visitar la isla Kodiak, famosa por sus osos pardos. Opto por lo primero en compañía de dos surfistas griegos. En la primera mañana ya me enamoro de ese mundo. Deslizarse sobre el agua transparente y helada junto a los leones marinos que toman el sol sobre las rocas hace que todo cobre sentido. Un lugar para medir el tiempo con la respiración y los bufidos de las orcas y las ballenas. Y remar tranquilo en mitad de uno mismo. El segundo día recorremos mudos la laguna al final del glaciar. Un iceberg ha formado un arco sobre el agua y dirijo mi kayak bajo esa ventana para cruzar al otro lado. El hielo azulado por siglos de presión que le han hecho perder las burbujas de aire se desliza sobre mi cabeza. Un frailecillo remonta el vuelo con un pez en el pico y varios cetáceos asoman sus lomos nadando hacia mar abierto. «¿No es esto lo que no buscaba y encontré?», me pregunto. Los días se alargaron entre los fiordos. Varias noches después aún disfrutaba de «la última frontera», mientras el regreso se iba posponiendo una y otra vez. A veces los viajes toman formas casi orgánicas mientras continúa la ruta. En Alaska eso es fácil que suceda.

MÁS INFORMACIÓN
Documentos: pasaporte más au­torización electrónica (ESTA).
Idiomas: inglés.
Moneda: dólar estadounidense.
Horario: 10 horas menos.
Salud: en los lagos de la costa sur conviene protección antimosquitos.
Cómo llegar y moverse: Los ferrys que parten de Seattle enlazan una treintena de localidades y llegan hasta las islas Aleutianas. Anchorage, Fairbanks y Juneau cuentan con aeropuerto internacional.
En coche alquilado o autocaravana. La red de autobuses es excelente y recorre incluso pistas sin asfaltar. Hay dos líneas de tren: la Seward-Fairbanks es famosa por sus vagones con techo de cristal, mientras que la Skagway-Fraser (Canadá) funciona desde la fiebre del oro. Una veintena de ciudades poseen aeropuerto. A muchos otros destinos se puede acceder en avioneta o en hidroavión.
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo  Sánchez Achutegui
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