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lunes, 17 de enero de 2022

CURIOSIDADES DE LA HISTORIA: EPISODIO 68.- La conquista del Polo Sur: Amundsen contra Scott

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la dramática conquista de la llegada del primer hombre al Polo Sur, fue protagonizada por Robert Falcon Scott, representando a Inglaterra, auspiciada y organizada por la Royal Geographic Society, partió en el barco Terra Nova en junio de 1,910.
Al mismo tiempo aparece en la competencia el noruego Roald Amundsen, quien en completo secreto, anuncia en un telegrama que va hacia el Polo Sur, y parte en el barco Fram, desde el puerto de Madeira y cuyo  rumbo es directo, sin escalas. 
Tras medio año de travesía, el 4 de enero de 1911, Scott estableció su base en la Plataforma de hielo de Ross. Amundsen, por su parte, llegó diez días más tarde y, como si quisiera añadir más emoción al duelo, decidió instalarse en una zona relativamente próxima a la de los británicos, la bahía de las Ballenas. 
En una arriesgada apuesta, el noruego se estableció sobre una plataforma de hielo, que según sus competidores podría desprenderse en cualquier momento, pero que le proporcionó una ventaja de 100 kilómetros. Distancia nada despreciable si se considera que en total había que recorrer unos 1.400 kilómetros hasta alcanzar el polo. 
El 19 de octubre de 1,911, Amundsen no pudo resistir más la tensión de la espera y decidió ponerse en marcha con cinco hombres y cuatro trineos, cada uno tirado por 13 perros. Como si hubiera escuchado el mismo pistoletazo de partida, tan sólo cinco días después, Scott hizo salir a la vanguardia de su equipo: cuatro hombres y dos trineos a motor que transportaban tres toneladas de material y alimentos. Otros 12 hombres y 10 caballos del grupo principal iniciaron su camino el 1 de noviembre, con Scott a la cabeza. Una vez en la meseta, 
Amundsen mantuvo su invariable ritmo de 27 kilómetros diarios, lo que le permitió completar la carrera en otras tres semanas. El 14 de diciembre de 1,911, a las tres de la tarde, los cinco noruegos al unísono clavaron la bandera de su país en el punto más austral del planeta. Habían vencido. 
Aquel día los británicos todavía se encontraban subiendo los glaciares, a 600 kilómetros de distancia. Robert Scott llegó 34 días después era el 12 de enero de 1,912 con 4 británicos también llegaron al corazón del Continente Antártico. Uno fue le victorioso héroe conquistador, el otro fracasó y murió al regreso, ambos se convirtieron en héroes.....   ...siga leyendo......



Mapa antártico del área del mar de Ross, con los recorridos de la expedición Terra Nova (verde) y la expedición de Amundsen (rojo).


Un 14 de diciembre de 1,911, Roald Amundsen conquista el Polo Sur. Allí izaron la bandera noruega y bautizaron el plano polar como la «Plataforma del Rey Haakon».A. 21​ Amundsen ironizaba sobre su victoria: «Nunca un hombre ha logrado un objetivo tan diametralmente opuesto a sus deseos. El área alrededor del polo Norte me había fascinado desde la infancia, y ahora estoy en el polo Sur. ¿Puede haber algo más extraño?»


Oscar Wisting, Sverre Hassel, Helmer Hanssen y Roald Amundsen (de izquierda a derecha) en «Polheim», la tienda erigida en el Polo Sur el 16 de diciembre de 1911. La bandera en lo alto es la de Noruega; mientras que la de abajo lleva el nombre de «Fram». Fotografía de Olav Bjaaland.


El Fram, barco de la expedición.
Wikipedia.


En 1911, un noruego y un británico se adentraron en la inmensidad del continente antártico en una lucha por alcanzar por primera vez el extremo sur de la Tierra.

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TRANSCRIPCIÓN DEL PODCAST

El 15 de junio de 1910, toda Inglaterra despedía enfervorizada al Terra Nova, el barco que partía hacia la Antártida a la conquista del polo Sur. Nunca en la historia de la exploración se había estado tan seguro de que una expedición alcanzaría su objetivo: disponía del material más moderno, gran parte de sus hombres tenían experiencia polar, y las cuatro quintas partes del itinerario habían sido exploradas por un compatriota suyo, Ernest Shackleton, dos años atrás.

Todo parecía a punto para que el capitán Robert Falcon Scott se convirtiese en la primera persona en alcanzar tan ansiado lugar, el único punto geográfico significativo de la Tierra que el hombre no había pisado. Sin embargo, el 12 de octubre recibió un telegrama con un contenido enigmático: «Me dirijo a la Antártida». Estas escuetas palabras iniciaron una cadena de acontecimientos que terminarían haciéndole perder la carrera y costándole la vida.

UN COMPETIDOR ENTRA EN ESCENA

El misterioso telegrama procedía de Roald Amundsen, un noruego que se había hecho famoso por haber logrado atravesar en barco el mítico Paso del Noroeste, que une el océano Atlántico con el océano Pacífico por el norte de América. Una ruta entre el hielo que durante tres siglos habían intentado localizar los mejores navegantes.

Amundsen había nacido en una próspera familia de armadores y desde pequeño se había sentido seducido por las regiones polares, en particular por ser el primero en pisar el polo Norte. Así, desde su juventud todo fue una preparación para poder llevar a cabo tal empresa. Era un consumado deportista, un experto esquiador. Los casi tres años que le llevó completar la travesía del Paso del Noroeste le permitieron relacionarse con los esquimales, y de ellos aprendió sus técnicas milenarias para desenvolverse en ese mundo de hielo y nieve, donde los exploradores occidentales encontraban tantas dificultades para sobrevivir.

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Inicialmente, Amundsen pensó aplicar todos estos conocimientos para realizar una expedición de investigación en el Ártico, en la que esperaba alcanzar su ansiado sueño de pisar el polo Norte. Pero en 1909 supo que se le habían adelantado. Dos exploradores norteamericanos, Robert Peary y Frederick Cook, reivindicaban haber llegado el primero a ese punto geográfico y se acusaban el uno al otro de mentir. En este ambiente de confusión, Amundsen comprendió que su expedición debía cambiar de objetivo. Fue entonces cuando, como dijo más tarde, «volví mi mirada hacia el polo Sur».

En el más absoluto de los secretos, sin informar ni a sus hombres, ni a sus patrocinadores, ni a su propio Gobierno, Amundsen se dirigió a la Antártida. Quería adelantarse a los británicos, que estaban ultimando una expedición para conquistar el polo Sur. Su hermano envió aquel lacónico telegrama después de que Amundsen partiera hacia la Antártida desde Madeira en un viaje sin escalas para aislarse del mundo (su barco carecía de radio) y que ni sus patrocinadores ni el Gobierno noruego pudieran detenerle.

UN HOMBRE Y SU DESTINO: SCOTT

Scott era un prometedor oficial de la Armada británica que en 1901, con tan sólo 31 años, fue seleccionado para dirigir la expedición a la Antártida que organizaba la Royal Geographic Society. Como él mismo reconocería, nunca había sentido una predisposición especial por las regiones polares –a diferencia de Amundsen–, y aquel viaje le cambió la vida. La particular belleza de ese mundo de hielo, las vivencias de la exploración y las posibilidades de promoción social ejercieron sobre su ánimo un influjo irresistible que lo llevó a encaminar sus pasos hacia aquel reino helado. Poco después de que el también británico Ernest Shackleton fracasara en su intento de alcanzar el polo Sur –su expedición duró dos años, de 1907 a 1909, y se quedó a 180 kilómetros de su objetivo–, Scott decidió organizar su propia travesía.

Le fue sencillo encandilar a la sociedad británica con su proyecto. Los reveses militares de la segunda guerra de los Bóers (1899-1902) habían dejado un regusto amargo en la población, que temía que el espíritu que había construido el Imperio estuviera languideciendo. Por el contrario, la exploración polar –esa lucha dramática contra una Naturaleza inmisericorde– y las hazañas de sus compatriotas en este campo se vivían como un renacer de los valores británicos: decisión, coraje, solidaridad, sacrificio... Por ello, no es de extrañar que 8.000 voluntarios se ofrecieran a acompañar a Scott y se hicieran colectas para recaudar dinero; incluso muchos niños rompieron sus huchas para contribuir a la gran aventura. En este ambiente de exaltación nacional, pocos vieron una amenaza en el telegrama que anunciaba que a Scott le había salido un competidor. Sin embargo, aquel mensaje dio inicio a una carrera entre dos equipos que se convertiría en un trágico duelo, uno de los episodios más dramáticos de la historia de la exploración.

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DUELO EN LOS CONFINES DEL PLANETA

Las expediciones noruega y británica discurrieron casi en paralelo. Si los ingleses zarpaban en el Terra Nova en junio de 1910, los noruegos partieron el 9 de agosto a bordo del Fram. El Terra Nova hizo escala en Suráfrica, Australia y Nueva Zelanda; por su parte, el Fram realizó un viaje directo desde Madeira. Tras medio año de travesía, el 4 de enero de 1911, Scott estableció su base en la Plataforma de hielo de Ross. Amundsen, por su parte, llegó diez días más tarde y, como si quisiera añadir más emoción al duelo, decidió instalarse en una zona relativamente próxima a la de los británicos, la bahía de las Ballenas.

En una arriesgada apuesta, el noruego se estableció sobre una plataforma de hielo, que según sus competidores podría desprenderse en cualquier momento, pero que le proporcionó una ventaja de 100 kilómetros. Distancia nada despreciable si se considera que en total había que recorrer unos 1.400 kilómetros hasta alcanzar el polo.

Una vez en la Antártida, en pleno verano austral, ingleses y noruegos montaron sus bases (la Cabaña de Scott y la Framheim, respectivamente) y se internaron en aquel desierto helado para establecer depósitos de comida y combustible que garantizaran el suministro durante la gran marcha de la primavera siguiente (estación que en el hemisferio sur corresponde a los meses que van de septiembre a diciembre). Aquel primer bautismo de nieve puso en evidencia las ventajas del sistema de transporte noruego, cuyos trineos estaban tirados por perros, mucho más acostumbrados al ambiente polar que los caballos siberianos elegidos por Scott.

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Ello repercutió en la cantidad de provisiones que unos y otros pudieron acarrear. Así, en el tiempo en que los británicos pusieron un gran depósito de una tonelada de suministros a 79º 30’ de latitud sur, los noruegos instalaron tres depósitos con casi el triple de provisiones en total que Scott, y el último situado en el paralelo 82 sur, casi 300 kilómetros más cerca del polo que el de sus competidores. Cuando tuvieron todo listo y acabó el verano antártico, a finales de marzo, ambos equipos se encerraron dentro de sus respectivos refugios a esperar a que las condiciones meteorológicas volviesen a ser propicias, seis meses después.

La larga noche invernal (con temperaturas medias de 20 grados bajo cero y mínimas inferiores a 40) pasó con exacerbada lentitud en ambas bases. Todos aguardaban la vuelta del sol para comenzar la marcha que los llevaría a las páginas de oro del gran libro de la historia, o les sepultaría en el baúl del olvido de los perdedores. La victoria supondría fama y gloria para el líder del grupo vencedor, pero también reconocimiento social y una pensión vitalicia para todos sus integrantes.

EMPIEZA LA CARRERA

El 19 de octubre, Amundsen no pudo resistir más la tensión de la espera y decidió ponerse en marcha con cinco hombres y cuatro trineos, cada uno tirado por 13 perros. Como si hubiera escuchado el mismo pistoletazo de partida, tan sólo cinco días después, Scott hizo salir a la vanguardia de su equipo: cuatro hombres y dos trineos a motor que transportaban tres toneladas de material y alimentos. Otros 12 hombres y 10 caballos del grupo principal iniciaron su camino el 1 de noviembre, con Scott a la cabeza.

Durante los días siguientes, las dos comitivas avanzaron por una superficie blanca y desolada, donde ni siquiera había accidentes geográficos en la distancia para fijar la vista: en todas direcciones se extendía la misma superficie horizontal. Los noruegos, moviéndose sobre sus esquíes, secundaban a sus perros, que se encontraban en su elemento y avanzaban velozmente por aquel terreno. Amundsen, prudente y sabiendo que se enfrentaba a una carrera de resistencia, no hacía al d��a más de 27 kilómetros, que consideraba suficientes para llegar a su objetivo antes que su adversario. Al final de cada jornada, hombres y perros no parecían acusar el menor cansancio.

En cambio, en el lado británico la situación no era tan halagüeña. Los motores de los trineos se averiaron antes incluso de la partida de Scott y sus restos de metal quedaron atrás, como osamentas de seres ajenos a aquel continente. Los caballos, poco adaptados para caminar sobre ese tipo de superficie, se hundían una y otra vez en la costra de la nieve, haciendo todavía más lenta su ya de por sí parsimoniosa marcha. Por si fuera poco, las tempestades de viento y nieve, que para los perros eran soportables, llevaron al borde de la muerte a los caballos, obligando al grupo a detener la marcha. La distancia entre las dos expediciones se fue acrecentando poco a poco. Al mes de haberse iniciado la competición, los noruegos se encontraban 500 kilómetros por delante de los ingleses.

Tras avanzar 600 kilómetros por una superficie de hielo totalmente llana, las dos expediciones debían llegar a una cadena de glaciares, los montes Transantárticos, que se elevaban hasta alcanzar la meseta polar, a 3.000 metros de altura. Los noruegos realizaron el ascenso por un lugar inexplorado. Durante una semana estuvieron subiendo y bajando glaciares, sometiendo a un terrible suplicio a sus perros, más de la mitad de los cuales murieron. En el lado británico, a pesar de avanzar por la ruta abierta por Shackleton años antes, las cosas tampoco fueron fáciles. Todos los caballos murieron, de modo que los expedicionarios tuvieron que tirar ellos mismos de sus pesados trineos a lo largo de 400 kilómetros de una pendiente inacabable. Una tarea agotadora que les llevó el doble de días que a sus rivales.

NORUEGA CONQUISTA EL POLO

Una vez en la meseta, Amundsen mantuvo su invariable ritmo de 27 kilómetros diarios, lo que le permitió completar la carrera en otras tres semanas. El 14 de diciembre, a las tres de la tarde, los cinco noruegos al unísono clavaron la bandera de su país en el punto más austral del planeta. Habían vencido. Aquel día los británicos todavía se encontraban subiendo los glaciares, a 600 kilómetros de distancia.

Durante unos días, los noruegos descansaron en el polo. Amundsen montó una tienda de campaña que demostraba su llegada. Dentro dejó el informe del viaje junto con una carta para Scott en la que le pedía que se lo entregara al rey de Noruega; todo por si les ocurría algo en el regreso. Mientras tanto, los británicos continuaban empujando sus trineos ladera arriba por los glaciares, a 600 kilómetros de distancia.

En su camino de vuelta, los noruegos se cruzaron con los británicos sobre los 87º sur, aunque sin llegar a verse, pues en ese punto sus rutas estaban separadas por más de 100 kilómetros. Por una de ellas, cinco noruegos volvían victoriosos; por la otra, cinco británicos –al entrar en la meseta polar el equipo se había reducido a este pequeño grupo– todavía creían que iban a ser los primeros. Unos días después, cuando les faltaban 15 kilómetros escasos para llegar a su ansiado objetivo, las esperanzas de Scott y sus hombres se desvanecieron brutalmente al encontrar una banderola utilizada por los noruegos para señalizar su camino. «Lo peor ha sucedido […] Se nos han adelantado […] Lo siento por mis leales compañeros», anotó en su diario Scott.

Al día siguiente, su conquista del polo fue puro trámite. Encontraron la tienda noruega, se hicieron una foto y comenzaron el camino de vuelta, esta vez, bajo la amargura de la derrota. Entre las ropas de Scott, la carta que Amundsen le había dejado, la constatación de su fracaso, pesaba más que todo el trineo.

Mientras el regreso de los noruegos se desarrollaba a una velocidad espectacular y sin el menor contratiempo –llegaron a su base el 25 de enero–, a los británicos todo se les puso en contra. El tiempo empeoró, se retrasaron y empezaron a quedarse sin alimentos. Uno de los expedicionarios sufrió un edema cerebral y sus compañeros no pudieron hacer nada por él, sólo verle agonizar. Días después otro, viendo que sus pies congelados dificultaban la marcha del grupo, se levantó una mañana y salió de la tienda en medio de una ventisca, diciendo: «Puede que tarde un rato en volver». Todos sabían que no regresaría; era el sacrificio de un valiente para tratar de que, al menos, sus compañeros se salvasen.

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«LA MUERTE NO PUEDE ESTAR LEJOS»

Los supervivientes siguieron avanzando y, pese a las penalidades, consiguieron llegar a 18 kilómetros del depósito que habían dejado con una tonelada de suministros. Les quedaba comida para tres días y parecía que lo podrían alcanzar. Por desgracia, una tormenta de viento y nieve los retuvo en la tienda durante nueve días. Sin comida, agua ni combustible, su organismo fue debilitándose. Consciente de que todo estaba perdido, Scott escribió en su diario el testimonio de valor de aquellos hombres que se enfrentaban a la muerte. «La muerte no puede estar lejos», escribió en su última entrada.

Amundsen, ajeno a este drama, había zarpado rumbo a Australia, donde informó al mundo de su victoria y recibió felicitaciones de todos los rincones del planeta. El siguiente noviembre, el resto de británicos encontraron los cuerpos de sus tres compañeros y los diarios de Scott, que conmovieron al mundo y forjaron su leyenda. Uno ganó la carrera, otro la perdió, pero los dos alcanzaron la gloria.

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NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

jueves, 8 de julio de 2021

TUMBA VIKINGA: Lo que cuentan unos restos de tejidos vikingos hallados en Noruega

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., se han encontrados tejidos en una tumba vikinga, datada entre los años 850 a 950 d.C., corresponde a una mujer fallecida, que fue colocada en una cámara funeraria cubierta por un túmulo alargado........................

Investigadores del Museo Universitario de Trondheim, en Noruega, han descubierto valiosos elementos textiles procedentes de la tumba de una mujer vikinga del siglo X.








El broche con los textiles fue encontrado en la tumba de una mujer en Hestnes, en el sur del condado de Trøndelag, durante las excavaciones de 2020. Foto: Åge Hojem, NTNU University Museum.

Un equipo de investigadores del Museo Universitario NTNU de Trondheim, en Noruega, que examinaban al microscopio un artefacto marrón informe y sin brillo se llevó una grata sorpresa cuando descubrió que lo que estaban observando con tanto interés era un fragmento de tela de lana bordada de más de mil años de antigüedad conservada en un broche hecho con concha de tortuga. "Los que trabajamos con tejidos nos alegramos si encontramos un trozo de tela de un centímetro por un centímetro. En este caso tenemos un remanente textil de casi once centímetros Además, desenterrar bordados es algo completamente único", cuenta entusiasmada la arqueóloga Ruth Iren Øien. De hecho, el hallazgo ha sido tan sorprendente que Øien apenas podía creerlo. "Los tejidos bordados de la época vikinga son algo que solo conocemos de unas pocas tumbas opulentas, como Oseberg y Mammengraven en Dinamarca", comenta la investigadora.

UNA TUMBA VIKINGA

El broche con el tejido fue descubierto en una tumba femenina en Hestnes, en el condado de Trøndelag, durante unas excavaciones llevadas a cabo en 2020. La tumba está datada aproximadamente entre 850 y 950 d.C., a mediados de la era vikinga. La mujer fallecida fue colocada en una cámara funeraria de madera cubierta con un túmulo alargado. Las fosas de cámara de este tipo son inusuales en el centro de Noruega. "Las fosas de cámara están muy extendidas en Birka, en Suecia, y en las antiguas áreas danesas: Dinamarca, incluida Scania (actual Skåne), el sureste de Noruega y Hedeby en la Alemania actual", explica Raymond Sauvage, arqueólogo y director del proyecto de excavación de Hestnes.


ILUSTRACIÓN QUE MUESTRA LA DISPOSICIÓN DE LOS OBJETOS DE AJUAR FUNERARIO EN EL ENTERRAMIENTO DE LA MUJER.

Foto: NTNU University Museum.

La mujer fallecida fue colocada en una cámara funeraria de madera cubierta con un túmulo funerario alargado. Las fosas de cámara de este tipo son inusuales en el centro de Noruega.

El ajuar funerario también era poco común. La mujer fue enterrada acompañada de un broche de tres lóbulos, algo bastante raro en Noruega ya que este tipo de adorno es más típico en las antiguas áreas danesas. También fue enterrada con varios cientos de perlas en miniatura, algo que aparece en muy pocas tumbas noruegas. "Las perlas estaban concentradas sobre su hombro derecho, pero no sabemos si constituían un collar de perlas o eran otra cosa. Un hallazgo de Hedeby con perlas similares se ha interpretado como un bordado realizado con perlas, y es muy plausible que ocurra lo mismo aquí", según Sauvage.

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PRODUCTOS DE MUCHO VALOR

Sin embargo, los tejidos son el hallazgo más extraordinario de la tumba. Los arqueólogos creen que han encontrado los restos de ocho elementos textiles diferentes en la tumba: seis piezas de tela de lana y dos de tela de lino. Los tejidos varían en calidad, estructura y apariencia, y tenían una larga duración en el tiempo. "Hacer suficientes vestidos para una familia durante un año requería un año-persona completo de horas de trabajo. Es cierto que no era muy común tener ropa nueva todos los años, y mucha de ella se transmitía", comenta Øien.

Los arqueólogos creen que han encontrado los restos de ocho elementos textiles diferentes en la tumba: seis piezas de tela de lana y dos de tela de lino.

Por ejemplo, tejer velas para un barco en ese período requería la lana de unas dos mil ovejas. Era algo muy caro. En otras palabras, el hecho de que la mujer de la tumba de Hestnes estuviera acompañada de tantas piezas de ropa significa que con total seguridad perteneció a la élite. "Supongo que los elementos textiles de la tumba eran tan valiosos como los demás objetos que fueron enterrados junto a ella, si no más", opina la investigadora.


LA TELA DE LANA ES DEL TIPO LLAMADO SARGA DE DIAMANTES. LAS FIBRAS DE ESTE FRAGMENTO ESTÁN TAN BIEN CONSERVADAS QUE LOS ARQUEÓLOGOS ESPERAN PODER REALIZAR ANÁLISIS DE ISÓTOPOS.

Foto: NTNU University Museum.

De hecho, es muy inusual encontrar tantos tejidos bien conservados en una tumba, lo que ha proporcionado a los investigadores muchas pistas para saber cómo era el atuendo de la mujer en el momento de ser enterrada a pesar de su actual estado. "Imaginamos que llevaba un delantal, que se abrochaba con broches de tortuga. Debajo del vestido probablemente llevaba un sark o una camisa de lino o lana fina. Sobre sus hombros probablemente llevaba una capa con elementos decorativos bordados. La capa parece haber sido forrada con una fina tela de lana y a lo largo del borde podemos ver restos de un trenzado estrecho. Esta trenza podría haber servido para fortalecer el borde, pero también tenía una función decorativa", teoriza Øien.

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Los arqueólogos también han podido estudiar los colores de la ropa. "Bajo el microscopio podemos ver que algunos de los hilos de bordado tienen una pigmentación diferente a la de la tela que está debajo. Esto puede deberse a que los tipos de fibras utilizados en los hilos de bordar se vieron afectados de manera diferente por el paso del tiempo que las fibras en la tela. Esperamos que más análisis nos proporcionen algunas respuestas". La investigadora añade que analizar el color de los tejidos antiguos representa todo un desafío, ya que fueron teñidos con pigmentos naturales procedentes de plantas y sin usar productos químicos. Los colores se han filtrado al suelo durante los últimos 1.100 años. "Sin embargo, algunos colores son más fáciles de rastrear que otros, como el índigo, que crea una tonalidad azul", añade.

Analizar el color de los tejidos prehistóricos representa todo un desafío, ya que fueron teñidos con pigmentos naturales procedentes de plantas y sin usar productos químicos.

Aunque identificar los colores de los tejidos puede ser complicado, los investigadores creen que en realidad es posible averiguar de dónde proviene la lana de uno de ellos. El remanente está tan bien conservado que los arqueólogos esperan poder realizar un análisis de isótopos de estas fibras. "Los isótopos son variantes del mismo elemento y cambian según las fuentes de alimentos y entre diferentes ubicaciones geográficas. Por lo tanto, analizar los isótopos de la lana podría decirnos si el tejido procede de ovejas locales o es importado", concluye la investigadora.

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NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

jueves, 19 de noviembre de 2020

NATIONAL GEGORAPHIC :Asentamientos vikingos.- El estudio de un barco enterrado revela un importante enclave vikingo

Hola amigo: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un informe de arqueólogos noruegos sobre el descubrimiento de un barco vikingo enterrado  en el yacimiento de Gjellestad.

NATIONAL GEOGRAPHIC.- narra : ......Un equipo de arqueólogos descubrió en 2018, en el yacimiento de Gjellestad, en el sureste de Noruega y gracias al estudio del terreno con un radar de penetración terrestre (GPR), un barco vikingo que fue enterrado allí siglos atrás. Pero el barco no estaba solo bajo la tierra. Junto a él también fueron enterrados una sala de banquetes y lo que parece ser un santuario de culto. Desde entonces, nuevas exploraciones y excavaciones han revelado más pistas sobre el yacimiento. Los resultados de estos dos años de investigaciones acaban de ser publicados en la revista Antiquity......"

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/estudio-barco-enterrado-revela-importante-enclave-vikingo_15880

Un grupo de arqueólogos noruegos ha publicado un estudio con los resultados de la investigación sobre un barco vikingo enterrado en el yacimiento de Gjellestad, que fue descubierto en 2018.

Carmen García Cortés

19 de noviembre de 2020 · 19:08 Actualizado a

 

 
iStock

Un equipo de arqueólogos descubrió en 2018, en el yacimiento de Gjellestad, en el sureste de Noruega y gracias al estudio del terreno con un radar de penetración terrestre (GPR), un barco vikingo que fue enterrado allí siglos atrás. Pero el barco no estaba solo bajo la tierra. Junto a él también fueron enterrados una sala de banquetes y lo que parece ser un santuario de culto. Desde entonces, nuevas exploraciones y excavaciones han revelado más pistas sobre el yacimiento. Los resultados de estos dos años de investigaciones acaban de ser publicados en la revista Antiquity.

Situación del yacimiento de Gjellestad, en Noruega.
Kartverket/CC-BY-4.0; figure by L. Gustavsen.

Un barco cerca de un gran túmulo

Numerosos montículos funerarios salpican el paisaje de Gjellestad, pero muchos de ellos fueron arados y, por lo tanto, destruidos por agricultores durante el siglo XIX. Sin embargo, incluso después de su destrucción, el GPR aún puede revelar datos sobre su ubicación anterior y lo que estaba enterrado allí.

En el transcurso de sus trabajos, los investigadores descubrieron el barco enterrado al norte de un gran montículo de la Edad del Hierro excavado previamente, conocido como Jell Mound, que data de hace unos 1.500 años (la datación por radiocarbono reveló que el barco fue enterrado cientos de años después, probablemente alrededor del siglo IX) y es el segundo túmulo más grande de la Edad del Hierro en Escandinavia.

Los investigadores descubrieron el barco enterrado al norte de un gran montículo de la Edad del Hierro excavado previamente, Jell Mound, que data de hace unos 1.500 años.

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Un año antes, en 2017, un adorno de oro encontrado cerca del Jell Mound ya hizo pensar a los arqueólogos que Gjellestad era un sitio de cierta importancia, puesto que colgantes como estos a menudo se incluían en los entierros de mujeres de alto estatus durante la Edad del Hierro, entre el año 1 d.C. al 400 d.C. El hecho de vincular Jell Mound a una red más grande de enterramientos sugiere que Gjellestad fue una necrópolis importante que se mantuvo en uso durante siglos, según se explica en el estudio.

Pendiente de oro hallado en 2017 cerca de Jell Mound.
2020 Kirsten Helgeland, Museum of Cultural History, University of Oslo.

Conjunto de montículos

Cerca del barco enterrado en Gjellestad, el GPR ubicó un total de trece túmulos. Dos grandes montículos circulares y siete montículos más pequeños agrupados hacia el norte y cuatro "estructuras de asentamiento" rectangulares que se encuentran al oeste; la más larga tiene 38 m de longitud. Uno de los edificios más pequeños pudo haber sido una granja; otro tal vez fue un lugar donde se llevaron a cabo rituales, y el edificio más grande es similar en estructura y tamaño a los salones de banquetes que se encuentran en otros asentamientos vikingos, según los investigadores.

"La única estructura que se puede fechar con seguridad en la era vikinga en Gjellestad es el entierro del barco, pero, teniendo en cuenta todo el yacimiento, probablemente podamos decir que era importante para la élite exhibir su estatus a través de rituales de entierro lujosos y cuidadosamente planificados", ha explicado el autor principal del estudio, Lars Gustavsen, arqueólogo del Instituto Noruego de Investigación del Patrimonio Cultural (NIKU). Según Gustavsen, "creemos que la inclusión del entierro de un barco en lo que probablemente era un cementerio de montículos anterior y de larga duración fue un esfuerzo por asociarse con una estructura de poder ya existente".

 

A la izquierda, representación de los montículos de Gjellestad. Derecha, imagen de GPR.
Kartverket/CC-BY-4.0; figure by L. Gustavsen.

Probablemente podamos decir que el entierro del barco era importante para la élite, una forma de exhibir su estatus a través de rituales de entierro lujosos y cuidadosamente planificados, según Lars Gustavsen.

El entierro del barco ya es de por sí bastante inusual. Los entierros vikingos de barcos que miden menos de 12 m son comunes, pero encontrar un barco tan grande –20 m de longitud– es excepcional. "De hecho, sólo se conocen unos pocos de esos entierros en Noruega", afirma Gustavsen. Las últimas excavaciones de grandes barcos vikingos tuvieron lugar hace más de un siglo, a finales del siglo XIX y principios del XX. Éste es el primer barco de este tipo que se encuentra a través de la tecnología de escaneo GPR, lo que para los investigadores es un buen augurio para descubrir más entierros de este tipo que aún se encuentran ocultos.

¿Símbolo de riqueza?

Pero ¿por qué los vikingos enterraron sus barcos? "No lo sabemos con certeza", contesta Gustavsen. "Dado que se trataba de sociedades cuya identidad estaba estrechamente ligada al mar y la navegación, el barco podría, en este contexto específico, ser visto como un navío que transporta las almas de los difuntos del reino de los vivos al reino de los muertos", sugiere. "O podría ser simplemente una muestra de riqueza, o tal vez serviría para demostrar que uno pertenecía a una determinada clase social y política", remacha.

Imágenes tomadas por GPR del barco enterrado en Gjellestad.
L. Gustavsen

Después del descubrimiento del barco en 2018, el equipo lo excavó parcialmente y rápidamente se dio cuenta de que las condiciones de humedad combinadas con períodos de sequía lo habían dejado en muy malas condiciones y plagado de hongos. Durante el verano de 2020, los arqueólogos promovieron una excavación completa para recuperar y preservar lo que se pudiera del barco en descomposición.

Las condiciones de humedad combinadas con períodos de sequía habían dejado el barco en muy malas condiciones y plagado de hongos.

En octubre, el equipo halló algo inesperado: huesos de animales, según un comunicado publicado por el Museo de Historia Cultural de la Universidad de Oslo. "Estos huesos son de un tamaño relativamente grande, por lo que pensamos que se trata de los restos de un buey o de un caballo que fue sacrificado para formar parte del entierro. Aunque las capas superiores de los huesos están muy descompuestas, parecen estar mejor conservadas más abajo. Esto indica que es bastante probable que las cosas se conserven mejor en las profundidades del entierro del barco", concluyen esperanzados los investigadores.

Las excavaciones en el yacimiento siguen su curso y se espera que los trabajos finalicen en diciembre de 2020.


NATIONAL GEOGRAPHIC

Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

ayabaca@gmail.com

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