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domingo, 14 de septiembre de 2025

Curiosidades de la historia: episodio 250.- La guerra de Filipinas, el fin del Imperio español

 Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un Podcasts, sobre la guerra de los Estados Unidos de América contra el Imperio Español en las Filipinas, que destruyó completamente a la flota española y tomó Manila con el apoyo de los insurrectos filipinos que puso fin al dominio español el 10 de diciembre 1,898, con el tratado de Paz de París; Los Estados Unidos se anexaron las Islas Filipinas, dándoles la libertad e independencia el 04 de julio de 1,946.... siga leyendo......................



Los más de tres siglos de dominio de España en las Filipinas llegaron a su fin en 1898, cuando EE. UU. destruyó la flota española y tomó Manila con el apoyo de los insurrectos filipinos.



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TRANSCRIPCIÓN DEL PODCAST

A finales de agosto de 1896 se reunieron en Balintawak, a las afueras de Manila, los líderes del movimiento revolucionario filipino Katipunan para decidir qué camino debían emprender en su lucha contra el régimen colonial español. Algunos pensaban que aún era pronto para comenzar la revolución porque les faltaban armas y apoyos, pero otros consideraban que era el momento de iniciar la lucha armada.

Andrés Bonifacio, el líder del Katipunan, después de un encendido discurso a favor de la rebelión, salió a consultar a los seguidores que esperaban en la calle y, ante los gritos de «¡Revolución!, ¡Revolución!», les animó, en un gesto simbólico, a romper las cédulas personales que identificaban a la población y fijaban las tasas que debía pagar a la Administración española. El Grito de Balintawak marcó el inicio de la revolución filipina contra España.

Las causas del conflicto

A lo largo del siglo XIX, diferentes factores acrecentaron el descontento de la población filipina con el dominio que España mantenía sobre el archipiélago desde el siglo XVI. Los filipinos sufrían una evidente desigualdad de derechos y oportunidades respecto a los peninsulares, carecían de representación parlamentaria y se les negaba una mayor participación en la vida política. 

En el Ejército, los oficiales nacidos en las islas se veían relegados por sospecharse de su lealtad. La economía filipina tampoco resultó favorecida por la metrópoli, que nunca se convirtió en un mercado preferencial de las exportaciones filipinas.

Los habitantes de las islas estaban sometidos a fuertes impuestos definidos por categorías étnicas hasta los últimos años del siglo. Además, existía un extendido malestar por la influencia que ejercían las órdenes religiosas españolas en muchos sectores de la vida de las islas, mientras que el clero filipino era postergado por los regulares españoles. 

Todo ello provocó distintos movimientos y estallidos de violencia sin que las autoridades españolas dieran respuestas satisfactorias. De ahí que, a finales de siglo, los filipinos pasaran de la lucha por el autogobierno a la revolución independentista. 

El primer líder e ideólogo del movimiento nacionalista filipino, apoyado por el grupo de los «Ilustrados», fue José Rizal, que en 1892 fundó la Liga Filipina. En un principio, Rizal planteó reivindicaciones moderadas, sin cuestionar la unión con España. Pero al comprender que los españoles nunca atenderían sus demandas impulsó la lucha por el autogobierno, aunque señalando que debía llevarse a cabo de manera pacífica, evitando cualquier acción violenta. Aún así, sus ideas parecieron tan subversivas que el Gobierno colonial lo exilió a Dapitán, en el sur del archipiélago.

Los movimientos políticos de Filipinas pasaron de pedir mayor igualdad y autonomía a reivindicar la independencia de España

Fue esto lo que permitió que el Katipunan, promovido por Andrés Bonifacio, se hiciera con el liderazgo de las reivindicaciones filipinas. Este movimiento era más radical en sus planteamientos, aspiraba ya a la independencia completa y no renegaba del uso de la violencia. Tenía el apoyo de sectores procedentes de los antiguos barangays –los pueblos nativos–, la pequeña burguesía y la población urbana y rural menos favorecida.

El movimiento se fue extendiendo gracias a una gran labor de propaganda y al periódico Kalaayan, en el que se llamaba ya a los filipinos a la lucha armada contra los españoles. Paulatinamente se fue organizando, además, una lucha de guerrillas con gran éxito popular. Las reclamaciones de estos movimientos políticos pasaron, de este modo, de pedir mayor igualdad y autonomía, pero aún bajo la unión con España, a reivindicar la independencia y la ruptura total de los lazos con los españoles.

Así se llegó a la sublevación de Balintawak. El gobernador general Ramón Blanco ofreció un período de gracia de 48 horas, en el que los insurrectos podrían rendirse sin sufrir represalias. Sin embargo, el movimiento se extendió rápidamente a Manila y a sus alrededores y se expandió luego por el archipiélago, ganando cada vez más adeptos.

Ante la extensión de la revolución, el 30 de agosto Blanco declaró el estado de emergencia en ocho provincias, decretó el embargo de bienes de los rebeldes y de sus posibles apoyos, y pidió refuerzos a la Península. Con las fuerzas que tenía en Manila, más otras llegadas de otras partes del archipiélago filipino, Blanco consiguió defender la capital, pero no logró detener la insurrección. 

La estrategia de Polavieja

Tras meses de enfrentamientos, el Gobierno peninsular decidió sustituir a Blanco por el general Camilo García de Polavieja, el cual inició una acción mucho más contundente para acabar con la revolución. Apoyado por un gran contingente de soldados y oficiales llegados de la Península, Polavieja intensificó la lucha contra los revolucionarios.

Con la ayuda de la División Lachambre obtuvo varias victorias importantes en la provincia de Cavite, pero, pese a las muchas bajas sufridas por ambas partes, no logró doblegar la revolución. En abril, volvieron a manos españolas varias provincias de la isla de Luzón: Manila, Zambales, Bataán, Tárlac, Nueva Écija y parte de Cavite. 

Sin embargo, Polavieja no consiguió la pacificación completa, ya que los insurrectos trasladaron la contienda a otras provincias que hasta entonces habían permanecido en paz. El gobernador solicitó entonces 20.000 hombres de refuerzo para acabar con la rebelión. Al no poder el Gobierno proporcionarle esas fuerzas, el general, escudándose en razones de salud reales –se le había agravado una antigua dolencia hepática-, presentó su dimisión en marzo de 1897, aunque se mantuvo al frente de las tropas hasta la llegada de su sucesor. 

Entretanto, en las filas independentistas surgió un problema de liderazgo. Andrés Bonifacio, que no era un militar ni un gran estratega, comenzó a perder posiciones, y frente a él emergió la figura de Emilio Aguinaldo, miembro de una familia mestiza chino-filipina, ilustrada y de buena posición, que durante más de ocho años desempeñó cargos municipales en la ciudad de Cavite.

Convertido en oficial de las tropas revolucionarias, sus triunfos en las batallas en torno a Cavite, el corazón de la insurrección, le granjearon una gran popularidad entre los revolucionarios. En marzo de 1897, en medio de profundas disensiones en el movimiento insurreccionista, se creó un Gobierno revolucionario en el cual Aguinaldo fue elegido presidente, mientras que Bonifacio era nombrado secretario de Interior.

Las disensiones continuaron y Bonifacio acabó siendo sometido a un juicio en el que fue considerado culpable de traición y condenado a muerte. Aguinaldo revocó la pena, pero, en una maniobra todavía hoy poco clara, un pistolero asesinó al fundador del Katipunan el 10 de mayo de 1897. Aguinaldo quedó así como líder indiscutible del movimiento independentista filipino.

Pacificación provisional

El general elegido para sustituir a Polavieja, Fernando Primo de Rivera, llegó a las islas en mayo de 1897. Primo de Rivera, que ya había estado en el archipiélago, emprendió una nueva política, combinando las acciones bélicas y las diplomáticas.

Con las fuerzas y tácticas organizadas por Polavieja, culminó la pacificación de la provincia de Cavite, obligando a Aguinaldo y a sus hombres a refugiarse primero en Batangas y luego en las montañas de Biak Na Bató, al norte de Manila. Allí, el líder filipino reagrupó a sus fuerzas y exhortó a los filipinos a continuar con la lucha.

La insurrección no acababa de sofocarse y las guerrillas se extendían, aunque sus fuerzas y apoyos estaban cada vez más mermados. Primo de Rivera apostó entonces por negociar un acuerdo en el que los insurrectos aceptaran deponer las armas. Las negociaciones fueron largas, pero en diciembre de 1897 se llegó al Pacto de Biak Na Bató.

En él se establecía que España pagaría 800.000 pesos a los rebeldes a cambio de que acabaran con la insurrección, entregaran las armas y reconocieran la soberanía de España. Se acordó también el exilio a Hong-Kong de Aguinaldo y otros 27 líderes revolucionarios. El pacto acabó con la revolución de manera formal, aunque sus cláusulas no fueron totalmente cumplidas por ninguna de las dos partes. 

A principios de 1898, pensando que las Filipinas estaban prácticamente pacificadas, el Gobierno español propuso importantes medidas autonomistas, que puso en marcha el nuevo gobernador Basilio Augustí al llegar a las islas en abril de 1898. Sin embargo, la lucha de los filipinos no cesó de forma completa. Tan solo estaban esperando el momento más oportuno para reanudar abiertamente la batalla contra el régimen colonial. Esa ocasión se presentó al declararse la guerra entre Españay Estados Unidos.

El 20 de abril de 1898, con el pretexto del hundimiento del Maine en la bahía de La Habana, el presidente William McKinley declaró la guerra a España. El principal objetivo estadounidense era acabar con la administración española en Cuba, poner así fin a la revolución iniciada en 1895 por los independentistas cubanos, que estaba perjudicando los intereses americanos, y hacerse con el control de una isla fundamental para sus planteamientos estratégicos y defensivos.  

La guerra hispano-norteamericana 

El conflicto de Cuba no tenía nada que ver con Filipinas, pero la marina de EE. UU. tenía antiguos planes estratégicos que sostenían que la escuadra española en Filipinas podía ser una amenaza en caso de guerra contra España. De este modo, el escuadrón asiático de la marina estadounidense, al mando del comodoro George Dewey, se dirigió al archipiélago filipino y el 1 de mayo de 1898 atacó a la flota española, mandada por el contralmirante Patricio Montojo, en su base de Cavite, en la bahía de Manila. El resultado fue el incendio y hundimiento de todos los buques españoles y más de 400 bajas.  

Los estadounidenses, por su parte, decidieron aprovechar la oportunidad e incrementar su intervención en Filipinas. McKinley y los círculos expansionistas tras él eran plenamente conscientes de que las grandes potencias ocupaban cada vez más territorios en Asia y parecían a punto de iniciar el reparto definitivo de China, ámbito del que EE. UU. corría el riesgo de quedar excluido.

Si, en cambio, se aprovechaba la guerra iniciada contra España por Cuba para atacar al mismo tiempo a Filipinas, los norteamericanos tendrían posibilidad de hacerse con un establecimiento frente a las costas de China desde el que proteger sus intereses en Asia. Manila, pues, debía convertirse en la gran base naval de EE. UU. en Asia oriental.

Para ello era necesario conquistar la ciudad, todavía en manos españolas. El 4 de mayo, solo tres días después de la batalla naval de Cavite, partió de San Francisco una expedición de 5.000 hombres –que habían sido previamente concentrados en aquella ciudad– con el fin de colaborar por tierra en la toma de la ciudad de Manila.

Durante el verano de 1898 continuó el envío de nuevas tropas estadounidenses, de modo que a finales de julio ya se habían hecho tres grandes expediciones y 16.000 norteamericanos luchaban en Filipinas, capitaneados por el general Wesley Merrit.  

Apoyo de los rebeldes a EE. UU.

En esa tesitura, los estadounidenses contaron con el apoyo de los revolucionarios filipinos, que se apresuraron a retomar su lucha contra los españoles para lograr su ansiada independencia. Aguinaldo y sus hombres entraron en contacto con los cónsules estadounidenses en Hong Kong y Singapur a fin de establecer una estrategia conjunta contra los españoles, y se entrevistaron con Dewey y los oficiales de su escuadra. En ese encuentro se prometieron apoyo mutuo con unas fórmulas ambiguas no aprobadas por Washington.

El 19 de mayo, a bordo del buque norteamericano McCulloh, Aguinaldo regresó a Filipinas, donde el día 24 decretó un levantamiento general. Sus fuerzas se aprestaron a colaborar en el sitio que los norteamericanos habían establecido sobre Manila.

En junio, Aguinaldo declaró unilateralmente la independencia de Filipinas –no reconocida ni por los estadounidenses ni por los españoles– y nombró un Gobierno revolucionario. A finales de ese mes la rebelión se había extendido por toda la isla de Luzón, incluyendo puntos hasta entonces no sublevados, como Zambales, Pangasinan, Ilocos o Camarines. Estalló también en otras islas, como Cebú.

Sin embargo, el asedio de Manila mostró que norteamericanos y filipinos tenían distintos intereses para el futuro de Filipinas. Al conocerse en Washington las conversaciones entabladas por Dewey, el Gobierno de EE. UU. ordenó frenar esa colaboración para mantener abiertas todas sus opciones en el archipiélago y no comprometerse a nada. Los estadounidenses dejaron de respaldar los avances de los filipinos y les impidieron participar en la toma de la ciudad para evitar que pudieran hacer ningún tipo de reclamaciones. Manila debía quedar solo en manos de Estados Unidos. 

La defensa de Manila

En medio de esa complicada situación, el general Augustí defendió la capital todo el tiempo que pudo con el apoyo de los cerca de 6.000 efectivos de que disponía, reforzados por numerosos voluntarios españoles. Los españoles resistieron los asaltos enemigos y la falta de agua y alimentos durante más de cien días, en espera de un auxilio que no llegó. 

Las demás fuerzas españolas estaban diseminadas por el archipiélago en pequeñas guarniciones y, ante la feroz resistencia de las partidas nativas que les cerraban el paso, fueron incapaces de agruparse en columnas de cierta entidad para dirigirse a Manila. En respuesta a las peticiones de auxilio, el Gobierno español envió una escuadra al mando de Manuel de la Cámara, pero cuando estaba en el canal de Suez regresó a la Península para defender sus costas. 

Los españoles aguantaron el asedio hasta después de la firma del Protocolo de Washington, el 12 de agosto de 1898, que estableció la paz entre EE. UU y España. Al día siguiente, en el límite de las fuerzas y tras una dura resistencia, Manila capituló. La caída de la capital arrastró tras de sí todo el archipiélago. La ciudad fue entregada a los oficiales estadounidenses, y se estableció que EE. UU. ocuparía y retendría Manila hasta la conclusión de un tratado que determinaría los términos definitivos sobre el control y gobierno de Filipinas. 

Una vez perdida Manila, elgeneral Diego de los Ríos y Nicolau, anteriormente al mando de las islas Visayas y Mindanao, fue nombrado gobernador general interino con el encargo de resolver los últimos retazos de la guerra y ocuparse de la ingrata tarea de desmantelar la Administración española y repatriar a los funcionarios, tropas, misioneros y personal civil que quisiera regresar a la Península.

Tuvo también que negociar la protección de los intereses españoles que permanecerían presentes en las islas –fundamentalmente económicos y religiosos–, así como la devolución de prisioneros. Una vez acabado ese doloroso proceso, el general abandonó las islas el 3 de junio de 1899, en compañía de una gran contingente de tropas y rezagados.

Durante esos mismos meses, después de muchas vacilaciones y negociaciones, el Gobierno de McKinley decidió anexionarse la totalidad de las islas Filipinas. En consecuencia, el 10 de diciembre de 1898 se ratificó el tratado de paz de París, mediante el cual España cedía a Estados Unidos tanto Filipinas como la isla de Guam a cambio de una indemnización de veinte millones de dólares.

De este modo, los filipinos, derrotados en la guerra a la que se lanzaron contra la anexión norteamericana, experimentaron durante cuatro décadas el peso de una nueva administración colonial, esta vez la de Estados Unidos. Tendrían que esperar hasta el año 1946 para conseguir la independencia completa. 

Este artículo pertenece al número 257 de la revista Historia National Geographic.

NATIONAL GEOGRAPHIC 
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
ayabaca@gmail.com

viernes, 22 de julio de 2022

DESENTERRANDO EL PASADO: EPISODIO 22 viaje a Los Andes en busca de pinturas rupestres de Perú... valle de Nepeña, Región Ancash.

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG. el arte rupestre fue la escritura gráfica de las antiguas civilizaciones, que dejaron huellas en cuevas, lomas y planicies, era una descripción del medio ambiente, tal como ellos lo percibían y vivían; nuestro querido el Perú, es rico en estas huellas de las diferentes civilizaciones que existieron en la prehistoria; la Revista National Geographic, nos entrega un Podcasts, que un grupo de arqueólogos está llevando a cabo una documentación en el valle de Nepeña, Región Ancash, que nuestros antepasados grabaron en esa zona. Los investigadores ya llevan tres campañas y han encontrado abrigos inéditos con pinturas que permiten reconstruir la secuencia cultural del valle..... ...siga leyendo...................


Las sociedades andinas han marcado simbólicamente el paisaje circundante mediante el arte rupestre. Ahora, un equipo arqueológico internacional está investigando desde hace años varios abrigos y asentamientos prehistóricos situados en los Andes peruanos para conocer mejor cómo vivían las sociedades que habitaban la zona hace miles de años.

Foto: Boris Orjuela Cadena

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Nos vamos a Perú, subiremos a las altas montañas de la cordillera más mítica de toda Latinoamérica, los Andes, en busca de pinturas rupestres.
Y lo haremos con esta banda sonora…

Viajamos al valle de Nepeña, en Ancash, al norte del país, dónde un equipo de arqueólogos está documentando las pinturas y grabados que nuestros antepasados realizaron en la zona. Los investigadores llevan ya 3 campañas pateando el territorio, inexplorado hasta el momento, dónde han encontrado abrigos inéditos con pinturas que permiten reconstruir la secuencia cultural del valle. De hecho, la ingente tarea de documentación de los materiales encontrados está permitiendo rescatar una historia desconocida para la población local.

Descubriremos cómo las imágenes pintadas o grabadas en las rocas han servido a los habitantes del lugar para identificarse y comunicarse entre ellos, pero lo más increíble es descubrir que estas representaciones se han transmitido de generación en generación, perdurando a lo largo de miles y miles de años. Además, conoceremos la hermosa simbiosis entre la población local y el equipo del proyecto. Se ha creado una situación de ayuda mUtua, en la cual, los locales comparten su conocimiento del valle a los investigadores y estos ayudan a que sus habitantes conozcan su pasado ancestral.

Bienvenidos a un nuevo capítulo de “Desenterrando el pasado”

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TRANSCRIPCIÓN DEL PODCAST

Empezamos este capítulo presentando a la ideóloga del trabajo en el cual hoy nos centramos. Ella es Carmen Pérez, arqueóloga y actualmente profesora en la Universidad de Vigo. Su pasión por esta disciplina le viene desde muy, muy pequeña. Escuchen esto.

Las visitas al museo junto a su padre le marcaron tanto que decidió dedicar su carrera profesional a la arqueología.

“Mi profesión viene porque desde chiquita mi padre yo recuerdo domingo sí, domingo no me llevaba al museo arqueológico de Madrid. Era un gran aficionado de la arqueología, aunque él es ingeniero, pero ya te digo que desde pequeña me llevaba a ver yacimientos arqueológicos, al Museo Arqueológico Nacional casi todos los fines de semana. Yo creo que mi interés por el conocimiento del pasado, viene de allí”.

Las visitas al museo junto a su padre le marcaron tanto que decidió dedicar su carrera profesional a la arqueología.

La idea del proyecto que nos ocupa surgió en 2014. Carmen estuvo viviendo 6 años en Perú, dónde hizo algunas investigaciones arqueológicas, pero en 2014 volvió a los Andes para un trabajo y decidió arrancar un proyecto allí. Luego veremos dónde se ubica y en qué consiste este proyecto financiado por la Fundación Palarq.

Antes conozcamos a su directora, Primitiva Bueno Ramírez.

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“Un día me llamó Carmen Pérez, a la que yo nunca había tratado personalmente y me dijo que quería hablar conmigo porque le habían interesado mucho los trabajos que hacíamos y además porque nosotros trabajamos bastante en la idea de poder conseguir protocolos de trabajo de lo que llamamos prospecciones dirigidas. es decir , buscar en un determinado territorio, abrigos pintados o rocas grabadas siguiendo una norma de cómo estas imágenes están colocadas en el territorio, es decir, no son elementos aleatorios, sino que están relacionados con sitios de habitación, con sitios funerarios.

Primitiva, aunque todos la llaman Mimi, es arqueóloga y catedrática de prehistoria de la Universidad de Alcalá. Ha realizado varios proyectos en Latinoamérica relacionados con abrigos con pinturas rupestres, rocas grabadas, etc.

Mimi recibió la llamada de Carmen y enseguida lo tuvo claro…

“A mí me ganó… absolutamente su entusiasmo… y yo bueno me falta siempre poco para entusiasmarme más. A los dos nos pareció una idea magnífica, y contactamos con la Fundación Palarq porque nos pareció que eran igual de atrevidas que nosotras no? que siempre fomentan la investigación en zonas que a veces es difícil investigar, realizar estos trabajos.

Así pues, Carmen le propuso a Mimi la tesis sobre la “Arqueología del arte rupestre de los Andes Centrales”.

“Yo voy a buscar a Mimi porque me parece que es una excelente investigadora, profesional y precisamente ella trata los temas de trabajo que eran de mi interés para la tesis doctoral”.

Hechas las presentaciones y explicado cómo empezó todo, vamos a conocer en qué consiste este fascinante proyecto.

Trasladémonos a las montañas andinas del Perú. Esta impresionante y famosa cordillera que recorre toda Sudamérica desde Colombia hasta Argentina bordeando la costa del océano Pacífico.

En total se extiende a lo largo de 8.500 kilómetros, lo que la convierte en la cordillera más larga del planeta. De toda su extensión, hoy nos quedamos en el centro, en Perú, concretamente en la Cuenca del Río Loco, en el Valle de Nepeña, situado en la región de Ancash.

“Estamos aproximadamente a unos 350/450 km al norte de Lima, en línea recta si vamos hacia el norte y desde del océano Pacífico hacia el interior, estamos aproximadamente a unos 80 km. En el valle en el que trabajamos tiene una línea altitudinal que va desde los 600 metros respecto al nivel del mar hasta 4.000 metros. Para que os hagáis una idea de la verticalidad de este paisaje”.

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Un dato interesante: el 45% de Perú está dominado por las formaciones montañosas de la cordillera, lo que lo convierte en unos de los países más accidentados del continente americano, así que ya os podéis imaginar que el desnivel en el paisaje es evidente.

Le preguntamos a la investigadora cómo se lleva esto de trabajar, a veces, a tanta altura. ¿Condiciona esto a la investigación?

“Bueno, yo que he trabajado tantos años en Perú he subido muchas veces a esta altura y trabajar a esta altura el único inconveniente es que te pueda dar el soroche o mal de altura, que es cuando una sube a tantísima altitud se queda sin oxígeno y el soroche te da dolor de cabeza, vómitos… Evidentemente cuando uno tiene esta sensación tiene que comenzar a descender, no?

Nos cuenta Carmen que ella y su equipo nunca han sufrido ningún mal de altura. Pero sí destaca que esto complica un poco las tareas, ya que hay que caminar más despacio, respirar más tranquilamente… En fin, cómo todo cuesta más, no se puede tener mucha prisa.

El equipo, junto a las comunidades locales (en unos minutos hablaremos de su importancia) ha desarrollado un minucioso trabajo de prospección y geolocalización, en estos difíciles terrenos. Vamos a ver qué han descubierto.

El objetivo es estudiar las sociedades del pasado a través de la arqueología y el arte rupestre en la Cuenca del Río Loco. En las 3 campañas que llevan trabajando en esta región, el equipo ha descubierto una concentración importante de arte rupestre, en una área relativamente reducida.

De hecho, han descubierto los primeros abrigos pintados que se conocen en este valle, ya que casi no hay antecedentes en el estudio del arte rupestre pintado en esta zona.

A lo largo de la historia, las culturas humanas se han desarrollado mediante símbolos con los que se han identificado a lo largo de generaciones. Es sabido que el arte rupestre encontrado en la zona lo usaban las sociedades andinas para marcar y modificar simbólicamente el paisaje.

Vamos a trasladarnos en la actualidad, dónde veréis que también usamos identificaciones.

“Por ejemplo yo soy andaluza y cuando yo era pequeña en todas las casa había a la puerta un crucifijo, y ninguna de esas casas era una iglesia… era una manera de identificar a las personas que vivían allí como parte de una agregación de otras personas se identificavan a sí mismo como católicos… era una manera de identificarse. Es en ese sentido con el que nosotros hablamos de símbolos del pasado, que a veces son identificaciones.

Otra forma muy común de identificación, y que a menudo vemos…. sobre todo en verano: los tatuajes. Antes también se marcaban la piel.

“Los signos de los tatuajes enseñaban al otro en el primer contacto pues si eres amigo o enemigo o si eras de tal o tal tribu. Y ahora, también nosotros con nuestro elementos externos nos identificamos delante de otros, y nos posicionamos, según vamos vestidos o adornados… esa sería otra manera de relacionarnos con estos marcadores gráficos”.

Se trata pues de localizar marcadores gráficos, imágenes que sirvieron para compartir un código entre muchas personas a lo largo de muchas generaciones.

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¿Y de cuánto datan las pinturas?

Cuenta Mimi que las pinturas rupestres encontradas en el Valle datan de hasta 65.000 años antes del presente, las más antiguas, hasta 600 años después de nuestra era. Lo fascinante es comprobar cómo estas pinturas, con sus respectivas imágenes, se han repetido a lo largo del tiempo y del territorio.

“Sean 40 o sean 65 hasta como poco 10.000 años antes de ahora se siguieron haciendo las mismas formas. Te imaginas que capacidad de transmisión de conocimientos a lo largo de miles de años. A mí, esa solidez es que me parece maravilloso, saber que lo que somos tiene una raíz tan potente, me parece fantástico”.

Es increíble comprobar cómo las imágenes se han ido transmitiendo de generación en generación.

Por el tono de voz de la directora (Mimi)… se hace evidente el entusiasmo/ pasión que siente por su trabajo.

“Yo como soy muy escandalosa, cada vez que encontramos algo no puedo evitar gritar de ilusión es tan increíble que podamos acercarnos de un modo tan próximo a lo que esas personas hicieran en lugares recónditos… que yo me considero una absoluta privilegiada de poder trabajar en estos sitios”.

Ya ven, cada vez que descubren una nueva pintura o grabado se oyen gritos. Gritos de ilusión, claro.

Este trabajo lo lleva a cabo un equipo español interdisciplinar de la Universidad de Alcalá con la colaboración de la Universidad de los Andes, en Colombia, y del Museo Arqueológico de las Tecnologías Andinas, en Perú.

Aplicando una precisa metodología que ya se ha usado en otras investigaciones centro-andinas, como la arqueometría, la fotogrametría o las excavaciones, analizan el arte rupestre distribuido por el valle.

Con estos análisis se establecen patrones locacionales, que permiten reconstruir la manera en la cual los grupos humanos habitaron y transitaron el territorio.

“Si por ejemplo tenemos una determinada grafía o dibujo en un panel con arte rupestre y este dibujo se repite a lo largo de determinado espacio en otros lugares, estamos viendo que, probablemente, sean las mismas personas o grupos culturales los que se están moviendo por determinados sitios, no?

Con esto Carmen nos demuestra que hay movilidad de personas y de ideas. Y, sigue con otro ejemplo…

“Si por ejemplo encontramos conchas en un yacimiento que están a 2.000 metros de altitud, allí estamos viendo que la gente se está moviendo está compartiendo ideas entre la costa y la sierra”.

Para poder llegar a estas conclusiones hacen una extensa documentación de todas las grafías o imágenes, encontradas. En el equipo cuentan con un fotógrafo profesional que se encarga de esta minuciosa tarea.

Y, posteriormente, con todas las grafías documentadas, crean unos cánones y unos patrones.

“Estas grafías se van separando en lo que llamamos los cánones y patrones, los cánones es lo que se representa y los patrones, las diferentes maneras en que se representa.

Pero, ¿qué diferencia hay entre un canon y un patrón?

Por un lado, los cánones son lo que se representa, y los patrones las diferentes maneras en que se representa.

“Pues se representa al ser humano, eso sería un patrón y las diferentes maneras en que se representa a ese ser humano, pues con los brazos subidos, o con el cuerpo dividido en dos, o se representa con los ojos, o sin ningún rasgo facial”.

Para llegar a documentar todas estas grafías y obtener conclusiones no hay otra que pisar el territorio, ya sea en 4x4 o a pie. Y siempre acompañados por la gente local que conocen, mejor que nadie, el Valle.

“Nosotros no descubrimos nada, nosotros descubrimos para la ciencia”, afirma con rotundidad Carmen. La ideóloga de este proyecto explica que no descubren nada, porque la gente local ya conoce muy bien lo que tiene en su territorio.

Por eso lo que procuran es implicarlos en el proyecto convirtiéndolos en una pieza fundamental.

“Lo primero que se ha hecho es contar con las comunidades que viven allí. Irles explicando que es lo que se iba a hacer y contar con ellos con su conocimiento y además el conocimiento de los ancianos que a su vez han oído a otros, y saben si hay cuevas, si hay abrigos, sabes?”

Además de ayudar a documentar las grafías y recorrer la zona con el equipo, la población local ha estado presente durante las excavaciones.

La idea de introducir y de implicar, a las comunidades locales ha sido una máxima para el equipo, de hecho, un miembro de este habla el quechua ancashino para así mejorar la comunicación. Además, el equipo pidió permiso a todas las comunidades campesinas, para que aceptaran y aprobaran el proyecto. Este trámite no era obligatorio, pero el equipo entendió que era lo más lógico, querían mantener un respeto a aquellos habitantes que custodian el valle.

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Para ello han realizado distintas iniciativas. Por ejemplo, han hecho una gran tarea de difusión del trabajo en la radio local, Radio Moro.

“Porque es precisamente la radio local, los programas dedicados a la agricultura que se emiten a las 4 de la madrugada y que se escuchan en todo el valle y tu puedes informar que hay un grupo de personas que tienen un proyecto de investigación que va a estar moviéndose por ese valle que no se preocupen que no son ingenieros que van a hacer cosas de minería sino que es un proyecto de investigación”.

Otra de las iniciativas es hacer talleres para niños y niñas de los distintos centros educativos de la zona. La idea es explicarles el trabajo que están realizando y que los alumnos interpreten lo que ven en las pinturas y grabados.

“Nosotros no pretendemos interpretar lo que dicen estos dibujos, sino que nos interesan sobre todo es la localización… pero es interesante que en una iconografía que desde el punto de vista occidental no entendemos nada, y llegue una niña y diga anda profe pero si aquí se ven las montañas, se ve el río, una cosa que nosotros no hubiéramos podido imaginar”.

También trabajan con los profesores compartiendo los conocimientos de los resultados del proyecto para que estos lo difundan, con la idea de mostrar con orgullo su pasado ancestral.

Empezábamos el podcast descubriendo la entrañable historia que llevó a Carmen, la ideóloga del proyecto, a dedicarse a esta profesión. Queremos saber ahora qué llevo a su directora, Mimi, a ser arqueóloga.

“Todo el mundo me llama Mimi porque tengo un nombre espantoso , mi nombre es Primitiva y como te podrás imaginar todo el mundo decía, buah es que estaba predestinada… lo cierto es que yo desde que empecé en ese momento historia, en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense. Empecé esta carrera porque yo era una lectora empedernida y me encantaban todos los libros que tenían referencias a la historia del pasado, cuanto más antigua mejor”

Destaca además la suerte que tuvo al coincidir, durante la carrera, con muy buenos profesores.

“Es la generosidad del conocimiento que tienen los profesores y profesoras que te encuentras a lo largo de la carrera los que te ayudan a encontrar tu propio camino, esto me abrió mucho los ojos, sobre que se podía hacer, como, donde cuales eran las mejores oportunidades. Y todo esto pasa normalmente fuera de las aulas. La arqueología es mucho trabajo de campo.

“Lo mejor de mi profesión es tener la oportunidad de acercarme a un pasado que está mucho más próximo de los que creemos y siempre de la mano de personas increíbles… porque nosotros trabajamos a veces en sitios muy pequeños y allí te das cuenta de lo buena gente que hay en todos sitios y de lo generosas que son las personas con los que vienen de fuera, como es nuestro caso, ¿no?”

En la próxima campaña, que está previsto que se lleve a cabo entre los meses de julio y septiembre, el equipo seguirá contando con la generosidad de la población local. Su conocimiento es clave para seguir documentando la zona en busca de evidencias que expliquen la secuencia cultural del valle y la manera como vivían y se desplazaban sus habitantes.

Porque ya sabéis… a fin de cuentas, conocer nuestro pasado es conocernos mejor en el presente.

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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

sábado, 12 de febrero de 2022

CURIOSIDADES DE LA HISTORIA: EPISODIO 89.- Higiene en el siglo de oro: el ejemplo de Don Quijote

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la higiene personal durante los siglos XVI y XVII en Europa, dejaba mucho que desear, la gente casi nunca se bañaba, a lo sumo se lavaban las manos y la cara, y los que podían se bañaban en seco el resto del cuerpo; es más los médicos recomendaban no bañarse para no estar expuestos al ingreso de las enfermedades al cuerpo y eso que se vivía en el Siglo de Oro.
Miguel de Cervantes Saavedra, en su Obra Don Quijote de la Mancha, hace gala escribiendo la suciedad que perduraba, que tan sólo se perfumaba para evitar los malos olores del cuerpo, tal es la suciedad que tan sólo tres veces se bañó el Quijote.... "El protagonista de la obra de Cervantes, pues, se lava muy raramente, y sólo la cara y los brazos. Nada de bañarse todo el cuerpo, salvo por accidente, como le ocurrió en dos ocasiones: en la aventura de los pellejos de vino, a los que don Quijote se puso a acuchillar de noche creyendo que eran gigantes, hasta que el barbero trajo «un gran caldero de agua fría del pozo y se lo echó por todo el cuerpo de golpe», despertándolo de su funambulismo; y al caerse al agua cuando la embarcación que lo transportaba zozobró en el Ebro. Lo mismo sucede con Sancho Panza, pues aparte del percance que sufrió junto con su amo en el Ebro, tan sólo se dice que una vez, al terminar la pelea que tuvo en la ínsula Barataria, los que estaban con él «lo limpiaron»....." ... siga leyendo................


Según Cervantes, la gente en el siglo de oro se lavaba raramente y se perfumaba para ocultar los malos olores.

Foto: CC

Según Cervantes, la gente en el siglo de oro se lavaba raramente y se perfumaba para ocultar los malos olores.

TRANSCRIPCIÓN DEL PODCAST

Si se lee con atención las dos partes del Quijote de Cervantes se reparará en que, en toda la novela, el protagonista sólo se lava tres veces. La primera vez ocurre cuando don Quijote llega a casa del Caballero del Verde Gabán. Introducido en una sala, su criado Sancho Panza lo desarma y antes de ponerse un vestido limpio, «con cinco calderos o seis de agua, se lavó la cabeza y rostro»: tan sucio iba que «se quedó el agua de color de suero», anota Cervantes. Más adelante, don Quijote llega al palacio de los duques, y allí, antes de comer, le enjuagan la barba con el aguamanil y con «jabón napolitano», propiciando las burlas de las criadas. Por último, el hidalgo manchego, después de ser vapuleado por un rebaño de toros y vacas a los que había desafiado en un cruce de caminos como si fueran caballeros andantes, encontró «una fuente clara y limpia» y allí «se enjuagó la boca y lavóse el rostro».

El protagonista de la obra de Cervantes, pues, se lava muy raramente, y sólo la cara y los brazos. Nada de bañarse todo el cuerpo, salvo por accidente, como le ocurrió en dos ocasiones: en la aventura de los pellejos de vino, a los que don Quijote se puso a acuchillar de noche creyendo que eran gigantes, hasta que el barbero trajo «un gran caldero de agua fría del pozo y se lo echó por todo el cuerpo de golpe», despertándolo de su funambulismo; y al caerse al agua cuando la embarcación que lo transportaba zozobró en el Ebro. Lo mismo sucede con Sancho Panza, pues aparte del percance que sufrió junto con su amo en el Ebro, tan sólo se dice que una vez, al terminar la pelea que tuvo en la ínsula Barataria, los que estaban con él «lo limpiaron».

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La España de don Quijote

LA ESPAÑA DE DON QUIJOTE

Don Quijote, Sancho Panza y los demás personajes de la novela están, pues, muy alejados de los parámetros actuales de higiene personal. Pero desde luego no eran ninguna excepción. Las condiciones de vida en la España de los siglos XVI y XVII dejaban mucho que desear en este aspecto.

Los hombres y mujeres del siglo XVIII sentían verdadero disgusto ante el desaliño personal como muestra una poesía de Francisco de Quevedo que decía: «Piojos cría el cabello más dorado, / legañas hace el ojo más vistoso, / en la nariz del rostro más hermoso / el asqueroso moco está enredado». Carecían, sin embargo, de los útiles de higiene de nuestros días. En cuanto a las pulgas, no quedaba más remedio que eliminarlas una a una, como muestra el célebre cuadro de Murillo con una anciana espulgando a su nieto. Para limpiarse la boca, dada la carencia de cepillos dentales, se recurría a un palillo y enjuagues de agua con hierbas, especialmente de azahar. El mismo don Quijote tenía por costumbre, después de una comida, «quedarse recostado sobre la silla y quizá mondándose los dientes».

Por ejemplo, en la novela de Cervantes vemos también que todas las ventas, posadas o moradas a las que acudían ambos protagonistas a avituallarse o simplemente a descansar estaban sucias e infestadas de pulgas, piojos y chinches. De estos insectos se habla mucho en el Quijote, por ejemplo cuando el hidalgo dice a su criado: «Sabrás, Sancho, que los españoles, y los que se embarcan en Cádiz, para ir a las Indias Orientales, una de las señales que tienen para entender que han pasado la línea equinoccial que te he dicho es que a todos los que van en el navío se les mueren los piojos, sin que les quede ninguno, ni en todo el bajel le hallarán, si le pesan a oro».

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MÉDICOS CONTRA EL AGUA

El desaseo imperante se explica también por determinadas concepciones médicas que dominaban en los siglos XVI y XVII. En esa época, el pensamiento médico vigente era el llamado «hipocratismo galenizado», una síntesis de las teorías de los médicos de la Antigüedad Hipócrates y Galeno a la que se añadían elementos mágico-religiosos. Según esta teoría, las enfermedades eran un resultado de los desequilibrios entre los cuatro humores que componían el cuerpo humano: la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra. Las causas del desequilibrio procedían del exterior, por ejemplo, de una comida o bebida que resultaba demasiado «caliente» o demasiado «húmeda». En el Quijote, Cervantes introduce un personaje llamado Pedro Recio, un médico local, doctor por una universidad de segunda clase, que se pone a dar consejos a Sancho Panza cuando éste es gobernador de la ínsula Barataria sobre lo que conviene o no comer. Dice el médico: «Mandé quitar el plato de la fruta, por ser demasiadamente húmeda, y el plato del otro manjar también le mandé quitar, por ser demasiadamente caliente y tener muchas especies, que acrecientan la sed, y el que mucho bebe mata y consume el húmedo radical, donde consiste la vida».

El desaseo imperante se explica también por determinadas concepciones médicas que dominaban en los siglos XVI y XVII.

Otra supuesta causa del desequilibrio de los humores era el aire, y esto explica en parte la mala higiene personal. En esta época se pensaba que el agua, especialmente si estaba caliente, dilataba los poros, momento que aprovechaban los «miasmas», o aires malsanos, para entrar en el organismo y alterar el equilibrio de los humores. Por eso, cuanto menos se lavase una persona menos opciones tendría de enfermar. Ante esta situación la gente se limpiaba el cuerpo en seco, con la única excepción de manos, cara y cuello, esto es, las partes visibles. Hay que señalar que no faltaban motivos para temer el contagio. Justo cuando se publicaba la primera parte del Quijote, en 1605, España estaba aún inmersa en la epidemia de «peste atlántica» que acabó con la vida de 600.000 personas.

Pero la falta de limpieza no impedía que la gente se preocupara mucho por su apariencia exterior. Los más pudientes se cambiaban con frecuencia de vestido y mantenían especial pulcritud en la camisa, cuellos y puños, siempre de color blanco. En los siglos XVI y XVII se pusieron de moda los guantes perfumados, pensados para disimular los malos olores. Los fabricados en España eran valorados en toda Europa, y Antonio Pérez, el secretario de Felipe II, solía regalarlos como medio infalible de garantizarse lucrativos favores.


LIMPIEZA EN LOS MODALES

Para disimular los olores corporales, existían perfumes y afeites como el «agua de ángeles»; cuando don Quijote llegó al palacio de los duques vio cómo los criados vertían sobre él «pomos de aguas olorosas». La gente sencilla, sin embargo, no podía permitirse ese lujo. En otro pasaje, don Quijote soñaba con entrar en un suntuoso palacio o castillo, «donde le harán desnudar como su madre le parió, y bañarán con templadas aguas, y untaránle todo con olorosos ungüentos, vistiéndole con una camisa de cendal delgadísima, toda olorosa y perfumada».

También existían reglas de decoro personal, de las que Cervantes se hace eco en su novela. Por ejemplo, cuando Sancho Panza fue nombrado gobernador de su ínsula, don Quijote le recomendaba: «Lo primero que te encargo es que seas limpio y que te cortes las uñas, sin dejarlas crecer como algunos hacen, a quien su ignorancia les ha dado a entender que las uñas largas les hermosean las manos: como si aquel excremento o añadidura que se dejan de cortar fuese uña, siendo antes garras de cernícalo lagartijero: puerco y extraordinario abuso». También le sugiere «no mascar a dos carrillos ni de eructar delante de nadie». Sucios tal vez, pero sin perder las formas.

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