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jueves, 10 de diciembre de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : LA CULTURA ANDINA MÁS LONGEVA .- Tiahuanaco, la misteriosa civilización del Lago Titicaca

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un informe sobre lo que fue la Cultura Tiahuanaco, cuya civilización floreció a orillas del Lago Titicaca en el altiplano boliviano actual.
Según los estudios realizados, esta cultura se inicio en los siglos XVI a.C  y XII d.C., fue la cultura más longeva de las civilizaciones andinas y que desapareció en forma repentina y misteriosa. Se asegura que posteriormente fue heredada por la Civilización Incaica.

Entre los siglos XVI a.C. y XII d.C. floreció a orillas del lago Titicaca la más longeva de las civilizaciones andinas, la tiahuanaco. Desapareció de forma repentina y misteriosa, pero parte de su cultura fue heredada por otros pueblos como los incas.

Abel de Medici

04 de noviembre de 2020 · 16:45 Actualizado a


Foto: iStock / Byelikova_Oksana.

Mucho antes de que el imperio Incaico dominara los Andes, en la cuenca del lago Titicaca nació una cultura que durante siglos fue una de las más importantes de Sudamérica. Se la conoce como tiahuanaco por el nombre de su capital, Tiwanaku, situada en la orilla sur del lago Titicaca. Nacida como una pequeña comunidad agrícola, se convirtió en un imperio que, cosa rara, no se expandió mediante las armas.

Una potencia religiosa

Los orígenes de la civilización tiahuanaco se remontan al siglo XVI a.C. según el arqueólogo Carlos Ponce, que dedicó gran parte de su vida al estudio de esta cultura. Durante la primera mitad de su historia Tiwanaku fue una población modesta que vivía de la agricultura y de la pesca, abasteciéndose de cuanto necesitaban gracias al lago Titicaca. La domesticación de la llama dio un giro a su vida ya que, como animal de carga, les permitía comerciar con otras culturas de la cuenca del Titicaca; tuvo especial éxito su artesanía de la cerámica, el material arqueológico más abundante para el estudio de su cultura junto con sus construcciones monumentales.

 El comercio permitió a la cultura tiahuanaco expandirse por gran parte del altiplano andino, en la frontera entre las actuales Bolívia, Perú y Chile.

El comercio permitió a la Cultura Tiahuanaco expandirse por gran parte del altiplano andino, en la frontera entre las actuales Bolívia, Perú y Chile, y consolidar una posición dominante respecto a los otros pueblos que lo habitaban. A medida que la influencia de Tiwanaku crecía se fundaron nuevas ciudades bajo su paraguas comercial y político; las élites de la capital, mediante el control de los canales de irrigación y del comercio, mantenían su dominio sobre las demás poblaciones, que funcionaban como centros de producción según el modelo de la ciudad madre.

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Más que un dominio directo sería correcto hablar de un primato cultural, ya que Tiwanaku conservó su posición no gracias a las armas sino a su prestigio religioso. Tal fue su influencia que algunas de sus prácticas, como las ofrendas submarinas o el culto al dios Wiracocha, serían adoptadas siglos después por los incas. La faceta religiosa es también el legado más visible de la cultura tiahuanaco, ya que los únicos edificios que permanecen en pie en las ruinas de la capital son los ceremoniales, entre los que destacan la Puerta del Sol, la pirámide de Akapana o el complejo de Puma Punku.

Algunas de las prácticas religiosas de la cultura tiahuanaco, como las ofrendas submarinas o el culto al dios Wiracocha, serían adoptadas siglos después por los incas.

Tiwanaku alcanzó su mayor esplendor entre los siglos VII y X, el llamado periodo imperial. El hecho de que lo lograra sin recurrir al dominio militar la convierte en un caso raro, sobre todo teniendo en cuenta que el vecino imperio Huati -en el litoral del actual Perú- sí era una potencia militarista. Por ello se ha especulado que en este periodo ambas culturas podrían haber forjado una alianza y constituido un imperio dual, en el que una aportaba la fuerza de las armas y la otra la autoridad religiosa; teoría que no ha podido ser demostrada hasta el momento.

 

El Templo de Kalasasaya ("de las piedras paradas") es una de las construcciones más famosas de Tiwanaku. Era un recinto ceremonial dedicado a la observación astronómica, una práctica de gran importancia en la cultura tiahuanaco y que también heredaron los incas.

Foto: iStock / Cezary Wojtkowski

LA CIVILIZACIÓN DESAPARECIDA

A partir del siglo X, esa potencia que había sido la más influyente del altiplano entró rápidamente en decadencia y desapareció en pocas décadas. La capital -que, considerando su extensión, podría haber superado los 20.000 habitantes en su época de esplendor-, fue abandonada a finales del siglo XI, al mismo tiempo que otros asentamientos que habían crecido bajo su paraguas empezaron a desarrollarse de forma autónoma.

Las causas de esa rápida decadencia se atribuyeron inicialmente a cambios climáticos. Tiwanaku era muy dependiente del lago Titicaca, por lo que un cambio en los patrones de lluvia o inundación, o en la salinidad del suelo, la habrían afectado gravemente. Sin embargo, posteriores investigaciones concluyeron que si bien esos cambios se produjeron, fueron posteriores al abandono de la ciudad. También se barajó la posibilidad de una invasión por parte de otros pueblos, ya que más o menos en la misma época cayó también el imperio Huari, pero esa teoría no explicaba por qué solo la capital habría sufrido las consecuencias.

Tiwanaku sufrió una rápida decadencia entre los siglos X y XI, por causas que aún son objeto de debate.

Los hallazgos de cerámica tiahuanacota en diversos asentamientos con posterioridad al despoblamiento de Tiwanaku hacen pensar a los arqueólogos en una posibilidad más probable: que la cultura tiahuanaco no desapareciera, sino que simplemente se diseminara y evolucionara de forma distinta en diversos lugares. El hecho de que no basara su influencia en un control directo sino en su prestigio pudo ser su perdición a largo plazo, cuando las poblaciones que se habían desarrollado bajo su paraguas hubieron crecido lo suficiente como para desligarse de la metrópolis.

Aunque Tiwanaku fuera abandonada, su legado cultural se mantuvo. Prueba de ello es que siglos después, en el apogeo del imperio Incaico, el lago Titicaca seguía siendo un lugar de peregrinación. Los incas consideraban el lago como el lugar donde había nacido el mundo y a la ciudad, ya en ruinas, como un espacio sagrado; también heredaron de ellos el culto al dios Wiracocha y algunas prácticas religiosas de los tiahuanaco. Tomando las claves del éxito de las dos grandes culturas de aquel tiempo -de los tiahuanaco el prestigio religioso y la red comercial, y de los huari el poder militar-, forjaron una nueva civilización que se convirtió en una de las más importantes de la América precolombina.

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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

viernes, 26 de octubre de 2018

MEDIO AMBIENTE : TURISMO PERUANO .- PERÚ.- REVISTA CARETAS .- Rutas en Aguas Bravas

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., hemos recibido la edición de la Revista Caretas (on line), un reportaje de turismo de aventura al sur peruano, desde Arequipa hasta Puno en el Lago Titicaca.

http://caretas.pe/medio_ambiente/84657-rutas_en_aguas_bravas

Escribe: Rafo León - Fotos: Duilio Vellutino | En kayac por el Lago Titicaca Menor y por las costas de Arequipa.


El Perú forma parte de los lugares del planeta con mayor cantidad y calidad de “aguas bravas”, las mejores condiciones para la práctica de deportes de aventura, como el kayac, experiencia amistosa con el ambiente y con las poblaciones locales.

Dos rutas de kayac, una de agua salada, la otra de agua dulce, nos abren la posibilidad de recorrer, navegando, territorios que adquieren una nueva perspectiva cuando se levanta un remo y la pequeña embarcación sobrepasa las olas, al acercarnos a islas sin población humana, en silencio y quietud. En tierra nos espera la gente local, siempre amistosa, siempre interesante. En kayac por el Lago Titicaca Menor y por las costas de Arequipa.

Duilio Vellutino, arequipeño, pertenece a una familia de deportistas de aventura y hoy diseña y conduce expediciones de kayac en Arequipa, el Titicaca, Pacaya Samiria (Loreto) y en lagunas de Cusco, que incluyen la navegación y la vida en campamento.
Duilio Vellutino, arequipeño, pertenece a una familia de deportistas de aventura y hoy diseña y conduce expediciones de kayac en Arequipa, el Titicaca, Pacaya Samiria (Loreto) y en lagunas de Cusco, que incluyen la navegación y la vida en campamento.
Los pueblos cuya vida está ligada a la proximidad de un cuerpo de agua han desarrollado embarcaciones a remo pequeñas, para una o dos personas, útiles para desplazarse tanto como para salir a pescar y cazar. En nuestras comunidades amazónicas podemos ver cómo el poblador sale en su canoa de tronco en busca de pescado y no es infrecuente encontrarse con niños que van de la comunidad a la escuela en su propia embarcación.
Las piraguas tradicionales  son fabricadas de troncos, como en el caso de los nativos amazónicos y los del norte de América; o de huesos y piel de foca, las clásicas de los grupos Inuit. Hoy la mayoría de kayacs son fabricados con plástico y reciben a cualquier persona que quiera disfrutar de momentos en perfecta paz. Yo, su seguro servidor, con mis 67 años he hecho dos travesías en kayak por aguas bravas peruanas y sobreviví, fascinado y feliz.
Duilio Vellutino es un arequipeño cuarentón con traza de veinteañero que la rompe en las aventuras en kayac. Él ha diseñado varias rutas de distinta duración que incluyen campamentos cómodos; comida de primera, fuerte ejercicio físico, meditación, silencio y oportunidades para entrar en relación con poblaciones locales, con las que se comparte casa, comidas, caminatas y otras peripecias. El kayac es una práctica de cero contaminación, su energía es el remo; opera de forma absolutamente silenciosa y los viajeros son entrenados para evitar que sus desechos vayan a destino equivocado.


Las rutas de Duilio son la costa marina de Arequipa; el lago Titicaca Menor, la Reserva Nacional Pacaya Samiria y la laguna Huaypo, cercana a Chinchero, en Cusco. La más prolongada es la amazónica (ocho días), y la más breve, la de Huaypo. Hoy Vellutino ha añadido el paddle como complemento al kayac, una práctica relativamente sencilla que es la delicia de los adolescentes.
Vellutino tiene dos tipos de kayacs, los individuales y los dobles. Para el bisoño lo recomendable es montarse en uno doble, en la parte de adelante, y ser acompañado por un guía especializado o un compañero de viaje trejo, quien se ubica detrás. Los más entrenados, así como los guías se desplazan en embarcación individual, estos últimos siempre liderando al grupo. Cada kayakista dispone de un remo de paleta. Todas las indicaciones sobre ubicación, maniobras y seguridad las da Vellutino de manera rigurosa y clara antes de embarcarse, incluyendo el código de silbatos que opera el guía que encabeza la fila.


Parada en Yuspique, una de las siete islas del archipiélago de Anapia, poblada de vicuñas y coronada por un centro ceremonial Puquina.

Si estamos en el Titicaca, partiremos del puerto artesanal de Punta Hermosa perteneciente a Yunguyo, y entraremos al archipiélago de Wyñaimarca. Estaremos en medio de un silencio susurrado con el sonido de las olas del lago y en un paisaje dorado y azul, el del cielo y el del agua. En el inicio de la ruta marina partiremos del muelle artesanal de Matarani, con una vitalidad extraordinaria; la riqueza del mar y la pericia de los comerciantes hacen que no cese el desembarco de lenguados, corvinas, pulpos, que pasan a manos de los compradores y de ahí a las balanzas y los camiones frigoríficos. Se cierra el negocio y a comenzar de nuevo.



Preparémonos para remar entre dos y cinco horas por día. Hablemos de Puno. El Lago Menor Wiñaymarka, con algo más de 2000 km2, contiene un archipiélago situado en la frontera invisible con Bolivia situada a medio kilómetro. Estamos en zona aymara. En la historia ha habido momentos de tensión cuando la isla de Caana fue ocupada por bolivianos, pero rápidamente liberada. Hasta hace no mucho la energía eléctrica que recibía Anapia venía de Bolivia y era de muy mala calidad. Hoy ya eso se superó, y en la habitación en la que pasaremos la noche, en casa de doña Luisa y don Francisco, disponemos de un foco de luz y energía para las lap tops y la carga de baterías.

En el Lago Titicaca Menor (Wiñaymarca) está trazada la frontera invisible entre Perú y Bolivia.

Anapia, centro poblado, es la capital distrital del archipiélago, compuesto por las islas Caana, Pataguata, Yuspique, Suaana, Huatacaana, Guatasuana y Caaño. En conjunto viven aquí algo más de dos mil personas, pescadores, agricultores, ganaderos, comerciantes. En Anapia varios vecinos ofrecen habitaciones cómodas y abrigadas al viajero, muy buena comida (sopita de quinua, trucha con papas y ocas) y baño propio, así como una compañía grata y abundosa en cuanto al relato de experiencias comunes. El grupo de kayaquistas se suele reunir por la noche con los vecinos en el patio de doña Teodora a abrigarse con una fogata y una botella de singani (aguardiente boliviano de uva).
Nuestro día ha sido intenso, hemos remado entre totoras observando gran variedad de aves, patos, choccas, la keñokaya, la humcalla, la gaviota, la huallata.  El sol nos ha enrojecido la piel, el viento con olor a agua dulce estuvo allí todo el tiempo y el cambio de tonos de la superficie nos mantuvo boquiabiertos.

Campamento en la isla Caana, 60 hectáreas habitadas por una familia compuesta por doña Victoria Chacco y sus nueve hijos y nietos, para los cuales funciona una escuela. Los días compartidos en la aventura crean una corriente de amistad y buen humor entre los participantes.


Pero, ¿qué pasa en el mar? Iniciamos un recorrido por una de las pocas zonas del litoral sin pueblos ni carreteras, cuyo único acceso es por vía marítima, y donde están las playas más hermosas del Perú. En cuatro días recorreremos 65 kilómetros de zona volcánica y desértica con una geografía única; los cerros nos mostrarán unas grandes manchas de color blanco. Son restos de lava que se expandió luego del feroz terremoto que asoló la región en febrero de 1600 por erupción del Huaynaputina. Los relatos de época hablan de que el cielo de Arequipa y Moquegua se oscureció como la noche por un par de meses.

El paisaje del lago compite en belleza con las imágenes de la costa arequipeña.

En la ruta marina habremos de pasar por islas e islotes con sus colonias de lobos, pingüinos y aves. Destaca Isla Hornillos, suponemos parte de la Reserva Nacional de Islas, Islotes y Puntas Guaneras del Perú. Navegaremos acompañados por delfines y eventualmente observaremos nutrias. Las cuevas cercanas al litoral son de una belleza abismal pero las caletas concentran toda la magia del litoral. Se trata de la salida de quebradas que vienen de las serranías y que terminan en el mar con aguas de color turquesa, absolutamente transparentes, de arena fina. Destacan Caleta Honoratos, La Francesa, La Ancumpita, Arantas y desde luego Caleta San José donde se abre un magnífico lodge en el que dan ganas de quedarse la vida entera. El campamento playero en verano tiene la ventaja de no ser frío y la desventaja de no dar coartadas para unos buenos chilcanos de pisco.

Volvamos al lago Titicaca. Salimos temprano de Anapia hacia las islas de Suana y Caaño y luego hacia Yuspique, escoltados por un velero local de pesca artesanal. En Yuspique haremos una caminata (a más de 3,500 m.s.n.m.) y veremos una tropilla de vicuñas que se multiplican exponencialmente. En la isla no hay población humana pero sí pequeñas chacras de papa, quinua y oca. Llegamos a una plataforma rodeada de chullpas pertenecientes al periodo Puquina (cuya lengua se extinguió en el siglo XVIII). Actualmente este conjunto es el punto para la realización de las challas u ofrendas ceremoniales a la Tierra y las montañas. Desde este punto la vista en 360 grados es sobrecogedora. Por la noche, bien abrigados, en el campamento podemos echarnos panza arriba para ver un firmamento absolutamente tachonado de estrellas.


Doña Luisa abre las puertas de su casa para hospedar y alimentar a los viajeros.

Nuestro marino día siguiente nos lleva a caleta San José, donde el gran Gonzalo Llerena y mi compadre Lalo Jove nos reciben con un pisco sour y un almuerzo portentoso de manos de Edgar, compuesto por los crudos erizos, pulpo, chanque, pintachas en caldo y todo lo inimaginable con sabor a mar. En el mar la vida es más sabrosa, aunque nos informan de una actividad humana nefasta, la extracción ilegal del aracanto (Lessonia trabeculata), un alga vital en el ciclo biológico de mariscos y peces que es depredada por mafias que la cortan sin ningún manejo, para hacerla secar y vendérsela a exportadores que la envían a China, donde se convierte en medicamentos y cosméticos. En el Perú existe veda del aracanto cuyo límite son las 2,412 toneladas. Dos extractores ilegales en diez días, sacan dos toneladas a costa de la biomasa. Combatir a los aracanteros ya se ha vuelto una tarea peligrosa, andan armados y no creen en nadie.

En ambas rutas es posible practicar buceo, cada agua muestra sus especies.

Titicaca. Amanecemos con la temperatura bajo cero y la boliviana Cordillera Real nos da un espectáculo azul, blanco y oro. Esta cadena montañosa divide las tres cuencas hidrográficas del país vecino y contiene su nevado más alto, el Illampu, con 6,485 m.s.n.m. Nos toca hoy la maravillosa isla de Caana.
Caana mide noventa hectáreas de terreno irregular. Tiene comisaría y escuela a la que asisten nueve niños, todos nietos de doña Victoria Chacco, cabeza de las nueve familias que habitan la isla. Ella se acerca a para conocernos mutuamente y nos cuenta de cuando la isla estaba abandonada por el Estado peruano y fue ocupada por agricultores bolivianos. “Pero nosotros no queríamos bandera de tres colores sino de dos nomás”, y en una guerrita sin muertos que no aparece en nuestras efemérides, los invasores fueron desalojados. Acá también hay vicuñas, chacras y un paisaje irrepetible.
En el litoral arequipeño, de paso, el más extenso de toda nuestra costa, estamos navegando cerca de un bufadero que hace un sonido aterrador. Bien guiados nos acercamos a las enormes cuevas de las que salen centenares de aves mientras los lobos ladran como perros bravos en señal de alerta.
Esta noche tendremos nuestros últimos campamentos. Por mar debemos mañana llegar a Quilca, la caleta en la que se acoderaba el Huáscar para no ser visto y perfeccionar sus ataques a los navíos chilenos. En el lago volveremos al puerto de Punta Hermosa. Ambas rutas nos han limpiado el cerebro de adherencias inútiles, hemos conocido gente muy amigable, en el grupo de kayaquistas y en nuestras paradas. Nos queda estar atentos para la ruta amazónica de Pacaya Samiria.

INFORMACIÓN ÚTIL
- Munaycha, la empresa de la familia Vellutino es la única que ofrece las rutas de kayak aquí reseñadas: http://munaycha.com/  Telf. 984770381
- En la comunidad lacustre de Llachón se dan excursiones cortas de kayak. Recomiendo la que va a la isla de Ticonata. Datos:

- Edgar Adventures es otra agencia local que ofrece kayak en la península puneña de Chucuito. Dato:



- Para la ruta marina se debe disponer de cuatro días, además de la ida y el regreso a Arequipa. Tres días para el caso de Puno, y hay que calcular el viaje de ida y vuelta a Juliaca o a Puno.
- Munaycha realiza sus rutas por demanda. Duilio pone una fecha y la promociona por redes. Una vez que se ha cubierto un cupo mínimo de viajeros, se asegura el cronograma del viaje.
- La ruta marina hay que hacerla entre diciembre y abril, y la lacustre entre mayo y octubre.
- En los dos casos el equipaje debe ser muy reducido. Para la travesía por mar, llevar shorts y polos de lycra. En el caso del lago es conveniente asegurarse con ropa térmica pero liviana. El equipaje con lo que se usará en los campamentos va en una embarcación aparte y debe ser también breve.

Templo de Santiago Apóstol (siglo XVII) en Lampa, ciudad situada en Puno rural.

- Los objetos personales de los que no cabe desprenderse (billetera, documentos, teléfono, lentes, medicamentos), se colocan dentro del kayak en un compartimento donde no entra agua, dentro de una bolsa impermeable que el viajero deberá llevar. La consigue en cualquier tienda de artículos de deporte.
- Es aconsejable contar también con una bolsa impermeable para la cámara de fotos y video.
- ¿Quiénes pueden hacer las rutas de Duilio? Cualquier persona mayor de 14 años y menor de ochenta, de preferencia que sepa nadar aunque no sea imprescindible.
- Como rutas adicionales recomiendo la visita al bosque de piedras de Tinajani, en Ayaviri, Puno, que también la ofrece Vellutino. Desde Caleta San José se pueden hacer caminatas espléndidas de un día guiadas por los buenos muchachos del hospedaje, o hacer productivas salidas de pesca.

 


Medio Ambiente


REVISTA CARETAS
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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jueves, 11 de enero de 2018

MEDIO AMBIENTE: BOLIVIA.- CIENCIA.- AMÉRICA LATINA .- CAMBIO CLIMÁTICO.- Especial BBC Mundo: la paradoja del Poopó, el lago de Bolivia que aparece y desaparece

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Agencia de Noticias BBC Mundo Noticias, ha elaborado un amplio reportaje del Lago Poopó, ubicado en el altiplano boliviano, que alguna vez se dijo era un lago desaguadero del Lago Titicaca.
La Agencia BBC.. dice "A cada paso, entre las grietas de los terrones, brota la misma pregunta: ¿cómo se cuenta la historia de un lago que existe y no existe a la vez?.."
La Agencia BBC... Agrega : "Durante meses, distintos medios internacionales reportaron la muerte del Poopó. Hasta que el Poopó regresó.
Situado a más de 3.600 metros de altitud, este lago ocupa una vasta depresión que recoge las aguas del departamento de Oruro, una árida meseta andina encaramada en la cordillera que separa a Bolivia de Perú.
El 90% proviene del río Desaguadero, que lo conecta con el Titicaca, y estos dos lagos, junto con el Salar de Coipasa y el Salar de Uyuni, forman un sistema endorreico (es decir, sin salida al mar) llamado TDPS....
Este artículo ha sido elaborado gracias a la información de la Agencia de Noticias BBC Mundo, que brindamos para su lectura....
http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-42414429

Abdón nunca vio el mar.
Pero desearía verlo.
Me lo cuenta mientras conduce su vieja furgoneta por unas pistas polvorientas e improvisadas.
Adentro del vehículo, el calor del altiplano boliviano agudiza el olor punzante a hoja de coca mascada.
Afuera, enmarcado por la ventanilla, desfila un panorama monótono, una inmensa planicie blanquecina salpicada por el verde apagado de unos arbustos.



Lecho lago Poopó
Image captionEl lecho del lago boliviano Poopó, durante la estación seca, se convierte en una planicie arcillosa (foto: Angelo Attanasio).

A ratos aparecen unos prometedores destellos que evocan la presencia de un lago.
"¡Agua!".
Pero, a cada metro recorrido, esa agua se vuelve más lejana, inalcanzable, hasta fundirse en el horizonte con los cerros del altiplano andino.
Porque esa agua no existe: es una ilusión óptica.
Todo lo que queda del lago Poopó, que llegó a ser la segunda extensión de agua dulce de Bolivia, es ahora un espejismo.
Hasta hace unos meses, sin embargo, no era así.
Y dentro de otros pocos, cuando la estación de lluvias haya cumplido con su tarea, el lago probablemente volverá a aparecer.



Lago Poopó
Image captionEl lago Poopó fotografiado, con 3 años de diferencia, desde un satélite de la NASA.

Ya ocurrió a principios de 2017, cuando el ministro de Defensa boliviano, Reymi Ferreira, publicó una foto acompañada de una frase elocuente: "Lago Poopó otra vez con agua".
Pero, ¿realmente el lago había reaparecido? ¿Cómo podía haber ocurrido? ¿Se mantendría o volvería a desaparecer?
Es finales de noviembre de 2017 y Abdón aparca la furgoneta en un punto indefinido de esta llanura seca.
Bajo a comprobar la consistencia del mosaico de arcilla y salitre que conforma el lecho de este lago quemado.
A cada paso, entre las grietas de los terrones, brota la misma pregunta: ¿cómo se cuenta la historia de un lago que existe y no existe a la vez?
Decido que la mejor manera de hacerlo es encarándolo desde todas partes: adentrándome en sus entrañas, recorriendo sus terrenos y sobrevolándolo.

1. Desde el aire

Marcelo Miralles es un hombre decidido.
El 12 de diciembre de 2015 el diario del que es gerente, La Patria de Oruro, publicó la noticia: "¡El lago Poopó desapareció!".
Nadie le creyó.
Así que unos días después se subió a la avioneta con la que ahora estamos surcando el aire frío y enrarecido de la mañana. Iba en busca de la prueba definitiva y la encontró sacando una foto que salió al día siguiente en portada.


La transformación del lago Poopó en Bolivia vista desde el aire (video: Angelo Attanasio).
La noticia se esparció rápidamente por el resto del mundo y causó revuelo expresado en tonos apocalípticos.
¿Cómo es posible que los 3.000 kilómetros cuadrados del lago Poopó se hayan esfumado? ¿Acaso son los efectos del cambio climático?
Durante meses, distintos medios internacionales reportaron la muerte del Poopó. Hasta que el Poopó regresó.
Situado a más de 3.600 metros de altitud, este lago ocupa una vasta depresión que recoge las aguas del departamento de Oruro, una árida meseta andina encaramada en la cordillera que separa a Bolivia de Perú.
El 90% proviene del río Desaguadero, que lo conecta con el Titicaca, y estos dos lagos, junto con el Salar de Coipasa y el Salar de Uyuni, forman un sistema endorreico (es decir, sin salida al mar) llamado TDPS.


Sistema TDPS
Image captionEl sistema TDPS, formado por el lago Titicaca, el río Desaguadero, el lago Poopó y el salar de Coipasa.

Cuando el nivel del Titicaca cae por debajo de los 3.810 metros, el flujo que alimenta el Desaguadero se interrumpe y el lago no puede compensar la pérdida masiva de agua debido a la evaporación de la superficie.
Pero toda esta complicada geografía, desde la altura de 500 metros a la que Marcelo Miralles y yo estamos volando, sólo se puede intuir.
Hay sin embargo dos elementos peculiares que llaman en seguida la atención. Miralles me los indica mientras hace virar la avioneta hacia lo que era -y tal vez será- la isla de Panza, y que ahora es sólo una verruga en la piel agrietada del lago.


Isla de Panza
Image captionLa isla de Panza ya no está rodeada de agua y se transformó en una colina (foto: Angelo Attanasio).

El primero es la paleta de colores del lecho del Poopó: las tonalidades de beige dejan paso a unas más internas de color marrón claro que, a su vez, dan paso a otras más oscuras.
Los movimientos sinuosos que forman estos colores se alternan como si fueran la resaca de una ola en la playa, con la diferencia de que aquí el blanco de la espuma es una espesa costra de sal.
Del verde que caracteriza el agua del Poopó o del rosa de los flamencos andinos, en cambio, ni rastro.
El segundo elemento, que Marcelo insiste en remarcar, es que el lago está completamente seco.
"Otra vez", recalca.
Efectivamente, la desaparición de 2015 no fue la primera en la historia de este frágil cuerpo de agua.
A lo largo del siglo XX el Poopó estuvo completamente seco entre 1939 y 1944 y entre 1994 y 1997, mientras que entre 1969 y 1973 quedó reducido a unos cuantos charcos salados.
Pero también es verdad que el lago ha vuelto todas las veces: regresó en los 40, volvió en los 70 y a principios de 2017.
"No hay duda de que el Poopó volverá a existir en el futuro", me garantiza Milton Pérez, profesor de ingeniería agrícola de la Universidad Técnica de Oruro, que desde hace tiempo investiga los movimientos del lago.
Aunque eso no significa que seguirá resucitando eternamente, Pérez está convencido de que todavía habrá Poopó por muchos años más. Pero no para siempre.
Su convicción se basa en varios estudios científicos que demuestran que el Poopó deriva de otros lagos prehistóricos mucho más grandes y que acabaron secándose.
El último de estos, el lago Minchín, ocupaba hasta hace 10.000 años las áreas del Poopó y de los actuales salares de Uyuni y de Coipasa.
"Según su comportamiento natural, el Poopó también está destinado a convertirse en un salar", me explica Pérez.


Capa de sal del Poopó
Image captionLa orilla meridional del lago Poopó está recubierta por una gruesa capa de sal (foto: Angelo Attanasio).

"Por lo tanto, la pregunta que hay que hacerse es: ¿en cuánto tiempo?", le dice a BBC Mundo.
Los modelos matemáticos de los expertos apuntan a que la desaparición natural del Poopó acontecerá dentro de entre 1.500 y 2.000 años.
Aunque según aseguran varios científicos, el cambio climático, los efectos de la Oscilación Meridional de El Niño (ENSO) y la actividad humana están acortando su vida.
Entre 1995 y 2005 la temperatura en el altiplano andino subió un promedio de 0,9 °C, y la temperatura mínima aumentó 2,06 °C en los últimos 56 años. Estos factores influyen de manera decisiva en la evaporación de las aguas.
A eso hay que añadir unos ciclos de sequía cada vez más frecuentes y largos. Antes, a un año de lluvia escasa le seguían siete de lluvias abundantes, cosa que permitía la recuperación del lago.
En las últimas dos décadas, en cambio, la sequía se repitió cada tres años.
Finalmente, hay que considerar los vientos que entre agosto y septiembre barren sin piedad la superficie del lago y lo inundan con millones de toneladas de sedimentos del desierto de Atacama.
¿Pero se puede decir que la desaparición del Poopó se debe al cambio climático?
"Sí, pero solo en parte", responde Pérez.
A los efectos naturales se suman además el uso cada vez mayor del agua del Desaguadero para producción agropecuaria y las consecuencias de siglos de actividad minera en la zona.
"De no cambiar estos factores", sentencia Pérez, "el Poopó está destinado a existir como mucho otros 250 o 300 años".
¿Y hay solución?
"Podemos hacer poco contra el cambio climático o el Niño", añade, "pero sí podemos actuar sobre las otras causas".


Lecho seco lago Poopó
Image captionDentro de 2.000 años el lago Poopó está destinado a convertirse en un salar, pero la actividad humana podría acelerar este proceso (foto: Angelo Attanasio).

2. Desde la superficie

A Pablo Flores ya no le queda ni siquiera su sombra.
Se la borró el sol del mediodía, el mismo que desde hace milenios tuesta las pieles de las poblaciones del altiplano y que ahora corroe las tuercas del barco que me señala con el brazo.
Lo señala como si la oxidada embarcación fuera la culpable del desastre, cuando ese amasijo de madera y chatarra no es más que otra víctima involuntaria de esa ausencia llamada Poopó.


Pablo Flores, uru
Image caption"Nos hemos quedado huérfanos". Pablo Flores, autoridad indígena uru, se queja de que sin el lago ya no pueden pescar ni cazar. (foto: Angelo Attanasio).

Durante casi toda su vida Flores vivió de la caza y de la pesca en el lago, igual que casi todos los hombres de Puñaca Tinta María, una de las tres aldeas habitadas por la comunidad indígena Uru-Murato en la ribera oriental del lago.
Y desde hace unos meses él es "mallkuqota", la autoridad tradicional del lago, un cargo que le otorga dos derechos absolutos: el de velar por el Poopó y el de hablar en nombre de los poco más de 700 urus que todavía viven en sus orillas.
"Desde que el Poopó se secó, los urus somos huérfanos", me dice mientras caminamos hacia lo que considera su última esperanza: un "atajado", un montículo de tierra de menos de un metro de altura y de decenas de kilómetros de largo levantado para cercar las aguas del lago.
Cuando las aguas vuelvan, claro.
"El lago nos daba la vida", dice con un tono de voz que oscila entre la resignación y el candor optimista.
"Por eso hemos pensado hacer un atajado, para que el viento no se lleve el agua. El viento es quien trae la muerte al Poopó", le dice a BBC Mundo.
Desde hace unas semanas todas las familias urus de la zona están ocupadas excavando en la arcilla ese dique que, creen, les devolverá el lago.
"Perdimos nuestros oficios y ahora estamos trabajando como jornaleros. Antes, entre marzo y octubre sacábamos unos seis quintales de pescado día por medio. Ahora, nada".
Como "mallkuqota", Pablo se encarga de los rituales para que llueva y vuelvan las aguas al Poopó.
Detalla la "misa grande" que hicieron en septiembre, un ritual que, según me cuenta, tuvo su recompensa y que fue celebrado como la llegada de un familiar a quien no se ve desde hace tiempo.
"Nuestro creador nos escuchó y tres días después llovió. Nuestra esperanza es que este año, con la estación de lluvias, volveremos a comer pejerrey".
De momento los urus se tienen que conformar con las bolsas de comida, a veces escasa, que el gobierno departamental les entrega a cambio de cavar ese dique de arcilla seca, más eficaz para contener la promesa del lago que sus aguas.
"Los urus se han convertido en los primeros refugiados climáticos de Bolivia", me suelta a bocajarro Limbert Sánchez Choque, el coordinador general de la asociación CEPA (Centro de Ecología y Pueblos Andinos).


Los indígenas uru-murato podrían ser los primeros "refugiados climáticos" de Bolivia (video: Angelo Attanasio).
Sánchez se ocupa desde hace años de los problemas ambientales en el área de Oruro y está convencido de que el atajado que los urus están construyendo no sirve.
"Es un chiste", le dice a BBC Mundo.
"¿Volverá entonces el lago?", le pregunto.
"Sí, pero si se dan ciertas condiciones", es su respuesta.
Su lista contiene una política de regulación hídrica del TDPS, obras de dragado del lecho, el cierre de los canales de riego en época de lluvia y un mayor control de la actividad minera.
Pero es cuando habla de las consecuencias sociales que acarrea la condición del Poopó que asoma entre sus palabras un tono fatalista.
"Un pueblo sin tierra es un pueblo condenado a desaparecer. Y la tierra de los urus es el lago. ¿Cómo se puede preservar su identidad cultural?", se pregunta. "¿Qué perspectiva, qué horizonte económico se le va a dar a ese pueblo?".
Según él, son las autoridades públicas quienes tienen la obligación de dar respuesta a estas preguntas.

Planta 'cauchi'
Image captionEl 'cauchi' es de las pocas plantas de la zona que pueden resistir a estas condiciones ambientales extremas, porque es capaz de absorber la sal del subsuelo (foto: Angelo Attanasio).

La máxima autoridad política de la zona es Víctor Hugo Vázquez, el gobernador del Departamento de Oruro.
"Lo que hay dejar claro es que no son las leyes las que hacen la naturaleza, sino que es la naturaleza la que hace la ley", es lo primero que me dice entre resoplidos.
Una foto con el presidente Evo Morales, situada en una estantería de su enorme despacho, es testigo mudo de sus palabras.
Además de la repisa, ambos hombres compartieron gobierno -Vázquez fue viceministro de Morales entre 2009 y 2014- y lugar de nacimiento.
Los dos son de Orinoca, una aldea a pocos kilómetros de la orilla occidental del Poopó.
Tal vez sea por eso que, interpelado por la desaparición del Poopó en 2015, Evo Morales escarbó entre sus recuerdos de infancia para afirmar que él, de joven, a menudo viajaba en bicicleta hasta llegar a la ciudad de Oruro.
Fue solo dos años después que Morales se rindió ante la evidencia, pero arguyó que "Bolivia es víctima del calentamiento global" y que la culpa es de las naciones más industrializadas.
"No son las leyes las que hacen la naturaleza sino que es la naturaleza la que hace la ley", me repite el gobernador Vázquez, en el cargo desde el 2015.
"Pensar que el agua no se va a usar para la minería o pensar que no se va a usar para la agricultura y que después el lago Poopó va a volver a estar lleno es falso", le dice a BBC Mundo.
Y vuelve a resoplar.
"Yo he nacido, he vivido y vivo actualmente en las orillas del lago Poopó. Desde que tengo uso de razón lo vi secarse tres veces. Para mí no es nada extraño, no creo que hace falta alarmarse tanto", insiste.
"Claro, en los 80 no había redes sociales y la BBC dónde estaría…", me interpela.
Le pregunto, ahora que la BBC sí está, cuáles son para él las causas principales de este problema. Y me indica tres, la misma tríada que recitan todos los expertos.

Víctor Hugo Vázquez, gobernador del departamento de Oruro
Image caption"Desde que tengo uso de razón lo vi secarse tres veces. No creo que hage falta alarmarse tanto", afirma Víctor Hugo Vázquez, gobernador del departamento de Oruro (foto: Angelo Attanasio).

La primera es la contaminación: "El lago Poopó ha sido el dique de cola durante cientos de años de la minería en Oruro, desde la colonia hasta la república. Y gracias a dios el dique de cola que se está construyendo en Huanuni va a solucionar el problema. Ha habido tardanza, sí. Pero se va a concluir el próximo año", empieza el gobernador.
"Después está el tema del sedimento", dice sobre los residuos de la actividad minera que están colmatando el lago, eliminando la pendiente y convirtiéndolo en una superficie plana.
Y como tercera causa señala el sistema de los canales de riego.
"Pero ratifico mi posición: pensar que si se regulan o se cierran los canales el lago va a estar bonito como antes es falso", insiste.
"¿Pero el lago va a volver?", le pregunto.
"Presiento que esto va a durar un año o dos más y después el lago va a volver a llenarse".

3. Desde las profundidades

Desde que un conquistador andaluz, allá por el principio del siglo XVII, fundara la ciudad de Oruro para abastecer a España de plata, la economía de la zona ha cambiado muy poco.
En estos cuatro siglos, miles de kilómetros de túneles, pozos y galerías agujerearon incesantemente las sierras de este departamento -del que forma parte el Poopó- para suministrar zinc, oro, plata, plomo y estaño.

Efectos minería Oruro
Image captionLa minería es una activad económica fundamental para el departamento de Oruro, pero al mismo tiempo una fuente relevante de contaminación.

Se trata de los mismos cinco minerales que en 2016 representaron más del 45% de las exportaciones bolivianas al exterior.
Y en esta zona el sector minero se hace indispensable por al menos dos razones: sus regalías nutren las arcas públicas - Oruro es el segundo departamento que más aporta al Estado boliviano- y generan mucho empleo: alrededor de 80 mil personas, entre puestos directos e indirectos.
Además fue, y en parte sigue siendo, un granero de votos para el MAS (Movimiento al Socialismo), el partido del presidente Morales y del gobernador Vázquez.
"La minería en esta zona se practica desde hace 500 años, mientras que la ley de medioambiente sólo tiene 30", le dice a BBC Mundo Milton Ochoa, el asesor técnico-ambiental de la Federación de Cooperativas Mineras (Fedecomin) de Oruro.
"Y todas las operaciones mineras descargan agua contaminada en el lago Poopó".

Mina Kori Chaca Oruro
Image captionLa mina Kori Chaca está ubicada a menos de 5 kilómetros al sureste del centro de la ciudad Oruro. Aunque ya no es activa, sigue contaminando el entorno natural (foto: Angelo Attanasio).

Esa contaminación fue una de las causas principales de la muerte, en diciembre de 2014, de más de 3 millones de peces, un acontecimiento que precedió unas semanas la desaparición del lago.
Además, en los últimos tiempos algunos estudios sugieren que la incidencia de cáncer entre la población de esta zona es más alta que en otras.
"Dados esos factores", le pregunto, "y suponiendo que el lago vuelva, ¿podrá volver la vida?"
"Querer hablar de una 'remediación' ambiental en el lago Poopó es poco menos que imposible", me contesta, escueto.
Las culpas apuntan en tres direcciones: las minas de Kori Chaca y Kori Kollo (de la empresa privada Inti Raymi, que ya no opera pero sigue manteniendo sus enormes diques de cola), la empresa de propiedad pública Huanuni, que da trabajo a unas 4 mil personas, y las más de 80 pequeñas y medianas cooperativas locales reunidas en la Fedecomin.
"Aquí no vamos a defender lo que es indefendible", le afirma a BBC Mundo Vladimir Rodríguez, presidente de la comisión de minería e hidrocarburos de la Asamblea Departamental de Oruro y uno de los portavoces de la mina de Huanuni, que opera desde hace 70 años sin tener un dique de cola para sus residuos.
"El río Huanuni está contaminado abajo, en los sedimentos", añade. "Yo no soy ingeniero, pero cualquiera sabe que una mina debe tener un dique de cola para no contaminar."
La empresa afirma que está ultimando la construcción de este muro de contención, que, dice, estará listo en unos meses.
"¿Por qué, mientras, no cerraron la mina para evitar problemas medioambientales?", le pregunto.
"Porque si lo hiciéramos tendríamos un conflicto social", contesta Rodríguez.

Río Desaguadero
Image captionEl río Desaguadero, el mayor afluente del lago Poopó, en noviembre de 2017 estaba prácticamente sin agua (foto: Angelo Attanasio).

Pero la minería no constituye el único problema del subsuelo.
A pesar de su riqueza, más de un tercio de la población del departamento de Oruro vive en condiciones de extrema pobreza, y la esperanza de vida en esta zona es de diez años menos con respecto al resto de Bolivia.
Por eso en la última década el boom mundial de la quinua representó una balsa salvavidas para la economía local.
Las exportaciones de este cereal en 2016 alcanzaron más de 28.000 toneladas, casi cinco veces más que las 6.600 toneladas registradas diez años atrás.
Y el 80% de las exportaciones bolivianas de quinua tienen su origen en el departamento de Oruro, en particular en la orilla occidental del Poopó.
Esto quiere decir también un mayor uso de recursos hídricos. ¿Cuáles? Los que resultan de la canalización del río Desaguadero, con la consecuencia que éste disminuyó aún más su caudal hacia el Poopó.
Los "regantes" -que es como la población local llama a esta aristocracia campesina dueña de los canales de riego de la zona- culpan a su vez a los responsables peruanos de las compuertas del Titicaca, que cierran el flujo aguas arriba.
De esta forma, el ciclo del Poopó se cierra en el punto de partida, dejando irresuelta la pregunta sobre su supervivencia.

El futuro de Abdón

Varios días después, con la enorme estatua de la Virgen del Socavón que domina la ciudad de Oruro ya a mis espaldas, regresa el recuerdo de Abdón, del olor punzante a coca mascada y de su deseo de ver el mar.
Abdón se apellida Choque y ha vivido la totalidad de sus 20 años en la comunidad uru-murato de Puñaca Tinta María, a orillas del lago.
Acaba de completar sus estudios secundarios y en breve se mudará a Cochabamba. Dejará su rutina diaria en este pueblo sin electricidad ni agua corriente, estudiará turismo y probablemente hará un viaje para conocer el mar.
Y mi mente regresa a la pregunta que me hizo, mientras me ayudaba en mi investigación, Ovidio Cayoja, uno de esos reporteros locales que aman su territorio tanto como su oficio.
"¿Crees que el Poopó volverá?", me espetó una tarde.
Mi respuesta dejó en el aire más dudas que certezas, más interrogantes que convencimientos.
No sé si volverá el lago, le contestaría ahora, pero sí sé que el futuro de Abdón probablemente no está en sus orillas.

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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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