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domingo, 13 de marzo de 2016

BBC Mundo Noticias : Cómo la langosta pasó de ser comida para cerdos a cena de ricos

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la agencia de noticias BBC Mundo Noticias, nos alcanza una información muy curiosa de como se convirtió al consumo humano la langosta, que antes utilizada como una comida para cerdos.
Lea ampliamente la información abajo adjunta.
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                                    La venganza es dulce: se volvió inalcanzable para los que la despreciaban.

Decir que uno va a comer langosta o que es una de tus comidas preferidas denota lujo y elegancia.
Y es que, además de ser delicioso, los precios de este crustáceo lo han mantenido por mucho tiempo como un privilegio reservado para los más acaudalados o para los que de vez en cuando se pueden permitir este manjar en una ocasión especial.
Pero no siempre fue así.
La langosta, a la que se le ha llamado "la cucaracha del océano", es una muy efectiva trepadora social.
Su caso es considerado como uno de los más extraordinarios cambios de imagen en la historia de los productos: la langosta pasó de ser la comida de los más pobres a la de los más ricos.

¿Volviendo a ser lo que era?

El pasado del crustáceo vuelve a estar presente ahora gracias a una bonanza de langosta en el norte de América.
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                                    Denota opulencia, pero su abolengo no siempre fue ilustre.
Por ello, desde hace un tiempo, está apareciendo en menús de restaurantes que antes no se habrían aventurado a ofrecer un animal de tal alcurnia.

 
"El producto se está democratizando", le dijo a la BBC Adam Leyland, una autoridad en la industria alimenticia y editor de la publicación online "The Grocer".
Como es de esperar, los precios están directamente vinculados a la regla básica de oferta y demanda. Y, en el caso de la langosta en Estados Unidos –a diferencia del maíz, trigo y la carne– su valor puede subir sin límite, pues no está sujeta a ninguna estructura de precios impuesta por el gobierno.
En 2012, por ejemplo, aumentó en un 18%.
Pero también puede caer, cuando la realidad cambia.
Y, según le dijo a la BBC la historiadora de alimentos Polly Russell, la realidad cambió "debido al cambio climático, que ha llevado a que se reproduzcan más rápido por el alza de la temperatura del mar, y también porque hemos diezmado la población de bacalao, que son su depredador natural".
Aunque no niega que lo que dijo Russell sea cierto, Leyland señala que lo que está pasando es que "las existencias están alcanzando los niveles más altos de los últimos 100 años", y subraya: "Eso significa que hace un siglo había una cantidad enorme de langosta disponible".
Un detalle que no se debe pasar por alto, y que nos remonta mucho más atrás que un siglo.

Modestos orígenes

Los escritos de los primeros colonos europeos que llegaron Norteamérica cuentan que las langostas eran tan abundantes en las costas atlánticas de Canadá y Nueva Inglaterra que se llegaban a acumular en las playas de la colonia Massachusetts Bay en montones que alcanzaban la altura de las rodillas.
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                                    Aquí con ostras, otras trepadoras sociales: eran comida de pobres pero la demanda las diezmó y se volvieron de lujo.
Por ser tantas, eran indeseables: más bien un estorbo para los pescadores que lo que querían atrapar era peces.
Los nativos americanos las usaban para fertilizar los campos y como señuelo.
Los colonos se las daban a sus cerdos, vacas y gatos.
Las consideraban como "comida de pobres": las tomaban de las pozas de marea y las aprovechaban para alimentar a los niños, a los presos y a la servidumbre por endeudamiento (criados ligados por un contrato que los obligaba a trabajar siete años a cambio de su pasaje a América).
De hecho, el prestigio del crustáceo era tan bajo que eventualmente algunos de los sirvientes en Massachusetts se rebelaron y lograron consignar en sus contratos que no los forzarían a comer langosta más de tres veces por semana.

Las conchas de langosta en una casa son consideradas como signos de pobreza y degradación"
John J. Rowan, observador inglés de costumbres norteamericanas, 1876
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¿Cómo pasó entonces de ser poco más que basura al plato que se servía en las bodas de las clases altas?

Se subió al tren

La suerte de la langosta cambió a finales del siglo XIX, gracias a los enlatados y el ferrocarril.
Su primer salto en el mundo del comercio llegó con la introducción de la primera fábrica de enlatados de Estados Unidos, establecida en Maine en 1841.


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                                    Etiqueta para langosta enlatada presentada a consideración del secretario de Estado de Maine en 1891.
Aunque al principio fue difícil convencer a las tiendas que compraran alimentos enlatados, eventualmente quienes vivían en el centro del país tuvieron al alcance langosta barata en un abrir y cerrar de... lata.

Pero su estatus de miembro de la realeza, con corona de mantequilla y hierbas, servida en un trono de porcelana y plata se lo dieron los turistas.
Los encargados de los ferrocarriles descubrieron que si presentaban a la langosta como una exquisitez, a los pasajeros que no conocían su reputación les parecía deliciosa.
Y no sólo ellos.
Los restauranteros no dudaron en servírselas con pompa y ceremonia a los turistas de clase alta que venían del sur a Maine en verano, atraídos por el mar y sus exóticas delicias.
Cuando esos elegantes visitantes regresaban a sus hogares, seguían antojados de langosta. La llegada de la refrigeración permitió enviarlas vivas hasta lugares tan lejanos como Inglaterra, donde se vendían por diez veces el precio original.

¿Femenina o sobrevalorada?

Los precios de este exitoso crustáceo alcanzaron su primer punto máximo en los años 20, pero la Depresión los tiró abajo.
No obstante, para los años 50 ya había logrado cementar su reputación como manjar de los reyes, o al menos de los opulentos y las estrellas de Hollywood.
Más de un siglo antes, una celebridad ya había exaltado a la que fuera comida de prisioneros. En 1812, el "loco, malo y peligroso" poeta Lord Byron escribió en una carta:
Una mujer nunca debe ser vista comiendo ni bebiendo, a menos de que sea ensalada de langosta y champán, los únicos manjares realmente femeninos y que la favorecen"
Lord Byron (1788-1824)
 
Lord Byron (1788-1824)
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Pero, hoy en día no sólo hay quienes no aceptarían la opinión del poeta por considerarla misógina, sino que otros no le encuentran el encanto a la celebrada langosta.

Las cosas más sobrevaloradas de la vida son el champán, la langosta, el sexo anal y los pícnics"
Christopher Hitchens, autor (1949-2011)
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jueves, 25 de febrero de 2016

NSF: Ecologists test stability of Maine ecosystem over two decades .- Los ecologistas ponen a prueba la estabilidad del ecosistema marino de más de dos décadas.....


http://www.nsf.gov/news/special_reports/science_nation/alternativestablestates.jsp?WT.mc_id=USNSF_51




Ecologists test stability of Maine ecosystem over two decades

Unprecedented field studies of alternative stable states play out in the rocky intertidal zones of Swan’s Island, Maine
Working on a lobster boat in Swan's Island, Maine, typically means an early wake-up call. The boats head out around 5:30 in the morning.
For University of Pennsylvania ecologist Peter Petraitis, California State Northridge biologist Steve Dudgeon and their team, it's not much later when they head out as well. But they're used to it. Petraitis and Dudgeon, along with Cheverus High School teacher Erika Rhile and her students, have been returning to this rocky intertidal zone every spring and summer for nearly two decades!
With support from the National Science Foundation (NSF), they survey a network of 60 experimental plots all around the island. The big question that brings them back year after year: Is an ecosystem like this a stable and permanent fixture, or, under harsh conditions, could it reach a tipping point? The idea is that changes in conditions could cause a switch from one community to another, such as from mussel beds to rockweed, and then back again.
In the Gulf of Maine, winter ice scour often removes mussels and rockweed, but it is not known if the species re-establishment is accidental (that is, ice scour can switch a rockweed stand into a mussel bed and vice versa) or deterministic (mussel beds always return to mussel beds). In ecology, the idea that disturbances such as fires, hurricanes, and even oil spills can abruptly switch one community type into another is known as the theory of alternative stable states.
Ecologists have watched such switches all over the country and sometimes, switches have undesirable consequences, such as when human activities impact coral reef communities or the loss of productive edible grasslands in the Southwest. The experimental approach of Petraitis and his colleagues has never been used to test for alternative states under natural conditions and the research has broad implications for studies of alternative states in other ecological communities.
The research in this episode was supported by NSF award #1020480, LTREB: Experimental tests of alternative states on rocky intertidal shores. LTERB stands for Long Term Research in Environmental Biology.
 
mussels
A team of researchers from Northeastern University and Oregon State University has published results of an investigation of the effects of climate change on coastal ocean upwelling, the process by which deep, cold waters rise toward the surface, bringing nutrients. The results indicate that by the end of the 21st century, periods of annual upwelling in particular coastal areas will lengthen and intensify, while the differences in upwelling across latitudes will diminish. Find out more in this news release.
Credit: Tarik C. Gouhier, Marine Science Center, Northeastern University
Salt marshes in Hatches Harbor, Mass.
When restoring coastal wetlands, common practice calls for leaving space between new plants to prevent overcrowding and reduce competition for nutrients and sunlight. That’s likely all wrong. A November 2015 study, conducted to restore degraded salt marshes in Florida and the Netherlands, has found that clumping newly planted marsh grasses next to each other, with little or no space in between, can spur positive interactions between the plants. Find out more in this discovery.
Credit: USGS
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The Division of Environmental Biology (DEB) of the Biological Sciences Directorate supports fundamental research on populations, species, communities and ecosystems. Scientific emphases range across many evolutionary and ecological patterns and processes at all spatial and temporal scales.
In August 2014, six jurisdictions received Research Infrastructure Improvement (RII) Track-1 awards from NSF’s Experimental Program to Stimulate Competitive Research (EPSCoR). Each award targets technologically relevant strategic themes. The research, education and outreach activities also consider economic and environmental factors related to the consequences of climate disruption. Two of the jurisdictions (Maine and the U.S. Virgin Islands) are focusing on coastal ecological challenges.
The National Science Foundation (NSF)
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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