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lunes, 15 de abril de 2019

NORTEAMÉRICA : NATIONAL GEOGRAPHIC.- Abraham Lincoln: una vida dedicada a la libertad

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE ELBLOG.,la Revista National Geographic,nos entrega un amplio y detallado reportaje sobre la muerte Abraham Lincoln, él nació en una humilde granja de Kentucky, el decimosexto presidente de Estados Unidos fue asesinado tras reprimir la secesión del Sur en el curso de una sangrienta guerra y promover la abolición de la esclavitud.
Natinal Geographic.- narra : ".."Una casa dividida contra sí misma no puede seguir en pie. Creo que este gobierno no puede continuar, de forma permanente, mitad esclavo y mitad libre". Estas palabras de Abraham Lincoln debieron de causar un profundo impacto en su audiencia. La parábola de la casa dividida que se derrumba aparece en tres de los cuatro Evangelios, y Lincoln se dirigía a un grupo de protestantes del Medio Oeste americano a quienes el texto bíblico les resultaba muy familiar.
Pero Lincoln no estaba glosando la Biblia. Sus palabras formaban parte del discurso en el que aceptaba su nombramiento por el partido Republicano como candidato a senador por el Estado de Illinois en las elecciones de 1858. Uno de los dos senadores que correspondían a Illinois en el Senado, Stephen A. Douglas, se presentaba a la reelección por el partido Demócrata, y los republicanos nombraron candidato a Lincoln...."




https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/abraham-lincoln_7630

Nacido en una humilde granja de Kentucky, el decimosexto presidente de Estados Unidos fue asesinado tras reprimir la secesión del Sur en el curso de una sangrienta guerra y promover la abolición de la esclavitud

Memorial de Lincoln
En Washington D. C. se alza este edificio de estilo clásico que alberga esta gigantesca imagen de Lincoln, de casi 6 m de altura, obra de Daniel Chester French. 1920.
RON WATTS / CORBIS / CORDON PRESS

Abraham Lincoln durante un discurso

El capitolio, en Washington
Las dos cámaras del Congreso de Estados Unidos se hallan aquí: la de Representantes y el Senado. En 1860, los diputados del Sur las abandonaron.
FOTOSEARCH / AGE FOTOSTOCK

La batalla de Gettysburg
En Gettysburg, el general Robert E. Lee, comandante en jefe del Sur, quiso asestar un golpe decisivo a la Unión. Pero la batalla, del 1 al 3 de julio de 1863, se saldó con una completa y decisiva victoria de la Unión.
CORDON PRESS

El magnicidio de Lincoln
Booth dispara contra Lincoln. El mayor Henry Rathbone, invitado al teatro junto con su novia por Lincoln, se abalanza sobre el magnicida, que lo apuñala.
CORBIS / CORDON PRESS

La muerte de un presidente
Lincoln, agonizante, es trasladado a la pensión Petersen, enfrente del teatro. Allí entra en coma, y expira a la 7:22 de la mañana siguiente.
CORBIS / CORDON PRESS
08 de abril de 2019, 00:09

Abraham Lincoln: una vida dedicada a la libertad

"Una casa dividida contra sí misma no puede seguir en pie. Creo que este gobierno no puede continuar, de forma permanente, mitad esclavo y mitad libre". Estas palabras de Abraham Lincoln debieron de causar un profundo impacto en su audiencia. La parábola de la casa dividida que se derrumba aparece en tres de los cuatro Evangelios, y Lincoln se dirigía a un grupo de protestantes del Medio Oeste americano a quienes el texto bíblico les resultaba muy familiar.
Pero Lincoln no estaba glosando la Biblia. Sus palabras formaban parte del discurso en el que aceptaba su nombramiento por el partido Republicano como candidato a senador por el Estado de Illinois en las elecciones de 1858. Uno de los dos senadores que correspondían a Illinois en el Senado, Stephen A. Douglas, se presentaba a la reelección por el partido Demócrata, y los republicanos nombraron candidato a Lincoln.
Durante la campaña, Lincoln y Douglas se enfrentaron en unos debates que se hicieron famosos, pero que no consiguieron que Lincoln fuera designado senador. Sin embargo, no se desanimó. A pesar de su fracaso siguió actuando como portavoz del partido Republicano en el Estado de Illinois: confesaba ser de los que "contemplan la esclavitud como un mal moral, social y político", y mantenía que tanto para él como para su partido "la esclavitud es un mal y hay que tratarlo como un mal, con la idea clara de que debe acabar y de que acabará".

La gran división

El tema de la esclavitud era el más candente en aquellos años, porque el país estaba creciendo hacia el Oeste, donde se formaban nuevos Estados. Ya se habían creado nueve cuando en 1820 Missouri pidió ingresar en la Unión como Estado esclavista, lo que creaba un problema: si se le admitía, se rompería el equilibrio existente en el Senado federal, que en aquel momento tenía el mismo número de senadores de uno y otro lado: esclavistas y contrarios a la esclavitud.
El equilibrio era importante porque todas las leyes federales tenían que ser aprobadas por las dos cámaras del Congreso
El equilibrio era importante porque todas las leyes federales tenían que ser aprobadas por las dos cámaras del Congreso, y mientras en el Senado se mantuviera la igualdad ningún bando podía prevalecer sobre el otro. Se produjo entonces el llamado "compromiso de Missouri", por el que se aceptaba a Missouri como Estado esclavista y a Maine como Estado libre, y se trazaba una línea que seguía el paralelo 36º 30’, al norte de la cual la esclavitud quedaba prohibida.
La paz duró poco porque los plantadores necesitaban nuevas tierras con las que saciar el hambre de algodón de las fábricas inglesas. Se produjeron nuevos compromisos hasta que en 1853 el Congreso federal creyó resolver el problema para siempre con la ley Kansas-Nebraska, que dejaba en manos de la soberanía popular la decisión de si un nuevo Estado sería esclavista o no. Una vez poblado un territorio, y cuando sus habitantes redactaran la Constitución para convertirse en Estado, decidirían por qué lado se inclinaban.
La ley no satisfizo a nadie: el Sur se sintió perjudicado porque no aceptaba que alguien pudiera trasladarse a cualquier territorio con su bien más valioso, los esclavos, y despertarse un día descubriendo que ya no era su propietario. El Norte, por su parte, se sintió ofendido porque esos territorios ya eran no esclavistas según el compromiso de Missouri. El 28 de febrero de 1854, un grupo de norteños opuestos a la ley Kansas-Nebraska fundó el partido Republicano, que creció rápidamente. Ese mismo verano ya presentaba candidatos al Congreso, y en 1856 presentó su primer candidato a la presidencia.
Cuando se acercaban las elecciones presidenciales de 1860, Lincoln creía tener pocas posibilidades de que el partido Republicano lo nombrara candidato, porque nunca había ocupado un cargo político importante, no tenía experiencia de gobierno y carecía de los contactos apropiados en la política y la prensa.
El éxito de sus discursos extendió su fama en el Norte mientras que el partido Demócrata, dividido, presentó dos candidatos distintos
No se desanimó, sino que hizo publicar sus debates de dos años antes con Douglas, lo que hizo que le invitaran a hablar en Nueva York. El éxito de sus discursos, ampliados por la prensa, hizo que le invitaran en otros Estados del Noroeste, y que se pensara en él como posible candidato a la presidencia, nombramiento que se produjo en mayo de 1860. El partido Demócrata, dividido, presentó un candidato en el Norte y otro en el Sur. Aún hubo un cuarto candidato, de un partido minoritario.

Camino de la Casa Blanca

En aquella época, los candidatos no hacían campaña electoral. De esta tarea se ocupaban los miembros locales del partido. Los republicanos consiguieron que Lincoln fuera conocido y que el país se sintiera atraído por este personaje misterioso, de mirada triste, de pocas palabras, pero con un curioso sentido del humor, de caminar patoso –tenía los pies planos–, desproporcionadamente alto (medía 193 centímetros) y que parecía serlo aún más porque solía llevar sombrero de copa.
Se publicaron anécdotas de su vida que lo presentaban como un leñador que había trabajado en la construcción del ferrocarril, que apenas fue a la escuela, pero que había estudiado por su propia cuenta hasta convertirse en un próspero abogado. Y a quien sus clientes y amigos, abreviando su nombre de pila, llamaban "el honesto Abe" en alusión a su proverbial honradez.
El partido no hizo campaña en el Sur, pero se movió mucho en el Norte, donde miles de discursos, editoriales de periódico, carteles y folletos defendían a sus candidatos a los diversos cargos y presentaban a Lincoln como un hombre que se había hecho a sí mismo, como el típico hombre de frontera, de esa franja de terreno entre la civilización y el desconocido mundo de los indios.
Se resaltó el valor del trabajo de los hombres libres, por el que el hijo de un simple granjero –como Lincoln– podía, con su esfuerzo, llegar a la suprema magistratura del país. Sus enemigos, en cambio, preveían toda clase de desgracias si Lincoln era elegido, llegando a decir que al día siguiente de su elección el Norte se llenaría de ex esclavos que intentarían arrebatar a los blancos su puesto de trabajo.

Un presidente en guerra

La Guerra de Secesión estadounidense: bocetos del campo de batalla
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Ilustraciones de la Guerra de Secesión de Estados Unidos

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Fotografías
Lincoln fue elegido el 6 de noviembre de 1860, y antes de que tomara posesión de su cargo, el 4 de marzo de 1861, siete Estados del Sur habían abandonado la federación. En su discurso inaugural, Lincoln habló directamente a los Estados secesionistas: "En vuestras manos, mis descontentos compatriotas, y no en las mías, está el importante tema de la guerra civil. El gobierno no os atacará. No puede haber conflicto sin que vosotros seáis los agresores". En el mismo discurso dejó bien clara su posición con respecto a la esclavitud en el Sur: "No me propongo, ni directa ni indirectamente, interferir en la institución de la esclavitud en los Estados en los que existe. No creo tener potestad legal para hacerlo, ni deseo hacerlo".
Abandonar la federación no era fácil: el gobierno federal tenía instalaciones militares en los diferentes Estados, y una de ellas, Fort Sumter, estaba en una isla enfrente de la ciudad de Charleston, en la secesionista Carolina del Sur. Las autoridades del Estado pidieron al comandante del fuerte que lo entregara, y al negarse éste, dispararon sus cañones contra el recinto. Tal como Lincoln había prometido, el primer disparo partió del Sur.
Lincoln había hecho todo lo posible por evitar la guerra, pero el Sur estaba demasiado preocupado por su futuro, y demasiado convencido de su superioridad militar: no sólo eran sureños la mayoría de los militares, sino que la suya sería una guerra puramente defensiva y para ganarla no necesitaban conquistar el Norte: bastaba con impedir que el Norte les conquistara. Confiaban, además (y en esto se equivocaron), en que una Europa necesitada de algodón se pondría de su parte.
Para los sureños aquella fue una "guerra entre los Estados" –y aún hoy la llaman así–. Los del Norte, en cambio, la vieron como una verdadera "guerra civil" y siguen llamando de esta forma a la contienda que los europeos siempre hemos denominado "guerra de secesión".
Las palabras de Lincoln más citadas: "Que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no desaparezca de la tierra"
Excepto por unos pocos días, la presidencia de Lincoln fue militar, porque el presidente de Estados Unidos es el comandante supremo de las fuerzas armadas. Naturalmente, el día a día de la guerra competía a los militares, aunque Lincoln visitaba el frente con frecuencia. Fue al dedicar un campo de batalla como memorial de guerra cuando pronunció su famosa Oración de Gettysburg, a la que pertenecen las palabras de Lincoln citadas con más frecuencia: "Que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no desaparezca de la tierra".
En su primer mensaje al Congreso, en 1861, Lincoln resumió así su pensamiento económico: "El trabajo es anterior, e independiente, del capital. El capital es sólo el fruto del trabajo, y nunca podría haber existido si el trabajo no hubiera existido antes. El trabajo es superior al capital, y merece un mayor aprecio".
Con estas ideas era lógico que quisiera liberar a los esclavos. Pero, ¿podía hacerlo? Con grandes dudas sobre si su acción era legal o no y fiándose sólo de su conciencia, el 1 de enero de 1863 emitió la Proclamación de Emancipación, por la que, como comandante en jefe, abolía la esclavitud en los territorios sujetos a jurisdicción militar. Dos años más tarde, la 13ª enmienda de la Constitución la abolió en todo el país.
Esclavos, la trata humana a través del Atlántico
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La trata humana a través del Atlántico

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En abril de 1865, cuando terminaba la guerra, un fanático sureño asesinó a Lincoln, y eso fue lo peor que podía ocurrirle al Sur. Lincoln era partidario de readmitir a los Estados sin condiciones, mientras que otros políticos del Norte querían castigar al Sur por su rebelión. El sucesor de Lincoln, Andrew Johnson, intentó aplicar sus ideas, pero carecía de su prestigio y habilidad, y aunque mitigó los deseos de venganza de algunos norteños no pudo evitar desmanes en los años posteriores a la contienda. Durante más de cien años, el Sur se ha estado quejando de las ofensas, reales o imaginarias, recibidas durante ese período.

Para saber más

Historia de Estados Unidos. 1776-1945. Aurora Bosch. Crítica, Barcelona, 2011.
Lincoln. Gore Vidal. Edhasa, Barcelona 2013.

NATIONAL GEOGRAHIC

Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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domingo, 10 de marzo de 2019

ALASKA : NORTEAMÉRICA .- PAISAJES .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- Alaska, la última frontera de América del Norte............. Alaska indómita

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos alcanza una amplia información de la Indómita Alaska, un estado de Los Estados Unidos, que es separado por Canadá; el territorio de Alaska está lleno de glaciares, lagos, fiordos y paisajes naturales que nunca son vistos en otras partes del mundo, tiene como capital a la Ciudad de Juneau, única ciudad que solo se accesible por avión.
Alaska, está llena de parques nacionales, que ofrecen al visitante paisajes de la fauna y la flora, como el hábitat de los osos pardos más grandes del mundo que habitan la Isla de Kodiak, en todo el archipiélago habitan más de 3,500.
Alaska, tiene el monte más alto de todos Los Estados Unidos, llamado como : Monte Denali, antes se llamó MacKinley, con 6,190 metros de altura.
National Geographic.- narra : "En 1880 Richard Harris y Joseph Juneau descubrieron oro en una zona de bosques e islas que pronto comenzó a ser habitada. Igual que otras ciudades de Alaska, Juneau nació de la mano de mineros que buscaban fortuna y fama eterna. La población llevó otros nombres hasta que el propio Joseph Juneau reclamó que fuera el suyo el que perdurara para la posteridad; el hallazgo había sido histórico y la comunidad accedió. Aquel descubrimiento fue el preámbulo de la Fiebre del Oro, que estallaría dos décadas después en el interior de Alaska, la región estadounidense que se estira hacia el norte desgajada del resto del país. Como curiosidad queda el dato del verano de 1897, cuando la ciudad de Juneau se colapsó de viajeros que hacían escala en su aventura en pos del oro del río Yukón..."

https://www.nationalgeographic.com.es/viajes/grandes-reportajes/alaska-indomita_9666

La travesía entre Juneau y Anchorage se adentra en un territorio de glaciares y bosques interminables

https://www.nationalgeographic.com.es/viajes/grandes-reportajes/alaska-ultima-frontera-america-norte_13184/1

Juneau es la capital de Alaska y, debido a su aislamiento, también el mejor comienzo de un viaje a estas latitudes

Monte Denali
Alaska es un territorio de suaves ondulaciones heladas que se dejan ver desde la distancia. Como los 6.190 metros del Denali –en 2015 recuperó su nombre tradicional indio, "el Grande", en sustitución del de MacKinley–, visibles desde Anchorage. Es el pico más alto de Norteamérica.
Gust Robijns / AGE Fotostock

El paisaje interior
Las islas e islotes de la costa sur forman un conjunto de canales que, entre mayo y septiembre, frecuentan orcas y ballenas jorobadas como la de esta foto. Glacier Bay puede explorarse en embarcaciones más pequeñas que parten de la cercana población de Gustavus, accesible desde Juneau tras un breve vuelo en avioneta.
Alexey Suloev / Shutterstock

Águila calva en el Chilkat Bald Eagle Reserve
Creada en 1982, esta reserva vela por la conservación del hábitat natural de las águilas calvas. Los ríos Chilkat, Kleheni y Tsirku, que confluyen en la reserva, son también el hábitat de los salmones naturales, un espacio protegido por la misma reserva.
Age Fotostock

Ketchikan
Esta población situada al sur de Juneau es uno de los mejores accesos a la extensa masa boscosa del Tongass National Forest. 
SimpleByDesign Studios / AGE Fotostock

Glaciar Matanuska
Con 43 kilómetros de largo y 4,6 de ancho, se localiza a solo 2 horas en coche de Anchorage. Es uno de los glaciares más accesibles del territorio de Alaska. Tras acceder al Parque Nacional que lo protege, el visitante podrá descubrirlo por su propio pie. 
Lynn Wegener / Age Fotostock

Gruta en el glaciar Mendenhall, en las afueras de Juneau
Además de su fácil acceso por tierra, una de sus mayores particularidades son los túneles que surcan su interior. Los tonos azulados de las cuevas ofrecen un espectáculo a las órdenes de una luz de otro mundo, y el goteo del agua resuena en el silencio mientras caminamos bajo sus bóvedas rugosas.
Foto: Pete Wongkongkathep

Parque Nacional Fiordos de Kenai
Sus 2.460 km2 abarcan una zona de fiordos y glaciares que desaguan en el golfo de Alaska. La península de Kenai, accesible desde Anchorage por la Sterling Highway, se descuelga frente a la isla de Kodiak. En la fotografía se distingue el glaciar Exit.
Bernd Römmelt / Fototeca 9x12

Casa Totem
Tótems: historias indias grabadas en madera
Cuenta una leyenda tlingit que el pájaro-trueno luchó contra la malvada ballena, la sacó del agua y la venció. Esta historia es una de las que recogen los totems del Totem Bight State Park, en Ketchikan, una reserva de bosques al borde del mar que preserva 14 de estos postes tallados y la Clan House, una casa comunal en la que vivían entre 30 y 50 personas. Los totems se instalaban a la entrada del poblado y servían para explicar mitos sobre el origen del clan, para homenajear a miembros de la tribu, recordar eventos (fiestas, enlaces, muertes...) o como testimonio de agravios. Elaborados con cedro rojo, de una sola pieza, solo se pintaban los detalles. Se utilizaban 4 colores (negro, rojo, azul turquesa y blanco), extraídos de minerales y de conchas, que se emulsionaban con aceite de huevas de salmón.
AGE Fotostock



Parque Nacional Denali
El pico más alto de Norteamérica es el corazón de esta reserva de 20.000 km2. Se puede avistar a lo largo de diversos itinerarios.
cboswell / AGE Fotostock
Diego Cobo

Alaska, la última frontera de América del Norte

Encajada entre las aguas y la cordillera costera, Juneau es una de esas extrañas urbes a las que no se llega por tierra, como si quisiera proteger sus misterios. Gracias a que la isla Douglas la defiende de las gélidas corrientes del océano, la fría monotonía del invierno se hace más llevadera para las 30.000 personas que viven aquí todo el año. Caminar por sus callejuelas de coloridas casas de madera y edificios firmes produce la extraña sensación de haber viajado a otro tiempo, una mezcla de presente y de los días de euforia exploradora.
En 1880 Richard Harris y Joseph Juneau descubrieron oro en una zona de bosques e islas que pronto comenzó a ser habitada. Igual que otras ciudades de Alaska, Juneau nació de la mano de mineros que buscaban fortuna y fama eterna. La población llevó otros nombres hasta que el propio Joseph Juneau reclamó que fuera el suyo el que perdurara para la posteridad; el hallazgo había sido histórico y la comunidad accedió. Aquel descubrimiento fue el preámbulo de la Fiebre del Oro, que estallaría dos décadas después en el interior de Alaska, la región estadounidense que se estira hacia el norte desgajada del resto del país. Como curiosidad queda el dato del verano de 1897, cuando la ciudad de Juneau se colapsó de viajeros que hacían escala en su aventura en pos del oro del río Yukón.
Igual que otras ciudades de Alaska, Juneau nació de la mano de mineros que buscaban fortuna y fama eterna
El aspecto actual de la capital de Alaska poco tiene que ver con las viejas escenas de buscadores y animales de carga por sus calles. Aún así, me recuerda aquella época el desfile de turistas que descienden de los cruceros que navegan por el golfo de Alaska. Bajan del barco sobre todo para comprar, pues Juneau ofrece un gran surtido de comercios donde adquirir pieles y artesanías de los indios haida y tlingit, los habitantes originales de estas tierras. El explorador Alejandro Malaspina, que surcó estas aguas a finales del siglo XVIII, describía a los nativos como "altos, membrudos, sanos y ágiles, bien sea para la pesca, la caza o la guerra". Los descendientes de aquellos indios siguen habitando en Juneau.

Bosques como países enteros

La ciudad se localiza en el corazón del Tongass National Forest, cuyo nombre alude a un clan de los tlingit. El bosque, en el que destacan el cedro rojo, la tsuga del Pacífico y la picea de Sitka, es en realidad una selva inabarcable de casi 70.000 km2 –el tamaño de Irlanda– que se desparrama por todo el sudeste de Alaska a lo largo del archipiélago Alexander. Desde la localidad de Ketchikan –uno de los accesos más comunes– hasta Yakutak, el Tongass National Forest abarca un sinfín de poblaciones costeras repartidas en 19 áreas.
Los tonos azulados de las cuevas del Glaciar Mendenhall ofrecen un espectáculo a las órdenes de una luz de otro mundo
A partir de abril, cuando el invierno ya toca a su fin, el bosque estalla en colores y el conjunto de glaciares, mares de hielo, bosques y fauna atrapa al viajero anunciando la riqueza natural que contemplará durante todo el viaje: esto es un universo apenas tocado por la zarpa humana. Cerca de Juneau, a escasos 20 kilómetros por una carretera asfaltada, llegamos al Glaciar Mendenhall, cuya particularidad no es solo su fácil acceso por tierra, sino los túneles que surcan su interior. Los tonos azulados de las cuevas ofrecen un espectáculo a las órdenes de una luz de otro mundo, y el goteo del agua resuena en el silencio mientras caminamos bajo sus bóvedas rugosas. Esta escultura móvil sobrecoge casi tanto como angustian las explicaciones de los guías acerca del lento pero continuo retroceso de la masa helada. El glaciar se deshace y deja escenas curiosas, como los árboles en el interior de las cuevas que desnuda el deshielo, dando fe de que en otro tiempo el glaciar se extendía por las llanuras. Un sendero sencillo alcanza las cataratas Nuggets, un enclave fascinante por el estruendo que causan los largos cabellos de agua al desplomarse desde algo más de 100 metros de altura.
El sur de Alaska comenzó a ser colonizado por navegantes rusos en el siglo XVIII, cuando recorrían el Inside Passage o Pasaje Interior. Este paso estrecho labrado por antiguos glaciares se abre paralelo a la costa, a lo largo de 800 kilómetros y entre cientos de islas hasta alcanzar la población de Skagway.
Antes de abandonar el Pasaje Interior los cruceros suelen desviarse hacia el Parque Nacional de la Bahía de los Glaciares (Glacier Bay). A partir de mayo y hasta septiembre, las ballenas jorobadas nadan y se alimentan en sus aguas antes de regresar, con el frío, hacia las islas Hawái, donde se aparearán. El británico George Vancouver no pudo entrar en Glacier Bay porque chocó contra un bloque de hielo que cubría la entrada. Casi un siglo después, en 1870, el naturalista John Muir pudo acceder gracias a que el glaciar había retrocedido 80 kilómetros. Los rangers del parque explican preocupados que, según las últimas informaciones, la lengua de hielo mide otros 100 kilómetros menos.
Glacier Bay es una planicie de aguas metálicas custodiada por elevadas paredes montañosas donde flotan inmensos glaciares. El barco se abre hueco silencioso hasta detenerse ante el Grand Pacific Glacier y el Margerie Glacier. Los crujidos y el eco de los desprendimientos se pierden en la inmensidad, retumbando en el cinturón de picos de alrededor. Nosotros imaginamos lo que no vemos bajo el agua: ballenas, leones marinos y otras criaturas que respiran y resoplan. Mientras, en el cielo, quizá distingamos el elegante vuelo del águila calva, el emblema nacional de Estados Unidos, que a punto estuvo de extinguirse en la década de los 70. También es posible ver frailecillos, esas aves de pico colorido y amantes de las aguas más frías del hemisferio norte, y ánades tan curiosos como el negrón costero.
La bahía puede explorarse en embarcaciones más pequeñas que parten de la cercana población de Gustavus, accesible desde Juneau tras un breve vuelo en avioneta. Quienes prefieren dormir dentro del parque natural pueden avanzar 15 kilómetros hasta el centro de visitantes de Bartlett Cove, que está rodeado por una amplia red de senderos.

Hacia el oeste

La siguiente etapa de nuestro viaje es Anchorage, la ciudad más grande de Alaska, con 300.000 habitantes, un pequeño cogollo de edificios de vidrio y la naturaleza salvaje acariciando sus límites. A los pies de modernas construcciones hay una cabaña de troncos trenzados que acoge el Centro de Información para Visitantes. En la memoria de Anchorage está grabado el terremoto de 1964, que afectó gravemente incontables infraestructuras y levantó olas inmensas. Como el tsunami que, más de 400 kilómetros al sur, inundó el archipiélago de Kodiak y dejó decenas de barcos pesqueros encallados en tierra.
La isla de Kodiak ha superado erupciones volcánicas, tsunamis, enfrentamientos tribales y colonizaciones
Habitada históricamente por las tribus sugpiat y aluitiiq, la isla de Kodiak ha superado erupciones volcánicas, tsunamis, enfrentamientos tribales y colonizaciones. El Museo Alutiiq realiza un extenso recorrido por la historia más remota de la isla hasta que los primeros navegantes rusos se dejaron caer por estas latitudes hacia 1733. Su colección expone más de 250.000 objetos de uso diario, vestidos y abalorios que rememoran la vida de los pobladores nativos.
Bajo el imperio ruso, Alaska se situó como una potencia en el comercio de pieles de nutrias, pero tras acabar con los animales y ser vendida a Estados Unidos por siete millones de dólares en 1867, se fomentó la industria pesquera. Hoy en día numerosas empresas ofrecen salidas de pesca con caña en barco en busca de alguna de las cinco especies de salmón que habitan sus aguas.
Kodiak es una isla tapizada de vegetación cuya ciudad principal está resguardada por brazos de tierra cubiertos de árboles. Su apariencia es casi mágica, como alargadas hileras que brotan del mar, algunas con formas que recuerdan el perfil de una ballena. En toda la isla predomina el color verde brillante que le ha valido el apelativo de Isla Esmeralda, aunque lo que más fama le ha dado son los osos pardos que habitan el archipiélago. Rondan los 3.500 y el estado de Alaska permite su caza para regular la población. Es muy posible ver algún ejemplar mientras se camina por la isla, así que no resulta extraño que los lugareños recomienden cargar con un rifle durante la excursión. A pesar de las advertencias, nuestra única defensa es un espray de pimienta y un cascabel que hacemos sonar en los senderos más solitarios para no sorprender a ningún oso.
El silencio envuelve una visita donde solo nos cruzamos con alguna de las 250 especies de aves de la isla. Nada más
Uno de esos paseos nos conduce al extremo nordeste, donde el Fuerte Abercrombie vigila el lago Gertrude y el mar, mientras el viento helado nos corta la cara. Este cascarón agrietado, construido en 1941 para responder a un eventual ataque japonés, ahora acoge la sede del Kodiak Alaska State Parks. La senda está rodeada de vegetación baja y pinos con largos mechones de musgo frente a acantilados. El silencio envuelve una visita donde solo nos cruzamos con alguna de las 250 especies de aves de la isla. Nada más.

Frente al golfo de Alaska

La península de Kenai, accesible desde Anchorage por la Sterling Highway, se descuelga frente a la isla de Kodiak. Esta preciosa ruta bordea la costa y conduce hasta Soldotna, cerca de la desembocadura del río Kenai. En verano la ciudad de igual nombre rebosa de pescadores que ansían capturar un salmón de 40 kg. Los botes se acumulan pocas millas río arriba, en la unión de las aguas saladas y dulces, donde los salmones que remontan la corriente pican con facilidad. Kenai ofrece también una alternativa a los amantes de los ríos que prefieren clavar los remos y no la caña en el agua: la Swan Canoe Route, una ruta que une la hilera de 30 lagos hasta el río Moose. Durante una semana y 100 kilómetros seguidos, se pueden hacer recorridos por el vientre de una península que, desde el cielo, parece una telaraña de ríos y lagos.
Alaska es un territorio de suaves ondulaciones heladas que se dejan ver desde la distancia. Como los 6.190 metros del Denali –en 2015 recuperó su nombre tradicional indio, "el Grande", en sustitución del de MacKinley–, visibles desde Anchorage. Recorremos los 350 kilómetros que separan la ciudad más grande de Alaska y el Parque Nacional Denali por la George Parks Highway para comprobar que la montaña más alta de Norteamérica no es un espejismo.
En la entrada de la reserva, dos alces beben agua en un charco formado en este verano lluvioso. No se inmutan ante nuestra presencia. Subimos al autobús que recorre la carretera de tierra del parque –los vehículos privados solo pueden acceder a los primeros 50 kilómetros– mientras las nubes van descorchando, poco a poco, el inmenso Denali. La carretera serpentea por pequeños cerros y llanea por esta verde alfombra que es la tundra hasta llegar al kilómetro 110, donde se encuentra el Centro de Visitantes Eielson. Es entonces cuando el pico más alto del país brota abrupto y escalonado: las verdes praderas primero, los macizos ocres después. Y, trepando con la mirada, las paredes blancas que llevan hasta la cumbre envuelta en nubes. Hoy el cielo se ha abierto unos instantes y las nubes parapetan delicadamente el Denali.
No es extraño que sea en este punto donde muchas personas pasen el día o se adentren para caminar durante días o semanas en la inmensidad de los 20.000 km2 del parque. El monte de nieves perpetuas es una brújula que domina los cielos mientras el verano hace estallar la vida natural hasta octubre. Entonces comenzará el repliegue hasta la próxima primavera y Alaska se sumirá de nuevo en su largo y bello sueño blanco.

Alaska indómita 

La travesía entre Juneau y Anchorage se adentra en un territorio de glaciares y bosques interminables

El Monte Mckinley
La carretera por el interior del Parque Nacional de Denali lleva hasta Wonder Lake y su zona de acampada, quizá el enclave ideal para admirar el majestuoso pico.
JENNIFER & THOMAS BRÜHLMANN



El Glaciar Mendenhall
Su fácil acceso lo ha convertido en la excursión más popular desde la ciudad de Juneau.
MARK KELLEY / AGE FOTOSTOCK



Glacier Bay
Doce de los dieciséis glaciares de este Parque Nacional al que se accede en barco o avioneta desembocan en el océano.
RON NIEBRUGGE / WILDNATUREIMAGE



Territorio salvaje
Observar animales en libertad es fácil, además de uno de los grandes alicientes de un viaje por Alaska.
GETTY IMAGES



La fiebre del oro
El poblado de Crow Creek, entre Whittier y Anchorage, permite rememorar el ambiente de finales del siglo XIX.
RICHARD SMITH


 
Lagos
Alaska cuenta con unos tres millones de lagos. En el Bear Lake, al norte de Seward, existe la posibilidad de observar osos.
PATRICK ENDRES / AGE FOTOSTOCK



Cultura tlingit
Una casa comunal de los indios tlingit (isla de Wrangell), museo de tótems al aire libre en la isla de Ketchikan y dos niñas de la tribu tlingit.
ACI


Reserva de vida animal
Un alce en la orilla de Wonder Lake, en el Parque Nacional de Denali. Al fondo, la cordillera de Alaska.
MICHAEL DEYOUNG / GETTY IMAGES



Isla Kodiak
Los osos pardos de esta isla al sur de la península de Kenai son los mayores del mundo y forman una subespecie de la que existen unos 3.500 ejemplares. Al fondo, la isla Ugak vista desde Pasagshak Point.
RAY BULSON / WILDERNESS VISIONS

Entre el mar y el techo de Norteamérica
1 Juneau. Su abrigado puerto es la entrada a un mundo de glaciares.
2 Parque Nacional Denali. Para admirar el pico más alto de Norteamérica y la abundante fauna que habita en las montañas y llanuras que lo rodean.
3 Anchorage. La mitad de la población vive en esta moderna ciudad, bien comunicada y rodeada de naturaleza por los cuatro puntos cardinales.
4 Península de Kenai. Ofrece un vasto paraje de recreo con su glaciares, fiordos, montañas, senderos de trekking y ríos repletos de salmones.
5 Isla Kodiak. Habitada por inuits, acoge los osos pardos más grandes del mundo. La temporada ideal para verlos va de julio a septiembre.
Mapa: BLAUSET
Redacción

Alaska indómita

A Juneau, capital de Alaska, no se llega por carretera. El ferry avanza entre los canales y el agua quieta rompe en la proa con un suave roce. Las gaviotas y los cormoranes conviven en las grandes playas. Cientos de islas selváticas forman un laberinto en el que ballenas y orcas levantan sus lomos del agua gris-azulada. Respiro hondo, y el aire puro del Pasaje Interior impregna cada célula de mi cuerpo.
Juneau se halla en la Tongass National Forest, la mayor reserva forestal de Estados Unidos, si bien la palabra rainforest («selva lluviosa») refleja mejor la naturaleza y el clima del lugar. Por doquier, gigantescas coníferas y cedros rojos descienden hasta la orilla del agua.

Malaspina escribió que «el perfil de la costa parecería, por su frondosidad, cercano al trópico, a no ser por la nieve que corona las montañas»
¿Qué debió sentir Alejandro Malaspina al explorar esta costa con sus dos corbetas en 1791? Los glaciares serían aún más imponentes; quizá la tripulación se asombraría ante los grupos de ballenas, los leones marinos que descansaban sobre las rocas o las nutrias de mar que jugaban sobre el tapiz de agua, mientras los indios haida, tlingit y tsimshian se desplazaban silenciosos en sus canoas de cedro. No lo sabremos nunca, si bien el propio Malaspina escribió que «el perfil de la costa parecería, por su frondosidad, cercano al trópico, a no ser por la nieve que corona las montañas».
Y así sigue siendo mientras recorro el puerto de Juneau, entre turistas que bajan en grandes grupos de los cruceros. La ciudad sigue arropada por un paisaje espectacular, inmersa en el canal que la resguarda de las aguas abiertas del océano Pacífico y el vasto campo de hielo de las montañas del interior. De esa blanca extensión afloran 40 glaciares que avanzan por los valles. Uno de ellos, el Mendenhall, es el gran hito natural de Juneau. De la ciudad parten a su vez los cruceros y las avionetas que llevan al Parque Nacional de Glacier Bay, un laberinto de témpanos flotantes convertido en paraíso de piragüistas.

Un valioso hallazgo

En 1880, tras hallar pepitas «del tamaño de guisantes y judías» en los alrededores, Joe Juneau y Richard Harris regresaron con media tonelada de oro a Sitka, la capital de Alaska cuando pertenecía a Rusia. De la noche a la mañana aparecieron decenas de barcos cargados de aventureros. Para ellos se montaron almacenes, mercados de animales, pensiones, casas de empeño, bancos, garitos de juego, bares, teatros, prostíbulos... Juneau fue en ese tiempo una de las ciudades más vivas y ricas de Norteamérica. La nueva oleada llegó en 1897, al descubrirse oro en el Klondike, un afluente del Yukón.
Así surgió la ciudad de Skagway, 170 kilómetros más al norte. Los mineros desembarcaban allí para adentrarse en el continente. Pero como los pioneros en la helada meseta del Yukón vivieron una gran hambruna en el primer invierno, la policía montada del Canadá supervisaba en lo alto del Chilkoot Pass que cada buscador llevase lo necesario. Eso incluía víveres para sobrevivir un año y el material para construir una balsa con la que bajar el Yukón y para desempeñar las tareas mineras. Los buscadores subían así el Chil­koot Pass decenas de veces hasta trasladar la tonelada de equipamiento requerido.
Uno de esos aventureros era Jack London. En la cabaña en la que vivió junto al Klondike, enfermo a causa de las privaciones, aún puede leerse grabado a navaja: «Jack London, minero, escritor». Regresar con las manos vacías le llevó a vender a algunas revistas relatos inspirados en las vivencias de aquel invierno. Con ellos el mundo pudo conocer la audacia de aquellos hombres expuestos a condiciones de vida extremas.
Los 55 kilómetros del Chilkoot Trail entre Skag­way y el lago Bennett, ya en Canadá, son hoy uno de los trekkings clásicos de Alaska. Aquí y allá aparecen ruedas oxidadas bajo los matorrales y cabañas medio derruidas.
Valles abiertos y cúmulos blancos sobre el cielo azul, ríos de cauces anchos y rápidos, bosques de coníferas hasta donde alcanza la vista, y la nieve coronando las montañas
En Skagway, un espectacular vuelo sobre fiordos, montañas y nieves eternas me lleva a Anchorage. Enseguida tomo un confortable tren hacia el Parque Nacional de Denali, nombre que los indios atabascos daban al McKinley (6.194 m), el pico más alto de Norteamérica. Dentro del parque solo es posible desplazarse en los autobuses que recorren la carretera de 150 kilómetros que se adentra en él.
En cuanto aparecen animales el chófer se detiene para que los admiremos. El paisaje es inmenso. Valles abiertos y cúmulos blancos sobre el cielo azul, ríos de cauces anchos y rápidos, bosques de coníferas hasta donde alcanza la vista, y la nieve coronando las montañas. Evoco a McCandless, aquel muchacho que acaba su vida en un autobús varado en la inmensidad de Denali, protagonista de la película Hacia rutas salvajes (2007).

La fauna en Alaska

La carretera se vuelve pista y los bosques dejan ver caribús y ciervos. Águilas doradas vigilan nuestro paso. Salimos a caminar, siempre con cautela. De pronto, al otro lado del río, vemos una osa tan grande como dos hombres. Come arándanos y se mueve relajada con dos oseznos que no se separan de ella. Al olernos se queda inmóvil y su pelo alfombrado se le eriza en la nuca. «Ninguna broma con mis crías», parece decir. Permanecemos como estatuas mientras decide qué hacer. Opta por bajar tranquilamente el río en unos maravillosos cinco minutos. También vemos alces, marmotas y muflones de Dall. Pero nos queda algo pendiente. Entonces comienza a abrirse un enorme agujero azul entre las nubes y aparece la silueta del McKinley, el gran señor del lugar.
De vuelta a Anchorage no sé si explorar en kayak la península de Kenai o visitar la isla Kodiak, famosa por sus osos pardos. Opto por lo primero en compañía de dos surfistas griegos. En la primera mañana ya me enamoro de ese mundo. Deslizarse sobre el agua transparente y helada junto a los leones marinos que toman el sol sobre las rocas hace que todo cobre sentido. Un lugar para medir el tiempo con la respiración y los bufidos de las orcas y las ballenas. Y remar tranquilo en mitad de uno mismo. El segundo día recorremos mudos la laguna al final del glaciar. Un iceberg ha formado un arco sobre el agua y dirijo mi kayak bajo esa ventana para cruzar al otro lado. El hielo azulado por siglos de presión que le han hecho perder las burbujas de aire se desliza sobre mi cabeza. Un frailecillo remonta el vuelo con un pez en el pico y varios cetáceos asoman sus lomos nadando hacia mar abierto. «¿No es esto lo que no buscaba y encontré?», me pregunto. Los días se alargaron entre los fiordos. Varias noches después aún disfrutaba de «la última frontera», mientras el regreso se iba posponiendo una y otra vez. A veces los viajes toman formas casi orgánicas mientras continúa la ruta. En Alaska eso es fácil que suceda.

MÁS INFORMACIÓN
Documentos: pasaporte más au­torización electrónica (ESTA).
Idiomas: inglés.
Moneda: dólar estadounidense.
Horario: 10 horas menos.
Salud: en los lagos de la costa sur conviene protección antimosquitos.
Cómo llegar y moverse: Los ferrys que parten de Seattle enlazan una treintena de localidades y llegan hasta las islas Aleutianas. Anchorage, Fairbanks y Juneau cuentan con aeropuerto internacional.
En coche alquilado o autocaravana. La red de autobuses es excelente y recorre incluso pistas sin asfaltar. Hay dos líneas de tren: la Seward-Fairbanks es famosa por sus vagones con techo de cristal, mientras que la Skagway-Fraser (Canadá) funciona desde la fiebre del oro. Una veintena de ciudades poseen aeropuerto. A muchos otros destinos se puede acceder en avioneta o en hidroavión.
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo  Sánchez Achutegui
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martes, 6 de noviembre de 2018

DESCUBRIMIENTOS : ARQUEOLOGÍA .- PRE HISTORIA .- NATIONAL GEOGRAPHIC.- Encontradas las armas más antiguas de Norte América

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG.,la Revista National Geographic, nos informa sobre el hallazgo de recientes excavaciones, han desenterrado puntas de lanza de 15,000 años de antigüedad, lo que serían las armas más añejas jamás hallada en Norteamérica ....
National Geographic.- narra : "Las puntas de lanza de más de 15.000 años de antigüedad halladas recientemente en EE.UU por los arqueólogos de la Texas A&M University cuestionan las teorías más extendidas acerca del poblamiento del continente americano.
Toda la comunidad científica concuerda en cuanto al origen africano del Homo Sapiens. Sin embargo, han existido diversas teorías sobre cómo este se expandió por el resto del mundo hace aproximadamente 70.000 años. Especialmente, una de las cuestiones más controvertidas ha sido el esclarecimiento de cómo el hombre llegó al norte del continente americano...."

https://www.nationalgeographic.com.es/historia/actualidad/encontradas-armas-mas-antiguas-norte-america_13374
Las recientes excavaciones han desenterrado puntas de lanza de 15.500 años de antigüedad, lo que serían las armas más añejas jamás halladas en Norte América, además de los asentamientos humanos más antiguos de la zona

Detalle de una pequeña punta utilizada como arma hace más de 15.000 años
Foto: Texas A&M University

Varios proyectiles Pre-Clovis encontrados por los arqueólogos estadounidenses
Foto: Texas A&M University
Guiomar Huguet
25 de octubre de 2018

Encontradas las armas más antiguas de Norte América
Las puntas de lanza de más de 15.000 años de antigüedad halladas recientemente en EE.UU por los arqueólogos de la Texas A&M University cuestionan las teorías más extendidas acerca del poblamiento del continente americano.
Toda la comunidad científica concuerda en cuanto al origen africano del Homo Sapiens. Sin embargo, han existido diversas teorías sobre cómo este se expandió por el resto del mundo hace aproximadamente 70.000 años. Especialmente, una de las cuestiones más controvertidas ha sido el esclarecimiento de cómo el hombre llegó al norte del continente americano.
Cómo se pobló América
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Un hallazgo "pre-Clovis"

Debido a los descubrimientos realizados en Nuevo México, Texas y otros lugares del norte de México –puntas de lanza y otras piezas de 13.000 años de antigüedad–, durante mucho tiempo se creyó que la cultura Clovis era la más antigua. Numerosos estudios y hallazgos no exentos de polémicas han cuestionado estas afirmaciones a lo largo del siglo XX. Sin embargo, según nos cuenta el professor Michael Waters, parece que las excavaciones que su equipo está llevando a cabo desde 2011 culminan ahora en 2018 en nuevos resultados.
En el sitio arqueológico llamado Debra L. Friedkin, los investigadores de la Texas A&M University han descubierto una cantidad significativa de herramientas que fueron utilizadas como armas para cazar. Tras 12 años de trabajos en la zona, han sido desenterradas numerosas puntas de lanza que, según apunta el profesor Waters a través de un comunicado de la propia universidad, “sin duda alguna fueron usadas para cazar. Tenemos 130 elementos situados en el tiempo (la mayoría puntas de proyectiles) subyacentes a las capas de hallazgos pre-Clovis, cuya antigüedad ha sido demostrada por el sistema de datación OSL", aclara Michael Waters.
“Estos descubrimientos expanden nuestro conocimiento sobre los primeros pobladores de Norte América"
Los análisis a los que han sido sometidas las armas y otras herramientas encontradas han revelado que se trata de piezas de 15.500 años de antigüedad. Hacía mucho tiempo que los arqueólogos trataban de dar con un descubrimiento que respaldara las teorías sobre los asentamientos previos a la cultura Clovis y, tal y como afirma Michael Waters, ahora lo han encontrado.
Esta sorprendente datación arroja nuevas dudas sobre las teorías más firmes que explicaban el poblamiento del continente americano. “Estos descubrimientos expanden nuestro conocimiento sobre los primeros pobladores de Norte América. El poblamiento del continente durante la tardía Edad del Hielo fue un proceso complejo, y esta complejidad empieza a verse reflejada en los testimonios arqueológicos”, ha explicado el profesor Michael Waters a National Geographic España a través de un correo electrónico.a vuelo
El pan más antiguo del mundo, de 14.400 años de antigüedad, es anterior a la agricultura
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viernes, 1 de junio de 2018

HISTORIA: NORTEAMÉRICA .- ESPAÑA.- NATIONAL GEOGRAPHIC .- CONQUISTA ESPAÑOLA .- Hernando de Soto, descubridor de Norteamérica

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el español Hernando de Soto, fue quien descubrió gran parte de lo que se llama Los Estados Unidos de América, este conquistador  español; desembarcó en la Bahía de Espíritu Santo (Tampa).
En 1539 partía desde Cuba al frente de una flota de nueve navíos, con 650 hombres y 237 caballos a bordo. La expedición desembarcó en Florida, en la bahía de Tampa o Espíritu Santo.
La expedición desembarcó en Florida, en la bahía de Tampa o Espíritu Santo. Dejando los barcos anclados y un retén de soldados para cubrir la retaguardia y poder mantener la comunicación con Cuba, Soto se adentró en una región insalubre, plagada de pantanos, con un calor húmedo insoportable y habitada por nativos hostiles que tenían muy mal recuerdo del paso de la hueste de Narváez.
"Con la llegada de la primavera la expedición continuó hacia el noroeste hasta encontrar, el 8 de mayo de 1541, un inmenso río que los nativos llamaban Meatt-Massipí (Misisipi) y que los españoles bautizaron como río Grande o del Espíritu Santo. Soto y sus hombres cruzaron el Misisipi en un punto próximo a la actual Memphis (como en la imagen). Hicieron cuatro piraguas y cada una transportó 60 hombres y cinco o seis caballos."

http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/hernando-soto-descubridor-norteamerica_12286
Tras desembarcar en Tampa en 1539, el explorador español vagó durante tres años por Norteamérica y murió antes de encontrar las inmensas riquezas con las que había soñado

Desembarco de Soto en la bahía de Espíritu Santo (Tampa), en 1539. Ilustración del American Aboriginal Portfolio, publicado en 1853.
Hernando de Soto quedó fascinado por las historias que se contaban de la Florida y logró de Carlos V una licencia para explorar esas tierras. Ansioso por superar las conquistas de Cortés y de Pizarro, Soto se ofreció a costear una expedición al interior de la Florida.
Foto: Newberry Library / Age fotostock

Hernando de Soto. Grabado coloreado
En 1539 partía desde Cuba al frente de una flota de nueve navíos, con 650 hombres y 237 caballos a bordo. La expedición desembarcó en Florida, en la bahía de Tampa o Espíritu Santo.
Foto: Prisma / Album
 
Descubridor de Norteamérica
La expedición de Soto fue un rotundo fracaso. Los españoles no hallaron las ciudades esplendorosas con las que soñaban ni un lugar donde asentarse, pero iluminaron una enorme porción de la geografía norteamericana. Recorrieron Florida, Georgia, Alabama, Arkansas y Luisiana. Llegaron a los montes Apalaches y cruzaron el río Misisipi, por el que salieron de nuevo al mar.
Foto: Alamy / Aci

Colgante de un pueblo del Misisipi. Museo estatal, Tenessee
Hombres del cielo
En casqui, un "cacique de paz" dijo a los españoles que "hacía mucho tiempo que tenía noticia de nosotros y que sabía que éramos hombres del cielo y que no nos podían hacer mal sus flechas, y por eso no querían guerra ninguna con nosotros, sino servirnos" (Biedma).
Foto: Uig / Album

El sinuoso Misisipi
Con la llegada de la primavera la expedición continuó hacia el noroeste hasta encontrar, el 8 de mayo de 1541, un inmenso río que los nativos llamaban Meatt-Massipí (Misisipi) y que los españoles bautizaron como río Grande o del Espíritu Santo. Soto y sus hombres cruzaron el Misisipi en un punto próximo a la actual Memphis (como en la imagen). Hicieron cuatro piraguas y cada una transportó 60 hombres y cinco o seis caballos.
Foto: Cameron Davidson / Getty images

El Misisipi, la tumba de Soto
Hernando de Soto murió de fiebre tifoidea el 21 de mayo de 1542. Fue enterrado en una hoya de terreno cerca del río Misisipi, pero sus compañeros, temiendo que los indios pudieran profanar la tumba, lo desenterraron, lo introdujeron en el hueco de un tronco con lastre y lo arrojaron al río, como muestra este grabado de John Sartain.
Foto: Granger / Age fotostock
José María González Ochoa
31 de mayo de 2018
 
Hernando de Soto, descubridor de Norteamérica
Desde el viaje de Solís y Pinzón (1508-1509) por el golfo de México, los españoles supieron con seguridad que al norte de las Antillas existían extensas regiones a las que pronto rodearon de un halo de misterio y fantasía, dotándolas de un atractivo irresistible. Desde ese momento, varias fueron las expediciones que se adentraron por el sur del subcontinente norteamericano.
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En 1513, Juan Ponce de León alcanzó las costas de la Florida, bautizándola así por hallarlas el día de la Pascua Florida. En 1521 organizó una expedición más ambiciosa en la que perdió la vida. Las navegaciones de Álvarez de Pineda (1521), Esteban Gómez (1524-1525) y Vázquez de Ayllón (1526) proporcionaron los contornos bien definidos de la costa sur norteamericana, al tiempo que se difundían historias sobre las fabulosas riquezas que poseerían los indios de esas regiones. En 1528, Pánfilo de Narváez encabezó una expedición de colonización a Florida que terminó con la muerte de casi todos sus miembros, unos 250 hombres. Dos supervivientes de esta empresa, el franciscano Marcos Niza y Vaca de Castro, expandieron entre autoridades y aventureros la idea de que en la Florida había un nuevo El Dorado.
De vuelta a España, fascinado por las historias que se contaban de la Florida, logró de Carlos V una licencia para explorar esas tierras
Uno de estos exploradores fue Hernando de Soto. Este extremeño había amasado una gran fortuna desde 1514 en Centroamérica y en la conquista del reino inca del Perú junto a Francisco Pizarro en 1532. De vuelta a España, fascinado por las historias que se contaban de la Florida, logró de Carlos V una licencia para explorar esas tierras. Ansioso por superar las conquistas de Cortés y de Pizarro, Soto se ofreció a costear una expedición al interior de la Florida a cambio de que la Corona obtuviese el 50 por ciento de los beneficios y a él se le nombrara adelantado de las tierras por descubrir y gobernador de Cuba. El acuerdo fue sellado el 20 de abril de 1538. Un año después partía desde Cuba al frente de una flota de nueve navíos, con 650 hombres y 237 caballos a bordo.
La expedición desembarcó en Florida, en la bahía de Tampa o Espíritu Santo. Dejando los barcos anclados y un retén de soldados para cubrir la retaguardia y poder mantener la comunicación con Cuba, Soto se adentró en una región insalubre, plagada de pantanos, con un calor húmedo insoportable y habitada por nativos hostiles que tenían muy mal recuerdo del paso de la hueste de Narváez.

Desembarco en Florida

Los hombres de Soto se llevaron una sorpresa cuando de repente apareció un hombre tatuado y vestido con falda de hierba y taparrabos que se dirigió a ellos en español. Se trataba del sevillano Juan Ortiz, un miembro de la expedición de Narváez que había sido capturado por los indios doce años atrás y que ahora se puso al servicio de Soto como guía e intérprete.
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El conquistador extremeño había llegado a la Florida convencido de que encontraría tesoros como el que Pizarro obtuvo en Perú, pero Ortiz le dijo que no tenía noticias de que hubiera oro en la región. Pese a ello, Soto decidió continuar la marcha. Los expedicionarios alcanzaron en unos meses los montes Apalaches. Soto envió un puñado de hombres de vuelta a Cuba para dar noticias de la expedición y conseguir más hombres y provisiones, aunque los navíos de socorro enviados por la esposa de Soto jamás llegaron a contactar con los expedicionarios.
Sin noticias ni provisiones ni rumbo conocido, en marzo de 1540 Hernando de Soto y sus hombres reanudaron la exploración alentados por las noticias que les dieron algunas tribus sobre la reina de Cofitachequi, un país que suponían rico en oro y perlas. Antes pasaron por otros territorios indios en los actuales territorios de Georgia y Carolina del Sur: los creek inferiores, el pueblo de Toa, los ichisis, los indios de Atamaha... Los caudillos indios les regalaban comida, los alojaban e incluso les ofrecían porteadores, pero los españoles no veían oro por ningún sitio. Cuando llegaron finalmente a Cofitachequi, la reina los recibió con grandes ceremonias y los llevó hasta un rico palacio. Pero los exploradores descubrieron pronto que todo el metal que tenían los indios procedía de unas pobres minas de cobre.
Los exploradores descubrieron pronto que todo el metal que tenían los indios procedía de unas pobres minas de cobre
Para entonces, el frío y las epidemias habían provocado la muerte de la mayoría de los indios auxiliares, por lo que al pesado avance de los españoles se unía el tener que arrastrar los bastimentos. Sin destino claro atravesaron Carolina del Norte y Tennessee, y descendieron hacia la costa sur por Alabama. Al llegar a cada pueblo indio, Soto secuestraba al jefe y exigía la entrega de comida, porteadores y mujeres que les sirvieran.
En noviembre, los supervivientes llegaron al territorio de los indios choctaw, al sur del actual estado de Alabama. En Atahachi, Soto encontró al jefe Tascalusa, a quien se llevó hasta la siguiente etapa de su avance, Mabila (quizá la actual Mobile). Allí los españoles fueron recibidos con bailes y regalos, pero uno de ellos descubrió que cientos de guerreros estaban agazapados listos para atacarlos. Tras un incidente en que un español le cortó el brazo a un indio, "comenzaron todos a tirarnos flechas, unos por dentro de las casas y otros por fuera, y nos fue forzado salir huyendo del Pueblo", escribió el expedicionario Hernández de Biedma. Hernando de Soto decidió sitiar el pueblo y asaltarlo a sangre y fuego. La ciudad fue incendiada, y los choctaw, masacrados. El mismo Biedma recordaba que los indios "pelearon como brabos leones; matámoslos todos, unos con el fuego, otros con las espadas, otros con las lanzas". Por parte española murieron 20 hombres y hubo 250 heridos, incluido Hernando de Soto, flechado en un glúteo, lo que le impedía cabalgar.

Expedición fantasma

El adelantado decidió continuar hacia el norte arrastrando tras de sí a una hueste cada vez más desmoralizada, convencida ya de no encontrar nada salvo la muerte. El invierno les obligó a buscar refugio y descanso. En el poblado de Chizaca aguantaron el frío, el hambre y el acoso de los indios. Con la llegada de la primavera continuaron hacia el noroeste hasta encontrar, el 8 de mayo de 1541, un inmenso río que los nativos llamaban Meatt-Massipí (Misisipi) y que los españoles bautizaron como río Grande o del Espíritu Santo. Construyeron balsas para cruzar la enorme corriente de agua y siguieron hacia el sudoeste, con la esperanza de alcanzar la inexistente riqueza y el Pacífico como camino de regreso. El nuevo invierno les sorprendió en el poblado de Utiange, hoy Camden (Arkansas).
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A mediados de marzo de 1542, sólo seguían vivos la mitad de los hombres que partieron de Cuba. Convencido ya de su fracaso, Soto cambió de rumbo, enfiló hacia el sur y en abril alcanzó de nuevo el Misisipi. Intentando vadear el río, el extremeño se sintió afiebrado y moriría pocos días después.
Su lugarteniente Luis Moscoso quedó al mando de la expedición e intentó llegar a México por tierra. Ante la imposibilidad de cruzar el río Trinidad, los expedicionarios retrocedieron hasta el Misisipi, donde construyeron unas pequeñas naves para descender por la corriente y salir al mar. Allí, los vientos les empujaron hacia la costa y les impidieron navegar hasta Cuba. Tardaron cerca de 50 días en llegar a Pánuco (México), donde pudieron desembarcar. Los supervivientes, un tercio de los que partieron de Cuba, habían concluido una fabulosa gesta descubriendo un enorme territorio, pero a un elevado coste en vidas humanas.
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