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sábado, 9 de octubre de 2021

REVOLUCIÓN FRANCESA: Desvelan el contenido censurado de las cartas de María Antonieta a su "amado" conde sueco Axel von Fersen,....

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la reina María Antonieta de Francia, esposa del rey Luis XVI, tuvo una amorosa correspondencia con un conde sueco llamado Axel von Fersen,  según el testimonio de una fluida correspondencia de cartas entre 1,791 y 1,792, en tiempos de la convulsionado Revolución Francesa; las cartas han sido parcialmente censuradas que se ocultan expresiones apasionadas entre los protagonistas, que gracias a las últimas tecnologías, un grupo de investigadores franceses, han revelado parte del contenido tachado durante dos siglos, que han mostrado expresiones como: "tierno amigo" u "os amo con locura", que parece confirmar la íntima relación que hubo entre ellos...........  ...siga leyendo................

Entre 1791 y 1792, la reina de Francia y el noble Axel von Fersen, mantuvieron una intensa correspondencia que fue parcialmente oculta por un censor desconocido. Ahora, con la ayuda de las últimas tecnologías, un grupo de investigadores franceses ha revelado parte de ese contenido tachado durante dos siglos y han mostrado expresiones como "tierno amigo" u "os amo con locura" que parecen confirmar su íntima relación.








Foto: CRC.

"Mi tierno amigo", "usted a quién amo", "su corazón me ha hecho feliz", "os amo con locura". Todas estas expresiones, que parecen revelar fuertes sentimientos amorosos, fueron escritas hace 230 años por la reina de Francia María Antonieta en una serie de cartas que no iban dirigidas a su esposo, Luis XVI, sino al conde sueco Axel von Fersen, con quien mantenía una profunda amistad. Tan intensa que muchos sostienen que eran amantes.

La reina francesa y el noble sueco mantuvieron un intercambio epistolar entre 1791 y 1792, que guardó Von Fersen y que, a mediados del siglo XIX, sus descendientes decidieron hacer público por su alto valor histórico. Pero ya en ese momento, parte del contenido de las cartas apareció tachado con rizos arremolinados de tinta negra y letras añadidas que impiden ver lo que se escribió debajo. En ocasiones, los bucles tapan pasajes completos de los textos.


Carta escrita por María Antonieta a Axel von Fersen el 26 de septiembre de 1791 en la que se observan una gran cantidad de líneas sometidas a la censura.

Foto: CRC.

¿Qué pone bajo los fragmentos censurados, quién los censuró y por qué lo hizo? Son preguntas que se han hecho los especialistas durante los últimos 150 años y que ahora, parece, pueden ser parcialmente respondidas. Un estudio realizado por miembros del Centre de Recherche sur la Conservation (CRC) de París que acaba de ser publicado en la revista Science Advances ha revelado parte de los fragmentos ocultos en esas cartas. La intensidad de las palabras que la reina dedicaba al noble sueco y permite profundizar en la relación entre María Antonieta y Von Fersen y aporta datos sobre cuándo fue aplicada la censura y quién fue su autor, que no sería otro que el propio conde.

PALABRAS OCULTAS

Las 15 cartas intercambiadas por la reina francesa y el conde sueco están depositadas actualmente en los Archivos Nacionales de Francia y fueron escritas entre agosto de 1791 y junio de 1792, uno de los periodos más convulsos de la ya de por sí convulsa Revolución Francesa. Luis XVI y María Antonieta se encontraban recluidos en el palacio de las Tullerías después de ser detenidos en Varennes-en-Argonne cuando intentaban llegar a los territorios de los Habsburgo disfrazados como aristócratas rusos. Un plan de huida en el que Von Fersen participó activamente.

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Para descubrir las partes ocultas bajo los garabatos de la censura, los autores del estudio, encabezados por la analista del CRC Anne Michelin, han utilizado el método de la fluorescencia de rayos X (RFX por sus siglas en inglés), un escáner que somete a los objetos a un bombardeo de rayos gamma para que éstos emitan rayos X secundarios, o fluorescentes, y obtener así imágenes individualizadas, ya que los distintos materiales reflejan longitudes de onda diferentes. Aplicada al arte, esta técnica permite, por ejemplo, descubrir trazos o dibujos ocultos bajo grandes pinturas.

El escaneo por fluoresncencia de rayos X ha permitido obtener imágenes diferenciadas de la tinta de los tachones y del texto subyacente, lo que ha permitido "borrar" la censura.

En el caso de las cartas de María Antonieta y Axel Von Fersen, el uso de tintas diferentes para la redacción y para la censura ha permitido obtener imágenes individualizadas de cada una y "borrar" los tachones. Cuando un elemento está presente en la tinta del texto original en cantidades mucho mayores que en la de la  censura el contraste es suficiente "para revelar el texto original sin más tratamiento de datos". En la mayoría de los casos, sin embargo, no hay suficiente contraste entre los componentes de las dos tintas, por lo que hay que aplicar "tratamientos de imagen adicionales para mejorar la legibilidad del texto original".


La diferencia entre el cobre usado para componer las tintas de escritura y censura de esta carta permite reconocer en texto censurado: "non pas sans vous" (no sin usted).

Foto: CRC.

Con todo, este tratamiento de imágenes ha logrado revelar las palabras que la censura escondió durante siglos. Así ha aparecido un lenguaje apasionado entre la reina y el conde con palabras y expresiones como "amor", "locamente", "usted a quien yo amo" o "mi dulce amiga" que parecen confirmar la estrecha relación existente entre ambos.

MÁS REVELACIONES

Gracias a esta metodología el equipo encabezado por Michelin ha logrado "eliminar" la censura de ocho de los 15 documentos, en las otras siete cartas, las tintas de redacción y de censura tienen composiciones muy similares, lo que hace imposible "borrar" los tachones mediante la RFX.

Otro aspecto que ha puesto de manifiesto el estudio es que la gran mayoría de las misivas supuestamente escritas por María Antonieta son en realidad copias que hizo el propio Von Fersen de los originales. Esto puede deducirse del análisis grafológico de las letras y del hecho de que las tintas con las que fueron redactadas estas cartas sea la misma que usó Axel von Fersen para escribir las suyas.


Axel von Fersen y María Antonieta retratados por Carl Fredrik von Breda y Élisabeth Vigée Le Brun, respectivamente.

Foto: Wikimedia Commons (CC).

EL CENSOR

La tinta es también un elemento clave para descubrir cuándo fue realizada la censura y quién fue el autor de la misma, que según Anne Michelin fue el propio conde Von Fersen. El noble usó una gran variedad de tintas para escribir sus cartas. Sus componentes varían mucho de unos textos a otros. Pero a partir de diciembre de 1791, la composición se estabiliza y puede decirse que en las sucesivas misivas la tinta es la misma.

Las supuestas misivas escritas por María Antonieta son en realidad transcripciones que hizo el propio Von Fersen, que habría sido el censor de los parajes más comprometedores.

Anne Michelin se dio cuenta que la tinta usada para hacer los tachones coincide sistemáticamente con las tintas de cartas posteriores. Esto es, por ejemplo, la copia de la carta de María Antonieta del 26 de septiembre de 1791 está censurada con la misma tinta que se usó para transcribir la misiva de la reina fechada el 19 de octubre. Así, la censura no se habría realizado inmediatamente después de la escritura, pero sí en un tiempo suficientemente corto como para deducir que la hizo el propio Von Fersen con la misma tinta con la que estaba copiando cartas posteriores.

Esta hipótesis explicaría también porque no se ha podido eliminar la censura de las siete últimas cartas: "la composición de la tinta parece ser la misma desde diciembre de 1791 a mayo de 1792, por lo que las tintas de redacción y censura son idénticas, lo que hace imposible distinguirlos por espectroscopia XRF", señala el estudio.


Comparación de una carta antes y después del tratamiento de imagen. A la derecha, puede leerse, entre otro texto censurado, "que je vous aime à la folie" (que os amo con locura). 

Foto: CRC.

¿AMIGOS O AMANTES?

A la luz de estas ardientes palabras y expresiones la relación íntima parece obvia, pero para los autores del estudio, "leer bajo la censura no permite conocer la verdadera naturaleza de los sentimientos", ya que "la interpretación de las palabras siempre es cuestionable". A pesar de ello, sí reconocen que el grado de confianza y de intimidad entre ambos era muy alto y que el hecho de que fuera el propio conde el censor de las expresiones más subidas de tono denota tal vez una voluntad de "proteger el honor de la reina".

En un momento en el que colapsó el mundo de privilegios aristocráticos en el que vivían, los sentimientos y las emociones se exacerbaron.

Según Michelin, revelar los textos ocultos bajo la censura es más bien una oportunidad para "restaurar la integridad de esta correspondencia y reconstruir la caótica historia de su elaboración y su transmisión". Una ocasión para acercarse a un tiempo convulso y a los sentimientos de los actores que lo vivieron en primera persona y que vieron cómo su viejo mundo de privilegios se desmoronaba. El colapso revolucionario exacerbó los sentimientos y las emociones y las cuestiones políticas se mezclaron con asuntos íntimos, como demuestran las cartas.

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NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

viernes, 16 de octubre de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : LE CORTARON LA CABEZA EN 1793 .- Así le cortaron la cabeza a María Antonieta.......... La pasión por la moda en la era de María Antonieta...

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un reportaje sobre lo que fue la Reina de Francia María Antonieta, esposa del Rey Luis XVI, quien murió en la guillotina un 16 de octubre de 1,793, en la llamada Plaza de la Revolución, en pleno apogeo de la Revolución Francesa.

NATIONAL GEOGRAPHIC- narra : "La mañana del 16 de octubre de 1793 todo París se halla en las calles, en los balcones y en los tejados. María Antonieta, abucheada e insultada, se dirige al cadalso con las manos atadas a la espalda, condenada a morir en la guillotina, a los 37 años de edad, y casi nueve meses después de la ejecución de su marido, el rey Luis XVI. Cae la cabeza de la reina y el verdugo la muestra a la muchedumbre que abarrota la plaza de la Revolución -la actual plaza de la Concordia, donde nace la avenida de los Campos Elíseos- y que grita con furia: ¡Viva la República!


 
La ejecución de María Antonieta fue uno de los acontecimientos más importantes de la Revolución francesa, ocurrida diez meses después de la de su marido, el rey Luis XVI. Se llevó a cabo el día 16 de octubre de 1793 en la plaza de la Revolución, horas después de que su sentencia fuese pronunciada por el Tribunal Revolucionario tras dos días de juicio.                                                              
María Antonieta antes de su ejecución, grabado anónimo (1850).                                     https://es.wikipedia.org/wiki/Ejecuci%C3%B3n_de_Mar%C3%ADa_Antonieta  WIKIPEDIA


Ejecución de María Antonieta. Anónimo, 1793. 16 de octubre de 1793 (37 años)
https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Antonieta_de_Austria
WIKIPEDIA

La reina destronada, tachada de frívola y despilfarradora, fue acusada de los crímenes más degradantes y ejecutada en la plaza de la Revolución, en París

Redacción

16 de octubre de 2018 · 11:15 Actualizado a

 
© FINE ART IMAGES / GTRES

María Antonieta fue uno de los personajes más importantes de la Historia de Francia y de Europa. El 14 de octubre de 1793, la reina destronada, calificada de azote y sanguijuela de los franceses, abandonó su celda y compareció, pálida y fatigada, ante el Tribunal Revolucionario, en La Conciergerie, en París, considerada la antesala de la muerte. La archiduquesa de Austria fue acusada de conspirar contra Francia y de promover intrigas de toda especie, de satisfacer sus caprichos desmesurados arruinando las finanzas del país e incluso de haber mantenido una relación incestuosa con su hijo Luis Carlos, delfín de Francia. Aficionada al teatro y a los grandes bailes, a los juegos de naipes y a la moda, María Antonieta fue odiada por un pueblo acosado por el hambre.

Abucheada e insultada

La mañana del 16 de octubre de 1793 todo París se halla en las calles, en los balcones y en los tejados. María Antonieta, abucheada e insultada, se dirige al cadalso con las manos atadas a la espalda, condenada a morir en la guillotina, a los 37 años de edad, y casi nueve meses después de la ejecución de su marido, el rey Luis XVI. Cae la cabeza de la reina y el verdugo la muestra a la muchedumbre que abarrota la plaza de la Revolución -la actual plaza de la Concordia, donde nace la avenida de los Campos Elíseos- y que grita con furia: ¡Viva la República!

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Europa cambió el 14 de julio de 1789

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La airada población de París se lanzó al asalto de la prisión de la Bastilla, una antigua fortaleza que se había convertido en símbolo del despotismo real. Su caída en manos del pueblo constituyó el vibrante comienzo de la Revolución Francesa.

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La pasión por la moda en la era de María Antonieta

Durante el siglo XVIII, las damas de Versalles y París competían por lucir los vestidos y los complementos más sofisticados

10 de mayo de 2013 · 06:00 Actualizado a

SCALA

El vestido «a la francesa» en el siglo XVIII

En el siglo XVIII se puso de moda entre las aristócratas el «vestido a la francesa», un elaborado diseño que constaba de tres partes: la bata, abierta en su parte delantera y que acababa en cola, la falda y una pieza superior de forma triangular que cubría el torso. El que se muestra aquí, de 1760, se conserva en el Museo de Arte de Los Ángeles.

Erich Lessing / ALBUM

La reina de la moda

María Antonieta marcó el ritmo de la moda en Versalles. En este óleo, por Jacques Gautier, la reina preside una reunión. 1777. Museo de Versalles.

BRIDGEMAN

El refinado arte del abanico

Acabaron por ser auténticas obras de arte. Sobre la seda o el papel sujetado por las varillas de marfil, carey o maderas preciosas, grandes pintores plasmaban refinadas escenas mientras que los orfebres incrustaban piedras preciosas o hacían bordados con hilos de oro y plata. En la imagen, abanico rococó francés. 1730. Museo Czartoyski, Cracovia.

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album les39150916

Historia

La moda de irse de vacaciones en el siglo XVIII

Cuando llegaba el buen tiempo, las familias ricas de Venecia hacían el equipaje para veranear en sus villas de tierra firme

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En una ocasión, José II de Austria comentó que el complicadísimo tocado de su hermana, la reina María Antonieta de Francia, era «demasiado ligero para sostener una corona». Se refería a un sofisticado peinado creado por su peluquero, Léonard, llamado pouf y que consistía en una altísima peluca adornada con todo tipo de artificios. Lo cierto es que el emperador de Austria no andaba demasiado equivocado. La pasión de María Antonieta por la moda fue una de las causas del odio que le profesaron los franceses y de su imagen de mujer frívola y derrochadora.

Pero no sería justo hacer recaer sobre la reina de Francia toda la culpa de la extravagancia o la pasión por la indumentaria que reinó en Versalles. Ya en el siglo XVII, la corte francesa se regía por una escrupulosa ley de la indumentaria que codificaba la forma de vestir para cada ocasión. En los últimos años del reinado de Luis XIV predominaron los vestidos austeros, de colores oscuros, reflejo del rigor moral que quiso imponer el anciano monarca, pero a su muerte todo cambió. Hombres y mujeres se fueron olvidando de los tonos severos, como el negro o el marrón, para decantarse por otros más llamativos.

En lugar del paño se introdujeron telas suntuosas y lustrosas, como el terciopelo, la seda o el brocado. Los vestidos femeninos adquirieron líneas más sueltas y vaporosas, y también más insinuantes. Esta nueva moda fue el reflejo de un cambio cultural más amplio, el de la transición del barroco al rococó, un período este último caracterizado por el espíritu exuberante y excesivo que invadió Versalles y París, «la Corte y la Villa», y que desde allí se exportó al resto de las cortes europeas.

La moda femenina

En el siglo XVIII, la ambición de toda dama que se preciara era impresionar en la corte con su vestido, un empeño en el que la competencia era muy dura. El esplendor y la etiqueta de Versalles no permitían a las grandes damas utilizar el vestido más que una vez; en caso de querer repetir debían introducir obligadamente alguna ligera modificación. El gusto por los trajes femeninos espectaculares se tradujo en la vuelta a las faldas excepcionalmente amplias, sostenidas con un armazón interior. El guardainfante, signo distintivo de la moda española del siglo XVII, diseñado en un principio para ocultar los embarazos, renació en la primera mitad del siglo XVIII en una modalidad francesa, el panier, término que en francés significa «cesta», en referencia a la forma de cesta invertida que tomaba la falda.

El panier –llamado en castellano tontillo– podía alcanzar dimensiones considerables, hasta 5 metros de diámetro. Algo que no dejaba de causar inconvenientes, como el que dos damas no pudiesen pasar a la vez por una puerta o no pudieran sentarse juntas en un carruaje. A diferencia del guardainfante español del siglo XVII, el panier francés desplazaba el volumen de la falda a las caderas, con lo que resaltaba la silueta de la mujer.

A esto también contribuía el uso del corsé, que elevaba el busto, ajustaba el talle y estrechaba la cintura. Iba atado con cintas a la espalda, por lo que una dama de la nobleza precisaba de la ayuda de una sirvienta para vestirse. En cuanto a la ropa interior, las damas solían llevar una larga camisola de tela ligera hasta las rodillas, así como enaguas, que iban desde la cintura a los tobillos.

Los trajes, tanto de damas como de caballeros, solían adornarse con encajes, preferentemente de Chantilly o Bruselas

La variante más conocida de este tipo de moda cortesana fue el llamado «vestido a la francesa», que triunfó en Francia en la década de 1740, de la mano de Madame Pompadour, la favorita de Luis XV. Se caracterizaba por una falda menos exagerada que vestidos anteriores, lo que permitía una mayor movilidad. Madame de Pompadour también puso de moda el uso de volantes y lazos, y gustaba de realzar el cuello con un terciopelo adornado con una flor o una joya. Los trajes, tanto de damas como de caballeros, solían adornarse con encajes, preferentemente de Chantilly o Bruselas, por ser más dóciles y fáciles de trabajar. Las medias, de seda o algodón, se sujetaban con ligas de encaje o seda bordada.

Informalidad y coquetería

En torno a la década de 1760 se introdujeron una serie de vestidos femeninos algo menos formales. Uno de ellos fue la robe à la polonaise, el «vestido a la polonesa», como se lo conoció en España, llamado así porque se puso de moda durante la guerra que Francia sostuvo con Polonia. Era de cuerpo ceñido y se caracterizaba por la falda abullonada por detrás gracias a que podía fruncirse mediante un cordón. Más corto que el vestido a la francesa, dejaba a la vista una enagua y los tobillos, lo que lo hacía más práctico para caminar.

Otro vestido que se puso de moda en Francia fue la robe à l’anglaise, el «vestido a la inglesa», ejemplo del creciente gusto por todo lo inglés entre las clases bienestantes francesas. Este vestido incluía elementos inspirados en la moda masculina, como la chaqueta corta, con amplias solapas y manga larga, tomada del redingote, una prenda a medio camino entre la capa y el abrigo.

En la apariencia de una dama, tan importantes como el vestido en sí eran los accesorios. En cualquier ceremonia oficial las damas debían cubrirse manos y brazos con guantes, si iban sin mangas. Sólo en verano se les permitía utilizar mitones, un tipo de guantes que dejaba al descubierto la mitad de los dedos. Los caballeros, sin embargo, sólo empleaban los guantes cuando salían de viaje. Pero si algún accesorio era importante para cualquier dama era el abanico. Las costumbres licenciosas de Versalles se encubrían con el arte del disimulo y el abanico permitió desarrollar un lenguaje gestual que servía para comunicarse a la hora de la seducción. Por otra parte, hay que señalar que el abanico no era un accesorio exclusivamente femenino. Los caballeros solían utilizar modelos más sobrios, especialmente en las grandes ceremonias.

Cotizadas modistas

Los avances técnicos y los progresos en el ámbito de los tintes favorecieron la iniciativa privada y la creación de numerosas fábricas de medias, sombreros y lencería

No fue frivolidad todo lo que rodeó a la pasión por la apariencia en la Francia del siglo XVII. Por el contrario, al albur de la moda nació una importante industria textil, heredera de las políticas proteccionistas de Colbert, el célebre ministro de Luis XIV. Las llamadas manufacturas reales dieron lugar a una pujante industria sedera en Lyon, mientras los avances técnicos y los progresos en el ámbito de los tintes favorecieron la iniciativa privada y la creación de numerosas fábricas de medias, sombreros y lencería. Baste decir que la manufactura textil de Christophe-Philippe Oberkampf, en Jouy-en-Josas (Yvelines), contaba en 1774 con 900 obreros. Los emprendedores y trabajadores supieron plantar la semilla que hizo de Francia, y más precisamente de París, la capital de la moda europea a lo largo de los siglos XIX y XX.

Entre los profesionales de la moda francesa del siglo XVIII hay que destacar a Marie-Jeanne Bertin, conocida como Rose Bertin (1747-1813). Pionera de la «alta costura» francesa, abrió su propia tienda de modas en París en 1777 y rápidamente se convirtió en la modista preferida de la aristocracia. Su consagración definitiva la debió a la duquesa de Chartres, quien le presentó a María Antonieta. La reina, entusiasmada con sus diseños, le abrió un taller propio en Versalles donde Rose, nombrada «ministra de la moda», creó novedosos modelos para la reina, como el llamado Grand habit de cour.

Su cercanía a la soberana le dio renombre internacional y sus vestidos se exportaron a las cortes de Londres, Venecia, Viena y Lisboa, entre otras. La modista, además, creó unas muñecas que iban ataviadas con sus propios modelos y que o bien se coleccionaban o bien servían para enviarlas a otras cortes europeas, donde a modo de figurines permitían que las damas estuvieran al corriente de la moda francesa y pudieran encargar a Rose Bertin los últimos y más elegantes vestidos.

Para saber más

Historia de la moda. Bronwyn Cosgrave. Gustavo Gili, Barcelona, 2005.

María Antonieta. Stefan Zweig. El Acantilado, Barcelona, 2012.

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