Mostrando entradas con la etiqueta Monarquía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Monarquía. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de octubre de 2021

REVOLUCIÓN FRANCESA: Desvelan el contenido censurado de las cartas de María Antonieta a su "amado" conde sueco Axel von Fersen,....

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la reina María Antonieta de Francia, esposa del rey Luis XVI, tuvo una amorosa correspondencia con un conde sueco llamado Axel von Fersen,  según el testimonio de una fluida correspondencia de cartas entre 1,791 y 1,792, en tiempos de la convulsionado Revolución Francesa; las cartas han sido parcialmente censuradas que se ocultan expresiones apasionadas entre los protagonistas, que gracias a las últimas tecnologías, un grupo de investigadores franceses, han revelado parte del contenido tachado durante dos siglos, que han mostrado expresiones como: "tierno amigo" u "os amo con locura", que parece confirmar la íntima relación que hubo entre ellos...........  ...siga leyendo................

Entre 1791 y 1792, la reina de Francia y el noble Axel von Fersen, mantuvieron una intensa correspondencia que fue parcialmente oculta por un censor desconocido. Ahora, con la ayuda de las últimas tecnologías, un grupo de investigadores franceses ha revelado parte de ese contenido tachado durante dos siglos y han mostrado expresiones como "tierno amigo" u "os amo con locura" que parecen confirmar su íntima relación.








Foto: CRC.

"Mi tierno amigo", "usted a quién amo", "su corazón me ha hecho feliz", "os amo con locura". Todas estas expresiones, que parecen revelar fuertes sentimientos amorosos, fueron escritas hace 230 años por la reina de Francia María Antonieta en una serie de cartas que no iban dirigidas a su esposo, Luis XVI, sino al conde sueco Axel von Fersen, con quien mantenía una profunda amistad. Tan intensa que muchos sostienen que eran amantes.

La reina francesa y el noble sueco mantuvieron un intercambio epistolar entre 1791 y 1792, que guardó Von Fersen y que, a mediados del siglo XIX, sus descendientes decidieron hacer público por su alto valor histórico. Pero ya en ese momento, parte del contenido de las cartas apareció tachado con rizos arremolinados de tinta negra y letras añadidas que impiden ver lo que se escribió debajo. En ocasiones, los bucles tapan pasajes completos de los textos.


Carta escrita por María Antonieta a Axel von Fersen el 26 de septiembre de 1791 en la que se observan una gran cantidad de líneas sometidas a la censura.

Foto: CRC.

¿Qué pone bajo los fragmentos censurados, quién los censuró y por qué lo hizo? Son preguntas que se han hecho los especialistas durante los últimos 150 años y que ahora, parece, pueden ser parcialmente respondidas. Un estudio realizado por miembros del Centre de Recherche sur la Conservation (CRC) de París que acaba de ser publicado en la revista Science Advances ha revelado parte de los fragmentos ocultos en esas cartas. La intensidad de las palabras que la reina dedicaba al noble sueco y permite profundizar en la relación entre María Antonieta y Von Fersen y aporta datos sobre cuándo fue aplicada la censura y quién fue su autor, que no sería otro que el propio conde.

PALABRAS OCULTAS

Las 15 cartas intercambiadas por la reina francesa y el conde sueco están depositadas actualmente en los Archivos Nacionales de Francia y fueron escritas entre agosto de 1791 y junio de 1792, uno de los periodos más convulsos de la ya de por sí convulsa Revolución Francesa. Luis XVI y María Antonieta se encontraban recluidos en el palacio de las Tullerías después de ser detenidos en Varennes-en-Argonne cuando intentaban llegar a los territorios de los Habsburgo disfrazados como aristócratas rusos. Un plan de huida en el que Von Fersen participó activamente.

para saber más

La fuga de Luis XVI y  su captura en Varennes

La fuga de Luis XVI y su captura en Varennes

Leer artículo





Para descubrir las partes ocultas bajo los garabatos de la censura, los autores del estudio, encabezados por la analista del CRC Anne Michelin, han utilizado el método de la fluorescencia de rayos X (RFX por sus siglas en inglés), un escáner que somete a los objetos a un bombardeo de rayos gamma para que éstos emitan rayos X secundarios, o fluorescentes, y obtener así imágenes individualizadas, ya que los distintos materiales reflejan longitudes de onda diferentes. Aplicada al arte, esta técnica permite, por ejemplo, descubrir trazos o dibujos ocultos bajo grandes pinturas.

El escaneo por fluoresncencia de rayos X ha permitido obtener imágenes diferenciadas de la tinta de los tachones y del texto subyacente, lo que ha permitido "borrar" la censura.

En el caso de las cartas de María Antonieta y Axel Von Fersen, el uso de tintas diferentes para la redacción y para la censura ha permitido obtener imágenes individualizadas de cada una y "borrar" los tachones. Cuando un elemento está presente en la tinta del texto original en cantidades mucho mayores que en la de la  censura el contraste es suficiente "para revelar el texto original sin más tratamiento de datos". En la mayoría de los casos, sin embargo, no hay suficiente contraste entre los componentes de las dos tintas, por lo que hay que aplicar "tratamientos de imagen adicionales para mejorar la legibilidad del texto original".


La diferencia entre el cobre usado para componer las tintas de escritura y censura de esta carta permite reconocer en texto censurado: "non pas sans vous" (no sin usted).

Foto: CRC.

Con todo, este tratamiento de imágenes ha logrado revelar las palabras que la censura escondió durante siglos. Así ha aparecido un lenguaje apasionado entre la reina y el conde con palabras y expresiones como "amor", "locamente", "usted a quien yo amo" o "mi dulce amiga" que parecen confirmar la estrecha relación existente entre ambos.

MÁS REVELACIONES

Gracias a esta metodología el equipo encabezado por Michelin ha logrado "eliminar" la censura de ocho de los 15 documentos, en las otras siete cartas, las tintas de redacción y de censura tienen composiciones muy similares, lo que hace imposible "borrar" los tachones mediante la RFX.

Otro aspecto que ha puesto de manifiesto el estudio es que la gran mayoría de las misivas supuestamente escritas por María Antonieta son en realidad copias que hizo el propio Von Fersen de los originales. Esto puede deducirse del análisis grafológico de las letras y del hecho de que las tintas con las que fueron redactadas estas cartas sea la misma que usó Axel von Fersen para escribir las suyas.


Axel von Fersen y María Antonieta retratados por Carl Fredrik von Breda y Élisabeth Vigée Le Brun, respectivamente.

Foto: Wikimedia Commons (CC).

EL CENSOR

La tinta es también un elemento clave para descubrir cuándo fue realizada la censura y quién fue el autor de la misma, que según Anne Michelin fue el propio conde Von Fersen. El noble usó una gran variedad de tintas para escribir sus cartas. Sus componentes varían mucho de unos textos a otros. Pero a partir de diciembre de 1791, la composición se estabiliza y puede decirse que en las sucesivas misivas la tinta es la misma.

Las supuestas misivas escritas por María Antonieta son en realidad transcripciones que hizo el propio Von Fersen, que habría sido el censor de los parajes más comprometedores.

Anne Michelin se dio cuenta que la tinta usada para hacer los tachones coincide sistemáticamente con las tintas de cartas posteriores. Esto es, por ejemplo, la copia de la carta de María Antonieta del 26 de septiembre de 1791 está censurada con la misma tinta que se usó para transcribir la misiva de la reina fechada el 19 de octubre. Así, la censura no se habría realizado inmediatamente después de la escritura, pero sí en un tiempo suficientemente corto como para deducir que la hizo el propio Von Fersen con la misma tinta con la que estaba copiando cartas posteriores.

Esta hipótesis explicaría también porque no se ha podido eliminar la censura de las siete últimas cartas: "la composición de la tinta parece ser la misma desde diciembre de 1791 a mayo de 1792, por lo que las tintas de redacción y censura son idénticas, lo que hace imposible distinguirlos por espectroscopia XRF", señala el estudio.


Comparación de una carta antes y después del tratamiento de imagen. A la derecha, puede leerse, entre otro texto censurado, "que je vous aime à la folie" (que os amo con locura). 

Foto: CRC.

¿AMIGOS O AMANTES?

A la luz de estas ardientes palabras y expresiones la relación íntima parece obvia, pero para los autores del estudio, "leer bajo la censura no permite conocer la verdadera naturaleza de los sentimientos", ya que "la interpretación de las palabras siempre es cuestionable". A pesar de ello, sí reconocen que el grado de confianza y de intimidad entre ambos era muy alto y que el hecho de que fuera el propio conde el censor de las expresiones más subidas de tono denota tal vez una voluntad de "proteger el honor de la reina".

En un momento en el que colapsó el mundo de privilegios aristocráticos en el que vivían, los sentimientos y las emociones se exacerbaron.

Según Michelin, revelar los textos ocultos bajo la censura es más bien una oportunidad para "restaurar la integridad de esta correspondencia y reconstruir la caótica historia de su elaboración y su transmisión". Una ocasión para acercarse a un tiempo convulso y a los sentimientos de los actores que lo vivieron en primera persona y que vieron cómo su viejo mundo de privilegios se desmoronaba. El colapso revolucionario exacerbó los sentimientos y las emociones y las cuestiones políticas se mezclaron con asuntos íntimos, como demuestran las cartas.

para saber más

La invención de la Guillotina durante la Revolución Francesa

La invención de la Guillotina durante la Revolución Francesa

Leer artículo


NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

lunes, 6 de septiembre de 2021

Luis XIV, el dueño de Europa: los ejércitos del Rey Sol

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., sin duda alguna Francia logró el esplendor en toda Europa con el poder de Luis XIV, más conocido como "El Rey Sol", que llegó a tener un poderoso ejército de 400,000 combatientes dispuestos a luchar en todos los frentes.
Luis XIV, estableció la hegemonía francesa que le permitió recuperar zonas de influencia francesa como Flandes y todas sus ciudades florecientes que pertenecían al Rey Católico español, con esa acción bélica demostró a Europa que se imponía la fuerza militar por encima de los formalismos legales, victoria tras victoria la celebraba con pomposas fiestas, el éxito de sus victorias militares fue en establecimiento de un ejército eficazmente disciplinado y bien abastecido, con respeto absoluto a las castas de mando..... siga leyendo..................

Determinado a imponer la hegemonía de Francia en el continente, Luis XIV creó una poderosísima máquina militar, que llegó a reunir 400.000 combatientes dispuestos a luchar en todos los frentes.


El rey marchó a Flandes a una conquista segura [...] Le bastó con presentarse [en la frontera]. Entró en Charleroi como en París; Ath, Tournai fueron tomadas en dos días; Furnes, Armentières, Courtrai, no aguantaron más tiempo. Bajó a la trinchera frente a Douai, que se rindió al día siguiente. Lille, la más floreciente ciudad de esas regiones, la única bien fortificada y con una guarnición de seis mil hombres, capituló después de nueve días de asedio. Los españoles sólo tenían 8.000 hombres para oponer al ejército victorioso, y su retaguardia fue destrozada por el marqués de Créqui. El resto se escondió en Bruselas y Mons, dejando que el rey venciera sin combatir».

Como relató Voltaire en El siglo de Luis XIV, la conquista de Flandes de manos españolas en 1667 fue un paseo triunfal para Luis XIV. En unas pocas semanas su ejército de 50.000 hombres ocupó toda la parte meridional de las provincias de Flandes que pertenecían al Rey Católico. La campaña demostró a toda Europa no sólo la fuerza militar del Rey Sol, sino también su determinación de imponer su ley sin reparar en formalismos legales. Luis apelaba a los supuestos derechos sobre Flandes de su esposa española, María Teresa, y aunque ésta había renunciado a todo derecho sobre los dominios españoles al casarse con Luis, los juristas franceses consideraban que esta renuncia no era válida dado que el rey de España no había pagado la dote convenida para el matrimonio, 500.000 escudos.

La Guerra de Devolución, como fue denominado el conflicto de 1667, sólo fue el inicio. Tras ocupar el ducado de Lorena en 1670, dos años después lanzó la invasión de las Provincias Unidas, donde sus ejércitos se mantuvieron seis años, a la vez que conquistaba otra posesión española, el Franco Condado, que quedó incorporado a Francia en la Paz de Nimega de 1678. Tras ocupar Estrasburgo, en 1683 los ejércitos franceses conquistaban Luxemburgo, y en 1688 emprendían una nueva guerra continental, la Guerra de los Nueve Años (1688-1697), a la que seguiría el último y más destructivo conflicto: la Guerra de Sucesión española. Todo ello con el objetivo, por un lado, de debilitar a los Habsburgo, la dinastía reinante en España y Austria; y, por otro, de extender las fronteras territoriales de Francia hasta sus límites naturales, es decir, hasta el Rin por el este y los Pirineos por el sur.

UN EJÉRCITO NUNCA VISTO

Para llevar a cabo esta política de guerra y expansión territorial Luis XIV contaba sin duda con el ejército más poderoso de Europa. Así se reflejaba en los efectivos que llegó a reunir, que alcanzaron cifras nunca vistas en el continente.


97-022283

El poder del Rey Sol. En este busto, Gian Lorenzo Bernini (1665) representó a Luis XIV como un monarca joven y poderoso, con un aire de grandeza. Museo de Versalles.

Foto: Gérard Blot / RMN.

En 1661 el ejército francés tenía una dimensión más bien modesta, a causa en buena parte del desarme que siguió al final de la guerra con España, sancionado en la paz de los Pirineos(1660). Entonces el rey de Francia contaba con unos 32.000 soldados de infantería (de los que 19.000 eran propiamente franceses), unos 8.400 en compañías francas (es decir, no organizadas en regimientos) y unos 8.500 soldados de caballería; lo que hacía un total de casi 50.000 hombres.

Apenas siete años más tarde, en 1668, estos efectivos se habían quintuplicado: 220.000 soldados de infantería, 60.000 de caballería y 10.000 de las fuerzas selectas de la Casa del Rey. En 1690 la cifra ya se elevaba a un total de 388.000 hombres, que ascenderían a 600.000 si se les suman las fuerzas de milicias y las de la marina. Eran unas cifras de efectivos nunca vistas en Europa, lo que arrastró a las demás potencias a seguir como pudieran esta desenfrenada y costosísima escalada, si no querían dejar de ser consideradas como tales.

EL DINERO, NERVIO DE LA GUERRA

Movilizar eficazmente semejantes masas de hombres requería un ingente esfuerzo por parte del Estado en todos los planos, en primer lugar el financiero. Soldadas, abastecimientos y armamento engullían una proporción enorme de los recursos del Estado. Sabemos que en 1691 nada menos que el 73 por ciento de todos los ingresos públicos de la monarquía francesa iban destinados al ejército, y el 16 por ciento a la marina.

En 1691 nada menos que el 73% de todos los ingresos públicos de la monarquía francesa iban destinados al ejército, y el 16% a la marina.

Semejantes dispendios eran difíciles de soportar incluso para los ministros del rey. En 1674, por ejemplo, Colbert, ministro de Hacienda, dirigió esta advertencia al rey mientras éste dirigía el asedio de Besançon, en el Franco Condado: «He oído decir que Vuestra Majestad ha superado en mucho el dinero acordado para el sitio de Besançon. Estoy obligado a decir a Vuestra Majestad que no podré pagarlo. Os ruego que toméis en consideración la miseria de vuestros pueblos y el mal estado de las cosechas». Pero Colbert poco podía ante las apetencias conquistadoras de su soberano, y tras su muerte en 1683 Luis XIV estuvo aún más libre para gastar sin tasa en sus campañas militares. Ello hizo que, para «alimentar» a este nuevo ejército, el gobierno de Luis XIV hubiera de crear nuevos impuestos, incluidos dos que pretendían gravar los bienes del conjunto de la población, incluida la nobleza y el clero: la capitación, establecida en 1695, y la décima o dixième, de 1710.

Sin embargo, el éxito de los ejércitos de Luis XIV no radicó en las cifras globales de combatientes y de recursos financieros, sino más bien en otro factor: el modelo de organización de las fuerzas armadas. Fue la estructura de mando, la disciplina, el sistema de abastecimiento de provisiones y de armamento y el control completo por parte del Estado de los asuntos bélicos lo que dio a Francia una ventaja decisiva sobre sus rivales y lo que convertiría al ejército francés en un ejemplo para las máquinas militares de los demás países europeos a lo largo de más de un siglo.

para saber más

La "guerra de los espejos" entre Francia y Venecia

La "guerra de los espejos" entre Francia y Venecia

Leer artículo

LA BUROCRACIA DE GUERRA

En esta transformación tuvieron un papel muy destacado los ministros de la guerra del rey. Primero Le Tellier y luego su hijo, Louvois, dos servidores abnegados del rey, se encargaron de remodelar la administración militar de la monarquía, hasta hacer que las tropas francesas fueran consideradas el mejor ejército regular de Europa. Particular importancia tuvo la revisión total de la estructura de mando que se llevó a cabo. En 1675 se promulgó una ordenanza, el Ordre de tableau, por la que se regulaban las promociones dentro de la jerarquía militar, con los privilegios de cada grado y los méritos que había que hacer para cada ascenso. El objetivo era lograr un ejército más profesional, que obedeciera directamente al rey y a sus ministros, acabando con los privilegios nobiliarios; como escribió Voltaire: «Se tuvo en cuenta los servicios, y no los abuelos, algo que no se había visto demasiado hasta entonces». Del mismo modo, se procuró que los empleos de oficiales de baja y media graduación no estuvieran únicamente en manos de los nobles, e incluso se intentó crear una academia militar para garantizar una formación adecuada de los oficiales, aunque la idea no prosperó.













WH33759D

El poderoso ministro de la guerra de Luis XIV, Michel Le Tellier, marqués de Louvois, se encargó de modernizar el ejército, mejorando su equipamiento e infraestructuras. Retrato por P. Mignard. Museo de Bellas Artes, Reims.

Foto: WHITE IMAGES / SCALA.

Desde su cargo de ministro de la Guerra, Lou-vois se ocupaba personalmente del buen orden de las tropas. Así lo muestra una anécdota recogida por una escritora de la época, Madame de Sévigné. En 1689, estando en Versalles, Lou-vois se aproximó al capitán de una compañía, que en vez de cumplir con sus tareas militares prefería alternar con la buena sociedad versallesca, y le dijo: «“Monsieur, vuestra compañía está en muy mal estado”. “Monsieur, no lo sabía”. “Hay que saberlo. ¿La habéis visto?” “No, Monsieur”. “Deberíais haberla visto, Monsieur”. “Monsieur, daré orden de hacerlo”. “Deberíais haberla dado. Hay que decidirse, Monsieur, o hacer de cortesano o cumplir con el deber cuando uno es oficial”».

LAS TROPAS MÁS DISCIPLINADAS

Para vigilar que los oficiales cumplieran con su deber se puso en práctica, ya desde mediados de siglo, un sistema de vigilancia y corrección extraordinariamente estricto. En la cúspide se encontraba el ministro, el secretario de Estado para la Guerra. Éste enviaba a los ejércitos inspectores para que pudieran controlar e informar de cualquier tipo de irregularidad que se pudiera producir. Por debajo de éstos se encontraban los «intendentes del ejército», que tenían unas atribuciones muy amplias en materia de policía y de disciplina y que podían controlar a oficiales de muy alta graduación. En un nivel inferior estaban los «comisarios de guerra», que vigilaban los alistamientos con objeto de impedir los fraudes y supervisaban el acuartelamiento y abastecimiento de las tropas. Louvois reforzó aún más este sistema, con un objetivo bien preciso: imponer la obediencia absoluta de los soldados a sus superiores. Como le escribía en 1673 a un oficial superior: «El rey desea que metáis en prisión o en el calabozo al primero que no os obedezca o que os oponga la menor dificultad».

El uniforme exhibía la correspondiente graduación de cada soldado, lo que también ayudó a la mejor administración militar

Así, se generalizaron las visitas e inspecciones de tropas. También se introdujo el uniforme para los distintos cuerpos armados: en azul, los guardias franceses y los regimientos reales, en rojo los guardias suizos y en gris los demás regimientos de infantería. El uniforme exhibía la correspondiente graduación de cada soldado, lo que también ayudó a la mejor administración militar. No faltaban tampoco las instrucciones para mantener el orden moral entre los soldados, tarea especialmente ardua. Los duelos, el juego y la prostitución debían ser perseguidos rigurosamente. Se amenazó incluso con cortar la nariz y las orejas a las mujeres descubiertas en compañía de soldados a menos de dos leguas del campamento, aunque al final se les hacían tan sólo unas cicatrices que las afeaban y les servían de «señal». Semejante rigor fue totalmente abandonado a partir de 1689.

WH13425D

El general Turenne en la batalla de las dunas, en 1658. Charles Lariviere. 1837. Museo de Versalles.

Foto: WHITE IMAGES / SCALA.

De la misma manera, la administración militar trató de resolver un viejo problema de los ejércitos, el de los suministros, tanto de víveres como de municiones. Anteriormente estas funciones estaban en buena parte en manos de intermediarios y proveedores privados, lo que entrañaba muchos casos de corrupción y abuso. Louvois implantó un estrecho control a través de los comisarios de guerra, que supervisaban la artillería, las municiones, el transporte, las ambulancias, los servicios del cuartel general, etcétera. Por su parte, los intendentes civiles debían cuidarse de proporcionar a los comandantes de campo los suministros fundamentales para la subsistencia de las tropas, y, como ocurría en el plano civil, debían informar directamente a Versalles del desarrollo de las operaciones. Además, en las fronteras se crearon una serie de centros de abastecimiento y de intendencia para alimentar a los trenes de avituallamiento. Todo ello tenía como objetivo impedir que las tropas saquearan los lugares por los que pasaban, con las indeseables consecuencias que eso tenía por los continuos roces con la población civil y las deserciones que se producían cuando los soldados eran encargados de ir a buscar comida.

LA FUERZA DE LOS CAÑONES

Menos novedoso fue el capítulo del armamento utilizado por los ejércitos de Luis XIV. El uso de un nuevo tipo de mosquetón llevó a un aumento considerable de los mosqueteros frente a los piqueros. También se normalizaron los calibres de artillería y se dividieron en tres clases principales: de sitio, de campaña y de regimiento. Asimismo, el desarrollo de la guerra de sitio hizo que cada vez fueran más indispensables los artilleros; así, en 1693, en la batalla de Neerwinden, el ejército francés disponía de cinco veces más cañones que en Rocroi (1643). Hubo igualmente un cambio notable y progresivo en la efectividad de las armas portátiles, y el mosquete de chispa y la bayoneta fueron sustituyendo al mosquete de llave y la pica.

En la década de 1680 Luis XIV había llegado al culmen de su poder.

Fue justamente la guerra de sitio la que propició una importante reforma del sistema de fortificaciones a cargo de los ingenieros militares franceses, en particular el genial Vauban. Desde 1670 a finales de siglo, Vauban hizo edificar imponentes fortalezas concebidas no sólo como instrumentos de defensa, sino también para servir de trampolín a las invasiones de Francia hacia los Estados limítrofes. El modelo llegó con él a su máximo esplendor, y es otra de las claves para entender la pujanza militar única del ejército del Rey Sol.


HEMIS 0266915

La galería de los espejos preside Versalles. Proyectado por el arquitecto Hardouin-Mansart entre 1678 y 1684, el célebre salón de Versalles conmemora en sus pinturas murales, de Le Brun, todas las victorias militares del Rey Sol.

Foto: Bertrand Rieger / GTRES.

Gracias a todas estas reformas de la administración militar, a las imponentes fortificaciones de Vauban y –no hay que olvidarlo– al gran incremento experimentado por la marina organizada por Colbert, en la década de 1680 Luis XIV había llegado al culmen de su poder. La imagen propagandística de un monarca siempre triunfante, que celebraba con pomposos tedeums y toda clase de fiestas y de fuegos artificiales cada victoria militar, por pequeña que fuera, no parecía totalmente exagerada. Pero los temores que esta supremacía militar absoluta generaba en sus vecinos pronto llevaron a una reacción. Primero, mediante la liga antifrancesa de Augsburgo de 1686, prácticamente toda Europa se puso enfrente del Rey Sol hasta obligarlo a ceder sus últimas conquistas en la paz de Ryswick de 1697. Luego, la guerra de Sucesión española mostró que, ante la nueva pujanza de Inglaterra, los destellos del Rey Sol no asegurarían eternamente la hegemonía francesa en Europa.

para saber más

El proceso de Luis XVI

El proceso de Luis XVI

Leer artículo




NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

lunes, 19 de julio de 2021

BLOODY MARY: María Tudor, la reina sangrienta

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la monarquía inglesa, a pasado por muchas etapas desde el inicio de la toma de posición por la reforma anglicana, hasta la restauración de la fe católica que fue posible gracias a la toma del poder de María Tudor, hija del rey Enrique VIII y Catalina de Aragón, ella tomó el nombre de María I de Inglaterra, se casó con Felipe II de España, no tuvieron hijos.
Durante el corto periodo de 5 años de poder, se realizó una caza de más de 280 disidentes que fueron condenados a la hoguera, en las llamadas persecuciones marianas, sus opositores protestantes la llamaron "María la sanguinaria", murió el 17 de noviembre de 1,558.


Tras vivir marginada durante su juventud, con 37 años subió al trono de Inglaterra y se casó con Felipe II de España. Pero su breve reinado dejaría un amargo recuerdo por el que sería recordada en la historia.








María I de Inglaterra

María Ib​ (18 de febrero de 1516-17 de noviembre de 1558) fue reina de Inglaterra e Irlanda desde el 6 o 19 de julioa​ de 1553 hasta su muerte. Es conocida por su intento de abrogar la Reforma anglicana, que había comenzado durante el reinado de su padre, Enrique VIII. Las ejecuciones que marcaron la restauración del catolicismo en Inglaterra e Irlanda suscitaron que sus opositores protestantes la apodaran «María la Sanguinaria» (Bloody Mary en inglés).9​

Fue la única hija de Enrique VIII con su primera esposa —Catalina de Aragón— en sobrevivir hasta la edad adulta. Su medio hermano Eduardo VI —hijo de Enrique VIII y Juana Seymour— sucedió a su padre en 1547 a la edad de nueve años. Cuando Eduardo VI enfermó de muerte en 1553, intentó sacarla de la línea de sucesión porque supuso que daría marcha atrás a las reformas protestantes que habían comenzado durante su reinado y las de su padre. A su muerte, los principales políticos trataron de proclamar a Juana Grey reina de Inglaterra. María reunió a sus seguidores en Anglia Oriental y depuso a Juana I, quien tiempo después fue decapitada.

Fue la primera soberana de Inglaterra por derecho propio, excluyendo los disputados reinados de Matilde I y Juana I. En 1554 contrajo matrimonio con el príncipe Felipe de España, convirtiéndose en reina consorte de la Monarquía Hispánica al ascenso al trono de su marido en 1556, si bien nunca visitó España. El matrimonio fue recibido con una revuelta popular organizada por Thomas Wyatt, quien buscaba derrocarla en favor de su media hermana Isabel —hija de Enrique VIII y Ana Bolena—; sin embargo, el levantamiento fracasó e Isabel fue recluida en la Torre de Londres.

Durante su reinado de cinco años, más de 280 disidentes religiosos murieron quemados en la hoguera en las llamadas persecuciones marianas. María no tuvo hijos y padeció dos embarazos psicológicos, uno en 1554 y otro en 1557, que la ridiculizaron en Europa. Solo a pocos días de su fallecimiento, en 1558, reconoció a su media hermana como su sucesora. Después de su muerte, el restablecimiento del catolicismo en el país fue revertido por Isabel I, al comienzo de su reinado de 45 años, que clausuró la época Tudor.

https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_I_de_Inglaterra

WIKIPEDIA.

La vida de María Tudor estuvo marcada, desde un principio, por la fatalidad. Sus padres, Enrique VIII y Catalina de Aragón, habían esperado un varón que asegurara la sucesión al trono, pero María fue la única hija que tuvieron. Once años después del nacimiento de María —que se produjo el 18 de febrero de 1518—, y al no poder garantizar su descendencia, Enrique VIII pidió a Roma la cancelación de su matrimonio con Catalina. Pero el Papa se negó, por lo que Enrique VIII optó por contraer matrimonio con Ana Bolena, con la que tuvo a la futura Isabel I.

La separación de sus padres le ocasionó a María Tudor un gran pesar y frente al dilema de seguir el protestantismo de su padre o inclinarse por la fe católica de su madre, decidió mantenerse fiel a su madre. En 1533 tuvo que renunciar al título de princesa y un año después una nueva ley del Parlamento inglés la despojaba de la sucesión en favor de la princesa Isabel. María, por su parte, continuó apoyando a su madre.

La ejecución de Ana Bolena en 1536 mitigó el ambiente enrarecido, pero la nueva esposa de Enrique VIII, Juana Seymour, logró que María capitulara y jurara las nuevas leyes religiosas. Ante la posición religiosa adoptada por Inglaterra, los acontecimientos no se hicieron esperar: la Torre de Londres se llenó de prisioneros que desobedecían el régimen impuesto.

Fruto del matrimonio entre Enrique VIII y Juana Seymour nació Eduardo, que fue designado el heredero de la corte. Pero Eduardo VI murió en 1553 y María ocupó el trono, con el deseo de ser fiel a la religión de su madre; un gesto de esperanza para los católicos ingleses. María se fijó en el príncipe Felipe —hijo de Carlos V— y tras muchas dificultades finalmente el Parlamento aprobó la boda en abril de 1554.


El matrimonio transcurrió en un clima sosegado entre abril de 1554 y 1555, pero entonces María emprendió una feroz represión contra todos aquellos contrarios a la reinstauración del catolicismo, condenando a la hoguera a 273 personas. La historiografía protestante posterior no iba mal encaminada cuando decidió apodar a la reina como Bloody Mary, "la sangrienta María".



NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

Mi lista de blogs