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Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la ciencia avanza y ya es posible el nacimiento de un bebé con tres padres genéticos, donde el embrión tiene el ADN del padre y de su madre y una pequeña porción de código genético de un donante, que es un procedimiento genético conocido como "Embrión de 3 padres", que los padres hicieron muchos intentos para concebir, pero no era posible por que la madre era portadora del Síndrome de Leigh, un mal genético que ataca al sistema nervioso. "De ese modo, la técnica aprobada en Reino Unido denominada transferencia pronuclear, consiste en fecundar dos óvulos diferentes; el de la madre por un lado, y por otro el de la donante. Una vez se produce la fecundación, durante las primeras fases embrionarias, se procede a la sustitución del núcleo de la donante por el de la madre, logrando así que el embrión pueda terminar su formación sin peligro de contaminarse con la carga genética del ADN mitocondrial portador de la enfermedad, evitándose así la transmisión de esta a la descendencia...." ...siga leyendo...............
El bebé tiene el ADN de su padre y de su madre, más una pequeña cantidad de código genético de una donante, lo que le convirtió en 2016 en el primer ser humano con tres padres genéticos.
John Zhang sostiene al bebé en el momento de su nacimiento
Editor y periodista especializado en ciencia y naturaleza
28 de septiembre de 2016, 16:42 | Actualizado a
Se trata de un niño de cinco meses de edad y es el primer bebé nacido gracias a un procedimiento reproductivo conocido como “embrión de los 3 padres”, una técnica pionera cuyos resultados han sido publicados en la revista New Scientist.
Según informa SINC, sus progenitores, de origen jordano, llevaban más de 20 años tratando de tener descendencia, sin embargo la enfermedad de la que era portadora su madre, una afección mortal que ataca al sistema nervioso conocida como Síndrome de Leigh, imposibilitaba a la pareja concebir un hijo sano.
La aplicación de esta nueva técnica, aprobada tan solo legalmente en Reino Unido desde 2015, fue llevada a cabo por John Zhang y su equipo de investigadores del Centro de Fertilidad de Nueva Esperanza de Nueva York en el país vecino, México, donde no existe legislación al respecto.
Esta técnica permite que padres con mutaciones genéticas raras tengan bebés sanos incorporando el ADN de un tercer progenitor para librarlo de la enfermedad de la que alguno de los primeros es portador.
En este caso, los genes responsables del Síndrome de Leigh se encuentran localizados en el ADN mitocondrial, localizados en unos orgánulos celulares que se encuentran en el citoplasma celular que reciben el nombre de mitocondrias.
De ese modo, la técnica aprobada en Reino Unido denominada transferencia pronuclear, consiste en fecundar dos óvulos diferentes; el de la madre por un lado, y por otro el de la donante. Una vez se produce la fecundación, durante las primeras fases embrionarias, se procede a la sustitución del núcleo de la donante por el de la madre, logrando así que el embrión pueda terminar su formación sin peligro de contaminarse con la carga genética del ADN mitocondrial portador de la enfermedad, evitándose así la transmisión de esta a la descendencia.
“En este caso la técnica ha contado una pequeña variante”
En este caso la técnica ha contado una pequeña variante, ya que por su condición religiosa, los progenitores se oponían a la destrucción –necesaria- de uno de los embriones. Para ello se procedió a la extracción del núcleo de la madre y a su inserción en el óvulo de la donante previa fecundación.
Tras 5 intentos en los que los embriones resultaron inviables, finalmente los médicos lograron que un sexto se desarrollara con normalidad. Este fue implantado en el útero de la madre con el resultado, 5 meses después, del nacimiento de un bebe completamente sano.
El síndrome de Leigh es una condición neurológica degenerativa hereditario rara. Por lo general comienza en los bebés entre las edades de tres meses y 12 meses, a menudo después de una infección viral. En raras ocasiones, comienza en adolescentes y adultos. Los signos y síntomas suelen progresar rápidamente y pueden empeorar durante cualquier infección viral. Los primeros síntomas son la falta de succión en los bebés y la pérdida de control de la cabeza y de los movimientos voluntarios. Estos síntomas pueden ser acompañados de pérdida de apetito, vómitos, irritabilidad, llanto continuo y convulsiones. [1] A medida que la enfermedad progresa, los síntomas incluyen debilidad generalizada, falta de tono muscular, espasticidad, trastornos del movimiento, incapacidad para coordinar el equilibrio, la marcha o los movimientos de los ojos (ataxiacerebeloso) y neuropatía periféricacon episodios de acidosis láctica , que puede conducir a un deterioro de la respiración, del corazón y de la función renal. En algunos casos hay un aumento en el tamaño del músculo cardíaco (cardiomiopatíahipertrófica).
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., un grupo de científicos brasileños, ha culminado un estudio de la manera como se reproducen los anfibios, llegando hasta 74 formas diferentes que van desde los huevos, renacuajos, larvas y animales desarrollados pero en miniatura...."¿Cómo nacen los anfibios? Querido lector, si usted se está haciendo esta pregunta se acaba de meter de lleno en un auténtico berenjenal. Los anfibios son algunos de los seres que cuentan con un mayor número de estrategias reproductivas. Desde ranas marsupiales como Fritziana goeldii que cargan sus huevos en la espalda y depositan los renacuajos en tallos de bambú, donde las crías completan su desarrollo; hasta huevos que eclosionan con seres completamente desarrollados e idénticos a los adultos, pero en miniatura. Cuando hablamos de la reproducción de los anfibios las posibilidades son tan variopintas como las diferentes configuraciones de un caleidoscopio....." ...siga leyendo.....
Décadas de investigación han culminado en un estudio que ha analizado la variedad de estrategias reproductivas de los anfibios, describiendo hasta 74 formas diferentes en que sus huevos y larvas pueden desarrollarse .
Las ranas marsupiales como Fritziana goeldii cargan sus huevos a la espalda y depositan a los renacuajos en las plantas de bromelia o en los tallos del bambú.
Foto: Edelcio Muscat
¿Cómo nacen los anfibios? Querido lector, si usted se está haciendo esta pregunta se acaba de meter de lleno en un auténtico berenjenal. Los anfibios son algunos de los seres que cuentan con un mayor número de estrategias reproductivas. Desde ranas marsupiales como Fritziana goeldii que cargan sus huevos en la espalda y depositan los renacuajos en tallos de bambú, donde las crías completan su desarrollo; hasta huevos que eclosionan con seres completamente desarrollados e idénticos a los adultos, pero en miniatura. Cuando hablamos de la reproducción de los anfibios las posibilidades son tan variopintas como las diferentes configuraciones de un caleidoscopio.
La buena noticia es que ahora un equipo de investigadores de las universidades brasileñas de Campinas -UNICAMP- y São Paulo -UNESP-, acaban de publicar un artículo que bajo el título A revised classification of the amphibian reproductive modes, recopila décadas de datos para proponer un nuevo y novedoso sistema para clasificar las estrategias reproductivas de anuros -ranas y sapos- salamandras, tritones y cecilias. Así, del trabajo publicado en la revista especializada Salamandra, se desprende que los huevos y larvas de los anfibios pueden desarrollarse de al menos 74 formas diferentes.
Los huevos y larvas de los anfibios pueden desarrollarse de al menos 74 formas diferentes
“La clasificación anterior comprendía solo anfibios anuros y apuntaba a la existencia de 39 variantes reproductivas. Este ya es un número impresionante, y mucho mayor que el de otros vertebrados, como reptiles, mamíferos y aves, pero aún no refleja la enorme diversidad reproductiva de este grupo de animales en su totalidad”, cuenta Luís Felipe Toledo, profesor en el Instituto de Biología de la Universidad de Campinas y coautor del estudio.
Un auténtico Kamasutra anfibio
Para llevar a cabo su trabajo, los investigadores analizaron las estrategias reproductivas de 2171 especies distintas de anfibios, lo que abarca al menos el 80% de las familias de estos animales conocidas en todo el mundo. De entre todos ellos, los anuros, con 7315 especies conocidas y de las cuales 2012 se encontraban representadas en el estudio, son el subgrupo más diverso. Entre ellos se encontró que tenían 71 modos distintos de reproducirse, de los cuales 56 eran exclusivos para la clase.
Pero además de por su diversidad, la gran capacidad de movimiento que exhiben los anuros entre ambientes terrestres y acuáticos es lo que ha conducido al desarrollo de una amplia gama de estrategias reproductivas. Por ejemplo, en varias especies de la familia Pipidae, las hembras cargan sus huevos en el lomo hasta que las crías eclosionan completamente listas para la vida en un ambiente acuático, saltándose la etapa de renacuajo, lo que se conoce como desarrollo directo.
En el caso de las ranas incubadoras o marsupiales -género Fritziana-, las hembras, que son arborícolas, también llevan sus huevos en el lomo, depositándolos en este caso en el agua acumulada los cálices de bromelia o en tallos de bambú. Allí los huevos eclosionan y las larvas terminan de desarrollarse en estos ambientes acuáticos "privados".
Rana de boca estrecha de Matang - Microhyla borneensis
Foto: IStock
Por su parte, Hylodes japi, una rana endémica de Serra do Japi, en el estado de São Paulo, pone sus huevos en una cámara submarina que construye sobre el lecho de pequeños arroyos. Anteriormente, solo se había visto a los peces hacer algo similar. Y algunas especies como Scinax alcatraz, Microhyla borneensis o Rhinella castaneotica -el sapo Para- anidan en bromelias, plantas carnívoras e incluso cápsulas de nueces de Brasil en el suelo de la selva amazónica.
Diversidad, adaptación y cambio climático
“El estudio tiene impactos en varias áreas, como la historia natural y el comportamiento animal, por supuesto, pero también en nuestra comprensión de la evolución de los anfibios" cuenta Célio Fernando Baptista Haddad, profesor del Instituto de Biociencias de la Universidad Estatal de Sao Paulo, en Rio Claro, y también coautor del artículo. "Creemos que contribuirá a la conservación y la ecología, ya que muestra cómo las especies de anfibios pueden ser dependientes de ciertos hábitats e incluso de ciertas especies de plantas", continúa. "La desecación de un estanque o la extinción de una bromelia, por ejemplo, puede significar el fin de algunas especies de sapos", añade el investigador, también autor de la anterior clasificación de los modos reproductivos de los anuros, publicada en 2005.
Y es que, respecto al cambio climático, algunas especies se adaptan mejor a la hora de desarrollar sus estrategias reproductivas. Por ejemplo, Physalaemus spiniger, una rana endémica de Brasil, cuenta con al menos tres modos de reproducción. Dependiendo de las condiciones locales, desova en estanques, en el suelo del bosque húmedo o en las bromelias. "Esta plasticidad debería ser una ventaja para adaptarse al cambio climático", añade Baptista. "Si los estanques se secan o desaparecen las bromelias, la especie puede sobrevivir cambiando de modus operandi". La mayoría de las especies, sin embargo, solo usan uno de los otros 74 modos y muchas de ellas se consideran amenazadas o en peligro de extinción debido al cambio climático.
Dime cómo te reproduces y te diré qué anfibio eres
La nueva clasificación se basa en 11 rasgos reproductivos. Por ejemplo, si la metamorfosis se produce antes o después de la eclosión de los huevos, o si los mismos huevos se depositan en nidos de espuma o de burbujas, entre otros. Los huevos pueden desarrollarse en el cuerpo de uno de los padres o pueden depositarse en entornos acuáticos, como ríos, arroyos, estanques, lagos y cálices de flores o plantas, o entornos terrestres, como rocas, laderas e incluso montículos de termitas.
Sapo de la familia Brachycephaloidea
Las especies de Brachycephalus son sapos diminutos, a menudo amarillos y anaranjados. Tienen solo tres dedos en cada pie y dos en cada cada mano.
Foto: iStock
El modelo también considera el sistema de alimentación de la progenie. Por ejemplo, las cecilias Boulengerula taitanus y Siphonops annulatus, alimentan a sus crías con su propia piel. “La diversidad del modo reproductivo es el resultado de presiones selectivas como la competencia y la depredación”, comenta Toledo. “Un estanque es un entorno muy peligroso lleno de depredadores como peces, larvas de libélulas y otros renacuajos carnívoros. Cuando una especie puede desovar fuera del estanque, en una hoja que cuelga, por ejemplo, los huevos pueden escapar de todos estos depredadores acuáticos y los renacuajos caen al agua cuando están listos para enfrentarse al mundo".
Algunas especies también se saltan la etapa larvaria y nunca abandonan la tierra firme durante su ciclo de vida. Es el caso algunos representantes de la superfamilia Brachycephaloidea, la cual comprende más de 1.100 especies, incluido el sapo calabaza, Brachycephalus rotenbergae, y donde la mayoría de los representantes de la familia son desarrolladores directos, es decir, las crías nacen como adultos en miniatura, listas para vivir en el suelo del bosque.
A la luz de esta diversidad y sus constantes descubrimientos, los investigadores son conscientes de que los resultados del estudio no son definitivos. Muy al contrario, el trabajo es una puerta abierta a nuevos descubrimientos y descripciones de métodos reproductivos no solo en anfibios, sino también en otros vertebrados. La idea es que el sistema próximamente empiece a incluir peces, reptiles, mamíferos y aves en este tipo de clasificación, y que en el futuro se agreguen nuevos grupos y modos de reproducción.
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Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, ha elaborado un amplio reportaje sobre los Pulpos, catalogados como los reyes del camuflaje; los machos son capaces de perder la vida en aras de la reprodución. Los cefalópodos aparecieron en La Tierra hace más de 500 millones de años, lo hicieron antes que los peces.
Los cefalópodos se cuentan entre los primeros depredadores que cazaban en los mares de antaño. Aparecieron hace más de 500 millones de años, mucho antes que los peces.
Los machos de estos pulpos pierden su vida en aras de la procreación. Todo sea por una buena causa.
Pulpo argonauta
Foto: Marevision/Age Fotostock
Eva van den Berg
Los machos de los argonautasson pulpos de apenas unos centímetros de longitud. Apenas miden el 10% del tamaño de las hembras de su especie y carecen de la delicada concha cálcica que ellas segregany que contiene unas bolsas de aireque les permite ascender y descender en la columna de agua, a la vez que sirve de espacio donde incubar los huevos. Como es obvio, esa gran diferencia de tamaño es todo un problema a la hora de aparearse. Pero los designios de la evolución son inescrutables y el pequeño pulpo argonauta ha logrado ingeniárselas para conseguirlo.
La estrategia es la siguiente: los machos cuentan con un tentáculo tuneado que hace las veces de órgano copulador masculino. Se trata concretamente del tercer brazo, que está adaptado para almacenar los espermatozoides. Así, cuando una hembra está a tiro, el macho se desprende de su hectocótilo (así se llama este tentáculo-pene), que se agita como un gusano y penetra en el saco de los huevos de la hembra para fertilizarlos. O no, porque ella puede almacenar unos cuantos hectocótilos en su interior, por lo que la paternidad es difícil de atestiguar.
No hace tanto que se conoce la funcionalidad de tal tentáculo. El zoólogo francés Georges Cuvier, quien documentó por primera vez la presencia de un hectocótilo en una hembra de este tipo de pulpos, pensó que se trataba de un gusano parásito, al que bautizó en 1829 como Hectocotyle octopodis, de ahí su nombre. La funcionalidad del hectocótilo se ha podido deducir tras estudiar a las hembras, que viven en agrupaciones en mar abierto, y observar a los machos muertos. Y es que estos pierden la vida cuando sueltan su miembro. Hasta el momento aún no se ha visto ningún ejemplar vivo. Dura y breve vida la del pulpito argonauta; pero no estéril: cada puesta de una hembra se compone de miles de huevos
SEXO
PULPOs
REPRODUCCIÓN
Pulpos, maestros del camuflaje
Los cefalópodos se cuentan entre los primeros depredadores que cazaban
en los mares de antaño. Aparecieron hace más de 500 millones de años,
mucho antes que los peces.
Pulpo pálido
El pulpo pálido Octopus pallidus, vive en las aguas del sudeste de Australia, de las que emerge por la noche para alimentarse de crustáceos.
Foto: David Liitschwager
Pulpo capricornio
Un pulpo capricornio se impulsa
utilizando los múlsculos de su mano para forzar el agua a través del
hiponome, o sifón, un embudo tubular visible debajo del ojo, que al
expulsar el agua hace que se desplace con gran rapidez.
Foto: David Liittschwager, tomada en Queensland Sustainable Sealife, Australia
Pulpo sureño de anillos azules
El pulpo sureño de anillos azules (Hapalochlaena maculosa), es lo bastante potente como para matar a una persona.
Foto: David Liittschwagger, tomada en Pang Quong Aquatics, Victoria, Australia.
Maestros del camuflaje
Verdaderos maestros del camuflaje,
los pulpos alteran rápidamente su aspecto para confundirse con el
entorno. Las motas de este pulpo capricornio, Callistoctopus alpheus, son en realidad células llenas de pigmento. Si las abriera todas, el animal se volvería de color rojo con lunares blancos.
Foto: David Liittschwager, tomada en Queensland Sustainable Sealife, Australia
Un sistema nervioso complejo
El sistema nervioso del pulpo común, Octopus vulgaris,
es muchísimo más grande y complejo que el de la mayoría de los
invertebrados. ¿Es capaz de pensar? ¿Tiene conciencia, tal como sugieren
algunos científicos y filósofos? ¿Cómo podemos saberlo?
Foto: David Liittschwager, tomada en Florida Keys Marine Life
Pulpo maravilla
Una extraordinaria diversidad de pulpos habita en nuestros océanos, desde los trópicos hasta los polos. Wunderpus photogenicus, el pulpo maravilla, vive en las aguas cálidas y someras del Indo-Pacífico.
Foto: David Liittschwager, tomada en el Laboratorio de Caldwell, Universidad de California en Berkeley
Pulpo rojo del Pacífico
Un pulpo rojo del pacífico, Octopus rubescens,
muestra sus ventosas, cada una de las cuales controla de forma
independiente: puede doblarse y retorcerse para proporcionar no solo
succión, sino también una fuerza formidable y una destreza sorprendente.
Foto: David Liittschwager
Crecimiento rápido
Muchos pulpos jóvenes, como este gran pulpo azul en estadio juvenil, Octopus cyanea, crecen con enorme rapidez.
Foto: David Liittschwager, tomada en Dive Gizo, Islas Salomón
Sin la ayuda de la madre
Esta hembra, de una especie que los
científicos aún no han descrito, cuida de sus huevos. Poco después de
que estos eclosionen, ella morirá: en la mayoría de las especies de
pulpos, las hembras solo se reproducen una vez en la vida. Esto
significa que las crías tienen que valerse por sí mismas desde el primer
momento.
Foto: David Liittschwager, tomada en el LAboratio de Caldwell, Universidad de California en Berkeley
Olivia Judson
Pulpos, maestros del camuflaje
Estás sentado en el fondo marino, frente a la costa de la isla indonesia de Lembeh. El lugar no está a gran profundidad –unos cinco metros más o menos– y hay muchísima luz. Como es de esperar en un mar tropical, el agua está templada.
La fina arena gris que te rodea presenta ondulaciones y está cubierta
en algunas zonas de una capa verdosa. A medida que vas explorando, te
fijas en una caracola. La concha es sólida y tiene seis puntas gruesas.
Es posible que su creador esté dentro. O quizás haya muerto hace tiempo y
ahora pertenezca a un cangrejo ermitaño. Te pica la curiosidad y le das
la vuelta. Ves una hilera de ventosas y un par de ojos.
Se trata de un pulpo. Concretamente de un ejemplar de Amphioctopus marginatus, también conocido como pulpo del coco. El nombre proviene de su costumbre de esconderse dentro de una cáscara de coco
(a veces incluso la recoge y la transporta consigo para usarla como
refugio en casos de emergencia). En realidad le sirve cualquier cáscara o
concha grande, como esta caracola.
El pulpo está sujetando con unas pocas ventosas las dos valvas de una almeja. Mientras lo observas, las deja caer y eleva un poco el cuerpo.
Da la impresión de que está valorando la situación. Tú te quedas quieto
como una estatua. Al cabo de un instante el animal sale de la concha. Su cuerpo es del tamaño de tu dedo pulgar y sus brazos, unas tres veces más largos.
A medida que avanza hasta la arena, se vuelve del mismo tono gris
oscuro que esta. ¿Se está yendo? No. Extiende unos cuantos brazos sobre
la arena y el resto sobre la concha. De un solo tirón, le da la vuelta y
se mete dentro.
No quieres molestarlo más y estás a punto de marcharte, pero de repente adviertes que ha habido un ligero movimiento. El pulpo ha expulsado un chorro de agua para retirar la arena que hay debajo del borde de la concha. Ahora hay un pequeño hueco entre la concha y el fondo marino, por el que vuelven a aparecer sus ojos. Te acercas a él, y por un momento os miráis fijamente. De todos los invertebrados –los animales que no tienen columna vertebral– los pulpos son los que más se nos parecen. En
parte por la manera en que te devuelven la mirada, como si estuvieran
escrutándote. (Esto también los diferencia de muchos vertebrados: la
mayoría de los peces
nunca te mira a los ojos). Y en parte por su destreza. Tienen ocho
brazos cubiertos de cientos de ventosas que les permiten manipular
objetos; pueden abrir la concha de una almeja, desmontar el sistema de
filtración de un acuario o desenroscar la tapa de un bote. Estas
habilidades los distinguen de mamíferos como los delfines, los cuales, aun con toda su inteligencia, están limitados por su anatomía y no pueden desenroscar nada.
Por otro lado, parecen tan alienígenas como cualquier extraterrestre que puedas imaginar. Para
empezar, tienen tres corazones y la sangre azul. Cuando se sienten
amenazados, lanzan un chorro de tinta y huyen propulsados en otra
dirección. No tienen huesos. Las únicas partes duras de su cuerpo son una especie de pico córneo parecido al de un loro, y el cartílago que les protege el cerebro. Esto
hace que les resulte muy fácil escurrirse por grietas diminutas, una
habilidad que les permite escapar –como si del mismísimo ilusionista Houdini
se tratara– de cualquier acuario que no esté especialmente diseñado
para ellos. No solo pueden mover cualquiera de sus ventosas de forma
independiente, sino que cada una de ellas está cubierta de receptores
gustativos (imagina que tu cuerpo estuviera cubierto de cientos de
lenguas). En la piel tienen células que perciben la luz. Y lo más paranormal de todo… Bueno, vayamos por partes. Primero, conozcamos a otro pulpo.
Estás en un despacho pequeño y sin ventanas del Museo de Historia Natural de Londres. Frente a ti, sobre un escritorio abarrotado de carpetas, hay una losa de piedra de grano fino y tono pálido. A tu lado, Jakob Vinther, un fornido danés de pelo rubio y barba pelirroja, está señalándola.
«Eso que ves ahí es el depósito de tinta –aclara Vinther, experto en invertebrados fósiles de la Universidad de Bristol, en Gran Bretaña–. En realidad es pigmento, melanina preservada químicamente».
Te acercas para mirarlo. La piedra tiene claramente impresa la silueta
de un pulpo. No es excesivamente grande: en vida, el animal hubiera
medido tal vez unos 25 centímetros de largo. Puedes seguir el contorno
del manto, la estructura en forma de saco que una vez albergó sus
branquias, corazones y demás órganos vitales. Y esa mancha oscura
situada ahí en medio es el depósito de tinta. Los brazos cuelgan hacia
abajo, sueltos, cada uno marcado con varias filas de círculos. «Y esas pequeñas estructuras redondas son las ventosas», dice Vinther.
De todos los invertebrados –los animales que no tienen columna vertebral– los pulpos son los que más se nos parecen.
Es raro hallar un fósil de pulpo, ya que los animales de cuerpo blando no suelen dejar ningún rastro. Este tiene unos 90 millones de años de antigüedad, lo cual lo convierte en uno de los pulpos más antiguos que se conocen. Vivió alrededor de 25 millones de años antes de la extinción de los dinosaurios. «Proviene
de una localidad libanesa donde se han encontrado todo tipo de
criaturas de cuerpo blando en excelente estado de conservación»,
explica Vinther. Lampreas, gusanos de fuego… Todos sepultados en el lodo
fino y calcáreo del fondo de un mar desaparecido hace mucho tiempo.
Los pulpos pertenecen a la clase cefalópodos. Esta palabra, compuesta de las voces griegas para «cabeza» y «pie», hace
referencia a su peculiar anatomía, en la cual los brazos están
directamente unidos a un lado de la cabeza, mientras que el «tronco» –el
manto con aspecto de saco– está al otro. Los cefalópodos, a su vez, son un tipo de molusco, filo que incluye a caracoles, babosas, almejas y ostras.
Los cefalópodos se cuentan entre los primeros depredadores que cazaban en los mares de antaño.
Aparecieron hace más de 500 millones de años, mucho antes que los
peces, como resultado de la evolución de un pequeño animal con una
concha parecida al sombrero de una bruja. De hecho, si
retrocediéramos en el tiempo 450 millones de años, encontraríamos que
algunos de los depredadores más feroces de los océanos eran cefalópodos
con concha. Algunos eran enormes: la concha de Endoceras giganteum, extinguido hace mucho tiempo, pudo haber medido más de cinco metros de largo.
En la actualidad hay más de 750 especies conocidas de
cefalópodos, entre las que se incluyen unas 300 de pulpos, una gran
variedad de calamares y sepias (ambos con 10 extremidades) y unas pocas especies de nautilos, un animal muy peculiar que tiene 90 tentáculos y vive dentro de una concha.
Los pulpos actuales forman un grupo muy heterogéneo. El pulpo gigante del Pacífico, Enteroctopus dofleini,
es, como su nombre indica, gigantesco. Cada brazo de un ejemplar grande
puede alcanzar los dos metros de largo, y el animal entero puede pesar
más de 100 kilos. Otros, como el pulpo pigmeo, Octopus wolfi,
son diminutos y pesan menos de 30 gramos. Algunos poseen un manto muy
pequeño y unos brazos larguísimos; otros están más proporcionados.
La mayoría se desplaza entre corales, lodo o arena, y solamente nadan
para ir de un lugar concreto a otro o escapar de un depredador, pero a
algunos les da por desplazarse con las corrientes marinas. Pueden verse
pulpos desde los trópicos hasta los polos, desde los arrecifes de coral hasta las llanuras mareales arenosas, desde las pozas intermareales hasta la zona abisal. Eso, si eres capaz de avistarlos, claro está.
En Lembeh la mañana es clara y soleada. Estás nadando por encima de un arrecife poco profundo. Tu guía, un hombre llamado Amba, hace una señal con la mano indicando que ha visto un pulpo. Uno grande. ¿Dónde? Echas un vistazo a tu alrededor. No
ves ninguno. Solo rocas cubiertas de coral y esponjas de distintos
colores. Amba gesticula con insistencia: ¡un pulpo grande! Miras hacia
donde él señala. No, nada. Esperas y miras de nuevo. Aquella zona oscura
de coral aterciopelado, esa que está allí. No es un coral. Se trata de
un gran pulpo azul, Octopus cyanea. Parece mentira que no lo hayas visto antes: es grande como un plato.
Los pulpos y las sepias que viven en aguas someras y cazan durante el día son los campeones mundiales del engaño.
Los pulpos y las sepias que viven en aguas someras y cazan durante el día son los campeones mundiales del engaño. Esta habilidad no es inusual: muchas criaturas han evolucionado para parecer lo que no son. Esa esponja naranja, por ejemplo, no es una esponja sino un pejesapo
al acecho de algún pez incauto. Y esa hoja que se mueve a la deriva
sobre la arena no es una hoja, sino un pez que ha evolucionado hasta
adoptar esa forma. En cambio aquella otra hoja, la que se escabulle
sobre la arena, esa sí que es una hoja y efectivamente se está
escabullendo, pues un cangrejo se las ha ingeniado para enganchársela a
su caparazón. Y aquella pequeña anémona es en realidad una babosa de
mar que ha evolucionado para imitar una anémona. Dondequiera que mires, hay porciones de arena que se levantan y se desplazan (diminutos cangrejos con el caparazón de color arena) o que se alejan nadando (peces planos de ese mismo color).
Lo que diferencia a los pulpos y a las sepias (y hasta cierto punto a los calamares) es que pueden cambiar sobre la marcha: ahora se parecen a un coral, ahora a una masa de algas, ahora a un trozo de arena… Es como si usaran la propia piel para crear imágenes tridimensionales de los objetos que los rodean. ¿Cómo lo hacen?
Pulpos y a las sepias es que pueden cambiar sobre la marcha: ahora se
parecen a un coral, ahora a una masa de algas, ahora a un trozo de
arena
La cripsis del pulpo se basa en tres elementos principales. Uno es el color. Los pulpos generan color a través de un sistema de pigmentos y reflectores.
Los pigmentos (por lo general de tonos amarillos, marrones y rojizos)
están contenidos en miles de diminutos saquitos de su epidermis. Cuando
estos sacos están cerrados, parecen unas motitas. Para mostrar un
pigmento u otro, el pulpo contrae los músculos alrededor del saco
correspondiente, lo que hace que este se abra, dejando el color a la
vista. Según el conjunto de sacos que abra o cierre, produce al instante
distintos estampados: bandas, rayas o manchas. Las células reflectoras son de dos tipos. Las primeras reflejan la luz que les llega (hacen que la piel parezca blanca si la luz es blanca, roja si esta es roja, etc.). Las
segundas son como una pompa de jabón que presenta diferentes colores
según el ángulo desde el que se mire. Juntos, el sistema de pigmentos y
las células reflectoras permiten que el pulpo cree una inmensa variedad
de colores y dibujos.
El segundo elemento de su sistema críptico es la textura de la piel.
Al contraer unos músculos especiales, la piel habitualmente lisa del
pulpo se torna rugosa. Este efecto puede llegar a ser enorme. El pulpo alga, Abdopus aculeatus, es capaz de generar unas delicadas estructuras temporales que dan la impresión de que el animal es un trozo de alga marina.
El pulpo piloso, una criatura pendiente de descripción científica, ha
evolucionado hasta adoptar permanentemente un aspecto etéreo que hace
difícil distinguirlo de un fragmento de alga roja.
El tercer elemento es la postura. La manera en la que un pulpo se coloca puede hacer que sea más o menos visible.
Algunos, por ejemplo, se enroscan para parecer un trozo de coral y
luego se arrastran lentamente sobre el lecho marino utilizando solo dos
brazos. (No, no, no me mires, solo soy una roca más…). ¿Cómo se ha convertido el pulpo en un experto imitador? La respuesta breve es: por evolución. A
lo largo de decenas de millones de años, los individuos que mejor se
camuflaban con el entorno tenían una mayor probabilidad de huir de los
depredadores y dejar descendencia. Muchos animales son entusiastas devoradores de pulpos, como las anguilas, los delfines,
las galeras, los cormoranes, multitud de peces e incluso otros pulpos.
Como no tienen huesos, los depredadores se los pueden tragar enteros. Mark Norman, un experto mundial en cefalópodos del Museo de Victoria, en Melbourne, lo describe así: «Estos animales son pura carne en movimiento, como un solomillo».
Pero volvamos al tema del sistema nervioso de los pulpos. El caracol de agua dulce solo tiene 10.000 neuronas; la langosta, unas 100.000; la araña saltadora, quizá 600.000. Las abejas
y las cucarachas, que después de los cefalópodos pueden considerarse
los invertebrados más ricos del planeta a nivel neuronal, poseen
alrededor de un millón. Así que los 500 millones de neuronas del pulpo común, Octopus vulgaris,
sitúan a este animal en una liga aparte. En cuanto a recuento neuronal,
está mejor dotado que los ratones (80 millones) o las ratas (200
millones) y prácticamente a la par que los gatos (alrededor de 700
millones). Sin embargo, mientras que los vertebrados tienen la
mayoría de las neuronas en la cabeza, dos terceras partes de las del
pulpo se encuentran en sus brazos. Además, el sistema nervioso consume mucha energía
y únicamente evoluciona a un gran tamaño cuando los beneficios superan
los costes. ¿Cuál es entonces el motivo de que haya ocurrido así en los
pulpos?
El caracol de agua dulce solo tiene 10.000 neuronas; la langosta, unas 100.000; la araña saltadora, quizá 600.000.
Peter Godfrey-Smith, un filósofo convertido en biólogo especialista en pulpos de la Universidad de la Ciudad de Nueva York y la Universidad de Sydney, sugiere que hay varias razones por las que el pulpo ha desarrollado un sistema nervioso tan complejo. La primera es su cuerpo. El sistema nervioso evoluciona a la par que el cuerpo, y el del pulpo es inusualmente complejo. Al carecer de huesos, puede extender cualquiera de sus brazos en cualquier dirección y en cualquier momento;
a diferencia de lo que nos ocurre a nosotros, no está limitado a
movimientos a partir del hombro, el codo o la muñeca. Esto le confiere
una inmensa variedad de movimientos posibles. Además, cada brazo puede
estar haciendo algo distinto a los otros, al mismo tiempo. De ahí que
un pulpo cazando sea todo un espectáculo. Puede extender todos los brazos sobre la arena y con cada uno de ellos explorar, investigar y hurgar en las oquedades.
Si uno de los brazos sorprende a una gamba, por ejemplo, puede usar
otros dos para capturarla. Los pulpos también cuentan con todas esas
ventosas que se mueven de forma independiente, por no mencionar las
estructuras y mecanismos de que dispone para controlar el color y la
textura de la piel. Asimismo, ha desarrollado la capacidad de
recibir y procesar una inmensa cantidad de información sensorial: el
gusto y el tacto a través de las ventosas; el equilibrio, que percibe
gracias a unas estructuras llamadas estatocistos, y toda la información
que recogen sus sofisticados ojos.
Sobre todas estas razones está el hecho de que muchos pulpos viven en
entornos especialmente complicados; han de desplazarse sobre, alrededor
de y a través de arrecifes. Al no contar con una armadura
corporal, tienen que estar atentos a los posibles depredadores, y cuando
el camuflaje no basta, han de saber dónde esconderse. Por
último, los pulpos son cazadores rápidos y ágiles que capturan y comen
una gran variedad de presas, como ostras, cangrejos y peces.
La ausencia de huesos, los entornos complejos, las dietas diversas y la
necesidad de esconderse de los depredadores son todos factores que,
según Godfrey-Smith, pueden impulsar la evolución de la inteligencia.
Sin embargo, aunque los pulpos tengan claramente un sistema nervioso complejo, ¿puede decirse que son inteligentes?
Evaluar la inteligencia de otros animales es algo delicado, y en el
mejor de los casos nos dice más sobre nosotros mismos que sobre el
animal en cuestión. Los indicadores de inteligencia que aplicamos en aves y mamíferos,
como la capacidad de utilizar herramientas, no son válidos para el
pulpo, pues su cuerpo entero es una herramienta. El pulpo no necesita
utensilios externos para hurgar en un recoveco o para abrir una ostra.
Dicho esto, unos experimentos iniciados en las décadas de 1950 y 1960
mostraron que el pulpo común es bueno en tareas que implican aprendizaje
y memoria, dos atributos asociados a la inteligencia. De hecho, un área concreta de su cerebro, el lóbulo vertical, se dedica a ese tipo de tareas. Insisto en lo de pulpo común porque, de momento, es el que más se ha estudiado. Las
distintas especies de pulpo difieren respecto a la organización
cerebral, y como solo se han estudiado unas pocas, no sabemos si todas
ellas son igual de inteligentes. Roy Caldwell, un investigador de pulpos de la Universidad de California en Berkeley, dice: «Algunos de los que he tenido en el laboratorio son tan sosos como una tostada a palo seco». ¿Alguno en concreto? «Octopus bocki, una especie diminuta». ¿Por qué es tan soso? «No parece hacer gran cosa».
Pero que sean o no inteligentes –se dediquen a reflexionar sobre
temas filosóficos o sobre comida, o incluso si no piensan en absoluto–
tal vez sea menos importante que el hecho de que sean animales
extraordinarios. Fascinantes.
Sumerjámonos una vez más. Anochece en Lembeh. Estás de
rodillas junto a una pendiente rocosa. Delante de ti, nadando uno junto
al otro, un par de peces pequeños está desovando. Una anguila
está enroscada dentro de un agujero. Un gran cangrejo ermitaño, dentro
de una concha que ha tomado prestada, pasa frente a ti. Y ahí, sobre una
roca, un pequeño pulpo alga.
Mientras lo miras, empieza a moverse. Primero parece que esté flotando,
levitando como un yogui de ocho brazos. Después da la impresión de que
se desliza. Finalmente empieza a reptar por las rocas. A medida que
desciende, uno de sus brazos topa con un pequeño agujero y, un brazo
tras otro, acaba introduciéndose en él. Desaparece. No, no del todo. La
punta de un brazo asoma por el agujero, palpa a su alrededor, agarra
unas piedras y las coloca frente a la entrada. Ya está. Protegido para
pasar la noche.
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