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sábado, 11 de mayo de 2019

MONUMENTOS : ARQUITECTURA .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- La torre Eiffel: la construcción de un coloso

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos envía un amplio reportaje de como se construyó la Torre de Eiffel en París, a cargo del Ing° Gustave Eiffel, fue una larga carrera en que la naciente industrialización de los países más avanzados, los obligaban a exponer mediante exposiciones universales los más grandes  adelantos industriales de sus países, y justamente París, después de varias exposiciones anteriores, quiso marcar época y ser diferente,  era una carrera por llegar a los 300 metros de altura, algo nunca logrado antes;  para la Exposición Universal de París, programada para el 06 de mayo al 31 de octubre de 1889.
National Geographic.- narra : "El primer proyecto de la torre de 300 metros no fue de Eiffel, sino de dos ingenieros de su despacho, Émile Nouguier y Maurice Koechlin. En 1884, éstos imaginaron un gran pilono metálico formado por cuatro pilares que se curvaban en la base y se unían en la cúspide. Eiffel no mostró inicialmente gran interés, quizá por el escaso atractivo visual de ese primer esbozo. En cambio, cuando el arquitecto Sauvestre le añadió una profusa ornamentación, Eiffel comprendió el atractivo del proyecto y el 18 de septiembre firmó junto con Koechlin y Nouguier una patente denominada Nueva disposición que permite construir pilares y postes metálicos de una altura que pueda superar los trescientos metros.
Posteriormente, Eiffel compraría a sus ingenieros el derecho de patente a cambio de un porcentaje de los ingresos que produciría la obra. El diseño final redujo la decoración de Sauvestre, de modo que la estructura se convirtió en el elemento preponderante de la torre. Fue este proyecto el que ganó el concurso de 1886....."
National Geographic.- agrega : "La torre se construyó en un tiempo récord: las obras empezaron el 26 de enero de 1887 y terminaron el 31 de marzo de 1889, a tiempo para la inauguración de la Exposición Universal dos meses más tarde. No sólo sorprende la rapidez de ejecución, sino que en todo el proceso no se emplearan en la obra más de doscientos trabajadores a la vez, gracias al sistema de prefabricación de componentes que se ensamblaban progresivamente. La construcción de los cimientos fue la fase más ardua, sobre todo en los dos pilares más próximos al Sena, pues hubo que excavar por debajo del cauce del río utilizando un complejo sistema de cajones neumáticos. El levantamiento de los pilares y su conexión mediante cuatro grandes vigas se logró por medio de una serie de andamios de madera y grandes torres de carga. Las secciones posteriores de la torre fueron construyéndose utilizando un sistema de grúas impulsadas por vapor hasta llegar a la cúspide." 

National Geographic.- finaliza :  "La inauguración oficial de la torre Eiffel se hizo el 15 de mayo de 1889. Mientras que Gustave Eiffel y un grupo de personalidades izaban una bandera de Francia en lo más alto de la torre, ésta se iluminó con bengalas y se dispararon veintiún cañonazos desde el primer piso. En un disculpable alarde de chovinismo, Eiffel diría: «La bandera francesa es la única que posee un mástil de 300 metros».  ..."

https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/torre-eiffel-construccion-coloso_11345

Gracias a su experiencia en el diseño de grandes obras de hierro, en 1889 Gustave Eiffel logró erigir una torre de más de 300 metros de altura para la Exposición Universal de París

Emblema de París
La Torre Eiffel se alza en mitad del Campo de Marte, donde en 1889 fue erigida para Para la Exposición Universal de Paris.
El director de obras públicas de la capital de Francia afirmaba al principio de los trabajos de la torre: "esta obra hará resonar París hasta en Oriente [...] en mundo entero contendrá su aliente al descubrir esta torre gigantesca"

Gustave Eiffel, empresario genial
Pese a que era un excelente ingeniero, el éxito de Gustave Eiffel residió aún más en sus dotes de empresario. En 1887 firmó un contrato por el que el Estado francés y la ciudad de París aportarían una subvención de 1,5 millones de francos; un 25 por ciento del coste total de construcción. Para obtener los fondos restantes, Eiffel creó una sociedad anónima con un capital de cinco millones de francos, la mitad del cual fue aportado por tres bancos y la otra por el propio Eiffel. Pese a que los gastos se elevaron 2,5 millones más, Eiffel logró recuperar toda la inversión en pocos meses gracias a los ingresos de la venta de entradas, que recibía en virtud de una licencia de explotación de 20 años de duración.
Foto: Bridgeman / ACI

El arquitecto
Vista de la torre con el retrato de Gustave Eiffel.
Foto: Kevin Clogtoun / Getty

Luces en la noche
La torre Eiffel luce con el sistema de iluminación nocturna que se introdujo en la década de 1980.
Foto: Bruce Bi / Age Fotostock

Cambios de última hora
Gustave Eiffel -abajo- en la escalera helicoidal que en un principio unía la segunda planta con la cima de la torre.
Foto: Bnf / RMN - Grand Palais

Los planos de la torre
El arco situado bajo la primera planta tiene una función meramente decorativa y no figuraba en el primer proyecto de los ingenieros Koechlin y Nouguier.
Foto: taschen.com

Sobre el papel
Cuadrilátero: la rigidez de esta estructura reside en la dificultad de que los montantes y las vigas se acorten o alarguen por efecto de la acción lateral del viento.

En relieve: Esta axonometría muestra el arranque de uno de los pilares de la torre, formado por cuatro montantes tubulares huecos y vigas tubulares de celosía en cruz y zigzag.

La cúspide: la tercera planta está a 276 m de altura. Encima se sitúa un «campanile» provisto de un faro y coronado por una bandera que ondeaba exactamente a 312,27 metros.
Foto: taschen.com

Obras de cimentación
Este grabado muestra el corte de uno de los pozos excavados para construir los cimientos de la torre Eiffel.
Foto: Patrice Schmidt / Rmn- Grand Palais (Musée d´Orsay)

Bajo el nivel freático
Pueden observarse varios de los cajones metálicos utilizados para excavar bajo el nivel freático.
Foto: Patrice Schmidt / Rmn- Grand Palais (Musée d´Orsay) 

Febrero de 1888
El momento más delicado del proceso de construcción fue la unión de los cuatro pilares para formar la primera planta de la torre, puesto que las estructuras debían encajar con una precisión milimétrica. Eiffel sabía que inevitablemente habría algún desajuste, por lo que se creó en cada uno de los pilares una cavidad a modo de pistón en la que se inyectó agua a presión hasta conseguir la nivelación deseada. Superado este estadio, el proceso de construcción fue más sencillo.
Foto: René Gabriel Ojéda / Rmn - Grand Palais de (Musée d´Orsay)

Trabajos de altura
Los obreros que trabajaron en la construcción de la torre Eiffel demostraron ser inmunes al vértigo. De hecho durante las obras tan solo se produjo un accidente mortal que ocurrió además fuera del horario de trabajo.
Foto: Bnf / Rmn - Grand Palais

Tomando forma
Varios obreros trabajan en la construcción de la torre situado sobre las vigas metálicas que componen el edificio.
Foto: Louis-Emile Durandelle / Museo de Orsay , París

 Pieza a pieza
Grabado de 1889. Colocación de un roblón en la torre Eiffel.
Foto: Tallandier / Bridgeman / ACI 

Perspectiva desde abajo
Esta fotografía anónima fue tomada desde el suelo, poco después de la construcción de la torre.
Foto: A. Brandt / Rmn - Grand Palais 
El gran reclamo de la Exposición
Un cartel anuncia las tarifas de tren reducidas que propone la compañía ferroviaria Chemins de Fer París-Lyon-Mediterranée para viajar a la Exposición Universal de París, en 1889.
Foto: Bridgeman / Aci

París a vista de pájaro
Un grupo de visitantes, armados con catalejos y prismáticos, observa París desde la plataforma de la segunda planta de la torre Eiffel, a 115 metros de altura.
Foto: Patrice Schmidt / Rmn - Grand Palais



Los colores de la torre
Para su inauguración en 1889, la torre Eiffel fue pintada de rojo oscuro, como muestra esta fotografía de ese año coloreada a mano, que permite ver el palacio del Trocadero al fondo. Desde 1968 está pintada de color de bronce.
Foto: Culver Pictures / Aurimages

Ascensores
A causa de la curvatura de la torre se crearon tres sistemas de ascensores, uno para cada nivel. En la imagen, visitantes de la torre en la cabina del tercer ascensor, que asciende en vertical hasta la cúspide.
Foto: Patrice Schmidt / Rmn - Grand Palais 

El teatro
Para atraer al público, en la primera planta de la torre Eiffel se instalaron tiendas de regalos, restaurantes e incluso un teatro. Gran parte de estas estructuras se eliminaron unas décadas más tarde.
Foto: Patrice Schmidt / Rmn - Grand Palais

Edison
De visita en París, el célebre inventor subió varias veces a la torre en 1889. Aquí aparece junto a Adolphe Salles, yerno de Eiffel.
Foto: Patrice Schmidt / Rmn - Grand Palais

El faro
Eiffel colocó en la cúspide una serie de faros que iluminaban los monumentos de la ciudad.
Foto: René Gabriel Ojéda / Rmn - Grand Palais

1940
En el inicio de la ocupación alemana de Francia, Hitler visitó París y quiso subir a la torre Eiffel, pero los trabajadores sabotearon los ascensores y sólo pudo fotografiarse en la explanada del Campo de Marte.
Foto: Bpk / Scala / Firenze
Isaac López César.
Doctor Arquitecto. Universidad de La Coruña

La torre Eiffel: la construcción de un coloso

La segunda mitad del siglo XIX fue la gran época de las exposiciones universales. Eran los años de máximo desarrollo de la moderna civilización industrial, y los países más avanzados sentían la necesidad de exponer sus últimos logros tecnológicos y científicos a través de reuniones que atraían a miles de visitantes. Para los países organizadores, las exposiciones eran también una oportunidad de demostrar su poder económico y político, y nada conseguía mejor ese efecto que un nuevo gran edificio construido con las técnicas más modernas, como el palacio de Cristal de la Exposición Universal de Londres en 1851.
Por ello, en 1886, cuando las autoridades francesas, para conmemorar el primer centenario de la Revolución Francesa de 1789, decidieron organizar una nueva exposición universal en París –la cuarta tras las de 1855, 1867 y 1878–, convocaron un concurso para que arquitectos e ingenieros presentaran proyectos de todo tipo destinados a la Exposición. Pero sería un punto del concurso el que atraería la máxima atención, aquel que ofrecía «estudiar la posibilidad de erigir en el Campo de Marte una torre de base cuadrada con 125 metros de lado en la base y 300 metros de altura». El objetivo era erigir el edificio más alto de la historia. Justo el proyecto que acababa de elaborar el ingeniero y empresario Gustave Eiffel.
El ansia del hombre por construir un edificio que supere en altura a cualquier otro ha sido recurrente a lo largo de la historia, desde el mito bíblico de la torre de Babel hasta las pirámides, obeliscos, columnas o basílicas que han jalonado la historia de las grandes civilizaciones. Sin embargo, la Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX abriría posibilidades de construcción en altura que resultaban inimaginables en períodos anteriores, y ello gracias a la difusión del hierro como nuevo material estructural.
El objetivo era erigir el edificio más alto de la historia
Aunque en el pasado el hierro ya se utilizaba en funciones secundarias, como la conexión entre sillares de piedra, en el siglo XIX se convirtió en el armazón visible de los nuevos edificios típicos de la modernidad: estaciones ferroviarias, fábricas, mercados, calles cubiertas o galerías, jardines de invierno... Gracias a su ligereza y su resistencia, el hierro permitía construir, en mucho menos tiempo que anteriormente, edificios más amplios sin el sistema de muros, pilastras y columnas que requerían los edificios en piedra, y también más elevados. Fue esta última posibilidad la que alimentó la fantasía de crear el edificio más alto del mundo, más que los 146 metros de la Gran Pirámide de Keops o los 136 de la cúpula de la basílica de San Pedro en Roma. Un edificio, para dar una cifra redonda, de 300 metros de altura.

La carrera de los 300 metros

Desde la década de 1830, hubo varios proyectos para construir una torre de 300 metros o, según la medida usual en los países anglosajones, de mil pies (304,8 metros). El primero fue el de un ingeniero inglés, Richard Trevithick, el constructor de la primera locomotora, que en 1832 proyectó la Columna de la Reforma, una torre de fundición de mil pies de altura con un diámetro de treinta metros en su base y formada por mil quinientas planchas caladas de fundición.
Trevithick imaginó incluso un ascensor impulsado por un sistema de aire comprimido a través de un tubo interior, pero murió sin que nada de esto se llevara a la práctica. En 1852, Charles Burton propuso una torre de hierro con la que pretendía reciclar los elementos estructurales del palacio de Cristal de la Exposición de Londres de 1851, pero dado que empleaba los mismos componentes y criterios que esta última construcción es de suponer que hubiera sido igual de inestable frente al viento. Otro proyecto frustrado de torre metálica de mil pies de altura fue el propuesto por la empresa estadounidense Clarke Reeves & Company para la Exposición Universal de Filadelfia en 1876, rechazado debido a cuestiones económicas y lo incierto de sus resultados.
En los años siguientes, paralelamente a Eiffel, los ingenieros franceses Sébillot y Bourdais propusieron una torre de granito de mil pies de altura para la exposición parisina de 1889, que hubiera resultado totalmente inviable debido a la escasa capacidad de la sillería para resistir las flexiones provocadas por el viento.
Junto a estos proyectos que nunca se llevaron a cabo, cabe recordar otras construcciones que, al margen de la carrera por los 300 metros, fueron alcanzando cotas cada vez más elevadas. Un primer ensayo, todavía precario tecnológicamente, fueron las torres de fundición del americano James Bogardus, como la torre para alarma de incendio en la calle 33 de Nueva York (1851). Pero el antecedente más significativo de la Torre Eiffel fue, sin duda, el Monumento a Washington, diseñado por el arquitecto norteamericano Robert Mills. Compuesto por varias hojas exteriores de piedra y un núcleo central de escaleras de hierro conectado a la piedra, este obelisco debía alcanzar los 183 metros, pero desde el inicio de la construcción en 1848 sufrió numerosas dificultades, incluido un importante desplome al llegar a los 46 metros, que obligó a reforzar las cimentaciones. Finalmente se detuvo en 1884, al alcanzar los 169 metros.

Puentes y viaductos

El desafío de levantar una torre de 300 metros de altura sólo estaba al alcance de un ingeniero con una sólida experiencia previa en la construcción de obras metálicas de gran complejidad técnica. En la década de 1880, nadie poseía más experiencia de este tipo que Gustave Eiffel y sus colaboradores. En los pasados treinta años, Eiffel había realizado una serie de grandes puentes espectaculares –160 y 166 metros de luz respectivamente–, fueron montados en voladizos sucesivos, lo que exigía una enorme precisión para conseguir que los agujeros de las dos mitades del arco coincidieran y así poder unirlas, como se haría también en la torre de 1889. Para unir todos los componentes del viaducto de Garabit se utilizaron 500.000 roblones, una especie de remaches que los operarios debían introducir al rojo vivo. Por otra parte, Eiffel contaba desde 1865 con una factoría propia, los talleres de Levallois-Perret, donde diseñaba y fabricaba sus estructuras de hierro, lo que le daba total autonomía y control sobre el proceso de prefabricación.

Historia de un proyecto

El primer proyecto de la torre de 300 metros no fue de Eiffel, sino de dos ingenieros de su despacho, Émile Nouguier y Maurice Koechlin. En 1884, éstos imaginaron un gran pilono metálico formado por cuatro pilares que se curvaban en la base y se unían en la cúspide. Eiffel no mostró inicialmente gran interés, quizá por el escaso atractivo visual de ese primer esbozo. En cambio, cuando el arquitecto Sauvestre le añadió una profusa ornamentación, Eiffel comprendió el atractivo del proyecto y el 18 de septiembre firmó junto con Koechlin y Nouguier una patente denominada Nueva disposición que permite construir pilares y postes metálicos de una altura que pueda superar los trescientos metros.
Posteriormente, Eiffel compraría a sus ingenieros el derecho de patente a cambio de un porcentaje de los ingresos que produciría la obra. El diseño final redujo la decoración de Sauvestre, de modo que la estructura se convirtió en el elemento preponderante de la torre. Fue este proyecto el que ganó el concurso de 1886.
La torre se construyó en un tiempo récord
La torre se construyó en un tiempo récord: las obras empezaron el 26 de enero de 1887 y terminaron el 31 de marzo de 1889, a tiempo para la inauguración de la Exposición Universal dos meses más tarde. No sólo sorprende la rapidez de ejecución, sino que en todo el proceso no se emplearan en la obra más de doscientos trabajadores a la vez, gracias al sistema de prefabricación de componentes que se ensamblaban progresivamente. La construcción de los cimientos fue la fase más ardua, sobre todo en los dos pilares más próximos al Sena, pues hubo que excavar por debajo del cauce del río utilizando un complejo sistema de cajones neumáticos. El levantamiento de los pilares y su conexión mediante cuatro grandes vigas se logró por medio de una serie de andamios de madera y grandes torres de carga. Las secciones posteriores de la torre fueron construyéndose utilizando un sistema de grúas impulsadas por vapor hasta llegar a la cúspide.

El mástil más alto del mundo

La inauguración oficial de la torre Eiffel se hizo el 15 de mayo de 1889. Mientras que Gustave Eiffel y un grupo de personalidades izaban una bandera de Francia en lo más alto de la torre, ésta se iluminó con bengalas y se dispararon veintiún cañonazos desde el primer piso. En un disculpable alarde de chovinismo, Eiffel diría: «La bandera francesa es la única que posee un mástil de 300 metros». Durante la construcción se habían alzado algunas voces, particularmente de artistas y literatos, que denunciaban las dimensiones «monstruosas» de la torre y su fealdad. El novelista Maupassant, por ejemplo, la consideraba un «esqueleto feo y gigante», y otro escritor, Huysmans, hablaba de «ese repugnante poste de rejas». Pero el avance de la obra había creado gran expectación y cuando estuvo acabada el público reaccionó de forma entusiasta. Durante la Exposición Universal hubo un auténtico aluvión de visitantes –se calcula que dos millones–, que podían subir los tres niveles de la torre mediante un moderno sistema de ascensores.
Famoso, cargado de honores oficiales y multimillonario, Gustave Eiffel murió en 1923. Pocos años después, su torre perdió la condición de edificio más alto del planeta en favor de dos rascacielos norteamericanos acabados respectivamente en 1930 y 1931: el Chrysler Building del arquitecto William van Allen, de 319 metros, y el Empire State Building, de 381 metros, diseñado por William F. Band.

Los planos originales de la torre

El diseño de la torre Eiffel fue fruto de pormenorizados análisis a cargo de unos 40 ingenieros y delineantes, quienes realizaron 700 planos de conjunto y 3.600 dibujos de taller. La primera preocupación de los ingenieros era impedir que la torre volcara, lo que se logró mediante el trazado campaniforme de sus cuatro pilares, que le proporcionan la estabilidad suficiente. Las 7.341 toneladas de peso de la torre quedaron así firmemente asentadas. La segunda preocupación era evitar que la torre se deformara (o balancera) en exceso a causa de la acción del viento, por lo que debía ser una estructura de elevada rigidez. Esto se consiguió mediante dos recursos: la conexión de los cuatro grandes pilares de la torre mediante una gran viga de celosía a la altura de la primera planta y el sistema de la triangulación.
La unidad estructural básica de la torre Eiffel es el cuadrilátero triangulado. Cada uno de los cuatro pilares de la torre está formado por 28 de estos cuadriláteros o paneles, de entre 6 y 11 metros de lado; en el tramo hasta la primera planta, a 57,63 metros de altura, se contabilizan cuatro. Gracias a este sistema se logra la casi total rigidización de la torre frente al viento. La oscilación horizontal máxima en la cúspide es de 7 centímetros, lo que supone una relación de 1/4285 respecto a la altura, muy inferior a la habitual en edificios en altura, que está generalmente por encima de 1/1000.

Los cimientos y las fases de construcción

Durante los cinco primeros meses de las obras se ejecutó la cimentación. Ésta consistía en un lecho de grava compacta a varios metros de profundidad sobre el que se dispusieron pesados bloques de hormigón. Sobre dichos bloques se construyeron grandes zapatas de piedra en las que quedaron anclados los cuatro pilares de la torre. La construcción de los cimientos de los pilares norte y oeste, los más próximos al Sena, fue especialmente compleja debido a que era una zona pantanosa e inestable, por lo que fue necesario excavar cinco metros por debajo del nivel freático hasta alcanzar terreno firme.
El avance de las obras fue regular: unos diez metros al mes
Para realizar la excavación, Eiffel empleó un sistema de cajones neumáticos que se había introducido en Inglaterra en 1830, pero que nunca se había aplicado a una obra de las dimensiones de la torre Eiffel.
Para el montaje de la primera planta se utilizaron andamios de madera de forma piramidal a fin de apuntalar los pilares. A continuación, se construyeron cuatro grandes torres de carga sobre las que se montaron las cuatro grandes vigas de la primera planta. Al conectar estas cuatro vigas a los pilares inclinados, éstos quedaron estabilizados. A partir de la primera planta se montaron sobre cada uno de los cuatro pilares grúas trepantes impulsadas por vapor que iban deslizándose por los pilares e izando las secciones de la Torre.
El avance de las obras fue regular: unos diez metros al mes. En septiembre de 1888 se alcanzó la segunda planta, a 115 metros de altura. Desde aquí, la torre toma la forma de un pilono propiamente dicho y el proceso de construcción se hizo más sencillo. La última fase fue la instalación de los ascensores, otro logro técnico sin precedentes; las empresas Edoux, Otis y Combaluzier instalaron tres tipos de ascensores, superando el reto de ascender 276 metros.

Los hombres que hicieron la torre

En la torre trabajaron a la vez entre 150 y 300 obreros. Su labor consistía en ensamblar las piezas que otro centenar de trabajadores fabricaban y premontaban en los talleres de Levallois-Perret, a las afueras de París, de donde llegaban por vía férrea. Por ello, la principal tarea era la de unir las distintas piezas mediante roblones, un precedente del tornillo.
Para colocar los roblones se formaron equipos de cuatro hombres: el grumete accionaba la fragua, calentando el roblón al rojo; el sostenedor lo introducía en el orificio, que ya venía realizado del taller, y lo sujetaba por la cabeza; el remachador golpeaba el vástago para formar la cabeza opuesta, y finalmente el golpeador la remataba con una maza. En la primera fase operaban 40 equipos que colocaban unos 4.200 roblones al día. En total, la torre Eiffel tiene 2,5 millones de roblones.
En la torre trabajaron a la vez entre 150 y 300 obreros
Los obreros fueron contratados entre carpinteros de París acostumbrados a trabajar a cierta altura y que demostraron ser inmunes al vértigo. De hecho, se produjo un único accidente mortal, que ocurrió además fuera del horario de trabajo. Más que la altura, el mayor problema de los obreros fue el frío, sobre todo durante el gélido invierno de 1888-1889. La jornada de trabajo era de nueve horas que llegaban a doce en verano. Ante las exigencias de los obreros, que a finales de 1888 llegaron a declararse en huelga en dos ocasiones por considerarse insuficientemente pagados, Eiffel les ofreció primas por resultados y mejoras en sus condiciones de trabajo, como una cantina en la primera planta, donde podían calentar la comida que se traían de casa.

Entre el horror y la admiración

Mientras se estaba construyendo, la torre Eiffel suscitó algunas reacciones de rechazo, entre ellas una célebre Protesta de los artistas contra la torre del señor Eiffel en la que, en nombre del «gusto francés», se rechazaba la erección de una torre «inútil y monstruosa », de «esta odiosa columna de chapa repleta de pernos». Sin embargo, para entonces la estética de la arquitectura en hierro ya no resultaba totalmente nueva y la propia torre incorporaba elementos puramente decorativos, como los arcos en la base, que buscaban armonizarla con los gustos de la época.
Lo que realmente impresionó fue la escala del edificio, sus dimensiones colosales, y eso tanto si se lo miraba desde abajo como por las perspectivas que se obtenían desde la cúspide. En la prensa aparecieron opiniones extasiadas: «La torre Eiffel se impone a la imaginación, tiene algo de inesperado, de fantástico, que deleita nuestra pequeñez». «Sólida, enorme, monstruosa, brutal, se diría que, despreciando silbidos y aplausos, trata de buscar y desafiar al cielo».
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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domingo, 27 de mayo de 2018

VIAJES : NATIONAL GEOGRAPHIC .- Las mejores vistas de tus ciudades favoritas....................Los 10 rascacielos más icónicos del mundo..

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el mundo está lleno de bellas y deslumbrantes ciudades y países, que se puede visitar, siendo algunos de ellos como íconos del turismo: El Cairo, Madrid, París,  y los ultramodernas ciudades en Dubai, que tiene el edificio más alto del mundo: Burj Khalifa, con 828 metros de altura, es un edificio que produce vértigo; pero si no es aficionado a la altura y le gusta los canales de agua tiene Venecia, o desea viajar al sur de África tiene la Ciudad del Cabo; de repente le gusta conocer la segunda economía más próspera del mundo: China, tiene muchas ciudades  en ese país como Hong Kong, Shangai, pero nunca deje de visitar Los Estados Unidos de América con su ciudad ícono Nueva York, pero como soy un nacionalista y quiero a mi Perú, le invitamos conocer el Cusco con la ciudad incaica más hermosa que existió Machu Picchu. Y la ciudad de  Lima, capital de la República Peruana.

http://www.nationalgeographic.com.es/viajes/grandes-reportajes/mejores-vistas-tus-ciudades-favoritas_12734
15 miradores de vértigo para ver las ciudades más bellas con otros ojos
http://www.nationalgeographic.com.es/viajes/los-diez-rascacielos-mas-iconicos-del-mundo_9625/1

Nueva York
La ciudad por excelencia es en realidad un conjunto de islas. Su ubicación, en la desembocadura del Hudson River y East River, hace que Nueva York se expanda sobre diferentes islas. Una de las más icónicas es Liberty island, donde se encuentra la Estatua de la Libertad. El corazón de la ciudad late en una de las islas principales: Manhatthan y su inconfundible horizonte de rascacielos. Pocas ciudades como Nueva York para ser vistas desde las alturas. Los miradores más clásicos son el del Empire State Building y el Top of the Rock. Algo más movido, el ferry a Staten Island se convierte también en una plataforma única para disfrutar del skyline más famoso del mundo.
Foto: AgeFotostock

Dubai
Una ciudad extrema por ubicación y filosofía. Está rodeada de desierto y a la vez es una de las más tecnológicas y superlativas de las ciudades del mundo. Sus rasgos más reconocibles son el lujo y los edificios más espectaculares. En Dubai se encuentra el Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo y uno de los rascacielos más icónicos del mundo. Desde él, se consiguen unas vistas realmente de vértigo.
Foto: Gtres
 
Silueta de Dubái dominada por el Burj Khalifa, 2015.
Wkipedia

Florencia
Una de las primeras ciudades en convertirse en icono mundial del turismo. Su belleza no tiene parangón. No obstante, fue el escritor Stendhal quien protagonizó el primer testimonio de los efectos secundarios de estar expuesto a la bella Florencia: elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión, temblor, palpitaciones e, incluso, posterior depresión. Se conoce como el síndrome de Stendhal y lo fuerza la visión del conjunto monumental de la Piazza del Duomo, en el centro histórico de Florencia, Patrimonio de la Humanidad. Una de las mejores panorámicas de Florencia se obtiene desde el mirador de la piazzale Michelangelo (tal vez sea el más famoso). Un poco más arriba, está  la abadía de San Miniato al Monte, desde la que hay unas espléndidas vistas del Duomo y la cúpula de Brunelleschi.
Foto: AgeFotostock

Berlín
Berlín es una ciudad sin tiempo. Su presente es más bien la acumulación evidente de diferentes estratos del pasado. Así, el presente de Berlín es la historia de un país, y su futuro. Hay diversos iconos de la ciudad que nos hablan de su reciente historia, de cuando fue dos, separada por un muro que, en realidad, separó dos formas diferentes de ver el mundo. Está la Puerta de Brandenburgo, el Parlamento Alemán con su espectacular cúpula de Norman Foster, icono de la arquitectura más moderna de Berlín. El río Spree serpentea por toda la ciudad. Muy cerca de su ribera, en Alexanderplatz, se levanta uno de los símbolos de Berlín: la Torre de telecomunicaciones de la antigua RDA. Desde sus 200 metros de altura hay unas vistas espléndidas sobre la ciudad.
Foto: AgeFotostock
 
Madrid
De Madrid al cielo. O, al menos, así reza el dicho que parece ser se remonta al Siglo XVIII, cuando Carlos III inició una serie de obras para modernizar y embellecer la ciudad. La frase significa que como en Madrid, en ningún sitio. La verdad es que basta subir a alguno de sus muchos miradores para comprobar la belleza de la ciudad como, por ejemplo, la azotea del Círculo de Bellas Artes o, como la imagen, desde el mirador del Palacio de Cibeles (el Ayuntamiento de Madrid).
Foto: AgeFotostock

Venecia
Hay más ciudades surcadas por canales; pero, Venecia es la más famosa. Es la ciudad italiana de los sueños. Desde arriba del campanile de San Marco, se vislumbra la avenida fluvial de 4 kilómetros de largo que forma el Gran Canal flanqueada por iglesias y decadente palacios. La Plaza de San Marcos y los canales atravesados por los diferentes puentes constituyen una de esas panorámicas que todo viajero debe disfrutar al menos una vez en la vida. Las vistas desde la cúspide del campanario de San Giorgio Maggiore también valen mucho la pena.
Foto: AgeFotostock

París
Una de las ciudades más deseadas del mundo, y la Torre Eiffel es uno de sus símbolos más representativos. Tenemos bellas vistas de París desde la torre Montparnasse o, con menos altura, desde el Trocadero. Es desde arriba que se vislumbra el Sena jugar a su paso por la ciudad, los puentes que lo cruzan, los parques y, sobre todo, las buhardillas, ese elemento arquitectónico que hace inconfundible a la Ciudad del Amor.
Foto: AgeFotostock
 
Granada
Dicen de ella que es una de las ciudades más bellas del sur de España. Por ella, hay reyes que derramaron lágrimas y poetas que escribieron versos: “como la pena de ser ciego en Granada". Para darnos cuenta de ello, basta con subir a alguno de sus muchos miradores y ver la Alhambra coronando la ciudad. El Mirador de San Miguel Alto es el más elevado de todos los los que hay hay en Granada. Desde este punto hay una amplia panorámica de la ciudad, del Albaicín, sus murallas, de la Alhambra e, incluso, de Sierra Nevada. Aunque, tal vez, es el de San Nicolás, el mirador más emblemático de todos.
Foto: AgeFotostock
 
El Cairo
La capital de Egipto es la mayor urbe del mundo árabe y de Oriente Próximo. En concreto El Cairo está entre las quince ciudades más pobladas del mundo. Atravesada por el Nilo, su entramado urbano se asemeja a un laberinto infinito. Hay muchos miradores que nos brindan diferentes perspectivas de la ciudad. Pero hay que subir muy alto para observar la especial ubicación de El Cairo junto al yacimiento arqueológico de Guiza con sus tres pirámides icónicas.
Foto: AgeFotostock
 
Reykjavik
Reykjavik es la capital y la ciudad más poblada de Islandia. Está muy cerca del círculo polar ártico, por lo que en invierno sólo disfruta de unas cuatro horas de sol, mientras que en verano, las noches se confunden con el día. El entorno natural es parte del encanto de islandia; pero vale la pena pararse en su capital, que se expande en forma de pequeños suburbios y casas de poca altura. El campanario de Hallgrímskirkja ofrece una de las mejores vistas de la ciudad; pero, sin duda, la panorámica más espectacular se logra desde Perlan, en  el cuarto nivel hay un mirador de 360 grados.
Foto: AgeFotostock
 
Londres
Londres no tiene límites: tiendas, universidades, la hora del té, museos, ocio nocturno, mercados, restaurantes y algunos de los monumentos más famosos del mundo. Londres se puede ver desde diferentes lugares: podemos contemplarla mientras giramos en la London Eye, desde un mirador más clásico como la catedral de Saint Paul, o desde la terraza de la Tate Modern. Uno de los más espectaculares miradores de Londres es el de “The Shard”. El impactante rascacielos es el edificio más alto del Reino Unido
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Ciudad del Cabo
La segunda ciudad más poblada de Sudáfrica, después de Johannesburgo es famosa por su puerto en el extremo norte de la Península del Cabo. La Montaña de la Mesa domina el horizonte de la ciudad. Para asimilar esta especial ubicación lo mejor es subir en el teleférico que asciende a esta montaña. Las vistas son, sencillamente espectaculares. La otra alternativa es subir a un avión.
Foto: AgeFotostock

Hong Kong
Hong Kong es especial. Lo es por ser una de las dos regiones administrativas especiales de la República Popular China y, también, por el lugar que ocupa: una península y varias islas situadas en la costa sur del mar de la China Meridional. El Pico Victoria es el punto más alto de la isla de Hong Kong (552 metros), desde él podemos obtener las mejores vistas de la bahía. Es posible subir utilizando el funicular que lleva funcionando desde finales del siglo XIX.
Foto: AgeFotostock

Shanghai
La ciudad más poblada de China (20 millones de habitantes) ostenta el que probablemente sea el mirador urbano más alto del mundo: el de la Torre World Financial Center, que es el 2 º rascacielos más alto del mundo, solo superado por el Burj Khalifa. Aún así, su mirador, a 474 metros de altura, está situado por encima del gigantes de Dubái. Desde él hay estupendas vistas de la ciudad y de la no menos espectacular Torre Jinmao, con su característica cubierta que sigue el diseño tradicional de las pagodas chinas.

Lima, Perú.
La Ciudad de Lima, capital de la República del Perú, está llena de reliquias desde la etapa precolombina, y pasando con la época virreinal con la ocupación española del Perú, hasta la época republicana, aquí les mostramos la Lima moderna, que corresponde a la Avenida Javier Prado, lado este, al fondo el edificio más alto es el Banco de la Nación, y a la izquierda está el Museo de la Nación y el Gran Teatro Nacional.
Foto: Archivos del Blog. : A vuelo de un Quinde.

Sidney
La ciudad más grande y poblada de Australia y Oceanía está situada a orillas de la amplia bahía de Sídney, en la que destaca la Casa de la Ópera, el puente de la bahía de Sídney y sus playas. Hay que ir  hasta el Mrs. Macquaire’s Chai, un agradable paseo por los jardines botánicos nos brinda uno de los miradores más populares de la ciudad. Desde aquí hay que contemplar este maravilloso skyline con la puesta del sol. Otro mirador destacado sobre la ciudad es el de la Torre de Sydney.
Foto: AgeFotostock
José Alejandro Adamuz
24 de mayo de 2018


La mejores vistas de tus ciudades favoritas
Muchas veces hay que alejarse para ver mejor. Parece una contradicción; pero no. ¿Acaso no subimos a los miradores más altos para contemplar las ciudades? Es desde arriba que tenemos la mejor perspectiva. Podemos ver la ciudad en toda su extensión; la vista llega al horizonte y se nos revela la geografía urbana con todo detalle de una forma que es difícil alcanzar a pie.
Es una cuestión de escala: si los mapas sirven para caminar sin perdernos, los miradores nos dicen dónde estamos y nos muestran el entorno geográfico que ocupa la ciudad. Si superamos el vértigo y miramos, podremos ver cómo se desarrolla urbanísticamente, localizar los monumentos principales, los grandes edificios que confieren el horizonte reconocible de la ciudad, los parques, plazas y otros elementos urbanos que hacen única a cada una de las ciudades del mundo. Esta galería es una buena muestra, ¿no os parecen unas vistas magníficas?
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Los 10 rascacielos más icónicos del mundo

La pugna por construir el edificio más alto ha ocupado a países y grandes arquitectos en los dos últimos siglos con resultados espectaculares.

Burj Khalifa
El más alto. Inaugurado en 2010, en la ciudad de Dubai, en los Emiratos Árabes, sus 163 plantas alcanzan una altura de 828 metros. En la 124 se encuentra una plataforma de observación y en su base se extiende un gran parque. No perderse la impresionante Fuente de Dubai.
Gtres

Burj Khalifa
El Burj Khalifa (en árabe, برج خليفة, transliteración fonética al español: Burch Jalifa, transliteración fonética árabe: Burj Khalifa, en AFI:bʊɾʤ χalifæ) es un rascacielos ubicado en Dubái (Emiratos Árabes Unidos). Con 828 metros de altura, es la estructura más alta de la que se tiene registro en la historia.[5]​[6]​
Conocido durante su construcción como Burj Dubái (en árabe, برج دبي,Torre Dubái), el Burj Khalifa es la parte central de un desarrollo más complejo conocido en inglés como Downtown Dubai, (en árabe, وسط المدينة, previamente Downtown Burj Dubai, "Centro Dubái", en español), un complejo de 2 km2 situado junto a la avenida Jeque Zayed, que atraviesa transversalmente la ciudad de Dubái.[7]​ La construcción comenzó el 21 de septiembre de 2004, siendo su inauguración oficial el 4 de enero de 2010.[8]​ Debe su nombre al Jeque y presidente de los Emiratos Árabes Unidos, Jalifa bin Zayed Al Nahayan.
El arquitecto redactor principal del proyecto es Adrian Smith, que trabajó junto a la firma Skidmore, Owings and Merrill (SOM) hasta 2006. La construcción del Burj Khalifa contó con un presupuesto estimado de más de 4 000 millones de dólares, que se incrementó hasta los 20 000 millones para el desarrollo completo del Downtown Burj Khalifa. Parte del coste del edificio fue financiado por la familia del Emir Mohammed bin Rashid Al Maktoum, entre los que destaca su sobrino Fuad bin Rashid Al Maktoum de tan solo 20 años, que financió 25 millones de dólares del proyecto.
El 21 de julio de 2007, la empresa promotora Emaar Properties anunció que el entonces Burj Dubai había superado el récord de altura que ostentaba hasta entonces el rascacielos Taipei 101 con 508 metros, convirtiéndose en el edificio más alto del mundo. Este récord no se hizo oficial hasta el 4 de enero de 2010, pues el organismo encargado de medir la altura de los edificios, el Consejo de Edificios Altos y Hábitat Urbano (CTBUH en sus siglas en inglés), no reconoció la altura definitiva del edificio hasta que concluyeron las obras.[9]​[10]​ El 17 de enero de 2009 el Burj Khalifa alcanzó su altura máxima (828 metros), convirtiéndose en la estructura más alta jamás levantada por el ser humano, aunque la promotora del edificio no confirmó de forma oficial este acontecimiento.[10]​[11
Wikipedia
https://es.wikipedia.org/wiki/Burj_Khalifa

CN Tower
La torre desbancada. Aunque no aparece el las listas de los edificios más altos del mundo, la CN Tower (500 metros), fue hasta la llegada del Burj Khalifa la mayor construcción del planeta. Situada en Toronto, Canadá, recibe dos millones de visitantes al año, es una torre de comunicaciones y observación que tiene en lo alto un espectacular mirador. Hoy sigue siendo la más alta del hemisferio norte.
Gtres

Shanghai Tower
El más reciente. La Shangai Tower se inauguró en 2014 y con 632 metros es el segundo rascacielos más alto del mundo.
Gtres

Empire State
El más antiguo de los «grandes». El Empire State se sitúa en la actualidad en el puesto 28 de los altos edificios del mundo. Todos los que le preceden se han erigido en las dos últimas décadas, mientras que el coloso de Nueva York data de 1931. Su altura es de 381 metros.
Gtres

Torres Petronas
El más alto del siglo XX. El siglo pasado se cerró con las Torres Petronas como icono de altitud. En Kuala Lumpur (Malasia) sus 452 metros tuvieron el record durante varios años, hasta 2005 y en la actualidad siguen siendo las torres gemelas más altas del mundo.
Gtres

One World Trade Centre
El más alto de Estados Unidos. El país precursor en construir edificios de vértigo, cuenta desde 2013 con la torre One World Trade Center el rascacielos más alto de Estados Unidos, con 542 metros. Erigido para remplazar las Torres Gemelas abatidas en 200l, es el séptimo edificio más alto del mundo.
onewtc.com

Chrysler Building
El más visitado. El número 32 del ranking mundial lo ocupa el Chrysler de Nueva York. Está considerado como la primera estructura construida por el hombre de más de 300 metros y fue el edificio más alto del mundo de 1930 a 1931, hoy sigue siendo la cosntrucción de ladrillos más alta que existe.
Gtres

Torre Eiffel
La más icónica. Otra torre que no aparece en los listados pero que merece una mención por haber sido pionera en alturas y por haberse convertido a pesar de todo pronóstico en el gran icono de París. La torre Eiffel, construida con motivo de la Exposición Universal de 1889, alcanza una altura total de 324 metros, y recibe anualmente unos siete millones de visitantes.
Gtres

Shard
El más alto de Europa. Hasta 2012 fue el Shard de Londres, con 310 metros, el techo del viejo continente. Se destaca por su planta triangular revestida del vidrio que emerge entre los muelles del Southbank. El Shard fue superado en altura por Torre Ciudad Mercurio en Moscú, que mide 339 metros.
Gtres

Torre Cepsa (Torre Foster)
El más alto de España. Madrid acoge la Torre Cepsa (Torre Foster) que hasta el momento es, con sus 250 metros, la más alta del país, seguida por la Torre de Cristal (249 metros) que también se encuentra en la capital española. El Hotel Ars y la Torre Maphre, ambas de 154 metros, son los edificios más altos de Barcelona.
Gtres
1 de septiembre de 2015

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Fotografías
Detrás de los más de 800 metros del gran mastodonte y bello Burj Khalifa de Dubai se abre una inmensa lista de construcciones altísimas que da la vuelta al mundo y se detiene sobre todo en países asiáticos y en los Emiratos Árabes. Los grandes iconos americanos de principios del siglo XX han empequeñecido en altura pero no en interés ni en belleza. Aquí mostramos algunos los grandes fenómenos arquitectónicos de los últimos siglos
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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