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miércoles, 9 de diciembre de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : MISTERIOS Y CURIOSIDADES DEL ANTIGUO EGIPTO .- Mujeres faraón en el trono de Egipto

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos entrega un amplio reportaje sobre las mujeres faraón que gobernaron Egipto; hay una lista que durante los tres mil años de historia faraónica, hubieron mujeres influyentes en el gobierno ya sea como regentes o encargadas terminaron como reales faraonas.
NATIONAL GEOGRAPHIC.- narra : "........ Sabemos, eso sí, que durante toda la historia de Egipto, hubo muchas reinas, esposas y madres de faraones, que ejercieron gran poder e influencia sobre las decisiones de Estado, e incluso algunas de ellas contribuyeron a cambiar la historia, como es el caso de las grandes reinas tebanas de la dinastía XVII (h. 1540 a.C.), como Tetisheri o Ahhotep, cuyas actuaciones fueron fundamentales en la guerra contra los hicsos (A Ahhotep incluso le concedieron una valiosa condecoración militar al valor, el "collar de las moscas"). Muchos de los nombres y las gestas de estas mujeres han llegado hasta nosotros: Hetepheres, Khenthaus, Ahmosis Nefertari, Tiy, Isis Nofret, Nefertari, Nefertiti... Sabemos que ellas transmitían el poder, y también sabemos que fueron influyentes y escuchadas, pero siempre actuaron a la sombra de sus esposos, que eran en realidad quienes ejercían el poder efectivo que comportaba el título de faraón....."




Durante los tres mil años de historia faraónica, el título de soberano de las Dos Tierras recayó casi siempre en manos masculinas. Pero en algunas ocasiones el faraón no fue un hombre, sino una mujer que normalmente alcanzó el trono en períodos de regencia, y en tiempos convulsos o de vacío de poder.







Hatshepsut realiza su carrera ritual durante el Heb Sed o jubileo real, tocada con la corona del Bajo Egipto. Capilla Roja, Karnak. 
Foto: iStock

"¿qué es el rey del Alto y Bajo Egipto? Él es el dios gracias al cual se vive, el padre y la madre de todos los hombres, él solo, sin igual". Para los antiguos egipcios era algo que estaba en armonía con las leyes naturales y con el mantenimiento del equilibrio cósmico que el cargo de faraón, la más alta autoridad en la tierra, el representante de los dioses e interlocutor entre ellos y los humanos, fuese ostentado por un hombre; de hecho, los reyes eran identificados con Horus, el dios representado como un hombre con cabeza de halcón, hijo de Isis y Osiris, dos de las divinidades más importantes del panteón egipcio.

Para los antiguos egipcios era natural que el cargo de faraón, la más alta autoridad en la tierra, interlocutor entre los dioses y los humanos, fuese ostentado por un hombre.

Sabemos, eso sí, que durante toda la historia de Egipto, hubo muchas reinas, esposas y madres de faraones, que ejercieron gran poder e influencia sobre las decisiones de Estado, e incluso algunas de ellas contribuyeron a cambiar la historia, como es el caso de las grandes reinas tebanas de la dinastía XVII (h. 1540 a.C.), como Tetisheri o Ahhotep, cuyas actuaciones fueron fundamentales en la guerra contra los hicsos (A Ahhotep incluso le concedieron una valiosa condecoración militar al valor, el "collar de las moscas"). Muchos de los nombres y las gestas de estas mujeres han llegado hasta nosotros: Hetepheres, Khenthaus, Ahmosis Nefertari, Tiy, Isis Nofret, Nefertari, Nefertiti... Sabemos que ellas transmitían el poder, y también sabemos que fueron influyentes y escuchadas, pero siempre actuaron a la sombra de sus esposos, que eran en realidad quienes ejercían el poder efectivo que comportaba el título de faraón.


La reina Nefertari jugando al senet. Escena de su tumba en el Valle de las Reinas.

Foto: Cordon Press

¿UNA MUJER EN EL TRONO DE LAS DOS TIERRAS?

Sin embargo, también sabemos que a lo largo de la historia del País del Nilo hubo algunas mujeres que, más allá de su condición de esposas o madres, ocuparon ellas mismas, de pleno derecho, el trono real. De todas ellas, tal vez la más destacada sea Hatshepsut, a principios de la dinastía XVIII (1539-1292 a.C.). Hija y esposa de faraones, Hatshepsut alcanzó el poder como regente de su sobrino e hijastro Tutmosis III, pero acabó gobernando Egipto durante unos veinte años, y no sólo como regente de un faraón menor de edad, sino presentándose ella misma como faraón coronado. Otra famosa reina que ostentó el título de faraón fue Cleopatra VII, ya a finales del período ptolemaico, poco antes de la conquista definitiva de Egipto por Roma.


Cleopatra y su hijo Cesarión. Relieve del templo de Dendera.

Foto: iStock

Hatshepsut alcanzó el poder como regente de su sobrino e hijastro Tutmosis III, pero acabó gobernando Egipto durante unos veinte años como faraón coronado.

Pero, además de Hatshepsut y Cleopatra, ¿hubo otras mujeres que ocuparon el trono de las Dos Tierras como faraón reinante? Pues al parecer sí, aunque no fueron muchas. Según el historiador romano Diodoro Sículo, que vivió en el siglo I a.C., sólo hubo cinco, aunque se piensa que pudo haber habido hasta ocho. Aquí exponemos las historias fascinantes de algunas mujeres que posiblemente gobernaron Egipto como faraón a lo largo de sus más de tres mil años de historia.


Estela del rey Djet. Museo del Louvre, París.

Foto: Cordon Press

MERNEITH, EN LOS ALBORES DE EGIPTO

Durante la dinastía I (2900-2730 a.C.), en los albores del Egipto faraónico, surge de las sombras del tiempo la figura de esta reina, cuyo nombre significa "la amada de la diosa Neith", que al parecer ostentó una titulatura real. Fue esposa del rey Djet/Uadyi, y tras enviudar tuvo que ejercer como regente de su hijo Den, el heredero del trono, por entonces un niño. El egiptólogo Flinders Petrie descubrió en Abydos la suntuosa mastaba real donde se hizo enterrar Merneith y la catalogó al principio como perteneciente a un faraón masculino. Pero ¿llegó a ostentar Merneith el título de faraón? El hallazgo de un templo funerario dedicado a esta mujer en Abydos, y los descubrimientos en Saqqara de una barca solar, el hallazgo de varios vasos con el nombre de Merneith inscrito que se localizaron en la mastaba 3503, sumados a que su nombre aparece en una lista real procedente de la impresión de un sello cilíndrico descubierto en la tumba de su hijo Den parecen confirmar que, como mínimo, mientras duró su regencia, Merneith ejerció el gobierno con las prerrogativas y poderes de un faraón, actuando como rey efectivo de Egipto. Pero años después, en la Lista Real del Horus Kaa, de finales de la dinastía, su nombre ya no aparece entre los de los monarcas.


Pirámide de Userkaf, hijo de la reina Khentkaus I y primer faraón de la dinastía V, en Saqqara.

Foto: iStock

KHENTKAUS I Y KHENTKAUS II

Estas dos reinas vivieron respectivamente a finales de la dinastía IV (2543-2436 a.C.) y durante la V (2435-2306 a.C.) y, curiosamente, se han hallado representaciones de ambas con atributos reales, como la barba postiza y el ureo (la cobra y el buitre, símbolos del poder faraónico). A la primera se la menciona incluso como "La Rey del Alto y del Bajo Egipto y Madre del Rey del Alto y del Bajo Egipto". Pero ¿quiénes fueron estas mujeres que compartieron nombre y dinastía? Khentkaus I fue una hija de Micerino, el propietario de la pirámide más pequeña de Gizeh. En 1932, el arqueólogo Selim Hassan halló su tumba, una magnífica mastaba en forma de gigantesco sarcófago. La reina fue la esposa del último faraón de la dinastía IV, Shepsheskaf, y la madre del primer faraón de la dinastía V, Userkaf. Al parecer actuó como regente de tres de sus hijos: Userkaf, Sahure y Neferirkare. En la tumba de la soberana en Gizeh, las inscripciones la muestran como faraón gobernante, pero tampoco consta en las listas reales posteriores. En cuanto a la segunda Khentkaus, poca cosa sabemos en realidad. De ella nos queda una pirámide auxiliar y un templo funerario en la necrópolis de Abusir, además de alguna representación de la misma con los atributos del poder faraónico.


El banquete de Nitocris. Grabado.

Foto: Cordon Press

NITOCRIS LA VENGADORA

Una lista de reyes de Egipto como el Canon Real de Turín menciona el nombre de Nitocris como faraón efectivo de Egipto, y el sacerdote Manetón, autor de una lista de reyes de Egipto, la reconoce como último faraón de la dinastía VI (2305-2118 a.C.). En su Historia de Egipto, Manetón dice lo siguiente: "Hubo una mujer, Nitocris, que reinó; era más valiente que todos los hombres y más bella que todas las mujeres de su tiempo, dotada de una hermosa piel y de sonrosadas mejillas. Se dice que construyó la tercera pirámide que tiene aspecto de montaña". Parece ser que Nitocris se desposó con su hermano Merenre II, pero al quedar pronto viuda (al parecer, el rey fue asesinado) gobernó en solitario durante dos años como faraón. Su leyenda atravesó los siglos, y llegó a oídos del historiador griego Heródoto, quien durante su viaje a Egipto, en el siglo VI a.C., contó lo siguiente sobre la venganza de Nitocris: "Me contaron que ella, para vengar a su hermano, hizo perecer con engaños a muchos egipcios". Al parecer, invitó a los culpables del crimen a un banquete y los ahogó inundando la sala con agua del Nilo. Al final, cuando la reina logró su venganza, siempre según Heródoto, "se precipitó en una cámara llena de cenizas para evitar las represalias...".


Cabeza de la reina Sobeknefrure. Museo Egipcio, Berlín.

Museo Egipcio, Berlín.

SOBEKNEFRURE, EL FINAL DE UNA DINASTÍA

Tras los tiempos convulsos del final del Reino Antiguo, los monarcas tebanos de la dinastía XII (1939-1760 a.C.) llevaron a cabo la segunda reunificación de Egipto. Estos doscientos años de la historia de Egipto son calificados como un tiempo próspero y con grandes beneficios para el país. Pero a finales de la dinastía, una serie de disputas entre gobernadores provinciales (nomarcas) volvieron a traer un período de inestabilidad. Es en este contexto cuando surge la figura de la reina Sobeknefrure. Pero ¿quién era esta mujer? Su nombre aparece en varias listas reales e inscripciones, y se han localizado cinco estatuas suyas. Parece ser que fue hija de Amenhemat III y hermana de Amenhemat IV, al que posiblemente desposó. Lo que sí está claro es que aparece como último rey coronado de la dinastía XII con los siguientes títulos: "Amada de Re", "Señora de las Dos Tierras", "Hija del Poder", "Eterna de Apariciones Radiantes", "El Rey del Alto y del Bajo Egipto Sobeknefrure".


Interior de la tumba de Tausert, en el Valle de los Reyes, posteriormente usurpada por su sucesor Sethnakht.

Foto: iStock

LA ENIGMÁTICA TAUSERT

Tras el gobierno en solitario de Hatshepsut durante la dinastía XVIII (1539-1292 a.C.), hubieron de pasar varios siglos hasta que otra mujer accediese al trono de las Dos Tierras. Fue a finales de la dinastía XIX (1292-1191 a.C.), cuyos primeros reyes, como Seti I y Ramsés II, son los más conocidos. Tras la muerte de Merneptah, hijo y sucesor de Ramsés II, subió al trono de Egipto su hijo Seti II. Seti tuvo un hijo enfermizo llamado Siptah, de una esposa secundaria. Seti también desposó a una mujer llamada Tausert, de origen incierto. Tras la muerte de Seti II, al parecer Tausert ejerció como regente del joven Siptah, que murió poco tiempo después. Tausert decidió entonces gobernar en solitario y se proclamó "Rey del Alto y del Bajo Egipto", incluso incluyó en su nombre la titulatura de "Sa-Re", que significa hija de Re (el dios Sol). Tausert ordenó construir para ella una tumba en el Valle de los Reyes, igual que sus predecesores masculinos, y también mandó erigir un Templo de Millones de Años (templo funerario) cerca del Ramesseum. Pero Tausert no tuvo un largo reinado. Dos años después fue destituida por Sethnakht, el fundador de la dinastía XX (1190-1077 a.C.), un personaje tan ambicioso como ella, que persiguió la memoria de la reina y borró su nombre de todos sus monumentos. Incluso usurpó la magnífica tumba que ella mandó erigir en la necrópolis tebana.


El faraón Hatshepsut se representa en este relieve junto a su padre, el dios Amón. Templo de Karnak.

Foto: Cordon Press

"COMO RE, ETERNAMENTE..."

No podemos acabar esta relación de faraones femeninos sin hacer referencia a cómo Hatshepsut legitimó su ascenso al trono de las Dos Tierras, con el apoyo del clero de Amón. Para ello, se ideó el mito de la "teogamia" o nacimiento divino de la soberana, haciéndola hija del dios Amón, quien, tomando la figura de su padre, Tutmosis I, fecundó a su madre, la reina Ahmosis. El dios principal de la dinastía legitimaría su reinado con estas palabras: "Amón hizo que los dioses todos del Alto y Egipto la vieran (a Hatshepsut). Palabras dichas por Amón Re, Señor del Cielo y Rey de los dioses: 'Ved a mi hija Henemet-Amón Hatshepsut, que viva. Amadla y complaceos en ella' (...). Ella permanecerá al frente de los ka de todos los vivientes, junto con su ka, como Rey del Alto y Bajo Egipto sobre el trono de Horus, como Re, eternamente".

NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

viernes, 20 de diciembre de 2019

ANTIGUO EGIPTO : NATIONAL GEOGRAPHIC .- Una estatua excepcional: Encuentran un busto de Ramsés II ..................

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., en el "...barrio de Mit Rahina, cera de Menfis, la antigua capital de Egipto, unas excavaciones clandestinas han sacado a la luz la parte superior de una estatua de Ramsés II tocada con el símbolo del ka, lo que la convierte en la primera escultura de piedra de este tipo que se ha localizado nunca. .."
NATIONAL GEOGRAPHIC .- narra: "......... En Mit Rahina, cerca del yacimiento de Menfis, la antigua capital de Egipto durante el reino Antiguo (2543-2120 a.C.), a unos veinte kilómetros de El Cairo, se ha registrado un hallazgo sorprendente: un busto de granito rojo que representa al faraón Ramsés II (1279-1213 a.C.). El descubrimiento se ha realizado en los terrenos de una finca privada, cuyo propietario ha sido detenido por realizar excavaciones arqueológicas clandestinas....."

¿Quién fue Ramses II?
Faraón durante la edad de oro de Egipto, el Rey Ramsés II construyó más monumentos y engendró más niños que cualquier otro rey egipcio.
 
La estatua del faraón colosal de 3.000 años de antigüedad se mudó a un nuevo hogar
La estatua de 83 toneladas de Ramsés II, el mayor gobernante del antiguo Egipto, llega al Gran Museo Egipcio.

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/ramses-ii_7112/1

Movido por el deseo de perpetuar su gloria para la eternidad, Ramsés II levantó monumentos por todo Egipto, entre ellos su magnífico templo funerario, el Ramesseum, en la orilla occidental de Tebas

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/encuentran-busto-ramses-ii_15023

En el barrio de Mit Rahina, cera de Menfis, la antigua capital de Egipto, unas excavaciones clandestinas han sacado a la luz la parte superior de una estatua de Ramsés II tocada con el símbolo del ka, lo que la convierte en la primera escultura de piedra de este tipo que se ha localizado nunca. 

 
Foto: Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto
Carme Mayans
· Lectura: 2 min

 En Mit Rahina, cerca del yacimiento de Menfis, la antigua capital de Egipto durante el reino Antiguo (2543-2120 a.C.), a unos veinte kilómetros de El Cairo, se ha registrado un hallazgo sorprendente: un busto de granito rojo que representa al faraón Ramsés II (1279-1213 a.C.). El descubrimiento se ha realizado en los terrenos de una finca privada, cuyo propietario ha sido detenido por realizar excavaciones arqueológicas clandestinas.

Surgida del barro

La pieza, que se encuentra en bastante buen estado de conservación, mide 105 centímetros de alto y 55 de ancho, y representa a Ramsés II luciendo el símbolo del ka, la fuerza vital o espíritu para los antiguos egipcios. Se trata de dos brazos alzados, con las palmas de las manos mirando hacia adelante, situados sobre la cabeza de la estatua del faraón. Este hallazgo es, según los arqueólogos, muy importante, puesto que sólo se conserva una estatua real que porte este símbolo: la de rey Hor I, de la dinastía XIII (1759-160 a.C.), una pieza de madera que se expone en el Museo Egipcio de El Cairo.
El hallazgo de este busto de Ramsés II es muy importante puesto que sólo se conserva una estatua real que porte este símbolo: la de rey Hor I, de la dinastía XIII.
Mustafa Waziri, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, ha destacado que "este descubrimiento arqueológico es uno de los más raros que se han registrado. Se trata de la primera estatua de granito con el símbolo del ka de la que se tiene constancia". En las inmediaciones, los arqueólogos han exhumado también un grupo de diecinueve bloques de granito rojo y piedra caliza con relieves que muestran a Ramsés realizando el ritual Heb Sed, un jubileo real que se realizaba normalmente cada treinta años y que servía para renovar el poder y la fuerza física del faraón. Los arqueólogos creen que en esta zona posiblemente se alzó un gran templo dedicado a Ptah, dios creador según la teología menfita, que fue uno de los santuarios más importantes de Egipto.
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Ramsés II

Movido por el deseo de perpetuar su gloria para la eternidad, Ramsés II levantó monumentos por todo Egipto, entre ellos su magnífico templo funerario, el Ramesseum, en la orilla occidental de Tebas

BRITISH MUSEUM / SCALA
Un coloso Ramsés II
En estatua procendente del Ramesseum, conocida como el "joven Memnón", Ramsés II se muestra como un joven rey en el cénit de su fuerza y su poder. Museo Británico, Londres.

Sylvain Grandadam / AGE FOTOSTOCK
El templo de la eternidad
Cuatro colosos que muestran a Ramsés como Osiris, el dios del Más Allá, reciben a los visitantes en el segundo pórtico del Ramesseum, el templo funerario construido por el faraón en Tebas.

ART ARCHIVE
La mítica talla de Ramsés II
Belzoni y sus hombres arrastran la estatua del "joven Memnón" desde su ubicación en el Ramesseum. Grabado por Luigi Ademollo. 1822. 

Walter Bibikow / GETTY
La obra maestra del rey
En el templo funerario que Ramsés II ordenó erigir en Abu Simbel, las cuatro efigies colosales esculpidas en la fachada, de 20 m cada una, transmiten una sensación de gloria y majestad.

Erich Lessing / ALBUM
Los valientes caballos del faraón
Este anillo de oro, lapisázuli y cornalina, de Ramsés II es una bella obra de orfebrería ordenada por el faraón que conmemora el valiente comportamiento de sus dos corceles, Mut está Satisfecha y Victoria en Tebas, en la batalla de Qadesh contra los hititas. Museo del Louvre, París.

S. Vannini / DEA / AGE FOTOSTOCK
La tumba de la Gran Esposa Real
Nefertiti, con un tocado real, hace una ofrenda ante Isis. Pintura de su tumba en el Valle de las Reinas.
· Lectura: 8 min

 Ramsés II, tercer faraón de la dinastía XIX, fue coronado en 1279 a.C. "como rey de Egipto sobre el trono de Horus de los que están vivos, sin que pueda haber nunca jamás su repetición", según narran las fuentes de la época. Durante su reinado acometió un programa constructivo sin precedentes. El país se llenó de nuevos edificios religiosos, en los que aparecían los diversos nombres del soberano, así como la imagen del rey impartiendo justicia, honrando a los dioses o en el campo de batalla, como artífice de victorias reales o supuestas.
Da la sensación de que en Egipto no existió ningún rincón donde el rey no estuviera inmortalizado en piedra para asegurar su memoria más allá de la muerte. En Abydos concluyó la obra de su padre Seti y erigió su propio templo; fundó y agrandó santuarios en diversos lugares, entre ellos Tebas, Karnak y Luxor. Para afianzar su presencia en Nubia edificó allí varios templos, entre los que destaca el de Abu Simbel, éste dedicado a Amón, Re-Horakhty, Ptah y al propio Ramsés deificado. Allí, en Abu Simbel, dedicó un templo más pequeño a su esposa Nefertari, asociada a Hathor. Además hizo grabar estelas e inscripciones, levantar obeliscos y tallar estatuas que sembró por sus dominios, más allá del valle del Nilo, desde Nubia hasta Libia y Palestina. Ramsés fue un maestro en el uso de la propaganda, y para engrandecerse a sí mismo no dudó en usurpar edificios, inscripciones y estatuas de monarcas anteriores, incluido su propio padre, Seti I. Para mantener vigilada la frontera del norte, siempre amenazada por incursiones de libios o de pueblos del Próximo Oriente, y para alejarse del poderoso clero de Amón en Tebas trasladó la capital de Egipto a Pi Ramsés, una pequeña ciudad del Delta fundada por su abuelo, Ramsés I. Pi Ramsés llegó a alojar a unos 300.000 habitantes y Tebas quedó relegada a capital religiosa.

El Templo de Millones de Años

Entre todas las construcciones de Ramsés II hubo una que le fue especialmente querida. Se erigió justamente en Tebas, en la orilla occidental del Nilo, próxima a la tumba del faraón en el Valle de los Reyes. Actualmente la conocemos como Ramesseum, desde que Jean-François Champollion la bautizó así al identificar un cartucho con el nombre del rey. En la época de Ramsés, en cambio, se la conocía como "Residencia de los Millones de Años de User-Maat-Re Setepenre que se une con la ciudad de Tebas en los dominios de Amón, al oeste de la ciudad". User-Maat-Re Setepenre era el nombre que tomó Ramsés al subir al trono y de él deriva la denominación que le dieron los griegos en la Antigüedad, como Diodoro de Sicilia, que pensó que el edificio albergaba la "tumba de Ozymandias", deformación del nombre User-Maat-Re. Estrabón, por su parte, habla de un templo en Tebas oeste al que llama Memnonio, asociándolo con un personaje de la Ilíada de Homero llamado Memnón, supuesto rey de Etiopía.
Las obras del Ramesseum duraron casi veinte años, desde el comienzo del reinado de Ramsés hasta su conclusión en el año 21. En la construcción participaron los mejores especialistas del país, al mando de los maestros de obras Penra de Coptos y Amoneminet de Abydos, dos ministros de confianza del faraón. Ambos lo proyectaron para que fuese uno de los templos más grandes de Tebas oeste. Sus casi seis hectáreas de superficie comprenden el templo principal, un templo dedicado a su esposa Nefertari y a su madre Tuya, un palacio y las dependencias anexas dedicadas a la administración del santuario. Se sabe que para la construcción se reutilizaron algunos bloques de templos de la dinastía XVIII. Este edificio, creado con los mejores materiales, edificado en piedra y destinado a mantenerse en pie eternamente quedó muy deteriorado a causa de un terremoto, y sus ruinas se emplearon como cantera de materiales para otros edificios, en especial el vecino templo del faraón Ramsés III en Medinet Habu.

Protector de su pueblo

La fiebre constructiva de Ramsés podría parecer una forma de megalomanía o de egocentrismo; pero en realidad respondía a motivaciones más profundas. Por un lado, el rey quería que sus súbditos supieran que era el brazo fuerte y dominador, aquel al que no se podía vencer. Así se refleja en la decoración grabada en el Ramesseum, tanto en los muros exteriores como en los interiores: abundan las escenas de batallas, con el rey conduciendo victorioso a su ejército y venciendo a las fuerzas del mal, personificadas por sus enemigos. Como en otros templos, Ramsés hizo grabar en el Ramesseum episodios de la batalla de Qadesh y de otros enfrentamientos contra pueblos extranjeros. Igualmente, reprodujo el desfile de algunos de sus numerosos hijos e hijas.
Algunas escenas del Ramesseum muestran al faraón junto a diversos dioses del panteón egipcio, e incluso él mismo aparece representado como un dios. En efecto, las edificaciones reales del Imperio Nuevo no sólo mostraban el poder militar o político de los faraones, sino también su condición divina, algo que resulta patente en el Ramesseum. Como otros templos repartidos en Tebas oeste, el Ramesseum era un lugar de culto tanto para el dios Amón como para el rey divinizado. Mediante diversos rituales, fiestas y ceremonias se simbolizaba la constante regeneración del faraón. Estas ceremonias eran necesarias para que rejuveneciera y se revitalizara tanto mientras estaba vivo como tras su muerte. El Ramesseum quedaba así unido de un modo simbólico con la tumba del faraón en la necrópolis real tebana; santuario y sepulcro, pese a estar separados físicamente, formaban una unidad destinada a mantener al difunto en la inmortalidad.

Ramsés, igual a los dioses

La identificación de Ramsés con Amón se traducía en las esculturas. En la zona más interna del templo se alojaba la sagrada estatua de Amón con los rasgos del soberano. La estatua era objeto de un culto diario, en el que recibía alimento y se la vestía, enjoyaba y perfumaba como si fuera un ser vivo, pues mediante el rito volvía a cobrar vida. Otra importante fiesta local era la Bella Fiesta del Valle, en la que la estatua de Amón partía de su residencia en Karnak para visitar los templos de Millones de Años de los faraones y revitalizar a los difuntos enterrados en la orilla occidental. La imagen se trasladaba en barca, por el río y los canales, hasta los muelles situados frente a los templos de Millones de Años. Después se colocaba en un navío transportable que era acarreado a hombros por los sacerdotes hasta el interior del Ramesseum, donde se celebraban las ceremonias más secretas.
Si bien es cierto que los templos egipcios no estaban pensados para acoger feligreses, el pueblo sí podía acceder a los primeros patios. En estos lugares se alzaban grandes colosos del faraón a los que el pueblo hacía ofrendas y elevaba sus súplicas en el transcurso de algunas fiestas. En el Ramesseum esta función la cumplía un coloso de dimensiones extraordinarias, de 18 metros de altura sin contar la base, colocado en el primer patio, justo ante el pilono que da acceso al segundo patio del templo. Recibía el nombre de "Ramsés Sol de los Soberanos". Actualmente se ha puesto en marcha un ambicioso proyecto para reconstruir el coloso caído a partir de los más de quinientos fragmentos que se han localizado de la estatua.

El rey en la eternidad

La estructura del santuario refleja la creencia egipcia en la regeneración del faraón después de la muerte. A partir de la entrada, conectada con el Nilo por un embarcadero, los distintos espacios del templo –dos patios sucesivos, la sala hipóstila y la cámara de la barca– se orientaban en una dirección este-oeste, siguiendo, por tanto, el curso de la salida y la puesta de Sol. De este modo, el rey acompañaría al Sol en su curso diario por toda la eternidad, en una repetición diaria del milagro del renacimiento y la renovación. Un significado parecido tienen los grandes "pilares osiríacos" del segundo patio del santuario, situados a la entrada de la sala hipóstila, en los que se representaba a Osiris envuelto en un sudario; se evocaba así la regeneración del monarca tras su muerte, como el resucitado Osiris, dios del más allá con el que el faraón se identificaba.
Ramsés, como hombre piadoso que era, quiso rendir culto en su templo a sus progenitores. De este modo, decidió integrar en su Palacio de Millones de Años una pequeña edificación, conocida como Mammisi, en honor de su madre Tuya. Esta muestra de piedad filial respondía también a un fin propagandístico, el de afirmar su nacimiento legítimo y divino, pues se consideraba que el dios Amón se había encarnado en su padre, Seti I, para fecundar a Tuya.
Asimismo, al sur del primer patio, Ramsés erigió un palacio en piedra dotado con una "ventana de aparición" desde la que el rey se mostraba a sus súbditos en ocasiones solemnes. Este palacio sería imitado más tarde por Ramsés III en el cercano templo de Medinet Habu. La memoria, el poder y las hazañas de Ramsés II se perpetuaban, así, en las obras de sus descendientes, y aún en nosotros, al recordar la memoria de este gran faraón.

Para saber más

Memorias de Ramsés el Grande. C. Lalouette. Crítica, Barcelona, 2006.
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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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