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lunes, 17 de enero de 2022

CURIOSIDADES DE LA HISTORIA: EPISODIO 68.- La conquista del Polo Sur: Amundsen contra Scott

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la dramática conquista de la llegada del primer hombre al Polo Sur, fue protagonizada por Robert Falcon Scott, representando a Inglaterra, auspiciada y organizada por la Royal Geographic Society, partió en el barco Terra Nova en junio de 1,910.
Al mismo tiempo aparece en la competencia el noruego Roald Amundsen, quien en completo secreto, anuncia en un telegrama que va hacia el Polo Sur, y parte en el barco Fram, desde el puerto de Madeira y cuyo  rumbo es directo, sin escalas. 
Tras medio año de travesía, el 4 de enero de 1911, Scott estableció su base en la Plataforma de hielo de Ross. Amundsen, por su parte, llegó diez días más tarde y, como si quisiera añadir más emoción al duelo, decidió instalarse en una zona relativamente próxima a la de los británicos, la bahía de las Ballenas. 
En una arriesgada apuesta, el noruego se estableció sobre una plataforma de hielo, que según sus competidores podría desprenderse en cualquier momento, pero que le proporcionó una ventaja de 100 kilómetros. Distancia nada despreciable si se considera que en total había que recorrer unos 1.400 kilómetros hasta alcanzar el polo. 
El 19 de octubre de 1,911, Amundsen no pudo resistir más la tensión de la espera y decidió ponerse en marcha con cinco hombres y cuatro trineos, cada uno tirado por 13 perros. Como si hubiera escuchado el mismo pistoletazo de partida, tan sólo cinco días después, Scott hizo salir a la vanguardia de su equipo: cuatro hombres y dos trineos a motor que transportaban tres toneladas de material y alimentos. Otros 12 hombres y 10 caballos del grupo principal iniciaron su camino el 1 de noviembre, con Scott a la cabeza. Una vez en la meseta, 
Amundsen mantuvo su invariable ritmo de 27 kilómetros diarios, lo que le permitió completar la carrera en otras tres semanas. El 14 de diciembre de 1,911, a las tres de la tarde, los cinco noruegos al unísono clavaron la bandera de su país en el punto más austral del planeta. Habían vencido. 
Aquel día los británicos todavía se encontraban subiendo los glaciares, a 600 kilómetros de distancia. Robert Scott llegó 34 días después era el 12 de enero de 1,912 con 4 británicos también llegaron al corazón del Continente Antártico. Uno fue le victorioso héroe conquistador, el otro fracasó y murió al regreso, ambos se convirtieron en héroes.....   ...siga leyendo......



Mapa antártico del área del mar de Ross, con los recorridos de la expedición Terra Nova (verde) y la expedición de Amundsen (rojo).


Un 14 de diciembre de 1,911, Roald Amundsen conquista el Polo Sur. Allí izaron la bandera noruega y bautizaron el plano polar como la «Plataforma del Rey Haakon».A. 21​ Amundsen ironizaba sobre su victoria: «Nunca un hombre ha logrado un objetivo tan diametralmente opuesto a sus deseos. El área alrededor del polo Norte me había fascinado desde la infancia, y ahora estoy en el polo Sur. ¿Puede haber algo más extraño?»


Oscar WistingSverre HasselHelmer Hanssen y Roald Amundsen (de izquierda a derecha) en «Polheim», la tienda erigida en el Polo Sur el 16 de diciembre de 1911. La bandera en lo alto es la de Noruega; mientras que la de abajo lleva el nombre de «Fram». Fotografía de Olav Bjaaland.


El Fram, barco de la expedición.
Wikipedia.


En 1911, un noruego y un británico se adentraron en la inmensidad del continente antártico en una lucha por alcanzar por primera vez el extremo sur de la Tierra.

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TRANSCRIPCIÓN DEL PODCAST

El 15 de junio de 1910, toda Inglaterra despedía enfervorizada al Terra Nova, el barco que partía hacia la Antártida a la conquista del polo Sur. Nunca en la historia de la exploración se había estado tan seguro de que una expedición alcanzaría su objetivo: disponía del material más moderno, gran parte de sus hombres tenían experiencia polar, y las cuatro quintas partes del itinerario habían sido exploradas por un compatriota suyo, Ernest Shackleton, dos años atrás.

Todo parecía a punto para que el capitán Robert Falcon Scott se convirtiese en la primera persona en alcanzar tan ansiado lugar, el único punto geográfico significativo de la Tierra que el hombre no había pisado. Sin embargo, el 12 de octubre recibió un telegrama con un contenido enigmático: «Me dirijo a la Antártida». Estas escuetas palabras iniciaron una cadena de acontecimientos que terminarían haciéndole perder la carrera y costándole la vida.

UN COMPETIDOR ENTRA EN ESCENA

El misterioso telegrama procedía de Roald Amundsen, un noruego que se había hecho famoso por haber logrado atravesar en barco el mítico Paso del Noroeste, que une el océano Atlántico con el océano Pacífico por el norte de América. Una ruta entre el hielo que durante tres siglos habían intentado localizar los mejores navegantes.

Amundsen había nacido en una próspera familia de armadores y desde pequeño se había sentido seducido por las regiones polares, en particular por ser el primero en pisar el polo Norte. Así, desde su juventud todo fue una preparación para poder llevar a cabo tal empresa. Era un consumado deportista, un experto esquiador. Los casi tres años que le llevó completar la travesía del Paso del Noroeste le permitieron relacionarse con los esquimales, y de ellos aprendió sus técnicas milenarias para desenvolverse en ese mundo de hielo y nieve, donde los exploradores occidentales encontraban tantas dificultades para sobrevivir.

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Inicialmente, Amundsen pensó aplicar todos estos conocimientos para realizar una expedición de investigación en el Ártico, en la que esperaba alcanzar su ansiado sueño de pisar el polo Norte. Pero en 1909 supo que se le habían adelantado. Dos exploradores norteamericanos, Robert Peary y Frederick Cook, reivindicaban haber llegado el primero a ese punto geográfico y se acusaban el uno al otro de mentir. En este ambiente de confusión, Amundsen comprendió que su expedición debía cambiar de objetivo. Fue entonces cuando, como dijo más tarde, «volví mi mirada hacia el polo Sur».

En el más absoluto de los secretos, sin informar ni a sus hombres, ni a sus patrocinadores, ni a su propio Gobierno, Amundsen se dirigió a la Antártida. Quería adelantarse a los británicos, que estaban ultimando una expedición para conquistar el polo Sur. Su hermano envió aquel lacónico telegrama después de que Amundsen partiera hacia la Antártida desde Madeira en un viaje sin escalas para aislarse del mundo (su barco carecía de radio) y que ni sus patrocinadores ni el Gobierno noruego pudieran detenerle.

UN HOMBRE Y SU DESTINO: SCOTT

Scott era un prometedor oficial de la Armada británica que en 1901, con tan sólo 31 años, fue seleccionado para dirigir la expedición a la Antártida que organizaba la Royal Geographic Society. Como él mismo reconocería, nunca había sentido una predisposición especial por las regiones polares –a diferencia de Amundsen–, y aquel viaje le cambió la vida. La particular belleza de ese mundo de hielo, las vivencias de la exploración y las posibilidades de promoción social ejercieron sobre su ánimo un influjo irresistible que lo llevó a encaminar sus pasos hacia aquel reino helado. Poco después de que el también británico Ernest Shackleton fracasara en su intento de alcanzar el polo Sur –su expedición duró dos años, de 1907 a 1909, y se quedó a 180 kilómetros de su objetivo–, Scott decidió organizar su propia travesía.

Le fue sencillo encandilar a la sociedad británica con su proyecto. Los reveses militares de la segunda guerra de los Bóers (1899-1902) habían dejado un regusto amargo en la población, que temía que el espíritu que había construido el Imperio estuviera languideciendo. Por el contrario, la exploración polar –esa lucha dramática contra una Naturaleza inmisericorde– y las hazañas de sus compatriotas en este campo se vivían como un renacer de los valores británicos: decisión, coraje, solidaridad, sacrificio... Por ello, no es de extrañar que 8.000 voluntarios se ofrecieran a acompañar a Scott y se hicieran colectas para recaudar dinero; incluso muchos niños rompieron sus huchas para contribuir a la gran aventura. En este ambiente de exaltación nacional, pocos vieron una amenaza en el telegrama que anunciaba que a Scott le había salido un competidor. Sin embargo, aquel mensaje dio inicio a una carrera entre dos equipos que se convertiría en un trágico duelo, uno de los episodios más dramáticos de la historia de la exploración.

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DUELO EN LOS CONFINES DEL PLANETA

Las expediciones noruega y británica discurrieron casi en paralelo. Si los ingleses zarpaban en el Terra Nova en junio de 1910, los noruegos partieron el 9 de agosto a bordo del Fram. El Terra Nova hizo escala en Suráfrica, Australia y Nueva Zelanda; por su parte, el Fram realizó un viaje directo desde Madeira. Tras medio año de travesía, el 4 de enero de 1911, Scott estableció su base en la Plataforma de hielo de Ross. Amundsen, por su parte, llegó diez días más tarde y, como si quisiera añadir más emoción al duelo, decidió instalarse en una zona relativamente próxima a la de los británicos, la bahía de las Ballenas.

En una arriesgada apuesta, el noruego se estableció sobre una plataforma de hielo, que según sus competidores podría desprenderse en cualquier momento, pero que le proporcionó una ventaja de 100 kilómetros. Distancia nada despreciable si se considera que en total había que recorrer unos 1.400 kilómetros hasta alcanzar el polo.

Una vez en la Antártida, en pleno verano austral, ingleses y noruegos montaron sus bases (la Cabaña de Scott y la Framheim, respectivamente) y se internaron en aquel desierto helado para establecer depósitos de comida y combustible que garantizaran el suministro durante la gran marcha de la primavera siguiente (estación que en el hemisferio sur corresponde a los meses que van de septiembre a diciembre). Aquel primer bautismo de nieve puso en evidencia las ventajas del sistema de transporte noruego, cuyos trineos estaban tirados por perros, mucho más acostumbrados al ambiente polar que los caballos siberianos elegidos por Scott.

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Ello repercutió en la cantidad de provisiones que unos y otros pudieron acarrear. Así, en el tiempo en que los británicos pusieron un gran depósito de una tonelada de suministros a 79º 30’ de latitud sur, los noruegos instalaron tres depósitos con casi el triple de provisiones en total que Scott, y el último situado en el paralelo 82 sur, casi 300 kilómetros más cerca del polo que el de sus competidores. Cuando tuvieron todo listo y acabó el verano antártico, a finales de marzo, ambos equipos se encerraron dentro de sus respectivos refugios a esperar a que las condiciones meteorológicas volviesen a ser propicias, seis meses después.

La larga noche invernal (con temperaturas medias de 20 grados bajo cero y mínimas inferiores a 40) pasó con exacerbada lentitud en ambas bases. Todos aguardaban la vuelta del sol para comenzar la marcha que los llevaría a las páginas de oro del gran libro de la historia, o les sepultaría en el baúl del olvido de los perdedores. La victoria supondría fama y gloria para el líder del grupo vencedor, pero también reconocimiento social y una pensión vitalicia para todos sus integrantes.

EMPIEZA LA CARRERA

El 19 de octubre, Amundsen no pudo resistir más la tensión de la espera y decidió ponerse en marcha con cinco hombres y cuatro trineos, cada uno tirado por 13 perros. Como si hubiera escuchado el mismo pistoletazo de partida, tan sólo cinco días después, Scott hizo salir a la vanguardia de su equipo: cuatro hombres y dos trineos a motor que transportaban tres toneladas de material y alimentos. Otros 12 hombres y 10 caballos del grupo principal iniciaron su camino el 1 de noviembre, con Scott a la cabeza.

Durante los días siguientes, las dos comitivas avanzaron por una superficie blanca y desolada, donde ni siquiera había accidentes geográficos en la distancia para fijar la vista: en todas direcciones se extendía la misma superficie horizontal. Los noruegos, moviéndose sobre sus esquíes, secundaban a sus perros, que se encontraban en su elemento y avanzaban velozmente por aquel terreno. Amundsen, prudente y sabiendo que se enfrentaba a una carrera de resistencia, no hacía al d��a más de 27 kilómetros, que consideraba suficientes para llegar a su objetivo antes que su adversario. Al final de cada jornada, hombres y perros no parecían acusar el menor cansancio.

En cambio, en el lado británico la situación no era tan halagüeña. Los motores de los trineos se averiaron antes incluso de la partida de Scott y sus restos de metal quedaron atrás, como osamentas de seres ajenos a aquel continente. Los caballos, poco adaptados para caminar sobre ese tipo de superficie, se hundían una y otra vez en la costra de la nieve, haciendo todavía más lenta su ya de por sí parsimoniosa marcha. Por si fuera poco, las tempestades de viento y nieve, que para los perros eran soportables, llevaron al borde de la muerte a los caballos, obligando al grupo a detener la marcha. La distancia entre las dos expediciones se fue acrecentando poco a poco. Al mes de haberse iniciado la competición, los noruegos se encontraban 500 kilómetros por delante de los ingleses.

Tras avanzar 600 kilómetros por una superficie de hielo totalmente llana, las dos expediciones debían llegar a una cadena de glaciares, los montes Transantárticos, que se elevaban hasta alcanzar la meseta polar, a 3.000 metros de altura. Los noruegos realizaron el ascenso por un lugar inexplorado. Durante una semana estuvieron subiendo y bajando glaciares, sometiendo a un terrible suplicio a sus perros, más de la mitad de los cuales murieron. En el lado británico, a pesar de avanzar por la ruta abierta por Shackleton años antes, las cosas tampoco fueron fáciles. Todos los caballos murieron, de modo que los expedicionarios tuvieron que tirar ellos mismos de sus pesados trineos a lo largo de 400 kilómetros de una pendiente inacabable. Una tarea agotadora que les llevó el doble de días que a sus rivales.

NORUEGA CONQUISTA EL POLO

Una vez en la meseta, Amundsen mantuvo su invariable ritmo de 27 kilómetros diarios, lo que le permitió completar la carrera en otras tres semanas. El 14 de diciembre, a las tres de la tarde, los cinco noruegos al unísono clavaron la bandera de su país en el punto más austral del planeta. Habían vencido. Aquel día los británicos todavía se encontraban subiendo los glaciares, a 600 kilómetros de distancia.

Durante unos días, los noruegos descansaron en el polo. Amundsen montó una tienda de campaña que demostraba su llegada. Dentro dejó el informe del viaje junto con una carta para Scott en la que le pedía que se lo entregara al rey de Noruega; todo por si les ocurría algo en el regreso. Mientras tanto, los británicos continuaban empujando sus trineos ladera arriba por los glaciares, a 600 kilómetros de distancia.

En su camino de vuelta, los noruegos se cruzaron con los británicos sobre los 87º sur, aunque sin llegar a verse, pues en ese punto sus rutas estaban separadas por más de 100 kilómetros. Por una de ellas, cinco noruegos volvían victoriosos; por la otra, cinco británicos –al entrar en la meseta polar el equipo se había reducido a este pequeño grupo– todavía creían que iban a ser los primeros. Unos días después, cuando les faltaban 15 kilómetros escasos para llegar a su ansiado objetivo, las esperanzas de Scott y sus hombres se desvanecieron brutalmente al encontrar una banderola utilizada por los noruegos para señalizar su camino. «Lo peor ha sucedido […] Se nos han adelantado […] Lo siento por mis leales compañeros», anotó en su diario Scott.

Al día siguiente, su conquista del polo fue puro trámite. Encontraron la tienda noruega, se hicieron una foto y comenzaron el camino de vuelta, esta vez, bajo la amargura de la derrota. Entre las ropas de Scott, la carta que Amundsen le había dejado, la constatación de su fracaso, pesaba más que todo el trineo.

Mientras el regreso de los noruegos se desarrollaba a una velocidad espectacular y sin el menor contratiempo –llegaron a su base el 25 de enero–, a los británicos todo se les puso en contra. El tiempo empeoró, se retrasaron y empezaron a quedarse sin alimentos. Uno de los expedicionarios sufrió un edema cerebral y sus compañeros no pudieron hacer nada por él, sólo verle agonizar. Días después otro, viendo que sus pies congelados dificultaban la marcha del grupo, se levantó una mañana y salió de la tienda en medio de una ventisca, diciendo: «Puede que tarde un rato en volver». Todos sabían que no regresaría; era el sacrificio de un valiente para tratar de que, al menos, sus compañeros se salvasen.

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«LA MUERTE NO PUEDE ESTAR LEJOS»

Los supervivientes siguieron avanzando y, pese a las penalidades, consiguieron llegar a 18 kilómetros del depósito que habían dejado con una tonelada de suministros. Les quedaba comida para tres días y parecía que lo podrían alcanzar. Por desgracia, una tormenta de viento y nieve los retuvo en la tienda durante nueve días. Sin comida, agua ni combustible, su organismo fue debilitándose. Consciente de que todo estaba perdido, Scott escribió en su diario el testimonio de valor de aquellos hombres que se enfrentaban a la muerte. «La muerte no puede estar lejos», escribió en su última entrada.

Amundsen, ajeno a este drama, había zarpado rumbo a Australia, donde informó al mundo de su victoria y recibió felicitaciones de todos los rincones del planeta. El siguiente noviembre, el resto de británicos encontraron los cuerpos de sus tres compañeros y los diarios de Scott, que conmovieron al mundo y forjaron su leyenda. Uno ganó la carrera, otro la perdió, pero los dos alcanzaron la gloria.

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NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

jueves, 20 de junio de 2019

POLO SUR : NATIONAL GEOGRAPHIC .- Roald Amundsen, el explorador que llegó primero al polo Sur............... Amundsen: filmaciones originales de su expedición al polo Sur

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el descubrimiento de los diferentes lugares de La Tierra, fue posible gracias a grandes expedicionarios y temerarios aventureros que tuvieron los suficientes cojones para emprender empresas que a los normales eran descabezadas, tales como ser los primeros en visitar  los polos y sembrar una bandera en llegar a la meta.
Justamente noruego Roald Amundsen, fue el primer hombre que llegó al Polo Sur, el 14 de diciembre de 1911, superando al británico Robert Falcon Scott, que llegó 17 de enero de 1,912.
National Geographic .- narra : "El destino quedó marcado pronto, cuando con 18 años escuchó una conferencia del gran héroe nacional Fridtjof Nansen, quien había atravesado por primera vez Groenlandia y se había quedado a  sólo 350 kilómetros de alcanzar el polo Norte, más cerca que ningún hombre hasta el momento.
Aquella conferencia impactó al joven Roald Amundsen tanto que juró conquistar el polo Norte. Para ello se dedicó en cuerpo y alma durante cada segundo de su vida. Así fue como pasó de las lecturas juveniles y de caminar por los terrenos de la imaginación pasó a enrolarse en barcos para experimentar la navegación polar...."
National Geographic .- agrega : "Todas las decisiones tomadas por Amundsen fueron acertadas, desde escoger el punto de inicio de la gran ruta, la construcción de la base invernal, hasta la elección de los perros que tirarían de los trineos, los esquíes, adoptar la ropa de esquimales y el cálculo exacto de las provisiones... además, el tiempo, al cabo de los primeros días, comenzó a mejorar. Sin duda, todo ello hizo que, a pesar de comenzar más tarde, pronto la expedición noruega superó a la británica al establecer los diversos depósitos de provisiones que serían clave en la carrera por el asalto final al polo Sur. Al año siguiente, tras pasar los largos meses de la noche polar, llegaría la hora de la verdad.
Scott y sus hombres estaban por emprender el peor viaje del mundo. Una trágica combinación de desafortunadas decisiones y la mala suerte les condujo a la muerte, mientras que Amundsen y los noruegos se llevaron la gloria al alcanzar el polo Sur, el 14 de diciembre de 1911...."

https://www.nationalgeographic.com.es/mundo-ng/grandes-reportajes/amundsen-filmaciones-originales_4871

No te pierdas estas valiosas escenas filmadas hace más de 100 años en las que se puede ver al noruego Roald Amundsen en los días previos al comienzo de la aventura que le llevaría hasta el polo Sur, coronando una de las gestas más famosas de todos los tiempos.

https://www.nationalgeographic.com.es/historia/roald-amundsen-explorador-que-llego-primero-polo-sur_14429

Famoso por liderar la expedición que llegó por primera vez en la historia al polo Sur, Roald Amundsen consiguió otras muchas hazañas aventureras a lo largo de su vida.

Retrato de Roald Amundsen
Roald Amundsen se impuso al capitán Scott en la trepidante carrera por ser el primer ser humano en alcanzar el polo Sur. 
Foto: CordonPress

Camino al polo Sur
El noruego Roald Amundsen lideró la primera expedición que llegó al Polo Sur. En esta foto se puede ver a parte de sus compañeros de aventuras en el barco Fram, junto con varios de sus perros.
Foto: Gtres

Los perros fueron claves en el éxito de Amundsen
Los canes que acompañaron la expedición de los noruegos preferían los arneses en abanico utilizados en Groenlandia a los de estilo alaskeño, un sistema que emparejaba a los canes a lo largo de una guía central. Años más tarde se demostró que fueron clave en el éxito de los exploradores.
Foto: Biblioteca Nacional de Noruega
Amundsen junto con los otros integrantes del equipo que llegó por primera vez al polo Sur
Foto: CordonPress

Provisiones para el viaje
Los depósitos de alimentos básicos para la exploración polar fueron de vital importancia para la supervivencia de los dos equipos una vez iniciada la marcha. A 80° de latitud Sur, anotó Amundsen, «nos detuvimos para dejar un depósito de reservas […] de 12 cajas de pemmican para los perros […] unos 30 kilos de filetes de foca y 50 kilos de grasa junto con 20 tabletas de chocolate. Además, 1 caja de margarina y 2 cajas de galletas de trineo».
Foto: Biblioteca Nacional de Noruega

La carrera contra Scott
Capitaneados por Roald Amundsen los expedicionarios noruegos llegaron a la bahía de las Ballenas el 14 de enero de 1911. Desde allí se dispusieron a adelantar a la expedición británica liderada por Scott. 
Foto: Biblioteca Nacional de Noruega

Los hombres de Scott
El equipo británico (Robert Falcon Scott, en el centro) vestía ropa de lana y cortavientos para arrastrar los trineos. Pero hacía falta algo más para sobrevivir. «Una expedición […] sin pieles está mal aviada», observó Amundsen.
Foto: Herbert Ponting

Amundsen junto a sus perros
Foto: CordonPress

La cara y la cruz
Amundsen y sus cuatro compañeros, esquiadores expertos, alcanzaron la meta el 14 de diciembre de 1911. Pasaron tres días "marcando el Polo", esto es, realizando observaciones para determinar su ubicación exacta.  Por su parte el quinteto de Scott llegó 34 días después.
Foto: Biblioteca Nacional de Noruega

El explorador noruego Roald Amundsen esquiando
Foto: CordonPress
José Alejandro Adamuz

Roald Amundsen, el explorador que llegó primero al polo Sur

Los inviernos en Noruega son muy fríos. Aún así, él dormía siempre con la ventana abierta de la habitación, mientras que en sueños, alcanzaba los paisajes polares más extraordinarios. A aquel joven llamado Roald Amundsen aún le quedaban algunos años para sorprender al mundo con sus futuras hazañas, pero ya había tomado la decisión de convertirse en explorador.

El destino quedó marcado pronto, cuando con 18 años escuchó una conferencia del gran héroe nacional Fridtjof Nansen, quien había atravesado por primera vez Groenlandia y se había quedado a sólo 350 kilómetros de alcanzar el polo Norte, más cerca que ningún hombre hasta el momento.
Aquella conferencia impactó al joven Roald Amundsen tanto que juró conquistar el polo Norte. Para ello se dedicó en cuerpo y alma durante cada segundo de su vida. Así fue como pasó de las lecturas juveniles y de caminar por los terrenos de la imaginación pasó a enrolarse en barcos para experimentar la navegación polar.

Las primeras expediciones polares

Primero fueron expediciones como la del ballenero Bélgica, en la Antártida, dirigida por Adrian de Gerlache, a quien Amundsen ofreció sus servicios de forma desinteresada, a cambio de tener la oportunidad de navegar entre los hielos polares. La expedición salió el verano de 1897 y el joven aventurero no dejó de fijarse en todos los aspectos, llevando un detallado diario con anotaciones técnicas.

Aquel barco quedó atrapado en la larga noche antártica, lo cual llevó a casi toda la tripulación a la desesperación. Sólo dos miembros mantuvieron el ánimo: Cook y Amundsen, que fascinados por la exploración polar se mantuvieron activos, estudiando soluciones y detalles de planificación. Pasaron trece meses encerrados entre hielos, pero para Amundsen fue la mejor experiencia posible. Todo lo que aprendió le sirvió en el futuro.
A la vuelta, Amundsen se animó a preparar su propia expedición. Nada le podía detener, ni siquiera un puñado de acreedores. Así que el 16 de junio de 1903, el pequeño velero Gjoa zarpó con nocturnidad y alevosía del puerto, bajo una espesa lluvia. “Estábamos a salvo en mar abierto”, anotaría en su diario. Llegó a los límites de lo desconocido y, de nuevo, quedó inmovilizado entre los hielos por cerca de dos años, hasta mediados del verano de 1905, cuando logró levar anclas para seguir la ruta.
Lo que comenzó mal acabó siendo un éxito: Amundsen descubrió el paso del Noroeste, algo que en tres siglos de expediciones no se había logrado. El 31 de agosto de 1906, tres años y dos meses después de partir a escondidas, la pequeña expedición llegó a Nome. El recibimiento por parte de los habitantes fue apoteósico. Amundsen sonreía desde la proa del velero: había cumplido el sueño de convertirse en un explorador polar famoso.

No será el primero en llegar al polo Norte

Pero como todos los hombres que tienen marcado su destino desde pronto, Amundsen no se sentía satisfecho. Aún faltaba algo. Quedaba alcanzar el polo Norte, y para eso necesitaba el Fram, el mítico barco que usó en su día su héroe de juventud, Fridtjof Nansen. La posibilidad parecía remota porque, a su vez, Nansen estaba pensando en utilizar el navío para también cumplir él con su sueño de alcanzar el polo Norte. Sin embargo, el antiguo explorador supo hacerse a un lado, comprendiendo que tal vez su tiempo ya había pasado y que ahora le tocaba a otro tratar de alcanzar una de las zonas más inaccesibles del planeta.
Por fin, en noviembre de 1908, pudo anunciar su proyecto más deseado: iría al polo Norte. En ese momento, precisamente, Shackleton avanzaba hasta un punto diametralmente opuesto, el Polo Sur, aunque finalmente, no lo alcanzaría. Fue más fácil lograr el Fram que la financiación necesaria para la expedición, así que Amundsen, un hombre habituado a los espacios salvajes, se vio visitando los salones más importantes de Europa en una larga gira de conferencias con el fin de lograr los fondos necesarios.
Pero a veces, la simple voluntad no es suficiente para alcanzar los sueños: su colega, el Dr. Cook, con quien se enroló en la expedición del Bélgica, alcanzó el polo Norte. Al menos, las portadas de los principales diarios internacionales así lo reflejaban porque, en realidad, el americano no había hecho público sus planes. Amundsen le envió un telegrama de felicitación, pero su sueño de ser el primero en pisar el polo Norte se había desvanecido.

Si no es el polo Norte, será el Sur

En el mapa solo quedaba una gran incógnita más por resolver, el polo Sur. Ningún biógrafo tiene claro cuando cambió de planes, porque Amundsen guardó secreto en sus memorias, pero estaba claro que necesitaba un triunfo espectacular, y ser el segundo no servía. El propio Dr. Cook se lo dijo claro: “¿Por qué no intentas el Polo Sur?”. Así que Amundsen comenzó a llevar los preparativos de la expedición ocultando el nuevo destino.
Durante todo un largo año guardó el secreto junto a su hermano Leo. Cuidaron las apariencias como si fueran a viajar al polo Norte, cuando en realidad lo que estaban preparando era conquistar el polo Sur. Los británicos, liderados por Scott también se disponían a ir hacia allí: la carrera más apasionante del siglo XX estaba por comenzar con muy distinta suerte para los dos grupos.
Fue en la isla de Madeira donde Amundsen reveló la verdad a su tripulación. Hasta llegar a la isla, estaban siguiendo los planes tal como los habían hecho públicos. Ahora, si sus hombres daban el consentimiento, el Fram se borraría del mapa y ya nadie podría detenerlos hasta alcanzar los mares helados de la Antártida. Afortunadamente, los hombres de la tripulación sonrieron cómplices y todos dijeron que sí. Al fin, la aventura sería el polo Sur.

Al encuentro del destino

“¡A ese ritmo, llegarás en Navidad!”, le gritaron entre bromas sus compañeros desde el Farm. Durante los seis meses de travesía, los perros se habían acostumbrado a no hacer nada y ahora, ya en la Antártida, la idea de tirar de un trineo cargado hasta los topes no les atraía nada, así que se tumbaron indiferentes al látigo de Amundsen.
A pesar de la anécdota, el desembarco en la Bahía de las Ballenas prosiguió, y el 18 de enero de 1911, cuando los ingleses liderados por Scott terminaban de levantar la base desde la que emprender su ruta hacia el polo Sur, Amundsen y los noruegos comenzaban a preparar la suya.
Ambas expediciones encaraban la ruta más larga y peligrosa de todas las posibles. Era un día gris, cubierto de una densa niebla, pero los trineos comenzaron a correr empujados por los perros. Delante, una superficie desconocida, monótona hasta parecer infinita. A la fuerza, mortal.

La doble cara del destino

Todas las decisiones tomadas por Amundsen fueron acertadas, desde escoger el punto de inicio de la gran ruta, la construcción de la base invernal, hasta la elección de los perros que tirarían de los trineos, los esquíes, adoptar la ropa de esquimales y el cálculo exacto de las provisiones... además, el tiempo, al cabo de los primeros días, comenzó a mejorar. Sin duda, todo ello hizo que, a pesar de comenzar más tarde, pronto la expedición noruega superó a la británica al establecer los diversos depósitos de provisiones que serían clave en la carrera por el asalto final al polo Sur. Al año siguiente, tras pasar los largos meses de la noche polar, llegaría la hora de la verdad.
Scott y sus hombres estaban por emprender el peor viaje del mundo. Una trágica combinación de desafortunadas decisiones y la mala suerte les condujo a la muerte, mientras que Amundsen y los noruegos se llevaron la gloria al alcanzar el polo Sur, el 14 de diciembre de 1911.
El miércoles 17 de enero, Scott dejó escrito en su diario la terrible frustración que sintieron al alcanzar la meta tras tantas penurias y descubrir que los noruegos se les habían adelantado por cerca de un mes: “¡Dios santo! Es un lugar espantoso, y más para nosotros que hemos sufrido horrores para llegar hasta aquí sin obtener la recompensa de ser los primeros”. No podía imaginar en ese momento que lo peor estaba por llegar: él y sus hombres morirían al poco, atrapados en el desierto helado.
Por paradójico que parezca, ninguno de los dos logró alcanzar su sueño. Amundsen no dejó que el éxito le emborrachara y escribió con una lucidez asombrosa cuando se trata de analizarse a uno mismo que: “Seguramente nunca un hombre se ha enfrentado, como me pasaba a mí, al hecho de haber alcanzado algo diametralmente opuesto a aquello con lo que ha soñado. Las regiones del polo Norte -sí, el mismísimo polo Norte- me habían atraído desde mi juventud, y heme aquí, en el Polo Sur, ¿Cabe imaginar mayor despropósito?”.

Ahora sí, el polo Norte, pero en avión

Una vida como la de Amundsen dedicada por entero a la exploración no podía acabar con este capítulo, por muy triunfal que fuese. Así que en 1918 se lanzó a una nueva aventura con un nuevo barco, el Maud. Desafortunadamente, los siete años que dedicó al proyecto fueron un completo fracaso que casi acaba con la exitosa carrera del explorador. Sacó una conclusión clara de todo aquello: la época dorada de las expediciones en barco y trineos se había acabado; tal vez tocaba ir al polo Norte de otra forma.
Ya durante su gira por Europa después de conquistar el polo Sur se interesó por los aeroplanos, pero no fue hasta los años veinte, cuando la industria comenzó a construir mejores máquinas que se atrevió a imaginar el nuevo desafío: por fin llegaría al polo Norte, pero lo haría por el aire.
Mayo de 1925 fue la fecha escogida. Tras unas ocho horas de vuelo, los dos hidroaviones que formaban la expedición se vieron obligados a dar media vuelta, a tan solo 250 kilómetros de la meta. Ambos aviones comenzaron a dar problemas técnicos, y Amundsen aplicó algo que le escuchó decir hacía años a su héroe de juventud: “El polo no vale una vida”.
Aún así no se dio por vencido y tras sanear las maltrechas finanzas por el fracaso de la expedición anterior, logró prepararlo todo para, el 12 de mayo de 1926, poder llegar por fin al polo Norte; aunque esta vez, lo hizo acompañado por el ingeniero italiano Nobile y en un dirigible. Amundsen se convertía así en el primer hombre en estar sobre los dos polos de la Tierra. Nadie podía presumir de tanto palmarés como él. Ahora sí, tocaba parar y tomarse un merecido descanso.

La última aventura de Amundsen

Pero hay algo en el tipo de personas al que pertenecía Amundsen que hace que nunca logren estar contentos y sientan cada poco la tentación de volver a partir, de ponerlo todo en juego una vez más. Tiempo después de su última aventura, cuando parecía que Amundsen dejaba atrás los desafíos, llegó la noticia: Nobile, con quien había volado en el dirigible y con quien se había aireado una triste disputa entre ambos en las portadas de todos los periódicos internacionales, había sufrido una avería y había realizado un aterrizaje de emergencia en algún lugar del polo Norte. Su vida y la de sus compañeros estaban en peligro.
La última vez que se vio con vida a Amundsen fue el 18 de junio de 1928, cuando despegó con mal tiempo. A las tres horas de vuelo, se perdió el contacto por radio y se le dio por desaparecido el avión
Amundsen no se lo pensó dos veces. A pesar del enfrentamiento público entre ambos, aceptó ponerse a los mandos de un avión que el gobierno francés puso a disposición del equipo de rescate. La última vez que se vio con vida a Amundsen fue el 18 de junio de 1928, cuando despegó con mal tiempo. A las tres horas de vuelo, se perdió el contacto por radio y se le dio por desaparecido el avión. Pocos días antes del suceso, el noruego confesó en una entrevista algo parecido a un epitafio: “Sólo deseo que la muerte me llegue de una forma digna, mientras cumpla una gran misión, rápidamente y sin dolor".

Amundsen: filmaciones originales de su expedición al polo Sur

No te pierdas estas valiosas escenas filmadas hace más de 100 años en las que se puede ver al noruego Roald Amundsen en los días previos al comienzo de la aventura que le llevaría hasta el polo Sur, coronando una de las gestas más famosas de todos los tiempos

Vídeos de Roald Amundsen preparándose para viajar al polo Sur

Vídeo: National Geographic

 Descubre estas valiosas escenas filmadas, con los preparativos de la expedición de Roald Amundsen al polo Sur. Son imágenes históricas y que muestran la importancia y la dureza de la empresa que convirtió a Amundsen en uno de los exploradores más famosos de la historia de la humanidad. Y si quieres conocer la historia completa de su hazaña con fotografías históricas entra aquí


La expedición de Amundsen, los primeros en pisar el polo Sur
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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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