Mostrando entradas con la etiqueta Primera Guerra Mundial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Primera Guerra Mundial. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de noviembre de 2021

CESE DE HOSTILIDADES EN LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL : El armisticio de Compiègne, el final de la gran guerra, el preludio de la Segunda Guerra Mundial

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., un día como hoy 11 de Noviembre del 1,918, se recuerda la rendición de Alemania ante los aliados poniendo fin a la Primera Guerra Mundial, el armisticio se firmó en un vagón de tren en el bosque francés de Compiègne; poniendo fin a más de cuatro años de batallas y millones de muertos, pero lamentablemente las condiciones impuestas contra Alemania, serían la semilla para después se produzca la Segunda Guerra Mundial. La lista de demandas imponía a Alemania una fuerte desmilitarización, la pérdida de territorios, indemnizaciones de guerra y concesiones estratégicas a los aliados. La delegación alemana protestó por lo que consideraban condiciones abusivas y más propias de una rendición que de un armisticio, pero no estaban en condiciones de negociar. Un punto especialmente criticado fue la falta de reciprocidad de los acuerdos, como la obligación de Alemania de liberar a todos los prisioneros de guerra mientras que los aliados no estaban obligados a hacer lo propio con los alemanes, o la libertad de circulación de barcos aliados en sus aguas mientras se mantenía el bloqueo naval sobre Alemania....."

El 11 de noviembre de 1918, en un vagón de tren en el bosque francés de Compiègne, un vagón de tren a más de cuatro años de batallas y millones de muertes. Terminaba la Primera Guerra Mundial, pero las condiciones impuestas a Alemania serían la semilla de la Segunda.








Fotografía tomada después de llegar a un acuerdo para el armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial. Este es el propio ferrocarril de Ferdinand Foch y la ubicación es el Bosque de Compiègne. El jefe de gabinete de Foch, Maxime Weygand, es el segundo desde la izquierda. El tercero desde la izquierda es el principal representante británico, sir Rosslyn Wemyss. Foch es el segundo desde la derecha. A la derecha está el almirante George Hope.
WIKIPEDIA.


En noviembre de 1918, la situación bélica del Imperio Alemán se había vuelto insostenible; en seis semanas, todos sus aliados habían capitulado ante la Triple Entente. El último país de las potencias centrales llevaba desde octubre intentando conseguir un armisticio lo más favorable posible, pero Estados Unidos condicionaba su firma a la aceptación de una serie de medidas que el gobierno alemán consideraba inaceptables, la principal de las cuales era la abdicación del káiser Guillermo II.

EL FIN DEL IMPERIO ALEMÁN

Cuando el Imperio Austro-Húngaro se rindió el 3 de noviembre, estaba claro que era cuestión de días que Alemania le siguiera. La situación militar se había agravado más aún cuando parte de la marina y del ejército se amotinaron ante lo que veían como un sacrificio inútil de vidas en una guerra ya perdida. Temerosos de que las revueltas desencadenaran una revolución como había sucedido en Rusia, los políticos y jefes militares alemanes se apresuraron a aceptar unas duras condiciones de paz sin sospechar que estaban llevando a su país a una nueva guerra.

Temerosos de que las revueltas desencadenaran una revolución como había sucedido en Rusia, los políticos y jefes militares alemanes se apresuraron a aceptar unas duras condiciones de paz.

La crisis final se desencadenó la noche del 29 de octubre, cuando una flota alemana destinada al Mar del Norte se negó a entablar batalla con las naves británicas, desafiando a los altos oficiales y empezando un motín que en cuestión de días se propagó a gran parte de la marina y al ejército. Cuando la revuelta se extendió a las ciudades, las presiones sobre Guillermo II para que abdicara y facilitara el armisticio se convirtieron en exigencias, ya que este era un punto innegociable para el presidente estadounidense T.W. Wilson.


PINTURA QUE REPRESENTA EL MOMENTO DE LA FIRMA DEL ARMISTICIO EN EL VAGÓN.

De izquierda a derecha se encuentran el almirante alemán Ernst Vanselow, el conde alemán Alfred von Oberndorff, el general alemán von Winterfeldt Detlof (con casco) y el oficial naval británico Jack Marriott. De pie delante de la mesa; Matthias Erzberger, jefe de la delegación alemana. Detrás de la mesa están los dos oficiales de la marina británica, el contraalmirante George Hope, sir Rosslyn Wemyss, y los representantes de Francia, el mariscal Ferdinand Foch (de pie), y el general Maxime Weygand.

Foto: CC

Finalmente el 9 de noviembre el káiser renunció a sus títulos y partió inmediatamente hacia los Países Bajos, posiblemente temiendo correr el mismo destino del zar Nicolás II y su familia si la revolución se hubiera radicalizado. Los últimos militares leales a él interpretaron esta huida como una traición.

para saber más

El final de la Primera Guerra Mundial

El final de la Primera Guerra Mundial

Leer artículo



EL VAGÓN DE LA HUMILLACIÓN

Pocos días antes, una delegación alemana había partido hacia Francia para firmar el armisticio. El 8 de noviembre llegaron al punto de encuentro pactado, tras lo cual se les acompañó al lugar secreto donde tendría lugar la firma de paz, un claro en el bosque de Compiègne. El mariscal Ferdinand Foch, comandante en jefe de los ejércitos aliados, les esperaba en un vagón de su tren privado, pero no para negociar. El veterano militar francés se limitó a entregar a la delegación alemana un documento con todas las demandas de los aliados, les dio 72 horas para aceptarlas y les dejó con un grupo de oficiales aliados diciendo que volvería a más tardar tres días después para conocer su respuesta.

La lista de demandas imponía a Alemania una fuerte desmilitarización, la pérdida de territorios, indemnizaciones de guerra y concesiones estratégicas a los aliados. La delegación alemana protestó por lo que consideraban condiciones abusivas y más propias de una rendición que de un armisticio, pero no estaban en condiciones de negociar. Un punto especialmente criticado fue la falta de reciprocidad de los acuerdos, como la obligación de Alemania de liberar a todos los prisioneros de guerra mientras que los aliados no estaban obligados a hacer lo propio con los alemanes, o la libertad de circulación de barcos aliados en sus aguas mientras se mantenía el bloqueo naval sobre Alemania.

La delegación alemana protestó por lo que consideraban condiciones abusivas y más propias de una rendición que de un armisticio, pero no estaban en condiciones de negociar.

El 10 de noviembre, la delegación fue informada de la abdicación del káiser el día anterior y el recién nombrado canciller Friedrich Ebert les dio la orden de firmar fueras cuales fueran las condiciones. El armisticio fue firmado a las cinco de la madrugada del día 11, supervisado por el mariscal Foch y anunciado a lo largo de las siguientes horas, para entrar finalmente en vigor a las 11 de la mañana según el horario de París. A pesar de ello, se siguieron produciendo hostilidades hasta la hora acordada y casi 3.000 personas murieron en aquellas últimas horas de la guerra.

para saber más



LA “PUÑALADA POR LA ESPALDA”

Lo precipitado del acuerdo y las duras condiciones impuestas a Alemania plantaron la semilla del descontento de la que crecería el nazismo. En particular, los sectores militaristas más duros no aceptaron que Alemania pudiera haber perdido la guerra y atribuyeron la derrota a una supuesta conspiración de socialdemócratas y judíos para “sabotear intencionadamente el esfuerzo bélico”, lo que dio lugar a la llamada “leyenda de la puñalada por la espalda”.



HITLER EN EL VAGON DE COMPIÈGNE

Adolf Hitler habla con un grupo de altos oficiales nazis el 21 de junio de 1940, frente al vagón donde se firmó el armisticio al día siguiente.

Foto: Bundesarchiv, Bild 183-M1112-500 / CC-BY-SA 3.0

Ese discurso llegó entre otros a un cabo del ejército llamado Adolf Hitler, ingresado en un hospital militar a causa de un ataque con gas. Los médicos que se ocupaban de él relataron que “reaccionó de forma histérica” al anuncio del armisticio, llegando incluso a padecer una ceguera temporal, y un psiquiatra del ejército lo calificó de “peligrosamente psicótico”. Hitler nunca olvidó aquella humillación e hizo de “la puñalada por la espalda” la base de su retórica antisemita.

El 22 de junio de 1940 le llegó finalmente la oportunidad de vengarse: el Tercer Reich había ocupado Alemania y el ahora Führer obligó a los franceses a firmar un nuevo armisticio -esta vez, favorable a Alemania-, para lo cual hizo mover el mismo vagón de tren al mismo lugar donde, el 11 de noviembre de 1918, había terminado la primera Gran Guerra y había empezado el preludio de la segunda.

para saber más

¿Cuánto sabes sobre la Primera Guerra Mundial?

¿Cuánto sabes sobre la Primera Guerra Mundial?

Leer artículo




NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

jueves, 25 de febrero de 2021

EPISODIO 40: Lawrence de Arabia, el británico apasionado por Oriente

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el británico Thomas Edward Lawrence, más conocido como: Lawrence de Arabia, fue un militar al servicio del ejército británico, vinculado al mundo árabe y fue un combatiente de la Primera Guerra Mundial y se convirtió en el protagonista de la rebelión árabe contra los turcos.
Lawrence, se convirtió en aliado en las fuerzas de Faysal, pero la guerra no marchaba del todo bien, si dio golpes certeros a la red ferroviaria de Hi^yaz,  red que era indispensable para las movilizaciones de las tropas del sultán turco desde Damasco a Medina, él buscaba un éxito militar y vaya que logró con la conquista espectacular del puerto de Aqaba el 06 de julio de 1,917, esta acción no causó daños a la estructura militar otomana, ni fue consideraba importante por los altos mandos británicos, pero tuvo gran trascendencia para el mundo árabe; gracias a ella  Lawrence se ganó la estima de los árabes beduinos y ascendió a la categoría de mito.
En noviembre de 1,917, fue capturado por los otomanos, logró escapar, pero fue torturado y agredido sexualmente, lo que sucedió no se ha sabido nunca, pero marcó en forma indeleble a Lawrence. En septiembre 1918 los insurgentes árabes derrotaron a los turcos y no tuvieron piedad contra ellos y Lawrence ordenó a los árabes no hacer prisioneros tal vez por un afán de venganza personal que se confundía con el anhelo de venganza de sus camaradas árabes.
Lawrence, fue un personaje controversial, tal como lo describe:
 National Geographic: "Lawrence, que como agente de inteligencia tenía que estar al corriente de todo, ¿en qué situación se encontraba? Para unos, hacía tiempo que ya no pensaba como un occidental, y aún menos como un oficial de Su Majestad Británica: su corazón estaba con los hombres del desierto. Para otros, siempre fue un funcionario del servicio de inteligencia británico, y lo que provocó que sus convicciones vacilaran y su comportamiento no resultara transparente era más bien su carácter inestable. Los beduinos, cuando lo amaban y lo temían e incluso cuando, decepcionados, empezaron a dudar de él (aún hoy en el mundo árabe muchos lo consideran un hipócrita, un traidor) lo llamaban Aurans Iblis, «Lawrence el Diablo»......"


Thomas Edward Lawrence, más conocido como T. E. Lawrence o Lawrence de Arabia (TremadogGales16 de agosto de 1888-Bovington CampDorsetInglaterra19 de mayo de 1935), fue un militar, arqueólogo y escritor británico, oficial del Ejército Británico durante la Primera Guerra Mundial, en la que desempeñó un notable papel como enlace durante la rebelión árabe contra el dominio otomano. Su libro autobiográfico Los siete pilares de la sabiduría (1926) y la repercusión del relato sensacionalista de Lowell Thomas promocionaron su fama internacional como “Lawrence de Arabia”, sobrenombre que dio título a la película de 1962, que llegaría a sustituir a la persona por el personaje, o como lo definió Robert Graves «una personalidad de complejidad exasperante».1
WIKIPEDIA.

Nacido en Gales en 1888, este historiador formado en Oxford y gran conocedor del mundo árabe, Thomas Edward Lawrence se convirtió en el protagonista más famoso de la rebelión árabe contra los turcos durante la Primera Guerra Mundial gracias, en parte, a las distintas películas que se han realizado sobre su figura.



escúchanos y suscríbete en tu plataforma favorita de podcast:

Apple Podcast | Spotify | Google Podcast Ivoox

 


Thomas Edward Lawrence, nacido en Gales en 1888, era un adolescente introvertido cuando ingresó hacia 1905-1906 en el Jesus College de Oxford; allí fue creciendo su interés por la arqueología y por el Próximo Oriente. A partir de 1909 viajó mucho por el mundo árabe, que entonces dependía del Imperio otomano, y visitó Siria, el Líbano, Palestina, Arabia y Egipto.

Cuando en 1914 estalló la Gran Guerra, Lawrence ya era un experto en la geografía y los aspectos etnográficos de aquellos territorios; había aprendido muy bien el árabe, del cual conocía incluso algunos dialectos, y había interiorizado tanto las costumbres de los árabes como su mentalidad. Aquel año fue reclutado por el Arab Bureau de los servicios de inteligencia británicos y entró en contacto directo con el jerife Husayn ibn Alí. Miembro de la familia hachemita, Husayn era descendiente del Profeta y protector de los lugares sagrados musulmanes de La Meca y Medina, lo que lo convertía en la máxima autoridad religiosa del mundo sunita después del sultán otomano.

Ingleses y franceses prometieron a Husayn un gran reino árabe si era capaz de lograr que sus compatriotas se alzaran contra los turcos –aliados de Alemania–, e incluso insinuaron al jerife la posibilidad de apoyar su candidatura a un futuro califato.

UNA GUERRA EN EL DESIERTO

Husayn estaba en contacto directo con el alto comisario británico de Egipto, Henry McMahon. Juntos decidieron crear un contingente de combatientes árabes voluntarios en el que participaron varias tribus beduinas, para el cual el teniente Lawrence –ascendido al grado de capitán y más tarde de coronel– debía actuar como political officer, «consejero militar». El 10 de junio de 1916, Husayn lanzó una proclama al pueblo árabe llamándolo a la rebelión contra el sultán, proclama que halló eco debido a los intentos otomanos por exigir la asimilación forzosa a su cultura de los pueblos de su imperio, lo que incluía, por ejemplo, la imposición de la lengua turca.

Gracias al valor de los insurgentes, las fuerzas armadas del sultán fueron doblegadas en menos de un año: en marzo de 1917, el general Frederick S. Maude entraba como vencedor en Bagdad al frente de la Fuerza Expedicionaria de Mesopotamia; en julio, los rebeldes árabes conquistaban Aqaba, en el mar Rojo, y en diciembre el general Edmund H. Allenby tomaba Jerusalén al frente de la Fuerza Expedicionaria Egipcia, mientras Faysal hacía una entrada triunfal en Damasco.

Durante todo este tiempo, Lawrence actuó como consejero de Faysal, uno de los cuatro hijos de Husayn y el único que poseía el carisma necesario para encabezar la revuelta. Sin embargo, las cosas no eran fáciles para aquel oficial británico de corta estatura (medía 1,66 metros) pero fornido que, vestido con ropas árabes y montado en camello, hostigaba a los otomanos con tácticas guerrilleras. Éstas se centraban en golpes de mano contra el ferrocarril del Hi^yaz, que unía Damasco, la capital intelectual y política del mundo árabe, con la ciudad sagrada de Medina, y que era un elemento básico para movilizar las tropas otomanas en Arabia.

EL PRIMER ÉXITO

Al principio, después de que Lawrence se uniera a las fuerzas de Faysal en octubre de 1916, la guerra no marchó bien. Por una parte, la red ferroviaria turca del Hi^yaz, continuamente interrumpida, siempre se restablecía; por otro lado, los jefes de las tribus beduinas rebeldes se enfrentaban una y otra vez. Lawrence tenía que ponerse de acuerdo con todos y cada uno de ellos, y no era fácil transmitirles la sensación de que eran los protagonistas del conflicto, ya que los altos mandos británicos no parecían muy interesados en el escenario militar del Hi^yaz.

Lawrence necesitaba un éxito que le diese importancia, y lo encontró en la espectacular conquista del puerto de Aqaba, el 6 de julio de 1917. Esta acción no causó daños graves a la estructura militar otomana, ni fue considerada importante por los altos mandos británicos, pero tuvo gran trascendencia para el mundo árabe: gracias a ella, Lawrence se ganó la estima de los árabes beduinos y ascendió a la categoría de mito. Por un momento casi eclipsó, entre aquéllos, la popularidad de Faysal.

Sin embargo, las cosas empeoraron enseguida. Comenzó un período de mal tiempo, de tormentas de arena que retrasaron e impidieron las operaciones. Los conflictos entre los jeques se reanudaron con violencia. Muchos de ellos jugaban a dos bandas y se sabía que recibían dinero tanto de los ingleses como de los turcos; antes de la guerra el gobierno otomano los consideraba unos ladrones, y en el fondo se seguían comportando así –más que como rebeldes–. La guerra de Husayn y de Faysal por un watan o Estado árabe libre y unido no existió nunca, no podía ser realmente la suya. Los jeques beduinos no combatían ni por deber ni por ideales, sino por la gloria, por el dinero, por placer, por fidelidad a los príncipes que amaban y admiraban, por el bienestar de su tribu. En este contexto, Lawrence se dio cuenta de que la toma de Aqaba había sido inútil, y pidió que le asignaran otra misión. Pero el general sir Edmund Allenby, que en junio había asumido el mando de la Fuerza Expedicionaria Egipcia, consideraba que Lawrence había realizado un magnífico trabajo y lo volvió a enviar con Faysal.

LA HUMILLACIÓN

Con éxito desigual, Law-rence intentó coordinar los ataques de los árabes y el avance de las tropas de Allenby hacia el norte. Fue durante este período, en noviembre de 1917, cuando los turcos lo capturaron mientras reconocía el terreno alrededor del nudo ferroviario de Dara, al sur de Damasco; logró escapar, pero antes fue torturado y, al parecer, violentado sexualmente. Lo que sucedió no se ha sabido nunca, pero marcó de forma indeleble a Lawrence: «En medio de un dolor que me volvía loco, entregué la única posesión con la que nacemos: la integridad de mi cuerpo», escribió en una carta a Charlotte Shaw; «es un asunto imperdonable, una posición irrecuperable, y es lo que me hizo renunciar a una vida decente y al ejercicio de mis nada deleznables ingenios y talentos».

La humillación de Lawrence se ha vinculado con lo que pasó en Tafas doce meses después, en septiembre de 1918. En aquella población, los turcos asesinaron a mujeres y niños y remataron a combatientes árabes heridos. Cuando los insurgentes los derrotaron no tuvieron piedad, y masacraron a los turcos capturados. Lawrence dio la orden de no hacer prisioneros, quizá movido por un afán de venganza personal que se confundía con el anhelo de venganza de sus camaradas árabes.

Muy poco después del episodio de Dara, el 9 de diciembre de 1917, Allenby entraba en Jerusalén al mando de las tropas británicas y de las facciones árabes. Tras conquistar la Ciudad Santa ya no se podía perder más tiempo: había que dirigirse a Damasco, el corazón político del mundo árabe. Y eso hicieron las fuerzas de Faysal, mientras Lawrence se prodigaba en sus ataques al ferrocarril. El 3 de octubre de 1918, el hijo de Husayn entraba en Damasco. En ese momento, las cosas se complicaron de verdad.

para saber más



VICTORIA Y DESENGAÑO

En mayo de 1916, mediante el acuerdo de Sykes-Picot, franceses e ingleses se habían repartido en secreto el Imperio otomano: los primeros se reservaron Siria (incluida Damasco) y el Líbano; los segundos, el territorio situado más al sur. Allí podrían gobernar bajo su tutela los hachemitas, la dinastía de guardianes de los lugares sagrados del Islam: el jerife Husayn y sus hijos Faysal y Abdullah.

Faysal era un líder militar indiscutido, hablaba perfectamente inglés y los consejeros militares lo trataban con respeto. Pero le habían escondido muchas cosas, especialmente una: los acuerdos entre franceses e ingleses. Faysal nunca llegaría a dirigir el gran Estado que los árabes esperaban obtener como recompensa por su rebelión contra los otomanos, un reino cuya corona debía ostentar Faysal y cuyas fronteras tenían que extenderse desde Arabia hasta Siria. En Damasco, Faysal se proclamaría rey el 11 de marzo de 1920, pero los franceses lo expulsaron de Siria sin contemplaciones.

Lawrence, que como agente de inteligencia tenía que estar al corriente de todo, ¿en qué situación se encontraba? Para unos, hacía tiempo que ya no pensaba como un occidental, y aún menos como un oficial de Su Majestad Británica: su corazón estaba con los hombres del desierto. Para otros, siempre fue un funcionario del servicio de inteligencia británico, y lo que provocó que sus convicciones vacilaran y su comportamiento no resultara transparente era más bien su carácter inestable. Los beduinos, cuando lo amaban y lo temían e incluso cuando, decepcionados, empezaron a dudar de él (aún hoy en el mundo árabe muchos lo consideran un hipócrita, un traidor) lo llamaban Aurans Iblis, «Lawrence el Diablo».

Hay muchas opiniones sobre el comportamiento de Lawrence inmediatamente después del final de la guerra. Muchos biógrafos lo describen triste, frustrado, consciente de que los árabes lo consideraban cómplice de la traición que habían sufrido por parte de los ingleses. Otros creen que estaba interpretando un papel: había cumplido siempre el que consideraba su deber de oficial y funcionario británico y sabía acallar sus sentimientos.

En 1919 –en ocasiones vistiendo como un árabe– participó en la conferencia de paz de París como miembro de la delegación de Faysal, quien vio cómo los vencedores de la Gran Guerra rechazaban sus reivindaciones políticas. Después volvió a Inglaterra, y durante un cierto tiempo se aprovechó de su nombre y del recuerdo de sus hazañas, publicando artículos y fotografías y subrayando su relación con el general Allenby; más tarde, colaboró con Winston Churchill como asesor para la Oficina Colonial del Gobierno británico, pero no le gustaba el trabajo burocrático.

También se ocupó de Siria, que ya había entrado en la órbita colonial francesa, pero en este aspecto su actitud tampoco resultaba clara. Amaba Francia, conocía bien el francés, incluso traducía libros de esta lengua; pero quizás, en tanto que amigo de Faysal, no había olvidado cómo fue expulsado de Damasco el príncipe hachemita y, según algunas opiniones, Lawrence, como respuesta, fomentaba la revuelta siria contra los franceses.

para saber más




Sin embargo, no parece que en aquellos años se sintiera demasiado cómodo. Los servicios británicos ya no lo necesitaban, y Ias sospechas que rodeaban su figura en el mundo árabe hacían que resultara inservible en el Próximo Oriente. Por estos motivos intentó desaparecer durante un tiempo, alistándose como piloto de la RAF con el seudónimo de John Hume Ross, pero incluso con esta identidad fue identificado y apartado del cargo en 1923. Cambió otra vez de nombre y, como Thomas Edward Shaw, sirvió un año en el Real Cuerpo de Tanques. En 1925 fue readmitido en la RAF y enviado a la India, pero en 1928 tuvo que volver a Inglaterra acompañado de una fama contradictoria: por una parte, su libro Los siete pilares de la sabiduría había obtenido un gran éxito; por otra, parece que se le acusaba de actividades de espionaje. Se retiró entonces a una pequeña propiedad que tenía en Chingford, y permaneció en la RAF hasta ser licenciado en marzo de 1935. Mientras tanto, se dedicó a la literatura medieval de caballerías, uno de sus intereses.

Otra de sus pasiones era la motocicleta. Era un magnífico motorista, y a ello debió su muerte: falleció el 19 de mayo de 1935 tras un accidente de moto en Dorset, a los 46 años. También sobre su final se ciernen algunas dudas: según ciertas informaciones, se había acercado a algunos personajes del mundo político nacionalista inglés y su muerte fue en realidad un falso accidente, con el cual se quiso eliminar a un posible futuro líder.

para saber más

NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

sábado, 26 de diciembre de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : SIGLO XX .- El Universo oculto de la Gran Guerra.... Los Túneles en la "Guerra de Trincheras"....

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., los estragos de la Primera Guerra Mundial, que se libró como una "Guerra de Trincheras", por una inmensa cantidad de construcciones de túneles que estuvieron instalados debajo de los choques armados en la superficie,  que combatían los contrincantes; tanto los alemanes como los aliados se mantuvieron atrincherados por largo tiempo, que algunos túneles fueron instalados como "mini ciudades" que constaban de capillas, escuelas, con luz eléctrica hasta cabinas de teléfonos.  Túneles
El trabajo de los zapadores fue asombroso, que inspiró a los soldados en sus momentos de ocio a elaborar, y pintar creaciones artísticas como retratos, y símbolos nacionales, como efigies del gobierno, la bandera y otros dieron rienda suelta para pintar y tallar sobre la roca retratos a la novia, u otras creaciones como verdaderas obras de arte, firmando sus obras con lápiz.
NATIONAL GEOGRAPHIC.- nos entrega una colección de 23 fotografías que describen lo que fueron los túneles de la Gran Guerra, tal como se le denominó a la Primera Guerra Mundial.....

Te mostramos algunos túneles olvidados que se usaron durante la Primera Guerra Mundial.









Foto: Jeffrey Gusky

Un lugar donde rezar

Hace cien años, en una capilla subterránea, un artista anónimo talló esta imagen de un soldado francés rezando. Muchos túneles del Frente Occidental están repletos de obras de arte.


Foto: Jeffrey Gusky

Fortificación de la Gran Guerra

Las cicatrices de las descargas de artillería todavía horadan las ruinas de un fuerte en el Chemin des Dames, donde unos 30.000 soldados franceses murieron en el transcurso de 10 fatídicos días de abril de 1917. Las fuerzas francesas y alemanas intentaban penetrar en los túneles del enemigo, y a veces combatían cuerpo a cuerpo en pasadizos del subsuelo, negros como boca de lobo.


Foto: Jeffrey Gusky

Un laberinto de trincheras

El punto muerto impuesto por la guerra de trincheras condujo a ambos bandos a excavar galerías por debajo de las posiciones enemigas para volarlas. En el valle del Oise, los zapadores alemanes abrieron esta red secreta de túneles bajo las líneas francesas. El 26 de enero de 1915 detonaron una carga que acabó con la vida de 26 soldados franceses e hirió a otros 22.


Foto: Jeffrey Gusky

Escaleras talladas en la roca

Desde una cantera subterránea, las tropas accedían a las trincheras por una escalera tallada en la piedra.


Foto: Jeffrey Gusky (foto compuesta por dos imágenes)

500 relieves en 6 semanas

Los soldados de la División Yanqui, alojados en una cantera subterránea del Chemin des Dames, tallaron unos 500 relieves durante seis semanas de 1918: nombres, direcciones, símbolos patrióticos y religiosos, y otras imágenes.


Foto: Jeffrey Gusky (foto compuesta por dos imágenes)

El abandono de los refugios

Algunas canteras podían alojar a miles de hombres y contaban con luz eléctrica. En 1918 la introducción de tanques y aviones de combate, además de la artillería, rompió el estancamiento, y los ejércitos empezaron abandonar sus refugios.


Foto: Jeffrey Gusky

Puesto de control

Un puesto de observación custodia uno de los fuertes que protegían Verdún, en el nordeste de Francia. Los refugios subterráneos y túneles de los fuertes fueron el escenario de batallas terribles, entre ellas los intentos repetidos de las tropas alemanas de expulsar de los túneles a los franceses mediante lanzallamas.


Foto: Jeffrey Gusky

Relieve artístico

Algunos soldados se valían del arte para hacer comentarios sobre la guerra, como en este relieve del buque Liberté, hundiéndose bajo el rótulo «Los desastres del siglo xx». El mensaje del artista, un soldado francés cuyo regimiento fue prácticamente aniquilado en la batalla del Chemin des Dames, pudo ser de desesperación ante las espeluznantes cifras de bajas o de protesta por los ataques alemanes contra la marina civil.


Foto: Jeffrey Gusky

Humor negro

De vez en cuando los artistas parecían combinar el humor negro con la practicidad más absoluta, como ocurre con esta imagen de un soldado con bigote atravesado por un clavo herrumbroso. Los soldados colgaban sus ropas, equipos y provisiones de clavos como este para que se secasen; además así quedaban fuera del alcance de ratas, ratones y otras alimañas.


Foto: Jeffrey Gusky

Retrato gatuno

Este tosco grabado de un gato quizá fuese un mensaje de anhelo a la vista de los roedores que plagaban el subsuelo. Muchos soldados se desentendían de la política y dedicaban el tiempo a grabar imaginativos dibujos de mascotas y otros animales. «Las imágenes cómicas del día a día aportaban alivio mental frente al insoportable estrés de la guerra que se libraba en la superficie», apunta Jeff Gusky.


Foto: Jeffrey Gusky

Mujer alsaciana

Esta mujer luce un gran lazo en la cabeza, como en el traje tradicional de Alsacia, una región disputada que Alemania entregó a Francia al término de la Primera Guerra Mundial. En el subsuelo abundan las imágenes femeninas, desde caricaturas hasta retratos idealizados de esposas y novias, además de las que constituyen símbolos patrióticos, como Marianne, icono francés de la libertad y la razón.


Foto: Jeffrey Gusky

Retrato de un mariscal

Un relieve del mariscal de campo Paul von Hindenburg, uno de los prohombres del esfuerzo de guerra alemán, observa desde la pared de una cantera. Los muros subterráneos están cubiertos de retratos de figuras insignes. Otros túneles tienen imágenes del káiser Guillermo, del primer ministro francés Georges Clemenceau y del presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson, además de relieves de Buffalo Bill y el Tío Sam.


Foto: Jeffrey Gusky

Retratos de la guerra

La mirada atormentada de un soldado de infantería alemán deja entrever el horror de la guerra de trincheras. Alemania tuvo más de seis millones de bajas durante la Primera Guerra Mundial, entre ellas la del recluta Erich Maria Remarque, que sufrió heridas de metralla. Años después escribiría en Sin novedad en el frente: «De pronto aprendimos a ver. Y vimos que nada quedaba de su mundo».


Foto: Jeffrey Gusky

Caballería francesa

Un oficial de la caballería francesa aparece representado en el muro de una cantera. Al iniciarse la guerra, el arma de caballería formaba parte de todos los ejércitos contendientes, pero en cuestión de semanas el alambre de espino y las ametralladoras desterraron a la obsolescencia los ataques montados tradicionales. Los caballos se emplearon entonces para transportar suministros, armas y heridos.


Foto: Jeffrey Gusky

26ª división de infantería

El soldado raso Archie Sweetman, de la 26ª división de Infantería –la División Yanqui–, grabó su autorretrato vestido de uniforme y en actitud resoluta e inscribió su nombre mientras estuvo alojado en una cantera del Chemin des Dames a principios de 1918. Sweetman, nacido en Boston, sobrevivió a la guerra con heridas de poca consideración.


Foto: ADOC-Photos/Corbis

Detectando al enemigo

Zapadores franceses usan un estetoscopio de mecánico para detectar movimientos enemigos en los túneles. El silencio podía ser desquiciante, una señal de que en cualquier momento podían detonar las cargas.


Foto: Print Collector/Getty Images

La vida bajo tierra

Unos soldados británicos excavan un túnel en la cresta de Messines, en Bélgica, al sur de Ypres, donde la detonación de al menos 19 minas bajo las líneas alemanas mató a miles de personas. Son tantos los hombres que murieron a lo largo del Frente Occidental que aún hoy se está exhumando cuerpos.


Foto: Print Collector/Getty Images

Un momento de respiro

Unos hombres se toman un respiro de las líneas del frente en un sistema de túneles cavados debajo de Arras, Francia. Las tropas neozelandesas construyeron la mayor parte del laberinto, que era lo bastante grande para dar cabida a 25.000 hombres, para preparar un asalto en abril de 1917.


Foto: Collección Jérôme y Laurent Triolet

Soldados alemanos

Unos soldados alemanes posan frente a la entrada de una cantera en Chavigny, Francia, el 6 de junio de 1915. Las fuerzas alemanas convirtieron estos refugios subterráneos en miniciudades con agua corriente, luz eléctrica, línea telefónica en incluso panaderías.


Foto: Colección Jérôme y Laurent Triolet

Capilla y escuela

No lejos de los campos de batalla del Chemin des Dames (el Camino de las Damas), unos niños del pueblo francés de Paissy asisten a una clase en una cantera de caliza que hacía las veces de capilla y de escuela.


Foto: Colección Jérôme y Laurent Triolet

Refugiados de la Gran Guerra

Unos refugiados franceses se resguardan en una cantera del valle del Oise el 30 de agosto de 1918. En los meses anteriores los alemanes habían lanzado su última gran ofensiva, obligando a muchos civiles a huir de sus casas y refugiarse bajo tierra.


Foto: DPA/Corbis

Cocina bajo tierra

Unos soldados alemanes conversan a la entrada de una cocina subterránea en una fotografía sin fecha.


Foto: Colección Jérôme y Laurent Triolet

Unidad de transporte

En 1915, un soldado francés de una unidad de transportes posa sentado entre los relieves de Napoleón y la república victoriosa, esculpidos en las dependencias de una cantera cerca de Soissons.


La entrada es un agujero húmedo abierto en la tierra, un poco más grande que el de una madriguera, disimulado por los arbustos espinosos de un bosque apartado del nordeste de Francia. Acompaño al fotógrafo Jeffrey Gusky, un médico de Texas que ha explorado decenas de espacios subterráneos como este. Juntos nos deslizamos al interior de la cavidad embarra­da y nos sumimos en la oscuridad. Enseguida el pasadizo se ensancha y nos permite avanzar a cuatro patas.

El resplandor de nuestras linternas frontales parpadea sobre las polvorientas paredes calizas del túnel centenario, que desciende hacia las tinieblas. Al cabo de unos cien metros el túnel termina en un pequeño cubículo excavado en la piedra que recuerda a una cabina telefónica.

Aquí, poco después de estallar la Primera Guerra Mundial, los ingenieros militares alemanes hacían turnos para escuchar, en silencio total, el menor sonido que pudiese revelar la presencia de zapadores enemigos. Unas voces apagadas o el golpe de una pala significaban que un equipo de minadores del otro bando podía estar a unos metros de distancia, cavando una galería directamente hacia ellos. El peligro se multiplicaba si se detenía el sonido de las labores de zapa y los oían apilar sacos o latas: señal de que el enemigo estaba llenando de explosivos el final del túnel. Lo más desquiciante de todo era el silencio posterior. En cualquier momento las cargas podían detonar y hacerlos pedazos o enterrarlos vivos.

para saber más




Un poco más allá, en una de las paredes del túnel, nuestras linternas iluminan unos graffiti dejados por los zapadores alemanes destacados en aquel «puesto de escucha». Sus nombres y regimientos aparecen coronados por un lema: «Gott für Kaiser!» (¡Dios con el Káiser!). Los trazos a lápiz parecen haber sido escritos ayer. El lecho de creta y caliza sobre el que se asienta la región francesa de la Picardía era perfecto para abrir galerías, pero también lo era para que los soldados de la Gran Guerra dejasen pruebas de su presencia con firmas a lápiz, bosquejos y caricaturas, motivos grabados y minuciosos relieves. Este arte subterráneo es relativamente desconocido fuera del círculo de expertos y entusiastas de la Primera Guerra Mundial, además de alcaldes y terratenientes, con muchos de los cuales Gusky ha invertido años en llegar a conocer. 

Los soldados dejaron en los túneles firmas a lápiz, bosquejos y caricaturas, motivos grabados y minuciosos relieves.

Sus fotografías revelan el mundo subterráneo en el que los soldados resistieron mientras se gua­recían del incesante fuego de artillería. Dejaron nombres, figuras femeninas, símbolos religiosos, historietas… Vestigios que, según Gusky, iluminan un mundo olvidado de la Gran Guerra y nos acercan a los soldados en tanto que individuos, muchos de los cuales no sobrevivieron al infierno de la guerra de trincheras.

UNA GUERRA INESPERADAMENTE LARGA

Cuando estalló el conflicto ambos bandos te­­nían un arma de caballería y la convicción de que por Navidad todo habría acabado. A finales de 1914 el avance alemán se había frenado y los ejércitos se habían atrincherado en una vasta y sinuosa línea de posiciones que se extendía desde el mar del Norte hasta la frontera suiza. La carrera armamentística se tradujo en el estreno de los gases tóxicos, los ataques aéreos y los tanques. En el Frente Occidental, millones de soldados murieron en fútiles ofensivas y contraataques.

Los británicos llegaron a detonar unas 750 minas a lo largo de sus 160 kilómetros de frente.

Atrapados en aquel estancamiento, los alemanes y sus adversarios franceses y británicos recurrieron a técnicas bélicas de asedio que apenas habían variado con el paso de los siglos. El objetivo era excavar el subsuelo bajo los puntos estratégicos enemigos y volarlos por los aires; para frustrar los contraataques, volaban también sus propios túneles. En el punto álgido de la guerra subterránea, en 1916, las unidades tuneladoras británicas detonaron unas 750 minas a lo largo de sus 160 kilómetros de frente; los alemanes res­pondieron con casi 700 cargas. Las colinas que constituían unas atalayas imprescindibles quedaron agujereadas como un queso suizo, y las minas más grandes dejaron enormes cráteres que aún hoy perviven como cicatrices en el paisaje.

para saber más



CAPACIDAD PARA MILES DE SOLDADOS

Pero la guerra subterránea no se limitaba a aquellos túneles angostos. Bajo los campos de cultivo y bosques de la Picardía hay canteras seculares abandonadas, algunas de ellas con capacidad para albergar a miles de soldados. Una mañana exploramos una de ellas, situada a lo largo de un despeñadero desde el que se domina el valle del Aisne. Nos guía el dueño de la antiquísima propiedad, cuyo nombre no desvelamos para proteger la cantera de los vándalos.

Orgulloso, nos muestra una monumental talla de Marianne, símbolo nacional de la República Francesa, que guarda la entrada. Más allá, en la penumbra de esa caverna artificial, escudriñamos toda una gama de insignias y memoriales finamente labrados que proclaman la presencia de los regimientos franceses que se cobijaron aquí. Y nos topamos con varias capillas en las que se tallaron y pintaron símbolos religiosos, insignias militares y los nombres de importantes victorias francesas. El terrateniente nos muestra una escalera de piedra que conducía desde una de las capillas a la furia de la artillería en las po­­siciones de la superficie. «Se me encoge el corazón cuando pienso en los hombres que subieron estos escalones para no volver a bajarlos», dice.

La vida en las canteras era muy preferible al infierno embarrado de las trincheras.

En 1915, un periodista que visitaba una de aquellas cuevas observaba que «un cobijo seco, paja, un par de muebles y un fuego encendido son grandes lujos para quienes retornan de las trincheras». Pero tal como escribía un soldado francés en una carta a los suyos, «los bichos se nos comen vivos y es un nido de piojos, pulgas, ratas y ratones. Y no solo eso, también hay mucha humedad y los hombres enferman». Para pasar el tiempo, los exhaustos combatientes se entregaban a la fantasía. Las paredes de la cantera están repletas de imágenes femeninas, muchas de ellas retratos idealizados.

VERDADERAS CIUDADES SUBTERRÁNEAS

Ambos bandos convirtieron las canteras más amplias en verdaderas ciudades subterráneas. Por muchas de ellas se diría que no ha pasado el tiempo. No lejos de la propiedad del terrateniente cruzamos el campo de patatas de un primo suyo, un joven de veintitantos años que rehabilitó las tierras extrayendo personalmente decenas de obuses, granadas y morteros sin explotar.

UN LABERINTO INTERMINABLE

Bajo tierra nos encontramos con un laberinto asombroso, una cantera medieval de más de 11 kilómetros de largo, con corredores sinuosos y techos altos. En 1915 los alemanes conectaron esta vasta madriguera con sus trincheras del frente. Instalaron luz eléctrica y línea telefónica, puestos de mando, una panadería y una carnicería, un taller mecánico, un hospital y una capilla. Aunque oxidados, el generador diésel y los alambres de espino originales siguen en su sitio, lo mismo que decenas de nombres de calles estarcidos en cada esquina, referencias imprescindibles en el confuso laberinto de pasadizos

En los muros, los soldados inscribieron sus nombres y regimientos, esculpieron símbolos religiosos y militares, caricaturas y retratos.

Entre los decoradores más prolíficos de las ciudades subterráneas estaba la 26ª división de Infantería, la «División Yanqui», una de las primeras unidades estadounidenses que llegaron al frente cuando el país entró en el conflicto en abril de 1917. Para visitar la cantera del Chemin des Dames (el Camino de las Damas) en la que se alojaron, bajamos por dos escalas hasta la cueva situada nueve metros más abajo. Pasamos horas explorando un complejo de 40 hectáreas. Nuestras linternas revelan una cápsula del tiempo extraordinaria: galerías sembradas de bo­­tellas, botas, cartuchos de munición, cascos, somieres oxidados fabricados con malla de ga­llinero y hasta una cocina, con ollas y sartenes.

para saber más



FEBRERO DE 1918

Desde principios de 1918 y durante seis semanas, aquellas galerías se llenaron con los sonidos y olores de cientos de estadounidenses. Reclutas novatos en su mayoría, entraban y salían de la cantera por turnos para estrenarse en las trincheras. Aquellos chicos pasaron horas decorando hasta el último centímetro de algunos muros. Hay decenas de símbolos religiosos y patrióticos. De entre los nombres escritos a lápiz, reparo en el de Earle W. Madeley, un cabo de Connecticut que indica tener «20 años». Según los registros, Madeley murió el 21 de julio de 1918; fue una de las 20.000 bajas sufridas por la División Yanqui antes del armisticio de noviembre.

¿Por qué una cantera llena de nombres es tan importante?. Porque al leer sus nombres, les devolvemos la vida por un instante.

A salvo del caos inhumano que se libraba sobre sus cabezas, los hombres de la Gran Guerra dejaron estas expresiones personales de identidad y supervivencia. Pero este legado único corre peligro. Cuando unos vándalos intentaron serrar y llevarse la imagen de Marianne, el terrateniente cerró con rejas metálicas todas sus canteras. En la de la División Yanqui, un mecánico de coches jubilado comprometido con su conservación construyó grandes puertas metálicas que cerró con candados. Pero muchos otros lugares siguen a merced de vándalos y ladrones.

El mecánico cierra el candado y volvemos al coche. Azotados por el crudo viento de enero que barre el campo de batalla, le pregunto por qué una cantera llena de nombres de estadounidenses es tan importante para él. «Porque al leer sus nombres, les devolvemos la vida por un instante», responde.

para saber más

Guardar
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

Mi lista de blogs