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********** Blog Fundado el 03 de Enero del 2008 **********
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos informa sobre la evolución que existió hace millones de años sobre los dinosaurios; en el presente caso nos narra que restos fosilizados de una nueva especie de dinosaurio, revelan como el Tyrannosaurus rex y sus parientes mas cercanos se convirtieron en los mayores depredadores del Cretácico.
National Geographic.- narra : "En la historia evolutiva de la familia de los tiranosaurios –Tyrannosauridae- podemos encontrar una diversa variedad de especies y tamaños; desde el pequeño ejemplar conocido como tiranosaurio pigmeo - Nanuqsaurus hoglundi- de apenas medio metro y que habitó las zonas más meridionales de Norteamérica durante el Cretácico, hasta uno de los animales más mortíferos que haya pisado la Tierra. El superdepredador por antonomasia, auténtico rey de esta época geológica, y quién sabe si, de no haberse producido la extinción masiva del límite Cretácico/Paleógeno, el de todas las demás. Hablamos del Tyrannosaurus rex..."
National Geographic.- agrega : "Hasta el momento, se sabía muy poco sobre cómo, hace 70 millones de años, los tiranosaurios se convirtieron en los gigantes e inteligentes depredadores que dominaron el paisaje del Cretácico. Ahora, los restos encontrados de Timurlengia euotica -nombre con que ha sido bautizada esta nueva especie- datados en unos 90 millones de años, vienen a llenar un vacío de 20 millones de años en el registro fósil del T.rex...."
National Geographic .- añade : "Los primeros tiranosaúridos aparecieron durante el periodo Jurásico, hace unos 170 millones de años, siendo tan solo un poco más grandes que el ser humano. Unos 100 millones de años más tarde habían evolucionado hasta convertirse en el T.rex que podía llegar a pesar hasta 7 toneladas. Los restos de esta nueva especie encontrada unos 80 millones de años después de que el tiranosaurio apareciera por primera vez en el registro fósil indican que el desarrollo de su gran tamaño se produjo solamente al final de la larga historia evolutiva de la especie y gracias a previo desarrollo de su cerebro...."
Los restos fosilizados de una nueva especie de dinosaurio revelan cómo el Tyrannosaurus rex y sus parientes más cercanos se convirtieron en los mayores depredadores del Cretácico
Recreación de Timurlengia euotica en su hábitat
Acompañado de dos reptiles voladores de la especie Azhdarcho longicollis, la ilustración recrea la vida del nuevo tiranosaurio descubierto, Timurlengia euotica, en su ambiente hace 90 millones de años.
Original painting by Todd Marshall
Reconstrucción de un esqueleto de Timurlengia euotica
Los huesos marcados en rojo corresponden a los restos fosilizados encontrados en el desierto de Kyzylkum, Uzbekistan. Las piezas en blanco corresponden a otros huesos aún por encontrar; pertenecen a otras especies de tiranosaurio relacionadas.
Proceedings of the National Academy of Sciences
Hans Sues
Hans Sues, presidente del departamento de paleobiología de Museo Nacional de Historia Natural Smithsonian, sostiene en su mano derecha el molde de un diente de Tiranosaurio rex. En comparación, podemos apreciar en su mano izquierda uno de los dientes pertenecientes al nuevo fósil encontrado de Timurlengia euotica encontrado en el desierto de Kyzylkum, Uzbekistan
James Di Loreto, Smithsonian
Cráneo T.rex
Cráneo perteneciente a un Tyrannosaurus rex adulto.
AMNH
Héctor Rodríguez
14 de marzo de 2016
Así se convirtió el Tyrannosaurus rex en el rey de los dinosaurios del Cretácico
En la historia evolutiva de la familia de los tiranosaurios –Tyrannosauridae- podemos encontrar una diversa variedad de especies y tamaños; desde el pequeño ejemplar conocido como tiranosaurio pigmeo - Nanuqsaurus hoglundi- de apenas medio metro y que habitó las zonas más meridionales de Norteamérica durante el Cretácico, hasta uno de los animales más mortíferos que haya pisado la Tierra. El superdepredador por antonomasia, auténtico rey de esta época geológica, y quién sabe si, de no haberse producido la extinción masiva del límite Cretácico/Paleógeno, el de todas las demás. Hablamos del Tyrannosaurus rex.
Debido al insuficiente registro fósil, los paleontólogos creyeron durante mucho tiempo que la evolución esta familia de dinosaurios se produjo de forma gradual en el transcurso de unos 70 millones de años. Sin embargo, el reciente descubrimiento de nuevos fósiles revela que gran parte de esta transición hacia los temibles monstruos en los que se convirtieron se produjo concretamente al final de este periodo y de una manera más dinámica de lo que apuntaban las primeras hipótesis.
Las claves sobre la vida de Timurlengia euotica permiten a los científicos comprender mejor la evolución de otros dinosaurios emparentados con el Tyrannosaurus
Hasta el momento, se sabía muy poco sobre cómo, hace 70 millones de años, los tiranosaurios se convirtieron en los gigantes e inteligentes depredadores que dominaron el paisaje del Cretácico. Ahora, los restos encontrados de Timurlengia euotica -nombre con que ha sido bautizada esta nueva especie- datados en unos 90 millones de años, vienen a llenar un vacío de 20 millones de años en el registro fósil del T.rex.
Hans Sues, director del departamento de paleobiología del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian y su colega Alexander Averianov de la Academia Rusa de las Ciencias; encontraron los fósiles entre 1997 y 2006, durante una expedición co-liderada por ambos en el desierto de Kyzylkum, Uzbekistán.
"Asia Central fue el lugar donde muchos de los grupos familiares de dinosaurios del Cretácico tenían sus raíces", comenta Sues, y afirma que "los descubrimientos del desierto de Kyzylkum de Uzbekistán nos ayudan ahora a trazar la historia temprana de estos animales, de los cuales, muchos, florecieron más tarde en nuestra propia casa, América del Norte."
Sues y el equipo de paleontólogos dirigido por Steve Brusatte de la Universidad de Edimburgo estudiaron los fósiles recogidos en la expedición descubriendo que se trataba de una especie desconocida hasta el momento. Y aunque sin duda pertenece al linaje de los tiranosaurios, desafortunadamente no se trata del antepasado directo del T.rex.
Las claves sobre la vida de Timurlengia euotica permiten a los científicos llenar los vacíos de conocimiento existentes hasta el momento y comprender mejor la evolución de otros dinosaurios emparentados con el Tyrannosaurus.
Por lo que sabemos, Timurlengia tenía el tamaño de un caballo, pudo llegar a pesar más de 300 kilogramos y estaba dotado de patas muy largas que indican que probablemente fuera un poderoso corredor. Según la descripción de Hans Sues: "Timurlengia era un ágil cazador perseguidor de figura esbelta y atlética, además de poseer unos dientes como cuchillas, adecuados para rebanar la carne". Posiblemente, las presas sobre las que depredaba fueran varias de las tempranas especies de herbívoros con pico de pato con las que compartía su mundo.
"Los tiranosaurios tuvieron que ser más inteligentes antes de poder ser más grandes”
Respecto al cráneo, las calaveras fósiles encontradas confirman que proporcionalmente poseía un tamaño menor al del T.rex. Sin embargo, mediante técnicas de tomografía digital el equipo Brusatte reconstruyó el cerebro de estos dinosaurios con el fin de recabar algunas impresiones sobre su funcionamiento y desarrollo, revelando que antes de que se produjera una evolución en tamaño de la especie, estos tiranosaúridos ya habían desarrollado agudos sentidos y perfeccionado en gran medida sus capacidades cognitivas.
Un ejemplo de estas habilidades era la capacidad de escuchar sonidos de baja frecuencia. Esto supuso una importante ventaja evolutiva en la carrera por alcanzar la cima de la cadena alimentaria durante el Cretácico. Y es que según Brusatte: “solo después de que estos ancestrales tiranosaurios desarrollaran su cerebro y los potentes sentidos de los que estaban dotados, se pudo producir un incremento en su tamaño. Los tiranosaurios tuvieron que ser más inteligentes antes de poder ser más grandes”.
Con todo esto, la imagen que se tiene de los antepasados del T.rex se asemeja en gran medida a Timurlengia euotica; un depredador del tamaño de un caballo con un gran cerebro y un oído tan agudo que dejaría en vergüenza a la especie humana.
Los primeros tiranosaúridos aparecieron durante el periodo Jurásico, hace unos 170 millones de años, siendo tan solo un poco más grandes que el ser humano. Unos 100 millones de años más tarde habían evolucionado hasta convertirse en el T.rex que podía llegar a pesar hasta 7 toneladas. Los restos de esta nueva especie encontrada unos 80 millones de años después de que el tiranosaurio apareciera por primera vez en el registro fósil indican que el desarrollo de su gran tamaño se produjo solamente al final de la larga historia evolutiva de la especie y gracias a previo desarrollo de su cerebro.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., alguna vez escuché el legendario nombre del país: Uzbekistán, enclavado en la Asia Central, y gracias a la Revista National Geographic, que ha elaborado un amplio reportaje de su capital la ciudad de Samarcanda, que en un tiempo fue la ruta de parada obligada de las caravanas de la Ruta de la Seda, suena fascinando que enormes caravanas de mercaderes, recorrerían esos desiertos y justo en la ruta estaba enclavada esta hermosa ciudad de Samarcanda que fue también la capital del Imperio de Tamerlán.
Samarcanda, es famosa por las grades construcciones de mezquitas, y mausoleos adornadas con cerámicas y baldosas impresionantes; que construyeron los emperadores y emires, destacando entre todos ellos la Mezquita de Bibi Khanum, considerada como la más bella del mundo islámico. En la Plaza del Registán, están las : Tres escuelas coránicas se levantan en esta céntrica plaza de Samarcanda. De izquierda a derecha, la madraza de Ulug Begh, nieto de Tamerlán, erigida en el siglo XV; la de Tyllia Kori, en el centro, y la madraza de Sher Dor, ambas, del siglo XVII.
En sus mezquitas de reflejos azules y bulliciosos mercados la ciudad uzbeka exhibe la relevancia que ostentó como etapa en la Ruta de la Seda y antigua capital del imperio de Tamerlán
Madrasa de Tilya Kori
De 1660, es la más moderna de las tres que enmarcan la plaza del Registán. El mihrab está decorado con relieves dorados sobre fondo azul. Parada obligada de las caravanas de la Ruta de la Seda y capital de uno de los mayores imperios de la historia, Samarcanda conserva auténticas obras maestras de la arquitectura islámica.
Foto: Mauricio Abreu / AWL Images
Monumento a las caravanas que cruzaban Asia central
Equidistante entre China y el Mediterráneo, la ciudad era un refugio para los caravaneros antes de encarar los inmensos desiertos o las inexpugnables montañas. Trajinaban mercancías, pero circulaban también religiones, inventos, tradiciones…
Foto: V. Smirnov / Shutterstock
Fundada en el siglo VII a.C., la ciudad alcanzó su apogeo en los siglos XIV y XV.
Observando las tres imponentes madrasas (escuelas) es imposible no sentirlo: la plaza del Registán tiene un magnetismo especial. Y aunque la fama de Samarcanda se asocia a Tamerlán, que estableció aquí la capital de su imperio, esta plaza debe su majestuosidad a su nieto, el astrónomo Ulug Beg.
Foto: Lefteris Papaulakis / Shutterstock
Los tigres de la madrasa de Sher Dor desafían la ortodoxia del islam
Tres madrasas imponentes se alzan en sendos costados del Registán, enmarcando un enorme espacio rectangular. El conjunto tomó su aspecto actual en el siglo XVI, aunque la primera piedra la puso Ulug Beg. Este ordenó erigir la primera y homónima madrasa en 1417, así como caravasares, khanagas (alojamientos para derviches), una mezquita y un hamam. Un siglo después, el gobernador Yalangtush, reemplazó esos edificios secundarios por dos madrasas: Sher Dor (1636), casi simétrica a la de Ulug Beg y decorada con dos tigres; y Tillya Kari (1660), la única sin minaretes pero con una mezquita en su interior que, siglos después, pasó a ser de referencia en la ciudad.
Foto: AGE Fotostock
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Destellos azules
El arte decorativo más característico de Uzbekistán posiblemente sea la cerámica vidriada. Tuvo su apogeo con la dinastía timúrida cuando azulejos, baldosas de mayólica y terracotas labradas recubrían cúpulas, fachadas e interiores. El característico color azul procedía del lapislázuli, la piedra turquesa o el cobalto. Pero el esmaltado no era tan solo una cuestión estética sino que aportaba gran durabilidad en un entorno desértico.
Foto: Michal Knitl / Shutterstock
El arte de la cerámica vidriada
Y si bien en el islam abundan las decoraciones geométricas, florales o caligráficas, en Uzbekistán no es extraño encontrar seres vivos desafiando la ortodoxia religiosa, como en la madrasa de Sher Dor. Entre los ejemplos más espectaculares de cerámica vitrificada en Samarcanda, cabe destacar la mezquita Bibi Khanum, la necrópolis de Shah-i-Zinda y la cúpula del mausoleo de Tamerlán.
Nadezhda Bolotina / Shutterstock
Estatua de Tamerlán
Como Alejandro Magno y Gengis Khan, Tamerlán (Timur-i-Lenk, Timur el cojo, 1336-1405) forjó un imperio colosal que se extendía de la India al Mediterráneo y, por el norte, hasta las puertas de Moscú. En 1370 estableció su capital en Samarcanda. Murió en Otrar (Kazajistán) a los 69 años, camino de conquistar China.
Foto: Mauricio Abreu / AWL Images
La necrópolis de Shah-i-zinda
Una filigrana de azulejos recubre los mausoleos de Shah-i-Zinda. En la primera mitad del siglo XI sus colinas alojaron lujosas mansiones y luego se sucedieron los enterramientos, cada vez más ornamentados. Nichos en los que destaca el azul de las baldosas de mayólica, los mosaicos de azulejos con láminas de oro, la terracota labrada y esmaltada, las maderas talladas, los cristales de color y los estucos. Desde los pisos superiores se ve la ciudad.
Foto: Günter Gräfenhain / Fototeca 9x12
Mausoleo de Gur Emir o del Gran Tamerlán, de 1403.
Aquí se encuentra enterrado Tamerlán, a pesar de que el mausoleo lo había ordenado erigir en 1403 para su nieto Mohammed Sultán. Lo cierto es que es una obra de exquisito estilo y proporciones, con una bella cúpula turquesa acostillada. Y si el exterior asombra, el interior sobrecoge con su elaborada decoración áurea.
Archivo original (1024 × 768 píxeles; tamaño de archivo: 201 KB; tipo MIME: image/jpeg)
Mezquita de Bibi-Khanum. Es una histórica famosa mezquita en Samarkand, Uzbekistán, que nombre viene de la esposa del 14to siglo warlord, Timur. La mezquita, que en su tiempo llegó a ser una de las mayores del mundo, se encuentra al norte del Registán. Su construcción se terminó poco antes de la muerte del emperador Tamerlán y aspiraba a ser la joya arquitectónica de su imperio. Construcción 1399-1404.
Ya no quedan caravanas ni mercaderes ni seda, pero la grandeza de Samarcanda es palpable nada más pisar la plaza del Registán. Observando las tres imponentes madrasas (escuelas) es imposible no sentirlo: el lugar tiene un magnetismo especial. Y aunque la fama de Samarcanda se asocia a Tamerlán, que estableció aquí la capital de su imperio, esta plaza debe su majestuosidad a su nieto, el astrónomo Ulug Beg, quien ordenó erigir la primera madrasa en el siglo XV. Hoy los tres edificios sobrecogen con la misma intensidad que antaño.
Con la disposición actual cuesta imaginar que en otra época aquí estuviera el bazar por el que pasaban las caravanas venidas de los confines del planeta. La Ruta de la Seda, activa entre los siglos II a.C. y XVI d.C., tenía en Samarcanda una de sus principales paradas. Equidistante entre China y el Mediterráneo, la ciudad era un refugio para los caravaneros antes de encarar los inmensos desiertos o las inexpugnables montañas. Trajinaban mercancías, pero circulaban también religiones, inventos, tradiciones… El comercio concedió prosperidad al enclave y forjó su carácter cosmopolita.
Desde lo alto de los minaretes del Registán se divisan las tres cúpulas turquesas de la mezquita Bibi Khanum, que en su día fue uno de los edificios más bellos del mundo islámico. Resistiendo precariamente los envites de los terremotos, las descomunales dimensiones de la mezquita impresionan, tal y como ideó Tamerlán: "Si dudan de nuestro poder, que miren nuestros edificios". Por eso, tras convertir esta ciudad en capital de su imperio en 1370 decidió recuperar su esplendor, perdido al ser arrasada por Gengis Khan en 1220. Durante 35 años trabajaron en ella los mejores arquitectos, artesanos, intelectuales... La ciudad floreció en los ámbitos artístico, económico y comercial. Nunca antes, ni después, fue tan bella ni importante.
Alrededor del Registán se extienden, discretas, las mahallas, los barrios residenciales populares. En sus sinuosas calles los niños tayikos –etnia mayoritaria en la ciudad– corren despreocupados; los ancianos juegan al ajedrez en las pequeñas mezquitas; los trinos de las codornices se oyen en los patios de las casas. Se respira una serenidad rural que contrasta con la animación de las calles principales. Y, sobre todo, del bazar.
Entrando al mercado por alguna de sus puertas sorprende la limpieza y el orden: aquí los puestos de verduras; allá el menaje; un poco más al fondo los peculiares kurut (bolitas de queso) junto a la miel, los frutos secos y las especias. Al salir se puede comprar el denso y sabroso pan que acompaña cada comida y que venden hombres ataviados con la ubicua tubeteika (bonete negro y blanco) o mujeres con el entrecejo bien pintado y fundas de oro adornando sus dentaduras.
Las raíces de la ciudad
La preciosa y diminuta mezquita de Khazret Khyzr corona la colina de Afrosiab, el lugar donde se fundó la ciudad en el siglo VI a.C. Hoy, esta loma es un campo de trabajo para los arqueólogos, que hallan osarios zoroastristas, cerámicas con influencias griegas traídas por Alejandro Magno (329 a.C.) o monedas que atestiguan la riqueza que tuvo desde su fundación este oasis, al pie de las montañas Zarafshan.
Es un lugar que otorga a la visita un sentido más allá del estético. Dicen que tres peregrinaciones aquí equivalen a una a La Meca
En una ladera próxima se encuentra el lugar más sagrado de la ciudad: la necrópolis Shah-i-Zinda, un conjunto de soberbios mausoleos construidos entre los siglos XI y XVI alrededor de la tumba de Kusam ibn Abbas, impulsor del islam en la zona en el siglo VII. Cada uno de ellos es en sí mismo una impresionante obra de arte recubierta de finos azulejos, mosaicos y terracotas. Al traspasar el portal se respira solemnidad: es un lugar que otorga a la visita un sentido más allá del estético. Dicen que tres peregrinaciones aquí equivalen a una a La Meca. A su alrededor se extiende el cementerio nuevo, con lápidas cinceladas con bustos de científicos, artistas, profesores y políticos, destacando entre todos el héroe de la independencia en 1991 y presidente hasta 2016, Ismail Karimov.
Caminando por la calle Ruy González de Clavijo, el embajador de Enrique III que visitó a Tamerlán y que ha pasado a la historia por su descripción del viaje y la ciudad a principios del siglo XV, se llega al precioso mausoleo Gur Emir. Allí, entre otros, se encuentra enterrado Tamerlán, a pesar de que el mausoleo lo había ordenado erigir en 1403 para su nieto Mohammed Sultán. Lo cierto es que es una obra de exquisito estilo y proporciones, con una bella cúpula turquesa acostillada. Y si el exterior asombra, el interior sobrecoge con su elaborada decoración áurea.
La tumba de Tamerlán es que es una obra de exquisito estilo y proporciones, con una bella cúpula turquesa acostillada
Cerca del mausoleo empieza la parte moderna de la ciudad, la que recibe al viajero. Trazada por el gobierno zarista en el siglo XIX, sorprende por sus enormes avenidas, bloques de viviendas, institutos, estadios... y desconcierta a quien llega buscando la Samarcanda mítica. Sin embargo, al finalizar el recorrido, la ciudad no decepciona a nadie. Uno debe sumergirse en sus bazares, perderse por las mahallas, emocionarse en sus mausoleos y mezclarse con la gente. Solo así comprenderá que sigue conservando en la actualidad la magia y grandiosidad de una ciudad que un día fue el centro mismo del mundo.
Samarcanda, la legendaria capital del Imperio de Tamerlán
"Es tal la riqueza y la abundancia de esta gran capital que contemplarlas es una maravilla", dijo un castellano que en 1404 llegó a la ciudad de Samarcanda para rendir visita a Tamerlán, el guerrero que había fundado el mayor imperio de Asia
Camino de China
Tamerlán murió mientras preparaba una expedición contra los Ming, dinastía que había expulsado de China a los sucesores del mongol Kubilai Kan en 1368. Abajo, jarrón Ming. Siglo XV. Museo Británico, Londres.
E. LESSING / ALBUM
Decoración timúrida
Detalle de ventanas de la madraza de Ulug Begh, en la plaza del Registán, en Samarcanda.
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La plaza del Registán
Tres escuelas coránicas se levantan en esta céntrica plaza de Samarcanda. De izquierda a derecha, la madraza de Ulug Begh, nieto de Tamerlán, erigida en el siglo XV; la de Tyllia Kori, en el centro, y la madraza de Sher Dor, ambas, del siglo XVII.
GÜNTER GRÄFENHAIN / FOTOTECA 9X12
El gran caudillo de los tártaros
Monumento a Tamerlán en la ciudad de Samarcanda, Uzbekistán.
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Patio de la madraza Sher Dor
Esta madraza (escuela coránica) es una de las tres que se alzan en la emblemática plaza del Registán, en Samarcanda. Fue erigida en el año 1636 por el gobernador Yolagtush Bahadur.
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Mausoleo de Gur-e Amir
Este edificio, en Samarcanda, contiene las tumbas de Tamerlán y varios miembros de la dinastía timúrida. Fue erigido durante el reinado de Ulug Begh, nieto de Tamerlán.
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23 de diciembre de 2013
Samarcanda, la legendaria capital del Imperio de Tamerlán
Legiones de escritores pronuncian el nombre de Samarcanda como si fuera un oasis mágico de cúpulas azules, un lugar de ensueño rodeado de un aura de leyenda. Sin embargo, Samarcanda existe, fue una de las capitales más importantes de la antigua Ruta de la Seda y se alza en la dura estepa de la Transoxiana, entre los ríos Amu Daria (Oxus, en la Antigüedad) y Sir Daria (Jaxartes), en el actual Uzbekistán.
Aún hoy, debe su fama a la armoniosa disposición y belleza de las tres madrazas que se alzan en la céntrica plaza del Registán. Enfrente de esta plaza, con una mirada penetrante y fría, se encuentra la gran estatua sedente dedicada a Timur, el héroe que está indisolublemente unido al destino de la ciudad. Timur-i-Lenk –Timur «el cojo», apodo que en Occidente se transformaría en Tamerlán– construyó un vasto imperio cuyos límites se extendían desde Anatolia hasta el océano Índico, y la relevancia de su figura es tal que traspasa los confines de varias civilizaciones entre dos épocas, la medieval y la renacentista.
Tamerlán escogió Samarcanda como su capital, y pronto esta ciudad, donde confluían las caravanas procedentes de Oriente y Occidente, con sus especias y exóticos perfumes, acabó convirtiéndose en la residencia de una corte de leyenda.
Un español en Samarcanda
Disponemos de un testimonio excepcional sobre el esplendor mítico de la capital de Tamerlán: el de Ruy González de Clavijo, un caballero castellano enviado por Enrique III, rey de Castilla y León, como embajador ante la corte del conquistador asiático. La última de la larga serie de victorias de Tamerlán, lograda sobre el sultán otomano Bayaceto, había despertado el entusiasmo de los reyes de la Europa cristiana, que se veían así libres de la amenaza otomana y soñaban con firmar la paz con la potencia emergente de Asia, entre otras cosas para circular libremente por la Ruta de la Seda.
El 31 de agosto de 1404 Clavijo llegó a Samarcanda, tras un viaje por Grecia, Anatolia y Mesopotamia que duró más de un año
Enrique III, tras recibir con agrado a un embajador de Tamerlán, envió a su vez a Clavijo cargado de regalos para el victorioso soberano oriental. Tras un viaje por Grecia, Anatolia y Mesopotamia que duró más de un año, el 31 de agosto de 1404 Clavijo llegó a Samarcanda. Permanecería allí casi tres meses, y tan maravillado quedó por la visión de aquella remota ciudad que a su vuelta escribió un relato de su experiencia, la Embajada a la corte de Tamerlán.
Nada más entrar en la ciudad, Clavijo comprobó que Tamerlán había sabido conjugar en ella lo mejor de Oriente y Occidente: Siria enviaba sus tejedores, vidrieros y armeros; Delhi proporcionaba albañiles, constructores y talladores de gemas, y Anatolia suministraba orfebres, cordeleros y maestros armeros. Clavijo recorrió los bazares de Samarcanda y observó cómo en las calles se mezclaban lenguas y religiones, desde el Islam hasta el zoroastrismo y el cristianismo nestoriano.
En sus mercados abundaban todo tipo de productos procedentes de la Ruta de la Seda: de Rusia y Mongolia venían cueros y lienzos; de China, además de la seda, llegaban rubíes y diamantes, ruibarbo y perlas, y de la India, especias menudas como nuez moscada, jengibre, flor de canela y clavo de olor. A ojos de Ruy de Clavijo, Samarcanda era la casa donde Tamerlán iba depositando los tesoros que le proporcionaban sus conquistas.
En la corte del gran conquistador
A la hora y día convenidos, Ruy de Clavijo se presentó ante Tamerlán. Clavijo descubre la fragancia de los jardines de Samarcanda, repletos de jazmines y violetas, y la fresca sombra de las yurtas, las típicas tiendas mongolas. Éste era el ambiente preferido por Tamerlán y su corte, ya para las largas recepciones oficiales o para practicar su pasatiempo favorito, el ajedrez. Fogoso soldado a la vez que experimentado y prudente capitán, Tamerlán sabía rodearse en su corte de artistas y literatos que le hacían gozar tanto de la poesía y de la historia persas como del relato de sus conquistas militares.
Tras las oportunas reverencias, Tamerlán los mandó acercarse. Clavijo esperaba encontrarse con el «azote de las estepas», de cuerpo nervudo y recio, ojos amenazadores, gesto brusco y poderosa y bronca voz. Sin embargo, lo que vio fue un anciano ya caduco, acomodado entre cojines de seda bordada; «tan viejo era –dice Clavijo– que hasta los párpados de sus ojos estaban caídos». Todo fueron cortesías para Clavijo y su rey: «Mirad aquí estos embajadores –proclamó solemne Tamerlán ante sus cortesanos–, son éstos los que me envía mi hijo, el Rey de España, que es el mayor Rey que hay en los francos».
Copioso fue el banquete con el que se obsequió a Clavijo: carneros cocidos y asados, ancas de caballo sin su corvejón, jugosos melones, uvas y duraznos servidos en la dulce leche fermentada de las yeguas; y todo ello ofrecido en fuentes de oro y plata, junto a finas obleas de pan y escudillas con arroz, salsas y condimentos varios. No faltó tampoco el vino, con la venia del propio Tamerlán (aunque él era musulmán), escanciado en tazas de oro que descansaban sobre platos de fina porcelana.
Tamerlán mandaba demoler parte de la mezquita de su esposa, Bibi Khanum, para que ésta fuera reconstruida a su gusto en tan sólo diez días
Igualmente Clavijo observó la sensibilidad de Tamerlán por el arte y la cultura, en contraste con el devastador efecto de sus campañas. El conquistador puso especial empeño en sembrar su capital de espléndidas construcciones. Ruy de Clavijo presenció incluso cómo Tamerlán mandaba demoler parte de la mezquita de su esposa, Bibi Khanum, para que ésta fuera reconstruida a su gusto en tan sólo diez días. El monarca no reparó en gastos; incluso mandó traer el mármol, portado a lomos de un centenar de elefantes, desde las canteras de la India. Pero, apurado por sus campañas, delegó la dirección de las obras en su mujer, que también había iniciado la construcción de una tumba para ella misma enfrente de la mezquita.
La reina y el arquitecto
Cuenta la leyenda que el arquitecto de la mezquita se enamoró perdidamente de Bibi Khanum. La reina, en un intento de disuadirlo, le mostró cuarenta huevos y le dijo: «Miradlos, cada uno está pintado de una forma diferente y, sin embargo, da igual su color; pues ya sea éste rojo, azul o verde, su sabor siempre será el mismo». El arquitecto guardó silencio entonces, pero una semana más tarde volvió a presentarse con cuarenta botas, treinta y nueve con agua y una llena de vino: «¡Ay mi Bibi Khanum! –le susurró malicioso–. Aunque todas ellas te puedan parecer iguales, el agua de unas me refresca y apacigua mis sentidos, pero tan sólo el vino de esta última ha logrado embriagarme».
Bibi Khanum, vencida, accedió a recibir un beso, pero su mano tendría que separar sus mejillas de los labios de ese loco adulador. Sin embargo, la pasión del arquitecto era tan fuerte que traspasó esa barrera y el beso dejó una marca indeleble. Tamerlán, al volver, se encontró con la mezquita casi acabada: la grandiosa belleza de ésta, su riqueza y exquisitas proporciones emocionaron incluso a un hombre rudo como él. Se volvió a agradecérselo a su mujer, pero observó entonces con horror la huella del furtivo beso. Lleno de furia, se cuenta que Tamerlán empujó a su mujer al vacío y que ésta se salvó gracias al vuelo de sus trajes. Quiso también castigar ejemplarmente al arquitecto, pero éste ya había huido o se había dado muerte.
Durante la estancia de Ruy de Clavijo en Samarcanda, Tamerlán, que se hallaba inmerso en los preparativos de su última campaña contra China, cayó enfermo. Sus ministros despidieron entonces a los castellanos, que tuvieron que emprender el viaje de vuelta el 18 de noviembre de 1404. El emperador murió poco después de la marcha de Clavijo, a los 71 años, el 19 de enero de 1405.
El fantasma del conquistador
Tamerlán fue enterrado en el mausoleo Gur-e Amir, otra joya del arte timúrida. Inicialmente concebido para el nieto predilecto del conquistador, Muhammad Sultan, acabó albergando también los cuerpos de Tamerlán y otros destacados miembros de la dinastía timúrida. Una madraza y unos baños, hoy en ruinas, completaban el complejo, al que se accedía por una monumental entrada. La bóveda del iwan (capilla), aún en pie, está decorada con un diseño en retícula romboidal, en forma de panal, como símbolo del cielo y de la armonía cósmica. Mosaicos con piezas hexagonales de ónice y lapislázuli e inscripciones de letras de oro sobre un fondo de jaspe verde completan este delicado trabajo. La cripta acoge los restos de Tamerlán junto a los de su nieto y otros familiares.
Su lápida guarda un ominoso augurio: «Si yo me levantase de mi tumba, el mundo entero temblaría»
El sitio exacto donde descansa el conquistador está marcado por una enorme lápida de nefrita de Mongolia que lleva inscrito un ominoso augurio: «Si yo me levantase de mi tumba, el mundo entero temblaría». De hecho, el 22 de junio de 1941, el mismo día en que el arqueólogo soviético Mijail Gerasimov exhumaba su cadáver, Hitler invadía Rusia. En sus restos se adivinaron rasgos como una frente despejada y abrupta, la nariz corta, los pómulos salientes y, sobre todo, su cojera, características que las descripciones antiguas destacaban en el físico de Tamerlán. Pero donde más profundamente quedó impresa su huella fue en Samarcanda, la ciudad que él hizo su capital y convirtió en espejo de su gloria.
Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., hoy día 05 de junio, que celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente, damos esta noticia publicada por la agencia de noticias BBC Mundo Noticias, sobre un gran proyecto de largos años que consiste poblar de árboles a los alrededores o playas de lo que un día fue el llamado: Mar de Aral, que por efectos de la intervención del hombre desapareció.
El descomunal proyecto como lo califica la agencia BBC Mundo Noticias, consiste en sembrar millones de árboles de saxaul (haloxylon); la BBC Mundo Noticias.- dice : " Hay dos tractores abriendo surcos en lo que fue parte del lecho del Mar de Aral: En la parte posterior de cada tractor, un joven toma un puñado de semillas y las coloca en la pequeña trinchera.
"Llueva o haga sol, tenemos dos semanas para una hectárea", dice uno de los hombres. "Ha llovido y hecho frío últimamente, pero no nos iremos hasta que alcancemos nuestra meta".
Están sembrando semillas de saxaul, un arbusto nativo de los desiertos de Asia central que es ahora la primera línea de defensa contra el cambio climático en Uzbekistán.
"Un sauxal completamente maduro puede restaurar hasta 10 toneladas de suelo alrededor de sus raíces", explica Orazbay Allanazarov, un especialista en forestación.
Los árboles evitan que el viento levante la arena contaminada del lecho marino y que la esparza en la atmósfera. El plan es cubrir todo el antiguo lecho marino con un bosque....."
Hay un pueblo fantasma, que antes de la desaparición del Mar de Aral era un puerto pesquero: Moynaq, y a sus alrededores se observan esqueletos de barcos pesqueros que muchos años antes eran los pescaban y mantenían al pueblo con una pesca floreciente.
Wikipedia.- dice : "Tras los trasvases de agua realizados por la Unión Soviética en los años 1960, de los ríos Amu Daria y Sir Daria que en él confluyen, el lago se redujo de manera drástica aunque oscilante. Se pretendía desviar agua para regar cultivos, principalmente de algodón, en Uzbekistán y Kazajistán. Tras la caída de la URSS, la falta de entendimiento debida al enfrentamiento entre los países que antes formaban parte de la desaparecida Unión Soviética, ha impedido que se detuviese esta reducción constante; pues Kazajistán y Uzbekistán, que se reparten lo que queda del mar de Aral, están enfrentadas con Kirguizistán y Tayikistán, repúblicas por donde fluyen los ríos que alimentaban el otrora gran mar interior.." https://es.wikipedia.org/wiki/Mar_de_Aral
El pueblo de Moynaq fue en una época el principal puerto pesquero de Uzbekistán sobre el mar de Aral.
La desaparición del mar de Aral en Asia central es un desastre ecológico. Tóxicos químicos en el que una vez fue suelo marino causan graves problemas de salud.
Pero, ¿podrá el ambicioso proyecto de plantar millones de árboles salvar al pueblo de los karakalpak en Uzbekistán?
Almas Tolvashev, un viejo pescador de 78 años, arrastra los pies por las arenas hacia el casco oxidado de un barco pesquero.
"Plantamos millones de árboles en el mar de Aral para evitar que los tóxicos se propaguen"
El faro que se yergue entre la derruida flotilla de unas 10 embarcaciones es un crudo recuerdo de que Moynaq fue en una época un próspero puerto de pescadores sobre el mar de Aral.
"La historia de los karakalpak empieza con el mar", dice el otrora pescador. "Lo primero que un padre le enseñaba a sus hijos era cómo pescar".
Moynaq yace en el corazón de Karakalpakstán, una república semiautónoma dentro de Uzbekistán. En su apogeo, proveía el 98% del pescado del país
Almas Tolvashev, otrora pescador, de 78 años, acompañado de su nieta.
"Yo fui el primer capitán musulmán en Moynaq y mi barco era el Volga. Generalmente, los capitanes era rusos étnicos", afirma Almas con orgullo.
"Aquí había 250 embarcaciones. Yo solía atrapar entre 600 y 700 kilos de pescado todos los días. Ahora, ya no hay mar".
El mar de Aral empezó a reducirse en los años 60, cuando los soviéticos desviaron el agua de dos de los principales ríos que desembocaban en el Aral para irrigar nuevos y extensos cultivos de algodón.
Con el auge de la producción de algodón, el Kremlin se negó a reconocer el problema. La población local se vio obligada a colocar varas con marcas para demostrar que la costa estaba desapareciendo.
La antigua costa de Moynaq es ahora un cementerio de barcos oxidados.
A medida que descendía el volumen de agua se incrementaba la concentración de sal, envenenando todo lo que se encontraba en el mar.
"La abundancia de peces disminuyó y, al final, lo único que sacábamos era pescado muerto. Ahora los jóvenes tiene que irse a otros países para buscar trabajo".
El mar de Aral se ha reducido al 10% de su tamaño original, un área marina casi del tamaño de Panamá se ha perdido. Pero no es solo un estilo de vida el que se vió afectado.
El capitán alza los brazos sobre su cabeza: "Ya no es como antes. El tiempo es malo, siempre hay polvo en el aire".
Cuando el doctor Yuldashbay Dosimov vino a trabajar por primera vez en el hospital de Moynaq en los años 80, la costa ya se encontraba a 12 km de distancia.
Recuerda cuáles eran las enfermedades específicas de la región: "Problemas respiratorios, tuberculosis y problemas renales eran generalizados. Hasta hace poco, muchos niños morían de diarrea".
Las entonces autoridades soviéticas, que expandieron la industria de algodón de Uzbekistán y Kazajstán, no previeron que los herbicidas y pesticidas de los nuevos cultivos se verterían en los ríos aledaños y terminarían en el mar de Aral.
El mar de Aral se ha reducido al 10% de su tamaño original.
A medida que el mar se secó, los químicos tóxicos de la industria del algodón quedaron expuestos sobre el lecho marítimo.
Estos fueron propagados a la atmósfera por tormentas de arena y acabaron siendo inhalados por los habitantes de una vasta región.
La población local experimentó problemas de salud que van desde retrasos en el crecimiento, fertilidad reducida y problemas cardiopulmonares hasta tasas más altas de cáncer. Un estudio concluyó que la incidencia de cáncer se dobló entre 1981 y 1991.
Otra investigación encontró que para finales de los años 90, la mortandad infantil era de entre 60 y 110 por cada 1.000 nacimientos, una cifra mucho más alta que en el resto de Uzbekistán (48 por 1.000) y Rusia (24 por 1.000).
Herbicidas y pesticidas de los cultivos de algodón de Uzbekistán quedaron expuestos.
Durante décadas, estas enfermedades fueron un secreto a voces. Las autoridades reconocieron la desaparición del mar de Aral con la caída de la Unión Soviética.
Cuando identificaron el problema, empezaron a trabajar en una solución, un proyecto que el doctor Dosimov espera que mejore radicalmente el bienestar de los karakalpak.
"Tienen que disminuir el impacto del mar seco sobre la salud del pueblo. Para eso están sembrando árboles saxaul (haloxylon)".
A varios kilómetros de Moynaq, dos tractores se mueven a la par en el horizonte. Están abriendo surcos en el salitre de un lecho marino que hace 40 años hubiera estado a 25 metros bajo el agua.
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El gobierno espera que millones de sauxales puedan frenar la difusión de químicos tóxicos en la atmósfera.
En la parte posterior de cada tractor, un joven toma un puñado de semillas y las coloca en la pequeña trinchera.
"Llueva o haga sol, tenemos dos semanas para una hectárea", dice uno de los hombres. "Ha llovido y hecho frío últimamente, pero no nos iremos hasta que alcancemos nuestra meta".
Están sembrando semillas de saxaul, un arbusto nativo de los desiertos de Asia central que es ahora la primera línea de defensa contra el cambio climático en Uzbekistán.
"Un sauxal completamente maduro puede restaurar hasta 10 toneladas de suelo alrededor de sus raíces", explica Orazbay Allanazarov, un especialista en forestación.
Los árboles evitan que el viento levante la arena contaminada del lecho marino y que la esparza en la atmósfera. El plan es cubrir todo el antiguo lecho marino con un bosque.
Orazbay Allanazarov cree que el humilde saxaul podrá ayudar al pueblo de karakalpak.
"Casi uno de cada dos árboles aquí ha sobrevivido. Eso es bueno". No esconde su entusiasmo a medida que acaricia uno de los arbustos grisáceos que se alza a menos de un metro de altura. Es un proyecto a largo plazo, este surco de sauxales se sembró hace cinco años.
"Optamos por los sauxales porque pueden sobrevivir en suelos secos y salados", dice.
Proyecto a largo plazo
Los árboles están sembrados en surcos, con 10 metros de separación, para que cuando maduren y suelten sus semillas por sí solos, los espacios entre los surcos también se pueblen.
Hasta ahora, alrededor de medio millón de hectáreas del desierto fueron plantadas de sauxales. Pero todavía quedan más de tres millones de hectáreas por cubrir.
La siembra de sauxales en el lecho del mar de Aral es un proceso largo y lento.
Al ritmo actual, tomaría 150 años plantar esa extensión de bosque.
"Somos lentos", reconoce Allanazarov. "Necesitamos agilizar el proceso. Pero, para eso, necesitamos más dinero, más inversión extranjera".
Como el curtido capitán Almas Tolvashev, Orazbay Allanazarov sabe que el mar de Aral tal vez nunca regresará.
Pero ahora hay un poco de esperanza en que la calidad de vida de los karakalpak pueda mejorar, décadas después de que una decisión política eligiera el algodón sobre el pescado.
Este artículo es parte de la serieTaking the Temperature(Tomando la Temperatura), que se centra en la batalla contra el cambio climático y en los pueblos e ideas que están marcando una diferencia en ese ámbito.
Fotos de Paul Ivan Harris. Editado por Derrick Evans.
Esta serie de la BBC fue producida con fondos dela Skoll Foundation.
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Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., el arte en las construcciones de los musulmanes son obras de depurada belleza arquitectónica, tal como lo fue con todo su esplendor de la mano de Tamerlán en la ciudad de Samarcanda en el siglo XIV.
National Geographic, dice : "A base de enfatizar la inmaterialidad de muros, pilares y cúpulas, o de repetir de forma infinita las unidades individuales (columnas, puertas, arcos, patios, pasillos...), se crea una ilusión de espacio interior sin límites, acorde con la mentalidad de un pueblo en esencia nómada.
En Samarcanda se desarrolló la producción de cerámica vitrificada que revestía de azul celeste los edificios de ladrillo cocido. La madrasa como institución independiente de la mezquita fue otra innovación. Al combinar el pishtaq (portada elevada) y los iwans (pabellones cerrados por tres lados) el edificio parece abrirse al espacio circundante, lo que influiría en el Taj Mahal"
La arquitectura y el arte islámico afloraron con todo su esplendor de la mano de Tamerlán en la ciudad de Samarcanda allá por el siglo XIV
Madrasa Tilya Kori
De las tres madrasas de la plaza del Registán en Samarcanda, esta es la más moderna (1660). La cúpula y el mihrab están decorados con relieves dorados sobre fondo azul, lo que da nombre a esta madrasa: Cubierta de Oro.
Alminar Kalta
Dentro de la vieja ciudad amurallada de Jiva se alza el minarete que el kan Mohamed Ami quiso levantar a mediados del siglo XIX. Debía medir 70 metros y ser el más elevado del mundo musulmán. La muerte del soberano detuvo la obra en 29 metros.
Sitorai Mokhi-Khosa
La residencia estival del último emir de Bujara se construyó hace un siglo sobre los restos de otras dos anteriores. El Palacio de la Luna y las Es-tre-llas es hoy un museo y los pavos reales campan por algunas de sus estancias.
Madrasa Chor Minor
Khalif Niyazkul, un mercader de Bujara, financió en 1807 esta madrasa con celdas para acoger a 59 estudiantes. El nombre de este insólito edificio significa "cuatro minaretes", aunque nunca cumplieron esa función.
Azulejos
La cerámica vitrificada que dio esplendor a la arquitectura de Asia Central e Irán se desarrolló en Samarcanda en época de Tamerlán.
19 de febrero de 2018
En el siglo XIV Tamerlán convirtió Samarcanda en la capital de un imperio que se extendía de la India a Turquíay llevó a ella a los mejores artesanos de las tierras que había conquistado. Esa confluencia de artistas permitió que la arquitectura islámica alcanzase cotas de perfección nunca vistas. En el arte musulmán el edificio no parece sostener cargas y la forma no revela la función.
A base de enfatizar la inmaterialidad de muros, pilares y cúpulas, o de repetir de forma infinita las unidades individuales (columnas, puertas, arcos, patios, pasillos...), se crea una ilusión de espacio interior sin límites, acorde con la mentalidad de un pueblo en esencia nómada.
En Samarcanda se desarrolló la producción de cerámica vitrificada que revestía de azul celeste los edificios de ladrillo cocido. La madrasa como institución independiente de la mezquita fue otra innovación. Al combinar el pishtaq (portada elevada) y los iwans (pabellones cerrados por tres lados) el edificio parece abrirse al espacio circundante, lo que influiría en el Taj Mahal.
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