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jueves, 8 de diciembre de 2022

HECHO HISTÓRICO: Annual, la peor derrota española contra Marruecos

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., con motivo de la competencia deportiva del football en Qatar 2022, donde en las eliminatorias donde jugaron España y Marruecos, y siendo eliminado España y allí recordó una viejo pleito de hacía un siglo atrás donde España, invadió a Marruecos y fueron derrotados en forma humillante.
La Revista National Geographic nos recuerdan que en julio de 1,921, que un avance de las tropas españolas en territorio rifeño en Melilla, se produjo un combate donde murieron 7,000 soldados.
Melilla, era una plaza militar como la representación de la expansión colonial española en Marruecos, la guerra de Melilla empezó en 1909 con la derrota española con medio millar de muertos, que se denominó la derrota del Barranco del Lobo.
España había invadido el Norte de África ...."En 1900, España contaba con cinco posesiones en el norte de África: las islas Alhucemas y Chafarinas, el peñón de Vélez de la Gomera y Ceuta y Melilla. La ocupación del territorio marroquí empezó en 1908, cuando, aprovechando un conflicto por la sucesión al sultanato marroquí, España salió de las fronteras de Melilla y tomó La Restinga y el cabo de Agua para evitar, se dijo, el contrabando de armas y la anarquía...."   ...... siga leyendo.....................

Hace más de un siglo, en julio de 1921, el imprudente avance de las tropas españolas en territorio rifeño se saldó con una trágica derrota que se cobró la vida de más de 7.000 soldados.

Foto: Heritage / Cordon Press

Actualizado a 


Melilla ya no es Melilla, / Melilla es un matadero / donde van los españoles / a morir como corderos». Coplas como ésta muestran bien a las claras el escaso entusiasmo que la expansión colonial hispana en Marruecos despertaba entre las clases populares, puesto que eran sus hijos los que vertían su sangre para defender las posesiones del norte de África, en cruentas guerras que a veces los soldados afrontaron en condiciones miserables.

El año 1909 puede considerarse el comienzo de las campañas de Marruecos con la guerra de Melilla, que entrañó la pérdida de vidas humanas rememorada en la citada canción. El conflicto, que empezó por la defensa de los intereses de empresas mineras peninsulares, estuvo marcado por la derrota española en el Barranco del Lobo, que tuvo un profundo impacto en la opinión pública al saldarse (según fuentes oficiales) con 93 muertos y desaparecidos, aunque la prensa madrileña habló de medio millar de caídos. La guerra también estuvo marcada por la resistencia popular a la recién estrenada aventura colonial: el rechazo a la partida de los reservistas hacia Marruecos para intervenir en una guerra que se sentía ajena fue la mecha que prendió la revuelta barcelonesa de la Semana Trágica.


Foto: AKG / Album

El segundo gran ciclo de operaciones militares fue la campaña del Kert (de agosto de 1911 a mayo de 1912), en la zona de Melilla, donde España tuvo que hacer frente al yihad o guerra santa declarada por un santón local, El Mizián. En noviembre de 1912, cuando ya había terminado este conflicto, Francia y España firmaron un acuerdo por el que ambos Estados fijaban los límites de sus respectivas zonas en territorio marroquí; las potencias europeas habían acordado esta tutela colonial aprovechando la incapacidad del sultán para hacer valer su autoridad en el conjunto del país. A España le correspondió el árido norte de Marruecos, sobre el que intentaría establecer su dominio partiendo de sus dos principales enclaves: Ceuta, al oeste, y Melilla, al este. Entre ambos se encontraba la bahía de Alhucemas, un punto estratégico para controlar la costa y facilitar la penetración hacia el interior.

para saber más

Detalle de las cetariae romanas de Lixus

Lixus, la ciudad romana productora de garum en el norte de Marruecos

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UN DOMINIO INSEGURO

En 1913, las fuerzas españolas avanzaron desde Ceuta hasta Tetuán, para lo cual se tuvo que hacer frente a la hostilidad del famoso caudillo, santón y bandolero El Raisuni. Tras el paréntesis de la primera guerra mundial, en 1919 se reanudaron las operaciones militares con rápidos progresos tanto en el área de Ceuta como en la de Melilla, comandadas por los generales Dámaso Berenguer y Manuel Fernández Silvestre respectivamente. Parecía una competición por ver quién llegaba antes a Alhucemas.

El plan de Berenguer, para el cual acumulaba fuerzas y recursos militares que, por otro lado, sustraía a la Comandancia General de Melilla, constaba de tres fases. La primera, dominar el estratégico desfiladero de Fondak, vital para asegurar las comunicaciones con Tetuán –la capital del protectorado español–, lo que se consiguió en 1919. La segunda, pacificar toda la región de Yebala (que se extiende desde Tánger hasta el Rif, en el interior del país) y dar un golpe de efecto con la toma de la ciudad sagrada de Xauen, que tuvo lugar en 1920. La tercera, preparar el avance hacia Alhucemas y unir Ceuta con Melilla por tierra, para lo cual había que neutralizar a El Raisuni.

Por su parte, Silvestre, comandante general de Melilla desde enero de 1920 y veterano de las campañas marroquíes, parecía tener asegurado su propio avance. Ese año logró tomar el monte Mauro, verdadera fortaleza natural de la potente y belicosa cabila o tribu bereber de los Beni Said. Esta montaña estaba a 35 kilómetros de Melilla y ocuparla fue un verdadero logro para los intereses españoles: la hazaña fue celebrada con salvas de artillería. Al año siguiente continuaron los grandes avances y en marzo de 1921 se había llegado a la línea marcada por las posiciones de Sidi Dris y Annual, en la que se concentraba el mayor número de fuerzas españolas.



Foto: EFE

Tal avance fue fruto de la audacia del mando español y de la grave hambruna que sufrieron en el invierno de 1920 las tribus del Rif (la región montañosa que se extendía desde la Yebala hasta el límite oriental del protectorado, más allá de Melilla). Sin comida no se podía combatir, y la necesidad obligó a muchos nativos a alistarse en la Policía Indígena, compuesta por efectivos indígenas bajo el mando de oficiales españoles.

Los Beni Said, que no habían sido vencidos, se plegaron ante el empuje español, pero conservaron intactos todos sus medios de guerra. Otra potente cabila, la de los Temsamán, cuyos límites territoriales coincidían con la línea de frente de Silvestre –de unos 80 kilómetros de extensión y unas 130 posiciones fijas para su defensa–, se había declarado favorable a la presencia española y se había sometido. En mayo, esa línea parecía estable. Berenguer, que como alto comisario español en Marruecos era el superior de Silvestre, no autorizaba nuevos avances y sólo permitía operaciones de policía.

Algunos destacados oficiales bajo el mando de Silvestre también se inclinaban por asegurar el territorio, pues así lo aconsejaban poderosas razones. En primer lugar, la cosecha de 1921 había sido muy buena en la zona oriental y eso aseguraba el suministro de víveres para las posibles harcas o partidas de guerrilleros. En segundo lugar, el avance había sido muy amplio pero la sumisión de algunas cabilas no parecía fiable. Además, había un grupo de unos 2.000 combatientes de la cabila más importante, la de los Beni Urriaguel, que merodeaban por la zona. Por último, algunos líderes tribales se quejaban de la retirada del pago de pensiones –con las que se compraba la voluntad de esos dirigentes– y de la presión que elementos rifeños desafectos a Madrid ejercían sobre ciertas facciones tribales y cofradías religiosas musulmanas.

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Escena prehistórica. Grabado de Rutland Glaston.

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DECISIÓN FATAL

La toma del monte Abarrán, fuera de la línea autorizada por el alto comisario Berenguer, se produjo en este contexto. Se dice que el propio rey Alfonso XIII animó al general Silvestre, con quien le unía una estrecha amistad, a actuar de este modo. Para justificar la operación se alegó que en aquellos momentos existía la posibilidad de avanzar sobre Alhucemas, pero el envío de una pequeña fuerza para ocupar Abarrán fue precipitado.


Foto: EFE

Aquella altura era un lugar santo de los Temsamán y estaba en una posición muy difícil de defender: no contaba con una fuente de agua disponible, se hallaba en un terreno muy escarpado, no había piedras para fortificarla –se emplearon sacos terreros podridos que se desfondaban– y se encontraba a distancia de la posición principal (seis kilómetros en línea recta de Annual), sin caminos y sin posibilidad de fácil socorro o aprovisionamiento. El día 1 de junio de 1921, Berenguer recibía un telegrama en el que se comunicaba la operación, iniciada el día anterior. Al día siguiente recibió otro telegrama: la posición se había perdido en unas cuatro horas.

Este hecho marcó el comienzo de la catástrofe, pues los rifeños se hicieron con piezas de artillería y los europeos mostraron su debilidad al ser aniquilados en escasos 240 minutos. Sólo un tercio de la guarnición logró huir a Annual. Esto se debió a la traición de las tropas indígenas y la muerte prematura de los oficiales, lo que descabezó la resistencia, además del avance interrumpido de una columna de apoyo que se apresuró a retirarse en vez de acudir a luchar. Abd el-Krim, el líder harqueño que había obtenido la victoria, adquirió un prestigio enorme y los Temsamán se le unieron, ofendidos por la intentona de avance español.

A pesar de la gravedad de lo sucedido, parece que Berenguer consideró el incidente como un episodio desagradable más de la guerra colonial. Estaba demasiado ocupado acabando con El Raisuni y preparando el asalto a su fortaleza de Tazarut como para preocuparse de algo que no dejaba de ser parte del oficio de la guerra. Pero en los meses de junio y julio se sucedieron los ataques rifeños –algunos de importante intensidad– sobre la caterva de posiciones españolas, hasta que tuvo lugar el siguiente acto del desastre en Igueriben, una posición ocupada el 7 de junio de 1921 para reforzar Annual, amenazada tras la caída de Abarrán.

para saber más

Imagen de un samurai con armadura completa tomada alrededor del año 1860.

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EL DRAMA DE IGUERIBEN

Al igual que Abarrán, Igueriben sufría serios problemas: estaba rodeada de alturas desde donde los rifeños podían disparar, el punto de agua estaba a más de cuatro kilómetros y no había posibilidad de grandes abastecimientos debido a una orografía abrupta que dificultaba su comunicación con el exterior. Tras una serie de actuaciones dubitativas por parte española, las fuerzas enemigas sitiaron la posición el 17 de julio. Los convoyes enviados desde Annual eran tiroteados y cada vez se mostraban menos capaces de abastecer a los asediados. El coste humano por llevar viandas y alguna cuba con agua era enorme.


Foto: EFE


Las peticiones de refuerzos de Silvestre eran insistentes, pero ambiguas, igual que confusa –cuando no nula– era la comunicación con Berenguer. Mientras tanto, la posición sitiada sufría una sed indecible y hay testimonios que hablan de soldados asomados a los sacos terreros para que los tiroteasen y acabar de ese modo con su sufrimiento. Igueriben, además, era cañoneado por los rifeños, que se estrenaban como artilleros con las piezas capturadas en Abarrán.

A esas alturas, Silvestre, que se encontraba en Annual, era plenamente consciente de la gravedad de la situación y comprendió que su frente de casi un centenar de kilómetros pendía de un hilo. El general Felipe Navarro llegó de Melilla con refuerzos y Silvestre ordenó que lo mejor de sus fuerzas tratase de romper el cerco sobre Igueriben el 21 de julio. Pero los combatientes de Abd el-Krim no cedieron un paso y las distintas unidades implicadas en la maniobra fueron desistiendo.

para saber más

DDE-AS29-MRU0214

Los últimos de Filipinas: la defensa de Baler

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EL DESASTRE

Finalmente, los sitiados recibieron la orden de retirada y, ante un enemigo que se lanzaba en tromba a por ellos, el centenar de supervivientes de Igueriben y las fuerzas de apoyo adoptaron el «sálvese quien pueda». El coste de la operación de rescate fue enorme, y únicamente llegaron a las líneas españolas diez soldados y un sargento, en un estado físico y mental lamentable.

El cerco sobre Annual se completaba. Silvestre se mostraba abatido y las fuerzas concentradas en la posición no debían de tener mejor estado anímico que su líder. De nuevo, la situación geográfica no era la más indicada: había alturas cercanas que dominaban la posición, el acceso al agua era distante… La noche de ese 21 de julio se reunieron los altos mandos y hubo una abrumadora mayoría de opiniones a favor de una retirada a posiciones más consolidadas. Para evitar que la información llegase al campo enemigo, Silvestre decidió encargarse en persona de la arriesgada maniobra y no informar a la oficialidad de la misma. La madrugada del 22 de julio, los 5.000 hombres acampados en Annual iniciaron una retirada «por sorpresa», lo que generó un enorme caos, con soldados sueltos retirándose, grupos que marchaban sin oficiales y servicios de protección mínimos (cuando los hubo).


Foto: EFE

La visión de cinco columnas de rifeños avanzando en su dirección tornó el anárquico repliegue en una desbandada. Se sucedían órdenes contradictorias, Silvestre había desaparecido (algunos afirman que se suicidó), no había fuego artillero que cubriese la retirada, muchas posiciones entre Annual y Melilla no sabían a qué atenerse… Los oficiales que pistola en mano trataban de ordenar algún retén se veían sobrepasados por una marabunta humana en busca de salvación. Los nativos al servicio de España, que solían ocupar la extrema retaguardia y los flancos, desertaron masivamente y se pusieron a matar a los que, segundos antes, eran sus compañeros de armas. En el mismo sentido, buena parte de las cabilas sometidas vieron que habían apostado por el caballo perdedor y se alzaron en armas contra los españoles: ya no había un ejército europeo, sino unos miles de hombres huyendo.

La Comandancia de Melilla cayó cual fichas de dominó. Algunos mandos que trataron de empujar a soldados despavoridos dentro de posiciones fuertes se encontraron con individuos que habían arrojado sus armas y sus municiones, sin moral y sin ganas de seguir luchando. No había casi vehículos de transporte para una retirada rápida y muchos heridos fueron abandonados a su suerte y capturados por los cabileños. La escena debió de ser dantesca: soldados aprisionados y torturados, degollados por las gumías rifeñas, españoles obligados a disparar sobre sus compañeros bajo amenaza de muerte, indígenas aplastando cráneos con piedras, mutilando cuerpos…

Entre tanto desastre también hubo actos de valentía y generosidad. Por ejemplo, el teniente coronel Fernando Primo de Rivera (hermano del futuro dictador) se lanzó reiteradamente con sus cinco escuadrones del Regimiento Alcántara de Caballería a frenar a los rifeños que hostigaban la desbandada española. La unidad acabó casi exterminada y sus caídos se sumaron a los más de 7.000 muertos de aquella tragedia, entre los cuales el número de oficiales no llegó al centenar.


Foto: Oronoz / Album


La catástrofe militar no se debió sólo a las carencias materiales del ejército español. Fiarse de los pactos con las cabilas y dejar que mantuvieran su armamento detrás de las líneas españolas, así como el uso constante de fuerzas indígenas aliadas no fueron buenas políticas ante la tentación de la traición. Tampoco lo fue, por ejemplo, la obsesión por el dominio de las cumbres mediante blocaos, habitualmente difíciles de abastecer.

 

LAS CONSECUENCIAS

Otros factores coyunturales contribuyeron al desastre. Uno fue la ambición de Silvestre, que le llevó a estirar sus líneas más allá de lo conveniente, a subestimar al enemigo y a fiarse de las promesas de cabilas insumisas, además de no diseñar un plan de retirada, posiblemente porque nunca contempló una derrota. No ayudó su tirante relación con Berenguer y la falta de coordinación entre ambos. Además, se calcula que había 20.000 soldados desplegados sobre el terreno, la mitad de los que teóricamente tenía que haber, algo achacable a las corruptelas y la desidia administrativa. También contribuyeron al desastre el resentimiento de Abd el-Krim, líder de la rebelión rifeña, por haber sido encerrado en una cárcel española en el pasado, y la influencia de agentes alemanes y otomanos durante la Gran Guerra, que habían entregado dinero y armas a los nativos para crear problemas a Francia en el norte de África.

Annual tuvo graves consecuencias: miles de muertos, territorio perdido, prisioneros en manos de los rifeños y responsabilidades político-militares por depurar. La derrota a manos de unos indígenas impactó a la sociedad peninsular. El sistema político de la Restauración no superó la prueba. Los militares no estaban dispuestos a vivir el oprobio de ser culpados por lo acaecido, y el rey Alfonso XIII, llamado el Africano, aceptó y apoyó en 1923 un golpe de Estado que tumbó el sistema liberal y lo libró de toda responsabilidad, dando pie a la dictadura del general Miguel Primo de Rivera. Al mismo tiempo, un sector del ejército de Marruecos, los llamados africanistas, cargó con el peso del contraataque, para lo que usaron métodos expeditivos y contaron con el mejor material bélico: en Alhucemas, en 1925, se produjo la primera operación de desembarco con apoyo aeronaval exitosa de la historia. Durante esas campañas, muchos destacados oficiales se vieron inmersos en una espiral de violencia que los marcó para siempre, como Sanjurjo, Goded, Varela, Mola… y Francisco Franco.


Foto: EFE

LA GUERRA DE MARRUECOS

Al avance protagonizado por el general Silvestre y la caída de sus posiciones en el verano de 1921 le siguieron feroces campañas en las que la venganza se mezcló con los imperativos militares de recuperación del territorio, e incluyeron el uso de gases tóxicos contra la población civil.

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Foto: Jordi Camí / Alamy / ACI

LOS INICIOS DE LA OCUPACIÓN

En 1900, España contaba con cinco posesiones en el norte de África: las islas Alhucemas y Chafarinas, el peñón de Vélez de la Gomera y Ceuta y Melilla. La ocupación del territorio marroquí empezó en 1908, cuando, aprovechando un conflicto por la sucesión al sultanato marroquí, España salió de las fronteras de Melilla y tomó La Restinga y el cabo de Agua para evitar, se dijo, el contrabando de armas y la anarquía.


Foto: EFE

EL RAISUNI

Caudillo de las cabilas o tribus de la región de Yebala, a la vez bandido y líder religioso, proclamó en 1913 el yihad o guerra santa contra los españoles. Derrotado en 1919, colaboró con éstos desde 1922, esperando hacerse con el gobierno de parte de Marruecos, pero en 1925 fue capturado por Abd el-Krim y murió estando en su poder.

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Foto: EFE

ABD EL-KRIM EL JATABI

El dirigente de la cabila de los Beni Urriaguel colaboró con España en su juventud y llegó a ser cadí de Melilla, pero su oposición a la colonización española lo llevó a la cárcel en 1915. Tras esta experiencia, alentó la rebelión en el Rif, protagonizó la victoria de Annual y creó la República del Rif. En 1926 se rindió a los franceses; murió en Egipto, en 1963.

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POCOS ESPAÑOLES

Los reclutas españoles que llegaban a Marruecos tenían una baja moral, estaban atemorizados ante la ferocidad que se atribuía a su enemigo y carecían de material y entrenamiento adecuados. Por ello no es de extrañar que se tendiera a usar combatientes indígenas instruidos y dirigidos por oficiales españoles; los soldados españoles sólo se enviaban a primera línea para defender posiciones en altura tomadas previamente o pactadas con las cabilas. En Annual, esta dependencia de los combatientes nativos –que tomaron las armas contra sus compañeros españoles– se reveló como un error de la estrategia de ocupación.

Este artículo pertenece al número 211 de la revista Historia National Geographic.

para saber más

Desastre de Annual. Puesto de socorro detrás de la línea de fuego de Tauima durante las campañas del Rif de 1921. Serie de tarjetas postales de Postal-Expres.

Piojos, ratas y moscas: Marruecos y el soldado español

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NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

domingo, 31 de octubre de 2021

FUNDACIÓN PALARQ: Tras los pasos de los primeros humanos en el Magreb

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la arqueología nos muestras los pasos de los primeros humanos que poblaron el Magreb, en el norte de África, en Marruecos; esa zona tiempos del Pleistoceno y el Holoceno, estaba formada por lagos y ríos, que por efectos de un fenómeno teutónico se formó en la región una cuenta profunda, aislada de otras regiones por un relieve abrupto.....  .....siga leyendo....................

Un equipo hispano-marroquí investiga desde 2006 los nuevos yacimientos del Pleistoceno y el Holoceno en el este de Marruecos para conocer más a fondo el poblamiento humano en la región.








Un equipo de arqueólogos excava en el yacimiento de Oued Charef durante la campaña de 2007. 
Foto: Jordi Mestre IPHES-CERCA.

En 2006 se puso en marcha un ambicioso proyecto, financiado por la Fundación Palarq, para investigar los primeros asentamientos humanos en la zona oriental de Marruecos. Está integrado por investigadores de la Université Mohamed Premier de Oujda y del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social de Tarragona (IPHES-CERCA), dirigidos respectivamente por Hassan Aouraghe, M. Gema Chacón y Robert Sala-Ramos. Conocedores del descubrimiento de un poblamiento del Pleistoceno inferior antiguo en Argelia, donde se localizaron utensilios manufacturados con un tipo de industria lítica conocida como Modo 1 (la más arcaica de la humanidad) y de la existencia de la industria que le sucedió, llamada de Modo 2, en el occidente marroquí de finales del Pleistoceno Inferior, el equipo de investigación consideró que el territorio de Oujda, en Marruecos Oriental, un área poco estudiada por entonces, ofrecía un espacio y una geomorfología idóneos para la exploración de las primeras sociedades humanas en el Norte de África.

LAGOS, RÍOS, SABANAS Y UNA FAUNA EXTINTA

Este proyecto, que cuenta hoy con más de treinta miembros, se viene desarrollando entre las poblaciones de Aïn Beni Mathar, al sur de la cuenca, Guefaït, al noroeste, y Jerada, al noreste. Desde 2006, los científicos han procedido a reconocer el territorio, cartografiar las formaciones geológicas y situar geográficamente los nuevos yacimientos arqueológicos y paleontológicos. Entre ellos puede destacarse Guefaït-4 (GFT-4), un yacimiento situado en el extremo noroeste de la antigua cuenca lacustre. Durante una excavación arqueológica con un grupo de estudiantes, el arqueólogo Hamid Haddoumi halló, en mitad de la pendiente de Dhar Iroumyane, en Guefaït, algunos huesos de un équido y de un proboscídeo (un animal parecido al elefante actual). Durante las excavaciones se localizaron asimismo numerosos restos de pequeños mamíferos y de vertebrados, además se analizaron los sedimentos y se extrajeron muestras para su datación mediante diferentes métodos como la Resonancia del Espín Electrónico (ESR) y el Paleomagnetismo.


Yacimiento de Guefaït 4 durante su excavación en 2019.

Foto: Antonio Rodríguez Hidalgo IPHES-CERCA

Desde 2006, los científicos han procedido a reconocer el territorio, cartografiar las formaciones geológicas y situar geográficamente los nuevos yacimientos arqueológicos y paleontológicos.

Es sabido que tras un fenómeno tectónico se formó en la región una cuenca profunda, aislada de otras regiones por un relieve abrupto. La base de la estratigrafía de la zona de Dhar Iroumyane indica la existencia en el pasado de un paisaje con ríos que, descendiendo de los montes de Oujda, al norte, alimentaban un lago en el centro de la cuenca. Este paisaje era muy dinámico, de forma que hubo un momento en que el lago se extendió hacia Guefaït. Este cambio está registrado precisamente a partir del yacimiento de GFT-4. Los restos de reptiles y anfibios localizados en este lugar muestran un paisaje de sabana abierta, con agua en las inmediaciones y un clima semiárido. Los restos de hipopótamos allí descubiertos refuerzan la hipótesis de la existencia de un lago en la zona, devolviéndonos al "Sáhara Verde" como una gran sabana poblada por numerosas especies animales, algunas de ellas restringidas hoy en día a otros territorios y otras, extinguidas. Entre las primeras se han documentado fósiles de macacos y entre las segundas, una especie de tigre de dientes de sable de pequeño tamaño.


Extremo noroeste de la cuenca en Guefaït. La serie de Dhar Iroumyane es visible a la izquierda de la imagen y las montañas de Oujda que cierran la cuenca por el norte, a la derecha.

Foto: Alfonso Benito Calvo-CENIEH.


Industria lítica del Pleistoceno Superior hallada en yacimientos de Marruecos Oriental.

Foto: IPHES-CERCA

HISTORIA HUMANA ADAPTADA A UN PAISAJE

En cuanto a la industria lítica, los investigadores lograron localizar en varios yacimientos diversas técnicas de tallado de la piedra. En tres yacimientos, Aïn Tabouda, Gara Soultana y Oued el Haï, se ha descubierto tecnología lítica de Modo 1, que consiste en la talla simple de bloques de sílex para obtener lascas de filos cortantes, sin una morfología estandarizada, para su uso inmediato. Este poblamiento primitivo se produjo durante la fase lacustre anteriormente mencionada, pero no se puede aún establecer una cronología precisa. Este fértil paisaje lacustre tuvo su final en el Pleistoceno Medio cuando, una vez colmatada la cuenca, se abrió un desfiladero que la conectó con el río Moulouya, que discurre por el noroeste. Desde entonces, las aguas fluyeron al Mediterráneo y solo en contados períodos se formaron pequeñas lagunas. A esta nueva fase corresponde el yacimiento de Oued Rabt, donde se ha localizado una industria lítica de Modo 2, con bifaces y lascas retocadas, de morfologías estandarizadas.

Este fértil paisaje lacustre tuvo su final en el Pleistoceno Medio cuando, una vez colmatada la cuenca, se abrió un desfiladero que la conectó con el río Moulouya, que discurre por el noroeste.

En un paisaje similar, a inicios del Pleistoceno Superior, se formó Oued Charef, yacimiento de Modo 3, donde se estableció temporalmente un grupo humano al parecer muy activo. En la región se han localizado numerosos yacimientos con industria lítica de Modo 3 (con lascas predeterminadas y puntas pedunculadas) en distintos lugares del valle fluvial, como Sahb el Ghar 1 y 2, y Tahya 3. Por otro lado, asentarse en puntos elevados al borde de ríos y afluentes fue algo muy característico de las gentes que desarrollaron la industria de Modo 4 (con presencia de tecnología laminar estandarizada) en Tahya 4, Gara Sultana y Aïn Tifirassine, ya en el Pleistoceno Superior Avanzado e, incluso, en el Holoceno Antiguo, con los últimos cazadores recolectores y primeros agricultores y ganaderos en Tahya 2 y Oued Za.

En resumidas cuentas, este proyecto de investigación ha puesto al descubierto la evolución del paisaje y la historia humana en la zona de Aïn Beni Mathar, mejorando considerablemente el conocimiento que hasta la fecha se tenía del Magreb (el noroeste africano) y ha demostrado que algunos asentamientos de la zona son tan arcaicos incluso como los de África Oriental.

para saber más

Los yacimientos del Pleistoceno en Kilwa, Tanzania

Los yacimientos del Pleistoceno en Kilwa, Tanzania

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Para más información sobre proyectos de arqueología y paleontología humana visita la web de la Fundación Palarq.


NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

viernes, 21 de agosto de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : Ibn Battuta, el mayor viajero de la edad media

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos alcanza un reportaje sobre el mayor viajero que haya existido en la Edad Media, él se llamó Ibn Battuta, él recorrió el mundo conocido en el Siglo XIV, desde el Sáhara hasta China y desde Rusia a la India. Total recorrió 120,000 kilómetros y conoció a más de 1,500 personas.
NATIONAL GEOGRAPHIC.- narra : "A los 21 años Ibn Battuta abandonó su casa natal en Tánger, en Marruecos, con el propósito de cumplir con uno de los cinco mandamientos de la fe musulmana, la peregrinación a La Meca, y ya de paso ampliar sus estudios jurídicos en Egipto y Siria. "Me decidí, pues, en la resolución de abandonar a mis amigas y amigos y me alejé de la patria como los pájaros dejan el nido", escribiría más tarde. No volvió hasta después de cumplir los 45 años, y sólo para partir de nuevo a otros dos viajes, por al-Andalus y el sur del Sáhara...."


La Meca en 1850
La Meca (en árabe, مكة المكرمة [Makkah al-Mukarrama] o simplemente مكة‎‎ [Makkah]) es la principal ciudad de la región del Hiyaz,5​ en la actual Arabia Saudita, y una de las más importantes de la península de Arabia. Está situada al oeste de la península y cuenta con 1 675 368 habitantes (censo de 2010), localizada en un estrecho valle, a 277 m sobre el nivel del mar; se ubica a 80 km del mar Rojo.
El nombre completo que lleva desde tiempos musulmanes es Makka al-Mukarrama, que significa "Makkah, con honor". Ptolomeo, en el siglo II, se refirió a ella con el nombre de Makoraba, helenización del árabe Makkah Harb, o "Meca de Harb" (nombre de una tribu).
Ciudad natal de Mahoma, es la más importante de todas las ciudades santas del islam, visitada cada año por millones de peregrinos. Antes de que Mahoma predicara el islam, esta era ya para los paganos una ciudad santa, con varios lugares de importancia religiosa, entre ellos el más importante de todos: la Kaaba.
Para los musulmanes, el peregrinaje a La Meca forma parte de uno de los aspectos fundamentales de su fe, los denominados pilares del islam. Cada año, cerca de tres millones de peregrinos se dirigen a la ciudad santa para realizar el peregrinaje mayor o Hajj durante el mes musulmán de du l-hiyya.
Muchos más hacen la peregrinación menor o Umrah, que puede realizarse durante todo el año. Un cómputo aproximado de los musulmanes que visitan anualmente La Meca, alcanzaría los 13 millones de visitantes, sumando el peregrinaje mayor y menor. Muy pocos no musulmanes han podido ver los ritos y rituales del Hajj, ya que está totalmente prohibida la entrada de no creyentes en La Meca y en Medina. 
WIKIPEDIA

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/ibn-battuta-mayor-viajero-edad-media_7019 
Durante 30 años, a lo largo de incesantes travesías a pie, en camello o por mar, Ibn Battuta recorrió el mundo conocido en el siglo XIV, desde el Sáhara hasta China y desde Rusia a la India

Javier Leralta. Historiador

Ibn Battuta en Egipto, donde tuvo un sueño en el que un gran pájaro lo llevaba a La Meca, India y China. Litografía por H.L. Benett. 
Colección privada. 
 
A los 21 años Ibn Battuta abandonó su casa natal en Tánger, en Marruecos, con el propósito de cumplir con uno de los cinco mandamientos de la fe musulmana, la peregrinación a La Meca, y ya de paso ampliar sus estudios jurídicos en Egipto y Siria. "Me decidí, pues, en la resolución de abandonar a mis amigas y amigos y me alejé de la patria como los pájaros dejan el nido", escribiría más tarde. No volvió hasta después de cumplir los 45 años, y sólo para partir de nuevo a otros dos viajes, por al-Andalus y el sur del Sáhara.
En total, durante casi treinta años, entre 1325 y 1354, viajó por medio mundo, desde el norte de África hasta China, recorriendo el sureste europeo, Oriente Medio, el centro y sureste de Asia, Rusia, India, Kurdistán, Madagascar, Zanzíbar, Ceilán o, en el Occidente, los reinos de Aragón y de Granada y el de Mali, que visitaría en viajes posteriores. En total, recorrió más de 120.000 kilómetros y conoció a más de 1.500 personas, a muchas de las cuales cita puntualmente en su libro de viajes.
Lo poco que se sabe de este viajero excepcional está recogido en su Rihla, el relato de su viaje. Sobre su persona, su formación y su familia, Ibn Battuta nos dice apenas que peregrinó cuatro veces a La Meca y se casó y se divorció en varias ocasiones durante su periplo. Cuando inició su andadura los navíos aragoneses, venecianos y genoveses controlaban el Mediterráneo, pero a lo largo de su travesía sólo pisó tierras cristianas en Cerdeña (perteneciente a la Corona de Aragón) y Constantinopla, capital del Imperio bizantino.
Viajeros musulmanes
Navío musulmán asaltado por piratas, una experiencia que vivió Ibn Battuta. Miniatura persa. Siglo XV.
Ibn Battuta alabó la belleza de varias ciudades, entre ellas Alejandría: "Esta ciudad es una perla resplandeciente y luminosa, una doncella fulgurante con sus aderezos…", aunque le decepcionó el mal estado en el que se encontraba su famoso faro. Tras visitar El Cairo y recorrer el Nilo aguas arriba, atravesó la península del Sinaí camino de Palestina y Siria, hasta llegar por primera vez a La Meca en septiembre de 1326.
Después emprendió viaje hacia las regiones de los actuales Iraq e Irán, donde visitó ciudades como Tabriz, Basora o Bagdad. De nuevo en La Meca, donde pasó tres años, preparó un nuevo viaje que le llevaría por Yemen y Omán hasta la costa oriental africana y el golfo Pérsico. Al llegar a las desembocaduras de los ríos Tigris y Éufrates dio testimonio de la riqueza de la agricultura mesopotámica.
Gracias a su excelente memoria y a sus buenas dotes de observación, en todos los lugares recogió anécdotas, milagros, impresiones del paisaje y toda clase de noticias sobre formas de vida. Comía y dormía donde podía, unas veces en suntuosos palacios, gracias a la hospitalidad de sultanes y cadíes asombrados por sus aventuras, y otras en humildes albergues y zagüías (ermitas) donde se cultivaba la hermandad entre musulmanes.
Actuó prácticamente como un misionero, fomentando la fe musulmana, y como juez o alfaquí gracias a su modesto conocimiento en leyes, formación heredada de su padre. En cierta ocasión tuvo que castigar a un ladrón indio con la amputación de la mano.
Ibn Battuta se quedó asombrado de las costumbres de los jinetes tártaros, los mejores del mundo, que bebían la sangre de sus propios caballos mientras galopaban. En la India asistió horrorizado a la cremación del cadáver de un hombre cuya viuda se arrojó a la misma pira para que su familia alcanzara fama y honra mediante esa muestra de lealtad.

Viajó a la "Tierra de las Tinieblas", el noreste de Rusia, cuyos habitantes comerciaban con pieles de armiños y martas; conoció a la tribu de los caras de perro; cruzó los mares más lejanos, como el Caspio y el Aral; recorrió una parte de la Ruta de la Seda, y hasta alcanzó las costas de las exuberantes islas Maldivas, al sur de la India, donde disfrutó de placeres gastronómicos y sexuales. Más tarde recordaría en su libro: "Yo tuve en estas islas cuatro mujeres, aparte de las esclavas [...] durante un año y medio que estuve allí".

Leyendas de la India

En la India, donde estuvo siete años, vio por primera vez un rinoceronte
En la isla de Ceilán le aseguraron que la huella del pie de Adán se encontraba allí, en el monte Sarandib, y le contaron extrañas historias sobre sanguijuelas voladoras, cuyas picaduras se curaban con limones, o sobre monos con bastones que dialogaban entre sí.
y le llamaron la atención las plantas del alcanfor y el clavo, mientras que en la isla de Java le sorprendió la costumbre de los siervos que se dejaban decapitar por amor a su rey.
Durante su travesía pasó hambre y sed. En una ocasión fue atacado por rebeldes hindúes pero consiguió salir con vida; después, una tormenta hundió el barco en el que viajaba rumbo a Java y tras ser rescatado de las aguas fue asaltado por un grupo de piratas.
Ibn Battuta pudo escapar de la Peste Negra en Siria purgándose de la fiebre con una infusión de hojas de tamarindo, aguantó una diarrea provocada por un atracón de melones, estuvo a punto de morir por una intoxicación en Mali, conoció de cerca las barbaridades destructivas de los mongoles y padeció los rigores del invierno ruso cuando recorrió las tierras de la Horda de Oro(Rusia, Ucrania, Uzbekistán y Kazajistán), una parte del viejo Imperio mongol, en descomposición tras la muerte de Gengis Kan en 1227: "El maldito Tankiz [Gengis Kan] el tártaro, abuelo de los reyes de Iraq, la asoló –dice refiriéndose a la ciudad de Bujará–. Ahora casi la totalidad de sus mezquitas, madrazas y zocos están en ruinas".
La gran mezquita de Djeneé
Mezquita de Djenné, en Mali, en las cercanías de Tombuctú. Ibn Battuta visitó ambas ciudades en su viaje.

Un peregrino con suerte

Según su testimonio, la única manera de combatir los fríos de la estepa era ir bien abrigado, aunque ello le provocara problemas con la montura: "No podía montar yo solo a caballo por la mucha ropa que llevaba puesta: tenían que subirme a la caballería mis compañeros".
Ibn Battuta fue un viajero incansable, un observador atento y un peregrino piadoso que improvisaba en función de los acontecimientos. Su inquietud por el conocimiento le llevó más lejos de lo pensado y lo hizo desviarse de su destino original en muchas ocasiones. Recorrió tres veces más distancia que Marco Polo, el veneciano que viajó por el Imperio mongol a finales del siglo XIII, y muchos más kilómetros también que otros grandes viajeros medievales como el granadino Abu Hamid y el valenciano Ibn Yubayr (ambos del siglo XII), el tunecino Ibn Jaldún (unos decenios posterior) o el diplomático español Ruy González de Clavijo, que visitó la corte de Tamerlán en Samarcanda a principios del siglo XV.
El trato con pueblos diversos durante tanto tiempo no modificó sus ideas morales y religiosas
Sin embargo, el trato con pueblos diversos durante tanto tiempo no modificó sus ideas morales y religiosas, inspiradas en la lectura del Corán. Censuraba costumbres como la presencia de mujeres con los pechos descubiertos en las islas Maldivas y la promiscuidad de la población negra de Mali; por ello, su ideal femenino lo encontró en la región india de Hinawr, cuyas mujeres eran bellas, castas y aplicadas en el conocimiento del Corán.

Criticó también de forma despectiva todo aquello que se desviaba de los principios morales y religiosos del Islam, como las leyendas faraónicas. En cambio, sintió gran admiración por un asceta musulmán de Delhi que ayunaba diez y hasta veinte días seguidos; Ibn Battuta quiso imitarlo, pero el jeque lo disuadió, aunque pasó con él cinco meses.

El testimonio de un viajero

Al volver a Marruecos en 1355, Ibn Battuta recibió del sultán meriní de Fez, Abu Inan, el encargo de recopilar por escrito todas las experiencias de sus viajes. La obra resultante se tituló Presente a aquellos que contemplan las cosas asombrosas de las ciudades y las maravillas de los viajes, aunque pasó a la historia con el nombre de Rihla, "El viaje". El texto fue dictado por Ibn Battuta a un poeta granadino que había conocido tiempo atrás, Ibn Yuzayy, quien incorporó a la obra citas literarias de su cosecha, poesías y seguramente elementos imaginarios.
El propio viajero, que había perdido en Bujará (Uzbekistán) el cuaderno de viaje que llevó hasta entonces, tuvo que hacer un esfuerzo para recordar episodios que podían remontarse hasta treinta años atrás. Tal vez por esa razón la obra carece de la vivacidad, frescura y espontaneidad de los relatos escritos al hilo de las experiencias. Pese a ello, la Rihla de Ibn Battuta es un documento excepcional sobre el estado del mundo musulmán en una de sus épocas de plenitud y sobre la pasión exploradora del mayor viajero de la historia del Islam.

Para saber más
A través del Islam. Ibn Battuta. Trad. de Serafín Fanjul y Federico Arbós. Alianza, Madrid, 2005.
Viaje con un tangerino. Tras las huellas de Ibn Battuta. Tim Mackintosh-Smith. Alianza, Madrid, 2005
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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

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