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domingo, 7 de octubre de 2018

NEUROCIENCIA : NEURONAS.- CEREBRO .- DORMIR .- SUEÑO .- NATIONAL GEOGRAPHIC .- ¿Por qué necesitamos dormir? Las claves del sueño................ Algoritmos capaces de soñar

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., ciertamente "dormir bien es lograr la prolongación de la vida", lo solía decir mi abuelita Carolina, pero advertía : "no confundir con los holgazanes que duermen y duermen y nunca hacen nada"; pues la Revista National Geographic, nos alcanza un amplio y detallado reportaje de la importancia del sueño.
National Geographic .- narra : " Todo cuanto hemos aprendido acerca del sueño subraya su importancia para nuestra salud física y mental. Nuestro patrón de sueño-vigilia es un rasgo central de la biología humana, una adaptación para habitar un planeta que rota sobre su eje en una interminable noria de días y noches. En 2017 se concedió el Premio Nobel de Medicina al trío de científicos que, en las décadas de 1980 y 1990, identificó el reloj molecular que desde el interior de nuestras células intenta sincronizarnos con el Sol. Cuando este ritmo circadiano se rompe, apuntan las investigaciones recientes, corremos más riesgo de padecer diabetes, enfermedades cardiovasculares y demencia...."
National Geographic .- agrega : "Sin embargo, el desfase entre nuestro modo de vida y el ciclo solar ha alcanzado niveles de epidemia. «Parece como si estuviésemos en medio de un ensayo mundial sobre las consecuencias negativas de la privación de sueño», dice Robert Stickgold, director del Centro del Sueño y la Cognición de la Facultad de Medicina de Harvard. Hoy muchos de nosotros no dormimos ni siete horas al día, unas dos menos que hace un siglo. Esto se debe principalmente a la proliferación del alumbrado eléctrico, seguida de los televisores, ordenadores y teléfonos móviles. En nuestra sociedad frenética e hiperiluminada solemos concebir el dormir como un enemigo, un estado que nos roba productividad y ocio. Thomas Edison, el padre de la bombilla, dijo que dormir era «algo absurdo, un vicio», una pérdida de tiempo. Estaba convencido de que algún día prescindiríamos de ello por completo..."
National Geographic .- agrega : " El sueño, definido como un estado de disminución de la receptividad y la movilidad fácilmente resoluble (a diferencia de la hibernación o el co­­ma), existe incluso en criaturas sin cerebro. Las medusas duermen –la actividad pulsátil de su cuerpo se enlentece perceptiblemente– y en organismos unicelulares como el plancton y las levadu­ras se observan claros ciclos de actividad y reposo. Todo ello implica que el sueño es antiquísimo y que su función original y universal no es organizar recuerdos o consolidar aprendizajes, sino preservar la vida misma. Es una ley natural evidente que ningún ser vivo, sea del tamaño que sea, puede ir a todo gas las 24 horas del día «La vigilia es un estado exigente –dice Thomas Scammell, profesor de neurología de la Facultad de Medicina de Harvard–. Te obliga a salir y competir contra los demás organismos por la supervivencia. En consecuencia necesitas un período de descanso para que las células se recobren».
National Geographic .- añade : "Aunque por la mañana no recuerdes ni una sola imagen, ten por seguro que has soñado. Todo el mundo sueña. No recordar los sueños es en realidad indicativo de que se duerme bien. Mientras soñamos, la actividad se produce en planos cerebrales tan profundos que no se registra bien en un electroencefalograma, pero con ayuda de tecnologías más modernas hemos deducido lo que ocurre a nivel físico y químico. También soñamos durante el sueño NREM, sobre todo en la fase 2, pero por lo general esos episodios oníricos se consideran una suerte de obertura. Hasta que entramos en el sueño REM no nos topamos de frente con la enorme potencia de nuestra locura nocturna...."
Amigos lectores, les sugiero seguir ojeando este interesante reportaje que se le será muy útil en su vida diaria......
https://www.nationalgeographic.com.es/mundo-ng/grandes-reportajes/por-que-necesitamos-dormir-claves-sueno_13103
Vamos a mostrarte lo que es dormir en condiciones. Y a explicarte que las luces azules nos están robando el sueño.

El sueño, clave en la salud y el desarrollo infantil
En la unidad del sueño del Children's National Health System de Washington, Michael Bosak, de ocho años, duerme en una postura que impide el repetido estrechamiento de las vías respiratorias altas, causa de sus ronquidos. (La fotografía se tomó a oscuras con una cámara de infrarrojos para no molestarlo). Dormir es crucial para la salud y el desarrollo infantil; es cuando se segrega la mayor cantidad de hormona del crecimiento y de las proteínas que combaten las infecciones. El sueño deficiente en los niños se ha relacionado con la diabetes, la obesidad y las dificultades del aprendizaje.
Foto: Magnus Wennman

El poder de la luz artificial
La guerra contra el sueño comenzó cuando las bombillas incandescentes nos permitieron desterrar la oscuridad de la noche. Hoy las grandes urbes, como Tokio, suelen alumbrarse con lámparas led. Son más eficientes, pero suelen producir gran cantidad de luz azul, la que más perturba el sueño.
Foto: Magnus Wennman

Interrupción de la vida
El sueño se considera una interrupción de la vida, pero la verdadera plaga es el insomnio crónico. En Japón alrededor del 40 % de la población duerme menos de seis horas al día. Adormilarse en público, como en este restaurante de Tokio que no cierra en toda la noche, es algo socialmente aceptado.
Foto: Magnus Wennman

Ritual antes de dormir
Wile, el hijo de siete años del fotógrafo Magnus Wennman, mira dibujos animados en su iPad antes de dormir; para algunos, eso es parte del ritual de irse a la cama en estos tiempos. La estimulación puede ahuyentar el sueño, como sucede con la pantalla retroiluminada: la luz nocturna inhibe la producción de melatonina, la hormona que ayuda a regular nuestros ritmos biológicos cotidianos.
Foto: Magnus Wennman

Estudio del sueño
En una maraña de vías y electrodos, Francis Ajua, de 10 años, aguarda el momento en que se apaguen las luces para someterse a un estudio del sueño en el Children's National Health System de Washington, D.C. Los médicos quieren saber si sufre apnea del sueño, es decir, interrupciones reiteradas de la respiración.
Foto: Magnus Wennman

Recuerdos nuevos
Los recuerdos nuevos se consolidan mientras dormimos. ¿Qué sucede en el cerebro? En la Universidad de Tsukuba, cerca de Tokio, Takeshi Sakurai estudia esta cuestión con técnicas optogenéticas: un láser activa o desactiva células cerebrales concretas en ratones que se han modificado genéticamente para que sean sensibles a él.
Foto: Magnus Wennman

Una obra reparadora
En la Filarmónica de París, el compositor Max Richter dirige la interpretación de Sleep, una composición minimalista de base científica que pretende guiar a los oyentes a través de un descanso reparador. La obra dura más de ocho horas.
Foto: Magnus Wennman

Gorro electroencefalográfico
Mike Morris, exmilitar con dos períodos de servicio en Iraq, duerme con un gorro electroencefalográfico en compañía de Olive, su perra terapéutica. Mike participa en un estudio con el que Jeffrey Ellenbogen, de la Universidad Johns Hopkins, explora cómo la compañía y los sonidos a los que se expone el durmiente influyen en la recuperación después de un trauma.
Foto: Magnus Wennman

Gafas emisoras de luz
Descansando en su litera del U.S.S. Paul Hamilton, un marinero usa unas gafas emisoras de luz durante un breve período de tiempo justo al despertar. Nita Shattuck, de la Escuela Naval de Posgrado de Monterey, California, está testando estos dispositivos para ver si logran resetear el reloj interno de los marineros, sincronizándolo con sus turnos de trabajo y no con el ciclo solar.
Foto: Magnus Wennman
Dormir en cualquier parte
El término japonés inemuri, «dormir estando presente», es una forma característica de sestear en la que la persona se adormila en un lugar no designado para el sueño, como el metro, en una cena o en la oficina. «Como oficialmente no estás durmiendo –dice Brigitte Steger, especialista en Japón de la Universidad de Cambridge–, para que sea socialmente aceptable debes comportarte con propiedad según la situación. Por ejemplo, en una reunión, medio finges estar escuchando o te ocultas tras los papeles». Siempre que uno no tenga fama de holgazán, añade Steger, un poco de inemuri puede incluso ser positivo para la reputación empresarial: demuestra que trabajas hasta la extenuación.
Foto: Magnus Wennman

Somnolencia
¿Qué nos produce somnolencia? Esta cámara hermética del instituto del sueño de Tsukuba permite a los investigadores medir con precisión el consumo de oxígeno del durmiente y, por ende, su tasa metabólica; a partir de ahí averiguan cómo influyen, por ejemplo, la potencia y el color de la luz ambiental. Identificar las condiciones óptimas para inducir el sueño podría ser el primer paso hacia la cura del insomnio.
Foto: Magnus Wennman
Efectos de la luz coloreada
El laboratorio de Steven Lockley en el Brigham and Women's Hospital de Boston estudia la luz, y cómo ciertas longitudes de onda, al llegar a nuestros ojos, afectan al cerebro, la conducta y la fisiología. La luz roja es la mejor opción para la noche porque tiene la menor capacidad de fomentar el estado de alerta o resetear nuestro reloj biológico de 24 horas.
Foto: Magnus Wennman

Las luces de Tokio
Estos retratos tomados de noche en las calles de Tokio, con el resplandor ambiental de las luces de neón, muestran el arcoíris cromático que puede estimularnos o relajarnos, una experiencia caótica que subvierte el ciclo natural de luz y oscuridad al que se ha adaptado nuestro organismo a lo largo de millones de años de evolución.
Foto: Magnus Wennman

Síndrome de la resignación
En Suecia, cientos de niños inmigrantes cuyas familias se enfrentan a la deportación han desarrollado el síndrome de la resignación, un desconcertante trastorno en el que el pequeño se desvincula del mundo, no reacciona ni siquiera a estímulos dolorosos y debe alimentarse con sonda, a veces durante años. «Ahora no sufre», dice la doctora Elisabeth Hultcrantz sobre Leyla Ahmed, refugiada siria de 10 años.
Foto: Magnus Wennman

Trabajo nocturno
Joe Diemand, de 76 años, ha pasado los últimos 20 trabajando de camionero, a veces conduciendo toda la noche. Es un trabajo que «te agota hasta el punto de no poder dormir», dice. La Organización Mundial de la Salud ha descrito el trabajo nocturno como «probablemente carcinógeno para los humanos».
Foto: Magnus Wennman
Michael Finkel
9 de septiembre de 2018

¿Por qué necesitamos dormir? Las claves del sueño
Nuestro cerebro altera profundamente su conducta y su misión, atenuando nuestra consciencia. Durante un breve período de tiempo estamos paralizados casi por completo. Nuestros ojos, en cambio, se mueven con rapidez bajo los párpados cerrados como si viesen, y los diminutos músculos del oído medio se mueven como si oyésemos, aun estando en silencio. Experimentamos estimulación sexual, hombres y mujeres, en repetidas ocasiones. A veces nos creemos capaces de volar. Rondamos las fronteras de la muerte. Dormimos.

En torno al año 350 a.C., Aristóteles escribió un tratado, «Del sueño y la vigilia», en el que se preguntaba qué era dormir y por qué lo hacíamos. En los siguientes 2.300 años nadie pudo aportar una buena respuesta. En 1924 el psiquiatra alemán Hans Berger inventó el electroencefalógrafo, que registra la actividad eléctrica del cerebro, y el estudio del sueño saltó de la filosofía a la ciencia. Sin embargo, hubo que esperar a las últimas décadas para que las técnicas de imagen nos permitiesen vislumbrar algo mejor el funcionamiento interno del cerebro y empezar a esbozar una respuesta convincente a las preguntas del sabio griego.

Todo cuanto hemos aprendido acerca del sueño subraya su importancia para nuestra salud física y mental. Nuestro patrón de sueño-vigilia es un rasgo central de la biología humana, una adaptación para habitar un planeta que rota sobre su eje en una interminable noria de días y noches. En 2017 se concedió el Premio Nobel de Medicina al trío de científicos que, en las décadas de 1980 y 1990, identificó el reloj molecular que desde el interior de nuestras células intenta sincronizarnos con el Sol. Cuando este ritmo circadiano se rompe, apuntan las investigaciones recientes, corremos más riesgo de padecer diabetes, enfermedades cardiovasculares y demencia.

Sin embargo, el desfase entre nuestro modo de vida y el ciclo solar ha alcanzado niveles de epidemia. «Parece como si estuviésemos en medio de un ensayo mundial sobre las consecuencias negativas de la privación de sueño», dice Robert Stickgold, director del Centro del Sueño y la Cognición de la Facultad de Medicina de Harvard. Hoy muchos de nosotros no dormimos ni siete horas al día, unas dos menos que hace un siglo. Esto se debe principalmente a la proliferación del alumbrado eléctrico, seguida de los televisores, ordenadores y teléfonos móviles. En nuestra sociedad frenética e hiperiluminada solemos concebir el dormir como un enemigo, un estado que nos roba productividad y ocio. Thomas Edison, el padre de la bombilla, dijo que dormir era «algo absurdo, un vicio», una pérdida de tiempo. Estaba convencido de que algún día prescindiríamos de ello por completo.




Dormir toda la noche a pierna suelta se nos antoja hoy tan raro y anticuado como recibir una carta manuscrita. Da la impresión de que todos buscamos nuestros atajos, combatiendo el insomnio con somníferos, atiborrándonos de café para espabilarnos, obviando el intricado viaje que estamos diseñados para emprender cada atardecer. En una buena noche recorremos cuatro o cinco veces varias fases del sueño, cada una de las cuales tiene sus características y su finalidad, en un descenso surrealista y zigzagueante hacia un mundo alternativo.

Fases 1-2

Cuando conciliamos el sueño, el cerebro permanece activo y emprende un proceso de limpieza en el que decide qué recuerdos guarda y cuáles descarta.


La transformación inicial se produce rápidamente. Al cuerpo humano no le gusta verse atascado entre estados, vacilando en el umbral. Preferimos estar en un mundo o en el otro, despiertos o dormidos. Así que nos acostamos, apagamos la luz y cerramos los ojos. Si nuestro ritmo circadiano está en sincronía con el ciclo de luz diurna y oscuridad, y si la glándula pineal segrega melatonina desde la base del cerebro para señalarnos que es de noche, y si toda una serie de sistemas se alinean, entonces nuestras neuronas se duermen enseguida.

Las neuronas –y tenemos unos 86.000 millones de ellas– son las células nerviosas que forman la World Wide Web del cerebro, comunicándose entre sí mediante señales eléctricas y químicas. En plena vigilia, son un bullicioso hervidero, una tormenta eléctrica celular. Cuando su relam­pagueo (sus descargas eléctricas e impulsos químicos) es rítmico y regular –expresado en un electroencefalograma por ondas bien ordenadas–, sabemos que el cerebro se ha replegado sobre sí mismo, ajeno al caos de la vigilia. Al mismo tiem­­po nuestros receptores sensoriales se inhiben y pronto estamos dormidos.


Los científicos llaman a este estadio la fase 1, la parte más somera del sueño. Dura unos cinco minutos. A partir de ahí, ascendiendo desde las profundidades del cerebro, llega una serie de chispas eléctricas que descargan en la corteza cerebral, la materia gris llena de pliegues que recubre la capa exterior del cerebro, donde residen el lenguaje y la consciencia. Estas ráfagas de medio segundo de duración, llamadas husos del sueño, revelan que hemos entrado en la fase 2.

El cerebro no reduce su actividad mientras dormimos, aunque así se creyese durante mucho tiempo; simplemente emprende una actividad diferente. Se especula que los husos del sueño estimulan la corteza para que se preserve la información recién adquirida, y quizá también para vincularla con el conocimiento ya asentado en la memoria a largo plazo. En las unidades del sueño se observa un aumento en la frecuencia de los husos del sueño cuando los sujetos sometidos a estudio han aprendido tareas nuevas, tanto mentales como físicas. A mayor número de husos, parece ser, mejores serán los resultados al ejecutar esas tareas al día siguiente.

El sueño y la inteligencia

La intensidad de los husos nocturnos podría incluso ser un indicador de la inteligencia general, han sugerido algunos expertos. Dormir crea literalmente conexiones neuronales que quizá nunca habríamos formado en el plano consciente, algo que siempre habíamos intuido. Por eso decimos que consultamos las cosas con la almohada.

El cerebro despierto está optimizado para hacer acopio de estímulos externos; el cerebro dormido, para consolidar la información recabada. En otras palabras, de noche dejamos de grabar y nos ponemos a editar, y ese cambio puede medirse a escala molecular. No nos limitamos a archivar nuestros pensamientos de forma mecánica: el cerebro dormido organiza activamente qué recuerdos se guardan y qué recuerdos se desechan.

Pero no necesariamente elige bien. El sueño refuerza hasta tal punto la memoria –no solo en la fase 2, en la que pasamos más o menos la mitad del tiempo que dormimos– que si un soldado llega exhausto de una misión angustiosa, por ejemplo, quizá sería mejor que no se fuese directamente a la cama. Para prevenir el trastorno por estrés postraumático, debería quedarse despierto otras seis u ocho horas, apunta la neurocientífica Gina Poe, de la Universidad de California en Los Ángeles. Sus investigaciones y las de otros colegas sugieren que dormir inmediatamente después de un acontecimiento importante, cuando todavía no ha ha­­bido tiempo para resolver mentalmente parte de la experiencia, hace más probable que lo vivido se arraigue en recuerdos permanentes.
La fase 2 puede ocupar hasta 50 minutos del primer ciclo de sueño nocturno, de 90 minutos de duración. (Normalmente es más corta en los ciclos subsiguientes). Durante un rato pueden registrar­­se husos cada pocos segundos, pero cuando estas erupciones se van espaciando también se ralentiza la frecuencia cardíaca. La temperatura central desciende. Desaparece cualquier vestigio de percepción del entorno externo. Emprendemos la larga inmersión en las fases 3 y 4, las partes profundas del sueño.

Fases 3-4

Entramos en un sueño profundo, casi un coma, tan esencial para el cerebro como el alimento para el cuerpo. Toca hacer limpieza fisiológica, no es momento de soñar.
Todos los animales, sin excepción, presentan alguna forma de sueño, aunque sea rudimentaria. El perezoso tridáctilo dormita unas 10 horas al día, y se han comunicado casos de murciélagos marrones americanos que sestean 20 horas. Las jirafas duermen menos de cinco. Los caballos suelen dormir parte de la noche en pie y parte tumbados. Los delfines cuando duermen solo desconectan un hemisferio: medio cerebro duerme mientras el otro está despierto, de modo que no cesan de nadar en ningún momento. Los rabihorcados grandes pueden echarse un sueñecito mientras planean, una habilidad que seguramente comparten con otras aves. Los tiburones nodriza reposan amontonados sobre el fondo del mar. Las cucarachas bajan las antenas mientras duermen.

El sueño, definido como un estado de disminución de la receptividad y la movilidad fácilmente resoluble (a diferencia de la hibernación o el co­­ma), existe incluso en criaturas sin cerebro. Las medusas duermen –la actividad pulsátil de su cuerpo se enlentece perceptiblemente– y en organismos unicelulares como el plancton y las levadu­ras se observan claros ciclos de actividad y reposo. Todo ello implica que el sueño es antiquísimo y que su función original y universal no es organizar recuerdos o consolidar aprendizajes, sino preservar la vida misma. Es una ley natural evidente que ningún ser vivo, sea del tamaño que sea, puede ir a todo gas las 24 horas del día «La vigilia es un estado exigente –dice Thomas Scammell, profesor de neurología de la Facultad de Medicina de Harvard–. Te obliga a salir y competir contra los demás organismos por la supervivencia. En consecuencia necesitas un período de descanso para que las células se recobren».

En los humanos esta recuperación se produce sobre todo durante el sueño profundo, en las fases 3 y 4, que difieren en el porcentaje de actividad cerebral consistente en ondas delta. El electroencefalograma muestra que estas grandes oscilaciones están presentes en menos de la mitad de la fase 3 y en más de la mitad de la fase 4. (Algunos científicos consideran que ambas fases constituyen un único estadio de sueño profundo). Es durante el sueño profundo cuando nuestras células producen la mayor parte de la hormona del crecimiento, que nuestros huesos y músculos necesitan desde que nacemos hasta que morimos.
Todo apunta también a que dormir es esencial para mantener en niveles sanos el sistema inmunitario, la temperatura corporal y la presión arterial. Si nos falta sueño, tenemos dificultades para modular nuestro estado de ánimo o para recuperarnos con rapidez de una lesión.

Es posible que dormir sea más importante que comer; los animales mueren antes si les falta el sueño que si les falta el alimento, apunta Steven Lockley, del Brigham and Women's Hospital de Boston.

Dormir bien también reduce el riesgo de padecer demencia. Un estudio con ratones llevado a cabo por Maiken Nedergaard en la Universidad de Rochester, en Nueva York, sugiere que durante la vigilia las neuronas se compactan unas con otras, pero cuando dormimos algunas pierden un 60 % de su volumen, aumentando la holgura entre ellas. Estos espacios intercelulares hacen de vertedero de los desechos metabólicos de las células, singularmente de una sustancia llamada beta-amiloide, que perturba la comunicación interneuronal y está muy relacionada con la enfermedad de Alzheimer. El sueño es el único momento en que el líquido cefalorraquídeo puede inundar a modo de detergente estos pasillos ampliados del cerebro y arrastrar la beta-amiloide.
Mientras se ejecutan todas estas ta­­reas de limpieza y reparación, nuestra musculatura está completamente relajada. La actividad mental es mínima: las ondas de la fase 4 se asemejan a las gráficas de los pacientes comatosos. Por lo general en la fase 4 no soñamos; tal vez ni siquiera sintamos dolor. En la mitología griega los dioses Hipnos, (del sueño) y Tánatos (de la muerte) son gemelos. Tal vez algo de eso haya.

«Hablamos de un nivel de desactiva­ción cerebral intenso –dice Michael Perlis, director del programa de Medicina Conduc­tual del Sueño de la Universidad de Pennsylvania–. El sueño de la fase 4 no dista demasiado del coma o de la muerte cerebral. Aunque regenera y reconstituye, no conviene practicarlo en exceso».

La fase 4 dura como máximo unos 30 minutos, hasta que el cerebro la abandona de golpe. (En los sonámbulos ese salto puede ir acompañado de una sacudida física). A menudo atravesamos directamente las fases 3, 2, 1 y nos despertamos.

Incluso quienes duermen bien se despiertan varias veces por la noche, aunque la mayoría no se dé cuenta. Volvemos a dormirnos en cuestión de segundos. Pero llegados a este punto, en vez de repetir las fases desde el principio, el cerebro se reinicia para emprender una actividad totalmente novedosa: un viaje por un mundo de lo más raro.
«Hablamos de un nivel de desactiva­ción cerebral intenso –dice Michael Perlis, director del programa de Medicina Conduc­tual del Sueño de la Universidad de Pennsylvania–. El sueño de la fase 4 no dista demasiado del coma o de la muerte cerebral. Aunque regenera y reconstituye, no conviene practicarlo en exceso».
Según los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades de Estados Unidos, más de 80 millones de adultos estadounidenses sufren una insuficiencia crónica de sueño, es decir, duermen menos de las siete horas mínimas recomendadas. El cansancio está implicado en más de un millón de accidentes de tráfico anuales, y en un número significativo de errores médicos. Incluso un ligero reajuste del sueño puede resultar problemático. En Estados Unidos, el primer lunes con horario de verano se registra un 24 % más de ataques cardíacos respecto de otros lunes, así como un aumento drástico de los accidentes de coche con víctimas mortales.

A lo largo de la vida, alrededor de una tercera parte de todos nosotros sufriremos al menos un trastorno del sueño diagnosticable, que va desde el insomnio crónico hasta la apnea del sueño, pa­sando por el síndrome de las piernas inquietas y dolencias mucho más raras y curiosas.

En el síndrome de la cabeza explosiva, por ejemplo, la persona tiene la sensación de que dentro de su cerebro reverbera un ruido estruendoso cuando está intentando conciliar el sueño. Un estudio de Harvard descubrió que la parálisis del sueño –la incapacidad de moverse por espacio de unos minutos al despertarse de un sueño– es el germen de muchos relatos de abducciones extraterrestres. Los ataques narcolépticos, episodios incontrolables de sueño fulminante, son desencadenados muchas veces por emociones positivas fuertes: un chiste, unas cosquillas, una comida deliciosa. Quienes padecen el síndrome de Kleine-Levin experimentan cada pocos años un episodio de sueño ininterrumpido de una o dos semanas de duración y luego recobran los ciclos habituales de consciencia sin secuelas perceptibles.

Pero el insomnio es de largo el problema más frecuente, el motivo principal de que en cualquier mes del año el 4 % de los estadounidenses adultos tome somníferos. Los insomnes suelen tardar más tiempo en conciliar el sueño, sufren desvelos prolongados en plena noche o ambas cosas a la vez. Si dormir es un fenómeno natural omnipresente, ¿por qué es un problema para tanta gente? Tal vez haya que echarle la culpa a la evolución. O al mundo moderno, o a la discrepancia entre ambos.

La evolución nos ha dotado, igual que a otros seres vivos, de un sueño de temporización maleable y fácilmente interrumpible, para que pueda subordinarse a actividades prioritarias. El cerebro posee un sistema de anulación que funciona durante todas las fases del sueño y puede despertarnos en cuanto percibe una emergencia: un bebé que llora, un depredador que se acerca…

El problema es que en el mundo moderno ese ancestral despertador innato suena constantemente por situaciones en las que no peligra nuestra vida: los nervios previos a un examen, una preocupación o la alarma de un coche en el vecindario. Antes de la Revolución Industrial, que trajo consigo relojes despertadores y horarios laborales inamovibles, lo habitual era compensar el insomnio levantándonos más tarde. Eso se acabó.

El primer segmento del cerebro que empieza a claudicar cuando dormimos poco es la corteza prefrontal, donde se toman las decisiones y se solucionan los problemas. La falta de sueño nos vuelve más irritables, temperamentales e irracionales. «Parece que todas las funciones cognitivas se ven afectadas hasta cierto punto por la falta de sueño», afirma Chiara Cirelli, neurocientífica del Instituto del Sueño y la Consciencia de Wisconsin.

Dormir habitualmente menos de seis horas al día eleva el riesgo de sufrir depresión, psicosis e ictus. La falta de sueño también está vinculada a la obesidad: si no se duerme lo suficiente, el estómago y otros órganos producen demasiada cantidad de grelina, la hormona del hambre, que nos induce a comer más de lo necesario. Probar la relación causa-efecto en estos casos resulta complicado, porque no podemos someter a seres humanos a los experimentos que lo demostrarían, pero no cabe duda de que la falta de sueño perjudica a todo el organismo.

Echarse una siesta no soluciona el problema; los fármacos tampoco. «El sueño no es monolítico –advierte Jeffrey Ellenbogen, científico de la Universidad Johns Hopkins y director de Sound Sleep Project («Proyecto Sueño Profundo»), que asesora a las empresas para que sus empleados alcancen niveles más altos de eficiencia por la vía de mejorar su descanso–.

No es una maratón; tiene más de decatlón. Conjuga mil factores diferentes. Existe la tentación de manipularlo con fármacos o aparatos, pero todavía no sabemos lo suficiente sobre él como para arriesgarnos a manipular artificialmente sus componentes».

Ellenbogen y otros expertos critican los atajos, y muy en especial el original: la idea de que prácticamente podemos pasar sin dormir. Fue toda una ocurrencia: si pudiésemos prescindir de las partes innecesarias del sueño, sería como si sumásemos décadas a nuestra vida. En los albores de la somnología, las décadas de 1930 y 1940, había quien consideraba la segunda parte del sueño nocturno un descanso de segunda. Hubo quien creyó que quizá no la necesitásemos en absoluto.

En realidad ese período resulta ser la fuente de una forma de sueño completamente distinta pero igual de esencial, casi se diría que un tipo diferente de consciencia.

REM.
En un estado desatado de psicosis, soñamos, volamos y caemos, lo recordemos o no. También modulamos nuestro estado de ánimo y consolidamos nuestros recuerdos.


El sueño REM, acrónimo en inglés de «movimiento ocular rápido», fue descubierto en 1953 (cuando las fases de la 1 a la 4 llevaban descritas más de
15 años) por Eugene Aserinsky y Nathaniel Kleitman en la Universidad de Chicago. Hasta entonces este período solía considerarse una variación de la fase 1 sin especial importancia, dado que en los primeros encefalogramas no mostraba un patrón demasiado llamativo. Pero en cuanto se documentó el característico movimiento veloz de los globos oculares y la congestión de los órganos sexuales que invariablemente lo acompaña, se comprendió que la práctica totalidad de los sueños ocurren en esta fase, y la ciencia del sueño dio un vuelco.

En términos generales una noche de sueño sa­­ludable empieza con un descenso en espiral hasta la fase 4, un despertar fugaz y una sesión REM de entre cinco y 20 minutos. Con cada ciclo subsiguiente, el período REM aproximadamente se duplica. En conjunto el sueño REM ocupa alrededor de una quinta parte de las horas que duerme un adulto. Aun así, las fases 1, 2, 3 y 4 se han denominado sueño no REM (o NREM): el 80 % del sueño se define en referencia a lo que no es. Los científicos conjeturan que determinadas secuencias NREM y REM optimizan de algún modo nuestra recuperación física y mental. A nivel celular, la síntesis proteínica se dispara durante el sueño REM, lo cual mantiene el correcto funcionamiento del organismo. El sueño REM también parece esencial para modular el estado de ánimo y consolidar los recuerdos.

Cada vez que experimentamos el sueño REM, enloquecemos en el sentido literal de la palabra. La psicosis es, por definición, un trastorno caracterizado por la presencia de alucinaciones y delirios. Según algunos científicos, soñar es un estado psicótico en toda regla: creemos ver lo que no existe y aceptamos que el tiempo, el lugar y hasta las personas pueden metamorfosearse y desaparecer de repente.

Desde los antiguos griegos hasta Sigmund Freud, pasando por los adivinadores de trastien­­da, los sueños siempre han sido una fuente de fascinación y misterio, interpretados como mensajes de los dioses o de nuestro subconsciente. Hoy muchos expertos en el sueño no tienen el menor interés en las imágenes y los acontecimientos concretos que pueblan nuestros paisajes oníricos. Creen que los sueños son el resultado de la actividad caótica de las neuronas y que, aun estando imbuidos de resonancias emocionales, carecen de significado. Cuando nos despertamos, el cerebro consciente, siempre a la caza de significados, rápidamente cose una colcha a partir de lo que eran retazos incoherentes.
Cada vez que experimentamos el sueño REM, enloquecemos en el sentido literal de la palabra.

Otros científicos rechazan de plano esa visión. «El contenido de los sueños –dice Stickgold desde Harvard– forma parte de un mecanismo evolucionado destinado a descubrir la significación global de los recuerdos nuevos y sus posibles utilidades futuras».

Aunque por la mañana no recuerdes ni una sola imagen, ten por seguro que has soñado. Todo el mundo sueña. No recordar los sueños es en realidad indicativo de que se duerme bien. Mientras soñamos, la actividad se produce en planos cerebrales tan profundos que no se registra bien en un electroencefalograma, pero con ayuda de tecnologías más modernas hemos deducido lo que ocurre a nivel físico y químico. También soñamos durante el sueño NREM, sobre todo en la fase 2, pero por lo general esos episodios oníricos se consideran una suerte de obertura. Hasta que entramos en el sueño REM no nos topamos de frente con la enorme potencia de nuestra locura nocturna.

A menudo se dice, erróneamente, que los sueños son meros flashes, pero en realidad se cree que ocupan el período REM casi completo, generalmente unas dos horas por noche; sí es cierto que conforme envejecemos soñamos menos, quizá porque el cerebro, que ha perdido plasticidad, ya no aprende tanto durante la vigilia y tiene menos recuerdos nuevos que procesar mientras dormimos. Los recién nacidos llegan a dormir hasta 17 horas al día y pasan en torno a la mitad de ellas en un estado activo afín al REM.

Y durante un mes de su existencia intrauterina, desde la semana 26 de la gestación, se cree que los fetos permanecen constantemente en un estado muy similar al del sueño REM. Toda esa permanencia en estado REM, se ha teorizado, vendría a ser como si el cerebro estuviese testando su software, preparándose para la inminente conexión con el mundo. Este proceso, llamado teleencefalización, es nada menos que la inauguración misma de la mente.

Durante el sueño REM el cuerpo no se termorregula; nuestra temperatura interna se mantiene en sus cotas más bajas. La frecuencia cardíaca se eleva en comparación con otras fases del sueño y la respiración es irregular. Los músculos, con contadas excepciones –ojos, oídos, corazón, diafrag­­ma–, se hallan inmovilizados. Por desgracia esto no impide que algunos ronquemos; esta tortura del compañero de cama se produce cuando un flujo de aire turbulento hace vibrar los tejidos relajados de la garganta o la nariz. También es común en las fases 3 y 4. En el sueño REM, ronquemos o no, somos incapaces de mostrar reacciones físicas, el cuerpo se desmadeja, no podemos ni siquiera regular la tensión arterial. Y así y todo, nuestro cerebro se las arregla para convencernos de que cabalgamos sobre las nubes matando dragones.
En el sueño REM, ronquemos o no, somos incapaces de mostrar reacciones físicas, el cuerpo se desmadeja, no podemos ni siquiera regular la tensión arterial. Y así y todo, nuestro cerebro se las arregla para convencernos de que cabalgamos sobre las nubes matando dragones.

Si nos creemos lo increíble es porque en el sueño REM el gobierno del cerebro deja de estar en los centros lógicos y las regiones que controlan los impulsos. Se suprime por completo la producción de dos sustancias específicas, serotonina y norepinefrina. Sin estos neurotransmisores esenciales para la comunicación entre las neuronas, nuestra capacidad de aprendizaje y memoria se ve gravemente mermada: nos encontramos en un estado de consciencia químicamente alterado. Pero no es un estado similar al coma, como el de la fase 4. Durante el sueño REM nuestro cerebro está totalmente activo, consumiendo tanta energía como en la vigilia.

El sueño REM está regido por el sistema límbico, una región del cerebro profundo donde surgen algunos de nuestros instintos más atávicos y básicos. Freud tenía razón cuando afirmaba que los sueños beben de nuestras emociones primitivas. En el sistema límbico residen nuestras pulsiones sexuales, la agresividad y el miedo, aunque también nos permite sentir alborozo, felicidad y amor.

En el tronco cerebral, una pequeña protuberancia llamada puente troncoencefálico se sobrecarga durante el sueño REM. Los impulsos eléctricos del puente suelen dirigirse a la zona del cerebro que controla los músculos oculares y auditivos. Normalmente los párpados no se despegan, pero los globos oculares se mueven de un lado a otro, quizá como respuesta a la intensidad del sueño. El oído interno también muestra actividad mientras soñamos.
Otro tanto ocurre con las regiones del cerebro que controlan la función motora, razón por la cual en los sueños experimentamos tantas veces la sensación de volar o de caer. Además, soñamos a todo color, a no ser que seamos ciegos de nacimiento.

Cada vez que un hombre sueña tiene una erección, aunque el sueño no sea de tenor sexual; en las mujeres se congestionan los vasos sanguíneos de la vagina. Y mientras soñamos, por absurdo que sea el escenario onírico y por mucho que se transgredan las leyes de la física, casi siempre creemos a pies juntillas que estamos despiertos. La máquina de realidad virtual más perfecta existe dentro de nuestra cabeza.

Y menos mal que estamos paralizados. Cuando soñamos, el cerebro intenta generar movimientos, pero un sistema del tronco cerebral se ocupa de inhibir por completo las motoneuronas. Existe una parasomnia –una anormalidad del sueño que afecta al sistema nervioso– llamada trastorno de conducta del sueño REM en la cual las motoneuronas no se inhiben del todo, y la persona actúa físicamente conforme a lo que está soñando, con puñetazos, puntapiés y juramentos, todo ello con los ojos cerrados y totalmente dormido.

La conclusión de una sesión REM suele estar marcada por un despertar fugaz, como también ocurre con la fase 4. Si descansamos lo que nos pide el cuerpo, sin despertador de por medio, el último sueño de la noche suele ser el broche final. Aunque la cantidad de tiempo que hayamos dormido determina el momento óptimo para despertar, la luz solar es una alarma de acción inmediata. Cuando la luz traspasa los párpados y alcanza la retina, una región profunda del cerebro llamada núcleo supraquiasmático recibe una señal. Para muchos de nosotros ese es el instante en que se desvanece el último sueño, abrimos los ojos y reanudamos nuestra existencia real.
O quizá no? Tal vez lo más llamativo del sueño REM es que demuestra que el cerebro puede actuar al margen de los inputs sensoriales. Como un pintor atrincherado en un estudio secreto, nuestra mente parece experimentar sin inhibiciones.
En estado de vigilia el cerebro está ocupado con mil y una tareas: extremidades que hay que controlar, conducir, ir a la compra, mandar mensajes de móvil, conversar…

Pero entonces nos dormimos y, cuando comenzamos la primera sesión REM, el instrumento más sofisticado y complejo del universo recibe vía libre para hacer cuanto desee. Se autoactiva. Sueña. Es, por así decirlo, el recreo del cerebro. Algunos postulan que durante el sueño REM alcanzamos nuestros máximos niveles de inteligencia, perspicacia, creatividad y libertad. Que vivimos de verdad. «El sueño REM tal vez sea lo que nos hace más humanos, tanto por sus efectos sobre el cerebro y el cuerpo como por la experiencia en sí misma», dice Michael Perlis.

Quizá llevemos desde Aristóteles formulando una pregunta equivocada. El verdadero misterio no es por qué dormimos, sino por qué, cuando la alternativa es tan portentosa, nos molestamos en estar despiertos.

Y la respuesta tal vez sea que necesitamos ocuparnos de los cometidos básicos de la existencia –alimentarnos, aparearnos, pelearnos– solo para que el cuerpo esté en condiciones para dormir.

Algoritmos capaces de soñar

Los científicos tratan de desentrañar el significado de los sueños gracias a las nuevas tecnologías

Nuevas tecnologías para desentrañar el significado de los sueños
¿De verdad los androides sueñan con ovejas eléctricas, tal y como se preguntaba el novelista estadounidense de ciencia ficción Philip K. Dick? La función y el significado de los sueños han sido siempre objeto de debate. Ahora la ciencia está más cerca que nunca de descifrar qué ven los humanos mientras duermen y cómo puede simularse esa visión en una máquina.

En 2013 el neurocientífico Yukiyasu Kamitani hizo que cientos de voluntarios echasen breves cabezadas en el interior de un equipo de re­sonancia magnética, de las que eran despertados repetidamente para que describiesen sus sueños. Kamitani ha­­bía conseguido aislar patrones cerebrales únicos correspondientes a determinados objetos que previamente había mostrado a los sujetos en estado de vigilia. Mientras estaban dormidos, el escáner buscaba esos patrones en su cerebro, y después un ordenador transformaba automáticamente los contenidos básicos de esos sueños en breves vídeos. El estudio desveló que coincidían en un 70 % con lo que los sujetos recordaban haber soñado.



Dos años más tarde unos ingenieros de Google también captaron las imágenes oníricas de un ordenador. Introdujeron millones de imágenes en un algoritmo informático inspirado en el cerebro –una red de neuronas artificiales– para estudiar cómo dicho algoritmo aprendía a identificar objetos. A continuación ejecutaron DeepDream, un programa de Google que permite a la red construir su propio paisaje onírico de base algorítmica mediante la identificación de formas en una imagen de ruido visual. El ordenador generó una escena psicodélica a partir del aprendizaje artificial. Como si de un sueño se tratase, las imágenes anteriormente vistas se reconfiguraron en nuevas disposiciones.

No podremos realizar grabaciones precisas de nuestras creaciones oníricas hasta que los científicos no descubran cómo surgen los sueños en el cerebro, dice Jack Ga­­llant, profesor de psicología de la Universidad de California en Berkeley, o hasta que con­sigan una enciclopedia de la actividad ce­­rebral correspondiente a cada pensamiento.
https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/actualidad/algoritmos-capaces-sonar_11958
NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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sábado, 28 de octubre de 2017

SALUD : SALUD MENTAL .- BBC Mundo Noticias .- SUEÑOS .- 5 consejos para lograr un buen, largo y profundo sueño

http://www.bbc.com/mundo/noticias-41776492
http://www.bbc.com/mundo/noticias-40163175
http://www.bbc.com/mundo/noticias-39793685
http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/01/160124_vert_fut_insomnio_familiar_fatal_yv
http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/09/150922_salud_testimonio_vivir_con_insomnia_ig
http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/09/140903_respuestas_curiosos_6sep_finde_yv

Profesor Matthew Walker
Image captionEl profesor Matthew Walker asegura que él mismo practica sus consejos para el buen dormir.

El Premio Nobel en Medicina este año fue otorgado a tres científicos de Estados Unidos que descubrieron la existencia de los ritmos circadianos, el reloj biológico que tienen todas las células vivientes.
Los científicos, como muchos expertos en la materia, resaltan lo esencial de un buen, largo y profundo sueño para mantener buena salud.
El neurocientífico británico Matthew Walker, que dirige un laboratorio del sueño en la Universidad de California, en Berkeley, señala que el mundo desarrollado asocia el dormir largas horas (entre 8 y 9) con debilidad y vergüenza.
Es todo lo contrario, asegura. La falta de sueño es responsable de enfermedades, accidentes, problemas mentales y fatiga que afectan nuestras familias, comunidades y empresas.
El profesor Matthew compartió con la BBC unas claves para poder alcanzar un buen y profundo sueño, asegurando que él mismo practica lo que predica al priorizar su propio sueño.

1. Horario regular


Mujer durmiendoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEs importante tratar de dormir el mismo número de horas todas las noches.

Despiértate a la misma hora y vete a dormir a la misma hora.
No duermas hasta tarde los fines de semana. Ese es uno de los problemas, causa estragos en tus ritmos biológicos.
Es lo que esencialmente llamamos "jet lag social". Arrastras tu reloj biológico varias horas hacia adelanta para que, cuando llegue el domingo por la noche, lo estás tratando de atrasarlo.
Es verdad que uno debe tratar de recuperar el sueño perdido pero hay que hacerlo de una manera consistente.
"Desafortunadamente, el cerebro no tiene la capacidad de recuperar todo el sueño que se ha perdido", advierte el profesor Walker.

2. Baja temperatura


TermostatoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa temperatura baja en la habitación promueve un mejor sueño.

Es aconsejable tratar de mantener una temperatura fresca en el dormitorio, entre 18 y 18,5 grados C.
Eso es más frío de lo que la gente piensa. La razón es que tu cuerpo y cerebro deben reducir la temperatura media aproximadamente un grado centígrado.
No se recomienda poner la calefacción. Cambia el termostato y si vives en un ambiente cálido, abre las ventanas para por lo menos mantener una habitación fresca.
Eso permitirá a tu cuerpo alcanzar la temperatura ideal para iniciar un sueño profundo saludable.

3. Dormir en la oscuridad


Dormitorio con las luces atenuadasDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionAntes de irse a dormir, es recomendable atenuar las luces.

Esto se ha vuelto un problema en el mundo moderno.
Primero que todo "hemos electrificado la noche", sostiene Matthew Walker. Para contrarrestar el "profundo deterioro al sueño" que causa la luz, se deben colgar cortinas gruesa o bloqueadoras de la iluminación callejera.
Dentro de la misma habitación no debe haber dispositivos electrónicos con lucecitas en modo de espera. Tampoco relojes eléctricos o electrónicos con los tableros encendidos.
En preparación para el sueño, antes de irte a la cama empieza a atenuar la luz.
"No es necesario tener todas las luces de la casa iluminando al máximo", expresa el neurocientífico.

4. No quedarse en cama despierto


InsominioDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionSi no puedes dormir, no te quedes más de 15 minutos en la cama.

Este es uno de los errores que mucha gente que tiene problemas con el sueño comete, asegura el profesor Walker, especialmente los que sufren de insomnio.
Permanecen en cama durante mucho tiempo cuando despiertan.
"Si has estado despierto, sin poder dormir, por 15 o 20 minutos, levántate", afirma. "Vete a otra habitación, mantén las luces atenuadas, lee un libro".
Esto no es siempre fácil, pues en la cama se está cómodo y calientito. Pero lo que sugiere es arroparse con una bata o cobija.
Lo importante es no encender la computadora ni empezar a revisar el correo electrónico o los mensajes.
Tampoco comer, porque eso genera el mal hábito de tomar alimentación durante la noche.
Sólo cuando te sientas cansado y soñoliento otra vez, regresa a la cama.

5. Limitar el alcohol y la cafeína


Mujer recibe una taza de café de una meseraDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionHay gente que dice poder tomar una taza de café en la noche sin afectar su sueño.

Trata de abstenerte de beber alcohol en la noche y deja de ingerir cafeína después del mediodía.
Se reconoce que eso puede ir en detrimento de tu vida social. Lo primero implica reducir las reuniones en un bar o una cena con un buen vino.
En cuanto a lo segundo, muchas personas acostumbran a tomar el té en la tarde o conversa alrededor de un café.
Algunas personas aseguran que pueden dormir muy bien aún si se toman un café después de cenar.
Pero el profesor Walker advierte que, aunque seas una de esas personas, "sabemos que la cafeína permanece en el sistema durante varias horas, entre cinco y seis".
"Aunque puedas conciliar el sueño, ese sueño no será tan profundo cuando hay cafeína circulando por el cerebro".

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¿Qué es el jet lag social y cómo puede afectar a tu salud?


Mujer con cara de agobio despertándose a las 7 de la mañanaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEse momento diario con el despertador... ¿te suena?

Todos sufrimos cierto jet lag cuando viajamos entre países con zonas horarias muy diferentes.
Si la diferencia de horas es grande tu cuerpo puede pasarse unos días "confundido" con los nuevos horarios de las comidas, el sueño y hasta la hora de ir al baño.
Pero hay un jet lag para el que no hace falta ir muy lejos: el jet lag social, que se produce cuando hay grandes diferencias entre el horario de sueño del fin de semana (o de los días libres) y el horario de los días laborales.
Los expertos que lo investigan creen que la interrupción regular de los patrones de sueño puede "confundir" al reloj del cuerpo, es decir, al ritmo circadiano, que regula nuestro metabolismo.

¿Cómo se miden las horas de jet lag social?


Madre despierta con bebé dormidoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionPara algunas personas no hay distinción entre días laborales y fines de semana.

Los académicos que investigan el jet lag social suelen comparar el punto medio de sueño de una persona durante los días laborales y los días libres.
Por ejemplo, si una persona duerme durante la semana desde las 23 hasta las 7 de la mañana, el punto medio de sueño son las 3 de la madrugada.
El fin de semana, si la persona duerme de 1 a 11 el punto medio serían las 6 de la mañana.
Por tanto su jet lag social sería de 3 horas.

¿Cómo puede afectar a la salud?

Varios estudios científicos han encontrado una relación no causal entre un gran jet lag social y varios indicadores metabólicos de una salud pobre.
Un estudio de 2015 con más de 800 trabajadores que hacían horarios de trabajo regulares encontró que quienes tenían un mayor jet lag social tenían más probabilidades de tener obesidad y otros marcadores no saludables de salud que los trabajadores cuyo patrón de sueño apenas cambiaba durante toda la semana.

Hombre durmiendoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionNo es que dormir más el fin de semana cause obesidad, pero la obesidad sí parece ser más frecuente entre las personas con un mayor jet lag social.

Los investigadores, de varias universidades británicas y estadounidenses, dijeron que "vivir en contra de nuestro reloj biológico puede contribuir a la aparición de disfunciones metabólicas y de sus consecuencias".
Una diferencia de jet lag social de dos horas es el límite a partir del cual se empiezan a observar esos biomarcadores poco saludables, según los autores del estudio financiado por el Consejo de Investigación Médica de Reino Unido y el Instituto Nacional para el Envejecimiento de Estados Unidos.
Otra investigación muy reciente del Programa de Investigación sobre Sueño y Salud de la Universidad de Arizona, en EE.UU., acaba de concluir que el jet lag social es un marcador circadiano importante para la salud, independientemente de la duración de las horas de sueño y de problemas como el insomnio.
Según las conclusiones del estudio, liderado por Michael A. Grandner y publicado en la revista Sleep, el jet lag social está asociado "con una salud más pobre, enfermedades de corazón, peor estado de humor y una mayor fatiga y somnolencia".
Los investigadores sugieren que, no solo la duración del sueño sino también la regularidad en el horario, juega un papel importante para nuestra salud.
Varios estudios científicos e instituciones de la salud recomiendan que los adultos deberíamos dormir regularmente como mínimo siete horas al día para estar descansados y en un estado óptimo de salud.
Y según el servicio británico de salud pública, el NHS, los expertos concuerdan en que mantener horarios regulares de sueño durante la semana y los fines de semana ayuda a prevenir problemas de sueño.

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El test casero sobre el sueño para saber si estás durmiendo poco


Trabajador con sueñoDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES

A todos nos ha agarrado alguna vez un ataque de sueño repentino a media mañana, en plena clase o en medio de una reunión de trabajo. Nada que no se pueda solucionar con una buena taza de café para seguir adelante con el día. Pero... ¿cómo saber si hay un problema de déficit de sueño de fondo?
Dice la sabiduría popular y los estudios científicos que los adultos deberíamos dormir entre siete y ocho horas al día para estar descansados, pero mucha gente no logra acercarse.
Según una encuesta en Reino Unido, solo el 22% de los adultos duermen a diario lo suficiente.
Mientras que el 40% solo consigue dormir como mucho seis horas, de acuerdo al sondeo de la organización británica Sleep Council.
El doctor Michael Mosley, un conocido presentador británico de programas de televisión sobre salud, se cuenta entre los miembros de este segundo grupo de adultos que no duermen suficiente.

El doctor Michael Mosley, conocido presentador en Reino Unido de programas de televisión y documentales sobre temas de salud
Image caption¿Cómo saber si arrastras un déficit de sueño? Para averiguarlo Mosley recomienda un test sencillo inventado por "el padre de la investigación sobre el sueño", Nathaniel Kleitman.

En un documental reciente titulado "La verdad sobre el sueño", el doctor descubrió que hay algunos individuos que pueden arreglárselas perfectamente con menos de 7 horas al día.
Pero asegura que la mayoría de las personas no puede.
¿Cómo saber si arrastras un déficit de sueño? Para averiguarlo Mosley recomienda este peculiar test casero, desarrollado por el considerado como "el padre de la investigación sobre el sueño", Nathaniel Kleitman, que fue también el primero en identificar la fase R.E.M. (Rapid Eye Movement).

Qué necesitas: una cuchara y una bandeja de metal


Adolescente viendo el celular de nocheDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionLos adolescentes necesitan dormir más que los adultos, alrededor de nueve horas, según el doctor Mosley.

Para identificar si hay falta de sueño Nathaniel Kleitman, de la universidad de Chicago, en Estados Unidos, ideó un test que cualquiera puede hacer fácilmente en casa.
Lo llamó Sleep Onset Latency Test y se trata de una prueba para ayudar a medir la duración del período de latencia antes del inicio del sueño.
El test debe hacerse durante las primeras horas de la tarde, con la ayuda de una cuchara y una bandeja de metal.
Según especifica el doctor Mosley, el individuo debe acostarse en una habitación silenciosa y a oscuras aguantando en la mano una cuchara sobre el borde de la cama.
Justo debajo, en el suelo, se pone la bandeja de metal.
Después, debe mirar el reloj justo antes de cerrar los ojos.
Cuando la persona se queda dormida la cuchara se cae de la manos y golpea la bandeja, creando un ruido que la despierta.
Cuando eso ocurre, se vuelve a ver el reloj para comprobar cuánto tiempo ha pasado.
Según Kleitman, si te quedas dormido antes de cinco minutos después de cerrar los ojos quiere decir que tienes una falta severa de sueño.
Si lo haces dentro de un período de diez minutos, tienes "cierta falta de sueño".
Y si permaneces despierto durante al menos 15 minutos estás durmiendo lo suficiente.
Obviamente, una versión más sencilla de este test sería poner una alarma a los 15 minutos y comprobar si te quedas dormido antes de que suene.
Esta prueba es una manera sencilla de comprobar cuán cansado estás y, de confirmar que tienes falta de sueño, tomar las medidas necesarias para aumentar tus horas de sueño.

Por qué es importante dormir lo suficiente


InsomniaDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionUna carencia de sueño persistente aumenta el riesgo de desarrollar diabetes de tipo 2.

El sueño afecta a nuestra memoria y a cómo manejamos nuestras emociones.
Durante la etapa de sueño profundo el cerebro está muy ocupado haciendo tareas como pasar la memoria de corto plazo al almacén de largo plazo, explica Mosley. Así, se crea más espacio para la memoria de corto plazo del día siguiente.
Y la fase de sueño R.E.M. (Rapid Eye Movement), explica el doctor, es el único momento en el que se apaga en nuestro cerebro un químico relacionado con el estrés, la noradrenalina. Eso permite que nos mantengamos en calma mientras nuestro cerebro procesa las experiencias del día, ayudándonos a asimilar las experiencias emocionales que vivimos.
Si no logras tener suficientes horas de REM, tu cerebro no tendrá el tiempo suficiente para procesar las emociones, dice Mosley, lo cual explicaría por qué cuando tenemos falta de sueño nos sentimos estresados y ansiosos.
Pero además la falta de sueño tiene un efecto devastador sobre el control del azúcar en la sangre.
Hay estudios científicos que mostraron que los adultos que regularmente duermen menos de siete horas al día duplican el riesgo de desarrollar diabetes de tipo 2, mientras que para los que duermen regularmente menos de cinco horas al día el riesgo es cinco veces mayor.

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Insomnio familiar fatal: la trágica enfermedad que quita el sueño hasta producir la muerte


El ojo de una persona privada del sueñoDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionLa mirada vidriosa es apenas el primer síntoma. Luego vienen los temblores, la impotencia, el estreñimiento y el insomnio permanente.

Silvano iba en un crucero cuando lo golpeó la maldición familiar.
Era un elegante hombre de 53 años que disfrutaba vistiendo un esmoquin siempre que podía. Le gustaba presentarse con la pose de aquellas estrellas de cine que tanto admiraba.
Pero aquella noche en la pista de baile se sintió de lo más avergonzado, cuando descubrió que su camisa estaba empapada en sudor.
Preocupado, se examinó en el espejo y descubrió que sus pupilas se habían reducido a dos puntitos negros.
Tenía la misma mirada vidriosa que su padre y sus dos hermanas cuando empezaron a sufrir aquella misteriosa enfermedad.
Sabía que era solo el principio.
Después vendrían los temblores, la impotencia y el estreñimiento.
Pero el síntoma más aterrador sería la desaparición del sueño, un insomnio permanente. Y esa especie de coma terminaría con la muerte.
Así que Silvano acudió a la unidad del sueño de la Universidad de Bolonia (Italia) para presentar el suyo como caso de estudio. Aunque no se hacía ilusiones con cambiar el curso de su enfermedad.

En su árbol genealógico

"Me dijo que si dejaba de dormir, en ocho o nueve meses estaría muerto", me cuenta uno de sus médicos, Pietro Cortelli, por teléfono.

Una góndola en VeneciaDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionEl historial familiar de la enfermedad de Silvano se remonta al siglo XVIII, en Venecia.

"Le pregunté cómo podía estar tan seguro. Y él me recitó su árbol genealógico desde el siglo XVIII de memoria", recuerda.
En cada generación hubo un miembro de su familia que enfrentó esa misma suerte.
Tal como lo predijo, Silvano murió un par de años después.
Pero donó su cerebro a la ciencia, con la esperanza de que con él se arrojara algo de luz sobre el extraño desorden que había plagado su familia.
¿En qué consiste esa rara enfermedad? ¿Qué ocurre en el cerebro y el cuerpo de aquellos que la sufren?
Es un misterio que solo ahora los investigadores están empezando a entender en toda su complejidad.
Y están desarrollando un prometedor fármaco que podría, quizá, ayudar a tratarla.
Pero como el insomnio familiar fatal (FFI, por sus siglas en inglés) es una enfermedad hereditaria, conocerla más implica también hacer frente acuestiones éticas.

Una persona con insomnioDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionLas familias portadoras del gen simplemente no quieren saber si podrán desarrollar la enfermedad o no.

Por ejemplo, si por los genes que heredas pudieras desarrollar este extraño desorden, ¿querrías que te informaran de ello?

El paciente cero

La familia de Silvano luchó en silencio contra el insomnio familiar fatal hasta que hace 15 años decidió contárselo al escritor D.T. Max.
A partir de ello, el autor escribió el libro The Family Who Couldn't Sleep ("La familia que no podía dormir"), en el que retrata a una estirpe que vive con miedo a sus propios genes.
En busca del "paciente cero" en el árbol genealógico, Max llegó hasta un doctor veneciano del siglo XVIII.
El médico sufría constantemente un sopor que lo paralizaba. Un sobrino suyo, llamado Giuseppe, heredó el mismo destino. Y éste transmitió la enfermedad a sus hijos Angelo y Vincenso, y estos a sus hijos, nietos y bisnietos.
La familia nunca hablaba de ello, por miedo a tentar a la suerte.
Pero todo cambió en la década de 1980, cuando Silvano empezó a desarrollar los síntomas.
Su sobrina se había casado con un doctor llamado Ignazio Roiter. Éste, como buen hombre de ciencia, convenció al tío de su esposa para que visitara la famosa clínica del sueño del doctor Elio Lugaresi en la Universidad de Bolonia.
Allí trabajaba Pietro Cortelli, uno de los médicos que lo trató y ahora me cuenta el caso. Los doctores Roiter y Cortelli decidieron tratar de resolver juntos el misterio que envolvía a la enfermedad.
A pesar de que sus esfuerzos no pudieron salvar a Silvano o a otros miembros de su familia que sucumbieron ante el mal, tras decenas de pruebas lograron llegar hasta el culpable.
El inicio de todo estaba en una proteína deformada del cerebro llamada prión, producto de una pequeña mutación genética.
Por alguna razón, se multiplican cuando el que los porta llega a los 50, y afectan a las neuronas.
Son de la familia de la enfermedad de Creutzfeldt–Jakob (CJD, por sus siglas en inglés) y la encefalopatía espongiforme bovina, conocido como mal de las vacas locas, también causadas por priones.

Una imagen de una persona desesperadaDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionLa mutación causa un daño irreversible al tálamo, que organiza todas nuestras respuestas autónomas al entorno.

Pero mientras la CJD deja la superficie del cerebro como un queso suizo, la condición de Silvano afecta directamente a algunas partes del tálamo, en el centro mismo del cerebro.
Normalmente esta estructura neuronal tiene la forma de una nuez, pero la de Silvano parecía plagada de gusanos.
Tras años de investigaciones, hoy los científicos pueden explicar cómo el daño a este tejido neuronal puede desatar una constelación de síntomas, cada cual más desconcertante.
Sabemos, por ejemplo, que este núcleo organiza todas nuestras respuestas autónomas al entorno; esto es, controla la temperatura, la presión sanguínea o la frecuencia cardíaca.
Así que cuando se daña es como si se estropeara nuestra calefacción centralcomo si nuestras tuberías tuvieran de pronto una fuga, como si las ventanas se abrieran de golpe y la música sonara a todo volumen.
Todo se vuelve un caos.

Perder la conciencia

Otra consecuencia es el insomnio. El cuerpo de los que padecen la enfermedad no termina de preparse para una noche de sueño.
Para ello, la presión sanguínea debería disminuir, por ejemplo. Pero la presión sanguínea de quienes sufren el mal permanece anormalmente alto.
"Si el sistema nervioso simpático está desequilibrado, por supuesto que tienes insomnio", dice Cortelli, quien presentó sus ideas en una reciente edición de la revista científica Sleep Medicine Reviews.
Debido a todos estos desarreglos, los ritmos del cerebro se alteran completamente.
Durante la noche normalmente experimentamos ciclos de sueño REM, en los que los ojos se mueven rápidamente, y fases de un sueño más profundo.

Una sombra en un vidrioDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionEl cuerpo de las personas afectadas por FFI no puede prepararse para dormir.

Durante esta segunda fase, la oscilaciones de baja frecuencia de la actividad eléctrica atraviesan el córtex, el manto de tejido nervioso que cubre los hemisferios cerebrales.
Esto parece calmar la actividad coordinada consciente que solemos tener mientras estamos despiertos.
Asimismo, cumple con una importante labor de mantenimiento y de consolidación de recuerdos.
¿Y qué parte de nuestro tejido neuronal es el que organiza todo esto? El tálamo.
A falta de este regulador de intensidad, el cerebro de los pacientes con insomnio familiar fatal siempre se mantiene despierto.
Y, por lo tanto, nunca logran sumirse en un profundo y reparador sueño, dice Angelo Gemignani, de la Universidad de Pisa, en Italia.
El científico ha demostrado que los pacientes con FFI no cuentan con ese importante patrón cerebral.
Sin esas ondas lentas, lo más parecido al sueño normal que un paciente que sufre insomnio familiar fatal puede tener es un estupor sin sentido.
En esas circunstancias, en las que no está completamente dormido pero tampoco es consciente del todo, puede recrear sus actividades cotidianas sin darse cuenta.
Cortelli recuerda por ejemplo a una mujer, Teresa, que podía en ese estado hacer el gesto de cepillar el pelo a alguien.
En su día a día era peluquera.

El paciente que rompió el molde

Pero hubo un paciente que demostró que había formas de mitigar los efectos de la enfermedad.

Una persona insome mirando la televisiónDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionEn algunos casos la persona cae en una especie de estupor sin sentido, en el que puede recrear sus actividades cotidianas sin darse cuenta.

Joyce Schenkein, una psicóloga del Touro College de Nueva York, EE.UU., conoció a Daniel -nombre ficticio- no a través de su trabajo, sino en un servicio de mensajería en línea en la década de 1990.
"Era muy inteligente, un chico brillante y muy divertido", recuerda.
Así que terminaron manteniendo una relación de amistad a distancia.
Daniel era portador del gen del FFI y estaba dispuesto a probar todos los tratamientos potenciales posibles para frenar la enfermedad.
Algunos fueron relativamente exitosos, como cuando logró dormir cuatro horas seguidas mientras flotaba sobre agua salada caliente, dentro de una especie de crisálida hinchable.
Pero cuando despertó tuvo que enfrentar unas alucinaciones terribles, incluida la que le llevó a dudar si seguía vivo o había muerto.
Aunque ninguno de los tratamientos fue definitivo, Daniel vivió más de lo que predijo su diagnóstico.
Y Schenkein escribió sobre su caso en una revista médica con la esperanza de que sirviera para extender la vida de otros pacientes.

Ensayo clínico

El año pasado Roiter y sus colegas anunciaron el ensayo clínico de un nuevo fármaco con el que esperaban evitar o al menos desacelerar la formación de priones.

Una persona mirando un atardecerDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionPor ahora no una respuesta médica para la condicion. Pero los científicos siguen buscándola.

Llevar a cabo un ensayo clínico y no herir la sensibilidad de las familias no es una cuestión sencilla.
Antes que nada los científicos tuvieron que examinar genéticamente cada uno de los miembros de la familia para determinar quién portaba la mutación.
De estos seleccionaron a 10 de entre 42 y 52 años.
Pero el problema fue que muchos miembros de la familia no quisieron saber el resultado de los análisis.
Aunque estudiar su caso fuera a aportar evidencias para un posible medicamento futuro, aseguraban que saber que desarrollarían el síndrome empañaría cada minuto de sus vidas.
Por ello, los científicos decidieron proveer el tratamiento también a 15 miembros que no están en riesgo de desarrollar la enfermedad.
Así ninguno de los participantes del ensayo sabría qué destino le esperaba.
Sin aplicarles el tratamiento, el doctor Forloni predice que al menos cuatro de los 10 portadores de la mutación sucumbirán ante la enfermedad en la siguiente década.
Y aunque no la desarrollen, no se puede descartar el factor suerte, dice el científico.
Por ello, el ensayo sigue siendo controvertido.
La sobrina de Silvano contó que entraba cada noche a la habitación de su madre para comprobar que estaba dormida y no mostraba los primeros signos de insomnio.
Era "una espía en su propia casa", decía.
Si la fármaco funciona, terminaría con este tipo de pesadillas. Para los pacientes sería el principio de un futuro más tranquilo.
Podrían abrazar una noche de sueño sin temor a que fuera la última.
Lee la historia original en inglés en BBC Future

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Cómo aprendí a aceptar mi insomnio


insomnioDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionLa dinámica de la vida económica contemporánea puede afectar el sueño

¿Tiene el insomnio un lado positivo? Es una pregunta que se hace el escritor Will Self despierto durante la noche. Estas son sus reflexiones.
El título del libro de Jonathan Crary, recientemente publicado, lo dice todo "24/7: Late Capitalism and the Ends of Sleep ("24/7: El capitalismo tardío y el fin del sueño"). Con lo que quiero decir que, al igual que ocurre con las mejores polémicas, como el "Manifiesto Comunista" o "Una Modesta Proposición", la idea central se resume en su título.
Mi guardia ya estaba abajo, como una la preparación involuntaria para recibir el punto central de Crary, que es el siguiente: los procesos que asociamos con la vida económica contemporánea se están moviendo inexorablemente a privarnos de nuestro sueño.
Porque una persona que duerme no es un consumidor en lo absoluto: es incapaz de introducir el código de seguridad de su tarjeta de crédito en una página web y tampoco es que sea muy bueno trabajando.
Y, además, es difícil para el aparato de seguridad del Estado mantener bajo vigilancia a quien está durmiendo, ya que sin un electroencefalograma en tiempo real es imposible saber lo que está soñando e, incluso con uno, no se puede saber si sus sueños tienen una naturaleza potencialmente traidora o terrorista.

Will Self
Image captionWill Self: novelista, periodista, comentarista político... e insomne.

Donde yo tal vez me separo de Crary es en su afirmación de que el capitalismo es el único sistema económico insomne.
Estoy bastante seguro de que había insomnio en Stalingrado, y muy posiblemente la antigua Sumeria. Aunque admito, hay algo acerca de nuestra existencia contemporánea, especialmente en las grandes y bulliciosas ciudades, que parece totalmente hostil a un buen descanso en la noche.
Empecé a notar que estaba perdiendo el sueño hace una década. En un primer momento sólo era un poco del principal período de reposo, así que me quedaba en la cama una hora o menos.
Pero luego empecé a encontrar que me era casi imposible tener un descanso, incluso en días en que no estaba obligado a ser una unidad económica-productiva.
Y después de eso, cada vez con mayor frecuencia vinieron idas nocturnas al baño, que a menudo me dejaban sin dormir durante una o dos horas.
Todo esto era perfectamente comprensible y fácilmente explicable: puede que los hombres mayores de la especie durmamos en colchones especiales, pero esto no mitiga los efectos de una lenta inflamación de la próstata.

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Image captionA medida que las personas envejecen pueden alterarse sus patrones de sueño

Tal vez lo que hizo más irritante la situación era era que mi esposa dormía y dormía.
Ciertamente, siguiendo consultas informales entre mis compañeros descubrí que esto era una regla general: los hombres de edad avanzada tienden a dormir menos y las mujeres maduras más.
Contra la tesis de Crary, mi propia explicación para esto era puramente aritmética. Hay muchas funciones fisiológicas básicas que se basan en el cálculo inconsciente, como nuestra percepción de la profundidad, que depende de averiguar la longitud de los lados de miles de triángulos equiláteros que formamos cuando enfocamos un objeto, siendo la base de una distancia que sabemos intuitivamente, ya que es entre un ojo y el otro.

Insomnio
Image captionLa vida moderna no ayuda a dormir.

¿Tal vez el sueño estaba sujeto a una medida similar? Hacia el final los hombres nos damos cuenta de que tenemos una menor esperanza de vida, por lo que a medida que envejecemos tendemos a estar más despiertos: vamos a recuperar el sueño de cualquier manera cuando estamos muertos.
Me gustó bastante esta hipótesis.
¿Quién necesitaba dormir de todos modos? Entonces me acordé de los sueños monumentales de la niñez y la adolescencia que parecían haber durado eones: mientras yo dormía civilizaciones ascendían y caían, especies habían alcanzado la extinción, y cuando finalmente despertaba casi no sabía más quién era yo.
En realidad, yo había caído en cuenta desde hace mucho tiempo que esa forma de delirante descanso había llegado a su fin. Fue en 1990, el año en que nació mi primer hijo. La Copa del Mundo realizaba en Italia ese verano, y la canción oficial del torneo fue el aria Nessun Dorma de la ópera Turandot de Puccini, interpretada por Luciano Pavarotti.
Nessun Dorma se traduce del italiano como "Nadie duerma", y cuánta razón tenía, porque incluso cuando mis hijos comenzaron a dormir toda la noche, yo nunca recuperé completamente el sueño.
Estoy seguro de que otros padres identificarán. No importa si sus hijos han crecido y se trasladaron a otro continente, todavía sus corazones laten en tu corazón, incluso cuando estás inconsciente, y por esto te mantienes en constante alerta.

DurmiendoDerechos de autor de la imagenGETTY
Image captionLos largos sueños de la juventud...

Por supuesto, yo no soy un idiota (o al menos, no más que cualquier otra persona), ni estoy tratando de resucitar las noches blancas de mi juventud cuando pensaba que ver el amanecer era el último grito de la sofisticación.
Soy muy consciente de que desde que comencé esta práctica, entre comillas, la expresión "una buena noche de sueño" es totalmente irónica. Sin embargo, no puedo desistir.
Según Crary es el capitalismo tardío el que tiene la culpa. Pero yo mantendré encendido permanentemente mi teléfono en la cabecera, al lado derecho de la cama, con sus sonidos y exhortaciones para hacer clic en la próxima gran oportunidad.
Como miembro de esa clase de trabajadores independientes conocidos como "precarios", sigo haciendo equilibrio en el borde de un precipicio económico. Después de años de escribir con fechas de cierre, el tiempo ciertamente se ha convertido en dinero para mí y no puedo darme el lujo de desaprovecharlo.
Pero también creo que hay otra razón por la que ya no puedo dormir bien. Como escritor de ficción le di mucha importancia a la ayuda del sueño para proveer la creatividad.

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Image captionCumplir con horas necesarias de descanso incide en la salud física y mental

Siempre he escrito los primeros borradores de mis cuentos y novelas a primera hora de la mañana, creyendo que es más fácil suspender la incredulidad en mis inventos inverosímiles.
Un buen sueño puede alterar por completo la percepción del mundo, haciendo triviales las preocupaciones más importantes de la misma manera en que puede otorgarle gran significado espiritual a cosas irrelevantes.
Obviamente, esto no es un estado mental propicio para ser una pieza útil en la gran rueda del crecimiento, a menos que seas un artista. Así todos los actos que impulsen al crecimiento nos separen de nuestros edredones.
Oscar Wilde dijo que "La vida es un sueño que nos impide dormir". Pero tal vez una vez que hayamos dejado el letargo del todo nos daremos cuenta que no había un nosotros, solo un sueño, soñando otro.

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¿Cuál es el mejor tratamiento para el insomnio?

Semanalmente, la revista BBC Focus resuelve algunas dudas de sus lectores. A continuación, una selección de sus respuestas para curiosos.

¿Cuál es el mejor tratamiento para el insomnio?


Mujer con insomnioDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionLos expertos recomiendan no usar teléfonos ni tener televisores en la habitación.

No hay una fórmula mágica, pero el insomnio, y preocuparse por el insonmio, puede convertirse en un mal hábito que se retroalimenta.
Si no duermes, es tentador mirar la televisión, chequear el teléfono, consumir demasiado alcohol. Todas estas conductas -dicen los expertos- tienen que cambiar.
En su lugar, necesitas mucho ejercicio -aunque no antes de dormir-, evitar la cafeína después del mediodía, evitar las cenas copiosas y mantener bajo el consumo de alcohol.
La buena "higiene de sueño" incluye observar horarios regulares para irse a la cama y utilizar la habitación sólo para dormir y tener relaciones sexuales -no para trabajar, enviar correos electrónicos, llamar por teléfono, ver televisión o cualquier otra actividad estimulante o estresante- de manera que el cuerpo aprenda a asociar ese espacio con el sueño.
Y si te levantas en mitad de la noche, no te pongas a buscar ninguno de tus aparatos ni tampoco un libro.
Un truco simple que funciona para algunas personas es sentarse en la oscuridad en el borde de la cama. Pronto te aburrirás y te dará sueño.

¿Vuelan los pájaros entre las nubes?


Gansos en pleno vueloDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionCiertas aves migratorias pueden elevarse entre franjas de nubes bajas y de mediana altitud.

La mayoría de los pájaros no vuelan a más de 150 metros del piso, así que no atraviesan nubes, a menos de que esté nublado.
Pero las aves migratorias pueden alcanzar alturas de 6.000 metros.
La especie que se ha visto volar más alto fue una bandada de cisnes castores (Cygnus cygnus), a 8.800 metros. Es lo suficientemente alto como para ponerlas entre nubes bajas y de mediana altitud, incluidas los estratos y altoestratos que cubren el cielo en un día nublado.
Volar entre nubes no es peor que volar bajo la lluvia y las aves vuelan lo suficientemente lento como para evitar montañas y edifcios que aparecen de la nada en situaciones de escasa visibilidad.

¿Cómo puede una compresa fría aliviar el dolor de cabeza?


Mujer con compresa fría en la frenteDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionEn ciertos dolores de cabeza, la compresa fría tiene un efecto reconfortante y nada más.

El dolor de cabeza sinusal ocurre cuando las membranas inflamadas de los senos nasales bloquean el flujo de moco.
Enfriar la sangre cerca de la cabeza puede enviar una señal al hipotálamo en el cerebro de que la temperatura corporal es muy baja y que la sangre debe desviarse de la cabeza para circular hacia otros órganos. Esto reduce la inflamación de los senos nasales.
Pero el tipo más común de dolor de cabeza es la cefalea tensional. Cualquier beneficio que puedas sentir al ponerte una comprensa fría en este caso probablemente se debe a la sensación reconfortante que obtienes de ello, lo que reduce los niveles de estrés.

¿Puede ocurrir la fotosíntesis a la luz de la Luna?


Plantas bañadas por la luz del solDerechos de autor de la imagenTHINKSTOCK
Image captionLa fotosíntesis ocurre a todas horas, más rápido o más lento.

La fotosínesis usa la energía de la luz solar para convertir dióxido de carbono y agua en glucosa y oxígeno.
La planta usa parte de esta glucosa para crear células, mientras que otra parte se reconvierte en dióxido de carbono y agua para poveer de energía a su metabolismo.
La luz de la Luna llena en una noche clara sólo tiene una seismilésima del brillo del Sol en un día nublado. Aún así, las reacciones fotosintéticas ocurren, sólo que 6.000 veces más despacio.
Esa velocidad es demasiado lenta para serle útil a la planta, porque como resultado gana menos dióxido de carbono del que pierde por la respiración de sus células.
A medida que el Sol se eleva en el cielo la fotosíntesis se vuelve más efectiva, hasta que la planta ha absorbido suficiente CO2 para restablecer lo que utiliza para proveerse de energía.
A esto se le llama "punto de compensación" y ocurre en las primeras horas de la mañana, así como al final de la tarde, cuando los niveles de luz se reducen otra vez.
Fuera de esas horas, la fotosíntesis no es útil para las plantas y muchas cierran sus hojas de noche, de manera que no se afecten los ritmos circadianos que controlan el florecimiento.

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Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
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