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martes, 31 de agosto de 2021

MASACRE NAZI EN UN BOSQUE: Identifican en Polonia una fosa común con cientos de víctimas de la Gestapo

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., durante la Segunda Guerra Mundial, la policía política de la Alemania nazi, fue la Gestapo, que se constituyo como la policía secreta del Tercer Reich; justamente un grupo de arqueólogos, acaban de identificar en un bosque de Polonia un escenario de una masacre cometida por los nazis, durante la Segunda Guerra Mundial, los cadáveres fueron enterrados en fosas comunes con su ropa y pertenencias, parece que hubo prisa en desaparecer estas evidencias por parte de los nazis.... "El escenario del crimen se encuentra en las afueras de Chojnice, una ciudad del norte de Polonia que fue escenario de una batalla el mismo día que estalló la Segunda Guerra Mundial y el Tercer Reich invadió el país. En esa ocasión y durante toda la ocupación, las autoridades nazis arrestaron sistemáticamente a cientos de personas -familias judías, miembros de la resistencia, intelectuales o discapacitados- y las condujeron al bosque, donde fueron asesinadas, quemadas y enterradas en trincheras reconvertidas en fosas comunes....." .. siga leyendo.........

Un grupo de arqueólogos ha identificado en un bosque de Polonia, el escenario de una masacre cometida por la Gestapo, la policía secreta del Tercer Reich. Cientos de personas fueron asesinadas, quemadas y enterradas en fosas comunes.







Fotos: Historical-Ethnographic Museum of Julian Rydzkowski in Chojnice (A y B) / Dawid Kobiałka (C y D).

“Soy un arqueólogo experimentado, pero nunca había vivido algo como esto. Fue un auténtico horror”. Así se refería Dawid Kobiałka, del Instituto de Arqueología y Etnología de la Academia de Ciencias de Polonia, al escenario de una masacre cometida por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial: en un bosque que los lugareños llaman significativamente “el valle de la muerte”, se han identificado unas trincheras que sirvieron de fosa común a cientos de personas asesinadas por los nazis.

Los huesos muestran signos de haber sido incinerados y junto a varios de ellos se han hallado numerosas pertenencias, algunas de valor, como joyas, anillos de alianza de oro, relojes y medallones. Según Kobiałka, esto sugiere que las víctimas fueron enterradas con prisa y que sus verdugos estaban más interesados en eliminar cualquier evidencia del crimen que en quedarse con sus pertenencias: esto indicaría que parte de ellos fueron ejecutados en el último año de la guerra, cuando el ejército soviético avanzaba imparable, en un intento de los nazis de eliminar testimonios de sus acciones. Esta hipótesis parece ser confirmada por el hecho de que en las fosas se han encontrado casquetes de balas del tipo que usaba la Gestapo, la policía secreta del Tercer Reich.


ALGUNOS DE LOS OBJETOS PERSONALES RECUPERADOS

Fotos: A. Barejko.

EL VALLE DE LA MUERTE

El escenario del crimen se encuentra en las afueras de Chojnice, una ciudad del norte de Polonia que fue escenario de una batalla el mismo día que estalló la Segunda Guerra Mundial y el Tercer Reich invadió el país. En esa ocasión y durante toda la ocupación, las autoridades nazis arrestaron sistemáticamente a cientos de personas -familias judías, miembros de la resistencia, intelectuales o discapacitados- y las condujeron al bosque, donde fueron asesinadas, quemadas y enterradas en trincheras reconvertidas en fosas comunes.

El lugar exacto donde se encontraban sus restos mortales había sido un misterio hasta ahora, cuando los arqueólogos han podido localizar las fosas y los cuerpos. En primer lugar compararon fotos aéreas actuales con las tomadas por los aliados al expulsar a los nazis de Polonia para identificar las trincheras; seguidamente utilizaron escaneo por láser para detectar irregularidades en el subsuelo que indicaran posibles sepulturas; y finalmente usaron detectores de metales para encontrar los cuerpos, guiados por los objetos metálicos enterrados con ellos. Encontraron más de una tonelada de huesos humanos, lo que según Dawid Kobiałka confirma las cifras de entre 400 y 500 víctimas que aparecen en los registros históricos.


DAWID KOBIAŁKA JUNTO A FAMILIARES DE LAS VÍCTIMAS

Fotos: D. Frymark / Archivos privados de Urszula Steinke y Aleksandra Lubińska.

El equipo espera poder analizar los huesos para identificar a las víctimas, ayudándose de los objetos personales encontrados, contactar con sus familiares y, finalmente, darles una sepultura digna en Chojnice. Sin embargo, para ello hace falta el permiso del Instituto de la Memoria Nacional de Polonia y de las autoridades locales. El arqueólogo Alfredo González-Ruibal del Instituto del Patrimonio Nacional de España, que ha colaborado en la investigación, afirma que “investigar crímenes contra la humanidad es un reto mayúsculo para los arqueólogos”.

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NATIONAL GEOGRAPHIC
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

domingo, 8 de noviembre de 2020

NATIONAL GEOGRAPHIC : Temas / Segunda Guerra Mundial .- LA GUERRA EN EL FRENTE ORIENTAL .- La Operación Barbarroja y la defensa de Moscú durante la II Guerra Mundial...

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., la Revista National Geographic, nos alcanza un reportaje sobre las razones por que fracasó la Operación Barbarroja de las tropas alemanas contra Moscú, que además de mala estrategia, la interferencia de Adolf Hitler, que desoyó a sus generales, provocó el desastre y humillación de los alemanes a manos de las tropas rusas.
NATIONAL GEOGRAPHIC.- narra : "....Según los especialistas militares, uno de los errores de este planteamiento, era que, al dividir la ofensiva entre varios objetivos, se disminuía su fuerza. Moscú, que era el eje de comunicaciones ruso además de un importante centro industrial, debería haber sido el foco de un ataque concentrado, pues con su conquista se habría dividido a la Unión Soviética en dos partes, fáciles de atacar por separado....."

La mala estrategia del ejército nazi fue una de las causas de su fracaso al intentar invadir Rusia.

Francesc Cervera

07 de noviembre de 2020 ·

Tropas Alemanas cruzando la frontera de la Unión Soviética.
Foto: CC

En 1941 el Tercer Reich se hallaba en la cumbre de su poder. Hitler decidió lanzarse a la conquista de Rusia, para hacerse con sus recursos y eliminar a un amenazador rival. La derrota de la Unión Soviética supondría el triunfo final de la Alemania nazi, pero el plan del Führer no salió como él esperaba.

El alto mando alemán, y en concreto Hitler, despreciaban a los rusos, a quienes consideraban poco más que unos bárbaros. Después de la fácil conquista de Francia suponían que el dominio de la Rusia europea (hasta los montes Urales), tan solo les llevaría unos tres o cuatro meses. Para esta nueva campaña se planteó una ofensiva en tres frentes: el frente norte atacaría por la costa báltica hacia Lituania y tomaría Leningrado (actual San Petersburgo), en el centro el ejército se dirigiría primero a Minsk (Bielorrusia), para luego encaminarse hacia Moscú. Finalmente el grupo de ejércitos sur atacaría Ucrania, donde se encontraba el 60% de la industria enemiga, además de su fuente principal de alimentación. Una vez asegurada esta zona tan productiva se procedería a tomar la base naval de Crimea y los campos petrolíferos del Cáucaso.

Los tanques alemanes de Panzerabteilung 40 avanzan hacia la línea del frente en Vasonvaara el 1 de julio      de 1941.                                                                                                                                                      Foto: CC

Según los especialistas militares, uno de los errores de este planteamiento, era que, al dividir la ofensiva entre varios objetivos, se disminuía su fuerza. Moscú, que era el eje de comunicaciones ruso además de un importante centro industrial, debería haber sido el foco de un ataque concentrado, pues con su conquista se habría dividido a la Unión Soviética en dos partes, fáciles de atacar por separado.

Uno de los errores del ejército nazi fue que al dividir la ofensiva entre varios objetivos, se disminuía su fuerza.

Por su parte los rusos no disponían de un plan coherente de defensa, ni tampoco creían que la invasión fuera inminente. Si bien se concentraron algunos efectivos en la frontera, apoyados por depósitos de suministros, la mayor parte de fuerzas soviéticas se encontraban desperdigadas. Al estar los defensores concentrados en una estrecha línea, se corría el peligro de que fueran envueltos y obligados a rendirse.
 
Kradschützen Infantería motociclista de la 3.ª SS División Totenkopf camino a Leningrado.            Foto: CC.
 
De izquierda a derecha: Adolf Heusinger (de perfil), Friedrich Paulus (el más alto al fondo), von Brauchitsch (a la izquierda de Hitler), y Wilhelm Keitel a la derecha y de espaldas (octubre).           Foto: CC.

Exceso de confianza

Una muestra de la excesiva confianza alemana es que, solo un quinto de sus fuerzas disponían de ropa de invierno, ya que se suponía que la campaña habría terminado para diciembre. En esas fechas, según los cálculos alemanes, se podría atrincherar al ejército en la nueva frontera oriental del Reich marcada por el río Volga.

Sin embargo, el primer contratiempo con el que se encontró Hitler a la hora de poner fecha a la invasión fue la lluvia. Las crecidas de primavera habían convertido el territorio en un cenagal, lo que obligó a retrasar la invasión hasta el verano.

 Para la operación consiguieron reunir 3.400 tanques y casi cuatro millones de hombres, que se enfrentaron a 11.000 carros de combate rusos y tres millones de soldados. El bajo número de efectivos blindados alemanes se explica por la escasez de combustible, propiciada por el bloqueo aliado de importaciones de petróleo. El sistema de transporte también adolecía la falta de efectivos, de hecho pese a la conscripción de miles de camiones franceses, se tuvo que recurrir a tracción animal.

 

Mapa de los avances alemanes en junio de 1941, durante la operación Barbarroja.                             Mapa: CC..

Bienvenida de la población ucraniana a las tropas alemanas de la Wehrmacht en junio de 1941 tras su ocupación.

La invasión alemana

La ofensiva se inició el 22 de junio de 1941 con una barrera de artillería sobre las posiciones rusas, seguida de un ataque aéreo de la Luftwaffe. Entre los objetivos de los bombarderos en picado alemanes, estaban los aeródromos enemigos: en ese primer día se destruyeron cerca de 1.100 aviones rusos, lo que aseguró una cobertura aérea indiscutible durante los primeros meses de la invasión.

Tan solo cuatro días después, el 26 de junio el general Hermann Hoth llegó a Minsk, capturando a 324.000 rusos y 2.500 tanques que se rendirían al cabo de poco tiempo. Al mismo tiempo, los ejércitos norte y sur progresaban de manera similar, rompiendo el frente ruso y tomando ciudad tras ciudad. El avance del ejército central de Hoth siguió a un ritmo de 32 kilómetros por día, atravesando la línea de defensa Stalin, y llegando a Smolensk (a 369 kilómetros de Moscú) el 18 de julio.

Un contraataque ruso para defender la capital se saldó con un nuevo desastre: más de 300.000 soldados soviéticos fueron cercados en otra maniobra envolvente y capturados finalmente.

El núcleo de la estrategia alemana lo constituyeron las divisiones acorazadas, que atacaron usando su famosa blitzkrieg o guerra relámpago: tras un bombardeo inicial para debilitar la línea enemiga, dos unidades de tanques rompían el frente en puntos diferentes, atacando las comunicaciones y envolviendo a los enemigos atrapados en medio, formando una bolsa con el objetivo de capturar a los soldados enemigos.

Ocupación de la ciudad soviética de Lviv (la alemana Lemberg, hoy Lviv en Ucrania) por la Wehrmacht alemana en julio de 1941.
Foto: CordonPress.

Los alemanes atacaron en grupos de 50 o 60 carros formados en V, por un estrecho frente de un kilómetro de ancho. Las armas antitanque rusas se hallaban esparcidas por todo el frente, con lo que los atacantes solo se tenían que enfrentar a unos pocos cañones, que eran rápidamente silenciados. Los puntos fuertemente defendidos, como la fortaleza de Brest simplemente se rodearon, siendo sometidos por la infantería y artillería que seguía a los tanques. Una vez detrás de las líneas enemigas, las divisiones blindadas contaban con una fuerza de reconocimiento, formada por semiorugas y motos con sidecar, que exploraban el país por delante de los tanques para escoger la mejor ruta y objetivos.

Los anticuados tanques rusos modelo T26 y BT7 sucumbieron, impotentes, ante la superior potencia de fuego y blindaje enemigos, acabando completamente masacrados. Los primeros tanques T34, un diseño ruso moderno y revolucionario, causaron algunos problemas a los alemanes, pero su número era demasiado escaso para frenar el avance.

Automóvil alemán atascado por el barro tras las lluvias en la zona.                                                           Foto: CC.

La voluntad de Hitler

Pese al éxito del ataque contra Moscú, el dictador alemán estaba convencido de que Ucrania y Leningrado tenían prioridad, por lo que desoyendo a sus generales cursó el 19 de Julio la directriz 33. En ella se ordenaba a los tanques del ejército central reforzar los otros dos frentes: el general Hoth giraría hacia el norte para asegurar el cerco de Leningrado, y el general Heinz Guderian se dirigiría al sur para completar la toma de Kiev, las regiones carboníferas de Ucrania y la conquista de Crimea.

Hitler ordenó a los tanques del ejército central reforzar los otros dos frentes, desoyendo a sus generales.

Esta orden debilitó fatalmente al ejército central, que se vio obligado a frenar su avance sobre Moscú, y dio a los defensores de la capital el tiempo suficiente para recomponer su ejército con reservistas y preparar una formidable defensa contra la que, finalmente, se estrellarían los alemanes. 

El mariscal del Alto Mando del Ejército alemán, Walther von Brauchitsch y Hitler estudiando los mapas de la operación Barbarroja el 31 de agosto de 1941.                                                           Foto: CC.

Aunque con la toma de Kiev se aseguró la rendición de 220.000 rusos más, los inagotables recursos humanos del enemigo, hacían que fuera imposible derrotarlo en una guerra de desgaste mientras sus líneas de comunicación siguieran intactas. Además Rusia consiguió suavizar el golpe contra la industria ucraniana, se suavizó en cierto modo con el traslado de fábricas y obreros por tren, desde zonas amenazadas por los alemanes hasta Siberia, lo que permitió continuar con la producción de armas y municiones.

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Detrás de la línea del frente, la dura represión policial de las fanáticas SS alemanas y los atentados de grupos partisanos organizados por la NKVD (la policía secreta rusa), pronto convirtieron a la retaguardia en un avispero de atrocidades y represalias que impidió consolidar el terreno ya conquistado y ralentizó el transporte de suministros.

Ciudadanas soviéticas trabajando en la construcción de las defensas terrestres alrededor de Moscú entre octubre y noviembre.                                                                                                    Foto: CC.

La batalla de Moscú

Con Crimea sometida y Leningrado bajo un duro asedio, se pudo reemprender el ataque sobre la capital. Viazma (una importante ciudad en la carretera que unía Smolensk con Moscú) era atacada por Guderian el 30 de septiembre, siendo tomada el 20 de octubre con la captura de 500.000 prisioneros por las divisiones envolventes del general Hoth.

Con la puesta en marcha de la directriz 33 se habían perdido más de dos meses de tiempo, lo cual fue decisivo para el desenlace final de la operación Barbarroja.


Panzer IV Ausf. D con pintura de camuflaje blanca atascado en la nieve en diciembre de 1941. A la derecha de la imagen se puede ver un corresponsal de guerra cámara en mano.                    Foto: CC.

Unidades soviéticas de refuerzo marchan hacia el frente el 1 de diciembre de 1941 para repeler el ataque alemán.                                                                                                                                     Foto: CC.

Soldados soviéticos con camuflaje para la nieve operando con un cañón antitanque M-37 de 45 mm en diciembre de 1941.                                                                                                                   Foto: CC.

La fatal demora fue crucial. El 15 de octubre y con los alemanes a solo 105 kilómetros de Moscú, una fuerte tormenta junto con la caída de las primeras nevadas, convirtió las carreteras en lodazales por los que era imposible avanzar. Gracias a este respiro los rusos consiguieron traer refuerzos significativos desde Siberia hasta Moscú, incluyendo 1.000 tanques y otros tantos aviones de combate. Al mando de la defensa se encontraba el hábil general Gueorgui Zhúkov. Con los alemanes hundidos en el barro, Stalin decidió celebrar el desfile de la Revolución de Octubre el 7 de noviembre como en tiempos de paz, lo que contribuyó a elevar la moral del ejército ruso.

Una fuerte tormenta junto con la caída de las primeras nevadas, convirtió las carreteras en lodazales por los que era imposible avanzar.

Soldados agazapados durante la contraofensiva soviética en diciembre de 1941.                        Foto: CC.

En solo un mes, con la llegada del frío, se congeló el suelo y los alemanes volvieron a atacar el 16 de noviembre. Siguiendo su táctica habitual, dos grupos acorazados rodearían al enemigo, mientras el ejército principal atacaba de frente. Pero al contrario que en ocasiones anteriores, los invasores se encontraron ahora con un fuerte contraataque ruso, que los hizo retroceder pese a que habían llegado a solo 8 kilómetros de la capital rusa. Una fuerte bajada de la temperatura el 2 de diciembre terminó de poner punto final a la batalla, una de las más largas y sangrientas de la Segunda Guerra Mundial, obligando a los poco preparados soldados germanos a guarecerse en posiciones fortificadas que sufrirían asaltos a lo largo de todo el invierno.

La operación Barbarroja abrió un segundo frente para la Alemania nazi en esta cruenta guerra que se alargaría hasta 1945 y que se saldaría con millones de muertos entre militares y civiles, y que terminaría con la victoria de los Aliados frente a las Potencias del Eje.

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National Geographic, 
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

miércoles, 19 de mayo de 2010

HISTORIA POLÍTICA: EL EXILIO DE ADOLFO HITLER EN LA PATAGONIA

Hola amigos: A VULO DE UN QUINDE EL BLOG., como es sabido hay muchas conjeturas sobre la existencia de Adolfo Hitler , según la historia hasta ahora contada; él,y su esposa Eva Braun se suicidaron en el búnker situado debajo de la Cancillería Alemana, el 30 de abril de 1945, sin embargo ahora hay otra historia que dice que Adolfo Hitler huyó a la Argentina, según lo sostiene el periodista Abel Basti en su libro : "El Exilio de Hitler". Es una nueva versión para sostener la vigencia de la vida de Adolfo Hitler. Cada uno de nosotros que nos gusta leer sobre estas historias a veces sacados de los pelos... nos entusiasma la ficción que siempre se cruza con la realidad. Se dice que el que se "suicidó" fue un doble de Adolfo Hitler. Aquí en la imagen observamos a Adolfo Hitler y su aliado Benito Mussolini, en pleno apogeo de la II Guerra Mundial. Fuente de imagen: Wikipedia.

ADOLFO HITLER VIVIÓ EN LA PATAGONIA:

BUENOS AIRES - Tras huir entre las cenizas de un Berlín envuelto en llamas y antes de partir hacia la Patagonia argentina con Eva Braun, Adolf Hitler permaneció oculto en España varios días de 1945, asegura el periodista bonaerense Abel Basti en su libro "El exilio de Hitler".

NUEVAS REVELACIONES:

La mayor revelación de este libro de reciente publicación en Argentina y que en junio saldrá a la venta en el mercado español, es un documento secreto alemán conseguido por el autor en su país y en el que el Führer aparece como uno de los pasajeros evacuados en un avión de Austria a Barcelona el 26 de abril de 1945.

Según la historia oficial, el líder del Tercer Reich renunció a escaparse de Berlín y el 30 de abril de 1945 se suicidó junto a su amante, Eva Braun, en el búnker construido bajo el edificio de la Cancillería, aunque sus cuerpos, incinerados, nunca fueron hallados.

Basti, que hace años intenta reconstruir el derrotero de los nazis en Argentina, considera esta versión una "farsa" que se "fabricó" para dar un salvoconducto a Hitler, quien era visto como una "pieza clave" en la lucha contra el comunismo en la posguerra.
"No tengo dudas de que cuando concluía la Segunda Guerra Mundial Hitler se escapó de Alemania bajo un escudo protector de sectores de poder anglo-norteamericanos, los mismos que lo habían financiado para que, de humilde pintor, llegara a ser canciller de Alemania", asegura el periodista en declaraciones a Efe.
Supuesto plan de evacuación:

Incluso habla de la existencia de un supuesto pacto Washington-Berlín que contemplaba un plan de evacuación nazi para personas, tecnología, documentos y divisas.

Para Basti, el "gran secreto" de la huida de Hitler fue la llegada de uno de sus dobles al búnker, que "tuvo ribetes dignos de una película de Hollywood" y ocurrió "al atardecer del 22 de abril de 1945".

"Ese día el verdadero Hitler voló hacia el aeropuerto austríaco de Hörsching, cercano a la ciudad de Linz, con ocho personas, entre ellas Eva Braun", precisa, y subraya la coincidencia de esta versión con el testimonio de Heinrich Müller, jefe de la Gestapo, durante un interrogatorio de la CIA.

El periodista argentino sostiene que Hitler y su comitiva estuvieron cuatro días en Austria y se refiere a un hecho que considera una suerte de "pago por inmunidad": el abandono en Linz de un tren repleto de oro robado a Hungría por los nazis.

"Más que una llamativa coincidencia, da la sensación de que se trató de una entrega pactada", subraya.
Un año más tarde:

Al igual que Müller, que reveló a la CIA que el Führer se había escapado a España, Abel Basti sostiene que Hitler partió hacia Barcelona el 26 de abril de 1945. La guerra finalizó el 15 de abril de 1945.

En ese sentido, publica en su libro una comunicación oficial secreta según la cual Hitler encabeza la lista de pasajeros de un avión que viajó de Hörsching a Barcelona pilotado por Werner Baumbach, fallecido en Argentina en 1953.

"La presencia de Hitler en España me la confirmó un hoy anciano sacerdote jesuita, cuya familia era amiga del jefe nazi. Y también tengo testimonios que aluden a reuniones que mantenía con su séquito en una hostería llamada 'Las Quebrantas', en Cantabria", afirma.

El libro incluye además un documento de los servicios secretos británicos que revela que "un convoy de submarinos nazis partió días más tarde de España y, tras una escala técnica en las islas Canarias, continuó su periplo hacia el sur argentino", con la anuencia de Estados Unidos.

"En uno de esos submarinos viajaban Hitler y Eva Braun", enfatiza Basti, convencido de que la pareja desembarcó en la Patagonia entre julio y agosto de 1945, al amparo del presidente de facto Edelmiro Farrell y de Juan Domingo Perón, entonces su ministro de Guerra.

"El escape de Hitler fue exitoso. De esa manera se pudieron poner a resguardo de los comunistas el capital y los hombres. Después de ejecutada la fuga y mientras se hacían todo tipo de conjeturas respecto a su suerte, el Führer ya podía dormir tranquilo en un alejado país suramericano llamado Argentina", concluye.
Fuente de Información: Univisión.com
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

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