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miércoles, 21 de septiembre de 2022

Selva: Hormigas tejedoras, maestras de las redes sociales. La abundancia, la biomasa y la distribución de las hormigas en la Tierra. “Las hormigas constituyen dos tercios de la biomasa de todos los insectos. Hay millones de especies de organismos y no sabemos casi nada sobre ellos”. -Edward O.Wilson. Dominio total del mundo De acuerdo con el estudio, “es imposible imaginar a las 20.000.000.000.000.000 de hormigas apiladas”.

Hola amigos: A VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., según los últimos estudios del PNAS, existen en La Tierra 20 cuatrillones de hormigas; está sería la suma, si la escribimos en números: 20,000,000,000,000,000, imaginemos esa cantidad de hormigas apiladas; estos insectos son tan necesarios para la existencia del hombre, que nos sirven como benefactoras en los bosques, que al construir sus nidos ventilan el interior de la tierra, limpian los desperdicios, mantienen el equilibrio biológico por ser cazadoras netas de insectos, escorpiones, batracios, pequeños reptiles, y hasta pequeños mamíferos, ellas atacan en maza y sojuzgan a sus presas, las despedazan y las cargan a sus nidos, nadie puede contra un enjambre de millones de hormigas.  No tema a las hormigas son nuestras aliadas, tanto así que algunos agricultores llevan colonias de hormigas a sus chacras y les controlan los dañinos insectos, lo que denominamos control biológico.... siga leyendo...............

Con un notable repertorio de habilidades comunicativas, las hormigas tejedoras son unas maestras en el manejo de las redes sociales

Asegurando los cimientos

Es la versión entomológica de apretar un tubo de pegamento. Esta tejedora adulta de Australia sostiene entre las mandíbulas una larva productora de seda, y utiliza sus pegajosas secreciones para unir las hojas que formarán uno de los nidos de la colonia. Muy pocos animales construyen su hogar valiéndose de técnicas tan complejas.


Trabajo en equipo

Para construir un nido, estas hormigas tejedoras de Malaysia deben juntar unas hojas con otras. El cuerpo alargado (de entre siete y ocho milímetros) es una ventaja, ya que cada hormiga se agarra con las patas y las mandíbulas a los bordes de la hoja adyacente. Si sus cuerpos no son suficientes, los insectos se entrelazan para formar una cadena.


Organizando a la gran familia

Los nidos de las tejedoras pueden ser espaciosos. Éste de Camboya tiene 20 centímetros de ancho, pero otros miden entre 30 y 60 centímetros. Una colonia distribuye el peso de medio millón de obreras, equivalente al de un gato doméstico grande, construyendo más de cien nidos repartidos en varios árboles.


Lo más preciado

¡Hay que salvar a la reina! Ante cualquier intromisión, las obreras menores (la casta que atiende a la reina) rodean a la matriarca para protegerla. La reina es quien hace crecer al superorganismo, produciendo decenas de millones de huevos durante una vida que puede durar varios años.


Comida rica en proteínas

Con rapidez y aplastante superioridad numérica, las hormigas tejedoras son capaces de atrapar e inmovilizar escorpiones y otras presas de gran tamaño. Estas cazadoras de Camboya se llevarán el escorpión hasta el nido y le arrancarán trozos para alimentar a las larvas, que necesitan la mayor cantidad de proteínas posible.


En busca del almuerzo

Una hormiga tejedora adulta se abalanza sobre una colonia de chinches rojos en el Parque Nacional Kirimom, en Camboya. Estos insectos sueltan una secreción dulce que constituye una fuente vital de carbohidratos para la hormiga.


Gastronomía de la tierra

Un plato de pollo asado en Angkor Wat, Camboya, incluye un condimento a base de pasta de pescado, ajo y hormigas tejedoras desmenuzadas, una delicatessen en gran parte de Asia y en algunas zonas de Australia.


Perturbaciones

Las hormigas tejedoras se ponen alerta ante la presencia del fotógrafo.


Rivales duros

Las hormigas tejedoras pueden descuartizar una hormiga cazadora africana el doble de grande que ellas. Siempre luchan juntas: las de la primera línea de defensa se yerguen sobre las patas traseras y emiten unas feromonas que avisan a sus hermanas.


Cazador cazado

Una araña terídida atrapa a una hormiga (con el abdomen verde) mediante un hilo de seda.


El enemigo en casa

Una araña saltadora Cosmophasis se ha infiltrado en el nido de unas tejedoras australianas utilizando mímesis química. Al devorar las larvas, la araña incorpora y despide el olor de la colonia, y así puede seguir comiendo sin que sus víctimas se percaten. Pero este olor ya no le sirve para engañar a otra colonia.


Supervivencia por imitación

Una araña saltadora Myrmarachne acecha a una hormiga tejedora; la araña se parece tanto a esta hormiga, cuyo sabor desagrada a muchos animales, que sus depredadores habituales no suelen cazarla.

Hormigas

Un oso hormiguero sedoso

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UN OSO HORMIGUERO SEDOSO

Esa hormiga podría ser la reina de una colonia. Pesa lo mismo que unos pocos granos de sal, pero junto con otras reinas y sus respectivos imperios de súbditos desplegados por todo el mundo, su peso total es equiparable al de los 7.000 millones de seres humanos que habitamos el planeta. Además, las reinas y su prole llevan viviendo en sociedades cooperativas y altamente organizadas dedicadas a actividades diversas, desde la guerra hasta la ganadería y la agricultura por lo menos 50 millones de años.

¿Cuánto llevamos nosotros, 10.000 años como mucho? Yo propondría a los extraterrestres que eligieran como acompañante en nuestro planeta al entomólogo Mark Moffett, quien durante años de búsqueda en la selva ha descubierto nuevas especies de hormigas y sorprendentes conductas de estos insectos. Incluso mientras desayunamos en el bosque lluvioso de Queensland, no deja de reflexionar sobre qué clase de organismo es un hormiguero, ya que es el grupo social en su conjunto, y no el individuo, el que realmente compite en la lucha por la supervivencia y evoluciona con el tiempo. Podemos considerar la colonia como un cuerpo único en el que cada miembro individual es una célula, y las castas, con sus distintas funciones, órganos especializados.

Por encima de nuestras cabezas, en el dosel del bosque lluvioso, circula una sociedad casi perfecta. En otros bosques tropicales y subtropicales, decenas de especies diferentes de hormigas pueden compartir un mismo árbol. Pero hay pocas posibilidades de coexistencia en los lugares donde establecen sus dominios las hormigas Oecophylla, género del que se conocen dos especies: una vive en Australia y el sur de Asia, y la otra, en zonas de África. Patilargas y ligeras, dominan vastos territorios del dosel del bosque con tanta agresividad, que los lugareños las llaman simplemente las hormigas de los árboles.

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O también hormigas tejedoras, porque cosen las hojas de los árboles para construir nidos del tamaño de un balón de fútbol. Cada colonia vive repartida en un número de nidos que varía entre media docena y más de un centenar, formando una urbe con barrios interconectados. Una jerarquía de obreras y soldados conserva y defiende el territorio, que se extiende desde las copas de los árboles hasta el suelo del bosque, y mantiene sincronizadas todas sus acciones mediante una comunicación constante. Se tocan unas a otras con las mandíbulas, las patas anteriores o las an­­te­­nas, y desprenden feromonas para transmitir rápidamente señales a distancia. Incluso exhiben un comportamiento simbólico: para advertir de la llegada de un enemigo, por ejemplo, mueven el cuerpo en una especie de combate ritual.

Los científicos han descrito la comunicación entre las hormigas tejedoras como un tipo de lenguaje con sintaxis primitiva. Los urbanistas estudian la organización de sus sociedades. Los matemáticos analizan su conducta para desarrollar fórmulas de computación paralela (por la que múltiples problemas se resuelven simultáneamente). Las hormigas sirven de modelo para toda clase de estudios destinados a determinar cómo realizar trabajos complejos y de grandes proporciones, dividiéndolos en partes pequeñas y con un mínimo de instrucciones.

Hormiga a hormiga, una cadena viviente va creciendo en el aire como el brazo de una grúa

Así es cómo se pone en marcha el proyecto de construcción de un nido de hormigas tejedoras:

Una obrera se sitúa sobre una hoja y se estira para agarrar el borde de otra hoja cercana. Si hay demasiada distancia, una segunda obrera trepa por encima de la primera, que coge a la recién llegada por la cintura y la acerca al objetivo. ¿Y si aun así no llega? Entonces una tercera se sube encima de las dos primeras, que la hacen llegar un poco más lejos. Hormiga a hormiga, una cadena viviente va creciendo en el aire como el brazo de una grúa. Cuando por fin alcanzan la hoja, la cuadrilla tira al unísono, a menudo con la ayuda de otras compañeras que han formado cadenas paralelas y refuerzos cruzados para unir los bordes de las hojas. Las obreras comienzan a colocarse como grapas a lo largo de la separación entre las hojas, sujetando un borde con las patas y el otro, con las mandíbulas. ¿Y después? Esperan. Cuando cae la noche y aumenta la hu­­medad, llegan más obreras de otros nidos cercanos. Traen larvas que están a punto de pasar al estadio de pupas y metamorfosearse en adultas.

Las larvas de otras especies de hormigas forman capullos individuales protectores de seda. Pero las de Oecophylla donan su seda a la colonia. Una obrera adulta se sitúa en el espacio de separación que hay entre las hojas, y con las antenas da golpecitos en la cabeza de la larva que sostiene entre sus mandíbulas para indicarle que debe secretar seda por las glándulas salivares, con la cual unirá unas hojas con otras.

Si alguien se acerca lo bastante para observar ese uso de los miembros más jóvenes de la colonia como utensilios de costura, se arriesga a ser atacado, porque las hormigas captan todos los movimientos con su aguda visión, perciben el olor del aliento y sienten las vibraciones que produce el intruso al tocar una hoja. Si te acercas mucho, una hueste cubre la planta como si fuese un tapiz, y cada hormiga levanta el gáster (el segmento posterior y más grande del cuerpo). Todas agitan el par de patas delantero, como si no vieran la hora de atrapar al invasor. Las mandíbulas, agudas y curvas, están abiertas de par en par, listas para pellizcar, pinchar e inyectar una poción que agrava el dolor y que puede producir mareos si son muchas las picaduras.

Algunas colonias tienen más de medio millón de miembros.

Mientras tanto, la legión proyecta chorros de ácido fórmico, que quema las fosas nasales como una bocanada de amoníaco, al tiempo que desprende feromonas de alarma. Algunas obreras se marchan rápidamente para comunicarse con otras compañeras de nido, marcando por el ca­­mino sendas de olor que servirán para guiar a sus congéneres hacia el peligro. Al cabo de unos minutos, las reclutadoras conseguirán que acudan miles de hormigas para combatir al invasor. Lo mejor es salir corriendo: algunas colonias tienen más de medio millón de miembros.

En uno de los nidos ya acabados, la reina, mucho más grande que las obreras corrientes (de las que hay mayores y menores), expulsa hue­vos sin cesar. Cuando las larvas eclosionan, algunas obreras las alimentan y las limpian, y a unas cuantas las transportan a las guarderías de otros nidos. De vez en cuando la reina produce una remesa importante de hembras y machos reproductores, que desarrollan alas y levantan el vuelo para aparearse; de este modo, las hembras fecundadas pueden fundar nuevas colonias. El resto del tiempo, toda la prole de la reina está compuesta por hembras estériles, una feroz hermandad de individuos casi clónicos que patrullan el territorio, buscan y recolectan alimento y combaten a los invasores, al servicio de su majestad y de la supervivencia de la colonia.

Una reina puede vivir años, pero la mayoría de las obreras no suele pasar de unos meses, dice Moffett, quien añade: «Cualquier obrera mayor que muera de vieja es porque no ha trabajado como debía por la colonia». Dos de los científicos con los que trabajó cuando era estudiante de pos­grado en la Universidad Harvard, los prestigiosos mirmecólogos Bert Hölldobler y Edward O. Wilson, descubrieron que las obreras más viejas acaban sus días en «nidos-cuartel» cerca de los límites del territorio de la colonia, donde es más probable encontrar enemigos y caer en combate. «Una diferencia importante con los humanos –escribieron estos investigadores– es que nosotros enviamos a la guerra a nuestros jóvenes, y ellas envían a las ancianitas.»

Árbol Europeo del Año 2016

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Y EL GANADOR AL ÁRBOL EUROPEO DEL AÑO ES...

En algún lugar de la negra noche en el bosque lluvioso, Moffett entona cancioncillas sin sentido, que interrumpe con bruscos chillidos y «mmms». Es su manera de mantener la concentración en el trabajo mientras lo pican las hormigas. Cuando lo encuentro, está apartando unas hojas para espiar el funcionamiento interior de un nido, y un enjambre de obreras defensoras está subiéndole por los brazos directo hacia el cuello desnudo.

Cuando a la mañana siguiente cartografiamos las colonias, encontramos una que abarca 17 ár­­boles. «En comparación con la superficie continua del suelo, las copas de los árboles no pueden aguantar muchos animales pesados –dice Mof­fett–. Hay mucho territorio allá arriba, pero la mayor parte son hojas. Por eso, si eres un depredador, el mejor modo de controlar un territorio extenso en el dosel del bosque es ser pequeño y lo bastante numeroso como para llegar a todas esas pequeñas superficies. La colonia se puede considerar como una sola criatura, extendida a través de los árboles como una fina película.»

Las hormigas tejedoras, como depredadoras que son, cazan prácticamente cualquier invertebrado lo bastante grande como para servir de comida, y son tan eficaces que sus territorios se convierten en islas donde muchas criaturas sólo pueden existir en poblaciones reducidas, si no desaparecen del todo. Los agricultores chinos lo observaron hace 1.700 años y empezaron a llevar nidos de Oecophylla a sus huertos para proteger la fruta, lo que convierte a esta hormiga en la forma más antigua conocida de control biológico de plagas. En los últimos tiempos los ecólogos la recomiendan en África como una alternativa segura, eficaz y barata a los plaguicidas.

Científicos empiezan a aceptar la idea de considerar la colonia de hormigas como un superorganismo

En cuanto una obrera mayor captura una presa, otra obrera maniobra para agarrarle una pata o una antena y tirar de ella. Transcurridos unos momentos, al menos media docena de obreras tienen aferrada a la víctima (ya sea una polilla de alas frágiles, una exploradora de un hormiguero vecino o un fornido escorpión) y la estiran para desgarrarla. Un par de hermanas más hincan las mandíbulas en los puntos débiles de la presa para acelerar el trabajo. Con los trozos car­gados sobre el dorso, las obreras se suman al río de hormigas que circula de regreso al nido, lleno de trofeos de otras cacerías. Los fragmentos más pesados son transportados por grupos.

Mientras tanto, otras cuadrillas se dedican a cuidar de las cochinillas y otros hemípteros (in­­sectos chupadores que se alimentan de los jugos de las plantas). Las hormigas «pastoras» transportan físicamente a su «ganado» a los mejores pastos, lo protegen de los enemigos y recogen las gotas de jarabe azucarado que excretan las co­­chinillas. Después, como hacen con todos los botines, llevan la melaza al nido para compartirla con las otras hormigas, es decir, la echan al estómago comunitario.

Incluso los científicos más tradicionalistas empiezan ya a aceptar la idea de considerar la colonia de hormigas como un superorganismo. Pero las ideas de Moffett son un poco más extrañas. El investigador trata de explicarme que las hormigas tejedoras funcionan en un universo einsteniano donde el espacio se curva y ondula. Si encogemos mentalmente hasta el tamaño de una hormiga e imaginamos que caminamos por una hoja, nos situamos en un mundo bidimensional, pero que se curva y retuerce y de pronto acaba en la nada. Aun así, llegamos al borde y seguimos andando por el envés de la hoja.

«Las hormigas tejedoras pesan tan poco que la gravedad casi no las afecta –dice Moffett–. El balanceo de las ramas con el viento es una fuerza mucho más poderosa para ellas, por lo que no diferencian arriba de abajo. Pero si una hormiga quiere pasar de un árbol a otro, la distancia es enorme en relación con su tamaño. Quizá tenga que bajar al suelo, volver a subir por el tronco y llegar a otra rama. Lo que Oecophylla suele hacer es reunir a un grupo de amigas para formar un puente en el aire y cruzar al otro lado.»

Puede que Moffett sea la única persona que ve a las hormigas como habitantes de un hiperespacio digno de La guerra de las galaxias, donde no rigen las leyes habituales del tiempo y la gravedad. Sin embargo, los demás podemos mirar a cualquier parte y ver una hormiga que nos recordará que la naturaleza ha inventado muchas maneras de que los animales sean poderosos y múltiples formas de que sean inteligentes.


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La abundancia, la biomasa y la distribución de las hormigas en la Tierra
Significado
La asombrosa ubicuidad de las hormigas ha llevado a muchos naturalistas a contemplar su número exacto en la Tierra, pero faltan estimaciones derivadas empírica y sistemáticamente. Al integrar datos de todos los continentes y biomas principales, estimamos de manera conservadora 20 × 10 15 (20 cuatrillones) de hormigas en la Tierra, con una biomasa total de 12 megatones de carbono seco. Esto excede la biomasa combinada de aves y mamíferos silvestres y equivale al 20% de la biomasa humana. La abundancia de hormigas se distribuye de manera desigual en la Tierra, alcanzando su punto máximo en los trópicos y variando seis veces entre los hábitats. Nuestro mapa global de abundancia de hormigas amplía nuestra comprensión de la geografía de la diversidad de hormigas y proporciona una línea de base para predecir las respuestas de las hormigas a los cambios ambientales preocupantes que actualmente afectan la biomasa de insectos.

Resumen
El conocimiento sobre la distribución y abundancia de organismos es fundamental para comprender sus funciones dentro de los ecosistemas y su importancia ecológica para otros taxones. Tal conocimiento es algo que falta actualmente para los insectos, que durante mucho tiempo han sido considerados como las "pequeñas cosas que gobiernan el mundo". Incluso para los insectos omnipresentes, como las hormigas, que tienen una enorme importancia ecológica, actualmente no existe una estimación confiable de su número total en la Tierra ni de su abundancia en biomas o hábitats particulares. Recopilamos datos sobre hormigas terrestres y arborícolas para obtener una estimación empírica de la abundancia global de hormigas. Nuestro análisis se basa en 489 estudios, que abarcan todos los continentes, los principales biomas y hábitats. Estimamos conservadoramente la abundancia total de hormigas terrestres en más de 3 × 10 15y calcule que el número de todas las hormigas en la Tierra es casi 20 × 10 15individuos Este último corresponde a una biomasa de ~12 megatones de carbono seco. Esto excede la biomasa combinada de aves y mamíferos silvestres y equivale a ~20% de la biomasa humana. Las abundancias de hormigas que habitan en el suelo están fuertemente concentradas en las regiones tropicales y subtropicales, pero varían sustancialmente entre los hábitats. La densidad de hormigas de la hojarasca es más alta en los bosques, mientras que el número de hormigas que se alimentan activamente en el suelo es más alto en las regiones áridas. Este estudio destaca el papel central que juegan las hormigas en los ecosistemas terrestres, pero también las principales lagunas ecológicas y geográficas en nuestro conocimiento actual. Nuestros resultados proporcionan una línea de base crucial para explorar los impulsores ambientales de los patrones de abundancia de hormigas y para rastrear las respuestas de los insectos al cambio ambiental.
“Las hormigas constituyen dos tercios de la biomasa de todos los insectos. Hay millones de especies de organismos y no sabemos casi nada sobre ellos”. 
-Edward O.Wilson

“Las pequeñas cosas que mueven el mundo” es cómo el eminente biólogo Edward O. Wilson resumió la importancia ecológica de los insectos y otros invertebrados ( 1 ). Más del 80 % de las especies eucariotas descritas en la Tierra son invertebrados ( 2 ), y la mayoría son insectos ( 3 ). Afectan a muchas funciones y servicios de los ecosistemas ( 4 ) y brindan amplios beneficios a las sociedades humanas ( 5 , 6 ). Sin embargo, el conocimiento sobre la diversidad taxonómica y las funciones funcionales de los insectos sigue siendo muy limitado, con estimaciones que sugieren que alrededor del 80 % de las especies quedan por describir ( 3 ).

La biodiversidad está cada vez más amenazada a nivel mundial ( 7 – 10 ), con un número creciente de estudios a escala local que ahora documentan disminuciones alarmantes en la abundancia y biomasa de insectos terrestres ( 11 – 13 ) (pero ver ( 14 )). Las amenazas que contribuyen a estas disminuciones incluyen la destrucción y fragmentación del hábitat, el cambio de uso de la tierra, las especies invasoras y el cambio climático ( 4 ,  15 – 17). La información sobre la abundancia de invertebrados y sus patrones espaciales es fundamental para predecir cómo los cambios a nivel comunitario pueden influir en el funcionamiento de los ecosistemas y las redes alimentarias terrestres. Si bien estudios recientes han documentado patrones globales en la abundancia de nematodos y lombrices de tierra ( 18 , 19 ), aún faltan esfuerzos para compilar una visión global de los patrones de abundancia de insectos.

Debido a su ubicuidad, las hormigas son un sistema modelo útil para estudiar la biodiversidad en diferentes dimensiones y escalas, con varias bases de datos globales desarrolladas con este fin ( 20-25 ) . Las hormigas son muy diversas y comprenden más de 15 700 especies y subespecies nombradas ( 26 ) y posiblemente otras tantas no descritas ( 27 ). Las hormigas son componentes integrales de los ecosistemas terrestres, debido a sus múltiples interacciones con otros organismos. Sirven como dispersores de semillas para plantas (myrmecochory) ( 28 ), mutualistas con insectos chupadores de savia (trofobiontes) ( 29 ) y huéspedes para una amplia gama de organismos asociados (myrmecophiles) ( 30) y actúan como depredador y presa. Si bien la diversidad de hormigas es sin duda crucial para el funcionamiento y mantenimiento de muchos ecosistemas ( 31 , 32 ), es la gran cantidad de hormigas (su abundancia y, por extensión, su biomasa) y su actividad lo que determina la escala de su impacto ( 33 ). Los efectos de las hormigas en la descomposición de nutrientes, la renovación del suelo y la perturbación pueden ser enormes: se estima que excavan hasta 13 toneladas de suelo por hectárea al año y aumentan la disponibilidad local de nutrientes en un orden de magnitud ( 34 ). Al facilitar la creación y el mantenimiento de microhábitats sostenibles para una plétora de otros organismos ( 35 – 37), las hormigas son ingenieras clave del ecosistema en múltiples biomas.

Los tamaños de las poblaciones de hormigas se han estimado ocasionalmente a escala local y se ha encontrado que exhiben densidades inesperadamente altas (p. ej., Lévieux ( 38 ) reporta 20 millones de hormigas por hectárea en un bosque de Costa de Marfil), aunque tales estimaciones a menudo se basan en metodologías subjetivas, tales como extrapolaciones de conteos de nidos u observaciones localizadas. Además, es probable que los valores extremos se notifiquen con mayor frecuencia y es posible que no sean representativos. En general, nuestra comprensión de los patrones regionales y globales de abundancia de hormigas es sorprendentemente limitada, y los esfuerzos recientes se centran en las escalas locales y se basan en las evaluaciones de la comunidad ( 22 ). Al igual que con otros insectos, no está claro si los gradientes latitudinales observados en la riqueza de especies de hormigas y la diversidad filogenética ( 21 ,25 ) se reflejan en sus patrones de abundancia.

Hasta el momento, no existe una evaluación detallada de la abundancia global total de hormigas o la biomasa basada en datos empíricos, pero se han publicado estimaciones más generales (se pueden encontrar más detalles en el Apéndice SI ). Los ecologistas de renombre Bert Hölldobler y Edward O. Wilson aventuraron un cálculo aproximado para sugerir que había ∼10 16 hormigas en todo el mundo ( 39 ), asumiendo que las hormigas comprendían ∼1 % de una población mundial estimada de insectos de 10 18 individuos ( 40 ). En una segunda estimación, los mismos autores revisaron su primera estimación a la baja a un rango de 10 15 a 10 16 hormigas ( 41). Sus evaluaciones de la correspondiente biomasa de hormigas oscilaron entre 2,5 y 25 Mt C (megatones de carbono seco). Sin embargo, el valor subyacente de la abundancia global de insectos se basó en una simple extrapolación de las densidades de insectos del sureste de Inglaterra a toda la masa terrestre, una “ocupación cuestionable” en palabras de su autor ( 40 ). De manera similar, una estimación más reciente de la biomasa de hormigas (~70 Mt C) publicada por Tuma et al. ( 42 ) utilizaron una estimación de la biomasa global de artrópodos terrestres ( 43 ) en combinación con solo dos estudios de hormigas de las selvas tropicales de tierras bajas del sudeste asiático (Islas de Borneo y Seram), que son particularmente ricas en hormigas ( 44 ). Ocasionalmente se ha proclamado que la biomasa global de hormigas es igual a la biomasa humana ( 39, 42 ), pero hay evidencia empírica limitada para apoyar esta afirmación.
No obstante, durante varias décadas se ha publicado en la literatura científica una gran cantidad de encuestas de población local de artrópodos epigeos (es decir, que habitan en la superficie del suelo) utilizando métodos estándar. Además de las medidas de biodiversidad, comúnmente se reportan abundancias locales de insectos, particularmente de hormigas omnipresentes. Algunos de estos datos de abundancia se han recopilado en una base de datos de medidas de diversidad de hormigas (The Global Ants Database [GLAD]) ( 22 ). Sin embargo, todavía faltan datos de muchas regiones de la Tierra, especialmente áreas donde los estudios se informan en idiomas distintos al inglés. Aquí, compilamos un conjunto de datos globales de datos publicados sobre la abundancia de hormigas, ampliando significativamente los esfuerzos anteriores al aumentar la cobertura geográfica e incluir literatura en idiomas distintos del inglés ( Fig. 1). Todos los datos compilados se derivan de muestras estandarizadas, lo que permite una cuantificación global de los patrones de abundancia de hormigas.

Mapa global de ubicaciones de muestreo ( n = 1,306) en el conjunto de datos, que comprende muestras únicas ( n = 2,355) obtenidas de extracciones de hojarasca (círculos naranjas) o trampas de caída (círculos azules) y que informaron abundancia de hormigas. Algunos lugares contienen múltiples muestras (p. ej., de diferentes hábitats). La superficie terrestre mundial se divide en entidades administrativas nacionales o regionales.

Los datos se obtuvieron de estudios que informan abundancias de hormigas epigeas de muestras de hojarasca y trampas de caída (es decir, los dos métodos estandarizados más utilizados para el muestreo de hormigas ( 45 )) y que incluyeron información adicional relevante ( Materiales y Métodos y Apéndice SI incluir detalles). Las muestras de hojarasca brindan una “instantánea” de la abundancia de hormigas en un área definida (es decir, densidad); extraen todas las hormigas que buscan alimento en la hojarasca, así como pequeños nidos en ramas caídas y otras cavidades. Las trampas Pitfall miden tanto la abundancia como la actividad durante períodos de tiempo definidos al capturar las hormigas que caen en ellas. En este sentido, los datos de las trampas de peligro reflejan densidades de actividad en lugar de densidades de trabajadores y pueden entenderse mejor como un reflejo de la tasa de encuentro local. No obstante, varios parámetros, como el tamaño corporal y la estructura física del entorno, pueden influir en las tasas de captura de pitfall ( 46 , 47). Los datos de los dos métodos (muestras de hojarasca y trampas de caída) deben considerarse por separado, ya que muestrean la fauna de hormigas epigeas activas de diferentes maneras. Ambos están estandarizados y se pueden usar para comparaciones regionales, pero solo las muestras de hojarasca permiten extrapolaciones, ya que brindan valores absolutos de abundancia dentro de áreas de superficie definidas (es decir, densidades). Aparte de la superficie del suelo, las hormigas son mucho menos comúnmente muestreadas de manera estandarizada de otras capas de vegetación. Por lo tanto, compilamos los datos de abundancia publicados disponibles (pero mucho más limitados) sobre hormigas arbóreas a partir de muestras estandarizadas de nebulización con insecticida ( Apéndice SI , Tabla S4 )Apéndice SI , Tabla S4 )  para complementar nuestro conjunto de datos de hormigas epigeas y proporcionar una descripción más completa de la abundancia global de hormigas.
Usando este conjunto de datos, nuestro objetivo es (1) estimar la abundancia global total de hormigas y la biomasa seca, (2) proporcionar una descripción general global de la densidad de hormigas epigeas y los patrones de densidad de actividad, y (3) comparar las densidades de hormigas epigeas y las densidades de actividad geográficamente y entre hábitats.

Resultados
Conjunto de datos global de hormigas.
Para evaluar la abundancia global de hormigas epigeas, identificamos 465 estudios adecuados ( Conjunto de datos S5 )Conjunto de datos S5 ) que abarcan 1306 ubicaciones de muestreo, que cubren todos los continentes y los principales biomas donde se encuentran las hormigas ( Fig. 1 ). El conjunto de datos incluye 2355 entradas únicas, de las cuales 791 (34 %) representan muestras de hojarasca y 1564 (66 %) trampas de caída ( Conjunto de datos S1 ) Conjunto de datos S1 ). En total, recopilamos datos de 2,68 × 10 4 unidades estándar de hojarasca (1 m 2 ) y 2,17 × 10 6unidades pitfall estándar (trampa de 24 h). En total, estos se distribuyen en 176 (de 477) entidades geográficas, lo que amplía la cobertura geográfica de datos comparables sobre la abundancia de hormigas (es decir, cumplen los mismos criterios estrictos de selección para la estandarización) en un 160 % (GLAD) ( 22 ). Por lo tanto, nuestro conjunto de datos proporciona una línea de base mejorada para las estimaciones globales, ya que la gran cantidad de ubicaciones de muestreo en todo el mundo puede dar cuenta de una mayor variación regional y reducir la incertidumbre de los cálculos. Sin embargo, las ubicaciones de muestreo en nuestro conjunto de datos siguen estando distribuidas de manera desigual, lo que refleja tanto las disparidades geográficas en el esfuerzo de muestreo durante las últimas décadas como las idiosincrasias regionales en los métodos de muestreo preferidos ( 48). Regiones como las Américas y el este de Asia están bien representadas por ambos métodos de muestreo, mientras que otras, como Australia y Europa, contribuyen principalmente con datos de trampas de caída. Gran parte de África y el norte de Asia está mal representada; estas regiones carecen de datos disponibles, se han muestreado con otras metodologías (p. ej., recolecciones manuales en Japón) o informan datos de protocolos de muestreo que no cumplen con nuestros estrictos criterios de selección (los criterios para completar el muestreo se detallan en el  Apéndice SI ). Nuestro gran conjunto de datos sobre la abundancia de hormigas epigeas se complementa con un segundo conjunto de datos más pequeño de 24 estudios publicados sobre la abundancia de hormigas arbóreas ( Apéndice SI , Tabla S4 ).          Apéndice SI , Tabla S4).   ...........siga leyendo............ 
PNAS

Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui

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